—Livius-sama, ese era todo el trabajo del día de hoy. —dijo un satisfecho Neil.

Livius se reclinó contra su silla y miró el reloj. Era casi medianoche. Hacía varios días que no acababa tan temprano.

—¿Estás seguro?

El hombre asintió mientras acomodaba las cortinas. El Rey Sol se relajó en su lugar y giró el asiento para contemplar a través de la ventana. Las luces del cuarto de Nike estaban apagadas. Probablemente ya estaba dormida. Suspiró. Quería verla. Pero ella no. Y terco como era, había decidido no molestarla más hasta que deseara lo contrario. Deseo… No podía quitarse esas imágenes de la mente. Quería poseerla, hacerla suya. Mostrarle que no era un niño, que él era un hombre y ella una mujer, SU mujer.

No había podido dormir bien desde que se separaron. La extrañaba. Todos los días se preguntaba cómo estaría, qué habría hecho, si ya lo había perdonado… No creía haber hecho nada malo, pero por alguna razón, Nike se había asustado al descubrir que no estaba soñando… a esas alturas ya no le importaba nada. La amaba demasiado y ansiaba poder arreglar las cosas.

—¿Estás seguro que funcionará, Bard? —preguntó Nike.

—Absolutamente.

—No puedo andar por los pasillos con estas pintas. ¿Qué pasaría si alguien me ve?

—Para eso es la capa. Y, en cualquier caso, hice retirar a los guardias de camino a su recámara.

—Ah…¿Y cómo sabes que está allí?

—Ya lo hablé con Neil. Me avisará cuando esté por ir.

—Neil también sabe de esto? —Preguntó aterrada.

En ese momento, vieron cómo las cortinas de la ventana de la oficina del rey se abrían y cerraban.

—Ya es hora.

—Buena suerte, Hime-sama. —Dijeron las criadas al unísono, después de todo, ellas habían llamado a Bardwin y la habían ayudado a arreglarse.

—Da lo mejor. —Dijo este último mientras la empujaba al pasillo.

Nike suspiró. Sus ojos brillaban por la determinación. Ese día lo haría. Arreglaría las cosas.

Liivius abrió la puerta de su recámara y entró, ni siquiera se molestó en encender las luces. Colocó su chaqueta en una silla cercana a su enorme cama y se quitó los zapatos. Quedó de pie frente a la ventana por donde los rayos de luna se colaban. Se estaba por desabrochar la camisa cuando escucho una voz del otro lado de la habitación, su voz.

—Livi…

Se volvió hacia ella. Estaba en una esquina de la habitación. Llevaba el cabello recogido en un rodete adornado con dos flores, una negra y otra roja. Lo que le llamo la atención fue la gran capa que cubría toda su figura.

—¿Qué haces aquí? Es tarde…

—Vine a disculparme por…—inspiró sonoramente— por lo del otro día.

—Por cuál de todas ellas? —preguntó mordazmente.

"Realmente está molesto".

—Por todas, por haberme encerrado en el baño, por pedirte que me dejaras sola, por evitarte…

Un silencio colmó la habitación. Esperaba que le dijera algo. Que le reprochara, que la molestara, cualquier cosa…

—Quiero una explicación. Quiero saber por qué…

—Oh Livi, estaba tan pero tan avergonzada. Creí que te había forzado a hacer esas cosas. Temía que pensaras que era…que era una per… pervertida. —dijo con voz temblorosa.

La respuesta lo sorprendió. ¿Él, forzado? Jamás había hecho algo de tan buen grado. Jamás había deseado tan fervientemente algo. Y en cuanto a lo de pervertida… no le importaba si lo era. De hecho, él mismo se consideraba como tal.

—Pero ya eso no tiene importancia. Me costó comprenderlo, pero ahora soy consciente de lo que provoqué. Lo que te provoqué. Y…—"vamos, Nike, tu puedes decirlo" — he venido a… hacerme responsable por ello. Si así lo deseas.

Las mejillas le ardían por la vergüenza, pero debía, no, quería hacerlo. En ese momento, hizo lo que Bard le aconsejó. Tomó aire y con toda la seguridad que podía permitirse, se despojó de la capa y ésta cayó al piso. Nada habría preparado a Livius I para enfrentar a su Nike así. Llevaba un corsé negro de encaje con bordes rojos, muy similar al vestido que llevó en su fiesta de presentación. Unas medias negras envolvían sus largas piernas mientras que un liguero rojo evitaba que se deslizaran.

"Creo que la falta de sueño me está jugando una broma" Pensó el rey, parecía sacado de sus más privados sueños.

No, esto era real. Nike estaba diciéndole abiertamente que lo complacería, y encima en ese atuendo tan irresistible. Su cuerpo no pudo evitar reaccionar. Pero debía actuar con cuidado. Su orgullo aún estaba lastimado y quería, necesitaba repararlo.

—Dime lo que tú deseas, Nike…

Su nombre pronunciado con esa voz ligeramente teñida por el deseo hizo que se le erizara el vello de la nuca.

—A ti. —dijo mirando el piso mientras las mariposas revoloteaban por su bajo vientre.

Livius pudo ver con la tenue luz, cómo se ruborizaba y no pudo evitar desearla allí, en ese preciso instante. Nike notó su característica sonrisa maliciosa y esa mirada que tanto la perturbaba.

—Entonces, harás lo que te pida, Nike.

—Sí, Livius…

Su nombre dicho por esos labios sonaba tan sensual que provocó que su erección se volviera más dolorosa. Debía tranquilizarse, él tenía el control en esa situación.

—Ven a mí, Nike — Dijo mientras le hacía un gesto con la mano para que se acercara. Ella obedeció, pero antes de llegar a estar a menos de tres pasos, la detuvo—. Quiero que gires muy lentamente, quiero verte bien.

—Pero eso es…

—Nike, ahora…—le ordeno y ella comenzó a girar— Más lento, por favor.

Sonrió complacido ante su obediencia. La luz de la luna le permitía verla más claramente. Respiró pesadamente cuando Nike le daba la espalda. Su ropa interior apenas cubría su parte posterior. Quería tocar su firme trasero, pero se contuvo. Cuando terminó de girar y él de admirarla, continuó con su juego.

—Acércate y desvísteme.

Con manos temblorosas, fue desabotonando uno a uno los botones de su camisa y se la quitó. Trató de hacer lo mismo con el pantalón, pero Livius lo hizo por ella al notar su nerviosismo. Había quedado en ropa interior con su pulsante erección sobresaliendo. Nike contuvo la respiración ante la vista que tenía ante sí. Livius notó esto y la tomo por la barbilla obligándola a mirarlo a la cara. Su cabello negro y brillante, sus ojos penetrantes, esa sonrisa traviesa que la hacía temblar en anticipación…

—Dí que me deseas…—le pidió.

—Ya…sabes que sí…—tartamudeó.

—Quiero escucharlo de tus labios.

—Te deseo…—susurró de manera casi inaudible.

—¿Qué dijiste? — inquirió.

—Ya lo dije. —desvió la mirada.

Él la tomó por la cintura y presionó su pelvis contra la de ella, demostrándole su deseo.

—Más fuerte y quiero que me mires a los ojos cuando lo digas. —le exigió.

Le costaba mucho mirarlo a los ojos. Sentía cómo su mirada color zafiro la desnudaba e incluso dejaba al descubierto esos sentimientos extraños y hacía que salieran a la superficie. Quería perderse en ese mar oscuro y turbulento, lleno de deseo, deseo de ella.

—Te deseo, Livius— le dijo totalmente sonrojada pero con la mirada nublada por la lujuria.

Él no pudo resistirlo y la besó. Ambos se entregaron a ese beso tan ansiado. Sus cuerpos se acoplaron el uno al otro con más fuerza que antes y Nike pudo sentir el miembro de Livius entre sus piernas, expectante y duro. Él formo un sendero de besos desde sus labios hasta su cuello, donde dejó su marca mientras arrancaba un gemido de su esposa. Nike se cubrió la boca con las manos. Livius la tomó por las muñecas y se acercó a su oído y le susurró.

—¿Tienes idea de lo difícil que me resulta ignorar ese delicioso sonido? —Dijo mientras su erección palpitaba.

—Lo siento…

La miró sorprendido. ¿Por qué se disculpaba?

—¿Por qué pides perdón por algo que me complace?

—Livius…—suspiró.

—Voy a hacerte producir más de esos gemidos. —Dijo sensualmente y con la voz teñida por el deseo mientras jugaba con sus senos por encima del corsé.

Livius masajeaba sus senos mientras Nike gemía más. Ella no podía creer que con solo tocarlos, Livius le produciera tanto placer. Éste se manifestó cuando sus pezones se sentían a través de la tela de su atuendo. Pero no era suficiente para él, quería sentirlos, probarlos… Empujó a Nike sobre la cama boca abajo y se posicionó sobre ella.

—Esto me estorba. —Sus manos trataban de desatar el corsé.

Cuando lo logró, los senos de Nike quedaron libres. Livius la dio vuelta y asaltó esas dos frutas prohibidas con sus manos y boca. Después, enlenteció sus administraciones.

—Ah… Liv…ius… por… favor… No pares.-rogó.

—Con una condición…

—¿Cuál?

—Quiero saber por qué me llamas por mi nombre completo…

Lo pensó por un momento hasta que él pellizcó uno de sus pezones.

—Porque Livi es… tu lado tierno y dulce… del cual me enamoré y Livius es… Livius es… el hombre que veo frente a mí en estos momentos y que a…amo y deseo. —Confesó con la respiración agitada.

Sonrió. Su orgullo se estaba componiendo. Ya no lo veía como un niño, sino como un hombre. El hombre que siempre estuvo atrapado dentro de ese cuerpo infantil, con necesidades y deseos de un adulto. Gracias a su buena respuesta, decidió recompensarla. Trazó un camino de besos desde entre sus pechos, pasó por su abdomen donde le hizo cosquillas y se topó con su ropa interior. Ella observaba cada uno de sus movimientos, él era consciente de ello, por lo que antes de asaltar su región sur, cruzó su mirada con la de ella y se mordió el labio inferior mientras sonreía seductoramente. Nike tembló ante el gesto.

Livius tomó sus caderas y tiró hacia él para poder acceder más fácilmente a esa zona. Su ropa interior bordó estaba empapada dándole un aspecto más oscuro, como una manzana madura que ruega ser probada. Probó su excitación por encima de la fina tela. Sabía deliciosa. Utilizó su boca y su lengua para degustar a Nike. Cada lamida, cada beso, hacía que ella temblara descontroladamente.

A continuación, ambos se arrodillaron sobre la cama y se fundieron en un apasionado beso. Las manos de la chica recorrían la nívea espalda del Rey Sol, al mismo tiempo que las manos de este tomaban su trasero y la atraían más hacia él.

Nike quería darle el mismo placer que había recibido, así que con sus manos empezó a recorrer el pecho de su amado, luego su abdomen, sus caderas. Cuando llegó a su objetivo, lo acarició firmemente por encima de la fina tela que los separaba. El muchacho soltó un sonido gutural de placer.

Decidido a no quedarse atrás, Livius deslizó su mano por debajo de la ropa interior de Nike. Ella gimió ante la intrusión.

—Aquí fue donde quedamos —habló pesadamente Livius mientras introducía un dedo en su vagina.

—¡Ah!

—Dime Nike ¿te gusta que te toque así? —otro dígito acompañó al anterior en su hipnótico movimiento.

—Aha…

—Eso no es una respuesta —aumentó la velocidad de sus administraciones.

—Sí…—Dijo presa del placer mientras intentaba frotar el miembro del muchacho que ya había humedecido su ropa interior por la expectativa.

Livius, insatisfecho por la respuesta, encontró con su pulgar aquel centro nervioso que lo ayudaría en su interrogatorio.

—¿Sí, qué, Nike? — y apretó su clitoris, lo que hizo que un grito de sorpresa escapara de la chica mientras temblaba de placer.

—Sí, me gusta…ah…mucho…Livius…Ah…se siente mucho mejor que cuando lo hago…

Livius se detuvo en seco. Ese comentario había evocado ese suceso que había quebrado su voluntad y ahora lo había llevado al borde del orgasmo. Se ruborizó. Casi acababa por las caricias de Nike y ese recuerdo.

Al ver que Livius se había detenido, Nike pensó que había dicho algo que no debía y se puso nerviosa. Al notar esto, el muchacho recuperó la compostura, la miró a los ojos y le respondió con su rostro travieso.

—En eso estamos de acuerdo, Nike—volvió a su tarea de complacerla y besarla—. Aunque no me desagradaría ser testigo de ello, pero sólo si después puedo participar —le susurro de manera traviesa.

Nike enrojeció. Bard tenía razón. A Livius no le desagradaba lo que hizo. De hecho, quería repetirlo. Al final, él era más pervertido que ella.

—Pervertido…—le susurró.

Emitió una risita. Lamió su cuello hasta el lóbulo de su oreja, el cual mordió delicadamente, produciéndole escalofríos.

—Perfectos el uno para el otro. —le susurró mientras aumentaba la velocidad de sus dedos y la mandaban al borde del orgasmo.

Su cuerpo convulsionó violentamente mientras se agarraba fuertemente al Rey Sol. El corazón le latía violentamente y apenas podía respirar. Se sentía ligera, relajada, como si todos sus problemas se hubiesen esfumado. Miro a Livius que la observaba con una sonrisa arrogante mientras se lamía los dedos.

—Deliciosa.

Ese gesto fue suficiente para que el calor volviera a despertar en su interior. Pero esta vez, era su turno. Quería escucharlo gemir, verlo agitado y cambiar esa mueca por una de placer absoluto. Se abalanzó sobre él haciéndolo quedar debajo de ella, igual que cuando se escapó del calabozo y lo confrontó en su estudio. Livius sonrió ante la reminiscencia.

Intentó imitar los movimientos que él había realizado en el cuerpo de ella. Bajó con sus labios por su pecho, su abdomen, hasta el borde de su ropa interior. A esas alturas, cada contacto producía temblores en el cuerpo del muchacho. Ella lo miró, aún tenía esa sonrisa socarrona, debía seguir. Debía usar su último recurso, eso que le explicó Bard:

—Si realmente quieres complacerlo, Nike-chan, lo único que debes hacer es…

Aún no podía creer que Bard se atreviera a decirle semejante cosa al oído, pero valía la pena intentarlo. Le quitó la ropa interior a Livius dejándolo como Dios lo trajo al mundo. Su miembro liberado y erecto esperaba por ella. Nike lo miró a los ojos y se humedeció los labios sensualmente.

"No lo hará o ¿sí?"

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la lengua de Nike que danzaba sobre su dolorosa erección. Cuando ella lo introdujo en su boca, Livius arqueó su espalda y tiró su cabeza hacia atrás mientras un sonoro gemido escapaba de sus labios.

Nike se felicitó a sí misma y siguió moviendo su cabeza de arriba abajo. Después de unos minutos, Livius se incorporó y la apartó suavemente tomándola por los hombros. Nike lo interrogó con la mirada.

—Ya es suficiente, Nike. Si sigues no podré…—Su sonrisa había desaparecido. Su rostro era de súplica mezclado con placer y un leve rubor en sus mejillas. —Quiero acabar dentro de ti. ¿Puedo?

Su vagina se contrajo placenteramente ante las palabras de su amado. Estaba lista.

Invirtieron posiciones, pero antes, el muchacho sacó una pequeña caja del cajón de su mesa de noche y la abrió. De ella sacó lo que parecía un globo y se lo colocó en su miembro.

—¿Qué es eso?

—Un método para evitar que quedes embarazada. —Le dijo como si fuera lo más natural del mundo. —No estoy interesado en tener hijos aún. ¿Tú sí?

Negó enfáticamente con la cabeza. No lo había pensado. Se reprendió mentalmente, sabía que había hierbas que las mujeres tomaban para evitar los embarazos. De hecho, sus hermanas lo hacían. Eso demostraba quién era la persona adulta y responsable.

Livius se acercó a ella y colocó su mano en su mejilla.

—Te amo, Nike—tomó su mano y la colocó sobre su corazón— Esto te pertenece.

Nike sonrió.

—Yo también, Livius. Mi corazón, mi cuerpo… todo… es tuyo.

Tras estas palabras de amor, los amantes se besaron tiernamente transmitiéndose todo su amor y deseo. Livius se posicionó sobre Nike y le pidió permiso con la mirada. Nike asintió y rápidamente su miembro se introdujo en su interior. Al principió un dolor punzante la invadió, pero los besos y palabras de amor de su esposo la ayudaron a superarlo.

Cuando se acostumbró a la intrusión y el dolor se esfumó, Livius comenzó a moverse y el placer se abrió pasó. Los gemidos de ambos llenaron la habitación hasta que ambos llegaron al climax gimiendo el nombre del otro. Después, el sueño los invadió.

A la mañana siguiente, nadie se atrevió a entrar a la habitación del rey por temor a interrumpir algo. Finalmente, Livius se levantó primero y dejó descansar a una adolorida Nike ya que tenía trabajo que hacer.

Cerca del mediodía, Nike se levantó y se aseó. En su camino hacia el comedor se cruzó con Bardwin que le guiñó el ojo descaradamente provocando un profundo sonrojo en la chica. Cuando terminó de desayunar, se dirigió al jardín para escapar de sus lecciones como todos los días.

—Nike-sama—la llamó una de sus criadas—, su majestad la require en su estudio.

Nike se dirigió allí. En su interior estaban Neil y su esposo mirando unos documentos.

—Hola, Livi. ¿Qué sucede?

—Majestad, Nike-sama, me retiro. Con su permiso. —dijo en cuanto la vio entrar.

Livi no habló hasta que Neil no cerró la puerta y le pidió que se acercara.

—¿Cómo te sientes? —preguntó preocupado.

Nike se sonrojó un poco.

—Bien… un poco extraña, pero bien.

Él asintió comprendiendo. Para evitar el silencio incómodo, Nike hizo conversación.

—¿Qué hacías?

—Estoy evaluando los gastos del palacio y calculando el presupuesto para el año siguiente.

—Ah…

—¿Y tú?

—Escondiéndome de la institutriz.

Suspiró molesto.

—¿De nuevo? ¿Cuántas veces debo decirte que prestes atención y no te saltees las clases? Ve en este instante.

Nike le sacó la lengua. El Livi de siempre había vuelto.

Mientras su esposo le daba un sermón sobre responsabilidad, ella se colocó junto a él y se acercó a su rostro.

—Como desees, Livius…—susurró en su oído sensualmente y lo besó en la mejilla.

Nike abandonó la habitación entre risitas, dejando a un Livius sin palabras. Cuando Nike salió, Neil volvió a entrar.

—¿Livius-sama, qué le ocurrió en el rostro? —le preguntó al ver a su rey totalmente ruborisado y rígido.

—¡Nada! Volvamos al trabajo, Neil. —dijo molesto mientras en su mente ideaba una forma de hacérsela pagar a Nike esa misma noche.

Fin

N/A: Amé este anime y me quedé con ganas de más. Pero el manga no está demasiado avanzado en español o inglés, por lo que recurrí a fanfiction, pero no había muchos fics al respecto :(. Así que decidí contribuir a esta historia. Espero que les haya gustado!