Segundo capitulo:
Se quedó con las aletas de la nariz abiertas aspirando el aroma amargo y caliente, se movio con movimientos demaciado suaves para ser humana y demaciado brutos para ser vampiro, bajó hasta estar a varios centimetros de su libro cuando una mano morena, grande y algo musculosa lo levantó del suelo.
Un tanto sorprendida subió los ojos para encontrarse de lleno con aquel nefasto olor. El propietario era un chico de unos dieciseis años, alto, con la piel rojisa tirando a marrón, ojos grandes marrón oscuro, pelo negro más o menos corto- se podía peinar- y una enorme sonrisa.
- Eres demaciado bruta para ser una chica...-se burló este mientras le entregaba el libro.- Jacob Black- se presentó ofreciéndole la mano sin esperar que ella pudiera reprochar.
- Y tu un entrometido – le quitó el libro y giró sobre sus pies para apartarse de aquel pésimo olor y volver su laboriosa tarea.
Escuchó la risa estrepisota del joven e intentó no prestar atención. Se dejó caer en la silla y volvió a ver sus benditas equis y ies, pero cuanto más las veía menos se entendía. Nuevamente sintió el impulso loco de volver a lanzar el libro. Estaba apunto de verlo cuando vió al joven y desecho la idea. No quería que este le volviera a dar el libro.
Intentó poner toda su atención a los números pero aún el olor le quemaba por la nariz, sentía que se volvía loca y tenía unas ganas tremendas de sacar el ambientador de su mochila y disparar por toda la cafetería, pero sabía que por mucho que lo hiciera el olor seguiría ahí.
Derrotara por la presistencía del muchacho le miró con una forzada sonrisa.
- Reneesme Cullen – repitió su nombre.- ¡No permito que digas nada de el!- agregó al ver el gesto del chico ante su extraño nombre.
- Yo...
- ¡Chis!- le calló y volvió a mirar a su libro.- Muchas gracias por recogerme el libro.
De reojó vió como Jacob se alejaba de dónde estaba ella, suspiró tranquila y se concentró en el problema. Sujetó el lápiz con fuerza y centró toda su atención en la bendita equis que no le desaparecía.
- Tienes que quitar primero el ocho y luego podrás terminar la ecuación- murmuró una voz graciosa a su espalda.
No tenía que ser muy inteligente para saber quien era. Mantuvo la calma aspiró aire por la boca sabiendo que así no olería nada y le miró.
- Nadie te pidió ayuda...- le reprocho.
- Lo sé.
Sin más se alejó y la dejó sola con su problema.
Cuando este no se veía por los alrededores le hizo caso y vió como los números se iban quitando uno por uno y tenía el problema resuleto. Así siguió hasta terminar todos, uno por uno.
Su reloj ya ponían las ocho pasadas, suspiró y salió del instituto. Se cerró la chaqueta hasta taparle totalmente el cuello y se sumergio entre las gélidas gotas de agua que atestaban el aire. Corrió hasta hasta su citroen. No tenía intención de mirar a ningún lugar pero el olor le volvió a llamar la atención, estaba apunto de protestar cuando observó que Jacob no iba solo, a su lado una mujer de piel cobriza, pelo largo y brillante al lado de esta un chico un poco más bajo que Jacob y practicamente semejante al susodicho con la única diferencia que tenía el pelo color arena.
Los tres saludaban a Jacob con demaciado énfacis y cada uno de ellos desprendía ese fuerte olor que hacía que Reneesme se pusiera histérica.
Jadeando abrió la puerta de su coche y se dispuso a entrar cuando la voz osca del chico le llamó...
- ¿Pudiste resolver el problema?- se burló este mientras se apoyaba en el morró del coche de ella.
- ¿¡Y a ti que te importa!?- explotó histérica.
Se adentró al coche y cerró la puerta con fuerza. Hizó chillar el motór cuando arrancó. Ya de último momento se acordó que Jacob se había apoyado del morró del coche, giro la cabeza asustada para ver si aún estaba vivo, y para su asombró el la mirara desde lejos con una enorme y gran sonrisa. El estómago se le revolvió.
Al llegar a su hogar estaba demaciado molesta para prestar algo de atención a toda su familia reunida en el hald. Subió las escaleras y se escondió en su cuarto. Lanzó la mochila al suelo y comenzó a patear todo hasta quedarse satisfecha y totalmente ridícula. Con un poco más de calma bajó saludó a cada pariente y se proponía a volver a su guarida cuando Alice le llamó un tanto turbada.
Las dos se reunieron en el salón y se quedaron mirándo durante un largo rato. Ella sabía que estaba intentando concentrarse para prevenir su futuro, pero aquello le pareció tan ridículo que no se contuvo.
- Mañana a lo mejor me caigo por las escaleras y ruedo o me regañan porque la bendita ecuación esta mal...- recordó la gran sonrisa de Jacob y nuevamente se le revolvió el estómago.- Oye...
- hmmm...-dijo sin mucha importancia aún con los ojos cerrados.
- Hoy olí algo muy extraño...
Alice saltó del asientó y abrió nuevamente los ojos y en ellos vió algo que le preocupó totalmente.
- Sea quien sea alejate de él...
Resonó la voz de Edward en el marcó de la puerta. Tenía los ojos fijos en ella. Suspiró y se arrepintió de haber dejado florecer sus sentimientos delante de ellos.
Asintió a la orden de su padre y volvió a su habitación, algo le decía que por mucho que prometiera hacerle caso no lo haría.
