Pecado Tercero. Side A.
Avaricia. Avaritia. Greed

La Avaricia es la madre de la crueldad.

Avaro, eso es lo que eres.

—¡Claro que no! Avaro es aquel que desea más y más dinero. Yo nunca he pedido más dinero. ¡Soy comunista! Nunca he necesitado dinero para ser feliz.

¿En qué mundo crees que vives, idiota? La Avaricia son dos, y tú mejor que nadie lo sabe. Aunque no lo creas, eres un ser avaro que sólo quiere más y más

—¿A qué has venido? Deja de molestarme, tu molesta vocecilla no hace más que sacarme de quicio… ¡Ya sé! Eso es lo que buscas, ¿qué les torture, les maltrate? Sabes que me encanta, pero podrías ser menos cruel y…

A mí no me interesa lo que hagas o dejes de hacer con tus subordinados, Iván.
Sus labios rosados pronunciaron el nombre con absoluto desinterés. Como si fuera el viento el que se encargara de desplazar dichas palabras. Ni me va ni me viene tu trato hacía ellos. Es como si intentarás hacerme un ser virtuoso. En mi virtud esta mi pecado.

—Entonces, ¿qué buscas? —Iván se removió, nervioso en su asiento. Sus ojos violetas brillaban llenos de aquel extraño miedo que le provocaba aquella etérea presencia. Su mano enguantada, sin darse cuenta, se acercó hasta su pecho, donde se escondía un cruel secreto. — No tengo nada que darte… ya me has quitado suficiente…

¿Qué busco?, una risa infantil y cruel escapó desde el aire. Nada Iván, nada que me interese en este instante. El rostro del ruso se encogió a causa del miedo. Estaba presentarle a mi nuevo amigo, tu secreto.

—¿Amigo? —Iván miró alrededor, buscando algo más que aquella única presencia, pero no encontró nada—. Tú no tienes amigos. Tú misma lo has dicho, en tu virtud esta tu pecado.

No repitas mis dichos Iván… tú sabes a qué vine… no necesito, lentamente la voz desaparecía, difuminándose con el sonido de las aves y del viento. Un motivo para venir… ni… una excusa… Y desapareció, dejando que el silencio tronara los tímpanos del ruso, que sólo sonría, mientras acariciaba su mano derecha, como si se hubiera quemado y buscara reconfortarse. Como odiaba sus visitas, sólo le hacían sentirse más solo. Más alejado del mundo, más herido, más… ruso. Su sonrisa se amplió, llenando el vacío que desde hacía tanto no podía llenar. Todo lo había perdido y no existía nada en el mundo que le hiciera feliz.

—Prometiste que apartarías el dolor —murmuró al aire, mirando un sitio invisible. A un ser invisible—. Mentiste.

—Tú sabes que nunca miento, y menos con esas promesas, Iván —los ojos ambarinos, que reflejaban el oro que en sus bolsillos se escondía, brillaron con pena—. Gula se los comió a todos… nos dejo solos y con dolor… ¿dónde están los demás? ¿Por qué les dejaste ir? ¿No prometiste tu también algo? ¡Allí esta tú prueba Iván! ¡Se esconde bajo el guante de tu mano derecha! ¡Tú estigma duerme en la mano sin pecados!

—¡No me hables de Dios, Avaricia! —el gritó atronador que escapó de su garganta acalló la furia que emanaba la rubia. El sonido de monedas cayendo al vacío; el silencio de los hombres que rugan por más; las arpías que volaban sobre su cabeza se desvanecieron después de aquel grito.

—Tú querías estar con alguien, Rusia —habló el pecado, paseando su delicado cuerpo entre las monedas que había caído de sus bolsillos. A su paso estas volvían a su escondite—. Siempre estuviste solo, y cuando prometiste mantenerlos a tu lado…

—Cállate… no hables más —Iván hundió su cabeza entre sus brazos, temblando por aquel frío que provocaba el oro que le rodeaba. Tú querías la calidez de esos brazos que te negaron. De esos brazos que la Muerte te quitó, escuchó y lentamente se perdió en su memoria.

Eras un niño solo y pequeño. El vacío de tu existencia lo llenaban ellas dos. Mujeres que buscaban llenar esa ausencia, esa incomprensión. Pero, se tuvieron que ir, no siempre iban a estar a tu lado… no siempre estarían juntos.

Tú soledad aumentó con los años, tu gente estaba sola, vivía sola y separada como su nación. Fría ante los demás, sin anhelos ni ambiciones… hasta que te susurre al oído. ¿Lo recuerdas?

¿Cómo olvidarlo?

El frío viento azotaba con pesar su rostro, sus ojos, violetas observaban la distancia, el pasado se filtraba entre sus parpados, mojando sus frías mejillas y cuarteando sus rojos labios. Sus ojos, cansados de llorar, se perdían en el infinito, esperando una señal divina, de algún ser, algún Dios, o algo.

Iván… busca más… anhela más y la soledad se irá.

Esas palabras fueron suficientes para despertar su sopor de muerte. Aquellas palabras, pronunciadas de esa forma tan insinuante, despertaron algo que dormía en el corazón tibio de Rusia. Anhelo. Por primera vez en su vida, Rusia anhelaba algo y deseaba algo: Tenerlos a todos; hacerlos vivir en su casa para nunca estar solo.

Después, llegó aquel ser, traído del cielo. Por primera vez Rusia agradeció la existencia de Prusia y de su caprichoso Rey, pues le había traído a su amada. Catalina, una prusiana que renegó a su país, para ser uno con Rusia. Una mujer que anhelaba lo mismo que Iván: Una mujer que quería cumplir los sueños de Iván.

Pero no fue suficiente.

Catalina se fue, pero dejo calor para Iván. Y el anhelo perduró, y perduró hasta ella. Hasta Anastasia. Todos sus sueños se rompieron una fría mañana de Octubre, cuando la sangre manchjó sus campos de Girasoles, y sus manos se mancharon con la sangre tibia de su familia.

—Ellos nunca fueron tu familia, Iván —Lenin le sonrió, apretando su hombro, sin darle importancia a esos cadáveres que descansaban, inmutables, en el suelo —. Nosotros llenaremos el espacio que ellos dejaron.

Y con ese relleno, llegue yo.

El pacto fue sencillo, casi silencioso, y al igual que Lujuria marcó su sello en el pecho de Francia y Gula en el vientre de Alfred. Yo lo marcaría en la mano de Iván. Un apretón de manos y todo terminó. Todos se unieron a nosotros, y el vacío se fue. Nunca más lloramos, porque la casa estaba llena de gente. Y las ansías se fueron. La guerra nos trajo más. Letonia, Lituania, Estonia, Ucrania, Bielorrusia, Hungría, Prusia, Países Escandinavos… nunca vimos tanta vida en el Palacio de Moscú.

Pero tampoco duro nuestra felicidad.

Pero Gula, siempre hambriento, no sólo de comida, si no que de poder, nos alcanzó, y se los llevó a todos. Uno por uno fue dejando la casa, hasta…

—Hasta que nos quedamos tú y yo.

—¿Y qué haremos, Iván? ¿Morir de tristeza? —Avaricia acarició la mano de Iván, mientras el ruso alzaba la vista, como un hombre ciego que busca el alivio a su deficiencia—. ¿Iremos por más, verdad? ¿Todos serán uno con nosotros, verdad?

—Voy a llenar tu vacio, Avaricia. Y con tu vacío, llenare el mió.


Más vale tarde que nunca xD. Mañana subo la segunda parte :3 Sepan perdonar la tardanza.


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Pecado Tercero. Side B.
Avaricia. Avaritia. Greed.
Para él, el dinero lo era todo desde que él lo cambió... desde que él se fue con alguien más.