Link Joker (Ver. Kai)
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— "Estaba obsesionado contigo…pero ya no" — recordaba perfectamente que había dicho esas palabras luego de derrotar a Aichi y terminar por convertirlo en Reversed, pero… ¿Qué tan cierto era aquello?
Estaba de pie frente a los grandes ventanales del edificio de la Corporación Tatsunagi, en el piso más alto. Observaba en silencio como las nubes que cubrían los cielos eran cada vez más oscuras y amenazantes, y se preguntaba cuántos CardFighters quedarían en pie tratando de salvar al mundo de Link Joker, y por consecuencia… de Void.
Por su mente pasaron los rostros de sus "amigos", aquellos a los cuales, la última vez que vio, fue cuando rodearon a Aichi quien gritaba desgarradoramente mientras se convertía en Reversed.
Cerró los ojos ante el recuerdo. Realmente, él, nunca se había dejado consumir completamente por Link Joker. No era como aquellos peleadores que luego de ser derrotados, se comportaban tal cual un zombie, sin voluntad propia. No, él era consciente de lo que hacía y por qué lo hacía. Estaba consciente de que se había obsesionado por el poder, de que había lastimado a sus amigos…de que había lastimado a Aichi. Si le preguntaban por el resto del mundo, a él sinceramente no le importaba, no a esas alturas, cuando él mismo se ocupó de viajar país por país convirtiendo a cientos de personas y esparciendo a Link Joker.
Poder.
Eso era lo que él buscaba desde hace muchos años; ser el más fuerte. Un objetivo que a su parecer, había perdido por obsesionarse con la idea de querer que Aichi lo alcanzara, de que él, se hiciera más fuerte… porque inconscientemente quería que él lo acompañara siempre. Que caminara a su lado.
Una imagen que se distorsionó cuando vio a Ren y Aichi tener su última Vanguard Fight para el VF Intercolegial. Cuando, por primera vez, sintió tanto miedo, ira y celos juntos… Nunca lo admitiría, pero él bien sabía que, esos sentimientos tan desagradables comenzaron a surgir por sentir que Ren y Aichi…comenzaban a dejarlo atrás en más de un sentido.
Porque ambos tenían un poder que él no.
Porque ambos disfrutaban de una pelea, la cual no lo incluía a él.
Porque ambos parecían entenderse a la perfección.
Porque Ren ya no pensaba en él cuando buscaba poder, sino que pensaba en Aichi.
Porque Aichi ya no miraba hacia atrás buscando un apoyo moral en él, cuando las cosas se ponían difíciles con su contrincante.
Porque Aichi ahora miraba hacia adelante, y avanzaba y avanzaba… y parecía que cada vez se alejaba más…de él.
Soltó una risa entre un bufido — ¿Obsesionado? Claro que no. — susurró para sí mismo en un notorio tono sarcástico. No se iba a mentir más, no cuando ya no había esperanzas para él, ni para nadie. Si no era una obsesión ¿Entonces qué era? El mundo estaba a punto de ser completamente consumido por un poder maligno y un gran porcentaje de responsabilidad recaía en él, y todo por sus caprichos, y por sus miedos, por ver que Aichi se alejaba de su alcance cada vez más, por sentir que ya no podía retenerlo, porque había hecho todo lo posible por tratar de detenerlo ¿Y no estaba obsesionado?
Se dio media vuelta con una tranquilidad que no iba para nada con la apocalíptica situación que se veía a las afueras, a través de los inmensos ventanales. Los suaves golpes en la puerta habían llamado su atención, sin embargo se mantuvo en silencio hasta escuchar una voz algo aniñada, pero no por eso menos tenebrosa.
— Kai Toshiki-kun — se escuchó al otro lado de la puerta
— Takuto — respondió más por inercia que por hacer saber al otro que allí estaba — O debería decir, "Void" — pensó mientras miraba como aquella puerta se abría con lentitud, mostrando al de cabellos albinos con una sonrisa juguetona.
— Adivina~ — soltó una risa entre traviesa y escalofriante — Hay alguien que quiere verte
El castaño elevó una ceja ante aquellas palabras — ¿Qué quieres decir con eso? — preguntó fríamente.
— Hoho~ No te pongas así, Kai Toshiki-kun. Sé que te encantará — ensanchó su sonrisa — es más… te dejaré a solas con él — Y efectivamente, luego de sus palabras, abrió completamente la puerta, dejando ver a la otra persona de quién hablaba — Disfruta la estadía…Sendou Aichi-kun — y se retiró sonriente del lugar.
— Aichi — Lo observó de los pies a la cabeza. Aquellas marcas rojas bajo sus ojos, ahora completamente opacos. Sin poder evitarlo, recordó la sonrisa y los brillantes ojos del peliazul, siempre tan amables, siempre tan llenos de vida.
¿Se iba a culpar por aquello? No. Porque ya no había qué más hacer. Nadie los iba a salvar de lo inminente…porque quién tenía el rol de héroe, estaba parado justo frente a él, sin esperanzas en sus azules ojos, igual que él.
Extendió su mano derecha hacia el más bajo. Eso era lo que quería lograr ¿No? Que Aichi caminara a su lado… Fuera como fuera, siempre a su alcance, nunca más ni un solo paso por delante de él, siempre, siempre aferrándose a él.
— Kai-kun… — sus ojos se mostraron tristes, pero él igual lo sabía, no había nada más. Con lentitud alzó su mano, hasta posarla sobre la que Kai le extendía. Vio como el castaño movió y acomodó con delicadeza los dedos entre los suyos, para posteriormente dar un par de pasos más mientras jalaba un poco al peliazul, acortando por completo la distancia.
Aichi levantó la mirada, encontrándose con la del mayor, y sonrió con tristeza — Lo siento Kai-kun… no pude salvarte, ni a ti, ni a nadie…
— Al final dejaste de poner resistencia — Y en sus ojos, se pudo percibir un poco de arrepentimiento –solo un poco- en cuanto vio como lágrimas resbalaban con facilidad por las mejillas del menor.
— No iba a dejarte solo — le sonrió entre lágrimas, aun con sus ojos opacos, sumidos en la oscuridad.
Kai atrajo el rostro del más bajo a su pecho, compartiendo un abrazo tan necesario para ambos como si de eso dependiera, quizá, los últimos momentos de sus vidas.
¿Era culpa de él? No. Era culpa de ambos. Porque él había obsesionado a Aichi, haciendo que en una ocasión este igualmente dependiera de un poder que no era propio, sino de Psyqualia…
Y porque Aichi lo había obsesionado a él, hasta aquel punto tan devastador.
Entonces, era responsabilidad de ambos, permanecer al lado del otro y asumir las consecuencias, y abrazarse al monstruo que cada uno había creado.
Porque ambos eran destructivos, y ahora lo único que tenían, era el uno al otro.
— Kai-kun… — se acurrucó más en el pecho del otro. Ya no lloraba, a pesar de la situación en la que se encontraban.
— Dime — apretó el cuerpo del menor entre sus brazos, dándole más cobijo
— Tengo miedo…
Kai dejó descansar su mentón en la cabeza del más bajo, hundiéndose en los suaves cabellos azules mientras cerraba sus ojos con pesar — Yo también, Aichi…
De nada servía negarse a esas alturas. ¿Qué más daba? Admitían que ambos estaban obsesionados…
Que ambos eran culpables.
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