Disclaimer: Twilight y sus personajes pertenecen a SM. La historia es el resultado de mi imaginación y mi extenso tiempo libre.
Gracias a Jane por betear este short fic.
CAPITULO 3: NO REGRET.
Carraspeo y me despido de mis padres por quinta vez, no quiero irme, no estoy preparada para afrontar lo que me espera en Arizona pero sé que es lo que debo hacer. Reneé me da un fuerte abrazo y me susurra al oído palabras de apoyo, estos últimos seis días junto a ella me han servido para recapacitar y reevaluar lo que será mi vida de ahora en adelante.
No fue difícil para ella adivinar lo que sucedía, tampoco lo fue para mí confesarme, ambas tuvimos una larga charla y luego de unas cuantas lágrimas derramadas, mi madre me dio un abrazo y me prometió que todo estaría bien, elegí no creerle. ¿Qué podría estar bien? Yo diría que nada después de lo que hice, puede que nunca vuelva a la normalidad.
Charlie no supo de aquello y tampoco se enteraría, al menos yo no soy capaz de contarle, tengo sobre mis hombros suficientes problemas y un padre decepcionado es algo con lo que no quiero lidiar, eso me eso aún más deshonesta de lo que ya soy y parece que mentir se me da tan bien como el respirar, los sentimientos al respecto son más aterradores en cada segundo que pasa.
—Llama en cuanto llegues—me dice Reneé con una sonrisa nostálgica, yo asiento y le doy un beso en la mejilla a mi padre, han llamado por última vez a abordar al avión con destino a Arizona.
—Adiós—me despido de ambos y sigo mi camino.
Mi asiento está junto a la ventana, hace veinte minutos que hemos despegado, el vuelo no dura mucho pero uso con sabiduría esos momentos para determinar mis siguientes pasos.
No sé bien con que tendré que enfrentarme en Arizona, mi última conversación con Alice fue sin dudas la más dolorosa de mi vida, con aquella llamada probablemente dejé ir a mi mejor amiga y de alguna forma la soledad se apoderó de mí.
Mi avión aterriza a las ocho de la noche, está lloviendo y esto puede ponerse aún más deprimente de lo que ya es, aún estoy sorprendida del coraje que tengo para reunirme con Alice, estoy asustada, no vale la pena negarlo pero es mayor la parte de mí que desea darle un cierre a esto y quizás así obtener una retribución en un futuro.
Paro un taxi en la entrada del aeropuerto, le doy mi dirección—o ex dirección, ya no sé qué es mío y qué no— al hombre canoso que maneja el auto y nos dirigimos hacia allá, el viaje es lento, casi fatídico y con cada milla que nos acercamos puedo sentir el temblor de mi cuerpo aumentar, las respiraciones se hacen más rápidas y sé que el pánico está llegando, lo estoy sintiendo y no creo que me pueda controlar.
Okay. Calma Bella, todo estará bien, no es la gran cosa, sólo te estás dirigiendo a tu muerte.
Exhalo fuertemente, el taxista me da una mirada extraña por el retrovisor.
— ¿Está bien, señorita? —asiento repetidas veces, las palabras no pueden salir.
¿Qué estoy haciendo? ¿Cómo se me ocurrió volver aquí? Debí de haberme desaparecido del mapa, nunca regresar, dejar a Alice tranquila para que así ella pudiese continuar su vida sin mí estorbándole.
Tengo que regresar a Texas, no puedo estar aquí, no puedo continuar con esto, no soy tan valiente, sólo soy una jodida estúpida egoísta y ahora tengo que enfrentar la consecuencia de mi estupidez ¿Por qué Edward me abandonó? ¿Por qué tengo que ser sólo yo la traidora? ¿Cuándo vendrá su escarmiento?
Me voy a ir, regresaré a Texas, no importa cuánto Reneé me insista que concluya con esto, no soy fuerte, no soy atrevida, no soy capaz de ver como a mi amiga se le rompe el corazón por mi culpa.
No soy nada.
—Llegamos—dice el hombre y parpadeo varias veces al darme cuenta que tiene razón, el edificio de ladrillo luce gigante en comparación a mi pequeña figura. Aún sigue lloviendo, gotas gruesas caen del cielo y me lamento por no haber pensado traer una sombrilla.
Busco en mi bolso el dinero suficiente para pagarle el viaje, en una estado zombie le doy las gracias y me bajo del auto cargando con mi valija de ruedas.
La lluvia moja mi rostro y mi ropa, las lágrimas que he soltado en el camino se confunden con la humedad del agua, ¿estoy llorando? Pienso por un instante, pero no necesito más que un fuerte sollozo para confirmarlo, estoy llorando y el dolor que siento en mi pecho es indescriptible.
¿Por qué me siento así? ¿Es esto la culpa? Porque de ser así es la cosa más horrorosa que existe.
El elevador hace un sonido de campana anunciando que he llegado al piso.
Doy cortos pasos a lo largo del pasillo y el único sonido que oigo es el fuerte retumbar de mi corazón y las ruedas de mi maleta, que hacen contacto con el suelo agrietado del edificio. El nudo en mi garganta no ha desaparecido en una semana, ya me he acostumbrado a la sensación de este pero es ahora donde no me permite respirar, el aire en mis pulmones es escaso y hasta inhalar me resulta doloroso.
No estoy pensando, no analizo la situación y antes de que el pánico vuelva a poseer mi cuerpo toco con mi puño la puerta de madera que tengo frente a mí.
Silencio.
Absorbente silencio es todo lo que escucho tras aquella puerta.
Mi lado cobarde hace su aparición estelar, mi mente idea un plan: voy a huir tan rápido como pueda y así ella jamás sabría que tuve la osadía de venir hasta acá.
Muy tarde. La puerta se abre y la cabellera oscura de Alice es lo primero que veo, su expresión pasa de curiosa a confundida hasta llegar a una furiosa, tanto así que su rostro se torna rojo.
Mi corazón se acelera y palpita con increíble rapidez.
— ¿Qué haces aquí? —su voz es suave y baja, tan calmada que aterroriza. Quiero que me grite ¿Por qué no me está gritando en este momento?
—Yo…uh…eh… Yo—tartamudeo y mis ojos comienzan a aguarse de nuevo, ni siquiera puedo verle el rostro, estoy tan apenada y sólo quiero me odie, que me haga sentir algo distinto a este dolor que me está matando.
— ¿Qué haces aquí? —vuelve a repetir—. Te dije que no quería volver a verte.
—Mierda, yo…yo quería pedirte disculpas—las palabras salen atropelladas de mi boca. Alice está erguida y sé que evalúa mi rostro, puedo imaginar a su cerebro trabajando, buscando una respuesta lógica a mi presencia aquí.
— ¿Disculpa? —Suelta un bufido incrédulo—. ¿Tienes el descaro de aparecerte por aquí después de todo lo que pasó?
Tapo mi boca con una mano e imperceptiblemente vuelvo a soltar un sollozo, ya no puedo controlarlo, las lágrimas corren por mis mejillas, cientos de ellas sin detenerse por un momento.
Quiero morir, justo ahora quiero hacerlo.
Lloro por unos cuantos minutos, Alice aun esta parada en la puerta protegiendo a su departamento como una muralla, lo está protegiendo de mí.
—Quiero que te vayas—me dice con voz fría—. Vete, no entiendo para que viniste, ya has hecho suficiente.
—Yo sólo quiero que me perdones—respondo hipando—. P-por f-favor.
—No puedo hacerlo—dice simplemente y me siento desorientada, tengo que admitir que la reacción de Alice me sorprende, no llora y no me demuestra que está sintiendo algo, parece ser un cubo de hielo.
He arruinado nuestra amistad y parece ser que no le afecta en lo absoluto.
—Di algo—le pido casi rogándole en silencio que me odie y que me golpee, que haga lo que sea que quiera pero que exponga sus sentimientos ante mí y así yo puedo enfrentarlos de una vez por todas.
— ¿Qué quieres que te diga, eh? —se dirige a mí y puedo oír algo de enojo en su tono de voz, ¡Al fin una reacción!—. ¿Quieres que te diga lo zorra que eres? ¿Quieres saber lo mucho que te odio en este preciso instante? O peor aún, ¿Quieres que te diga lo jodida que tienes que estar de la cabeza para hacerle esto a la que supuestamente era tu mejor amiga? Eres una egoísta sin corazón, te di mi amistad y para ti fue mucho más fácil rendirte ante la lujuria antes de pensar en siquiera lo que yo podía sentir.
— ¡No, no es cierto! —grito llorosa—. Pensé en ti, has estado constantemente en mi mente desde hace más de una semana. Yo…lo siento, lo siento tanto. Perdóname, por favor hazlo.
Alice al escuchar mis palabras comienza a lagrimear, niega varias veces con la cabeza.
—Cállate. Ya lo hiciste y el tiempo no se puede echar para atrás y por más que yo misma desee no haberte conocido, ya no retrocederá.
—No digas eso—murmuro quedito—. Somos amigas, lo seguimos siendo y eso no va cambiar.
— ¡Ya cambió! —Chilla Alice—. Cambió en el momento que decidiste que una polla valía más que nuestra amistad.
Cuanto más avanza la conversación más terrible me siento, con mis acciones había roto la confianza de una de las personas más importantes en vida.
Me mantengo en silencio, Alice sigue despotricando contra mí.
—Mira, Bella—suspira fuertemente y con disimulo limpia las lágrimas derramadas—. Necesito tiempo, no puedes pretender que te perdone tan pronto.
—Ya ha pasado una semana—digo con tristeza—. ¿Cuánto más tiempo necesitas?
Alice hace una mueca y restriega sus ojos con las manos.
—No creo que pueda superarlo ¿bien? —confiesa y mi cuerpo entero se paraliza—. Has arruinado años de amistad y yo simplemente…ya no puedo estar cerca de ti.
—Alice—susurro y mis ojos se humedecen—. Por favor…te necesito en mi vida.
Suspira y niega.
—No puedo—dice por última vez.
— ¿Eso es todo? —le pregunto desconcertada, ¿no íbamos a siquiera intentar resolverlo? ¿Tanto la había roto?
—Eso es todo—afirma ella—. Puedes pasar mañana a buscar el resto de tus cosas, no quiero estar en casa cuando eso suceda. Usa las llaves y cuando termines por favor déjalas con el portero.
—Oh—mi mente no puede descifrar lo que está diciendo, la escucho hablando pero se siente tan incorrecto, es vacío y frío, como si realmente no le importara nada de esto, está avanzando y me duele saber lo rápido que lo hace.
—Adiós, Bella—me dice por última vez, no hago nada para detenerla. Mis sistemas no reaccionan, mi cuerpo está paralizado en un estado de alerta roja.
—Alice…
Resignada regreso hasta el vestíbulo del edificio para llamar un taxi, continúa lloviendo y es claro que se acerca una tormenta, no sé qué es peor: Mi estado de ánimo o el clima. El portero me da una mirada preocupada, le explico que todo está bien y le pido que por favor llame un taxi, por suerte había previsto esta reacción de Alice y ya tenía lista una reservación en un pequeño hotel del centro.
—Están fuera de servicio por la lluvia, señorita—maldigo en mis adentros cuando oigo al portero.
—Esperaré a que la lluvia cese
— ¿Está segura? —El hombre está observando como el agua cae y golpea el vidrio que nos protege del exterior—. Tormentas así caen toda la noche.
—Estoy segura, no se preocupe.
El hombre asiente y toma unas llaves del pequeño escritorio que allí tiene.
—Iré a dar una vuelta por los circuitos eléctricos, no es buen momento para que la electricidad fallé.
Asiento sin responderle, no quiero sonar grosera pero ahora lo menos que quiero es tener una insulsa y larga conversación con el portero del edificio.
Agradezco cuando estoy sola de nuevo, aún estoy de pie en medio del vestíbulo así que decido sentarme en un mueble individual que allí se encuentra, subo mis piernas en el sillón y abrazándolas recuesto mi cabeza entre mis rodillas.
Cierro mis ojos y me permito descansar por unos minutos, ignorando todo lo que pasó los últimos minutos…
La puerta de cristal se abre inesperadamente, logrando que una fría corriente de aire llene el vestíbulo, tiemblo un poco y los vellos de mi brazo se erizan.
Lluvia en Arizona ¿Qué tan extraño es eso?
Cuando la persona entra, ignoro su presencia y espero que continúe su camino hasta el elevador pero sorpresivamente se detiene justo en frente de mí, puedo observar el pequeño charco de agua que se forma en los pies de este.
— ¿Bella? —Oh no, esa voz ¿Es este mi karma?
Subo lentamente mi mirada y lo primero que llama mi atención es la mata de cabello bronce empapada por la lluvia.
— ¿Qué haces aquí? —Pregunta él, Edward. La última persona que esperaría ver aquí.
—Buscando a Alice ¿No es eso lo que tú estás haciendo? —le respondo despectivamente, sintiendo un profundo enojo por él y otros sentimientos que no puedo describir.
—Vivo aquí.
Mi cuerpo se tensa. ¿Alice lo perdono?
— ¿Qué? No creo que Alice te haya…—pregunto indignada
— ¿Perdonado? —completa la frase por mí—. Sí lo hizo
— ¿Cómo?
Se encoge de hombros.
—Nuestra relación se ha fortalecido, así que por eso te doy las gracias.
Mi cara debía de ser un poema.
— ¿Me estás jodiendo? —suelto impulsivamente, Edward disimula una sonrisa.
— ¿Qué puedo decirte? —Me contesta—. Nuestro amor ha logrado superar cualquier cosa, esto es sólo una pequeña piedra en el camino.
Mi boca está abierta en forma de "o" No puedo creerlo, ¿Alice perdona a este hombre pero no es capaz de darme una segunda oportunidad a mí?
—Tiene que ser una broma—niego varias veces, Edward está de pie en frente de mí. Su postura es arrogante y segura, quiero darle un puñetazo.
—No es ninguna broma—me confirma él—. Alice y yo estamos trabajando en nuestra relación, ella aceptó que se había alejado los últimos meses por causa de su empleo y que yo como hombre tenía mis necesidades por eso acudí a ti. Estabas siempre cerca en el departamento, era cuestión de tiempo. Alice lo meditó y ofreció darme otra oportunidad.
No. Puedo. Creerlo
¿Estoy oyendo lo que creo que estoy oyendo? No sabía quién era peor, Edward con sus jodidos pensamientos machistas —el deseo de golpearlo se hace más fuerte— o Alice, con ese razonamiento de los años 50.
—Wouh—digo impactada por sus palabras—. Me sorprende que Alice diga eso, después de todo sí eres un manipulador de primera.
Edward suelta una carcajada ridícula.
—No soy ningún manipulador, pero la relación de nosotros es más profunda de lo que crees.
—Si claro…—respondo con sarcasmo y de repente me siento como una adolescente, soy tan novata en estos asuntos del amor y dramas que simplemente no sabía cómo reaccionar pero de algo sí estaba agradecida: Ya no lidiaría con Edward, el peor error de mi vida, sin duda estaba al tope de la lista de mis estupideces.
Tal vez ya era hora de crecer un poco y hacerme cargo de mis propios asuntos. Tomo una larga respiración y me preparo para hablar.
—Creo que ya es hora de irme, mi lugar ya no se encuentra aquí.
—Te dije que no debías decirle nada a Alice, como ves saliste perdiendo.
Bufo y ruedo mis ojos.
—Eres patético, perdí a mi amiga en eso tienes razón pero al menos fui sincera conmigo misma y con ella, acepté que lo que hice estuvo mal y en vez de estar "escondiendo secretos" como tú yo busqué ser honesta y tener así paz en mi interior, así como perdí también gané.
Sin esperar que responda me levanto del sillón, tomo mi valija y mi bolso de mano, me encamino hacia la salida y volteo a mirarlo cuando Edward llama mi nombre.
—Bella—me dice, puedo ver en sus ojos algo de remordimiento pero no me doy tiempo para flaquear, Edward Cullen ha salido de mi vida para siempre y nunca había estado tan orgullosa de mí por haber tomado dicha decisión.
Le doy una sonrisa burlona y asombrándolo le muestro mi dedo medio, lo dejo allí parado, abandonando todo lo que alguna vez tuve pero dispuesta a buscar algo mejor para mí, porque lo lograría. Yo lo merecía.
Quizás esta no fue muy buena idea…
He caminado alrededor de cuatro calles, cada una de estas estaba vacía y mi ánimo luchador actualmente se encontraba por el piso, toda lo que vestía estaba empapado, por suerte mi valija era impermeable así que al menos mis pertenencias se salvarían.
No había ni un alma en las calles y era frustrante, parecía una mala película: Caminando con la lluvia torrencial y las calles desiertas sin nadie que ayude a esta pobre e indefensa señorita.
— ¿CUANDO VA A PASAR UN TAXI? —grito a la nada, mi cabello chorrea, quiero llorar de la frustración y aun me faltan más de diez kilómetros para llegar al centro.
Obviamente la lluvia tomó por sorpresa a todos por eso no me desconcertaba el hecho de que todas las tiendas estuviesen cerradas tan temprano en la noche.
Suspiro y apresuro mi paso, mejor adelantarme antes de que se haga demasiado tarde.
Camino dos calles más cuando unas farolas excesivamente brillantes me obstruyen la vista. Los hombres y sus manías de reconstruir los autos.
Me hago la desentendida cuando este se orilla cerca de mí, tan cerca que puede preocupar a cualquiera.
Estoy caminando lo más rápido que puedo, me pongo nerviosa y continuo ignorando el auto que me está siguiendo, no pienso sólo acelero mi paso cada vez más.
La ventanilla del conductor baja, oh no, continúa caminando Bella… No lo mires.
—Bonito día para llevar falda ¿No crees?
Ruedo mis ojos y estoy dispuesta a callarle la boca pero mi sentido preservación me detiene.
— ¿No vas a saludar a tu viejo amigo, Bella?
Me detengo abruptamente y el alma me vuelve al cuerpo, no puedo observar bien a la persona que me llama así que me acerco aun en guardia hasta la ventanilla.
— ¿Jake?—me siento emocionada, su perfecta dentadura me recibe y quiero abrazarlo con fuerza—. ¡Tanto tiempo!
—Lo sé—me responde él, igual de emocionado—. ¡Sube, vas a agarrar una fuerte gripe!
Hago un mohín probablemente tenga razón.
Jake abre el maletero del auto y allí guardo mi valija, luego voy hasta la puerta del copiloto y me siento empapándolo por completo.
—Lo lamento—le doy una mirada de disculpa—. Yo pagaré el lavado de la tapicería.
Suspiro, es cuero y un buen lavado de este lleva preparación, mentalmente hago cuentas, si me prohíbo algunas cosas este mes tal vez pueda pagarlo.
—No te preocupes—Jacob se encoge de hombros restándole importancia, le doy una suave sonrisa, no voy a discutirle eso.
—Así que…—comienzo—. ¿Cómo has estado? ¿No te veo desde hace cuatro…cinco años?
—Cuatro años—responde él con confianza—. He estado bien, hace un año me gradué. Ahora soy profesor en una secundaria cerca de aquí.
Había conocido a Jacob en la universidad, él era el mejor de la clase así que me alegra ver que está triunfando en algo que ama.
— ¿Qué hay de ti? ¿Cómo está Alice?
Genial, mi talón de Aquiles…
—Pues…yo, estoy bien—contesto esquiva.
—Eso es bueno, a ambos nos está yendo bien en la vida.
Al carajo, seré honesta a partir de ahora.
—La verdad es que mi vida es un desastre y Alice ya no es mi amiga, en realidad justo vengo de nuestro departamento de donde fui echada.
—Oh, eso es…
— ¿Deprimente? —respondo por él, Jacob se ríe—. Ni que lo digas.
— ¿Tienes un lugar a donde ir? —llevábamos rato andando sin algún destino preciso.
—Voy a un hotel en el centro, al Palace. ¿Sabes de cuál te hablo?
Él asiente.
Seguimos conversando en el camino al hotel.
—Es una pena todo lo que te está sucediendo pero estoy completamente seguro de que podrás superarlo.
Suelto una carcajada
—Me tienes demasiada confianza.
—Claro que no, te conozco Bella, sé que eres capaz de grandes cosas.
Volteo a mirarlo conmovida, él está concentrando en la carretera pero por un milisegundo también me mira y me siento cómoda a pesar de que han pasado años, la protección que Jacob me brindaba en la universidad aún se mantenía intacta.
—Gracias
—No tienes por qué dármelas, esto es sólo un pequeño impedimento de la vida.
—Eres muy dulce, Jake—le digo—. Debes de tener a tu novia súper enamorada.
—Oh no, que va—él se ríe—. No hay ninguna chica por ahora.
—Oh, entonces aún tengo un chance—bromeo, Jacob frunce el ceño y niega varias veces, luego ambos soltamos una carcajada.
—Probablemente sí lo tengas—coquetea y yo continuo riéndome, no percibo la idea de nosotros dos.
Bromeamos el resto del camino, el cual se hace corto debido a la poca afluencia de autos, siento pena ya que no quiero despedirme de mi viejo amigo.
—Sabes, Bella. Deberíamos ir a un sitio a almorzar mañana, para ponernos al tanto.
Jacob estaciona el auto en frente de la iluminada entrada del hotel.
—Me encantaría—mi optimismo es notable, ¿Una tarde agradable para pasar los malos ratos? ¡Estoy completamente en ello!
—Dame tu número entonces, así mañana temprano nos ponemos de acuerdo.
Le dicto mi número celular y él me llama para así mantener su número también guardado.
—Está guardado en la maletera—le explico al ver su rostro confundido al no oír el tono de llamada entrante de mi teléfono—. No quería que se mojara.
Él asiente comprendiendo y cuelga la llamada.
— ¿Mañana? —pregunta.
—Mañana.
Jake se acerca hasta mí y me da un abrazo.
—Te voy a mojar—lo detengo cuando está a unos cuantos centímetros de mi cuerpo.
—No me importa, estoy muy feliz de verte—acaba con la distancia que hay entre nosotros abrazándome fuertemente.
Suelto un suspiro de alivio, la sensación es estupenda. Pongo mi cabeza entre su cuello aspirando el olor de su varonil colonia y nos mantenemos así por unos minutos. Simplemente disfrutando…
Él acaricia mi cabello húmedo y luego se separa lentamente.
—Nos vemos mañana—murmura en mi oído causando escalofríos.
—Nos vemos—me despido de igual forma, saliendo del auto y emprendiendo mi camino hasta la cómoda y calientita habitación.
Ya ansío tener mi descanso.
No tuve una buena noche de sueño, los eventos aún estaban demasiado recientes en mi memoria así que mi subconsciente me jugó una broma pesada colmándome de pesadillas durante ocho horas.
Las bolsas bajo mis ojos son tremendas cuando a las siete de la mañana me levanto de la cama sin poder volver a conciliar el sueño, anoche antes de dormir había hablado con Reneé y acordamos que regresaría a Texas con el resto de mis cosas mañana a primera hora. Tengo varios asuntos pendientes antes de mi almuerzo con Jacob por lo que me pongo en marcha.
Después de un ligero desayuno me alisto lo suficientemente bien para ir a recoger mis cosas en el departamento de Alice y luego, sin tener que hacer un cambio de ropa, ir con Jacob.
No tengo muchos bienes materiales pero de igual forma alquilo una pequeña camioneta para viajar por carretera hasta Texas.
Siento un sabor amargo en la boca al entrar al departamento.
Suelto un largo y melancólico suspiro, a pesar de que sólo viví dos meses aquí, los recuerdos que este lugar posee son tantos que me hace soltar unas cuantas lágrimas de imaginarme que ya no estaría más aquí.
Paso varias horas guardando mis pertenencias en cajas y organizándolas con cuidado, hacer esto sola es más difícil de lo que pensé, el solo trabajo de empaquetar y después tener que ordenar en el auto me agota, es en estos momentos que me gustaría tener otros amigos además de Alice pero luego de que abandoné la universidad no llegué a crear verdaderos lazos con nadie más.
Estoy cerca de terminar cuando mi celular suena, Jacob me está llamando.
—Hey—respondo con ánimo.
—Hey—trata de imitar mi saludo casual y me río.
— ¿Qué pasa?
—Sólo quería saber a qué hora podríamos ir a almorzar.
— ¿Qué hora es? —pregunto un poco desorientada.
—Cerca de las doce. ¿Por qué? ¿Hay algún problema?
—Oh no, no hay ninguno. Es sólo que el tiempo se me ha pasado volando.
Jacob se ríe.
— ¿Estás ocupada?
—Pues qué te digo…He pasado toda la mañana recogiendo mis cosas y estoy muerta.
— ¿Por qué no me pediste ayuda?
Una sonrisa cubre mi rostro, no sé cómo sentirme cuando se ofrece a ayudarme, jamás en mi vida otras personas se habían tomado la molestia de preocuparse además de mis padres y Alice.
El dolor en mi pecho regresa cuando pienso en ella.
—No quería importunarte, además no era tanto—suelto una risita—. Soy una exagerada
—De todas formas me hubiese gustado servirte de ayuda.
—Ya no importa—le resto importancia sonando relajada aunque estoy nerviosa y me siento tonta por eso—. ¿Dónde nos veremos para el almuerzo?
— ¿Qué te parece en media hora? ¿Está bien para ti?
Calculo rápidamente mi tiempo, ya estoy por terminar mi última caja así que sólo es cuestión de dejar la camioneta en el hotel y coger un taxi hasta el restaurante.
—Es más que suficiente. ¿Cuál es el restaurante?
—Pensé en algo sencillo, ¿sabes dónde está el Bar Plutonio?
—Oh sí, es uno de mis favoritos—le comento con emoción, la comida allí era buenísima, siempre que podía iba con Alice.
Otra puntada en mi pecho. ¿Así va a ser cada vez que la recuerde?
—Entonces allí te veo.
—Bien—finalizo la llamada y le doy una última chequeada a la habitación, está vacía exceptuando la cama individual que pertenecía a Alice.
Eso era todo, un nudo en mi estómago se forma y respiro lentamente para evitar el llanto, ya he llorado suficiente pero no me siento ni la mitad de desahogada. ¿Hasta cuándo durará el dolor? ¿Cuánto tiempo le toma a una persona seguir adelante? ¿Tengo que considerar los cinco pasos para superar una pérdida? ¿Debería de buscar en Google?
Freno mis pensamientos antes de que se profundicen y consuman lo último que me queda de cordura.
Salgo hasta la sala y miro cada uno de los muebles, el mesón donde tantas veces desayunamos, el sillón frente al televisor que nos proporcionó tantas noches de chicas. Es doloroso porque no conozco una vida donde no tenga que estar con Alice, cada paso importante lo he dado con el apoyo de ella y si no está a mi lado ¿Quién será de ahora en adelante mi confidente?
Los minutos pasan y sé que ya es hora de irme.
Salgo del departamento con lágrimas en mis ojos, cuando bajo hasta el vestíbulo el portero me saluda con una sonrisa, le entrego las llaves de mi antiguo hogar y camino cabizbaja hasta la camioneta.
Camino al hotel pienso en lo que será de mí en un futuro, muchas cosas no las tenía claras, pero me reconfortaba pensar que era sólo una humana y que la vida tenía malos días, de eso se trataba esto, superar cada instante con la cabeza en alto, donde quebrarse no debía de ser un impedimento sino un empujón hacia la superación y quizás así…
Los días buenos llegarían tan rápido que no me daría de cuenta.
Hey, ¿Como están? mil disculpas por la tardanza. Hay bastante drama en este capitulo pero así es como tenía que ser, espero con animo sus comentarios y nos leemos en el próximo el cual esto 100% segura que publicare en una semana y así terminamos con esta pequeña historia.
Besos.
