Disclaimer: Los personajes de Fairy Tail, pertenecen a Hiro Mashima, yo solo los tomo prestados para cosas como esta.
Tercer Regla:
Resbalón con una foto.
– Estoy a tu cuidado, enana Gihi – Su sonrisa se amplió, así como la de Levy.
La verdad, a la ojicafé, no le hacía ilusión fingir un compromiso con alguien como Gajeel Redfox, pero cuando recogía sus pertenencias le vino el recuerdo de aquella noche, y por alguna razón se sentía levemente culpable. Por ceder, nunca había tenido tal falta de voluntad propia, ni tampoco sido tan despreocupada, y mucho menos confiada, menos con las personas que se veían o hablaban como él; por cómo la criaron y por el mundo en el que creció, sabía que personas así, no le traerían nada bueno, o mínimamente productivo, y seguramente por eso mismo, su curiosidad y aburrimiento estaban en la punta de Eiffel, haciendo hincapié; por eso bebió, por eso no lo evitó como lo hubiera hecho en cualquier otro momento, y por eso se divirtió, se perdió, experimentó, y aprendió una lección, que duraría para toda su vida: ¡Nunca más tomar tequila con un desconocido!
Y cuando lo vio de nuevo, supo que trataba solo con un hijo rebelde, que sus razones ha de tener, pero, tenía un problema y era algo en el que ambos estaban metidos, ella lo sabía perfectamente aunque no supiera con claridad cómo terminaron en esa situación, sabía que debía y quería ayudarlo, pues, de alguna manera, bastante peculiar y única, se había disculpado y se lo había pedido de buena manera y hasta la hizo reír a pesar de sentirse molesta.
Por el lado de Gajeel, estaba pensando en una manera de hacerle una jugarreta a la mujer frente a él, en venganza por rechazar la petición en primer instancia, pero, decidió que no sería tan grave como la que había planeado en un principio, y debía de ver la manera en que también aceptara ayudarlo en vengarse de su madre, la principal causante de ese lío en el que ahora estaba metido. Y cuando volvió a pensar en todo el asunto, creyó que quizá, podría terminar siendo divertido.
Pues, había analizado a la joven desde que la volvió a ver, a pesar de ser pequeña tenía su carácter, pues se resentía con facilidad, además se les hacía bastante fácil la conversación mutua, a pesar de que todavía tenía que decidir con cuidado lo que le decía, pero, se notaba que era colaborativa y debería de añadir que inocente, pues, en el camino hacia aquella oficina, se tuvo que pensar millón chantajes, y aun así, no usó ninguno. Y había un pequeño plus, en el cual esperaba no perderse, pues, ella era bonita, demasiado bonita, y todavía creía que su cadera era la cosa más perfecta del mundo.
El carraspeo proveniente de la garganta de Levy, lo despertó de sus pensamientos y recordó que seguían tomados de las manos, la soltó inmediatamente y miró a otro lado, al igual que la peliazul.
– Entonces, luego te digo cómo haremos esto... – La volvió a mirar ella asintió y abrió los labios, parecía querer decir algo, pero al mismo tiempo no se atrevía – ¿Qué ocurre?
– Bueno... – Ladeó un poco la cabeza con una inocente y dulce sonrisa decorando su rostro, Gajeel abrió los ojos grandes, ese rostro de niña buena lo hacía querer pecar, pero, sabía sus límites con esa muchacha, a pesar de estar comprometidos, era una simple actuación, por lo que sabía, su relación no podía pasar de eso, fingir frente a los demás – Ya que tú eres el culpable, ayúdame a ordenar todo en su lugar nuevamente – Señaló las cajas con sus pertenencias.
– Esta bien – Gajeel suspiró y se acercó a las cajas – Si me encuentro algún interior tuyo, me lo quedo – Bromeó girando a ver a una Levy sonrojada que no entendió su tono burlón
– Claro que no encontrarás nada de eso – Se contrajo de hombros, sin que el color disminuyera.
– ¿Y la que cargas qué? – Se había agachado dándole la espalda y movía los brazos buscado entre las cajas.
– ¡Esas no tienen que ir a ningún lado! ¡Pervertido! – Se atrevió a acercarse para darle una colleja.
– Ya, ya, es una broma – Se rio girando un poco la cara a ella. Era suficiente venganza para él. Ella sabía que no lo decía en serio pero le pareció de mal gusto – ¿Dónde va cada cosa? – Tomó un libro en cada mano.
– Esos en la repisa alta.
Lucy suspiró desganada, arreglaba unos papeles de venta de mercadería, pero la importancia de estos le valía tanto como a Gajeel el departamento de su amiga, o como ella lo veía; al menos parecía apurado por encontrarla, y tenía la mínima esperanza de que fuera para no despedirla ¿Desde cuándo un jefe despide por un capricho estúpido?... Rebuscó en sus memorias a su antigua empresa y encontró la respuesta más rápido de lo que esperaba. Pero ya había pasado un año así que eso no la desanimó, es más agradeció el poder terminar en aquella empresa productiva, era bien pagada y se bastaba de ella misma. Recordó la manera en qué trató a su jefe, que, aunque se lo tenía merecido, seguía siendo su superior, no podía arriesgarse a perder otro empleo, quizá, debería disculparse cuando regresase. O esperar a que él lo mencionase para arreglarlo, no estaba segura de nada, así que se revolvió los cabellos irritada.
– ¿Qué haces? – Gajeel la miró extrañado, pensaba que Levy era rara después de encontrar mínimo diez libros más antiguos que el mismo Dios. Y cuando se lo dijo, se volvió a molestar y lo trató de golpear mientras el solo se burlaba de lo nerda que era, según su manera de pensar.
– Ah, Gajeel – Los cabellos rubios parecían ramas de rosal sin podar. Lucy se redimió a sus palabras después de negar y golpearse con la palma en la frente – Digo, joven Gajeel – Lo miró, mientras se arreglaba el cabello dejando las mechas en su lugar – ¿Necesita algo? – No hizo mucho caso a la anterior pregunta, de hecho ni se percató de que él le había hablado, y se regañó por no prestar la mínima atención. Pues cuando pensaba en su antigua compañía divagaba más de lo que deseaba.
Gajeel, la dejó ser e hizo una reflexión mentalmente: No preguntarle nada a Luciana (¡Lucy! – Resonó en su cabeza aquella corrección pasada –). Ah, sí, Lucy; cuando hacía cosas extrañas.
– ¿Cuáles son los horarios laborales? – Preguntó con simpleza. Lucy ladeó levemente la cabeza ¿Acaso nunca se fijaba en los de su madre?
– A pesar de privada, la empresa trabaja con los horarios gubernamentales, aunque en algunas zonas hay excepciones – Sonrió, retrocedió con su silla con rueditas, hacia unos archivadores y sacó una hoja para volver en sus pasos y entregarla a su jefe – De lunes a viernes, el trabajo es de ocho de la mañana hasta las seis de la tarde con un espacio de dos horas para el almuerzo desde la una de la tarde para lo que son las oficinas, para lo que es la fábrica... – Gajeel le pidió con la mano que parase.
– Si me vas a dar la hoja ¿Para qué la explicación? – Hizo una mueca torciendo el labio.
– Pues, creo que igualmente no la leerá, así que por eso mejor le explico – Se encogió de hombros.
– Bueno, continúa – Imitó la acción y se sentó en los asientos frente al escritorio de ella.
– Bueno... – Lucy quedó extrañada pero no comentó nada al respecto e hizo caso, le contó de los horarios extras, de los lugares que requerían atención veinticuatro horas, así como los turnos fuera de semana. Al mismo momento que concluyó, Gajeel comenzó a preguntar sobre más temas referenciados a la empresa, como los proyectos, los días libres, las restricciones, los recursos humanos; en dónde Lucy dio un planto y quedó en silencio y dubitativa unos segundos.
– ¿Qué? – Arqueó la ceja esperando a que la rubia continuase.
– Disculpe... – Lo miró curiosa – ¿Cómo sabía que Levy es la única con el apellido McGarden en toda la empresa?
– Ah... Eso... A mitad de semana tuve la mala idea de pedir su currículum a mi madre – Se encogió de hombros. Lucy no preguntó el porqué ya se lo podía suponer sola – Entonces me pareció curioso ya que lo había escuchado en otra parte.
– La imprenta McGarden, seguramente – Sonrió.
– Exactamente, y mi madre comenzó a contar la gran amistad que tiene con los dueños, que se conocieron no sé dónde, creo que me habló hasta de sus antepasados y que la enana es la única de esa familia trabajando para nosotros – Se llevó una mano al puente de la nariz con frustración de recordar todo el discurso – Pero, eso me sirvió para enterarme de que ya la había conocido de antes.
– Así que... ¿Iba mucho a esa imprenta?
– Solo cuando necesitaba materiales para el colegio y la universidad... – Se lo pensó bien, pues, también compraba cosas que ni al caso venían, como tachuelas para los asientos de sus queridos profesores – La verdad, no creo que me recuerde de entre tantos clientes que se mandaban al día, pero, tenerla de subordinada ahora, es algo – En su mente flasheó una leve imagen de una adolescente peliazul, sonriente atendiéndole en una de las cajas, tenía el cabello recogido y unas gafas de marco rojo. Sonrió levemente, luego solo recordó dónde se encontraba, carraspeó un poco y solo se quedó en silencio, pues notó que la rubia frente a él tenía las palabras atoradas en la garganta.
– Entonces jefe... – Compuso una mirada pícara – ¿Le gusta Levy?
– No sé, y tampoco te concierne – Contestó sin alarmarse, Lucy resopló – Pero, si así fuera no es como que podamos comenzar algo serio, o mínimamente duradero – Esa mirada ilusoria de aquella secretaria le decía todo lo que ella le quería preguntar, seguramente era de esas mujeres que llegan desesperadas a sus casas por ver la novela de la tarde. Gajeel se levantó y antes de ingresar a su oficina le anunció – Me voy a las doce, hoy y todos los días de semana, tengo algo que hacer, como los demás entraré a las tres – Concluyó. Lucy solo se quedó pensativa, era el jefe podía hacer lo que se le diera la gana. No tenía por qué avisarle, aunque eso la ayudaba a saber que no debía de desesperarse por su ausencia.
Al entrar a la oficina principal Gajeel se dejó caer en el pequeño mueble de cuero que estaba al lado de un librero.
Estaba matando dos pájaros de un tiro, pues no solo estaba enmendando su, quizá, error con la enana, sino que ya había conseguido la prometida que su madre le exigió y mientras hacían de pareja feliz, le llevaría uno que otro capricho a la peliazul, pero, también lo sentía como un arma de doble filo. Él no era tonto, pues sabía perfectamente que Levy le atraía físicamente, por mucho que la molestara con la altura o cualquier otra cosa, le atraía, y a pesar de lo que le contara su madre de aquella noche, nada era seguro; no sabía si podría pasar aquellos meses sin tocarla, mas si lo hacía sentiría toda la culpa del mundo sobre él. No quería remorderse la conciencia en su vida, ella le agradaba como persona, no quería lastimarla, ni hacerle algo que ella no quisiera, así que mantendría la distancia que fuera necesaria.
Se hicieron las doce del día cuando Gajeel salía del edificio de aquella empresa, el nombre "Metalicana" brillaba en plateado contrastando con las ventanas negras polarizadas, siempre pensó, que quien haya diseñado aquella fachada tenía buen gusto.
Caminó hasta el estacionamiento, subió a su auto y salió de allí, nunca le gustó aquel trabajo, así que entre menos tiempo estuviera ahí encerrado, mejor.
– Levy, Levy – La rubia entró estrepitosa a la oficina de la nominada, encontrándola tras su escritorio, su mano tenía la intención de escribir en un papel, así que supo que estaba ocupada, pero no le importó, cerró la puerta y se sentó frente a ella – ¿Qué pasó? – Sus ojos brillaban.
– ¿De? – Ladeó la cabeza dubitativa.
– Con el nuevo jefe, como nunca te vi salir, supuse que no te despidió – La peliazul comenzó a reír a carcajadas – ¿Qué?
– ¿En serio me vienes a preguntar en una hora de trabajo sobre eso? – Le preguntó con una voz dulce.
– Claro – Saltó levemente en la silla con emoción – Tú sabes que no soy fisgona, pero, si se trata de mi mejor amiga me da curiosidad, además, es como si te tuviera puesto el ojo encima – Se inclinó levemente para picarle una mejilla, Levy volvió a reír.
– No es que haya pasado algo asombroso – Dijo cuando la rubia volvió para atrás y ella se calmó – Pero, creo que igualmente te debo de contar algo importante – Suspiró con pesadez.
– ¿Acerca?
– Del mismo jefe... – Esta vez la que se inclinó sobre el escritorio fue la peliazul, y la rubia acercó su oído, para poder escuchar los susurros de su amiga, diciéndole sobre el falso compromiso. Lucy ahogó un grito con las manos – Todavía no sé si haya sido buena idea aceptar, pero creo que me merezco una compensación por hacerme rabiar tanto con solo hablar, así que aprovecharé cómo pueda.
– Sácale los vestidos más caros – Lucy asintió con decisión.
– Más bien pensaba en libros... – Levy se rascó la cabeza avergonzada.
– Muy propio de ti Levy – Ahora era ella la que reía, y su curiosidad atinó a formular una pregunta – ¿Trabajaste como cajera en la imprenta de tu familia? – A Levy pareció sorprenderle la pregunta, y es que no estaba preparada para una sobre su familia o su pasado.
– Cuando tenía 15 ayudaba bastante, después del colegio, los siguientes años, seguí ayudando pero en periodos aleatorios, hasta que me fui de casa – Contestó tranquila y sonrió levemente al ver el gesto de Lucy, ya se había arrepentido por lo que había preguntado y se puso cabizbaja – No hay problema Lu, después de todo somos amigas, pregunta lo que quieras, yo te contestaré hasta lo que desconozco.
La nominada volvió a sonreír y con un rostro serio, preguntó:
– ¿Color del bóxer del jefe?
– Me estoy peleando entre el plomo y negro, quizá los dos en uno. No, olvídalo, seguro no usa... – Contestó con el mismo semblante, las dos se quedaron mirando como que si nada por un segundo, para luego estallar en risas. Decidieron ir a almorzar juntas para poderse contar todo más detalladamente y perderse hablando de cualquier tontería.
Una vez Lucy salió de la oficina, Levy continuó con su trabajo, corrigiendo los documentos que le habían enviado, mientras reflexionaba sobre aquello que había aceptado. Gajeel Redfox... Lo había visto antes, cuando tomaba tiempos parciales en la imprenta de sus padres, unas dos o tres veces, cuando tuvo la oportunidad de atenderlo, pues era imposible olvidar a alguien con tantos aretes por todo el cuerpo, mas sabía que a ella, alguien que no destacaba por nada físicamente, no la recordaba ni aunque hiciera el mayor de los esfuerzos; tampoco tenía el valor para preguntarle sobre aquello, menos después de ese incidente ¿Por qué recién escuchaba sobre él? Sabía que la jefa tenía un hijo, y este había salido en el periódico, así como en la televisión, pero, fue algo que le contaron los empleados más antiguos, pues eso había ocurrido hace ya siete años, ella estaba lo suficiente ocupada con el ingreso a la universidad y su cambio de morada, cómo para percatarse de las noticias.
Pero le habían dicho el nombre, y aunque no había prestado la suficiente atención como para acordarse de este, estaba segura de que no había algo como Gajeel en el. ¿Se habría cambiado el nombre? Con lo excéntrico que era, no le sorprendería, pero ¿Por qué?
Se lo quería preguntar, quizá después de almuerzo se lo diría, después de todo él le dijo que regresaría a su oficina para explicar todo lo que ella no tenía claro. Pero, cuando lo pensó bien, era mucho atrevimiento de su parte, mejor esperaría un poco y si en algún momento se daba la conversación sacaría todas sus dudas.
Pero en ese momento reaccionó a la hora, ya debía de salir, seguramente Lucy la estaría esperando frente al ascensor.
Gajeel dio una ojeada a su reloj de muñeca, no acostumbraba a usarlo pero vestir de acuerdo a la ocasión era una de sus reglas de vida. Pero, el tener que salir y entrar a esas oficinas en horas establecidas le daba grima y perdía su tan preciado tiempo.
Sabía que como jefe podía hacer lo que quisiera, pero, como hijo de Belno, no era la misma situación, pues, le pidió con intensidad que no se saltara el trabajo en ese mes que ella estaría ausente.
Y ahora recostado al muro, al lado de la puerta principal de la escuela "Fairy" sabía que no tendría tiempo para cambiarse en cuanto saliera del trabajo ¡Que maldita suerte! Pues, esa elegancia no combinaba con un lugar lleno de mocosos, al menos que fuera un profesor. Además hacía un calor del infierno, tanto que tuvo que dejar el saco y la corbata en el auto, desabrocharse tres botones de la camisa, remangar la misma hasta los codos, dejando a los piercings de sus brazos brillar; y aun así gracias a su abundante y largo cabello no podía refrescarse como quería.
Eran las doce y media con un minuto, y todavía no escuchaba ni el timbre, se exasperó hasta hacer un rostro lo suficiente molesto para que los padres de familia cerca de él se alejaran mínimo cinco pasos, lo cual era un record personal, el primer día en que llegó, solo fue verlo y alejarse toda la calle y eso que estaba de buen humor.
Escuchó la molesta timbrada, y segundos después vio a una manada de mocosos en estampida, y entre todos esos, buscaba la cabellera negra, corta y bien peinada que encontró al final, acompañada por una azul alborotada y una blanca femenina. Se acercó a ellos una vez vio paso libre y se agachó cuando los tres pequeños se lo quedaron viendo.
– Ey, mocosos – Levantó el brazo en saludo.
– Gajeel ¿Qué te pasó? – Preguntó el pequeño de cabellos negros, con ojos que combinaban y con una tez similar a la del mayor. Tenía una pequeña cicatriz en un lado del ojo izquierdo.
– Ya sabes Lily, trabajo – Se señaló presuntuoso, y una risa infantil y alta se escuchó con claridad.
– ¿Gajeel con trabajo? Si querías que me riera, lo conseguiste, cinco puntos a favor – Se carcajeaba el de cabellos azules, quien gozaba de ojos verde olivo, y una tez levemente bronceada.
– Happy, cálmate – Pidió la única niña entre ellos, con ojos castaños, con cabello y piel albinos – Al menos ya viene presentable. Como debe – Recalcó con cinismo, mas el nominado siguió riendo, Lily solo miraba a Gajeel desaprobatoriamente y eso lo estaba sacando de quicio, eran niños y no podía juzgarlos por aquello, así que solo se calmó y se reincorporó.
– Vámonos Lily, hoy no tengo tiempo de nada – Hizo una seña para que lo siguiera, el pequeño obedeció después de asentir, y se despidió de sus amigos con su brazo alzado una vez llegó a la par del mayor.
– Happy, Charle, hasta mañana.
– Adiós/Hasta mañana – Fueron sus contestaciones.
– Bueno, Charle, estamos solos – La voz de Happy sonó melosa y esperanzada, Charle no evitó que una gotita de sudor frío rodara por su frente – Vayamos a comer helado.
– Ah – Ella suspiró pesadamente – Deberías de esperar a tu hermano tranquilo ¿No crees?
– Es impuntual – Se encogió de hombros, Charle negó con una pequeña sonrisa y con los brazos en jarras respondió más tranquila.
– Ya que... Vamos.
– ¡Aye, sir!
Gajeel dejó que Lily subiera al copiloto antes de él ingresar y una vez dentro lo vio acomodándose el cinturón con bastante duda.
– ¿Ahora eres de esos niños que buscan la seguridad? – El mayor le sonrió burlón, Lily no se inmutó.
– Hoy, tuvimos una charla sobre los accidentes de tráfico y el correcto manejo de los primeros auxilios – Explicó, Gajeel solo hizo vacilar su semblante entre aburrido y asertivo – Y tú nunca haces nada por evitarlos, de hecho haces todo lo contrario – Hizo una mueca descontento – ¿Cómo es que te salvas? – Gajeel sonrió soberbio.
– Experiencia mocoso – Le revolvió los cabellos – Cuando uno ama tanto a sus bebes – Palmó el volante con la misma mano – Nunca deja que nada malo le pase, y se puede divertir en el proceso, claro está – Se encogió de hombros.
– No te quiero como mi ejemplo a seguir – Negó dramático.
– Pues lo soy – Se rio por la rabieta actuada del niño – Solo tienen ¿8–9 años? No podrían hacer nada, si realmente algo como eso ocurriera frente a ustedes. Espero que al menos les haya tocado una linda profesora – Aunque Gajeel pensó en la palabra "sexy" pero la prefirió reemplazar por linda, pues era un niño con el que estaba hablando.
– Tía Juvia fue quien nos dio la charla – El niño infló los mofletes con recelo. Gajeel asintió sin sorpresa, ella siempre estaba metida en esas cosas – Además estoy seguro que seriamos más útiles que tú, Gajeel idiota – Sonrió con sorna.
– Que no se te peguen nos malos hábitos de mi madre, mocoso – Se dignó a prender el auto, pues se acordó que no tenía todo el día; y pisó el acelerador.
– Contigo es inevitable.
– Esa vieja solo te enseña a irrespetarme – Chasqueó la lengua con molestia fingida – ¿Quieres comer en la casa o fuera?
– Quiero un batido de kiwi.
– Y esto es lo que demuestra que dos más dos es kiwi – Suspiró – No te pregunté eso. Contesta como se debe.
– Tú no entiendes, solo me hacen batido de kiwi en la casa – Sonrió victorioso.
– Bien podíamos obligar en algún restaurante – Torció la boca por la extraña sensación que le daba que un niño le hiciera tal jugarreta – Pero, bien, vamos a la casa – También sonrió y prendió la radio dejando correr un Cd que tenía puesto desde ayer, con el cual los dos, cantaron a todo pulmón y movían algunas de sus extremidades al ritmo de la música, más arrebatadas y toscas de parte de Lily y más calmadas y firmes por parte de Gajeel, pues ese disco lo escuchaba casi todos los días; ya que tenía una mezcla de sus canciones favoritas, haciendo que el viaje se acortara para ambos.
Ya en la casa Redfox, comieron lo que Bisca preparó como si de un ataque se tratase, pues estaban tan hambriento que sentían sus estómagos rugir como leones enjaulados. Descansaron dejando reposar la comida y después salieron a jugar Fútbol al gran jardín, con cuidado de no darle a las preciosas rosas de Belno, que tanto adoraba y cuidaba, ya sabían el miedo que podía dar si las tocaban siquiera.
Arribaron las tres de la tarde y los trabajadores de Metalicana entraban uno tras otro a sus oficinas para continuar con sus trabajos, pero para suerte de ellos esa tarde era una en las que la parte más movida había sido la mañana así que muchos pudieron relajarse un poco, ya fuera en sus propias oficinas o saliendo de estas para platicar con alguno de sus compañeros, este fue el caso de Jet, quién entró en la oficina de Levy con un fuerte saludo haciendo que ella despegara su vista del libro que había comprado hace poco alertada, pues un momento pensó que se podría tratar de Gajeel pero cuando vio la melena naranja sonrió dejando el libro en el escritorio y prestando atención a su amigo.
– ¡Hey Levy! – En cuanto puso un pie en la oficina levantó el brazo y sonrió abiertamente.
– Hola Jet – Contestó suave. Estaba acostumbrada a que cualquiera de ellos, Jet, Droy o Lucy, entraran a su oficina, de vez en cuando la señora Belno también lo hacía por algún asunto de trabajo.
– ¿Te sirvieron las cajas que te presté? – Preguntó tomando asiento frente a ella.
– ¡Oh! Claro… – Su tono bajó levemente, pues recordó que al final no las utilizó y se olvidó de regresarlas, pero no quería decirle la razón por la cual se las pidió así que decidió que en la tarde se las llevaría a la casa, de algo le servirían.
Notó que Jet se comenzó a poner nervioso, hasta el grado de poner una mano tras la nuca, ella lo miró de manera sospechosa y cuando le iba a preguntar, él le ganó la palabra.
– ¿Estás libre mañana por la noche? – Le sonrió. Levy después de recordar su agenda mentalmente asintió.
– Como es sábado, aprovecho para leer libros.
– ¿Crees que te incomodaría ir a cenar? – Jet se levantó torpemente y con la respiración agitada, sus mejillas comenzaron a colorearse de un rojo imperceptible para Levy. Quien con una sonrisa asintió.
– ¿Cómo me va a incomodar salir con ustedes? Claro.
– ¿Ustedes? – Jet enarcó una ceja dudoso y comenzó a sudar frío, ella no había comprendido su invitación.
– Droy y tú ¿No? – Ella ladeó la cabeza y el pelinaranja negó rápidamente.
– Me refiero solos – Se señaló a él y luego a Levy tembloroso.
– Ah… – Ella se sorprendió, pero Jet se fijó en el semblante inseguro de su amiga.
– S-si no puedes…
– Sí puedo – Contestó mirándolo a la cara y sonriendo levemente, salir con él de vez en cuando no le haría mal.
– ¿En serio? – Él sonrió más de lo que quería, pues se notó su clara emoción. Levy volvió a asentir y él internamente celebró con un salto y un "¡Yes!" Que salieron a la vista por inercia. Levy no evitó reír bajo, Jet se percató y sonrió, siempre le gustaba ver reír a Levy, era cuando se veía más bonita y radiante, y especialmente le gustaba cuando se carcajeaba a todo pulmón sin importarle nada, y era como su pequeña risa había evolucionado en ese momento.
– No creí que te fueras a emocionar tanto – Se limpió una pequeña lágrima por culpa de la risa. Él al sentir su mirada encima se sonrojó y se quedó tieso.
– B-Bueno… Entonces te voy a recoger mañana a las siete ¿Te parece? – A cada sílaba la tensión que sentía fue disminuyendo. Levy asintió una vez más sin quitar la sonrisa, y entonces escuchar la puerta abrirse la hizo salir de esa conversación y percatarse en quién había ingresado esta vez. Su sonrisa se borró y quedó una pequeña "o" si Gajeel veía a Jet un segundo más ahí seguramente se quejaría de porqué no estaba trabajando, pues la mueca desaprobatoria de su cara se lo decía.
– Ey… –
– Jet… Ya debes de irte a trabajar – Volvió a mirar a su amigo. A pesar de que escuchó claramente la voz de Gajeel decidió que primeramente debía de salvar a Jet. Él levantó la ceja sin comprender, pues cuando giró a ver quién había entrado, no lo reconocía, y no le parecía nadie tan importante como para que Levy se pusiera tan tensa – Gracias por traerme los documentos que te pedí – Se levantó y se acercó a Jet encaminándolo a la puerta, lo dejó en la entrada y esperó a que se fuera, y lo regañó mentalmente cuando mencionó nuevamente lo de la cena cerca de Gajeel quién se quedó dentro de la oficina recostado a la pared.
– Claro, Hasta luego – Simplemente sonrió y entró a su oficina dando un gran suspiro después de cerrar la puerta. Gajeel se había acercado a su escritorio, parecía estar buscando algo.
– ¿Qué ocurre?
– Busco los documentos que mencionaste que te trajo – No se molestó en mirarla y mejor para ella pues su rostro se escandalizó.
– Ya los guardé en los archivadores – Se dio unas pequeñas palmaditas en las mejillas para recobrar su expresión natural y regresó a su escritorio para sentarse tras este y encontrarse con el rostro de un Gajeel nada convencido de lo que dijo.
– ¿Sabes? – Levy rogó para sí que no mencionara nada acerca de aquello, pero la suerte con ese hombre nunca estaba a su favor – A pesar de verme así, soy alguien que sabe trabajar y que le gusta que los demás sean igual – Su palma golpeó levemente el escritorio de la peliazul quién no se creía lo que estaba escuchando ¿Qué con los papeles de la mañana? ¿Y el hecho de que se había largado una hora antes de que el trabajo terminara? Pues Lucy le contó y le pareció normal viniendo de alguien como él, pero que ahora le quisiera reclamar porque Jet había ido a su oficina a conversar, se le hacía estúpido, tal y como idealizaba a ese hombre frente a ella.
– Los documentos de esta mañana no me dicen lo mismo… Señor Redfox – Hizo una mueca de disgusto rodando los ojos y cruzó los brazos al igual que las piernas, el resoplido que esbozó hizo saber a Gajeel que realmente no estaba de acuerdo con él. Pero su mirada estaba centrada en sus piernas, pues ella no se percató de lo lejos que estaba del mueble ¿Había la necesidad de que las cruzara? ¿Estaba intentando seducirlo para salvar a ese hombre? Pues… Estaba funcionando.
– Esos papeles eran solamente para ver el grado de confianza que puedo poner en ti y tú trabajo – Sonrió arrogante, colocando también la otra mano en el escritorio e inclinándose levemente hacia al frente.
– ¿Es así? – Su postura se normalizó así como sus piernas regresaron a su posición original y buscó en la casilla del mueble. Y puso frente a él una resma de papeles. Gajeel los miró y una venita de molestia apareció en su frente.
– Entonces, por favor, haga las correcciones que le he indicado en cada documento.
– ¿Después de todo el trabajo que me costó hacerlas así? Que cruel… – Intentó no sonar mosqueado, pero fue algo perceptible hasta para Levy quien se sintió complacida con la reacción.
– Le llevará menos tiempo corregirlas – Asintió con una sonrisa – Y ¿Podría tenerlos listos para el lunes? Los necesito lo más pronto posible, pues como sabrá todas esas razones sociales quieren una respuesta sobre la venta.
– Bien – Ahora no evitó que su irritación saliera a flote – Estarán listas a primer hora de la mañana, con las que faltan – Sonrió de la misma manera que cuando le tocaba esperar más de cinco minutos a la campanada de la escuela "Fairy" Pero Levy no se asustó, lo encaró, le habían enseñado que en algún trabajo se toparía con superiores aterradores, así que se preparó por si alguna vez ocurría y ese momento había llegado, con aquel hombre de larga cabellera, que la doblaba en altura y con obsesión por las perforaciones.
– Entonces las esperaré – Se recostó a la silla dando por cerrado aquel tema, y esperando que Gajeel se olvidara de la razón por la que había comenzado aquella discusión.
Gajeel se sentó y centró su mirada en la pequeña mujer frente a él, si existía el termino sofocar con la mirada, pues eso era lo que estaba haciendo el pelinegro en aquel momento, a Levy los segundos se le hicieron eternos esperando por alguna palabra de ese hombre que solo se mantenía callado y molesto por lo ocurrido antes.
– Ya le dije a mi madre sobre nuestro "compromiso" – Se dignó a decir una vez se centró en lo que realmente había ido a hacer. Levy tragó saliva, le daba vergüenza que la líder de "Metalicana" se enterara de aquello, pero al escucharlo decir aquello fue peor de lo que esperaba, sintió su cara arder, tanto que esperaba que no fuera ácido lo que realmente estaba sintiendo. Gajeel se percató y rio internamente, era bastante simple cuando trataba de asuntos como ese, pues parecía tomárselo muy en serio – No es la gran cosa, ella está contenta, y debo de mantenerla así – Sacó su celular y comenzó a buscar en sus aplicaciones – Ahora… Levántate y ve allá – Levy sin comprender y sin pensárselo mucho obedeció – Ahora gírate, bien, alcanza la punta de tus pies sin doblar las piernas – Levy escuchó el sonido de una cámara y se alarmó irguiéndose y mirando a Gajeel – ¿Qué?
– ¿P-Para qué me hiciste hacer eso? – Se acercó a él tartamudeando.
– Bueno… – Se rozó la cabeza con el celular – La anciana me pidió que mandara una foto tuya y pues… No tenía ninguna…
– ¡MÍA! ¡No de mi retaguardia! – Lo señaló de manera acusadora.
– Pero quedó bonita, mira – Desinteresado, le mostró la pantalla – Te van bien las faldas apretadas.
– ¡KYA! – Gritó al mismo tiempo que su rostro encendía nuevamente, e ignoró el halago – ¡Borra eso! ¡No lo mandes! – Pidió a borde de un colapso.
– Pero quería que mi madre te conociera en tu totalidad.
– Esa no es mi totalidad, tampoco.
– Bien, bien – Chasqueó la lengua volvió la pantalla hacia él e hizo como que la borraba, pues solo la movió de carpeta – Ya está – Le volvió a mostrar la pantalla.
– Bien… – Ella se pudo relajar –Me quedaré ahí – Señaló la pared – Luego solo tomas la foto… ¡De mi cara! – Recalcó y fue al lugar indicado, Gajeel tomó la foto y una vez estuvo sus labios se torcieron – ¿S-salgo mal? – Preguntó dudosa – Sino para que tomes otra… o yo te paso una de las que yo misma me he tomado… – Comenzó a lanzar frases sobre las fotos y sobre que casi nunca salía mal en ellas. Realmente se le había hecho extraña la reacción de Gajeel, así que hizo que se consternara más de lo que debía.
– No es eso – Negó – Saliste bien – Demasiado bien, para su gusto, es que hasta en las fotos ella salía favorecida –Pero no me convence mandársela a la anciana.
– ¿Por?
– mmm… - Volvió a hacer la fea mueca anterior e hizo un ademán a Levy para que se acercara.
– ¿Dime? – No supo cómo reaccionar cuando Gajeel la haló hacia él y la sentó en sus piernas, solo supo que de un momento a otro estaban demasiado cerca como para mantener su mente tranquila. Ni siquiera lo podía mirar.
– Sonríe – Le pidió cuando puso el celular frente a ellos, observó claramente como se veían pues estaba activada la cámara del frente, lo que la hizo poner más nerviosa y mirarlo la cara para pedirle que cambiaran de posición, pero a Gajeel también se le había ocurrido mirarla en ese momento, haciendo que sus rostros quedaran muy cerca del otro.
Levy quería que la tierra de la tragara pues más roja no se podía poner, a Gajeel también se le habían sonrosado las mejillas, mas él disfrutaba los colores que le lograba sacar a esa chica, pero, se regañaba mentalmente después cuando recordaba que lo de ellos no era real y nunca lo sería.
– Ah… ah… – Levy intentaba articular palabra, nunca había sentido su respiración tan pesada como en aquel momento y además sentía la de él, era agradable y pausada, y pudo tomar una mejor vista de sus ojos rojos, eran dominantes y decididos y tan rojos que la hipnotizaban a tal punto de dejarla gagueando.
Gajeel, al escucharla desvió su mirada a los pequeños y rojos labios de la chica, los quería probar, pero se contenía por miedo a que ella volviera a rechazar lo del falso compromiso ¿Era posible siquiera estar cerca de una mujer así y controlarse? Pues lo que él estaba haciendo era un esfuerzo sobre humano, pues no solo debía de controlarse él, sino también su amigo, si comenzaba a tener pensamientos más allá de la hermosa inocencia. Lo mejor que podía hacer era pensar en gatos ¿La enana con un disfraz de gato? Le encantaría verlo. ¡No! Debía de pensar otra cosa o iría al infierno.
– Solo mira a la cámara y sonríe, así mi madre se convencerá – Desvió el rostro nuevamente al celular, Levy lo hizo también cuando reaccionó de su trance.
– B-Bueno… – Sonrió lo mejor que puso, y cuando vio que Gajeel sacó la lengua para tomar la foto la mirada se le oscureció – No hagas eso – Le regañó.
– ¿Por qué no? Se ve genial – Acercó el celular para ver mejor la foto.
– No se ve genial, te ves como un retrasado mental – Enarcó la ceja.
– ¿Cómo? – Se molestó.
– Eso – Le quitó el celular y lo volvió a poner un poco sobre ellos, rodeó el cuello de Gajeel con su brazo y dejando un pequeño espacio entre los dos, dijo: Sonríe.
Él lo hizo como pudo, cuando salió de su trance y ella tomó la foto.
– ¿Ves? Esta está mejor – Lo soltó regresándole el celular – Hasta te ves tierno – Sonrió. Gajeel hizo una mueca de asco, nadie en la vida le había dicho "Tierno" Ni su madre, o no que él recuerde – Esa si se la puedes mandar – Se levantó de las piernas de Gajeel y recordó la posición en la que estaban, lo que ella había hecho y que en la foto se veía en su totalidad – Eh… – Miró de un lado a otro – Recuerdo… que me dijiste que me explicarías más el asunto este… – Se llevó la mano a la nuca. Gajeel regresó al mundo cuando le dijo aquello y comenzó a andar en el teléfono mientras le contestaba.
– Sí, te lo explicaré en cuanto mande la foto… – Una vez mandada, Levy ya estaba frente a Gajeel de su lado del escritorio. Él comenzó con la historia desde aquella vergonzosa noche hasta el contrato, Levy solo escuchaba atenta y preguntaba lo que necesitaba saber, además Gajeel mismo le dijo que por ese tiempo si ella quería le compraría lo que necesitara y entonces se le encendieron los ojos, pero luego se entristeció porque no quería abusar de la buena voluntad de nadie.
Al final intercambiaron números de teléfono y Gajeel le mandó la misma foto que mandó a Belno y como extra para una broma le mandó la que le tomó primero haciéndola estallar.
– ¿¡No que la habías borrado!? – Lo miró molesta y avergonzada.
– Mentí – Se encogió de hombros.
– Bórrala, no la necesitas para nada – Chilló.
– Sí la necesito.
– ¿¡Para qué!?
– Eso no te lo voy a decir – Negó tratando de no burlarse de la inocencia de aquella muchacha, de hecho, no estaba seguro de si burlarse de ella o llorar por él; porque no sabía cómo se levantaría de ese asiento, que Levy lo abrazara no fue la mejor idea y había agradecido a lo alto que no se diera cuenta.
En algún momento ella debía de levantarse y salir de esa oficina, él lo sabía.
– Que día tan largo – Gajeel dejó el saco en el primer mueble que vio de la sala y se sentó ahí mismo echando la cabeza hacia atrás. La enana, no solo no salió de esa oficina sino que lo mandó a la de él a la fuerza ocasionando que él tuviera que utilizar su saco como si fuera un camarero para esconder su comprometedora necesidad, y con la mano libre tomó los papeles para corregir bajo el hombro. Al menos no había nadie por el pasillo y Lucy estaba pegada en el computador redactando algo que a él en ese momento no le importaba. Lo que importaba era entrar al baño y después salir a avanzar aquellas correcciones lo más rápido que pudiera.
– Ah, Gajeel, regresaste – Lily ingresó a la sala desde el comedor comiendo un kiwi.
– Al menos dime bienvenido, o algo por el estilo – Pidió. El niño se sentó a su lado.
– ¿Para qué? No vale la pena.
– Olvídalo – Suspiró, sabía que el pequeño si lo consideraba, pero mostraba indiferencia de vez en cuando, en este caso, seguramente había ocurrido algo que no le había agradado.
– La abuela me regañó por el teléfono –Contó sin más.
– ¿Qué hiciste?
– Le dije que no fui al curso de piano ya que estaba cansado por jugar.
– Ah… No le hagas caso – Hizo un ademán – Siempre es así, al final le importa más lo que tú quieras.
– Pero fue bastante incómodo y largo.
– Sabes que la anciana se inspira cuando de regañar se trata – Se rio de solo recordar todo lo que a él lo reñían por las estupideces que llegaba a hacer.
– Bueno, es verdad, simplemente se preocupa – Sonrió y dio otra mordida al kiwi.
– ¿Cuándo aprenderá a comerlo sin cáscara?
–Así es más delicioso – Asintió.
– Gajeel, bienvenido – Escuchó una voz femenina que lo hizo mirar hacia atrás.
– Ah, Juvia. Hola – Volvió la vista al frente después de levantar el brazo en forma de saludo.
– ¿Cómo te fue? – Se acercó y se sentó en el mueble individual.
– Supongo que bien…
– ¿Aceptó? – Sus ojos se iluminaron – Juvia quiere saber.
– Sí… Pero no sé si soportará mucho con esto, espero que al menos lo suficiente hasta que la anciana esté satisfecha – Se apretó levemente el puente de la nariz para relajar sus pensamientos.
– Juvia sabe que se podrá, después de todo, es la prometida que has escogido de la que hablamos ¿No? – Sonrió ampliamente el niño en ese momento los miró con los ojos hechos platos ¿Prometida?
– Escogida por la bruja, no te olvides – Le corrigió.
– Con más razón – Rio bajo.
– Gajeel – Los mayores miraron a Lily – ¿Qué prometida? Se supone que tú te vas a casar con Juvia – Su semblante se arrugó en preocupación, los mayores se miraron entre sí, Gajeel suspiró con cansancio y Juvia simplemente sonrió con ternura hacia el niño. Ellos lo sabían, que estaban comprometidos, y que quizás, nada cambiaría aquello.
Pensamientos de la Autora: "Quizá debería de hacer tarea, pero, no quiero" (?
Me van a disculpar la tardanza, tuve una semana bastante movida, y será lo mismo con esta así que no aseguro nuevo capítulo tan pronto, Gomen u.u
Pero prometo que los próximos serán mejores que este, que sí está medio aburridón, yo lo sé xD
Pero lo compensé con un pequeño momento Gale, una incógnita resuelta y más por averiguar :D
Y decir que pienso concluir este fic, no importa qué, será largo, ya me hice una imagen mental de que rebasará los capítulos que tenía pensados en un principio.
Y si se preguntan… Pues… Es que… Me gusta ir desarrollando la relación en cuestiones amororsas, familiares, amistades etc, de a poco, si me entienden… por eso no se siente mucho amor en el aire todavía.
En fin, Gracias por leer y por los reviews que me animan a seguir escribiendo, también a los favoritos y follows que me dicen que hay gente ahí ;w;
Y nos leemos luego ^^
