Ángeles Desesperados
Primera plática.
- ¿Ka… Kagome? – Preguntó sin poder creer lo que veía.
Kagome se había quedado absorta al ver a Inuyasha, los años definitivamente le habían sentado de las mil maravillas. Su cuerpo lucía fuerte y atlético, incluso más que antes.
Sus esplendidos ojos dorados estaban posados sobre ella con sorpresa y un dejo de incredulidad. Ante esto ella se extrañó en cierto modo, pero no le dio importancia.
Abrió la puerta de par en par y lo dejo pasar. Al pasar por su costado, él, se detuvo estudiándola minuciosamente de pies a cabeza, sin ser totalmente conciente de sus acciones o lo incómoda que estuviera Kagome con tal escrutinio.
Sango ya estaba rebosante de alegría, pero el momento mágico se vio interrumpido por un fuerte y vigoroso ladrido. Ambos, al igual que Sango, voltearon presurosos para ver un enorme, peludo y con cierto toque feroz perro que corría con claras intenciones de embestir contra Inuyasha. Kagome, en medio del ajetreo, reaccionó con rapidez y antes de que el can llegara hasta Inuyasha, lo jaló por el collar y lo retuvo mientras el perro no dejaba de ladrar ruidosa y furiosamente.
- ¿Pero qué demonios…? – Exclamó Inuyasha dando un paso atrás.
- Pasa a la primera habitación que veas al dar con el pasillo, enciérrate allí mientras tanto. – Dijo Kagome mientras esta vez, con las dos manos, sujetaba el collar del perro. - ¡Ya basta, Jim! – Exclamó algo enojada mientras observaba de reojo como Inuyasha hacía caso a lo que le decían.
Una vez que Inuyasha hubiese desaparecido de su vista, el animal se fue tranquilizando y Kagome sin soltarlo, lo fue guiando hasta el solar para amarrarlo con la cadena que según ella debería estar en la correa de Jim en ese momento. Al cruzar el comedor y dar con la cadena del perro, la encontró en manos, o mas bien boca, de la pequeña Sakura, la niña había soltado a Jim. Kagome resopló con rabia mientras le quitaba de las manos y boca de la pequeña, la muy sucia y llena de gérmenes cadena. – Yuka no sabe cuidar a su hija. – Aseveró terminando de cerrar la cadena alrededor del collar mientras la pequeña reía alegremente.
- Guau, guau. – Decía Sakura señalando a Jim.
Kagome sonrió y luego se irguió recordando que con el susto había enviado a Inuyasha nada más y nada menos que a su cuarto.
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Al entrar al cuarto, Inuyasha se quedó admirando cada una de las cosas que había. El olor de Kagome estaba por doquier, juzgando así que ese sería la habitación de ella. Al frente de él se encontraba una cama, muy sencilla pero tendida con un juego de sábanas rosadas con motivos florales. En un rincón estaba un escritorio con una pequeña lámpara y unos cuadernos debidamente organizados en uno de los extremos de este. En otro rincón estaba el escaparate, muy humilde, pero como todo lo demás, debidamente ordenado. Sólo con un vistazo pudo notar que la muchacha adoraba el orden y la limpieza, algo extraño en gente de su edad, pues, el todavía seguía poseyendo un cuarto caótico.
Se acercó a un pequeño cuaderno que había en la mesa de noche y lo tomó. Lo ojeó un poco y se encontró con una hermosa letra y varias poesías. Kagome también era romántica, algo que jamás creyó o no se dio tiempo de pensar, pero lo que supuso era cierto, pues, al lado del cuaderno habían varios libros de poesía y algunos con temas bastante profundos para gustarle a una joven de su edad. Sobre el escaparate estaban algunos CDs de música, los tomó y se sorprendió que sus gustos fueran muy similares a los suyos. Mientras se entretenía revisando los nombres de los cantantes, Kagome entró precipitadamente, sorprendiéndolo y haciendo volar hasta el suelo uno de los CDs.
- Perdón. – Dijo agachándose mientras tomaba la carátula del CD y se aseguraba de que no estuviese rota. Se irguió y lo dejó con los demás.
- No, está bien. – Dijo Kagome sonriendo tontamente, algo apenada de que hubiese visto su cuarto. – Disculpa a Jim, él…
- ¿Jim? – Repitió Inuyasha confundido.
- Mi perro. – Se explicó Kagome haciendo que Inuyasha entendiera.
- Bastante agresivo el animal. – Musitó, logrando ser escuchado por Kagome.
- Él es así con todos, menos conmigo. Sota ya te habrá comentado que lo ha mordido a él varias veces. – Comentó Kagome.
- Ah, cierto. – Dijo recordando vagamente una conversación con Sota, donde nombraba a un perro. – Bueno, linda habitación. – Agregó sin saber que decir.
- Gracias. – Contestó Kagome con un leve sonrojo y bastante avergonzada mientras le cedía el paso a Inuyasha para que este saliera. Este entendió la indirecta pero aún así, extrañamente, no se quería ir, pero sin poder dar una excusa para su permanencia allí, caminó hasta la puerta y salió seguido por Kagome.
Al estar ambos afuera, Kagome se sintió como se había sentido cuando tenía doce años en la presencia de Inuyasha por primera vez, es decir, sin saber que hacer o decir.
- Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza, quien a Dios quiere nada le falta, sólo Dios basta… - Rezaba una y otra vez Sango bastante exasperada que por la interrupción del perro, todo se hubiese complicado. – Quiero que sacrifiquen a ese animal. – Musitó por lo bajo con una vena palpitante en la sien luego de darse cuenta de que la oración de Santa Teresa no le estaba haciendo mucho efecto.
- Cálmate Sango. – Dijo Miroku, apareciendo de súbito y haciendo dar un salto a Sango del susto.
- ¡Hey! – Exclamó Sango mientras se alejaba a una distancia prudente.
- Discúlpame, bella Sango. – Expresó Miroku galantemente mientras hacía una pequeña reverencia y movía sutilmente sus esplendorosas alas aún abiertas. Sango lo miró alzando ligeramente una ceja pero no le tomo importancia, o mejor dicho, no se lo tomó en serio.
- ¿Y ahora? – Preguntó de brazos cruzados mientras posaba su vista en Inuyasha y Kagome, sumidos ambos en un sepulcral e incómodo silencio.
- Ummm… - Musitó Miroku mientras volvía su vista a ellos. – Déjame ver que puedo hacer… - Comentó acercándose a Inuyasha y susurrándole algo.
Y como si Inuyasha lo hubiese oído, reaccionó.
- Kagome… - Dijo extrañado que su voz sonase tan grave, por lo menos más de lo normal. - ¿Y Sota? – Terminó por fin ante la mirada expectante de ella.
- Ah… - Kagome reaccionó en ese momento, dándose una buena reprimenda mentalmente por mostrarse tan despistada. - Él no está, mamá lo mandó a ir con Shippo al mercado y no sé que más… - Se explicó tranquilamente.
- Ya veo… - Musitó Inuyasha sin saber que más decir.
- Bueno, no sé si quieres esperarlo… - Continuó Kagome. – Es decir, no sé a que hora llegue. – Dijo honestamente.
- Si no es molestia… - Arrastró las palabras mientras miraba el sillón en la sala.
- No, para nada. – Lo interrumpió Kagome negando con la cabeza y haciendo que sus cabellos jugaran graciosamente alrededor de su rostro, con lo que Inuyasha quedó embelesado pero que intentó disimular mientras asentía en silencio y se sentaba en el mueble antes visto. Kagome lo imitó en otro de los sillones mientras que en la pequeña mesa del centro tenía algunos papeles que comenzó a ordenar rápidamente. – Disculpa el desorden, pero es que estaba estudiando aquí afuera… - Dijo cortésmente.
- Te aseguro que tu habitación así como tu casa son los lugares más pulcros y ordenados en todo el mundo a comparación de mi cuarto. – Comentó mientras Kagome mostraba una sonrisa aceptando lo que decía. Guardó los documentos en una carpeta con motivos de gatitos y demás cosas cursis, al menos para Inuyasha pero lo cual entendió siendo ella una muchacha. – ¿Todos tus cuadernos están forrados? – Preguntó viendo la uniformidad de estos y como en uno que estaba abierto, se veía que los títulos eran subrayados con color rosado y azul claro. Kagome sonrió tímidamente mientras asentía antes de responder.
- Yo tengo una beca… - Empezó a explicarse mientras se erguía con la carpeta en brazos. – Entonces me dan todo lo que necesite mientras no baje el promedio, pues, mi mamá no puede comprar mis útiles, como te habrás dado cuenta, esta casa es muy humilde.
- Pero cuya familia está formada por buenas personas. – Aseveró Inuyasha.
- Gracias. – Respondió Kagome algo sonrojada. – Entonces, ya que soy una chica poco común, pues, prefiero comprar este tipo de cosas. – Continuó. – Con mi dinero compro CDs a veces y con lo de la beca, además de los útiles, compro libros de… varios temas… - Se detuvo con las mejillas retomando un color carmín algo fuerte, pues, supuso que seguramente Inuyasha hubiese visto sus libros de poesía. Esta reacción Inuyasha la vio muy tierna y mostró una lacónica sonrisa ante la mirada confusa de ella, que no tuvo más remedio que devolverle la sonrisa.
- Entonces eres una chica muy lista… - Concluyó Inuyasha mientras veía que Kagome observaba el suelo algo apenada y asentía ligeramente.
- Creo que es mi único don. – Aseguró. – Pero es verdad, mi promedio es el mejor de la sección. – Informó arrogantemente.
- No creo que sea tu único don. – Le respondió Inuyasha. – Y no me extraña que seas inteligente, después de todo, Sota me da cuatro patadas en lo que respecta a notas en la universidad. – Confesó sonriendo, logrando así, destensar un poco el habiente. Kagome sonrió rápidamente pero volvió a caer en cuenta de que estaba hablando demasiado y lo que Inuyasha esperaba era estar con Sota.
- Perdón. – Dijo Kagome. – Ya te estoy fastidiando. – Continuó ante la mirada confusa de Inuyasha. – Se supone que deberías estar con Sota y yo aquí… - Pero fueron interrumpidos por una pequeña figura que salía corriendo como podía tratando de pasar por la sala. - ¡Sakura! – Exclamó Kagome deteniendo a la niña y cargándola en brazos hábilmente. – Mira como estás. – La regañó mientras la pequeña sonreía alegremente sin saber que era un regaño y juntaba sus manos mientras seguía manipulando el poco de plastilina que se veía que intentó comer pero que quizás su madre le hubiese puesto cuidado y se la hubiese quitado.
- ¿Ummm? – Musitó Inuyasha sin entender. Kagome lo miró y sonrió mientras volvía su vista a la pequeña.
- Sakura, él es Inuyasha, Inuyasha, la pequeña Sakura. – Comentó mientras la niña, quizás entendiendo inconscientemente algo del mensaje fijaba su vista minuciosamente en Inuyasha y sonreía abiertamente. Inuyasha le devolvió la sonrisa a la pequeña y miró como Kagome observaba a su vez a su sobrina con suma ternura.
- Hola pequeña Sakura. – Dijo Inuyasha mientras tocaba suavemente la cabeza de la niña. Luego volvió su vista a Kagome. - ¿Hermana? – Preguntó extrañado.
- Ah, no. – Expresó Kagome meneando la cabeza negativamente. – Es mi sobrinita. – Se explicó.
- Ah, cierto. Sota me comentó el otro día que tu hermana se había casado con un "desgraciado coño de madre" que no la merecía pero no me comentó que ya tenía una sobrina. – Dijo algo extrañado.
- Pues, si te pones a ver, por los apodos del padre, no creo que le guste hablar de eso. – Analizó Kagome.
- Pero la niña no tiene nada que ver. – Aseguró.
Kagome se encogió de hombros antes de responder.
- Sota tampoco se la ha llevado muy bien con Yuka, ambos son muy cazurros. – Dijo con una ligera risa al final.
- Por Sota no hace falta que me lo jures. – Comentó dándole la razón. – Oye Kagome… - Dijo captando toda la atención de la susodicha. – Tú… - Siguió pero viendo sus expresiones, al parecer se arrepintió de sus próximas palabras e inventó otras. – ¿te la pasas acá muy a menudo? - Kagome se encogió de hombros y con una expresión impasible respondió.
- Pues sí, ahora no tengo clases en las tardes y me la paso aquí porque a mi no me gustan mucho las discotecas y cosas así, eso es más que todo para Yuka que siempre ha gozado de un buen cuerpo y sabe bailar muy bien. – Dijo neutralmente. – Prefiero estar con mis amigas, que tampoco son muchas y pues, estudiar para todos los exámenes y salir bien.
- Ya veo… - Comentó Inuyasha extrañamente pensativo. – Bueno, me voy. Sota no se digna a aparecer.
- No, por amor a Dios. – Pidió visiblemente preocupada ante el fruncimiento de seño de Inuyasha, pues, se extrañó de esa reacción. Kagome entendiendo como sonó eso, se sonrojó e inmediatamente aclaró la situación. – O sea, es que a mi mamá le gusta que la gente reciba aunque sea un jugo y yo no te he ofrecido nada. – Se explicó mientras Inuyasha relajaba sus facciones.
- Como quieras. – Contestó mientras Kagome asentía y lo guiaba a la cocina. Allí le sirvió un vaso de jugo de naranja natural junto con unas galletas dulces de paquete.
- No es caviar o algo así pero creo que sirve. – Dijo Kagome mientras se lo ofrecía y le hacía un ademán de que se sentara. Inuyasha aceptó gustoso y comió sin perderse ningún movimiento de Kagome por el recinto mientras recogía algunas cosas y ordenaba disimuladamente lo que hubiese quedado puesto descuidadamente fuera de los gabinetes.
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El tiempo pasó rápido y Sota llegó a casa, sorprendiéndose de que Inuyasha estuviese allí. Este lo fulminó con la mirada y le recordó que había sido él mismo el que lo había invitado ante la relajada e irritable carcajada de su amigo al recordar. Sota luego de dejar las bolsas lo invitó a su cuarto para que pasara a estudiar con él.
- Inuyasha, si serás bruto. – Se burló mientras Inuyasha emitía una especie de gruñido y lo seguía con intenciones de salir de la cocina. Pero antes de hacerlo se dio media vuelta y le sonrió a Kagome.
- Gracias por todo. – Dijo honestamente mientras Kagome le devolvía la sonrisa y asentía.
- De nada. – Contestó felizmente observando como Inuyasha terminaba por salir detrás de Sota.
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Inuyasha desde ese día había frecuentado más la casa de Kagome, más con intenciones de verla que de estudiar con Sota, el cual lo había notado algo ausente mientras le explicaba pero no le dio mucha importancia, es más, Inuyasha muy disimuladamente había preguntado por su familia, sobretodo por Kagome, y Sota respondía pensando que quizás no entendiese muy bien la forma de vivir de los Higurashi y por eso preguntaba. Así fueron pasando los días pero en uno de ellos, Inuyasha tomó una importante decisión que de ella cambiaría todo el transcurso de su vida.
- Kagome… - Se acercó a esta, la cual estaba en la sala estudiando como siempre, ese día así como muchos otros, vestía mejor que como lo hacía antes pero aún así lucía algo preocupada y se mantenía sumida en lo que decía el libro, llevaba el pelo descuidadamente sujeto y al parecer intentaba analizar algo. – Kagome… - Volvió a llamar pues juraría que a la primera vez, ella no se dio por enterado. Pero a esta segunda, ella levantó la vista y lo miró expectante pues no se esperaba que él fuese a hablar con ella pues por la hora, deducía que ya se iba y que se había despedido de Sota en el mismo cuarto.
- Dime. – Respondió ante la extraña demora por hablar de Inuyasha.
- Oye, ¿te gustaría salir conmigo? – Preguntó por fin mientras exhalaba quizás quitándose ese nudo de la garganta pero la expresión de Kagome le tentaba a sospechar que no fue muy buena idea pues ella tenía los ojos grandes como platos que lo miraban incrédulamente mientras que sus labios se habían separado unos centímetros, mostrando que hasta había quedado, literalmente, con la boca abierta.
Sango en cambio había abrazado efusivamente a Miroku, él cual al principio quedó sorprendido pero luego sonrió regocijándose que hubiesen llevado acabo el primer paso del plan al pie de la letra. Le devolvió el abrazo pero antes de que su mano "cobrara vida" se separó de ella, pues, no quería tener más problemas con Dios por eso.
- ¡Sí! ¡Lo logramos! – Decía Sango triunfalmente mientras daba pequeños saltos de alegría.
- No, apenas estamos comenzando. – Le corrigió Miroku, pero al parecer, Sango no se dio por enterada de lo que dijo pues estaba muy concentrada en su "baile de la victoria"
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Kikyo-dono: Perdón por la demora, es mi culpa, yo soy la que hace el capítulo primeramente y luego Lore-chan lo perfecciona, así que lo lamento. Bueno, muchas gracias por sus reviews, ah, una aclaratoria. Miren, con respecto a la diferencia de edad, la trama de la historia y eso, la verdad es que el romance en sí (fuera de todos los elementos fantásticos como la intervención de Sango y Miroku siendo ángeles) es la historia del romance y noviazgo de mis padres, así igualito, bueno, yo le he tenido que agregar así como Lore-chan de nuestra imaginación porque mi mamá es muy dura para sacarle información más detallada ¬¬ Total que bueno, es la historia de mis padres, así que por eso, algunas cosas no cuadran con lo común. (Por cierto, a pesar de que mi papá le lleva cinco años a mi mamá y eso, no se nota. Así que no lo vean como algo no muy conveniente n.n)
Lore-chan: Si claro –rodando los ojos-. Lo siento!! Kikyo-dono no tiene la culpa de nada!! Fui yo que tuve como un mes el cap. sin arreglarlo... Asi que si quieren matar a alguien –abre los brazos y cierra los ojos con expresión resignada- que sea rápido por favor.
