Gracias por leer esta historia, realmente batallo un poco en decidir o seguir con historias las cuales me gustan, pero después de terminar con mi inspiración no me emociona seguir, pero me dije a mi misma que esto debo acabarlo, tal y como acabe un fic russmano anterior si lo quieren leer se llama "The last opportunity with you"

Hetalia es de Himaruya Hidekaz

Muy simple capítulo 3

La noche era fría, muy fría, había luces brillantes por todas partes.

Risas y el olor a tabaco era muy fuerte.

Una figura grande que le sonreía con lascivia. "No te preocupes" le decía.

Su cuerpo se sentía raro.

Necesitaba huir.

ABUELO.

Sus ojos se abrían lentamente sintiendo un aire invernal darle en la cara, miro a la ventana que estaba a un lado de su cuarto. Abierta al menos un poco, pesadamente se levantó dando pequeños gruñidos para cerrarla teniendo el olor ya recién acostumbrado a especias proveniente de la cocina, lentamente fue al baño para lavarse los dientes y bañarse. Debía aprovechar todo lo que tenía, terminando se colocó una ropa prestada por uno de los hermanos de Mei, quien diría que era la menor de 6 y que todos se sustentaban solos, pero les gustaba vivir juntos.

Silenciosamente con solo sus calcetines bajo a desayunar en una mesa muy ruidosa, el hermano mayor estaba cocinando rápidamente porque quería que todos llegaran temprano, los rasgos junto con el idioma detonaban la raza asiática en esos humanos que hacían mucho ruido. - ¡Buenos días bello durmiente! – Lovino volteo a ver a uno de los hermanos mayores y claramente el más alto mostrando una sonrisa emocionada lleno de arroz en las mejillas recibiéndole para que se sentara a su lado. -Te preparamos algo rico de desayunar, ¡Yao! ¿Dónde está la comida para el huésped? – El mencionado hermano mayor le miro con cara asesina porque eso solo significaba que lo estaba apurando.

-Yo se la daré cuando este, tu siéntate y come lo tuyo, así que cállate – El chico más alto hizo un berrinche mientras seguía comiendo su arroz frito y huevos con tocino americanos tomando un poco de jugo natural.

Uno de los hermanos más bajitos quien comía en silencio le paso un vaso y le sirvió del jugo natural al chico de la mirada fiera el cual tenía una pequeña sonrisa sin saber que decir o hacer, lo trataban con mucha naturalidad, no sabía que los asiáticos podían ser muy abiertos o así de cálidos con un perfecto extraño, se sentía tan feliz que aun todo le parecía un sueño… el mejor en toda su vida. -Gracias – Logro decir un poco callado, el joven pelinegro le asintió con una pequeña sonrisa, sin duda era el más callado. El mayor de los hermanos le entrego un plato de huevos con tocino y tostadas, se veía muy rico tanto que su estómago gruño rápido para que comiera.

Una pequeña oración como siempre daba antes de comer y empezó a engullir, una lagrimita de lo rico que le sabia recorrió su mejilla.

No había conciliado el sueño nuevamente, a pesar de no tener nada en su cabeza, simplemente no pudo pegar un ojo y dejarse llevar por Morfeo.

Estaba irritado.

Se levantó bruscamente teniendo un pequeño mareo el cual lo devolvió a la cama, gruño por décima vez en horario nocturno y termino por arrastrándose como pudo al baño y asearse, al parecer volvería a llegar muy temprano al trabajo otra vez, era el jefe y se podía dar el lujo de hasta faltar, pero en esas condiciones preferiría tener un montón de trabajo, por lo que apuro a todos sus trabajadores para obtener lo de un mes que ahora todos deben esperar a que llegue el nuevo papeleo en la tarde.

Le dio una vuelta a su casa tratando de hacer tiempo, pero solo estaba evitando entrar de nuevo al vacío cuarto de su hija, el cual estaba ya todo en cajas listas para ser donado a la caridad, todos los juguetes y ropa, excepto las cosas más queridas, esas sí se las quedaría como recuerdo de ella. Su reloj marcaba apenas las 6:30 de la mañana, soltó otro gruñido y salió de su casa de una vez para buscar un lugar donde almorzar.

Las calles apenas comenzaban a llenarse de carros, los cuales abundaban más taxis públicos y privados, condujo hasta un pequeño café que siempre se llenaba de ancianos quienes solo iban a hacer amistad con otros en el pequeño establecimiento y todos ya eran conocidos por la dueña, estación su carro relativamente cerca, al entrar recibió un "bienvenido" por parte de los trabajadores y se sentó cerca de la ventana. - ¿Qué le puedo servir? Hoy tenemos una promoción de café negro con un panini mediano señor – El oji violeta le sonrió un poco pidiendo solo un café con leche al gusto y el periódico del día. -Muy bien, enseguida se lo traigo – El joven barista era moreno, de ojos negros con destellos rojizos, no muy alto y de cara simpática. Se veía que era encantador para las mujeres de la tercera edad que iban también a hablar entre ellas y recalcarle lo caballeroso y simpático que era.

Las trae muertas.

Se dijo a si mismo viendo como les sonreía al atenderlas, al igual de ver a sus compañeras de trabajo que le miraban con brillos, al parecer se había hecho experto en observar a la gente, todo sea por no pensar en el pasado al parecer.

Unos quince minutos después su café estaba listo y le entregaron azúcar junto con otros "saleros" en los cuales tenían cocoa, canela y chispas de colores, claro que esos eran más usados en frappes o batidos. -Muchas gracias – El joven moreno barista le sonrió diciéndole que si necesitaba algo le llamara. Comenzó con su rutina de ponerle un poco de azúcar y al ver como tres veces la canela y la cocoa se le ocurrió colocarle un poco a su café como endulzante, sin duda sabia un poco mejor de lo que esperaba.

Los minutos pasaron mientras el disfrutaba de su café al gusto leyendo el periódico de manera amena, las noticias de siempre, economía se intentaba establecer, la gente que peleaba por sus derechos y accidentes de auto. Tenso la quijada cambiando rápidamente la hoja que venía el accidente para pasar a los crucigramas junto con otros juegos para pasar el rato, tenía que quitarse la imagen del accidente de la cabeza.

¿Puedo llevarme esto a casa?

Puedes, pero si sacas mejores calificaciones este bimestre en el colegio, ¿Qué dices?

Buu Mamáaaa

Vamos hija, sé que vas a sacar muy buenas calificaciones, así que ándale, tómalo.

- ¿Puedo llevarme esto señor? – Parpadeo un par de veces volteando a ver al joven moreno barista quien le daba una sonrisa algo sorprendida, ¿Qué pasaba que le miraba así?, el sentir de su cuerpo volvió y algo caliente resbalaba por su rostro junto a un dolor de cabeza y ojos inmenso. - ¿Esta bien...? – Logro asentir tomando una servilleta de su mesa limpiándose la cara. - ¿Seguro? –

-Si… no te preocupes, solo es una basurita en mi ojo… ojos – El joven moreno no le creyó tomando la taza vacía aun dudoso de si debía ayudarle o no, por lo que al alejarse no lo dejo de mirar, debía ayudar a ese hombre blanco como la nieve a sea lo que sea que tenga de problema. Por algo le decían el barista "Metiche".

Ivan Braginski, el jefe en crecimiento de una compañía pequeña de telecomunicaciones, no se podría llamar a sí mismo como un hombre de negocios completo, a pesar de ganar dinero bien, le gustaba que sus empleados ganaran también y tuvieran un sueldo digno del trabajo que realiza, por lo que si se necesitaba hacer algo o un trabajador faltante ya sabía a quién tenía que llamar, Elizabeta, una de las amigas de infancia de su hermana menor quien tenía una historia complicada logro salir adelante y ahora poseía un negocio modesto en el cual cubría todas su necesidades y de sus trabajadores a pesar de ser pequeño y que ella ya teniendo gente que haga su trabajo no lo deja de hacer, le gusta seguir ayudando a la gente y no ser una jefa, le gusta el liderazgo lo cual fue el énfasis en su modo de pensar al igual que sus padres quienes fueron quien le enseñaron como tratar a la gente, su padre era un Ex comunista que escapo de su país de origen cuando las cosas iban de mal en peor con el régimen ruso.

El recuerda sus palabras como si se las acabara de decir: "La gente, sociedad o raza humana, como quieras llamarlas… todos necesitan ayuda de alguna manera, nunca te lo dirán de frente porque ellos quieren aparentar ser fuertes en un mundo cruel, solo mira a tu alrededor, la gente sonriente es triste, la gente enojada es miedosa, el tiempo y la vida los ha hecho así por lo que uno como persona neutral debe aprender a querer ayudar y empatizar con ellos, todos merecen la felicidad incluso el peor ser, Vanya tu siempre se justo con todos y cada uno de los seres vivientes en este mundo, así tendrás paz en tu vida como en tu corazón" También los libros sobre el comunismo y el socialismo influyeron un poco.

Por fin entro a su lugar de trabajo, la joven recepcionista le dio la bienvenida como una carpeta con la agenda del día, subió por el elevador por el elevador leyendo dicho documento deteniéndose en el 3er piso donde el joven de la mirada fiera entro a este con una caja más grande. – Am… Buenos días… Licenciado – El joven del rulo no tenía ni una idea de cómo debía llamarle al hombre alto, por lo que ni siquiera le miraba a los ojos.

Lovino miro a su nuevo jefe desde abajo, no como la primera vez que lo vio, si no con un aire completamente diferente. El hombre mayor era muy imponente ayudado por su gran altura y facciones maduras, tenía tantas ganas de preguntarle si ya no había tenido la estúpida idea de matarse o tirarse de nueva cuenta en el puente pensando más que nada en que el mismo no estaría ahí como vagabundo para salvarlo.

El elevador se detuvo en el piso indicado por ambos y el ruido de la puerta abriéndose volvió a la realidad a ambos hombres, el castaño del rulo esperando a que su nuevo jefe saliera, cuando este dio un paso volteo a ver al chico de la mirada fiera y contesto. – Buenos días –

Espero que les haya gustado esto y asi agradezco infinitamente a los que lo leen, realmente mucho

Acepto comentarios y criticas para poder mejorar.

Matta.