Disclaimer: Saint Seiya no me pertenece, es propiedad de Masami Kurumada y licenciado por Toei Animation.


Quince días

Capitulo 3.

La mañana llegó demasiado rápido para su gusto. Tanto que el sol se burló al entrar en su habitación y despertarla de su escaso sueño. Apenas había dormido gracias a las eternas pesadillas que persistían en atormentarla.

Se levantó mirando el reloj en la mesa de noche. Marcaba las ocho de la mañana en punto. Se vistió sin prisa el mismo aburrido vestido gris de la víspera y recogió su largo cabello lavanda en un nudo flojo que ciñó a un costado de la cabeza. Miró su cama deshecha antes de enmendarla con prácticos gestos. Que nadie dijera que la vida en Grecia la había vuelto una completa holgazana. Ya contenta con el orden dentro de su habitación, salió de la misma con la intención de comenzar con sus actividades diarias. Gracias a las nuevas traídas por Miho, había mucho por hacer en esos días.

- Buenos días señorita- la saludó Tatsumi al pie de las escaleras y haciendo un gesto profundo y exagerado que llevó una sonrisa a los atribulados labios femeninos.

- Muy buenos días Tatsumi ¿el desayuno ya está listo?

- Morgan se encuentra en la cocina dándole los últimos retoques- respondió con eficiencia, señalando el lugar mencionado con un gesto.

Ella apenas pudo mantener la amargura que le oscureció la mirada cuando oyó el nombre de la simpática muchacha. Desechó esos pensamientos con un suspiro y siguió a su sirviente a través de las habitaciones, hasta el salón principal donde estaba la mesa servida. Tomó asiento junto a la misma, notando con sorpresa el segundo juego de tazas que se encontraba a la derecha de su sitio.

- Buenos días Saori- sonó la jovial voz masculina, y ella se volvió a verlo con curiosidad. Seiya entraba a la habitación vistiendo jeans y camiseta, tan despreocupado y cómodo, que la muchacha se estremeció. Él era el colmo de la atracción con su salvaje cabello húmedo, el olor de su colonia inundó sus sentidos, y se obligó a apartar la vista completamente abochornada.

- Buenos días Seiya- se aclaró la garganta mientras él tomaba asiento a su lado -No creí que desayunarías ¿Qué no sigues con tus problemas del cambio de horario?

Él rió entre dientes, y la miró de soslayo. Estaba tan relajado, tan… irresistible, que Saori no pudo evitar mirarlo con ansiedad. El magnetismo que ejercía sobre ella era tan latente, tan palpable…

Sacudió la cabeza con lentitud recriminándose el estupido tren de sus propios pensamientos.

- Pues sí, pero tengo que buscar un modo de acoplarme aquí, y aunque haya dormido tan solo unas pocas horas no hallo otro modo de reordenarme- le dijo sentándose despreocupadamente y cruzando los brazos tras la cabeza como si fuera un niño.

- El despertador sonó ocho veces antes de que el joven se dispusiera a apagarlo -intervino Tatsumi quien estaba apostado contra la pared lateral, esperando que los sirvientes trajeran el desayuno.

Saori ocultó una risita tras su mano viendo al joven que le gruñía alguna respuesta al impertinente de su mayordomo. Era obvio que a pesar del tiempo transcurrido esos dos nunca habrían de llevarse bien. Era una especie de rivalidad graciosa que no le hacía mayor daño al mundo, y que a ella pese a todo le divertía.

- ¿Dormiste bien?

La divinidad se sorprendió ante la pregunta, y más aun por el gesto protector en los ojos de su guardián quien se había aproximado hacia ella sobre un extremo de la mesa. Su mueca relajada había desaparecido dejando lugar a una expresión curiosa, poco común en él.

- Eso creo- Le contestó intentando sonreír y restándole importancia tanto a la pregunta como al tono con que fue hecha.

Él iba a decir algo más, estaba segura, pero los ojos castaños de pronto dejaron de observarla para desviarse hacia la derecha. Hacia Morgan que entraba portando la bandeja entre sus pequeñas manos.

- ¡Buen día Seiya!- le saludó con un gracioso mohín disponiendo todo sobre la superficie de madera. Luego se volvió a su empleadora y ensayó una reverencia sutil -Buenos días señorita.

Saori respondió con un gesto de cabeza, sus manos se hicieron piedra sobre el impecable mantel. La conversación entre los restantes jóvenes seguía pese a su presencia, denunciando un grado de familiaridad que no sabia que existía.

- ¿Entonces hoy pudiste despertarte sin problemas?- proseguía la chica mirándolo con una sonrisa alegre, se acercó hasta su asiento e inclinando la tetera le llenó la taza de café.

- Esa tisana que me preparaste en la noche creo que dio buenos resultados.

- ¡Te lo dije!

- Bueno, es que no estoy acostumbrado a esa clase de brebajes…

- ¡No es un brebaje!- soltó una risita -Era una infusión para que pudieras dormir y así poner fin a esos desordenes de sueño.

- …Y te lo agradezco como no tienes idea.

Ella seguía sonriendo, no dándose cuenta de que la taza estaba derramándose.

- ¡Morgan! ¡Fíjate lo que haces, niña!- la voz furiosa de Tatsumi le hizo poner los pies sobre la tierra. Por la fuerza del grito hizo que soltara la vajilla derramándola por completo sobre el mantel.

- ¡Lo siento señorita!- exclamó la angustiada muchacha tomando el pocillo e intentando componer de algún modo la enorme macha que oscurecía el impoluto mantel.

Seiya a su vez se levantó y le ayudó a quitar las cosas de la mesa.

- ¡Debes poner atención a lo que haces niña!- vociferaba Tatsumi sacudiendo la cabeza. Saori veía todo con una ceja en alto -Regresa a la cocina y trae un nuevo juego de tazas, ¡y esta vez procura hacerlo bien!.

- Lo siento, en verdad lo siento…- decía la joven tomando todo con manos temblorosas.

- Está bien Morgan- dijo Saori zanjando el asunto -Puedes retirarte.

La sirvienta inclinó la cabeza en una reverencia y luego casi corrió a refugiarse en la cocina con Tatsumi pisándole los talones. Seguramente para cerciorarse de que esta vez no hiciera otra tontería.

- ¿Te has quemado?- Seiya dispuso la taza que aún no habían usado frente a Saori, sobre la madera desnuda. Tomó la tetera con intensión de servirle.

Ella lo miró con sorpresa -No, ni siquiera me salpicó.

Sirvió el café en la taza y se la ofreció -Pobrecilla, no la regañes. No ha sido a propósito.

Fue instantáneo que los labios femeninos se apretaran formando una línea tensa -Si no hubieras persistido en distraerla esto no hubiera pasado.

Seiya alzó las cejas con perplejidad. ¿Acaso ella había sonado con cierto recelo?

- ¿Distraerla?- aventuró todavía sorprendido.

Tatsumi venía de la cocina con un nuevo juego de porcelanas refunfuñando entre dientes, por lo que la joven reprimió la respuesta en las profundidades de su garganta.

- Olvídalo- finalizó volviendo el rostro para recibir la queja de su sirviente. Seiya seguía viéndola fijo con una expresión interrogante en sus hermosos ojos castaños. Sabía que había obrado de forma precipitada al pronunciar aquello. Esa no era forma de hablar para alguien con el estatus que ella poseía -como diosa y humana- verdaderamente había sonado como una novia celosa. Se mordió el labio una vez que Tatsumi hubo terminado de volcar su descontento, pues era obvio que esperaba que ella pusiera el punto final a la situación e impusiera justicia.

- No la regañes -manifestó con toda la calma posible, sabiendo que esos ojos marrones seguían toda la conversación -Solo procura recordarle que episodios como el anterior no deben volver a ocurrir.

- Pero, mi señora…

- Déjala, no la mortifiques más- bebió el café obviando que estaba caliente y le quemó la lengua, rechazó las tostadas y se levantó de la mesa -Dispón el auto, saldremos en una hora.

- Si, claro.

- ¿Puedo ir yo también? Imagino que irán al orfanato- Seiya era el colmo del relajo, sentado en la silla con los brazos tras la nuca, su desayuno a medias. Hablaba confiadamente evitando mirarla.

- En efecto, puedes ir si así lo deseas- Saori pasó de él no deteniéndose a oír su respuesta, siguió de largo y salió de la habitación con Tatsumi como escolta.

En el descanso de la escalera se encontró con Morgan que seguramente descendía luego de haber puesto orden a las habitaciones. Al ver a su joven ama, hizo una profunda reverencia inclinando la cabeza. Saori no pudo evitar mirarla en silencio, escudriñando con cierta envidia su porte grácil y casi etéreo, sus largas piernas delgadas enfundadas en ese pequeño uniforme de sirvienta, su cabello de oro sujeto al descuido…

Y casi chilló de rabia. Cualquier. Cualquier hombre podría caer en una tentación semejante.

- Lamento mucho lo ocurrido señorita Saori, le juro que no volverá a suceder- pronunció la muchacha con voz queda, levantando finalmente la vista y enseñándole sus increíbles ojos color miel. Grandes y expectantes. Y que brillaban con profunda devoción e inocencia.

Y Saori supo que jamás podría ser cruel con esa chica.

- Descuida Morgan- le respondió -Solo recuerda cual es tu lugar en esta casa, y como debes comportarte con los habitantes de la misma…

La aludida se mordió el labio estrujando una orilla de su uniforme -No era mi intención faltarle el respeto a usted o a Seiya, de verdad señorita…- se inclinó varias veces mientras hablaba.

Saori no pudo evitar fruncir los labios al oír la familiaridad con la que se refería al caballero en cuestión.

- Descuida. Puedes seguir con tus quehaceres- sentenció recordando su lugar en esa charada y ascendiendo por la olvidada escalera.

…-…-…-…-…

- El auto se encuentra en la entrada listo para partir en cuanto usted lo disponga- la voz de su eficiente mayordomo la volvió a la realidad. Estaba en su habitación, sentada frente al tocador soñando despierta, cosas imposibles, remotas.

- Gracias, ya bajo. Avisa a Seiya que salimos en un momento- se acomodó el cabello frente al espejo mientras decía aquello en voz alta. Resopló ante aquel claro signo de vanidad femenina y dejó que este cayera libre sobre sus hombros. Tomó algunas cosas y salió, encontrándose al nombrado esperándola en el pasillo con la espalda pegada a la pared, y las manos en las bolsas de su pantalón.

- No tienes que avisarme, ya estoy aquí- le dijo encogiéndose de hombros al verla.

Saori reprimió la sorpresa que le causó encontrárselo tan cerca, calmo y distendido, al contrario de como ella se sentía; nerviosa, irritada, asustada…

Tan solo le hizo un gesto y siguió de largo sabiendo que este la seguiría. Y no se equivocó; oía sus pisadas detrás, y como siempre le ocurría se estremeció. Sentirlo cerca era algo que continuaba conmoviéndola a pesar de los años transcurridos. Pese a que ya debía estar acostumbrada a su presencia, la curiosa sensación de sentir su cosmos era algo con lo que nunca terminaba de reconciliarse. Le recordaba sus sentimientos, el ardor desesperado de su sangre, sus deseos ocultos. Que era una mujer de carne y hueso propensa a dejarse arrastrar por pasiones humanas.

Salió fuera de la casa en completo silencio, caminó el corto trecho hasta el vehiculo apostado junto a la acera. Tatsumi la saludó con una ligera inclinación de cabeza al verla, y antes de que este pudiera hacer algo más, Seiya la sorprendió abriéndole la puerta para que ella entrara. Saori lo miró con desconcierto, aturdida ante ese despliegue de caballerosidad que no le recordaba. Su mayordomo parecía estar igual de sorprendido que ella pues se quedó quieto observándolos con una ceja en alto, pero pronto rompió con su paranoia y sin decir palabra entró del lado del conductor, dejando que el joven terminara de cerciorarse que su ama estuviera bien acomodada dentro del auto. Cuando Seiya cerró la puerta de su lado, la divinidad descubrió la sombra de una sonrisa tímida que iba dirigida a ella. Sin duda él estaba de muy buen humor. Ocultó su bochorno concentrándose en abrochar el cinturón de seguridad y arrellanándose en el asiento, mientras él tomaba lugar del lado del acompañante junto a Tatsumi, quien tan solo lo miró de reojo con cara de pocos amigos.

El vehiculo se puso en marcha apenas ella dio el visto bueno, y este inmediatamente comenzó a desplazarse por las inusualmente tranquilas calles. La sensación de transportarse en algo que humanamente era muy común le trajo una oleada de añoranza enorme, al parecer los vestigios de su vieja vida, de cuando era una joven millonaria adaptada a esos lujos no se había borrado del todo tras su larga estadía en Grecia. Y no pudo evitar sonreír tontamente mientras veía pasar los paisajes conocidos y las calles familiares, también se asombraba de algunos cambios. La ciudad verdaderamente había mutado tras su larga ausencia.

- ¿Y cuando vas a dejarme conducir a mí?- la voz risueña de Seiya atrajo la atención de la divinidad hacia los dos hombres que la precedían. El muchacho llevaba esa expresión completamente relajada y distendida, como si nada le preocupara en el mundo. Y verdaderamente era una bendición verlo así; tranquilo, descansado, con ese aire pícaro casi burlón; y no con esa horrible seriedad sepulcral que tenía ante cada batalla. Recordaba la frialdad de sus ojos momentos antes de enfrentar cada nuevo enemigo, y siempre se quedaba con la agria sensación de que ella era la culpable de haberlo hecho crecer de golpe y madurar cuando aún era un niño que necesitaba divertirse, salir… La vida cruda que le había tocado había terminado de despojarlo de toda inocencia, mostrándole lo cruel y sangriento del mundo adulto.

- Y entonces Tatsumi ¿Cuándo me dejarás manejar a mí?- Seiya le seguía diciendo con una sonrisa socarrona retando abiertamente a su mayordomo.

- Ni lo sueñes- fue la respuesta del susodicho mirando con cara de perro al joven.

- ¿Por qué no? He tomado clases de manejo en mis ratos libres… Y soy muy buen conductor.

- Sobre mi cadáver. Jamás dejaré que le pongas un dedo a mi auto.

- Aguafiestas- Seiya le sacó la lengua y se acomodó cuan grande era en el asiento.

Saori soltó una pequeña risilla ante lo ridículo de la situación. Estaba mirando toda la escena por el espejo retrovisor y la mirada de ambos jóvenes se encontró a través del cristal. Y por primera vez en mucho tiempo fueron capaces de sostenerse la vista por varios segundos, obviando el tiempo, lugar y circunstancia. Luego Saori se dio cuenta del aletargamiento en el que había caído, y avergonzada apartó los ojos de él. El rubor de sus mejillas hablaba por si solo. Seiya seguía observando sus gestos por el espejo. Sonrió abiertamente y volvió a arrellanarse en la butaca con una curiosa sonrisa, que demostraba a las claras absoluta confianza en si mismo.

…-…-…

El resto del viaje siguió en esa atmosfera tranquila, y distendida. Con Seiya y Tatsumi echándose alguna pulla que mantenía intacta la sonrisa en los labios de Saori. Aunque muy pronto intuyó que lo hacían adrede para que ella siguiera conservando el buen humor.

Demasiado rápido llegaron a destino, y aunque ella había visitado el orfanato anteriormente, volvió a sorprenderse de los sutiles cambios que había hallado la primera vez. Aunque había que sumarle otros; nuevas capas de pintura, otros árboles en el parque, nuevas estructuras y pequeñas edificaciones que se sumaban a las que ya estaban de pie.

Y a juzgar por la expresión desconcertada de Seiya, a él le había ocurrido lo mismo. Veía la emoción en su cara donde los rasgos juveniles y adultos habían hecho un excelente trabajo en su apuesta fisonomía. Bajo el sol del mediodía sus ojos castaños adquirían un matiz sereno y sosegado que resultaba de lo más tentador. Desvió la vista de él con evidente esfuerzo para enfocarla en quienes los esperaban.

- ¡Aquí están!- Miho estaba en la entrada con los brazos extendidos. La acompañaba un joven de cabello claro y aspecto tímido -¡Vinieron!- abrazó a Seiya rápidamente antes de envolver a la divinidad en otro abrazo igual de apresurado -Que bueno que estén aquí.

Seiya arqueó las cejas ante la extraña efusividad de su amiga, miró de soslayo a Saori, pero ella estaba platicando con Miho como si aquello fuera lo más normal del mundo. Soltó un suspiro y se acercó al otro espectador de la escena. Le sonrió.

- Tu debes ser Marcus- le extendió la mano -Soy Seiya, supongo que…

- He oído hablar mucho de ti- le interrumpió este estrechándosela y asintiendo a la par. Era un joven alto, casi de su misma altura, tez trigueña y cabello castaño claro. En sus ojos grises y en sus rasgos definidos se notaba su procedencia occidental. Aunque su japonés era fluido.

- ¿Miho te ha hablado de mí?- exclamó Seiya elevando la voz para que la nombrada también lo oyera.

- Siempre habla de ti. Eres su tema favorito de conversación- le respondió el otro muchacho atrayendo una sonrisa culposa por parte de Miho.

- ¿Solo yo?

- Por supuesto que no. La señorita Saori y tú son mi tópico constante, sus numerosas idas y vueltas son ideales como para escribir un best seller…- le respondió la voz de Miho con acento divertido, acercándose a ellos seguida de una abochornada joven de cabello lavanda quien apenas levantó la vista. Seiya la miró de soslayo pero esta evitó su escrutinio, y a decir verdad se sentía igual de avergonzado.

La morocha se colgó del brazo del extranjero, quien gustoso aceptó su gesto -Veo que ya conocen a mi prometido; él es Marcus- y haciendo un ademán hacia los recién llegados, añadió con la misma sonrisa cómplice -Y ellos son de quienes tanto te hablé ¿recuerdas?. Es una larga historia pero gracias a ustedes lo conocí a él…- y coronó lo último con un simple beso en los labios del nombrado. El instante duró tan solo unos segundos, lo suficiente para que Seiya apartara la vista turbado, y Saori siguiera la escena impresionada, y con los ojos brillantes.

…-…-…

Almorzaron en el orfanato, rodeado de los nuevos pequeños que poblaban el lugar. Sorprendiéndose de aquellos que en esos años crecieron y hoy eran adolescentes revoltosos que cursaban la secundaria, y que estaban allí para recibirlos, agradeciéndoles a ambos lo que habían hecho por ellos durante su infancia.

Ni Saori ni Seiya se cansaban de admirarlos. Ahora tan grandes y guapos, poco quedaba de los niños terribles que solían ser. Sin duda, a pesar de sus fallas y del horrible destino que a la muchacha y a sus cinco guardianes les había tocado, la fundación Graude había hecho un buen trabajo salvaguardando la vida de otros cientos de infantes sin hogar.

El resto del día siguió tranquilo para los jóvenes. Miho invitó a Saori a dar una recorrida por el lugar para que descubriera por si misma los cambios que se habían ido sucediendo conforme el tiempo avanzaba. Marcus y Seiya, decidieron apartarse de ellas y jugar con el resto de los pequeños en el enorme parque que se encontraba a un lado del edificio, adquisición reciente para que los niños tuvieran su campo de deporte. Luego de la caminata por las habitaciones y revisar el establecimiento, al igual que sus papeles y finanzas, siempre custodiadas por Tatsumi, ambas jóvenes salieron al exterior para ver lo que el par de muchachos había estado haciendo durante su ausencia. Estos tenían una pelota y jugaban con ella a hacerse pases con los pequeños.

Y era digna de retratar esa escena. Saori no pudo apartar los ojos del pequeño niño de corta edad que Seiya llevaba sobre sus hombros mientras pateaba la pelota, y sus risas flotaban en el aire. El infante se aferraba de los cabellos rebeldes de su improvisado caballo que galopaba a lo largo y ancho del parque con el balón en sus pies, y el pequeño reía a carcajadas, sin duda disfrutando ser parte de aquel juego. Debía tener aproximadamente uno o dos años, sus mejillas regordetas denunciaban sutiles rasgos de que aún era bebé.

- A Seiya siempre se le dieron bien los niños- dijo Miho adivinando que era lo que atraía la atención de la elegante muchacha que estaba a su lado inmóvil -Ese pequeño es Kou, cumplirá dos años la primavera que viene…- siguió diciendo con una sonrisa.

Saori se volvió, mortificada de que esa astuta muchacha la conociera sin proponérselo. Pero sin duda, sus sentimientos era un secreto mal guardado que todos, absolutamente todos conocían.

- No estaba viéndolo…- comenzó intentando poner fin a la sonrisa impertinente que bailoteaba en la comisura de los labios de su compañera.

- Siempre dije que en el fondo seguía siendo un niño rebelde…- agregó la morocha con voz suave, como para ella misma -Y se le da tan bien estar con ellos, que espero algún día verlo rodeado de muchos pequeños. Estoy segura de que será un padre excelente…

Saori abrió los ojos al oír eso, pero Miho no estaba viéndola a ella, sus ojos claros seguían fijos en el joven caballero con cierta añoranza y pesar. La divinidad sintió un enorme nudo de culpa ciñéndose en su garganta. Era verdad, la estampa que ofrecía Seiya con el pequeño sobre sus hombros, correteando por todo el lugar riendo despreocupadamente era la postal digna de una familia. Y él ya tenía edad para formar una…

¿Cuál era la traba que impedía que eso se hiciera realidad?

En un momento él dejó de reír y sus ojos castaños la buscaron. Y la conexión que sintió al encontrarse fue tal que repentinamente se quedó sin aire, como un globo que de golpe se desinfla. El magnetismo de sus hermosos ojos había alcanzado el punto cumbre, haciéndole olvidar todo razonamiento. Su lugar en la Tierra, sus deberes como caballero… sus votos.

El pequeño cabeceaba luego de tanta carrera, pero cuando Marcus iba a tomarlo para llevarlo a su cuna, este se aferró con fuerza a su corcel, negándose porfiadamente y con gran aspaviento a abandonarlo. Seiya rió mientras lo bajaba de sus hombros y con verdadera devoción lo recostaba entre sus brazos, como si toda la vida se hubiera encargado de cuidar infantes y hacerlos dormir.

- Una vez que nos casemos adoptaremos a Kou…- la voz seria de Miho volvió a la realidad a la divinidad quien ni cuenta se dio que solo tenía ojos para su guardián. Debía haber transcurrido bastante tiempo estando perdida en sus pensamientos. Sus puños se habían hecho piedra sobre el barandal de la galería que las protegía del sol.

Seiya iba a cercándose a ambas con el pequeño al fin dormido contra su cuello, y Saori descubrió el cabello ensortijado del niño que curiosamente era del mismo color de quien lo acunaba con devoción. Sus mejillas regordetas estaban teñidas del rubor normal que trae el sueño, y la divinidad se sorprendió de su piel blanca, de su nariz diminuta y de sus largas pestañas.

- ¿Así que vas a adoptarlo?- Seiya habló entre susurros una vez que llegó hasta donde el par lo esperaba. Sonreía sin poder evitarlo.

Miho asintió -Iniciamos los papeles hace meses, pero ya sabes como es la justicia y las trabas burocráticas que nos ponen por tener bajos recursos y…

- Yo me encargaré- Saori dijo con firmeza, acariciando la cabeza encrespada del pequeño.

- Muchas gracias señorita- Miho inclinó la cabeza en señal de agradecimiento.

La divinidad creyó notar que su mirada se había humedecido, y quizás así fue porque Marcus se acercó por detrás y le puso la mano en el hombro como brindándole contención. Seiya también le palmeó con su mano restante.

- Llevemos a este niño a su cama- añadió luego dirigiéndose en voz baja al prometido de su amiga.

- Ven vamos- Marcus le hizo un gesto hacia el interior del edificio. Seiya se encaminó hacia allí sujetando la cabeza del infante dormido mientras caminaba. El cuadro familiar que representaba era digno de retratar por algún pintor de renombre, pero Saori tan solo cerró los ojos guardando el recuerdo intacto en su memoria.

Luego se giró hacia Miho que le daba la espalda, seguramente para componerse.

- Ciertamente veo que deseas adoptar al pequeño.

La morocha se giró con seriedad. En su rostro sorprendido se notaba el estado actual de sus emociones. Sus ojos claros lucían brillantes y húmedos.

- Creo que eso es lo que más quiero en este momento…- se mordió el labio -Necesito protegerlo de esta vida horrible que se cierne sobre su cabeza, y que por azar le ha tocado a ellos… No soportaría estar aquí aguardando su regreso mientras él se va a luchar su propia guerra. No. Jamás pude permanecer indemne como lo hace usted sabiendo que él podría morir en cualquier momento, y que nunca más volvería a verle- la miró fijo -No tengo su fuerza ni su carácter. Y ya hubo mucho derramamiento de sangre en guerras absurdas… No, el pequeño Kou no pasará eso. Me encargaré de cambiar su destino…

- ¿Crees que ha sido mi culpa que Seiya y los demás hayan atravesado tanto…?

- No soy tonta señorita- Miho la miró fijo al interrumpirla. Había fuerza de carácter en sus fríos ojos azules, y Saori descubrió una especie de resentimiento tardío -Puede que no crea en esos tontos cuentos de hadas, pero entiendo el destino que a todos nosotros, a él…- señaló con un dedo el lugar por donde Seiya se había marchado -Le ha tocado en esta farsa. Todo hubiera sido muy diferente si nunca…

- ¿Me hubieran conocido?

Miho negó con frustración -Eso es imposible… Es decir, creo que de algún modo u otro llegaríamos a saber de usted, y Seiya… Seiya velaría por su protección así como lo hace ahora.

La divinidad sonrió algo abochornada, negó lentamente como respondiéndose una pregunta silenciosa.

- Yo no la odio señorita Saori, pienso que usted también es una especie de… títere manejado por alguien, y que tanto como a Hyoga, Shun, Ikki, Shiryu y Seiya, igualmente a usted le fue impuesta una carga demasiado pesada sobre los hombros. Algo que no alcanzo, ni quiero entender…Y sé que Seiya y… usted están predestinados desde la eternidad a estar juntos…- la nombrada enrojeció aún más si eso era posible -Y no me molesta. Lo he aceptado.

- Pero Miho- intentó frenarla antes de que la morocha pusiera en palabras lo que ella misma pensaba, y temía enfrentar.

- Es tan obvia la complicidad, la química que flota entre ustedes. Por años he visto como la situación se vuelve obvia… Lo sentimientos que él tiene ya dejaron de ser un secreto, la forma en la que la mira… ¿acaso no se da cuenta que solo tiene ojos para usted?- Saori alzó la mano como rogándole que se detuviera, pero la morocha era bastante similar a su amigo de la infancia, y cuando empezaba a decir algo tenía que terminarlo -Seiya la ama.

- ¡NO!- Saori exclamó con todas sus fuerzas. No quería oírlo, aunque por dentro lo sabía. Siempre lo supo -No es cierto…

- ¿Qué no es cierto?- sonó la juvenil voz detrás de ambas. Seiya venía acercándose con las manos tras la nuca en compañía de Marcus. Por su rostro despreocupado se notaba que no había oído nada de lo que habían estado hablando.

Miho esbozó una sonrisa maliciosa en tanto corría a abrazar a su novio, y lo tomaba cariñosamente del brazo -Pues nada, solo le decía a la señorita Saori que ambos ya están en edad de casarse, y si estaban considerando hacerlo…

- ¡Miho!- la sangre se amontonó en las mejillas del muchacho castaño -¿Cómo te atreves a…?

- ¿Qué?. Yo nunca di a entender que me refería a ustedes dos como pareja, sino a que lo hicieran por separado… ¿En que estabas pensando querido Seiya?- y soltó una malévola risita corta. Sin duda algo que los años no habían cambiado era cuanto amaba mortificar a su amigo. A pesar de que sus sentimientos nunca fueron correspondidos, la amistad entre ambos se mantenía intacta.

Saori tan solo se dedicó a mirarse las manos sintiendo que temblaba como una tonta por su cercanía, esa cercanía a la cual ya estaba acostumbrada, pero seguía conmoviéndole. Evitó observar a Seiya que se había detenido a su lado, y que tan solo se sobaba la cabeza confundido y avergonzado.

- Creo que ya es hora de volver- dijo con voz grave. La sonrisa de Miho contrastaba con sus labios tensos -Me ocuparé de que los papeles de la adopción de Kou salgan lo más pronto posible.

La pareja le sujetó las manos en agradecimiento -Gracias señorita Kido.

Ella tan solo asintió y sin decir más hizo una pequeña inclinación de cabeza y salió, seguida del alto joven que apenas y pudo despedirse, antes de ir apresurado tras la diosa. Sus siluetas pronto se perdieron bajo el sol de la tarde.

…-…-…

- ¿Por qué nunca me oyes?

- ¿Por qué nunca me crees?

- ¿Por qué nunca aceptas que lo que te digo es cierto? ¿Qué no basta con exponerte mi alma por entera para que entiendas…?

Ella se sujetó la cabeza con desesperación, todo su cabello violáceo se deslizó hacia delante ocultando su rostro contrariado. Sus piernas cedieron y se doblegó bajo su propio peso, cayendo de rodillas.

- Me estás matando Saori…

Alzó la cabeza al oírle llamándola por su nombre. Ese nombre que allí en ese lugar estaba prohibido. Las lágrimas le bañaban las mejillas una y otra vez, y aunque hiciera uso de todo su autocontrol para detener el torrente, estas tenían vida propia y escapaban de la cuenca de sus ojos, recorriendo los contornos angulosos de su rostro para encontrarse en algún punto bajo su barbilla y desplomarse en el suelo.

- Me estás matando…- repitió con voz quebrada.

Y ella reprimió un sollozo que le quemó la garganta. Rara vez lo había visto llorar. Él no era de exteriorizar de esa forma sus emociones. Y aún con su rostro sucio de lágrimas, su cabello enmarañado, y la pose suplicante dirigida hacia ella lo encontraba más atractivo que nunca. Y más prohibido también.

Era su propia prueba, su tentación. Su talón de Aquiles.

Sacudió la cabeza -No sabes lo que dices.

- ¿Qué no lo sé?

- Estas deslumbrado, confundido… crees que lo que sientes por mi es…

- ¿Amor? Sí lo es, lo ha sido desde siempre. Estamos predestinados a estar juntos, y ni tú ni nadie puede cambiar eso. ¿Por qué no lo entiendes?

- ¡Porque no está bien!- exclamó con desesperación - ¡No es correcto…!

- ¿Y que es lo correcto?

- No lo entenderías…

- Siempre dices lo mismo.

Él bajó la cabeza con pesar, y ella suspiró momentáneamente al ver que lo había hecho desistir, se limpió las lágrimas con los dedos y se tragó el horrible nudo de culpa que le ceñía la garganta. Oyó algunos movimientos extraños y alzó la vista; el brillo sutil de una daga dorada empalidecía en las manos masculinas. Pero su rostro no denunciaba tristeza ni pesar, sino una curiosa tranquilidad.

- ¿Por qué tienes eso?- le preguntó incorporándose. Pero sus piernas no le respondieron y volvió a caer de rodillas en el suelo.

Él le sonrió de ese modo que siempre le traía mariposas al estomago, sus ojos castaños la veían con pureza y calma.

- No te preocupes…- le dijo y ella tuvo una especie de deja vu terrible -Todo está bien.

Y luego lo demás ocurrió en un parpadeo. La daga brillaba en su mano en alto, guardando posición de ataque. Sonreía como si fuera un juego de niños, y en menos de un segundo la bajó a toda velocidad para clavársela en el pecho. Ni siquiera supo como hizo, pero ella se encontró deteniendo su acción en el aire. Lloraba sin poder evitarlo -No... no, por favor…

Forcejeaban mientras él no dejaba de sonreír -Todo va a estar bien Saori.

- No, no, no…

La empuñadura de la daga se sentía fría y húmeda contra sus manos mientras intentaba sujetarla. Y pesada. Era un instrumento divino de gran valor, y se consideraba una honra y un gran privilegio usarlo.

Él soltó una pequeña risa y en el forcejeo su rostro quedó a milímetros del de ella. Advertía contra los labios su aliento cálido, y el magnetismo puro y cristalino de su mirada. Bastaba tan solo un mínimo movimiento para que sus bocas se encontraran a medio camino.

- Me estas matando…- reiteró débilmente y su rostro de pronto chocó contra ella, los brazos le cayeron a los lados, sus labios le rozaron la mejilla al caer hacia adelante y su frente descansó abruptamente en el hombro de la divinidad quien sin poder evitarlo rompió en llanto.

'Me estás matando'

Y con horror descubrió que el puñal se había clavado profundamente en el pecho de su guardián, y que era ella quien lo sostenía de la empuñadura. Lo húmedo que había sentido antes era su sangre que le corría sin control por las manos. Y por el vestido, y los brazos, creando el charco inminente que se estaba formando a sus pies.

- ¡No, no, no…! No por favor no…

Le tocó las mejillas con los dedos manchados. Y con pánico advirtió que no solo le había dado una sola estocada, sino varias de ellas. En su pecho ensangrentado se veían las numerosas marcas que le había hecho antes de clavarle en el lugar certero sobre su corazón. Ya era tarde, su cuerpo yerto ya se encontraba frío y tieso. Estaba muerto.

Ella lo había matado.

…-…-…

- ¡NO!- gritó despertándose de golpe. Su frente, su rostro cubierto de sudor. Sus manos temblorosas. Volvió a revisarlas como la vez anterior. La sensación había sido tan real, que en su mente aún podía advertir el olor metálico de la sangre flotando en el ambiente. Se abrazó a si misma mientras cerraba los ojos y se ordenaba tranquilizarse.

'Solo fue… un sueño'

Un sueño horrible. Una pesadilla atroz donde había sido ella quien terminaba con la vida de su guardaespaldas, su guerrero, su amor…

Miró a su alrededor, las sombras cubrían su habitación y descubrió que ya era de noche. El suave cantar de la lluvia se oía repiqueteando sobre el techo. Al parecer la pequeña siesta que había decidido tomar tras la visita al orfanato se había extendido más de la cuenta.

Se levantó de la cama alisándose el aburrido vestido que había usado la víspera, encontró sus zapatos bajo esta y se los puso, luego recogió su cabello al descuido y salió.

El silencio sepulcral que la recibió en el corredor fue suficiente para sorprenderla. Las luces en la planta alta normalmente a esa hora solían estar encendidas, pero ahora estaban apagadas. Caminó por el pasillo prendiéndolas, confundida ante tanta quietud, rota a veces por el sonido apagado de la lluvia. Bajó hasta la cocina esperando encontrar a Tatsumi o a alguno de sus otros sirvientes preparando la cena, pero grande fue su sorpresa al hallar a su caballero de espaldas a ella cocinando algo. Y que además a juzgar por el aroma que flotaba en el ambiente debía estar delicioso.

Deteniéndose en el umbral recorrió con ojos ávidos su espalda, los músculos tensos que se marcaban bajo su camiseta. Era alto, no tanto como Ikki o Shiryu, pero si lo suficiente como para que su anatomía se amoldara perfectamente a sus brazos. De pronto se quedó quieto, y ella supo que había advertido su presencia.

Se giró a verla con una sonrisa despreocupada, y Saori tuvo otro horrible deja vu. Su gesto cristalino e inocente era exacto al de su sueño.

- Buenas noches señorita dormilona- le saludó riendo, y se volvió por completo. Tenía un cuchillo de cocina en la mano derecha y al parecer estaba picando cebollas sobre una tabla.

- Creo que me excedí en la siesta- explicó avergonzada, entrando -¿Dónde están todos?

- Tatsumi salió y le dio la noche libre a Morgan, dijo que era su tarde libre o algo similar- indicó haciendo una mueca -El resto debe estar fuera… es viernes.

'¿Viernes?' pensó ella, sorprendiéndose de lo rápido que avanzaba la semana en Tokio, pero más extrañada aún ante la abrupta decisión de su sirviente: ¡en su vida Tatsumi se había tomado el día!. Sin duda había subestimado el poder de percepción de su mayordomo, y algo este se traía entre manos. Decidió dejar el tema para más adelante, y disfrutar de esa súbita calma. Caminó deteniéndose junto al joven apoyándose en la mesada de mármol, viéndolo de perfil. Seiya estaba muy concentrado en lo que estaba haciendo, y Saori no podía dejar de observarlo con avidez, los ojos se le iban sin poder evitarlo, recorrían su cabello enmarañado, su sonrisa perezosa, sus brazos delgados de musculatura suave pero fuertes, sus manos sabias, seguras mientras empuñaban el cuchillo. Ese cuchillo que le daba escalofríos.

- ¿Crees que no sé cocinar?- aventuró alzando una ceja en su dirección, sorprendiéndola -Marin no solo me enseñó los rudimentos básicos para ser caballero, también se empeñó en que aprendiera a hacer de todo

Ella soltó una risita -Creo que está muy bien, un caballero debe saber algo de supervivencia.

- Y soy muy buen cocinero. Mi estofado te sorprenderá- agregó guiñándole el ojo con orgullo, siempre sonriendo.

Ella suspiró en tanto él echaba la cebolla en la olla y la revolvía con paciencia. El silencio entre ambos era absoluto, pero amigable. Se oía que allá afuera la lluvia arreciaba, el viento golpeaba los cristales haciéndolos tintinear, el eco tardío de los truenos se perdía entre la intensidad del aguacero.

- Se ha desatado un diluvio- comentó Seiya viéndola de soslayo.

- Me gusta la lluvia- le respondió bajando la vista pues en sus ojos almendrados no quedaba nada de esa expresión ingenua y tranquila de siempre, en su mirada se leía algo profundo, intenso.

Algo que la hizo temblar.

- Ya solo falta que todo se cocine en conjunto- agregó Seiya tapando la cacerola, y controlando el fuego.

En ese momento se oyó un gruñido a la distancia, y un trueno impresionante retumbó en el cielo desatando su señorío, pareció sacudir los cimientos de la mansión por entera, con tan mala suerte que la luz dio un parpadeo y se cortó sumiéndolos en oscuras.

Todo ocurrió en tan pocos segundos que Saori reprimiendo un agudo grito ante el atronador sonido, se aferró a lo primero que sus manos palparon en la oscuridad. En un parpadeo se encontró sujeta a Seiya como si su vida de verdad dependiera de eso. A la lejanía seguían oyéndose los truenos que seguían gruñendo a diestra y siniestra. Un relámpago le hizo eco, sobresaltándola al iluminar fantasmalmente la cocina.

Por sobre su cabeza oía la risa de él. Era calido, fuerte y seguro, tal y como lo recordaba. Sus brazos la rodeaban con el respeto propio que le definía. Otro relámpago anunció la llegada de un trueno imponente, pero esta vez se permitió esconder la cara contra su cuello. Sentía el movimiento de la garganta masculina. Estaba riendo.

- ¿No era que te gustaban las tormentas?

Hasta su voz sonaba divertida, y ella tuvo ganas de golpearle para borrarle la sonrisa.

- Me gusta la lluvia… No las tormentas, y mucho menos las que son como esta…- replicó alzando la cara, adivinando donde se encontraba su rostro. No podía verlo, pero sentía perfectamente el peso de sus ojos marrones sobre ella.

- Que gracioso, la deidad Athena no teme enfrentarse a dioses imponentes que pueden derribarla de un soplo, pero si le teme a una simple tormenta…- y volvió a reír sacudiéndose por entero.

Saori lo golpeó con el puño, mucho daño no le hizo porque Seiya seguía carcajeando limpiamente -¡Cállate…!- exclamó enfrentándolo, pero su voz se perdió cuando sus labios sin querer le rozaron el cuello.

Y no se detuvo, ni se volvió avergonzada de sus propias acciones. Quizás porque sintió como él se estremeció ante el toque involuntario, y esta vez no era por la risa. Hasta sus manos respetuosas tomaron firmeza al posesionarse en su cintura, ciñéndola contra su cuerpo.

La oscuridad los amparaba, al igual que la tormenta que desataba su furia allá afuera.

Saori sintió como la fuerza de su propia naturaleza carnal la controlaba cuando rozó con los labios, por segunda vez la barbilla de su guardián. Y lo sintió suspirar como si le faltara el aire. A ella le ocurría lo mismo; el corazón le latía desbocado y se sentía capaz de todo. La adrenalina le corría por la sangre desatando sensaciones extrañas, únicas. Era algo intenso, ardoroso, apasionado. El paseo de las tímidas manos de Seiya por su espalda, enredándose en su cabello y arruinando el tonto peinado que se habia hecho demostraba la plena seguridad que tenía el joven sobre si mismo. Y tan solo con estar en el círculo de sus brazos amparada por su seguridad se sentía completa.

La boca de Seiya dejó de estar pasiva y descendió; primero por su frente, luego su mejilla, le tocó la comisura de los labios, y ella los entreabrió ansiosa, anhelante, deseando algo que no conocía pero presintiendo que lo necesitaba… El encuentro fue leve, suave. Y duró apenas una milésima de segundo, porque tras que la caricia se imprimiera en sus recuerdos, algo hizo click en su cabeza con tanta rapidez que lo próximo que supo fue que lo empujaba violentamente de si.

- ¡¿CÓMO TE ATREVES?!- le gritó Saori con voz agitada. La luz parpadeó sobre la cabeza de ambos y decidió encenderse en ese momento. Él estaba sonrojado y sorprendido. Sus ojos tenían un brillo oscuro: deseo. Y la vergüenza comenzaba a tomar control de sus acciones -¿Cómo te atreves?- volvió a gritarle, y se cubrió la boca con la mano como limpiándose el rastro de su primer y único beso.

- S-Saori… yo no quise…- intentó explicarse Seiya, dando un paso hacia delante intentando poner fin a la distancia que ella había puesto entre ambos.

Pero la divinidad lo veía y sentía rabia, ira. Estaba furiosa. Consigo, con él por drogarla o hechizarla de esa forma. Desvió la vista de sus ojos compungidos y finalmente notó el cuchillo que descansaba a un costado de la mesada. Las manos le cosquillearon por tomarlo, asirlo entre sus dedos y…

Reprimió un grito de horror ante la imagen que su propia mente se había encargado de representar para ella. Retrocedió de él, quien todavía intentaba disculparse.

- No vuelvas a acercarte a mí. Y por tu bien, procura que situaciones como la de esta noche no… no vuelvan a repetirse…

Ni siquiera esperó a que Seiya le contestara. Huyó, sí eso fue lo que realmente hizo, huyó hacia el piso de arriba; hacia su habitación donde podría volcar su cólera, y la impotencia que -repentinamente- sentía.


Continuará.


He aquí otro capitulo de la Telenovela de la noche! Sí, ya sé que me diran, que abuso demasiado del drama y de los cliches ¿pero que sería de nuestras historias sin ellos? Mientras les este dando un buen uso, soy feliz.

Respondiendo a algunos comentarios: Miho me es indiferente, pero no puedo ponerla como la mala de la historia. Al igual que Shaina (personaje al que amo con mi alma y que próximamente vendrá a meter cuchara por aquí). Lamento si mis personajes están un poco OOC, de verdad intento mantenerme a raya con ellos, pero bueno recuerden que son 'Quince Días' lejos de sus obligaciones como diosa y caballero.

Y sí, el resto de los 'bronceados' aparecerá pronto n_n

Respecto a Saori, yo la veo actuando como una mujer, y como tal NO puede resistirse a los encantos de su caballero guardián xD

Pensaba hacer este fic de cuatro o cinco capitulos, pero la historia ha superado mis expectativas y la verdad ya no sé cuanto vaya a durar… No sé si eso sea bueno o malo u.u

Muchas gracias por los reviews! De verdad alegran mi día!

Intentaré actualizar a finales de Junio o principio de Julio. Como siempre gracias por leer!

Sumi Chan.


.-Música que escuché para inspirarme: -Chikyuugi,- You are my reason to Be, -Soldier Dream, el OST V de Saint Seiya, y un tema de Floricienta que no sé como ha llegado a mi carpeta de reproducción O.o xDDDD