Capitulo 3 Shunrei y Shiryu, Amor, Amor y Amor

La palabra bella se quedaba corta al tratar de describir algunos de los paisajes del rio Yangtsé, el más largo de toda China, varios habían sido los poetas que habían tratado de definir el encanto sus paisajes, pero pocos lograban atrapar a la gente con sus palabras. Una de las regiones más hermosas de aquella provincia, era donde se encontraban los picos de Rosan, majestuosas formaciones que eran más antiguas que toda la historia de China.

En una zona cercana a la cascada principal de aquellos picos, el canto de los pájaros sonaba con fuerza en los exteriores de una pintoresca cabaña de estilo chino. Los rayos del sol brillaban con bastante intensidad aquella mañana de Junio, demostrando que el verano todavía estaba presente en el ambiente de la región de Rosan.

Otro aspecto que hacia aun mas vivido aquel ambiente, era la brisa, la cual movía los arboles de una manera pacífica y armónica, logrando un ambiente perfecto de serenidad en aquel paraíso casi escondido de los ojos de la humanidad, otorgándole un bello aire pintoresco a las personas que vivían en sus alrededores.

En los interiores de este cálido hogar, se podía observar que a pesar de ser una familia humilde la que habitaba sus interiores, sus dueños hacían un gran trabajo en mantener lo más limpia posible aquella casa; pues no se apreciaba ni una mancha, cuadro fuera de su sitio o algo que tuviera relación con la palabra desorden en sus habitaciones.

Mientras tanto en la habitación principal, se podía apreciar que se había llevado un acto de pasión muy fuerte la noche anterior entre la pareja que la usaba, las ropas que regaban el suelo delataban todo aquello por si solas.

Recostada sobre una cama matrimonial de sabanas azules, una chica de pelo negro observaba el hermoso cuerpo de su amado con completo libertinaje que usualmente no se permitía mostrar a nadie que conociera; el cual de cierta forma, se había desarrollado con los años de manera maravillosa y única o al menos eso se lo recordaba su marido cada vez que hacían el amor entre gritos y gemidos de placer.

Shunrei alzó un codo para observar mejor el rostro de Shiryu mientras dormía, sonriendo un poco para sí misma al notar la manera en que movía su cara al dormir; pues se podía apreciar una gran paz interior en todo su rostro, dejando consciente a la chica de que ella era la responsable de esa paz que llenaba el alma de su compañero todas las noches que compartían el lecho.

Había pasado otra hermosa noche con Shiryu y aun no podía forzar a su corazón a creer que todo esto fuera real; pues se sentía como si viviera un sueño, un sueño que no quería que terminara nunca.

Luego de que su boda se celebrara hace más de un mes y medio en la mansión de la fundación Graude, Shiryu se había encargado de mantener su vida de casados en un estado de luna de miel permanente, cosa que la llenaba de felicidad en muchos sentidos.

Mientras sentía como la luz del amanecer de adentraba en su habitación, Shunrei cerró por unos momentos los ojos, para pensar en los momentos vividos en los últimos años y sorprendiéndose al notar cuantos cambios habían surgido en estas épocas tan particulares para ambos.

Ahora ella y Shiryu planificaban una familia; empezando por Kiki, quien desde hace tiempo había comenzado a convivir con ellos y dormía en la habitación cercana a la suya; por petición de Shiryu claro está, quien no pudo dejar solo al pequeño en la antigua residencia del Tíbet por considerar inapropiado que un joven viviera solo por su cuenta a tan temprana edad en un lugar tan peligroso como aquella torre.

Kiki por su parte aceptó encantado y a la vez muy feliz de tener al fin algo muy parecido a una familia y que decir que con el pasar del tiempo durante todas aquellas batallas, el pelirrojo había cogido un cariño muy especial a todos los amigos de Shiryu, de la misma manera que ellos lo habían hecho con él.

Shunrei al final salió de sus cavilaciones mentales, al escuchar algunos ronquidos por parte de su armado, por lo que volvió a su tarea de apreciar como Shiryu descansaba.

Después de una larga y agitada noche, en la cual ambos amantes expresaron sus sentimientos de la mejor manera que ellos conocían, ella ahora al verlo tan vulnerable y tranquilo, sentía aquel sentimiento que la invadía cada mañana: Una felicidad inmensa; pues él la hacía sentirse como la mujer más hermosa del mundo cada vez que hacían el amor y eso era algo que nadie más que no fuera él podía reemplazar.

Al escuchar otro ronquido proveniente de su marido; debido a que este había cambiado de posición dándole las espalda a su esposa, Shunrei se dio cuenta de que el Dragón ahora dormía con la boca abierta, respirando fuertemente y con las sabanas cubriendo sus piernas y parte de las caderas.

Al verlo de esa manera tan vulnerable, sintió un impulso de curiosidad y picardía, por lo que la pelinegra se mordió el labio y lentamente estiro su mano hacia la sabana con mucho cuidado, jaló con delicadeza la tela un poco más abajo y más abajo, y…

La mano de Shiryu la atrapó como un gato a su presa y la atrajo lo más delicadamente posible a su pecho, haciéndola sonreír con alegría, mientras que este se frotaba los ojos para desemperezarse con su otra mano.

— A un hombre no debe comérsele con los ojos mientras duerme, Shunrei —dijo él con voz estropajosa y una media sonrisa, mientras la observaba con intensidad.

— No estaba haciendo eso —protestó ella divertida mientras le daba otro atrevido y rápido repaso—. Pero me gusta despertar con tu imagen en la mañana —confesó con una sonrisa.

Shiryu se despertó completamente, sonriendo y con el alma encendida de felicidad, por lo que de nuevo hizo que ella se recostara en la cama, mientras comenzaba a besar su cuello con pasión al ver que Shunrei no oponía resistencia, al mismo tiempo bajaba su cabeza lentamente hacia sus pechos y comenzaba a succionarlos, los cuales eran tiernos y sensibles a sus atenciones.

— Shiryu… espera… no debemos… —gimió Shunrei al sentir los labios de este por todo su pecho y dejándose llevar por sus emociones, hasta que volteó su cabeza y se dio cuenta de la hora en el reloj que había en la pared de la habitación—. ¡Dios es tardísimo! —exclamó ella tratando de levantarse con rapidez.

— ¿Para qué? —Preguntó él molesto y resistiéndose a levantarse, mientras la abrasaba con más fuerza a su torso, impidiéndole irse de su lado.

— Saori dijo que debíamos arreglarnos, hoy llegan ella y los chicos, tenemos que ir al aeropuerto del pueblo, hay que preparar todo en la casa, despertar a Kiki… ¡Oh apártate! ¡Tengo que hacer muchas cosas, Shiryu! —dijo empujándolo levemente a lo que él por fin se quitó.

— Quiero quedarme contigo en la cama —protestó Shiryu fastidiado, mientras miraba como Shunrei se levantaba y se dirigía a recoger toda la ropa de anoche.

— ¡No podemos! Tenemos que cambiarnos —protestó ella molesta.

— Pero para cuando ellos ya estén aquí habrán pasado más de doce horas, no seré capaz de mantener mis manos fuera de ti por mucho rato —exclamó él fastidiado.

— ¡Pues tendrás que inventarte una forma! Procura arreglarte bien y bañarte antes de desayunar, para después… —decía ella de manera apresurada, hasta que se calló de repente, abriendo muchos los ojos y con la cara completamente roja.

— ¿Qué pasa? —preguntó el viendo como se sonrojaba de la cabeza a los pies y comenzaban a temblarle los labios.

— Me duele en… me duele en sitios donde normalmente no me duelen —comentó ella sonrojada y temblando.

Shiryu también se sonrojó un poco y puso cara de niño regañado al darse cuenta de la situación.

— Supongo que fui un poco lejos anoche ¿Verdad? —Dijo él confirmando sus sospechas al ver como ella cojeaba hasta una silla cercana para sentarse.

— ¿En serio? ¿Te parece? —preguntó ella sarcástica mientras se cambiaba y le lanzaba las prendas de vestir al joven dragón en modo de protesta.

— Vamos no te molestes, sabes que no pasara nada malo, además al fin al cabo ese dolor es por algo bueno ¿No es así? —Recalcó él después de haberse reído.

Shiryu se paró de la cama, inconsciente de su desnudez y caminó hasta ella, colocando una mano a la altura de su ombligo.

— ¿Cuándo se lo dirás a los demás? —preguntó ella sonriendo y sosteniendo su mano contra su estomago.

— Pronto, por el momento no es bueno decir esas cosas, sobre todo ahora que vamos a viajar para reencontrarnos con nuestros amigos —aclaró Shiryu con una sonrisa cómplice.

— ¿Entonces? —dijo ella confundida y algo molesta ante la declaración acerca de su bebe.

— En la mansión… lo prometo, hablaré con los chicos después de contárselo a Kiki, creo que el debe ser el primero en saberlo, considerando el hecho de que vive con nosotros ahora, te aseguro que lo tomara con mucho tacto descuida —le tranquilizó sonriendo ante su expresión, mientras se acercaba para darle otro beso.

— No esperaba menos de ti —dijo de igual manera, mientras besaba a Shiryu de manera cálida, a la vez que él sostenía su ropa contra su cuerpo, y mantenía la mano en su vientre del futuro hijo que iban a tener, no sin antes decir un: Te amo.