Emma tuvo un fin de semana horrible. Por más que convenció a todos de que estaba bien, no lo estaba. Su cabeza no paraba de dar vueltas. Emma no podía dejar de pensar en el encuentro que tuvo con Neal, en las ganas que tuvo de volver a escaparse y en el miedo que volvió a sentir ante la posibilidad de que ella o Henry sean lastimados.

Emma pensó que al empezar una nueva semana su suerte tal vez podía cambiar, pero se equivocó. Ella y Henry se quedaron dormidos, así que tuvieron que salir corriendo hacia el colegio sin siquiera desayunar. Emma decidió ir por un chocolate caliente a Starbucks antes de dirigirse a la oficina, pero eso también fue una pésima elección ya que al salir de la cafetería se chocó con un hombre, cayendo ella y su bebida al piso.

Lo peor de todo es que la persona con que choco era Killian. ¿Por qué justo tenía que haber chocado con él? A pesar de todos los líos que Emma tenía en su cabeza, no había podido dejar de pensar en el morocho de ojos azules. Ella estaba totalmente intrigada en la forma en que él la había tratado. Su cabeza volvía una y otra vez a como él la había defendido y a como él había curado los rasguños que Neal había dejado en sus brazos. Y todo eso sin siquiera saber que ella era Emma. Si el trataba así a un "extraño", Emma se preguntaba como lo hacía con sus conocidos.

A Emma no le gustaba haber estado pensando en Killian, de hecho a Emma no le gustaba pensar en ningún hombre. Por eso cuando vio como sus ojos azules se intensificaron al darse cuenta que era ella la persona con la que chocó estuvo a punto de salir corriendo, pero Killian le ofreció comprarle lo que le había tirado. Ella no se pudo negar, tenían muchos amigos en común y ella no quería quedar como una grosera. Para alegría de ella el encuentro no duro mucho ya que ella recibió una llamada, y aprovecho la oportunidad para salir corriendo. Salir corriendo era casi su especialidad.

Emma se encargó de ir al juzgado en busca de los papeles que le pidieron en la llamada y luego fue a su oficina. Cuando se acomodó en su escritorio se sorprendió al ver un café con una nota que decía:

Perdón por lo de está mañana.

K.

¿Esté hombre era real? Emma no podía creer que se haya tomado esa molestia. Y por cierto, ¿Cómo es que sabe donde ella trabaja? Y… ¿Por qué tiene que hacer estas simples cosas que son maravillosas? Realmente parecía que él quisiera hacerle difícil todo ese tema de no pensar en él.

Pero Emma no tomaba café, ni tenía relaciones series con hombres (menos con amigos de amigos), así que lo tiro a la basura.

- ¿Por qué tiraste eso a la basura? – Preguntó su amiga Rose entrando a su oficina.

Rose era una mujer flaca y de baja estatura. Ella tenía el cabello rubio y corto a la altura de sus hombros. Rose era la secretaria de Emma, pero a medida que fue pasando el tiempo se ganó su confianza y hacerse amigas resulto ser una de las cosas más simples que Emma hizo en su vida.

- Porque no me gusta el café. – Le explico.

- ¿Entonces para qué lo compraste? – Preguntó nuevamente.

- Yo no lo compre. ¿Necesitas algo? – Contestó y para sacar la atención de su amiga del café, le pregunto sobre trabajo.

- Yo venía a traerte estos papeles con la autorización para que los Olsen adopten a Wendy. – Contestó alcanzándole unos papeles.

- Genial. – Emma se sintió aliviada por la noticia y porque la conversación haya cambiado en torno al trabajo.

- Ahora hablemos sobre el café, ¿Qué es esto? ¿Quién es K y que pasó esta mañana? – La interrogo Rose, luego de haber recuperado la tarjeta del tacho.

- Está bien. – Suspiro mirándola acusadoramente, ya que ella era imposible en estas situaciones y no iba a parar hasta que ella le cuente. – Es Killian, él me lo envío. Nos cruzamos esta mañana y el accidentalmente tiró mi bebida, así que está es su manera de disculparse. – Le contó.

- ¡¿Se volvieron a encontrar?! Esto, más lo que pasó en tu cumpleaños, lo dice todo. ¿No será este Killian un caballero salvador como el de los cuentos? – Comentó entusiasmada su amiga.

- Ningún caballero, simplemente un hombre. – Le recordó Emma. A Emma no le gustaban los cuentos de hadas, ni ningún tipo de historias donde siempre el hombre era el salvador y la mujer la débil esperando ser salvada.

- ¿Le agradeciste? – Le preguntó su amiga, sin darle importancia al comentario de Emma. Después de todo ya la conocía hace tiempo y había aprendido que Emma no pensaba bien de los hombres.

- ¿Tendría que agradecerle? – Preguntó dudosa.

- ¡Obvio que si! Emma hazme el favor y agradécele, ¿Si? – Le pidió.

- De acuerdo. – Dijo asistiendo con la cabeza.

Pero Emma no le agradeció. Lo iba a hacer, pero simplemente no supo que decir. ¿Gracias? Era muy seco y no sonaba a ella. Dudo todo el día y finalmente no lo hizo.

Al día siguiente decidió que ya era demasiado tarde para agradecerle e iba a dejar de pensar en el asunto. Pero cuando llegó a su oficina se sorprendió al encontrarse con otro café, pero está vez con leche. Está vez el cartel decía:

¿Preferís el Late?

K.

Emma no sabía si estar contenta o enojada. ¿Cómo se supone que se reacciona con estas situaciones? Ella no tenía la menor idea. Así que eligió continuar con su plan de ignorarlo, tiro el café y no le envío ningún agradecimiento.

Y así continuó la semana. El miércoles se encontró con una lágrima doble y el cartel decía:

Voy a seguir intentando hasta encontrar el pedido que habías hecho.

K.

El jueves se encontró con un té, pero está vez Emma lo tomó ya que el té si le gustaba. Pero él no iba saberlo porque ella seguía sin contactarlo. Emma río al leer el cartel de está vez:

Té té té té… te deseo un excelente día.

K.

Llegó el Viernes y Emma entró entusiasmada para ver cual era la bebida que él había elegido está vez, pero no había nada. ¿Se habrá olvidado? ¿Se habrá cansado? Claro que se cansó si ella era una desagradecida y desconsiderada que nunca se molestó en hablarle.

Emma estuvo de mal humor durante toda la reunión de trabajo. Ella pudo notar como Rose y Regina intercambiaban miradas preocupadas por su comportamiento, pero Emma no podía evitarlo, no tenía ánimos. Al terminar la reunión se fue lo más rápido que pudo para evitar preguntas, y cuando entro a su oficina y vio una bebida en su escritorio sintió como si alma le volvía al cuerpo. Probó y sonrío al notar que finalmente Killian adivino. Luego de tomar el chocolate agarro su celular y le mando un mensaje de texto.

- Gracias. - ES

- ¿Así que eres una chica chocolate? - KJ

- Lo soy. – ES

- Es bueno saberlo. - KJ

- ¿Y vos qué sos? - ES

- Tal vez puedas descubrirlo cuando nos volvamos a cruzar en Starbucks. - KJ

- Okay. – ES

Emma estuvo de buen humor por el resto del día.

A la noche Emma fue al "Rabitt Hole" con sus amigas, aunque seguía sin comprender como la convencieron. Los recuerdos del encuentro con Neal empezaron a aparecer en su cabeza. Ella estaba a punto de irse cuando escuchó una voz que la paralizó por completo. Allí estaba la banda "Neverland" en el escenario, Killian en el medio cantando y tocando la guitarra. Emma sintió como el corazón comenzó a latirle a mil por hora. Cada palabra que salía de la boca de Killian la sentía en cada centímetro de su cuerpo, como si Killian estuviera cantando sus sentimientos y su alma. ¿Cómo podía sentirse tan identifica? ¿Cómo podía alguien describirla tan bien como si fuera un libro abierto?

- Eso estuvo increíble. – Lo felicito un rato largo después que bajaron del escenario.

- Me alegra que te haya gustado – Dijo Killian con una tímida sonrisa.

- Me encanto. Era como si se pudiera sentir todo eso que querían transmitir y expresar. Nunca me había pasado. – Dijo Emma tratando de explicar lo que había sentido.

- ¿La música tiene cierta magia, no? – Preguntó él con cierta intensidad creciendo en su mirada.

Ella no llego a responderle, porque sus amigos los interrumpieron. Y en cierta forma ella se sintió aliviada con la interrupción. Emma acaba de decirle que había podido sentir cada letra de sus canciones. Y sus canciones habían tratado sobre personas rotas y perdidas, solas en el mundo tratando de encontrar un lugar. ¿No era eso exponerse demasiado?

Emma se fue temprano del boliche para evitar volverse a cruzar con Killian. Ella pensaba dormir muy tranquila toda la mañana, ya que su hijo Henry se había quedado a dormir en la casa de un amigo. Pero como suele pasar las cosas no salen como uno las planea y Emma se despertó a las ocho de la mañana con un mensaje de su amiga Regina.

- ¿Podes venir a ayudar con la mudanza de un amigo? - RM

¿Quién se mudaba un sábado por la mañana? Iba a ignorar completamente el mensaje y seguir durmiendo. Pero después de diez minutos de no poder volver a dormirse Emma accedió ir a ayudar.

- En un rato estoy por allí, pasame la dirección. - ES

Emma desayuno, se ducho y luego se fue a la dirección que su amiga le había enviado. Llamó al timbre y se sorprendió al ver como el destino se seguía burlando de ella, la persona que abrió la puerta era Killian Jones.