Disclaimers: "Kaijudo, el Ascenso de los Maestros del Duelo" no me pertenece sino a Hasbro, solo uso los personajes para mi fanfic, que es por diversión sin paga
El Secuestro
Capitulo 3: Dos Semanas de Angustia
Había pasado un todo un fin de semana desde que el padre de Iris había traído a Ray con la intención de que éste fuera novio de la joven, y en esos dos días Ray procuró no quedarse solo con el mayor de los latinos, pues la clara amenaza de matarlo si intentaba escapar aun lo tenía sumamente perturbado.
La mañana del sábado, mientras el señor DeSoto seguía durmiendo, Ray e Iris habían aprovechado para planear el escape del menor, y habían llegado a la idea de aprovechar que el padre de la latina estuviera trabajando, Iris saldría de la Universidad temprano, iría con la policía y conseguiría que no solo enviaran a una unidad, sino a un escuadrón anti-bombas para desactivar el explosivo que el medio japonés llevaba en su cuello, y tenían planeado hacerlo mientras DeSoto se encontraba trabajando. Solo hubo un problema que desbarató su plan…
-¿Cómo que te tomarás vacaciones?-preguntó Iris incrédula a su padre, quien se hallaba en su sofá todavía en camiseta y ropa interiores y calcetines.
-Como oíste, hija, he estado trabajando como loco los últimos nueve meses, creo que me merezco unas dos semanas de vacaciones-explicó el hombre con tranquilidad. Al ver las caras de los dos jóvenes, agregó-tranquilos, solo serán dos semanas, tampoco soy para olvidar que soy quien trae el pan a la mesa-.
-Claro, papá-fue lo que respondió Iris.
-Si, señor DeSoto-secundó Ray, mientras el y la muchacha intercambiaban miradas preocupadas, pues sabían que por la noticia del mayor su plan se iría al trasto.
-Bueno, Iris, creo que es hora de que te vayas yendo a la escuela-mencionó el hombre mirando a su hija, quien en respuesta miró al menor-no te preocupes por tu novio, yo cuidaré de él y estará aquí cuando regreses-declaró el hombre carcajeándose un poco, y la muchacha suspiró pesadamente ante el comentario.
-Sí, papá-fue todo lo que dijo la muchacha, antes de mirar preocupada a Ray, quien la tranquilizó con la mirada al dedicarle una sonrisa triste, antes de que la muchacha finalmente dejara la vivienda.
Tras la ya acostumbrada caminata hacia la parada y el trayecto en autobús, los cuales en opinión de la latina habían sido los más pesados en su vida, Iris finalmente llegó a la Universidad de San Campion, y desde que salió de casa estuvo replanteándose cómo ayudaría a Ray a escapar, y decidió que aunque fuera contra sus principios se saltaría las últimas clases e iría con la policía. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos cuando vio a un hombre ya entrado en años, de escaso pelo canoso y ojos grises, vestido formalmente de traje y corbata roja, acercarse a ella. Era el Rector Parker Drake, el rector de la Universidad.
-Disculpe, señorita DeSoto-le llamó el hombre.
-Rector Drake, ¿qué se le ofrece?-preguntó la muchacha algo confundida por que el rector se le acercara.
-Lamento molestarla, señorita DeSoto, pero su padre me puso al tanto de su situación-empezó a decir el anciano.
-¿Lo hizo?-preguntó Iris, sintiendo como empezaba a sudar frio al pensar qué le habría dicho su padre al rector.
-Si, me explicó que tuvieron una fuerte discusión el fin de semana pasado y que, por tal motivo, su padre la tiene castigada dos semanas, teniendo usted prohibido salir salvo para asistir a sus clases, y de hecho me pidió que me asegurara de hacerles saber a los profesores y personal de la escuela que usted no debe dejar el plantel en ningún momento-explicó el anciano rector a la muchacha.
Al oír todo el discurso del rector, Iris sintió que el alma se le iba a los pies, pues una cosa era que su plan de aprovechar el tiempo que su padre estuviera trabajando para contactar a la policía y liberar a Ray se estropeara por la "fortuita" idea de su progenitor de tomar vacaciones… pero oír al Rector Drake decir que su padre, bajo la excusa de un castigo, le había pedido que se asegurara de que no saliera del plantel salvo para ir a casa la frustró en su fuero interno, pues comprendió que a su padre que le había ocurrido esa contingencia y ya la había cubierto. En otras palabras, su padre le había ganado esa jugada con creces.
-Si, descuide, señor Rector, solo lamento involucrarlos a usted y a los profesores en nuestra pequeña pelea-fue todo lo que dijo la muchacha en voz baja, antes de despedirse del anciano director y dirigirse al salón donde tomaba la clase de Arte Europeo. Al entrar en el salón algunas de sus amigas se le acercaron.
-Oye, Iris, ¿es cierto lo que dijo el Rector?-preguntó una muchacha asiática de pelo y ojos negros rasgados, que respondía al nombre de Noriko.
-Si, Nori, por un pleito con mi papá estoy castigada dos semanas-respondió la latina-papá dijo que no me dejaría salir salvo para la escuela, pero no me imagine que llegaría a esos extremos-agregó. Si bien no le enorgullecía mentir a sus amigas, se sorprendió al ver lo bien que improvisaba.
-Entonces, ¿no podrás salir con nosotras el fin de semana?-preguntó una pelirroja de pelo alborotado y ojos aguamarina, cuyo nombre era Angelica.
-No, lo siento, Angelica, tendrán que salir sin mí hasta que mi papá me quite el castigo-se disculpó Iris, y acto seguido, aprovechando que el maestro aún no llegaba, sus dos amigas se pusieron a sus lados y la abrazaron para consolarla. Ni Noriko ni Angelica se imaginaban que Iris realmente, más que el abrazo que le daban sus amigas, quería apretar una almohada contra su cara y gritar fuertemente.
Mientras Iris se encontraba en la Universidad, averiguando todo lo que su padre había arreglado, Ray había aprovechado y se había dado un baño, y ahora se encontraba, todavía en bata, sentado en la mesa enfrente del padre de Iris, comiendo nerviosamente el desayuno de huevos y tocino que su secuestrador había preparado para los dos. Procuraba no cruzar miradas con el latino mayor, pues conservaba frescas las nociones tanto de que le había puesto una bomba como de su amenaza hacia él y su propia hija.
-Bueno-dijo Francisco de pronto-ya que estaremos solos hasta que mi hija vuelva de la escuela, ¿qué te parece si conversamos un poco?-sugirió.
-¿Conversar?-preguntó Ray entre confundido y extrañado.
-Tú sabes, saber un poco el uno del otro, ahora que viviremos juntos-explicó el hombre, mientras se levantaba y tomaba su propio vaso y el de Ray, al parecer para llenarlos de jugo.
-Pues…si… tal vez-dijo Ray dubitativo, pues oír al mayor decir lo de "vivir juntos" con tanta naturalidad todavía lo ponía incomodo. ¿Cómo podía alguien estar tan en paz como ese hombre, sabiendo que secuestró a alguien?
-Quiero que me cuentes de ti, y quiero que lo cuentes todo-pidió el mayor mientras sacaba el jugo del refrigerador.
Ray, aún algo incomodo por el interés de padre de Iris en él, empezó a contarle todo lo que podía, respondiendo cada pregunta que el latino le hacía. Así Francisco DeSoto supo que los colores favoritos de Ray eran el rojo y el verde, que por parte de su padre era mitad japonés, había vivido en San Campion toda su vida con su madre y su abuelo, aunque su padre había estado trabajando en el extranjero y recién había vuelto a la ciudad, que los pasatiempos favoritos de Ray eran dibujar, escuchar música, los videojuegos y las películas de acción, practicaba artes marciales (no especificó cual por supuesto), y esperaba estudiar diseño cuando entrara a la universidad, pues al graduarse quería ser diseñador de videojuegos, entre otras cosas.
Mientras escuchaba a Ray, el padre de Iris había terminado de servir el jugo en el vaso de plástico azul de Ray y en su propio vaso de plástico traslúcido y los había llevado a la mesa y Ray, tratando de mostrarse calmado ante su captor, tomó el vaso y, dado que para esas alturas ya había terminado de comer, se bebió su contenido en un par de tragos. De pronto, Ray empezó a sentirse muy cansado, todo en la habitación parecía dar vueltas, y el medio japonés solo pudo recostarse en la mesa junto a su plato antes de que todo finalmente se volviera negro…
Al despertar, Ray se encontró de nuevo en la habitación de Iris, todavía en bata, sintiéndose mareado y confundido, al ver el reloj despertador en la mesa de noche de la chica, vio que ya rozaban las cuatro de la tarde, lo que significaba que había dormido cuatro horas. No tardó en comprender que, usando la plática como distracción, Francisco le debió haber puesto algo a su jugo, seguramente pastillas para dormir.
-Tengo que aprender a desconfiar de ese tipo-se regañó el muchacho por lo bajo. Un día su propia tendencia a buscar el bien en otros le jugaría una pasada peor que esa.
Tras levantarse y desperezarse, se cernió la bata para cerrársela y salió de la habitación. Empezó a buscar al señor DeSoto por los pasillos, pero detuvo su búsqueda al ver una puerta entreabierta, que reconoció como la que daba a la habitación en la que se despertó el día que Francisco lo llevó a la casa.
Con cautela, pues no quería encontrarse con ninguna sorpresa desagradable, fue acercándose a la puerta de la habitación, con igual cautela la abrió, y se encontró con algo que enserio lo sorprendió: una increíble habitación con paredes pintadas de un verde claro con techo blanco, con cortinas color blanco en las ventanas, el piso de madera, en una de las paredes había un par de puertas que, Ray imaginó, daban a un clóset, una cómoda cama tipo futón japonés con ropa de cama roja, un biombo de madera pintado de rojo con motivos japoneses contra una esquina del cuarto, una televisión incluso con una consola de videojuegos conectada y, para asombro del chico, en un escritorio de madera, junto a un reproductor de música mp3, había una computadora portátil negra con detalles rojos.
Ray no cabía en su sorpresa, más que todo porque, según recordaba, la última vez que había estado en ese cuarto era apenas un almacén para las cosas inútiles, y ahora estaba convertida en la habitación de sus sueños. Lo que más le sorprendió fue que, al inspeccionar el armario, encontró colgadas de la barra de metal chaquetas, camisas de vestir, un pants rojo con detalles verdes con su chamarra a juego y una gabardina, habiendo en el piso un par de botas, otro de tenis de deporte blancos con negro y otro de tenis converse rojos. Al inspeccionar los cajones se sorprendió al encontrar camisetas, shorts, pantalones largos, incluso como nueve juegos distintos de ropa interior y calcetines, incluso un traje de baño rojo con verde.
-Espero que te haya gustado la sorpresa-oyó decir a sus espaldas, y al girar se encontró con el señor DeSoto.
-¿Usted compró todo esto?-preguntó Ray sorprendido.
-Bueno, si vas a vivir aquí no puedo dejar que andes todos los días usando la misma ropa, ¿qué clase de anfitrión sería si lo permitiera?-dijo el hombre con certeza.
-Pero, ¿y la televisión, la consola, la computadora?-preguntó Ray confundido, pues las tres cosas tenían un claro aspecto de ser caras.
-Bueno, tampoco iba a dejarte sin tener con qué entretenerte en las tardes de ocio, ¿o si?-ironizó aparentemente divertido-si deseas algo más, un balón, una patineta, tu solo pídelo y te lo comprare, lo que sea para mejorar tu estancia aquí-declaró el hombre al parecer buscando sonar amable.
-"Conque es eso, solo quiere comprar mi afecto con regalos caros, para que yo olvide que estoy aquí a la fuerza"-pensó el muchacho molesto, pues le parecía increíble que el padre de Iris considerara que con solo ofrecerle regalos caros se ganaría su amistad y afecto. Cuanto deseaba poder invocar a Bob para poner en su lugar a ese tipo.
-Bueno, te dejo para que cheques tus nuevas cosas-fue todo lo que dijo el hombre ante el silencio del adolescente-y por cierto, yo que tu me vestiría, te vas a resfriar si andas en pelotas todo el día-agregó divertido antes de salir del cuarto, y tras analizar las palabras del mayor Ray recordó que, efectivamente, seguía en bata de baño.
Tras vestirse con la ropa que encontró en los cajones, decidiéndose por un bóxer negro, una camiseta blanca con gorro, jeans de mezclilla, calcetas blancas y sus botas de siempre, además de su collar de siempre, Ray se dedicó a revisar las cosas que Francisco había comprado para él. La televisión era fantástica, de treinta pulgadas y pantalla plana, y la consola era la más reciente que había salido, además de que los juegos eran sin duda increíbles, algunos que él la verdad se moría por conseguir; y si la televisión y la consola eran impresionantes, la computadora fue lo que más le sorprendió, pues la revisarla vio que era uno de los modelos más recientes; Allie incluso le había propuesto a Ray pedirle a su padre que se la comprara, ya que el propio Ray sabía que el padre de su amiga lo quería como a un hijo, pero él opinaba que pedir algo así sería abusar de la amabilidad de Arthur Underhill.
Movido por la curiosidad, Ray encendió la computadora, y tras esperar a que terminara el rápido proceso de inicio de la máquina, se sorprendió al ver algunos de los programas en el escritorio, pero sintió su cara arder tras analizar algunos, que comprendió eran links para páginas para adultos, de esas que requieren paga, y tras abrir uno por curiosidad (N/A: si, ajá, dijo el autor con sarcasmo), vio que le habían programado una cuenta por un año. Eso bastó para que el ardor de su cara aumentara, al comprender que, creyendo que le hacía un favor, el padre de Iris le había suscrito a páginas para adultos. Rápidamente cerró la ventana del internet y suspiró pesadamente.
-De verdad, algo anda mal con ese hombre-dijo el muchacho por lo bajo.
Tras meditarlo, se le ocurrió una buena idea. Volvió a abrir el navegador e intentó entrar al portal virtual del Departamento de Policía de San Campion, pues sabía que si contactaba con la policía podría pedir ayuda. Bloqueado. Algo frustrado, intentó esta vez con el Departamento de Bomberos. Bloqueado. E intentó con el 911. Bloqueado.
El FBI.
La CIA.
La Guardia Nacional.
Bloqueado. Bloqueado. Bloqueado.
Frustrado, Ray se pasó la mano por la cara, pues le parecía increíble que el señor DeSoto mandara a bloquear los accesos virtuales a los servicios de emergencia, demostraba que ese tipo era de prever todo. Queriendo hacer unos últimos intentos, el medio japonés trató de entrar a distintas páginas de redes sociales, incluso a aquellas a las que no estaba siquiera inscrito, pero en todas le salió el mismo resultado: Bloqueado. Con pesar, Ray volvió a cerrar el navegador y se cubrió la cara con las manos, frustrado de que DeSoto previera su plan de llamar a los servicios de emergencia antes de que a él siquiera se le ocurriera. Finalmente, el sonido de la puerta abrirse y cerrarse le hizo saber que Iris había vuelto.
-¿Ray? ¿Dónde estás?-preguntó la muchacha.
-Estoy aquí-le gritó. Tras un par de minutos, la muchacha asomó su cabeza por la entrada, y quedó boquiabierta al ver las nuevas condiciones del cuarto.
-Ray… ¿qué es todo esto?-preguntó sorprendida.
-Tu papá mandó a acondicionarme el cuarto, según para que "me sienta en casa"-explicó el muchacho, haciendo comillas aéreas para enfatizar lo ultimo.
-Wow, mi papá se lució, casi parece que realmente te quedarás a vivir aquí-dijo la chica intentando bromear.
-¿Solo eso? De no ser por el collar, parecería que me adoptó-agregó Ray siguiendo el juego, pero se arrepintió al ver la cara culpable de la chica. Intentándola hacer sentir mejor, estiró la mano y tomó la de la chica. Esta le respondió con una sonrisa tímida.
-¿Y esa compu?-preguntó Iris más tranquila, viendo la máquina en el escritorio.
-Tú papá también la compró, intente acceder a los portales de todos los servicios de emergencia, pero los bloqueó-declaró el chico triste.
-Entiendo, al rector y los maestros de mi escuela les dijo que estoy castigada y no deben dejarme salir del plantel-explicó la chica con pesar.
-Tranquila, Iris, ya pensaremos qué hacer-declaró el chico al tiempo que la abrazaba.
Y así pasó raudo el tiempo, dos semanas para ser precisos. Dos semanas en que Francisco DeSoto trataba de ganarse a Ray, dos semanas que Ray e Iris planeaban como liberar al chico, mientras el chico para no levantar sospechas empezaba a ayudar en la casa, desde lavar la ropa hasta ayudar a cocinar, y dos semanas que el Natural se angustiaba, pues sabía que, en algún lugar de la ciudad, su familia y amigos se morían de la angustia de no tener noticias de él. Solo tenía que ser paciente y los volvería a ver…
El que sería el último fin de semana de vacaciones de Francisco antes de volver a trabajar, así como las dos semanas del supuesto castigo de la chica, los dos jóvenes esperaban con ansias que ese fin de semana terminara, pues significaría que podrían tomar de nuevo de esperar a que DeSoto estuviera en el trabajo para ir con la policía. Lo que no se esperaban era lo que les diría el padre de Iris aquella noche de domingo.
-Como ustedes recordarán, ya han pasado dos semanas desde que vivimos juntos-empezó a contar el mayor.
-¿Cómo olvidarlo?-señalaron los chicos con algo de ironía, tratando de que el veneno no se notara en sus palabras.
-Bueno muchachos, lo he estado meditando por un par de días y… creo que es hora de que lleven su relación al siguiente nivel-explicó el mayor.
-¿Qué quiere decir con eso, señor?-preguntó Ray interesado y preocupado, pues sabía que con el latino mayor cualquier cosa podría pasar.
-Creo que, es hora de que tengan su primera relación como pareja-soltó de pronto el hombre, y ambos jóvenes sintieron claramente como un balde de agua fría les caía encima…
Continuara…
Un nuevo capitulo capitulo de este fic, ya vieron que aunque loco, el padre de Iris no deja de ser listo, y no se les hará muy fácil a Ray y a Iris liberar al chico, espero que les guste y me dejen reviews, eso me motiva a escribir
