Disclamer: House, M.D. y todas sus situaciones y personajes son propiedad de David Shore. Hago yesto por propia voluntad y sin fines de lucro.

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Advertencia: Los capítulos acontinuación, pueden contener spoilers de la serie House, M. D.

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Behind blue eyes

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Aunque Wilson se negó, puso en marcha su sucio y retorcido plan para conseguir información de la desdichada noche de parranda y sexo de su mejor amigo que no recordaba. ¿Para qué? Pues no para sentirse mejor consigo mismo, desde luego, pero sí para saber qué ocurrió aquel día y cómo ocurrió. Si había algo en este mundo que podía socavar su tranquilidad más que la culpa era permanecer en tinieblas respecto a cualquier hecho. Necesitaba saber (otra vez esa maldita palabra), porque solo de ese modo sentía tener el control.

James Wilson vestía uno de sus típicos trajes elegantes de oficina, pues horas antes estuvo en consulta, antes de que House le encargara una terrible misión. Tenía bigotes y barba postizos, para no ser reconocido por el hotelero que los echó bruscamente el otro día y, no dudaba, volvería a hacerlo si lo reconociese. Llevaba del brazo a una mujer que proyectaba indecencia en cada poro de su piel y en sus ropas cortas, por supuesto, amiga de House y cómplice de sus planes.

Pidieron una habitación, no fue difícil una vez que el hotelero se creyera el disfraz, no sin mirarlo con detenimiento muchas veces. Al ingresar al pasillo, Wilson dejó la farsa para iniciar la misión y le pidió a su acompañante que lo llevara al cuarto de las cámaras de seguridad; la mujer, sin mayor ceremonia, lo condujo con la rapidez de quien conoce un lugar como la palma de su mano. Al llegar, encontraron dos guardias sentados frente a varias pantallas. Haciendo uso de sus encantos, alejó a los hombres, momento que fue aprovechado por el oncólogo para revisar las grabaciones del doctor idiota que era su amigo.

Todas las cámaras de seguridad eran manejadas desde una computadora portátil sobre un escritorio, interconectado a los monitores de la pared con varios cables.

Encontró una carpeta con interminables videos. House lo preparó para una situación similar, así que introdujo la fecha de su estadía en el hotel en el buscador de la parte superior. ¡Bingo! Metió su dispositivo usb y copió el video lo más rápido que pudo.

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—¿Crees que es gracioso? —bramó el oncólogo mientras le señalaba a su amigo el gran moretón que lucía en su ojo—. ¡Pudieron matarme!

—No seas dramático, solo es un golpe —replicó House con una sonrisa burlona, acercándose más a un indignado Wilson—. Además, ¿quién te pidió que te preocuparas por ella?

—No la vi al salir, quería asegurarme de que…

—Ella te dijo que estaría bien, que sabía manejarlo ¿no?

—¡¿Cómo se supone que iba a saber que su idea «manejarlo» sería hacer un trio con esos tipos?!

House encogió los hombros, cansado de los reproches de su amigo. —Vamos, dámelo ya—inquirió después de estirar su brazo, impaciente y aún más su corazón mientras se dirigía a su escritorio y colocaba el usb en su computadora portátil.

—¿Cuddy preguntó por mí?

—Preguntó y tuve que decirle que Sam te dejó definitivamente, por lo tanto, estarías tirado en algún bar —lo observó con una media sonrisa burlona antes de volver a concentrarse en el monitor de su portátil y en poner «play» al video que lo tenía en vilo.

—Eso sucedió hace una semana, es noticia vieja, no creo que… ¿House?

No supo leer la expresión de su mejor amigo. Y no pudo hacerlo porque nunca había visto esa expresión en el rostro de médico.

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Pensó en salir a buscar a la mujer que ya había identificado, pero tenía pendiente un paciente y no quería llamar más la atención de su novia, quien percibió su retraimiento después de ver aquel video.

Tomó el expediente de uno de sus pacientes que había atendido a duras penas (incluyendo sarcásticos comentarios… más de lo usual), estaba fastidiado y distraído, debía terminar su trabajo allí cuanto antes.

Se detuvo en el pasillo mientras observaba el ingreso de un nueva víctima de la violencia de New Jersey.

Su presencia lo perturbó desde que la observó ingresar a la habitación del Princeton Plainsboro en el pasillo de emergencia. Nunca vio su rostro mientras firmaba unos papeles en la estación de enfermeras, no obstante, su silueta sobre una camilla y sus cabellos negros los percibió familiares. Sabía que era ella.

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Sentado sobre un banco en el pasillo, balanceó su bastón entre sus manos, pero su mirada azul nunca se desvió de los cristales de la habitación. Finalmente la tenía frente a él y tenía tantas preguntas… pero no podía hablar, la mujer estaba inconsciente.

Una carpeta azul de pronto apareció frente a sus ojos.

—¿Para qué quieres su expediente? —preguntó Cuddy en tono de reproche y curiosidad—. Tiene una simple herida de bala—House se puso en pie sin un comentario ni una mirada. Decidió ignorar su expresión seria y la forma extraña en que todo aquello se desarrollaba. Se llevó las manos a la cintura y en tono autoritario, continuó: —. Además, tú ya tienes una paciente que está esperándote.

El médico abrió la carpeta sin inmutarse ante su jefa. «Dominika Pretova» pudo leer al pie de su informe médico.

Levantó su rostro para encontrarse con la figura de aquella mujer, y un eufemismo de verdad hizo que su mente evocara cada detalle de aquella noche. Pero, algo no estaba claro aún…

—¿House, estás bien? —la miró, ella seguía allí, lo había olvidado. Pudo ver sincera preocupación en sus ojos pero no respondió, seguía sumido en estupor.

—¡House! —Wilson al rescate, hizo que ambos girasen la cabeza para verlo llegar por el pasillo.

—Tal vez tú puedas hacerlo hablar —dijo Cuddy simplemente.

—¿De qué hablas? —respondió nervioso, temiendo que su amigo hubiese confesado. Observó a su amigo buscando una respuesta, pero él su rostro seguía inescrutable.

—Está preocupado por algo pero no dice nada —ambos lo observaron esperando una réplica aunque fuese sarcástica.

—Ha-hablando de preocupación —atajó sin dejar de mirar a su amigo—, una enfermera me dijo que tienes una llamada importante… ¿Hudson? ¿así se llama?

Un empresario importante, con quien acordó excelentes donaciones para el hospital. A ella no le quedó más remedio que retirarse, no sin antes advertirles que descubriría lo que tramaban tarde o temprano.

—Deberías contratar a una secretaria —dijo en cuanto se quedaron solos—, por si vuelves a quedarte sin habla.

—Pues deberá ser hombre, ya sabes, por lo mal que me ha ido con las mujeres últimamente —dijo al fin, con una sonrisa triste.

Puso la carpeta azul sobre el pecho de su amigo, hasta que éste lo tomó. Caminó por el pasillo, apoyado en su bastón. —¡House, espera! —creyó verlo cojear más de lo habitual.

Trató de seguirle el paso mientras ojeaba los documentos médicos de la dichosa carpeta azul, pero House caminó tan rápido que dudo por breves segundos de que estuviese lisiado. Lo vio dirigirse hacia los consultorios, intuyó a donde se dirigía, tenía que evitarlo, así que caminó a prisa.

—¡Espera! —gritó, apareciendo frente a House, olvidando por completo que estaba en un hospital, así que tuvo que pedir disculpas al notar la mirada desaprobatoria de los pacientes que esperaban sentados—. No puedes hacerlo, sabes bien lo que pasará si lo haces —le susurró.

—¿Leíste el expediente? —miró sobre los hombros de su amigo, ella estaba en su escritorio, llenando formularios. Estaban frente a la oficina de Cuddy, frente a su puerta.

El hombre titubeó desviando la mirada. House le arrebató los documentos, irritado, por la cobardía de su amigo, y leyó:

—«Dominika estaba en una habitación del Hotel Central cuando recibió el impacto…» —recitó cada palabra con sorna, ira y una convulsión de sentimientos que pocas veces experimentó. Una de ellas: frustración, porque esta vez no tenía el control.

Wilson giró hacia la puerta del despacho de Cuddy para comprobar que no hubiese oído los gritos de su amigo, y así lucía: sumergida en el papeleo. Afortunadamente, varios metros los alejaba de la puerta, aunque su imagen fuese fácil de ver desde esa distancia y viceversa. En cuanto comprobó que no fueron descubiertos, volvió a fijar su mirada en el nefrólogo.

—La policía estuvo aquí hoy —los ojos azules miraban a través de los cristales, con tristeza. Su mejor amigo le dedicó una mirada aún más triste—. Van a investigarme y le harán preguntas a Cuddy.

—¿Sospechan de ella?—dijo incrédulo.

El médico no respondió. Se aferró a su bastón como no lo hizo en mucho tiempo y caminó hacia el despacho, esperando que sus pies los aferrasen al suelo cuando se desate la tempestad.

Abrió la puerta sin avisar, como siempre, pero esta vez no buscaba desafiarla con alguna locura, aunque hubiese deseado eso con todas sus fuerzas.

Wilson los vio con tristeza desde fuera. Observó como ella caminó hacia él, confundida por la inesperada visita y, más aún por la sombría expresión de su mejor médico; observó como House, de espaldas, bajó la cabeza, que pareció el inicio de su confesión y a su jefa fruncir el ceño y entreabrir los labios por la sorpresa.

—¿Dónde está House?

Foreman estaba detrás de él, con un folio en las manos, su bata médica y ansias por ver a su jefe.

—Lo necesitamos —dijo con impaciencia al no hallar respuesta—, tenemos los resultados de las pruebas de la paciente y no son nada buenos.

—No creo que pueda continuar con el caso en los siguientes días.

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué?!

El oncólogo lo miró sin expresión. Sería un día muy largo.

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Nota de autor: ¡Hey! Tanto tiempo sin actualizar, ¿alguien por ahí? Me quedó un poco extenso pero pude contar lo que necesitaba.

Bueno, espero sus comentarios, que ya saben es la mejor motivación para un fanficker, no lo olviden, así como yo no olvido actualizar aquí.

Saludos.