Disclaimer: Obviamente, ningún personaje de Naruto me pertenece.
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Hola. ¿Cómo están? Espero que bien. Y espero que hasta el momento la historia les esté gustando. En todo caso, gracias por darle una oporunidad, lo cual es demasiado más de lo que podía pedir, y más aún gracias a quienes desperdiciaron tiempo de su vida en dejarme un review con su opinión. Si llegaron hasta el capítulo 3, y todavía les interesa, espero no decepcionarlos. Gracias, nuevamente. Espero el capítulo les guste. ¡¡Nos vemos y besitos!!
Yuxtaposición de soledades
Aire
III
"Nada que perder"
Lo contempló marcharse en silencio, con suma tristeza. Lo siguió lentamente con su blanca mirada hasta que ya no pudo seguirlo más y entonces volvió a mirar su tazón de ramen con abatimiento. Repentinamente, ya no tenía hambre. No tenía deseo alguno de ingerir aquel tazón. Sin él allí, estar en aquel lugar no significaba nada.
A su lado, Kiba la observaba preocupado y ligeramente fastidiado. Cada vez que Naruto se marchaba era como si se llevara una parte de Hinata con él, la parte más importante. Aquella que la mantenía unida y en una pieza. Porque, aparentemente, él no podía lograr tal cosa. Y eso le enfurecía cada día un poquito más, lo frustraba un poquito más. No que fuera a decirlo en voz alta. Jamás lo haría.
Aún así, insistía. ¿Por qué? No estaba demasiado seguro, no quería pensar en ello tampoco. Suponía que por mera cuestión de ego. Kiba era orgulloso, en el pleno sentido de la palabra, y jamás rechazaba un desafío cuando lo veía.
—¿Sabes? Deberías dejar de lucir como un cachorro abandonado en la lluvia... —los ojos de ella rápidamente abandonaron la dirección en la que estaban mirando y se volvieron a los ojos negros de su compañero de equipo. Sus mejillas adquiriendo un tenue tono rosado que, en contraste con su piel pálida, daban a su rostro una expresión algo más suave.
—Y-Yo... Y-Yo... N-No...
Él sonrió, llevando su mano detrás de su oreja, fingiendo no poder oírla —¿Qué? No entiendo...
Hinata cerró los ojos y rápidamente murmuró lo que intentaba decir, aferrándose al borde del mostrador para mantenerse firme —Y-Yo no p-parezco un cachorro en la lluvia.
Kiba rió, su carcajada fuerte y sonora —Heh. Supongo que no. ¿Viste? No fue tan difícil dejar de tartamudear, ¿o si?
La muchacha parpadeó desconcertada a su compañero de equipo, luego sonrió tímidamente —Umm... s-supongo que no.
El chico asintió, cruzándose de brazos. Satisfecho consigo mismo —Así está mejor. ¿No crees?
Hinata movió la cabeza hacia arriba y hacia abajo en un suave gesto afirmativo, su postura retraída sobre el taburete —S-Si...
Entonces la atención de él se fijo en el tazón de ella —¿No comerás eso? No has tocado siquiera tu ramen.
La pobre muchacha lo miró avergonzada, incapaz de decirle que en verdad había perdido todo apetito; por lo que tomó ambos palillos y comenzó a introducir los alimentos uno a uno en su boca, masticando con delicadeza y lentitud todos y cada uno de los bocados. Una y otra vez, por largos minutos.
Kiba contempló el gesto con incredulidad, y es que simplemente no podía creer que Hinata no tuviera el valor de decirle algo tan simple como que ya no quería su tazón de ramen. Por lo que, sin siquiera pedirle permiso, le arrebató fastidiado el objeto de delante de ella y lo colocó frente a él; tomando unos palillos nuevos y comenzando a engullir el interior del tazón de forma desaforada. Sus ojos rígidos en los extremos y su boca torcida hacia abajo.
Hinata lo miró inquietada por el repentino arrebato, preocupada de haberlo ofendido —¿Umm... K-Kiba-kun? —éste no se volteó a verla, simplemente siguió comiendo; lo cual acrecentó la sensación de culpa en el interior de la chica—. ¿E-Estás m-molesto? ¿E-Es mi culpa? P-Por-Porque s-si es mi c-culpa... l-lo siento...
Cansado, dejó el tazón vacío sobre el mostrador y negó con la cabeza. Lo cierto era que no podía permanecer demasiado tiempo enfadado con ella, aún si lo quisiera. Aún si lo deseara, no podía. Hinata le parecía demasiado frágil, demasiado amable y gentil, como para descargar toda su furia sobre ella. Ni siquiera en los entrenamientos podía hacerlo.
—No... —masculló, su voz volviéndose más severa a medida que continuaba hablando—. Pero debes dejar de hacer eso, Hinata. Si no quieres algo, si algo te molesta, tienes que decirlo.
—P-Pero...
El castaño sonrió, alborotando sus ya de por sí enmarañados cabellos color chocolate —¡Di lo que te molesta, yo lo hago! No tienes porqué tolerar nada que no te guste.
Ella asintió, sintiéndose avergonzada de sí misma por no ser lo suficientemente valiente como él para hacerlo. Para Kiba, aquello era más fácil. A él no le importaba lo que los demás pudieran pensar de él, nunca lo hacía. Lo que otros pensaran o dijeran de su persona lo tenía completamente sin cuidado y, por esa razón, Hinata lo admiraba. Porque Kiba era lo suficientemente fuerte, y su confianza en sí era tal, que no dependía de nadie más. Y no permitía que nadie más lo insultara o degradara. Siempre listo para defender su posición, su terreno; con garras y dientes, si fuera necesario.
En ese sentido, Kiba le recordaba a Naruto —L-Lo s-siento.
Él chasqueó la lengua, colocando ambos brazos detrás de su nuca y echando la cabeza para atrás —Ya te dije... no tienes que ser tan formal conmigo, Hinata. Y no tienes que disculparte por todo.
Ante esto, la joven sonrió y asintió, cometiendo la tontería de volver a intentar disculparse por haberse disculpado cinco segundo atrás —L-Lo s-sien-
El Inuzuka simplemente carcajeó, enderezándose nuevamente y dejando el dinero de ambos tazones de ramen sobre el mostrador —¡Eres increíble!
Hinata sintió arder sus mejillas aún más, si es que aquello era remotamente posible. Y rápidamente, intentó aclararse, solo para disculparse una vez más —¡L-Lo siento! —rápidamente, cubrió su boca. Su rostro completamente sonrojado.
—¡Jajaja! —se desternilló, curvándose sobre sí mismo para aferrarse el abdomen. Hinata seguía contemplándolo completamente avergonzada—. ¡L-Lo siento! —rió, intentando calmarse—. Ya no me reiré más... —jadeó, recuperando la compostura—. No me reiré más. Lo prometo.
Hasta que, finalmente, se detuvo. Entonces su vista se volvió a su compañera de equipo, cuyos ojos blancos contemplaban distraídos el suelo que se extendía delante de ellos.
Preocupado de haberla ofendido, preguntó —Oy, Hinata ¿Estás bien?
Ella asintió, levantando la vista y forzando una débil sonrisa sobre sus rosáceos labios —S-Si... G-Gracias p-por p-preguntar. K-Kiba-kun.
El chico rascó su cabeza, desconcertado —Seguro... no hay problema.
Entonces, Hinata recordó algo y, sin previo aviso alguno, comenzó a revolver bajo el porta kunai que llevaba sujeto en su muslo izquierdo. Rebuscando algo que parecía sujeto bajo este.
Finalmente, lo sacó —T-Toma... —ofreció.
Kiba contempló las monedas que Hinata ofrecía con ambas palmas pálidas giradas hacia arriba —¿Qué-
La joven Hyuuga extendió sus manos aún más hacia el chico —P-Por l-los tazones de r-ramen.
Él negó con la cabeza, cruzándose de brazos y fingiendo ofensa —¡Tsk! Esta vez el ramen va por mi cuenta.
Aún así, ella insistió —P-Pero...
—No, ya te dije que yo invito. ¡Además... —aclaró rápidamente, como temiendo que ella pudiera malinterpretar de alguna forma lo que él hubiera dicho segundos atrás— yo me comí ambos! Así que no es como si yo estuviera pagando por tú comida. No cuenta.
Hinata sonrió, gentilmente. Volviendo a guardar sus monedas con delicadeza debajo del porta kunai sujeto a su pierna —G-Gracias... —susurró. Con una voz muy suave y casi inaudible.
Él simplemente volvió a reír, contemplándola doblarse sobre sí misma y guardar los pequeños objetos dorados debajo del vendaje que rodeaba su muslo —¿Sabes? Deberías dejar de decir tanto "Gracias" y "Lo siento". Al menos estando conmigo. No necesitas la formalidad y la etiqueta. Me haces sentir como un salvaje —bromeó. Sonsacando una pequeña y débil carcajada por parte de ella. Sin embargo, sabía que aquello -en parte- era cierto; pues ella era un miembro del clan Hyuuga, caracterizado por su solemnidad y compostura. Y él lo era del clan Inuzuka; siempre conocido por su brutalidad y crudeza. Así como por su falta de tacto y poco apropiado comportamiento.
Ella era una Hyuuga, y estaba enjaulada por ello. Él era un Inuzuka, y había nacido libre.
—En fin, supongo que debería llevar a Akamaru a casa. ¿Cierto, amigo? —el perro, que permanecía sentado junto a su amo, ladró animado; moviendo la cola de un lado al otro.
Sin embargo, su atención se vio atraída una vez más hacia Hinata cuando una expresión de terror contorsionó las facciones delicadas de su rostro. Su semblante, habitualmente pálido, adquirió un color blanquecino aún más enfermizo que el habitual, y sus ojos níveos se abrieron desmesuradamente. Notó, entonces, que su labio inferior temblaba.
—Oy, Hinata ¿Qué sucede?
La joven levantó la mirada al cielo y susurró —¿Q-Qué h-ho-hora es?
Kiba se encogió de hombros —Pasado el mediodía, supongo. ¿Por qué?
Bajando la mirada, clavando sus ojos traslúcidos en sus propios pies, volvió a susurrar —D-Debía v-volver a c-casa... m-mi padre... —negó con la cabeza, cubriendo su rostro con ambas manos.
Se preguntó cómo había olvidado semejante orden. Cómo había cometido la torpeza de olvidarse del compromiso que su padre había fijado con ella. No lo sabía, simplemente lo había hecho. Quizá por los deseos de ver a Naruto, por la necesidad de ver al rubio, si tan solo un segundo. O quizá, por la agradable compañía de uno de sus compañeros de equipo; pues Kiba –al igual que Shino- era una de las únicas personas en su vida capaz de siempre hacerle olvidar todos y cada uno de sus problemas, aunque fuera por una tarde. Aunque fuera por un breve y efímero instante. Tan solo ello, valía la pena.
—D-Debo i-irme, K-Kiba-kun... —y sin decir más, dio media vuelta y comenzó a alejarse. No obstante, una mano tomándola fuerte y firmemente por la muñeca la detuvo; forzándose a voltearse nuevamente a enfrentar a dicha persona—. ¿Q-Qué-
Kiba sonrió, amplia y regocijadamente. Sus largos y punzantes colmillos sobresaliendo por debajo de su delgado labio superior —¡Creo que tengo la solución! En Akamaru podemos llegar enseguida. ¿Verdad amigo? —el can ladró en señal afirmativa, hinchando su pecho orgulloso por el halago y la confianza de su amo.
Hinata titubeó —¿P-Pero... n-no l-le haremos d-daño...?
Akamaru ladró, ofendido por la falta de confianza. Kiba simplemente se limitó a reír, y es que la idea era sencillamente absurda —¿Daño? Nah... Akamaru puede soportar el peso que sea.
Y, sin perder más tiempo, se montó sobre Akamaru de un ágil y fluido salto. Aferrándose de los largos cabellos de la nuca del animal. Rápidamente, extendió la mano a ella; esperando que la tomara. Pero ella no lo hizo, al menos no al instante, sino que permaneció contemplando vacilante el gran animal y a su dueño sentado sobre la espalda de éste.
—Y-Yo...
—¡Oh, vamos! —insistió, alentándola a subirse de la misma forma que él. Al ver que la muchacha no lo hacía, decidió ayudarla a decidirse. Inclinándose hacia delante, susurró algo al oído de perro. Y éste, como si se tratara de una orden inquebrantable, descendió hasta quedar agachado sobre sus cuatro patas plegadas contra el suelo—. Ahora es más fácil. Sube.
Hinata asintió cautamente, y tomando la mano de él se sentó sobre el lomo del animal. Justo detrás de Kiba —¿A-Así?
El chico sonrió, contemplando la expresión de susto en el rostro de ella por encima de su hombro —Casi... sujétate.
—¿Q-Qué m-me sujete? —balbuceó.
Kiba rió —A menos que quieras caerte... aférrate fuerte.
—E-Está b-bien... —susurró, incómoda. Tomándolo a él desde atrás por la cintura, apoyando su mejilla contra la espalda de él. Sintiendo, súbitamente, el palpitar de su corazón. Constante, rítmico.
Él cerró los ojos y sonrió, inhalando la sutil esencia de ella con su privilegiado olfato. Percibiendo el aroma a té verde y lavanda ascender por sus fosas nasales e invadirlo todo. Cada idea. Cada pensamiento. Cada centímetro de su desordenada mente. Luego de un instante, los volvió a abrir; fijando sus ojos negros en el camino —¡Bien! —exclamó, soltando una carcajada al sentirla sujetarse con más fuerza a él—. No te preocupes, Akamaru y yo no te dejaremos caer.
—L-Lo s-se...
Una gran sensación de satisfacción lo invadió —No es tan malo, una vez que te acostumbras es realmente divertido. ¿Verdad Akamaru? —y, sin previo aviso, el perro salió lanzado a gran velocidad hacia delante. Como si aquellas palabras hubieran sido la orden que necesitaba oír para empezar a galopar. Y así lo hizo, galopó a toda velocidad hacia el destino fijado. Sus grandes patas golpeando una y otra vez contra el blando suelo; sus garras clavándose en la tierra con cada paso, arrancando parte de ésta en el proceso.
Mientras tanto, el viento azotaba sus rostros sin piedad alguna, haciendo que sus ojos se humedecieran por el mero contacto del aire con la superficie de sus retinas. Acariciando sus cabelleras y enredándolas en el proceso, cosa que a Kiba no parecía molestar en lo más mínimo. De hecho, el joven parecía disfrutar plenamente de aquel medio de transporte. La sonrisa amplia y reveladora en sus labios lo decía todo.
—¡¡Woohoo!! —aulló, soltando su agarre de los largos cabellos blancos de la nuca del animal y extendiendo los brazos a ambos lados. Sintiendo, ante esto, el agarre de Hinata afianzarse aún más en su cintura. La yema de sus delgados y blancos dedos clavándose a ambos flancos de estómago.
Jadeando por encima del sonido del viento, musitó —¡L-Lo siento! —temiendo hacerle daño alguno. Pero Kiba solo rió, ignorando la disculpa innecesaria de la chica.
Finalmente, Akamaru se detuvo en seco; haciendo que ambos jinetes se inclinaran bruscamente hacia delante. La cabeza de Hinata chocando con la espalda firme y férrea del chico delante de ella —¡¡Llegamos!!
La Hyuuga, con las piernas aún temblándole, descendió del animal. Kiba solo atinó a soltar una última carcajada antes de bajarse de Akamaru él también —Tan brusco fue ¿eh?
Ella negó con la cabeza, intentando hacer que todo dejara de darle vueltas a su alrededor. Intentando parecer inafectada por el vertiginoso viaje, en vano —N-No... e-estoy b-bien. G-Gracias, K-Kiba-kun.
Aún así, no tuvo demasiado tiempo para detenerse a recobrar el aliento. Recordando súbitamente el compromiso con su padre corrió al interior del complejo Hyuuga, sabiendo de antemano que Hiashi estaría aguardándola con expresión severa y de completa decepción.
Jadeando, se detuvo ante su padre, notando que Neji se encontraba allí a su lado —Llegas tarde —lo oyó decir. Y no perdió tiempo alguno en doblarse hacia delante en una exagerada reverencia, y luego en otra y otra —L-Lo s-siento m-mucho.
Sin embargo, la expresión inflexible del líder del clan no se suavizó. Sino que pareció inclusive incrementarse aún más frente a sus disculpas. Aún más frente a sus intentos desesperados de ganar su perdón. Algo que sabía era inútil, era en vano.
Aún así, volvió a repetirse, deseando que esta vez la escuchara —L-Lo s-s-siento, p-padre.
Pero no lo hizo. Hiashi simplemente se puso de pie y se dio media vuelta, dándole completamente la espalda a ella. Ignorando deliberadamente sus patéticas disculpas y sus súplicas. Solo tres palabras escaparon de sus labios, solo una orden en voz grave y rígida —Lucha con Neji.
Enderezándose, asintió. Obedeciendo la orden de su propio padre, acercándose al centro del jardín en el que se encontraban y fijando –vacilante- su vista en su primo. Quien devolvió la mirada al instante, una mirada cargada de algo que Hinata no podía identificar. Quizá fuera empatía, eso quería al menos creer, pero no estaba segura. No estaba segura de que Neji pudiera sentir algo semejante a la empatía, menos aún manifestarla abiertamente.
Neji se puso de pie, también, y caminó hasta donde se encontraba Hinata. Su expresión seria y su porte solemne —¿Lista?
Ella asintió. ¿Lista?. No, no lo estaba. Y no estaba segura de estarlo pronto. Pero daría lo mejor de sí, lucharía con todas sus fuerzas, sin siquiera acobardarse, porque –como Naruto- ese era su camino ninja. Y, como Naruto, no tenía nada que perder. Absolutamente nada. En ese sentido, ambos eran iguales.
