Disclaimer: Nada de esto es mío, ya sabes, lo habitual.

Nombre: Sufrimiento.

Personaje: Theodore Nott.

Segundo capítulo de la tabla "angst" de "Retos a la carta", comunidad de Livejournal.

Agradecimientos a: Fabyginny05 por betearme. Thanks Honey!

Dedicado a: Luzbelita. Si, tu cumpleaños fue en Agosto, pero esa es la gracia de los regalos. Que aún luego de meses siguen apareciendo.

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"Detrás de las máscaras"

Por:

Roses' Rain Spell

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Estaba aterrorizado, aunque no lo pareciera. La máscara que tenía en mi rostro ocultaba mi temor y la larga túnica negra disimulaba mis escalofríos. No había vuelta atrás, no había manera de escapar, porque una vez que estabas metido en esta mierda, no había manera de salir. No hay opciones, si quieres vivir, debes matar. Nos dicen que somos superiores y que hay que eliminar la escoria que hay en el mundo mágico. Pero si nosotros matábamos despiadadamente ¿no resultábamos ser la escoria nosotros?

El lugar ya había sido arreglado y los que nos acompañarían estaban ya en sus posiciones. Podía sentir como se me dificultaba el respirar y los músculos se me entumecían. Un mortífago dio la señal. Llegó la hora.

Me acerqué a los iniciados y traté de divisar a Malfoy. Parecía mentalmente preparado para acabar con todos y lograr que el nombre de su familia resurgiera de las cenizas, cual ave fénix. A su lado Zabinni jugaba con su varita, a través de los agujeros de su máscara divisé una mirada aterradora, una mirada de asesino.

—¡Nott! ¿¡Acaso escuchaste lo que te dije!? —Me di la vuelta y tragué en seco. No había escuchado nada y McNair estaba dispuesto a matarme con tal de no arruinar la misión.

—Claro que si. ¿Por quién me tomas? —Me di la vuelta, no necesitaba ver la expresión de aquel mortífago, ya la conocía de sobra.

Seguí al grupo, sorteando los árboles de ese maldito bosque hasta llegar a una casa donde se veían luces y se escuchaba música a todo volumen. Nos dieron la señal e irrumpimos en la casa con las varitas en alto. El ataque había comenzado.

—¡Morsmordre! —De la varita de aquél mortífago ascendió a los cielos una voluta de humo verde, que comenzó a adoptar una forma horrorosa: una calavera y una serpiente. La marca del diablo en persona.

El lugar estaba lleno de adolescentes de aproximadamente nuestra edad, los cuales comenzaron a correr tratando de huir y salvar sus vidas. Encapuchados negros comenzaron a subir escaleras arriba lanzando maldiciones a diestra y siniestra, como si la vida se le fuera en ello. Comencé a correr, algo mareado por la situación y con los gritos de aquellos muggles impregnados en mi mente, sin dejarme pensar.

—¡Nott! ¡Encárgate de ir al sótano! ¡Se han escapado varios por allí! —Miré durante un instante a mi mensajero y fui escaleras abajo a ponerle fin a la vida de unos pobres inocentes que lo único que hacían era divertirse en medio de una guerra que no los involucraba.

—¡Aléjate de nosotros! ¡No hemos hecho nada malo! —Uno de los muggles me había lanzado algo que logré esquivar. La que me había gritado era una mujer quien trataba de tapar con su cuerpo a dos niños pequeños—. ¡Nos dijeron que nos resguardemos aquí! ¡Uno de los tuyos!

Y la realidad me golpeó de frente y casi me hace trastabillar. Esos hijos de puta querían probar mi lealtad realizando el mismo asesinato que a mi me dejó sin mi madre. ¿El asesino de ella se habrá sentido como yo en ese momento? ¿Habría sentido que el aire se le escapaba de sus pulmones y que era inútil tratar de mantenerse en pie? Caí de rodillas al piso. No podía hacerlo, no podía moverme. El desamparo me paralizó y pude divisar frente a mis ojos a esos niños llorando de miedo y sin saber que pasaba allí. Los gritos de afuera iban cesando pero yo no podía hacer nada para amortiguar los chillidos que aún estaban impregnados en mi mente. ¿De verdad era eso lo que quería? ¿Era mi destino seguir a una persona de mente siniestra y matar a todos los que se ponían en mi camino? Tenía que ponerle un fin a mi vida y continuar con una llena de muertes, desgracia y miedo. Tomé aire profundamente y traté de pararme, aunque los temblores de mi cuerpo no cesaban. Me quité la máscara y la capucha. Y miré con lástima a los que se encontraban enfrente de mí.

—Lo siento, de verdad siento hacer esto. —Me sudaba la mano con la que tomaba la varita que los apuntaba. Una lágrima rodó por mi mejilla y terminó en la comisura de mis labios.

—¡Por favor no les hagas nada a ellos! ¡Mátame a mí, tómame y has conmigo lo que quieras, pero no les hagas daño a ellos! —Esa mujer estaba desesperada, haciendo que se me oprimiera el pecho. ¿Habría gritado así su madre antes de su muerte? ¿Habría suplicado por su vida hasta que el rayo verde la había alcanzado?

Un ruido proveniente de las escaleras me alertó. La matanza ya había terminado y solo faltaba probar mi lealtad. El grupo de mortífagos se acercó a mí y comenzó a gritarme que terminara con todo eso antes de que llegaran los Aurores.

—¿¡Por qué te has quitado la máscara inútil!?

—Solo quería que estas sabandijas recordaran la cara de su asesino y se la llevaran a la tumba —las palabras habían salido de mi boca y yo ni siquiera las había pensado antes.

—¡Pues hazlo ya y vámonos de aquí!

No había tiempo de pensar, debía actuar. Dirigí mi mirada a la mujer, podía ver su corazón latir a través de su pecho. Traté de pedirle disculpas de alguna manera y cerré mis ojos.

—¡Avada Kedavra! —Un rayo de luz verde salió de mi varita e impacto en su corazón, ese que antes había visto latir. Repetí mi acción con aquellos dos niños. Aquellos que habían visto morir a su madre con tal de protegerlos habían perdido la vida en un suspiro.

—¿Por qué tardaste tanto? —La mano de Draco se encontraba en mi hombro y sus ojos grises me penetraban.

—Disfrutaba de su desesperación. ¿Qué gracia tiene matarlos si no te puedes divertir?

Me adelanté unos pasos y lo dejé atrás. Acababa de matar a tres personas y todos parecían satisfechos de eso. De eso se trataba esta guerra: si querías vivir, debías matar. ¿Era ese el pensamiento retorcido que algunos utilizaban para sobrevivir? ¿O solo mataban por amor al arte?

—Lo siento madre, te fallé —Miré al cielo estrellado y me permití derramar una lágrima. Defraudé su memoria repitiendo el mismo crimen que años atrás se había llevado su vida. ¿No habría sido mejor morir con orgullo? ¿No habría sido mejor reencontrarme con ella en algún lugar? Nunca sabré esa respuesta, pero aún sigo buscándola.


Primero disculpen la tardanza, no tengo justificación. El colegio consume, las series en vacaciones consumen y las musas no cooperan.

Ya saben, si les gustó, como si no les gustó, si quieren que me dedique a hacer cualquier otra cosa pero que por favor me retire de la escritura, todo eso me lo pueden decir. ¿No sabes cómo? ¡Pues sigue el camino!

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