Les traigo el capítulo 3 de este fic que me emociona mucho. Gracias a ustedes y sus comentarios, me hacen muy feliz jejeje. Estaré publicando cada semana y si tengo oportunidad, menos de eso. Este proyecto sigue y no se detendrá solo si Diosito dispone de otra cosa xD. Estamos ansiosas de saber de la dulce venganza de Terry, ¿verdad? No más espera y veamos cómo reacciona ésta Candy. ¿Se quedará con los brazos cruzados? ¡No lo creo!

Comments en submit cooment. jajaja . ¡Un fuerte abrazo!


Dulces y Narcisos

Adaptación de Alexa Bauder
Basado en el dorama Boys Before Flowers (Corea)
éste a su vez, basado en el manga de Yōko Kamio

Capítulo III

"Candice White, vas a recordar mi nombre por siempre a partir de hoy"

-Adiós Patty, veremos como me va en el club de cocina

-Mucha suerte, nos vemos por la tarde

Candy entró al salón equipado, le sorprendió el misterioso silencio en los compañeros que la veían sospechosamente, todos con filipinas la miraron tomar un lugar en uno de los banquillos y sacar su cuaderno para tomar apuntes. Apenas escuchó unos cuchicheos, le pareció extraño que el trío de Elisa estuviera presente. Fijaría la atención a la hoja hasta que llegara el maestro, pero un huevo fue lanzado directamente ahí, ensuciando su mesa de trabajo. La sorpresa la entumeció por un momento, pero otro huevo fue a su dirección, otro y otro más. Luego llegó la harina desde arriba. No entendía que sucedía, todos reían e insultaban. ¡Huérfana! Gritaban. ¡Regresa a América!

Lo entendió todo: Esto era obra de los F4. En su casillero había aparecido un pedazo de cartón rojo, eso era "La Tarjeta", de esto debió de cuidarse. Enfurecida y entre las burlas salió corriendo del salón hasta llegar a la torre de los lamentos, como la había bautizado. Ahí, casi sin aliento, apoyándose del muro de piedra quiso gritar, pero no pudo, un nudo en la garganta le detenía.

-¿Cuántos pasteles se pudieron haber hecho con todo esto? Cuánta comida desperdiciada…- las lágrimas le brotaron, esto no era por la humillación, no era por lo que hubiesen hecho con ella. Recordó los tiempos difíciles del Hogar de Ponny, cuando ella con apenas nueve años se había ofrecido a trabajar para llevar dinero. Se lo habían negado, fue la primera vez que sintió la frustración de no poder ayudar a los que quería. – No tienen idea de lo que cuesta la vida – susurró.

-Mmmhhmm… -unos pasos subían la escalera, Anthony Brower contuvo la sorpresa de su estado. Candy tragó saliva para contenerse, el estaba aquí para verificar que lloraba, estaba segura de eso. Sin embargo, el no la miraba maliciosamente, tampoco reía. –¿Sabes hacer cupcakes?

-¿Eh?... s..si.

-¿Qué necesito?

-Necesitas… 1, 2, 3, 4. Una taza de mantequilla, dos de azúcar, tres de harina y cuatro huevos.

-Te los has echado encima. – se inclinó hasta ella mirándola con esos ojos azules llenos de bondad. Sacó un pañuelo de su bolsillo y empezó a limpiarle la cara con delicadeza, sus lágrimas ayudaban a quitar los restos de huevo, tenía harina hasta por las pestañas. Tomó su mano para depositar ahí el pañuelo, ella no hizo más que forzar una sonrisa.- Te vez mejor así, sonriendo. Cuídate.

Se fue de ahí dejándola confundida. El no era como los demás, no podía haber esa maldad en él.

Terrence Grandchester: no me verás derrotada. Aguantaré lo que tenga que aguantar, pero no me verás a tus pies, no me verás humillada como los demás. Tampoco creas que me iré, no, ¡claro que no! ¡He pasado cosas peores que estas, y tú eres un don nadie para mi!

En el salón F4 el ambiente era otro, risas y juegos.

-Creo que con esto bastará.

-¿Estás seguro, Terry?

-Por supuesto, Stear. ¿Cuándo me he equivocado? Esa repostera vendrá a pedirme piedad, se disculpará por su falta.

-Y si eso sucede como tú predices, ¿qué pasará después, la dejarás ir?

-Primero lo primero. –Terry con gran sonrisa acariciaba su mentón idealizando la escena.- Después ya veremos.

-Esto está yendo más allá de un rutinario fastidio, ¿no crees, Archie?

-Apuesto a que la chica aguantará... Dos semanas más.

-¿Qué te pasa? Es solo una chica.-replicó Terry

-Lo sé, pero creo que no es de las nuestras.

-No se exactamente a qué te refieres, pero acepto tu apuesta, Archie.

-Hecho, pariente.

-Perderás, Stear- el líder se levantó propinándole una palmada en la espalda a su amigo- Y también te lamentarás de haber dudado de la palabra de Terry Grandchester.

Al día siguiente Candy era la comidilla de todo el colegio, no había sitio en el que no la señalaran con las miradas, en que las murmuraciones no iniciaran. Patty tomó el lugar a su lado en el almuerzo.

-Espero que te sientas mejor –le llevó una taza de chocolate caliente, aunque ahora con el frío todos preferían estar dentro, para Candy era un mejor lugar la intemperie.- Quiero disculparme contigo.

-Gracias –dio un sorbo sonriendo- ¿Por qué deberías disculparte?

-Siento que debía haber hecho algo respecto a lo que sucedió ayer.

-No, no podías hacer nada.

-Soy muy miedosa, no me gusta enfrentarme a la gente.

-No te culpes, no tienes nada que ver en esto. Yo no soportaría que te involucraras y te atacaran a ti también. Además, ¿sabes qué? A mi no me importa, me tiene sin cuidado lo que hagan esos inFames.

-¿Así les has puesto?

-Sí.- rieron-

-Tuve una idea. Aparté la alberca techada de la escuela para que pudieras ocuparla. ¿Sabes nadar, no?

-Sí, se.

-A veces en casa, para tranquilizarme nado. Te hará bien.

-Me gusta mucho nadar y es una buena idea. Gracias Patty.

-Es una manera de compensarlo.

-No sigas diciendo eso. ¿Para cuándo la apartaste?

-Hoy después de clases.

-Oh… No se si pueda, tengo que ir a donde la tienda.

-Por favor Candy, date un tiempo para ti, pide permiso.- Candy la pensó un rato.

-Esta bien, iré. Pediré permiso y repondré por la tarde.

-¡Genial! Yo te veo hasta mañana, tengo ocupado el resto del día con mi abuela. ¡Nos vemos entonces!

No sabía si había algún club de natación, si la experiencia le gustaba, podría apuntarse en el. Eso pensó al cambiarse y salir a la piscina, lo que no había advertido es que no iba a ser posible nadar en ella. No con los botes plásticos que le flotaban, de lado a lado había basura. Enojada, se dispuso a retirar cada uno de ellos, no iba a ser excusa para que tampoco le permitieran la entrada a esta clase. Por una injusta razón estaba vetada del club de cocina, así que antes de que alguien más se enterara, se puso manos a la obra. Luego de unos minutos pudo disfrutar del nado. Casi se había calmado cuando ruidos la sorprendieron. Asustada, salió del agua cerciorándose que estuviera sola realmente. Rápidamente fue a los vestidores donde ahí se encerró para vestirse. Al estar lista alguien forzaba la puerta para abrirla.

-¡Está ocupado! – gritó, aunque no supo si debió hacerlo. La puerta fue violada y se abrió. Agazapada en un rincón vio entrar a tres chicos altos de uniforme y las cabezas cubiertas con pasamontañas, jalándola al exterior – ¡No, no, suéltenme, suéltenme! ¡Por favor, auxilio! – su boca fue tapada con un pañuelo que no quiso oler, aguantó la respiración, fue así hasta que empezó a sentir que las manos tocaban sus piernas, ahí empezó a luchar con todas sus fuerzas.

-¡¿Qué se supone que están haciendo?! –escuchó una voz que la salvaría, los chicos inmediatamente se detuvieron, pero no la soltaron.- ¡Contesten!

-Nosotros… ustedes… las instrucciones…-tartamudeó uno.

-Lárguense. –Dudaron- ¡Dije que se larguen! –así lo hicieron torpemente disculpándose con esa voz. Cuando ella reaccionó supo sus piernas sin calcetas descubiertas, avergonzada y aturdida. Una toalla de baño le cubrió, y Anthony estaba a su lado para levantarla.

-Me engañaste

-¿P..perdón? –Candy temblaba

-El 1, 2, 3, 4 no funcionó. Trata de recordar si algo te faltó decirme.-su mente corrió rápidamente haciéndola olvidar dónde estaba y por qué.

-Polvo para hornear.

-Lo sabía. Tendré que empezar de nuevo, pero gracias, de todas formas. –Se dirigió a la puerta sin más.

-Gracias a ti, por esto.

-No es por ti. Evito que se cometa un error.

Apresurando el paso, Anthony llegó al salón F4. Stear y Archie jugaban con otras dos chicas el Guitar Hero, Terry en el X-Box mejoraba su propio récord, divertido.

-¿No estas llevando demasiado lejos esto? –Anthony se puso directamente frente a el, Terry lo miró un momento no entendiendo, cabeceó para recuperar la vista a la pantalla, Brower no se movió.- Contéstame, ¿no lo crees? –Al momento de que los Cornwell se dieron cuenta de la tensión despidieron a las chicas quedándose solo los cuatro, calmando a Anthony. Terry aventó el control para levantarse y encararlo.

-¿Por qué la defiendes?, este no es tu asunto.

-Ah, sí sabes de qué hablo.

-Tranquilo Anthony, -Stear quiso que diera un paso atrás- ¿Qué le pasa? –sorprendido por esta actitud en él, susurró a Archie. Éste no supo tampoco.

-Se lo tiene merecido, como los demás, esto no es para tanto.

-¿Sabes hasta dónde iban a llegar tus enviados? El lugar era perfecto y nadie la oiría.

Stear logró que se tranquilizara y lo llevó al otro lado del salón, a Terry se le fue el color del rostro, Archie le quiso palmear la espalda, pero fue rechazado por un manotazo. El trigueño hizo una llamada desde su celular y gritó al que le contestó.

-¡No seas estúpido, no les pedí eso! De esto ni una palabra, o yo mismo me encargo de hacerles la vida insufrible a ustedes. De aquí hasta la Universidad, ¡¿me entendiste?!

El líder de los F4 estuvo a punto de ser responsable de una infamia.

-Terry, ¿todo está bien? –Terry asintió.

-Todo va estar bien, Archie.


Entrada de Blog.

Londres, Viernes

Esta semana ha sido una muy buena. Aprendí cuán fuerte puedo y me falta por ser. Ni crean aquellas personas que tratan de interponerse que serán siquiera mencionadas.

P.D. ¿Creen en los Ángeles de la Guarda?

Srita. W.


-La malicia de esos 4F no tiene limite, Candy.
-No te preocupes Annie, solo fue el susto, no ocurrió nada. Gracias a Anthony Brower.
-¡Gracias a Dios, Candy, que lo puso en ese precioso momento! ¿Café?
-Sí, gracias - caminaban por la ciudad por la noche fría, Candy había estado muy nerviosa después del susto, no había nada mejor que los cafés de los puestos londinenses. - Ya te digo, no todos son iguales. Anthony es... Diferente. Sus ojos están llenos de una ternura infinita, pero a la vez, hay tristeza; por eso cuando sonríe es como... Un rayo de luz. -Annie la miró un rato, apenas iba a decir una conclusión acerca de cómo se expresaba de el, cuando la misma Candy hizo que volteara al otro lado de la calle. -Mira, ahí está -ambas se miraron tratando de entender lo que hacía viendo un anuncio de Telefonía celular tan detenidamente, casi queriéndolo tocar.
-Ve y salúdalo -guiñó Annie- Yo estaré en la estación un momento.
-De acuerdo, te alcanzo.

Candy pasó la calle tímidamente observando como admiraba Anthony a la chica del anuncio, más que al producto.

-Es muy bonita, ¿también la admiras? -Anthony notó su presencia girando a ella- Hola.
-Hola. ¿La conoces?
-Sí, es muy famosa en América, soy su fan. -ambos la miraron- No solo es bonita, sino inteligente, eso es lo que llama la atención, lo tiene todo. Quizá algún día se case con un príncipe.
-La vida con los príncipes puede ser triste. -dijo amargamente
-Pues aunque no fuera un príncipe, sino alguien muy importante, alguien de mucha influencia y muy inteligente, como ella. Alguien muy culto, quizá solo un poco mayor. -Anthony se quedó en silencio un rato.
-Sólo es una modelo.
-No la conoces, es más que una modelo, hasta yo puedo verlo.
-Tu no sabes nada, realmente.
-Tienes razón, yo no se nada. Pero tampoco tu lo sabes todo, ¿o si? -A Anthony se le dibujó una media sonrisa, meneando la cabeza.
-Mejor me voy, muchas gracias por lo que hiciste en la piscina, aunque no haya sido por mi, me salvó la vida. Nunca lo voy olvidar. -Candy aceleró el paso para alcanzar a su amiga que la esperaba en el Underground.

La mañana siguiente no era como las demás, el ambiente murmuraba a sus espaldas, no quería pensar que todos se hubiesen enterado, porque aunque ella fuera la víctima, en esta escuela ya no sabía que tan retorcidas podían volverse las historias. No tardaron mucho el trío de arpías para que se le atravesara en el camino.

-Sería el colmo. -dijo Moon a Jen, ésta miró a Candy de arriba abajo.
-Ni siquiera tiene gracia
-¿De qué hablan ustedes?
-De esto. -Elisa enseñó a Candy la gaceta escolar impresa, las murmuraciones hablaban de la inmoralidad en la escuela, del mal ejemplo y de cómo evitarlo.
-Oh... Que bueno que ustedes se tienen entre sí, si no, quedarían muy solas. -sonrió
-Déjate de tonterías, aquí hablan de una chica de transferencia, eso, ¿a qué te suena?
-A que prácticamente aquí, todas somos de transferencia. Si no tienen más qué decir, me voy.

Por cada cuantos pasos, sentía que alguien la señalaba.

-¿De transferencia, otras costumbres? ¿Con quién sabe qué costumbres americanas? ¡Candy es la vergüenza!
-¡Sí, es Candy!

Gritaron su nombre hasta que llegara al salón, ahí, la más grande calumnia de todas pegada en todas las paredes. Candy, ante el Colegio, era una chica fácil, una chica con baja moral. Alguien que cobraba por compañía. No lo iba tolerar, esto nunca. Podían gritarle en su cara que era una huérfana, ¡Porque sí, eso era! Era una huérfana, y también era americana. También era una pastelera, y hasta una sirvienta, porque toda su vida la había vivido para servir, algo que no era nada denigrante. Pero que no dudaran de su integridad, de los buenos modales y principios que sus madres adoptivas le habían inculcado. Esto era una ofensa a su casa, a su hogar, a su familia. ¡No lo iba a permitir! ¡Terrence Grandchester, te has encontrado con la horma de tu zapato!

Fue entonces con uno de los afiches colgados por todos lados, salió directamente al salón F4, ahí Terrence hacia alarde de su nueva broma, los otros no estaban muy convencidos, se les veía en la cara.

-Ah, tardaste en venir. Vienes a disculparte.
-¡Me harté! ¿Quién te crees tú para deshonrar mi casa, mi apellido?
-¿Uh? ¿Así se disculpan en América?
-¡La ofendida soy yo, papanatas!
-¡Ten cuidado como me hablas, repostera! -se levantó Terry para quedar enfrente de ella.
-No, ten cuidado tu con quien te metes y lo que haces. ¡Ese rumor... Me lo vas a pagar muy caro! -acto seguido, sin que Terry tuviera tiempo de reaccionar, el pie de Candy salió disparado directamente a su rostro en una patada voladora que ni Jacky Chan pudo haber inventado. Un golpe seco que lo derribó hasta el suelo atónito, el rostro completamente rojo.
-¡Tú! -dijo sosteniéndose la quijada de dolor aturdido.
-¡Sí, yo! Te lo advertí, no quisiste escucharme, ¡atente a las consecuencias! Sabes que no solo me ofendes a mí con tus tontos e infantiles rumores, sino a mis madres. Yo no soy ese tipo de mujer, no soy una fácil.
-Ya veras...
-¡Te callas, aún no termino de hablar!-Candy se acercó hasta su rostro, en un tono grave, lento, muy directo e intimidante - Yo, que soy una chica pura y ni siquiera he tenido mi primer cita, deberías de lavarte la boca antes de mencionar mi nombre, Grandchester. ¡He dicho! -arrugando el afiche en una pelota lo aventó a la cara con fuerza marchándose de ahí resuelta a que nunca, nadie más iba a humillarla.

Contrario a lo que Terry se esperaba, sus amigos estaban muertos de risa, hasta Anthony, que era tan pacífico, estaba destornillado. Sorpresivamente, mientras se levantaba y sacudía, Terry también lo hizo, todos callaron mirándolo sorprendidos.

-¿Qué te pasa, no estas enojado?
-Ay, madre. Ahora si Terry da miedo. -comentó Stear.
-Cuál, miedo, su mente esta fraguando algo peor, viene más diversión –Anthony al escuchar esto, se retiró del salón, quería quedarse con ese buen sabor de boca, no con la revancha de Terry.
-¿No se dan cuenta? –se sentó en lo que podía denominarse su trono, aquel sillón negro reconfortante que sólo él usaba.
-El que no se da cuenta de algo eres tú. ¿A quien te recuerda esa chica, la que llevas una semana en la cabeza? -preguntó Archie a su pariente.
-Ahhh... Claro... ¿No te parece a ti, Terry? Alguien muy cercano -al líder le cambió el rostro -No se de quien rayos hablan.
-Haz memoria, esfuérzate. -ambos se acercaron a el, Terry se encogió de hombros.
-A... Ella.
-Como que... ¡No! ¿Como se les ocurre compararla con ella?, están locos. -ambos rieron
-Intrépida, voz alta, la primer mujer que también te reta.
-¡Por supuesto que no!
-Te lo dejamos de tarea -sentenció Archie- Eso si, debes de contarnos qué cosa loca se te atravesó para que se te dibujara esa sonrisa.
-Es que ustedes están ciegos. Esa chica oculta sus sentimientos hacia a mí, por eso esa agresividad. ¿Qué no saben que las mujeres dicen no, cuando en verdad es un si? -ambos parientes se quedaron viendo uno al otro, soltando una risa estruendosa.
-A ver, Casanova, ilústranos más.
-¿Por qué una chica como ella se tomaría la molestia de venir acá a aclararme que nunca ha tenido una cita? Para limpiar su imagen, ella ha estado tratando de llamar mi atención.
-¡Genio, ovación! -aplaudió Archie.

-Lo sé, lo sé. En conclusión, Candy está completa e irremediablemente enamorada de mí. –Los otros dos ya no podían con la risa.- De todo esto. –dijo evidenciándose a sí mismo.
-Bien James Bond, ¿y ella ha conseguido su cometido? Esa es la pregunta. -Terry sonrió de lado
-Eso esta por verse.
-Terry, no quiero herir susceptibilidades, pero Candy te odia, eso es claro
-Claro que no, Stear. "El primero en caer es un cojo" *
-¡¿Qué?!

*Dicho correctamente: "Más pronto cae un hablador que un cojo"

La música relajante invadía sus sentidos hasta llevarla a un letargo rodeada de esencia de sándalo y cálida sensación reconfortante.

Candy se sobresaltó una vez más, aunque enseguida sus sentidos volvían a ser cautivados por aquella sala de masajes en la que estaba siendo consentida. Debería estar furiosa, salir de ahí inmediatamente, pero la sensación era simplemente exquisita. ¿Cómo había llegado aquí? Ah, sí, ya lo recordaba.

Salía de la escuela rumbo a CandyCakes con el propósito de no encontrarse con la Mafia 4, cuando unos hombres con el escudo de Macers la habían metido a tropezones al auto, pasó el segundo susto de su vida al despertar en una sala de masajes, regalo para becadas, según esto. Pero esto no le convencía del todo, eso de que te subieran a un auto casi a la fuerza no era amable. ¡¿Y si había sido secuestrada, refinada y luego vendida?! Esperó a estar en una mejor situación que no fuera envuelta en una toalla descalza. Enseguida de ser totalmente perfumada y humectada; fue vestida, calzada, asesorada, maquillada, alaciada… Completamente acicalada para llevarla vaya saber a quién. Debería ser alguien muy importante, pero estaba lista para cualquier patada. Un vestido azul satinado de un tal Givenchy no iba a impedirle defenderse. Llegó a un vestíbulo donde un extraño de espaldas parecía esperar algo. Los grandes ventanales y los finos cortinajes complementaban aquella majestuosa habitación. Pero esa cabeza… Oh, no. Conocía esa cabeza.

-¡¿Tú que haces aquí?! –Terry Grandchester se giró con esa majestuosidad de niño malcriado que tenía. Tan ridículamente bien vestido con la mano en el bolsillo de su traje sin arrugas.

-¡Aquí vivo, qué mas! –¡Arruinándolo con su bocota!

-¿Qué es todo esto? ¿A qué juegas ahora? –Terry llegó a ella para mirarla mejor, la tomó por los hombros.

-Vete nada más. –la giró hacia el elegante espejo de dos metros de la sala- Eres como la Bella Durmiente salvada por su hada madrina.

-¿Qué esa no es Cenicienta? ¿por qué hiciste esto, estas loco? –Terry quedó confundido.

-¿Loco yo? ¿Qué no te gusta todo esto, no te sorprende? Es lo que a las mujeres les gusta. Puedes decirme la verdad, estas conmovida hasta la médula. Mira, si aquí mismo puedes ser sincera respecto a lo que sientes por mí…

-¡Oh, si, lo seré!, no me costará trabajo –el tono de Candy era sarcástico, aunque Terry sonriera complacido.

-Adelante, pues. Empieza por admitir lo mucho que te gusto. –Candy quedó boquiabierta, entrecerró los ojos.

-¿De cuál fumaste, dude?

-¿Excuse moi? ¿Quieres que sea en un lugar especial? Conozco uno.

-A Sansón el cabello le daba fuerza, a ti, esa melena no deja oxigenarte las neuronas, esto es absurdo.

-No puedes ver lo beneficioso de esto. Podrías tener esto y cosas mejores todos los días.

-¡Por quién me tomas, estoy ofendiéndome!

-Yo podría permitir que estuvieras conmigo en público y en privado tratarte mejor, como una novia. ¿No estás conmovida?

-No, no estoy conmovida; estoy ofendida, sorprendida, conmocionada, unos tipos me agarran saliendo de la escuela, no se como rayos me duermen y termino semidesnuda en un cuarto de masajes y luego todo esto.

-No es para tanto

-¿…Sabes lo que pensé?

-No, no se…

-¡Secuestro! Eso pensé –lo señalaba con el dedo índice, hablando rápido y alto.- Vendida al extranjero y eso es un delito, esto que hiciste…

-Estás exagerando, cualquier otra chica estaría dando de saltos de estar en la Mansión Grandchester.

-¡Trata de blancas!

-¡Pero qué estás diciendo, repostera! ¿Sabes lo que gasté en ti?

-¿Ahora me lo estás echando en cara?

-¡Ese vestido es la fiel imitación del de Andrey Hepburn! no, no tienes idea.

-Tengo otra idea. –Candy empezó a quitarse la joyería que tenía, desde los aretes hasta la pulsera de plata con swarovskys y la diadema; enseguida se sujetó el cierre de atrás del vestido, Terry le miró con la ceja alzada. Ah, ¿no la creía capaz? El cierre con esfuerzos bajó, Terry se giró hacia el ventanal.

-¡Ah, por Dios! –Candy sonrió, había bajado el cierre, pero el vestido nunca había caído al suelo, no en su presencia. Al menos tenía algo de caballeroso.

-¡Vas y le regresas el vestido a la Señorita Hep…lo que sea y a mí me devuelves mi uniforme!

-¡Eres necia!

-¡Tú estás loco!

Minutos después Candy iba con su perfecto alaciado y su uniforme puesto rumbo a la salida. Terry le detuvo sujetándola del brazo, mismo agarre del cual Candy se aflojó con fuerza.

-No te entiendo, no sé que es lo que quieres. Te ofrezco todo esto y lo desprecias.

-Terry, nunca vas entenderlo. Crees que todo puede comprarse, y estás equivocado. No hay nada que yo te envidie, créemelo.

-Estás mal. Todo se compra, el techo, el bienestar, la educación, la estabilidad, todo se mueve por y para el dinero. Hasta la salud se compra.

-El amor no, un amigo tampoco. –Terry negó

-Puedes pagarle a quien sea y te querrá. Mientras más des, más te darán. –Candy quedó sin argumentos por un momento.

-Ese es tu mundo, no el mío. Adiós Terrunce Grandchester. Déjame en paz.

Candy sintió cómo algo extraño le recorría al abandonar la Mansión de Terry, no sabía exactamente qué. Ese chico se creía que podía comprarla como un objeto más de su gran Mansión. Iba a terminarla con una enfermedad cardiaca con tantos sustos, todo por sus tontos juegos. ¿Y ahora, dónde estaba? Claro, en una zona residencial apartada de todo transporte público y ahora tenía que caminar con los zapatos escolares sin calcetas, se le habían olvidado. Estuvo un rato andando hasta que optó por sacárselos, estaban matándole los pies y para colmo, estaba por llover. Apenas se sentó en una banca sacando de su mochila el GPS para ubicarse cuando la tormenta inició. Sólo esto le faltaba, ni siquiera un perro inglés podría venir a completar el cuadro. Un perro inglés estaría en su caliente hogar echado al lado de su amo, y ella estaba empapándose como una gata sin dueño, escurriendo y empezando a estornudar.

-¡Sube! –del interior de un auto una voz familiar le ordenó, solo por eso no se había echado a correr. Se acercó para comprobar que era Anthony, éste le hizo señas que se apresurara. -¿Qué haces aquí con esta lluvia?

-Extraña historia.

-Te llevaré a tu casa.

-No, esta bien si me dejas en una parada de autobús o una estación del metro, gracias.

-Te llevaré hasta tu casa, sin discusiones, por favor. –Candy asintió, así quedaron en silencio unas cuadras hasta que él volvió hablar- Siempre parece que acabas de salir de un problema cada que te veo. Sumida en una situación dramática. –Candy miraba por la ventana, sonrió sumiéndose entre sus hombros.

-¿Tú conoces a Audrey Hep…?

-Hepburn. Sí, la conozco.

-¿Es bonita?

-Sí. Muy bonita, de mucha clase. ¿No la conoces tu?

-¿Por qué debería? –ultimadamente los socialités eran ellos, a el parecía divertirle su ignorancia.

-¿Hay algo que no se pueda comprar, Anthony? En este mundo ya no hay nada que no se pueda comprar –dijo con tristeza en un suspiro- Hasta el aire lo venden. –Anthony arrugó la frente y luego sonrió.

-Se de dos cosas.

-¿Dos? ¿Cuáles?

-Paz interior y el aliento de vida. –Candy sonrió abiertamente, y con esto, el rubio lo hizo también aún más.

-¡Cómo no se me ocurrió! Duh… No pensé que fueras tan espiritual.

-Tú eres muy chistosa.

-¿Yo? Oh, está bien si me dejas aquí, por favor. Vivo con mi amiga Annie, es la casa de sus padres. Gracias por todo, otra vez. –abrió la puerta del coche para salir entre la lluvia

-De nada Candy. Cuídate.

-Oh, por cierto, ¿Cómo te han salido los cupcakes? –dijo antes de irse

-Sigo intentando. –sonrió recordando sus fallidos intentos.

-Ya te saldrán, verás que sí. ¡Hasta luego!

Continuará…


¡Awww! Anthony al rescate! ¿Qué sentirá Candy en ese preciso momento?

¡Nos vemos en el siguiente episodio!