La Boda
-Buenos días.-
Hermione abrió los ojos levemente dejando sólo un pequeño espacio para ver el rostro sonriente de la Señora Weasley sobre ella. Lanzó un pequeño gruñido y cerró los ojos nuevamente. No había dormido bien la noche anterior; estaba muy nerviosa a cerca de las actividades por venir. -¿Qué hora es?-
-Hora de que salgas de la cama. Hoy es el gran día.- Anunció y le quitó las sabanas a Hermione. –Sé que no es como imaginaste que pasaría pero, de ahora en adelante, me agradecerás por hacerlo especial. Esto es para siempre, después de todo.-
Ella suspiró. –Lo sé.- y dejó que la Señora Weasley la atrajera hacia ella.
-Antes que nada, vayamos por algo para que desayunes. Necesitarás energías.- Apresuró a la joven hacia las escaleras y luego a la cocina. Llenó un pato con comida y se lo puse enfrente. Hermione comió rápidamente notando la falta de los habitantes de la casa. –Muy bien.- Dijo la señora Weasley tomando el plato vacío de Hermione. –Ahora un baño.- La llevó al baño para hacer, Merlín sabe qué.
Con las manos un poco temblorosas, abrió la llave dejando correr el agua de la regadera y empezó con su rutina de champú, acondicionador y jabón. Cerró los ojos e intentó imaginar la mano de Sirius cruzar su estómago en lugar de la suya y estalló en risas. –Esto es una locura.- Pasó el resto de su baño bajo el agua sin ninguna prisa en particular. Temió a cerca de lo que la Señora Weasley pudo haber planeado para ella. Había hecho fiestas enormes para Ginny y Katie. También había hecho una pos-fiesta para las esposas de Fred y George; Angelina y Perla, complaciendo todo lo que habían pedido. Sabía que le esperaba una "agradable recepción" para ella y Sirius.
-¿Hermione? ¿Estás ahí?- Llamó la voz de Ginny a través de la puerta.
No se había dado cuenta que llevaba secándose con la toalla por casi diez minutos. –Sí. Estaré afuera en un momento.- Dijo, lanzando la toalla al canasto de ropa sucia y vistiéndose. Tan pronto como la puerta se abrió, Ginny se apresuró a abrasarla. Ella esperó, con las cejas alzadas, a que la pelirroja la liberara.
-¿No es maravilloso?-
-Depende a qué te refieras.- Respondió cautelosamente.
-¡Harry y yo teniendo mi habitación de vuelta!- Sonrió antes de reír ante el ceño fruncido de Hermione. –Sólo estoy bromeando. La boda, por supuesto. Pero también lo de mi habitación es lindo.- Sonrió abiertamente.
-Correcto. Es fantástico.- Trató, sin resultado, rodear a su amiga.
-Se que no estás realmente entusiasmada por casarte con Sirius, pero es bastante apuesto. Incluso mamá solía tener un ligero enamorada de él.-
-No me refería a…-
-Lo sé, lo sé.- Hizo un gesto con la mano para restarle importancia. –Vamos, se supone que debo ayudarte con tu cabello. Y vaya que vas a necesitarlo.-
-Gracias.- Murmuró sarcásticamente. –Gin, solo hazlo simple, ¿sí? No quiero nada muy elegante.-
Ginny suspiró dramáticamente y la empujó a la silla frente a un gran espejo. –No te preocupes. Será perfecto.-
Hermione vio las manos de la joven trabajando con su cabello, agregando pociones, broches y un hechizo ocasional. Finalmente, la curiosidad liberó su lengua. –Después de todo, ¿fue lindo?- Vio el rostro de Ginny crecer en confusión al mismo tiempo que sus manos bajaron la velocidad, antes que una sonrisa de comprensión iluminó su rostro.
-Sí.- Sus manos volvieron a la velocidad anterior retomando sus esfuerzos por peinarla.
-¿Fue…? ¿Alguna vez tú…? Tú sabes…antes.- Intentó decir, no tan segura de cómo realizar la pregunta.
-No, no fue mi primera vez. Harry y yo hemos estado juntos desde hace unos meses.- Hizo contacto visual con ayuda del espejo. – ¿Alguna vez tú…?-
-No.- Pudo sentir arder su rostro y su mirada cayó a sus manos sosteniendo la una a la otra en su regazo.
-¡Vaya!- Hizo una pausa. –Sabes, la primera vez no está tan bien, duele.-
-Eso he escuchado.-
-Y es muy incómodo con el oficial del Ministerio ahí.-
-¡¿El qué?!-
-Sí, toma sus varitas y coloca barreras y hechizos sobre y alrededor de ustedes. Luego se va al otro lado de la barrera para que no pueda ver. Aún así es horrible, el sujeto, ahí, esperando.-
-¡Es horrendo!-
-Lo sé. Él había dicho que era para que nadie interfiriera con los hechizos. Regresa dos veces por semana para nuestras… sesiones obligatorias.-
-Encantador.- Se quejó. Se quedaron en silencio por bastante tiempo mientras Ginny se ocupaba de los rizos de Hermione.
-Ya está. Perfecto.- Declaró. -¿Te gusta?-
Hermione alzó la mirada al espejó y se alegró de ver que Ginny había seguido sus instrucciones de mantenerlo simple; era un suave moño con varios rizos sueltos. –Gracias, Ginny. Me gusta.-
-Bien porque, honestamente, si quisieras algo más, estaría perdida.- Rió. -¿Debería preguntarte si quieres que te maquille?-
-No, no te molestes.-
-No es molestia. Bueno, es hora de que te cambies. ¿Qué usarás?-
-Oh, mis túnicas de gala de hace unos años. Aunque pienso que necesitan unos ajustes antes de cambiarme.-
-Mamá es excelente en eso. Iré por ella.-
Hermione disfrutó del poco tiempo a solas que tuvo antes de que la Señora Weasley irrumpiera en la habitación, cubierta de harina. –Bueno, veamos el vestido.- Solicitó y Hermione lo convocó desde su armario. –Muy bonito, querida.- Molly utilizó su propia varita para invocar un hechizo de levitación colocándolo frente a la castaña y analizándolo a detalle. –Sí, debo soltar un poco del busto y creo que también un poco de la cadera. El largo está bien. Muy bien, haremos un trabaja rápido para esto.- Apuntó con su varita al vestido y, sin pronunciar palabra alguna, agrandó las áreas requeridas. –Eso debería bastar.- Todas se quedaron en silencio por un momento antes de que la Señora Weasley ondeara sus manos a Hermione. –Bueno, pruébatelo, querida.-
-Oh.- Miró alrededor y luego a las dos mujeres. – ¿Podrían salir un momento, por favor?-
Ginny lanzó un pequeño gruñido y salió seguida por su madre, quién negaba con la cabeza. Las mujeres volvieron bastantes minutos después y Molly hizo un par de pequeños ajustes más a las túnicas antes de anunciarlo como terminado. –Te ves encantadora, querida.-
-Gracias, señora Weasley.-
-¿Quieres venir abajo?-
-Creo que prefiero esperar aquí.-
-Está bien, te avisare cuando tu… cuando Sirius llegue.- Ambas volvieron a irse y Hermione se tumbó sobre la silla. Se miró detenidamente en el espejo. En realidad, estaba satisfecha. Se veía linda y elegante, pero aún como ella misma.
-Hermione, ¿Estás aquí arriba?- Preguntó Harry a través de la puerta.
-Sabes que lo estoy, Harry. Entra.-
-Hola.- Se adentró en la habitación y la abrazó con fuerza. –Te ves bien.-
-Gracias.-
-¿Estás bien?-
-Eso creo.-
-¿Necesitas algo?-
-Una salida.- Ella sonrió cuando el rió. –Ésta es la mejor opción que tengo disponible. ¿Cierto?-
-Sí, eso creo.- Estuvieron en silencio por unos minutos mirándose el uno al otro.
–Sólo porque te casarás con mi padrino, no esperes que te llame mamá.-
-Ella rió por primera vez en el día. –Ni en sueños.- Su ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y él rápidamente la rodeó con sus brazos.
-No llores, Hermione.- Suspiró en su cuello.
Se talló los ojos cerrados intentando parar sus lágrimas pero no antes de que algunas escaparan recorriendo sus mejillas. –Puedo hacerlo.- Susurró con el rostro enterrado en el hombro de Harry. –Puedo hacerlo.-
-Claro que puedes.- La sostuvo con los brazos extendidos y limpió su rostro de las lágrimas. –Eres Hermione, la sangrienta, Granger; puedes hacer cualquier cosa.-
Un golpe en la puerta los interrumpió. Ron asomó la cabeza y ella notó que tenía el rostro rojo. Fue cuestión de un suspiro para que se apresurara a recorrer la habitación y lanzarse sobre ella. –Lo siento.- Sintió que un pequeño espacio en su cabeza se humedecía de a poco, justo donde el rostro del chico descansaba. –Si hubiera sabido que todo esto sucedería…-
-Lo sé.- Dijo mientras envolvía su cintura con un brazo y atraía a Harry con el otro. Los brazos de ambos chicos la envolvían y suspiró con un deje de alegría. –Extrañaba esto.-
-Yo también.- Respondieron al unísono.
-Los amo chicos.-
-Nosotros tamb…- Otro golpe en la puerta los interrumpió y la cara de Ginny se deslizaba a la vista.
-Están aquí.-
Hermione se forzó a tomar una gran bocanada de aire y estrujó a sus amigos fuertemente una última vez antes de soltarlos. –Estamos listos.- Tomó a ambos de un brazo para estabilizarse y los cuatro tomaron su trayectoria abajo por las escaleras hacia la estancia, donde su prometido la esperaba.
Los ojos de Sirius se posaron en ella tan pronto como estuvo a la vista y pareció estar aliviado por el atuendo que había escogido. Ella se preguntó si esperaba que apareciera con glamuroso vestido de novia muggle. Él también había escogido un juego de túnicas de gala, aunque las suyas eran mucho más elegantes. Remus estaba de pie justo a su derecha, luciendo, también, sorprendente en sus túnicas, a pesar de los pequeños parches en sus codos. – ¿Todo listo?- Preguntó Sirius cuando ella se detuvo justo frente a él. Su garganta estaba seca, así que simplemente asintió y se prendió nuevamente del brazo de Harry tan pronto como él había dado un beso de despedida a Ginny.
-Bueno, hasta luego.- Dijo la señora Weasley al mismo tiempo que cerraba la puerta detrás de ellos.
La línea de espera del oficial del Ministerio era especialmente larga, dada la fecha tardía que habían escogido. Nadie se veía particularmente de acuerdo con sus parejas, ciertamente nadie estaba enamorado. Hermione sintió que encajaba bastante bien. Ella seguía aferrada al brazo de Harry mientras esperaban. Sirius estaba inquieto a su lado, moviéndose constantemente en su lugar.
-¿Sirius? ¿Sirius Black?- Una hermosa mujer de cabello negro se acercaba a ellos lentamente. –Vaya, vaya. No esperaba verte por aquí.- Los deslumbró con una sonrisa impresionantemente blanca.
-Tampoco esperaba encontrarme a mí mismo aquí.- Se encogió de hombros pero le regaló una pequeña sonrisa.
-¿A quién estás atestiguando?-
-A nadie. Ella es Hermione Granger.- Hizo un pequeño gesto en su dirección.
-Un placer.- Ronroneó la mujer apenas apartando la vista de Sirius.
-Igualmente.- Dijo Hermione mientras fingía una sonrisa. No quería tener que lidiar con un gnomo celoso en estos momentos; tenía cosas más importantes qué hacer.
-¿No vas a presentarme a tu…prometida?-
-Em…Claro. Hermione, ésta es…- Dejó la oración colgada en el aire y miró a su amigo por ayuda.
-Annabelle…algo.- Proporcionó Remus por lo bajo.
-Annabelle Algo de… ¿Hogwarts?- Y miró de nuevo al licántropo, quién asentía.
-Thomas. Annabelle Thomas. Estábamos juntos en Gryffindor. Iba un año abajo.- Su sonrisa había perdido un poco de su presunción.
-¡Ah! Ahí lo tienes.- Sirius asintió pero aún llevaba una mirada de no tener idea de quién era ella.
-Que interesante.- Hermione jugaba con la manga de Harry.
-Sí. Salimos por bastante tiempo en Hogwarts.- Sirius levantó la vista a su rostro y echó un vistazo como si tratara de recordar. –Terminábamos y volvíamos, claro. El querido Sirius nunca fue bueno con el compromiso. Aunque siempre estaba listo para un poco de diversión. Imagino que eso no ha cambiado mucho. Incluso me atrevo a decir que con el incidente de Azkaban eso ha empeorado; o mejorado, depende su punto de vista, claro. ¿Lo ha hecho?-
-No tengo la más mínima idea.- Hermione la mandó a volar. Lanzó una risa que sonó más a un ladrido y dejó reposar sobra el respaldo de la silla de Hermione. Una mirada a Harry pudo comprobar que él también estaba riendo. La mujer seguía estúpidamente parada ahí por un momento, antes de que el secretario llamara sus nombres.
Al momento en que se levantaron, Annabelle no pudo retener una insinuación más. –Envíame una lechuza alguna vez, Sirius. Cuando te aburras de jugar a la niñera.-
-Sí, porque estoy segura que tu eres la más madura de nosotros.- Dijo Hermione sarcásticamente, sin siquiera molestarse en voltear y mirar a la mujer. Sirius y Remus los siguieron rumbo a la pequeña habitación, riendo por lo bajo. Sólo tomó un vistazo a habitación para sacar las sonrisas de sus rostros. Ese era el momento al que habían estado temiendo los últimos dos días, Hermione por más tiempo que eso. –Oh, Dios.- Harry la acercó más a él y Sirius llevó, ligeramente, su brazo alrededor de su cintura.
-Muy bien. ¿Podemos comenzar?-
