¿ES EL DESTINO?

Capítulo 2: Falsa tranquilidad

"¿Cuántas despedidas es capaz de soportar el corazón humano? Creo que yo rompo con lo establecido, desde siempre he presenciado como pasan y se van personas de mi vida, mi madre, mi padre, mis amigos, siempre fui una persona solitaria.

Sin embargo, un ángel divino y pecoso vino a cambiar todo con una sola mirada, aún puedo ver aquel instante con solo cerrar los ojos: Parada entre la bruma del océano, bellamente vestida y con un mohín divertido al escucharme llamarla "pecosa". Era la criatura más hermosa que mis ojos hayan visto, en un principio la creí una ilusión, pero no, ella era lo más real que he encontrado en mi vida, no encontramos nuevamente en el San Pablo, tenía que llamar sus atención y lo hice de la única forma que conocía, portándome como insolente, poniendo una barrera indestructible que con su sola mirada esmeralda destruía en segundos.

Poco a poco nos fuimos conociendo, se convirtió en mi vida, pensaba en ella día y noche y anhelada los momentos a su lado... momentos que no cambiaría por nada. Me separé de ella para salvarla de las habladurías, pero con la firme intención de volver y hacerla mi esposa, era muy joven para condenarla a una vida de miserias y carencias, fui un tonto al subestimarla, y ese fue un error que pagué muy caro, y ahora lo sé porque ella también forjo su propio camino desde abajo. Vinieron algunos encuentros fugaces, pero muy significativos, en el primero hincamos nuestra relación a través de largas cartas, la invité a la puesta en escena de "Romeo y Julieta", pero el destino no estaba de mi lado y tuve que despedirme de ella, no le dije nada porque quería que se quedará a verme, pensé que con su presencia la respuesta me llegaría de inmediato, pero no fue el caso y las circunstancias nos arrastraron a la separación, ella tomó la decisión por ambos y yo me hundí en una profunda tristeza.

Desde el día en que nos dijimos adiós para mí se acabo la vida, traté de convencerme a mí mismo que pronto amaría a Susana, que me casaría con ella y la cuidaría, pero de pronto las exigencias de mi prometida se hicieron cada vez más grandes, no sólo me quería a mí, quería mi amor y eso... eso era algo que nunca pude darle. Así que lentamente, me fui consumiendo en los vicios del alcohol y el cigarro"

No somos tan diferentes Terry – dijo Sheree y Leandro la sorprendió.

¿De qué hablas?... ¿O con quién? – preguntó divertido.

Cuando tenía 17 años comencé a fumar y a beber de forma incontrolable – dijo simplemente mientras emitía un suspiro y se metía al baño. Leandro la observo no podía imaginársela envuelta en esos vicios, en el año que tenía de relación, jamás la vio tomar una sola copa, ni siquiera para brindar y no soportaba el olor del cigarro, ¿quién era realmente Sheree Frederich? Leandro tomó el diario y leyó la página que estaba abierta.

"Mi vida cayó en un abismo sin fondo hacía la perdición, huí de todo, del teatro, de mi madre y, por supuesto, de Susana. No quería recordar y la única manera era tomar y tomar hasta que caía desmayado, anhelé la muerte y creo que sino hubiera sido por un encuentro con mi amigo Albert, mi deseo se hubiese hecho realidad. Él me abrió los ojos, incluso me enseño que ella había seguido adelante y que yo debía hacer lo mismo, enfrentándome al futuro.

Decidí seguir su ejemplo, abandoné los vicios y las calles, con muchos esfuerzos recupere mi nombre en Broadway y en poco tiempo me casé con Susana, en un matrimonio feliz para los demás, pero dentro, cuando no había cámaras, era frialdad total, camas separadas y reproches sin sentido. Ningún esfuerzo valía para ella, y así, en ese momento me di cuenta que la culpa que seguramente hubiera sentido si me quedaba con Candy era mil veces menor que el infierno de vivir con ese demonio que pedía lo que no podía darle porque era algo que ya no me pertenecía: Mi corazón. Aunque no todo era tan malo, algunas veces ella me apoyaba cuando necesitaba ensayar, platicábamos de algunas cosas sin tocar temas peligrosos, sin embargo, no duró, ella era una mujer hermosa y con necesidades que yo no podía satisfacer, un día como cualquier otro vi un abrigo que no era mío y con calma subí las escaleras hasta la habitación de mi esposa... lo que vi, cambio mi vida... una vez más. ¿Qué pecado cometí para que la vida se ensañé así conmigo?"

Sheree regreso y le arrebato el diario, lo beso apasionadamente y él la tomo en brazos para dirigirse a la recamara, algunas horas después, cuando Leandro dormía placidamente regreso al balcón y continuó su lectura.

"No hice nada, en silencio cerré la habitación escuchando los gritos de ella.

¡Terry, no es lo que parece! – pero no me detuve.

Y como en toda mi vida, cuando tenía problemas trataba de despejarme con una larga caminata por la cuidad, era tarde y la frescura de las horas anunciaban la culminación del día... y de mi vida a lado de Susana.

A cada paso que daba me reprochaba no haber corrido bajo la nieve, sin mirar atrás, pero el tiempo no regresa y debemos vivir con nuestras decisiones, por muy equivocadas que estas sean.

Dejé la casa y todos mis pertenencias, de cualquier forma lo único que valía para mí eran los recuerdos de ella y esos, estaban resguardados en mi apartamento. Con la firme intención de hacer las pases con mi padre regresé a Londres después de tantos años.

En un acto desesperado le escribí una carta rogando por su amistad, pero la misiva me fue devuelta con una nota de mi amigo, quien resulto ser su padre adoptivo.

"Ella esta en Londres" eso decía y sin necesitar más busque en todos lo hoteles, como ella lo hiciera una vez.

Una nueva separación y de nuevo, la letra de Candy hizo su aparición en el diario.

"Habían pasado solo un par de días de mi estancia en Londres cuando, el gerente de hotel, me dijo que un caballero me esperaba en la sala de la recepción, que era el hijo de un duque. Comprendí que debía cerrar esa parte de mi vida.

Durante horas hablamos de nuestras vidas, omitiendo aquella noche y esos pequeños detalles que nos lastimarían, me pidió mi amistad, me platico sobre su inminente divorcio y en ese momento supe que nunca podríamos ser amigos, no cuando entre nosotros aún latía el amor. Y de pronto lo miré con profunda tristeza.

¿Qué pasa, pecas? – preguntó preocupado y rozando mi mejilla.

Me voy a casar..."

Ahora era el turno de Terry, era extraño ese diario, qué pasaba, se preguntaba una y otra vez Sheree

"Durante horas hablamos hasta que ella me dijo lo que le preocupaba.

Me voy a casar... – dijo con lágrimas en los ojos, comprendí en ese momento que ella deseaba una familia, una que yo no le podía dar, el tiempo no se detiene y yo tontamente pensé que ella me esperaría para siempre, pero Candy tomo la decisión que creyó correcta y de tajo terminó con la esperanza de un futuro juntos.

La amargura, una constante en mi vida, estuvo a punto de hundirme nuevamente, me despedí de ella deseándole lo mejor y dándole un suave beso en los labios que esta vez no rechazó.

Una leve llovizna comenzó y sin importarme nada camine despacio, ya no podía haber variantes en mi vida, lo creado, creado está y desaparecerlo el pasado en como predecir el futuro, eso es imposible. Ni siquiera las pisadas que oí a mis espaldas me sacaron de mi trance, solo recuerdo que de reojo me percate que había tres hombres que me seguían con malas intenciones. La persecución no duro mucho y después de un par de cuadras sentí como un aguijón en mi costilla derecha y un fuerte golpe en la nuca que me dejo inconsciente por algunos días..."

Candy, de nuevo.

"Me deprimí mucho después de esa visita y sin querer preocupar a mi familia, corrí a los brazos de mi prometido, Oren Durovck.

Algunos meses después de la confesión de Albert, ambos emprendimos un viaje por África, en una clínica conocí a Oren, durante una epidemia él se arriesgo a cuidar de los enfermos y yo, siendo fiel a mí, lo asistí. Albert regresó algunas semanas después y Oren demostró ser una buen amigo, con el tiempo y el trato le tome mucho cariño a Oren, no sé en qué momento comencé a verlo con otros ojos, él se sentía atraído por mí y un día, de la nada, me pidió que nos casáramos. A pesar de el cariño, tenía miedo y le pedí un poco de tiempo, al hablarlo con Albert me di cuenta que Terry solo era un fantasma en mi vida, un fantasma que ya tenía su vida hecha a lado de Susana, y que debía dejar el pasado atrás para comenzar una nueva vida. Cuando me comprometí con Oren, la noticia de la separación de Terry y Susana me llego como balde de agua fría, con la firme intención de formar una familia, me dije a mí misma que no lo buscaría, Oren y yo regresamos a Chicago y la tía abuela aceptó de inmediato a Oren, organizándonos una gran recepción para el compromiso, así que junto a Annie, Patty y la tía Elroy partimos a Londres para comprar el vestido.

Terry llegó en el momento más significativo de mi vida, junto a Oren tendría una nueva vida, con lágrimas en los ojos y el corazón roto le dije que me casaría, él comprendió de inmediato que todo había terminado entre nosotros, y tal vez, esa fue la peor separación de ambos."

El diario de Candy y Terry estaba cargado de dolor , el dolor de muchas separaciones y de un amor inconcluso.

"El día de mi boda pensé que Terry llegaría para raptarme, pero no, él no apareció y tampoco Oren, quien huyo con gran parte de mi herencia, caminé con la frente muy en alto hasta la salida, en cada paso se presentaban cada una de las separaciones, una y otra vez, todo el dolor y la amargura y comprendí que mi amor estaba destinado al eterno fracaso.

Regresé a la mansión Andley e hice mi maleta con la firme intención de marcharme y dejar todo y a todos atrás, sin derramar una sola lágrima, me despedí de Albert quien me dijo que podía descansar en Escocia, haciéndome cargo del viñedo que habíamos adquirido él y yo hacía un par de años.

El viñedo se localizaba en Glasgow en la región de Strathclyde, en el oeste de Escocia y a orillas del río Clyde, partí para continuar mi vida como Lady Andley, porque la adolescente Candice White ya no tenía cabida para mi nueva vida"

Continuará...