"Es posible que Allison se encuentre aún en el edificio," razonó Vivian. "Que todo el mundo se ponga a buscar. ¿tienen planos del edificio?"

"Claro, la directora dispondrá de ellos." Dijo la tutora, al tiempo que salía con los tres agentes.

"¿Conoce algún lugar donde pudieran esconderse los niños?" preguntó Sam.

"Alguna vez… en el cuarto donde se guarda el material deportivo…, en los servicios…" respondió, pensativa, la tutora. "Pero ya hemos buscado, allí. De hecho, les llamamos cuando no conseguimos encontrarla… estaba casi segura de que habría abandonado el centro…" continuó desconcertada.

"Buscaremos de nuevo," repuso Danny, caminando rápidamente sin un rumbo fijo. Sam respondió molesta con un "si quieres verlo por ti mismo, pero estaremos perdiendo tiempo," cuando Danny insistió en saber si habían revisado bien las cámaras.

Vivian le hizo un gesto a su compañera de que no le hiciera demasiado caso. Sam también conocía a Danny, pero a ella también le afectaban estos casos, habría que tener el corazón muy duro para que no fuese así.

La tutora les guió hacia el polideportivo. Era el último lugar donde las cámaras habían detectado la presencia de la niña. Algún resquicio tendría que haber por allí.

Mientras gritaban su nombre, buscaron por todas partes. Fue Sam quien levantó el brazo, mientras apartaba los cordajes de una red de portería.

"Hey," dijo suavemente a la figura que tenía frente a ella. Allí, en una esquina, sentada con los pies encogidos y rodeados por sus brazos, la cabeza gacha y la cara oculta entre ellos, estaba Allison Grifith.

Los demás dejaron de buscar y un suspiro de alivio escapó de su tutora. Intentó acercarse a la niña, pero Vivian le pidió que se mantuviera al margen. Sólo Sam tenía acceso a la pequeña en aquel delicado momento, mientras Danny permanecía un poco más alejado.

Sam consiguió poco a poco ir calmando a la pequeña hasta que ésta levantó la cabeza y sus ojos azules se posaron en los de Sam, quien no pudo evitar que un escalofrío recorriera su espalda. Sonrió a la pequeña mientras le tendía los brazos. La niña dudó un momento antes de lanzarse a ellos y agarrarse a Sam con fuerza, mientras sollozaba incontroladamente. Sam dio gracias de estar de espaldas a todos mientras luchaba contra las lágrimas que se agolpaban en sus ojos, sin saber que tras ella, Danny hacía lo propio.

Vivian se mantuvo al margen ocupada en dar órdenes y avisar a Jack, lo cual agradeció igualmente.

Una vez que los sanitarios comprobaban que la pequeña Allison se encontraba bien, ésta, un poco más tranquila pero aún nerviosa empezó de nuevo a sollozar mirando para todos lados sin fijar su mirada en ningún punto concreto. Sam le preguntó: "¿qué ocurre? ¿buscas algo?" mientras colocaba una manta a su alrededor. La niña bajó la mirada y sintiéndose avergonzada, susurró: "Tambor, no sé dónde está, se me ha perdido."

Sam intercambió una mirada confusa con Danny, quien se agachó de forma que Allison le tuvo a su altura. "¿Estabas buscándole aquí?" preguntó.

La niña se encogió de hombros. "Siempre venía conmigo, y si no, mami me lo traía. Pero no está, no le gusta esta casa nueva… no puedo dejarle solo."

"¿Por qué no le gusta la casa nueva?" preguntó Sam. Muchas veces, los niños contaban cosas que les resultaba difícil relatar por medios diferentes, poniéndolos en boca de otros niños, a través de dibujos, o incluso de sus mascotas.

"La Sra. Mathison me dijo que me compraría uno nuevo, ella no lo entiende. Tambor siempre ha estado conmigo."

"Entiendo que no te has separado nunca de él," le dijo Danny. "¿Dónde crees que estará?"

"Supongo que en casa, esperándome… no dejaron que viniera conmigo y… no pude decirle nada…" respondió ella preocupada y aliviada al mismo tiempo al sentir que, estas personas sí, tomaban en serio a Tambor.

Vivian se acercó a ellos. "Un coche está esperando para llevar a Allison a casa."

Ni Danny ni Sam tuvieron estómago para decirle a Allison que 'casa' no era aquella en la que ella pensaba, a juzgar por su expresión de alegría, sino la de los Mathison, donde a bien seguro estaría bien atendida, tal y como había sido corroborado por Jack y Martin.

"Estará bien," comentó Sam, de vuelta al coche con Danny.

"Sí, ha tenido suerte," dijo Danny, mientras claramente algo daba vueltas en su cabeza. "Disculpa un momento," continuó mientras marcaba un número.

"¿Polly? Soy Danny, de nuevo. Quería decirte que ya hemos encontrado a la niña, pero… ¿tienes la información que te pedí?"

Sam le miró, intrigada. "Ajá,… claro, gracias. Te llamaré. Adiós." Danny cortó la comunicación y le dijo a Sam "Orange St, 35".

"¿De hay ahí?" preguntó ella intrigada, mientras se colocaba el cinturón de seguridad.

"Tambor," contestó Danny con una sonrisa pícara. "A ver si tenemos suerte."

"¿Estamos buscando un conejo?" exclamó Sam.

"Yo tenía una pantera," respondió Danny por toda explicación, mientras sin quererlo, una oleada de recuerdos volvían a su cabeza… y con ellos Rafie… y la llamada de Sylvia Márquez un rato antes.

"¿Alguien quiere compartir algo con nosotros esta noche?" preguntó Adam Leonard, el moderador de la reunión de AA de aquella noche. Martin sintió una punzada de nerviosismo en el estómago cuando vio como Danny levantaba la mano.

Para él era una experiencia totalmente nueva, pero pronto había descubierto aquellos pequeños secretos que su compañero no solía desvelar en el trabajo. Sin embargo, la privacidad de Danny se rompía en pequeños detalles cada vez que acudían allí, y comenzaba a preguntarse si sería buena idea acudir a las mismas reuniones que su amigo.

"Hoy ha sucedido algo… y he de dar gracias a este grupo, porque gracias a vuestro apoyo, he podido valorarlo de diferente manera e incluso ayudar a alguien," empezó.

"Adelante," dijo alguien.

"Cuando bebía, una de las muchas excusas que me planteaba, era olvidar, cerrar los ojos y olvidar, los momentos malos y los buenos que iban inexorablemente unidos a los primeros. Todos sabemos que eso no ocurre, no podemos olvidarlos, tan sólo asumirlos y colocarlos a un lado… al menos los malos."

Danny hizo una pausa.

"Hoy recordé uno de aquellos momentos buenos, y también pude, de alguna manera recrearlos en la figura de una niña. Ella se llama Allison y había perdido a Tambor, su conejo de peluche. Ella… ella estaba viviendo unas circunstancias algo parecidas a las que viví yo a su edad y entonces recordé… recordé una pequeña pantera de peluche y lo importante que era para mi entonces."

Danny sonrió nerviosamente y bebió un poco de agua, antes de continuar. Los demás le escuchaban atentamente. Martin sabía algo por lo que le había contado Sam que habían hecho ella y Danny aquella tarde.

"Entiendo que desde luego, si no fuera por vosotros, por el apoyo que me habéis dado todos estos años… posiblemente mi historia con la pantera se habría perdido ahogada en alcohol… o no, pero es claro que jamás habría podido ver la cara de felicidad de Allison cuando esta noche le devolví a Tambor, su conejo de peluche."

Flashback

"Danny, han pasado unos meses, ¿no crees que esa vivienda estará ya alquilada, vacía…?" preguntó Sam.

"No perdemos nada con preguntar," respondió Danny, mientras, después de programar el GPS dirigía el SUV por las calles de Nueva York en dirección a Brooklyn Heights.

"Es un muñeco de peluche, Danny. ¿qué vas a decir en la oficina? ¿qué vas a decirle a Jack? ¿qué estamos buscando un peluche perdido? Vale," concluyó al notar que no habría forma de convencer a su compañero.

Entraron en el edificio de ladrillo rojo, que albergaba al menos unas cincuenta viviendas. En la parte inferior había un antiguo recibidor y un hombre de unos 70 años, calvo y con expresión malhumorada respondió a Danny y a Sam que aquella vivienda ya había sido alquilada de nuevo.

"Sí, aquello pasó hace unos meses. Vinieron y se llevaron a la niña. Hace dos meses que está alquilado."

"¿Qué pasó con las pertenencias de la familia Grifith?" preguntó Danny.

El hombre levantó los brazos. "Los muy desgraciados no se llevaron nada, mi mujer y yo tuvimos que hacernos cargo de todos las cosas de esa gente. Al menos los muebles estaban bien conservados y los dejamos para los nuevos inquilinos," les explicó.

"¿Y qué hicieron con las cosas?" preguntó Danny de nuevo.

"Verá, estamos buscando algo muy específico," intervino Sam. "Un conejo de peluche…" el hombre arqueó una ceja. "es muy importante para la niña… Allison, ¿la recuerda?"

"¡Pete!" se oyó una voz de algún lugar más alejado. Una mujer mayor se acercó a ellos, haciendo un gesto con la cabeza. "Están preguntando por las cosas de los Grifith, ¿verdad?" preguntó, y sin esperar confirmación, añadió, "este viejo gruñón quería quemarlo todo… en realidad, regalamos la mayor parte de las cosas… nadie las reclamaba y no teníamos espacio."

"Vaya," dijo Danny con pesar, que realmente sentía. Sam se sorprendió de lo importante que aquello era para su compañero y no terminaba de entenderlo.

"Pero recuerdo aquel conejito de peluche," añadió ella con una sonrisa. "La pequeña no se separaba de él, me extrañó que no lo llevara consigo, así que lo guardé."

"¿Lo tiene usted?" casi exclamó Danny.

"Sí, lo tengo guardado en algún sitio. Si tienen algo de tiempo, lo puedo buscar," añadió ella.

Danny miró a Sam con expresión triunfal y ella no pudo menos que alegrarse de haber encontrado a su peluche desaparecido del día.

Sam intuía las razones de Danny para buscar aquel peluche, pero la realidad se plantó frente a ella cuando Danny hizo entrega de Tambor a su propietaria, Allison Grifith. Al intentar buscar algo tan significativo en su vida infantil y no encontrar nada, una ola de tristeza cruzó su mente. No era lo que no encontró, sino lo que recordó en ese momento lo que la hizo cortar los recuerdos de golpe. En algunas cosas, ella y Danny se entendían bastante bien. Mejor dejar el pasado tranquilo.

Fin del flashback

"No os podéis imaginar la cara de felicidad de aquella niña, y lo reconfortante que resultó. Es algo que no habría ocurrido si en un momento de mi vida no hubiese decidido parar lo me estaba llevando a mi propia autodestrucción," concluyó Danny.

Un hombre, de unos 50 años, levantó la mano dubitativo. Leonard, le señaló, dándole la bienvenida y animándole a contar algo. "Adelante Joe,"

"Hoy he pasado la tarde con mi hijo Joey. Ha sido algo totalmente nuevo para mi. Creo que nunca había estado sobrio junto a él. No… no le conocía. Tiene 7 años… nos hemos reído juntos… le llevé al parque... jugamos… Había un asistente social… vigilando, supongo. Bueno, supongo que eso es normal… ha sido la primera vez, y me ha dado fuerzas para seguir adelante."

Martin no dijo nada. No tenía nada que contar, en realidad. Dudaba de que alguna vez tuviera que narrar alguna experiencia. Su adicción no había llegado tan lejos, concluyó.

En aquel momento, comenzó a dudar de su presencia en aquel lugar, pero entendió que Danny no le dejaría ir tan fácilmente. De hecho, cuando un rato más tarde, éste le presentó a Ed Gordon, quien sería a partir de entonces su patrocinador, se sintió atrapado y ansioso. Aquello era extrañamente real, dentro de lo irreal que le parecía todo aquel día.

Ed Gordon, un policía jubilado de Nueva York era experto en alegrar el día a cualquiera. De fácil empatía, al poco rato Martin olvidó el malestar que sentía un rato antes.

Sin embargo, no pudo evitar ver como Danny se alejaba de Amanda, con quien llevaba un rato hablando, y como, con su móvil pegado a la oreja, sus gestos indicaban a las claras que estaba discutiendo con alguien. Su reacción inmediata fue acercarse a él, pero sorprendentemente, Ed Gordon le frenó. "No, déjale resolver sus asuntos. Sigamos con lo nuestro. Danny tiene su propio patrocinador, déjale."

"No sé si es buena idea que coincidamos. Trabajamos juntos, no…"

Ed Gordon acaba de conocer a Martin pero ya se daba cuenta de que había algo que unía de manera especial a aquellos dos hombres, y no era su trabajo únicamente.

"De igual manera que en tu trabajo muestras una actitud más profesional, estás aquí por algo, Martin. Y él también. Si algo bueno tiene este sitio es que uno puede sentirse vulnerable sin correr peligro," sonrió. "Yo también he pasado por esa fase, pero ya son muchos años, ya ni recuerdo lo que me trajo aquí," mintió.

"Por eso mismo lo digo. ¿Qué le digo mañana, cuando le vea en el trabajo? ¿hago como si esto no estuviera pasando?" preguntó Martin apesadumbrado. Danny acababa de colgar y de buena gana habría arrojado el móvil contra una pared, con furia. Sin embargo, se quedó apoyado en ella, un rato, tratando de calmarse, supuso Martin.

Amanda se había levantado y cogido su abrigo. No era buen día para charlar con Danny. Raymond la paró antes de salir un momento y luego se dirigió hacia él. Ray Coleman, la persona que patrocinaba a Danny, quien le ayudaba cuando las fuerzas flaqueaban, aquello de lo que le habló Danny, puso su mano en el hombro de su amigo, y le susurró algo, mientras con firmeza le dirigió hacia una silla.

"Siéntate," le dijo Ray. Estaba preocupado, había visto la escena desde lejos y en el momento en que Danny casi destroza su móvil, dejó lo que hacía y se dirigió hacia él, parando sólo un momento para comprobar que Amanda estaba bien. "Danny, cálmate. Ven conmigo," le susurró, casi forzándole hacia una silla. Danny le miró desconcertado. "Ahora me cuentas, pero tranquilízate, por favor," le insistió Ray.

Y Danny se sentó. Pero no se tranquilizó. No era buena cosa perder el control, menos allí. Pero no podía evitarlo. Que Ray estuviera allí era providencial, que Martin lo presenciara, un desastre.

"¿Qué ocurre, Danny?"

El móvil empezó a sonar al poco tiempo de que Danny y Amanda se sentaran a charlar un rato.

Frunciendo el ceño, al identificar la llamada, Danny se disculpó y se alejó un poco. "¿Sylvia?" afirmó, más que preguntó.

"¿Por qué no me has llamado?" preguntó ella en un tono claramente molesto. "He estado todo el día esperando a que me llamaras, Danny."

"Oye, lo siento. Estaba trab…"

"No estarás poniendo excusas," le cortó ella. Parecía que no le estuviera escuchando.

Danny trató de conservar la calma. "¿Qué es lo que ocurre?"

"Tienes que ir mañana a primera hora al St. Andrews. Pregunta por el Dr. Trafford, te estará esperando," fue la sorprendente respuesta que recibió.

"¿De qué estás hablando?" preguntó Danny sorprendido. "¡No puedes hacerme eso sin contar conmigo!"

"¡Es lo que llevo intentando hacer todo el día, Danny, pero no hay forma de que o cojas el teléfono, o me llames o atiendas a lo que te estoy diciendo!" exclamó ella antes de continuar. "Rafie se está muriendo, ¿vale? Sólo hay una forma de intentar salvar su vida y eso pasa porque tú te hagas las pruebas."

Danny se quedó helado. "No… no sabía nada."

"¿Cómo que no? Casi gritó ella. "¿Qué estuviste hablando con Rafie, entonces? ¿Es que no te lo dijo?"

"No…"

"No te creo, Danny. Lo que pasa es que no quieres ayudarle. Es eso, claro. Estás más cómodo con Rafie en la cárcel, siguiendo con tu vida…"

"¡Eso es injusto, y además no es verdad!" exclamó Danny intentando no levantar la voz demasiado, pero estaba realmente nervioso y sus gestos le delataban.

"¡Pues demuéstramelo!" gritó ella entre sollozos. "Hazte esas pruebas, mañana, ya te lo he dicho, hospital St. Andrews, Dr. Trafford. Ya hablaremos después."

Danny intentó memorizar el nombre. No le quedaba otra opción. "¿De qué pruebas me hablas?"

"Lleva una prueba de orina y ve en ayunas. Será una analítica, una simple analítica," dijo ella. "Tengo que colgar, tengo turno de noche y llego tarde al trabajo. Adiós."

Sylvia cortó la llamada y Danny se quedó mirando el teléfono. Una oleada de miedo, mezclado con el enfado que tenía por las acusaciones que había lanzado Sylvia contra él, casi le hizo perder el control, pero se encontró de golpe con Raymond Coleman, su patrocinador a dos palmos suyo invadiendo claramente su espacio, quien le agarró con fuerza por el brazo y con gesto serio comenzó a hablarle, a pedirle que se calmara. ¿Tan evidente había sido? Danny pensó de pronto en la gente que estaba allí, no parecían haberse dado cuenta. ¿Y Martin? Casi entra en estado de pánico al notarse en una posición tan vulnerable, pero al parecer, sólo Ray parecía entender lo que estaba ocurriendo.

Un poco más tranquilo, intentó explicar lo que ni él mismo entendía, pero se quedó sólo en unos hechos que sonaron a hueco, que no explicaban su reacción, la cual iba mucho más allá, mucho más atrás en el tiempo, en ese vínculo que les unía y del que parecía no poder escapar.

Arrastrando la maleta por los pasillos del FBI, Martin escrutó nervioso las oficinas, sin saber muy bien como enfrentar la situación que había vivido la noche anterior con Danny. No tenía demasiado tiempo para hablar con él, si es que surgía esa oportunidad y le pesaba tener que tomar el avión hacia Washington esa misma tarde. Pero no vio a su compañero.

"¿Te vas hoy?" le preguntó Vivian reparando en la maleta.

Martin lanzó un gruñido. "Sí," suspiró. "¿Has visto a Danny?" no pudo evitar preguntar.

"Llamó hace un momento. Llegará en un rato," le explicó ella.

"¿No dijo por qué?" volvió a preguntar Martin, arrepintiéndose al instante, al notar el gesto sorpresivo de Vivian.

"No… ¿hay algo que quieras contarme, Martin?" siguió ella.

"No, no… es sólo que quería dejarle unas cosas que me pidió…" mintió él, sabiendo que Vivian no le creería.

"De acuerdo," concedió ella. Algo ocurría entre sus tres compañeros y ella estaba al margen. No dejaba de molestarle, pero por otro lado, intuía que quizás mejor era así. Su responsabilidad podría obligarla a hacer algo que prefería no tener que hacer.

Cuando una hora más tarde, Martin vio que su compañero entraba en la oficina y se dirigía directamente al despacho de Jack, creyó que la escena que había presenciado la noche anterior tendría que ver algo con eso, pero lo único que le vino a la mente fue la historia que el propio Danny había contado en la reunión de Alcohólicos Anónimos. Sin embargo, reparó en Sam, que también estaba con Danny y no parecía en absoluto preocupada por nada. Frunciendo el ceño, intentó centrarse en poner al día documentación pendiente, lo cual consiguió durante un tiempo.

No fue un asunto muy largo lo que tuvo retenido a Danny en el despacho de Jack. Según salía de su despacho y se dirigía a su mesa, sintió la mirada de Martin sobre él y se sintió algo cohibido, aunque no demasiado. Los acontecimientos de aquella mañana en el hospital le mantenían distraído con otros asuntos.

"Buenos días," dijo como si tal cosa.

"Buen trabajo ayer," le comentó Vivian con una sonrisa. Danny la miró y luego a Sam, que se echó a reír. "Te advertí que pasaría, Danny."

Él se encogió de hombros. "No estaba de más intentarlo."

"Reggie tenía un peluche que le regaló su tía cuando nació. Era un tigre pequeñito, pero que resultaba enorme a su lado," empezó a contarles Vivian. "Se acostumbró a él y siempre lo utilizaba para dormirse. Un día, tenía unos siete años, el peluche aún existía y hacía su cometido, Marcus y yo salimos y le dejamos en casa de un amigo. Marcus tuvo que salir del restaurante, ir a casa, coger el peluche y llevárselo. Mi hijo montó un número en casa de su amigo, cuando se dio cuenta de que no estaba su tigre." Vivian se echó a reír. "Pesó más la necesidad que la vergüenza de confesar que sin su tigre, no se dormiría. No pensé yo que fuera tan importante a los siete años, y el peluche estaba bastante destrozado ya, pero…"

"¿Tú ves?" Danny se echó a reír, mientras Sam levantaba las manos dándolo por imposible.

"Sí…" Martin sonrió. "Yo también tenía a 'alguien', pero no os voy a decir qué era," aclaró. "Voy a por café, ¿alguien quiere algo?" continuó mientras se levantaba. "¿Danny?" preguntó específicamente, lo que llamó la atención de Vivian.

"Claro," accedió Danny.

Una oportunidad para hablar.

"Esta tarde me voy a Washington," empezó Martin, colocando el vaso en el hueco de la máquina de café. Como Danny no decía nada, continuó. "Anoche… estuve hablando con Ed Gordon. Creo que funcionará, es un tipo de fácil conversación y…"

"Me alegro," dijo Danny con una sonrisa. "Te irá bien. Además es muy bromista… eso también te irá bien."

"Danny…" protestó Martin. Danny parecía siempre reírse de él. En cierto modo, era cierto que la rigidez de su educación había dejado huella y Danny estaba prácticamente en el otro extremo. Esa forma de sacudirle verbalmente de vez en cuando, en lugar de molestarle, había llevado a la profunda amistad que tenían.

Martin se echó a reír, finalmente. Y se dio cuenta de que no hablarían de nada más relacionado con las reuniones de Alcohólicos Anónimos. "Y tú, ¿qué vas a hacer? ¿vas a aceptar la proposición de aquella chica… Polly?"

"No lo sé, aún. Tengo… tengo otras cosas pendientes," le respondió Danny.

"¿Tiene que ver con lo que has estado haciendo esta mañana?" Martin estaba serio.

"¿Qué he estado haciendo esta mañana?" Danny se echó a reír, lo cual hizo sonrojar a su compañero.

"Lo siento," respondió Martin. Tirando el vaso de café vacío, suspiró. "¡volvamos al trabajo, aún tengo que terminar algunas cosas antes de irme! Eh… ¿sabes? Ed Gordon me dio un par de direcciones en Washington, por si quería ir a alguna reunión… no sé qué hacer. Es otra gente…"

"Ve, en el fondo es lo mismo, sólo un poco más al sur," replicó Danny sonriendo burlonamente.

Martin le miró. "¿qué te pasa hoy? ¿no me vas a dar tregua?" Y sin esperar respuesta, se dirigió a su mesa.

A veces lo utilizaba para no dejar entrever lo que había detrás. Danny sabía lo que pretendía Martin esa mañana y él no dejaría que fuera tan lejos. Lo que ocurría en las reuniones de Alcohólicos Anónimos, allí quedaba.

Y más cosas quedaban tras la puerta de su casa. Por eso, tener que hablar con Jack esa mañana, nada más llegar del hospital, se le hizo complicado, especialmente cuando no quería dar más detalles.

Con las palabras ensayadas, Danny salió del ascensor y se dirigió directamente al despacho de su superior. Tocó suavemente en la puerta acristalada para llamar la atención de Jack y entró.

"Me ha llamado esta mañana la Sra. Mathison," le dijo Jack, con expresión incrédula.

Eso no lo esperaba. De pronto, olvidó sus palabras ensayadas, mientras buscaba una justificación. Pero Jack no parecía enfadado. "Supongo que fue todo un detalle de tu parte," continuó Jack, "pero no lo incluiré en el informe final.

"Ya, bueno… está bien," balbuceó Danny. "Eh… oye, quería pedirte… necesito un día, quizás una mañana libre…" añadió.

"¿Tiene que ver con tu visita al hospital esta mañana?" preguntó Jack, frunciendo el ceño. Danny no le había dado muchas explicaciones y se preguntaba si le ocurriría algo.

"Ah… sí. Es… es algo rutinario," empezó Danny.

"¿Algo de lo que preocuparme?" preguntó Jack.

"No,… no." Danny no sabía que añadir. Con lo bien que se lo había aprendido, le estaba saliendo fatal.

Afortunadamente para él, Jack tampoco pretendía inmiscuirse en la vida de nadie y confiaba en él. "Muy bien, mañana entonces."

"Sí," dijo Danny aliviado. "Vendré lo antes que pueda," añadió mientras abría la puerta.

"Claro." Jack se puso las gafas antes de volver a la documentación que tenía en su mesa, pero levantó de nuevo la mirada y siguió los pasos de su agente hacia su mesa. Le vio saludar y bromear con sus compañeros, y dedujo que efectivamente, no tenía por qué preocuparse de nada.

Jack no fue consciente de nada hasta que tres días más tarde, su superior, Alexander Olczyk se presentó en su oficina visiblemente alterado.

La orden tajante del Director Adjunto del FBI, Victor Fitzgerald, cogió desprevenido al supervisor Alexander Olczyk, aunque no le extrañó. Si por algo era conocido Jack Malone, era por llevar sus investigaciones hasta el límite, rozando en ocasiones la legalidad y poniendo en apuros a su superior.

Descolgó el teléfono para llamar a su agente, pero luego, pensándolo mejor, decidió bajar las 3 plantas que les separaban y abordarle en su despacho lo antes posible. A Olczyk también le intrigaba lo que Malone pudiera estar investigando en una persona de la reputación de George Gordon. Antaño político con una sólida carrera, se había ganado el respeto y prestigio al poner en marcha la Fundación Caroline, una iniciativa personal que había comenzado su andadura a finales de los años 70 y que hoy era una gran organización con centros repartidos por varias ciudades de los EEUU. Sustentada en su mayor parte por aportaciones altruistas de amigos y simpatizantes, aunque también por acciones propias, la labor de la Fundación Caroline suponía un soporte cada vez más importante y notorio a las familias que, de otro modo, habrían terminado totalmente desestructuradas. En concierto con los Servicios Sociales, prestaban apoyo educativo a centenares de niños, atendiendo las necesidades de sus familias y evitando en muchas ocasiones la separación de los menores del entorno familiar, al tiempo que ayudaban a mejorar la situación afectiva y económica de sus miembros. El porcentaje de éxito de los programas de apoyo a la familia de la Fundación Caroline, había merecido a George Gordon un reconocimiento público y varios premios, y las donaciones que sustentaban su Centro hacían que ésta fuera ampliando su labor social a lo largo de los años.

Hasta donde alcanzaba a intuir Olczyk, George Gordon debía ser, además, un buen amigo de Victor Fitzgerald, así que más le valía a Jack Malone tener una buena razón para investigarle.

A ello iba, dándole vueltas en la cabeza cuando abrió la puerta del despacho de Malone sin avisar y saltándose cualquier tipo de saludo preguntó: "¿por qué estás investigando a George Gordon?".

Arqueando las cejas en un gesto de sorpresa por la abrupta entrada de su superior, pero también por la pregunta, Jack finalmente frunció el ceño e invitó a Olczyk a sentarse con un gesto, algo inútil pues éste no se movió y no cambió el tono inquisitivo.

"¿Te refieres a George Gordon… el senador?" preguntó Jack intrigado. Aunque ya no lo fuera, Gordon parecía conservar su condición política a perpetuidad.

"Por supuesto," repuso Olczyk antes de que Jack pudiera siquiera concluir su pregunta.

"Pues… no. No estamos investigando a George Gordon. ¿por qué habría de hacerlo?"

"Un agente, de tu equipo, ha estado haciendo preguntas incómodas, y yo he recibido una llamada de arriba con la orden de parar esto de inmediato."

"Pues no sé de que se trata," respondió Jack. Y añadió: "pero pareces saber tú más que yo, Alex." Fuera lo que fuera, era algo que estaba fuera del control de Jack, y al llevar su diálogo a un tono más familiar, pretendió dejar el tema entre ellos dos, como colegas con años de experiencia.

Pero no le salió bien.

"Bueno, entonces preguntaremos a tu agente. Entiendo que el control que tienes sobre tu equipo sigue…" empezó Olczyk.

"Vamos, Alex" le interrumpió Jack. "¿de qué va esto? Sabes que mi equipo ha salido de una situación muy traumática y no creo que volver a pedir mi cabeza y desestabilizar a mi equipo sea lo más inteligente por tu parte, aunque estés siguiendo órdenes."

"No eres tan importante, Jack. Y no sigas sacando punta a la emboscada en que se vieron envueltos tus agentes. Todo tiene fecha de caducidad," soltó Olczyk, incómodo por el ataque de su agente. "Veo que no tienes ni idea, así que mejor, le preguntamos al agente Taylor, tu agente, por qué ha estado llamando insistentemente a los Servicios Sociales del Condado de Miami, solicitando información sensible que atañe a George Gordon."

Jack intentó poner cara de póquer, mientras se revolvía en su asiento.

"La insistencia ha sido tal, que ha llegado a oídos del propio Gordon, el cual se ha puesto furioso pues sabes de la importancia que su imagen pública tiene para el sostenimiento de la Fundación que dirige."

"Eso no le convierte en intocable," dijo Jack, frunciendo en ceño.

"Así que reconoces que le estáis investigando."

"Yo no estoy reconociendo nada. Ya te he dicho que no tengo constancia de nada de lo que me cuentas. Mis agentes revisan casos sin resolver casi constantemente, sin que haya de enterarme de nada, a menos que surja algo realmente relevante. Solicitar información no significa acusar a alguien de nada." Jack no tenía ni idea de lo que estaba haciendo Danny, pero desde la emboscada, con o sin fecha de caducidad, no podía poner la mano en el fuego por él. Así y todo, intentaba razonar de la manera más coherente posible.

"Bien, dado que tengo que dar una respuesta y tú no la tienes, no me queda más remedio que preguntarle al agente Taylor, directamente," replicó Olczyk, señalando con un gesto el teléfono.

Eso era lo que más temía Jack. El sabía y podía tratar con Olczyk, le conocía bien. Pero sus agentes estaban en una situación más vulnerable.

"Me han llegado quejas de los servicios sociales de Miami, por su insistencia en obtener unos expedientes que ya se le ha dicho que no va a obtener," le soltó Olcyck, nada más Danny abrir la puerta.

Danny no era muy bueno a la hora de tratar con sus superiores. Siempre había llevado mal según qué órdenes y según que tono se usara y tuvo que hacer un gran esfuerzo para entender de qué iba todo aquello. Para empezar, la sorpresa del comentario de Olczyk le dejó desarmado.

"Es un asunto personal," se le ocurrió decir, y fue un error al observar la expresión de Jack cerrando los ojos un momento.

"Y, ¿usa usted sus credenciales del FBI para obtener algo que de otra manera no se le habría dado?" preguntó entonces Olczyk.

Danny no sabía qué contestar. "Es importante para mi," respondió finalmente.

"Sí, ya le he oído, es un asunto personal. Pero entenderá que ha cometido usted una falta muy grave."

Danny miró a Jack confuso, quien frunció el ceño. No tenía ni idea de lo que estaba pasando y en ese momento no encontró otra justificación mejor. "Vamos Alex, ¿quién no ha recurrido a ello alguna vez?"

"Espero su explicación, agente," insistió Olczyk, ignorando las palabras de Jack.

"No… no puedo darle ninguna, señor. Como le he dicho se trata de un asunto personal. No creo que haya comprometido nada al intentar obtener algo que no es de mayor interés para nadie más."

"Eso dirá usted. Pero el objeto de todo esto es lo de menos. El asunto es el uso que hace usted de su placa," Era una excusa débil, pero justo lo que Fitzgerald quería. "A partir de hoy, tendrá usted tres semanas para reflexionar sobre ello. Queda suspendido de empleo y sueldo durante ese tiempo. Reflexione y piense si vale la pena volver a intentarlo. Las reincidencias se pagan caras."

Dicho eso, Olczyk abandonó el despacho de Jack, dejándoles a los dos sin capacidad de reacción.

Danny había palidecido ostensiblemente. ¿qué había ocurrido allí? ¿qué había hecho? Pensó en las palabras de su hermano, ¿habría algo de realidad en la historia que le había contado Rafie? ¿por qué no le había creído cuando Sylvia e incluso los médicos del hospital le habían dado ese crédito?

Flashback

Danny llegó temprano al hospital, tal y como le había dicho Sylvia. Muy a su pesar, había memorizado el nombre del hospital y del médico con quien tendría que hablar. A pesar de su enfado, allí estaba… nadie iba a responsabilizarle de no ayudar a un hermano que le había abandonado por unos gramos de cocaína y algo más.

"Querría hablar con el doctor Trafford, por favor. Soy Danny Taylor, creo que me espera," dijo en recepción.

"Un momento, por favor. Puede esperar en la salita, le avisaré."

Impaciente, miró la hora. Se le haría tarde. 'Maldita sea', murmuró mientras marcaba el número del móvil de Jack.

"Malone," escuchó al otro lado.

"Jack, soy Danny. Oye… estoy… voy a llegar un poco tarde, creo."

"¿Qué ocurre?" preguntó Jack.

"Estoy en el hospital, no es nada, solo unas pruebas rutinarias, pero esto está lleno de gente y…"

"De acuerdo," le cortó Jack. "¿Estás bien?"

"Sí, sí, no es nada. Gracias, Jack." Danny maldijo en silencio, no iba a dar explicaciones. Si Rafie había entrado en la vida de sus compañeros de trabajo, sólo había sido por accidente. No volvería a ocurrir.

Diez minutos más tarde, el Dr. Trafford le explicaba por qué estaba allí, mientras un enfermero le extraía sangre. Finalmente, se enteraba de lo que le ocurría a su hermano.

"Rafael está gravemente enfermo. Los excesos han dañado su hígado hasta tal punto que va a ser necesario un trasplante. De lo contrario, sus esperanzas de vida no son muy buenas. No sé si él o su mujer le han explicado algo de esto."

"No… bueno, algo, pero no sabía que fuera tan grave," dijo Danny.

"Hemos estado valorando su caso y ahora mismo, esperar por un órgano compatible no está dentro de las posibilidades de Rafael, así que hemos pensado que la mejor forma es acudir a algún familiar. Supongo que si está usted aquí es porque ha dado su consentimiento…"

"Mi consentimiento… ¿para qué?" preguntó Danny temeroso.

"Podemos extraer una parte del hígado de un pariente, compatible y lo trasplantaríamos a Rafael. Me ha comentado que es usted el único pariente conocido, así que… ¿no le ha dicho esto su cuñada?" preguntó el médico preocupado, al observar la cara de sorpresa de Danny.

"No… ella, ella sólo me habló de unas pruebas…, una analítica…" Danny no sabía qué decir, ni qué hacer. Y tampoco estaba seguro del estado de su hígado, al cual también había maltratado durante años.

"Sí, bueno. Si usted accede, aparte de la analítica que estamos haciendo hoy, tendría que venir usted mañana para realizar una prueba un poco más delicada. Se trataría de realizar una biopsia, coger una muestra muy pequeña de su hígado para analizarlo y estudiar la compatibilidad. Hemos de estar seguros al 100%."

"Oiga, yo no se si yo…" empezó Danny.

"Entiendo sus dudas. Por descontado tiene usted derecho a negarse y pondríamos a Rafael en la lista de espera de trasplantes, pero como ya le he dicho quizás la espera sea demasiado larga para él y no parece haber forma de localizar a sus otros hermanos así que…"

"Mis otros… hermanos," murmuró Danny. "Oiga, dudo mucho que haya otros hermanos. No sé lo que le ha contado Rafael, pero creo que eso forma parte de su imaginación."

El médico frunció el ceño. "¿No es cierto? Rafael nos ha explicado que tienen ustedes dos hermanos, una chica y un chico. Incluso me dio sus nombres."

Danny negaba con la cabeza mientras el médico le hablaba. "No, no. Es imposible, yo lo sabría y nunca… nunca se habló de ningún hermano o hermana en casa, ni yo los vi."

"Su hermano nos dijo que se los llevaron, que fueron adoptados. Que nunca se volvió a hablar de aquello, y que incluso él llegó a tener dudas de que hubiera ocurrido. Rafael reconoce que su mente tiene lagunas, reconoce el daño que las drogas le han hecho, pero parece muy seguro de esto."

"Pero, él nunca me había hablado de ello hasta…"

"¿Le habló de esta posibilidad?"

"Sí… hace unos días… en prisión… eh… ¿por qué… por qué está en prisión, si está tan enfermo?" Danny se sentía confuso, incrédulo, no entendía lo que estaba ocurriendo.

"Ya no lo está, está aquí. Si quiere puede pasar a verle."

"No puedo," dijo Danny demasiado rápido. "Tengo trabajo y llego tarde," intentó justificarse.

"De acuerdo, pero piense en esa prueba, podría ayudarle, podría salvarle la vida. Y si no, indague sobre esos otros familiares."

Danny negó con la cabeza. "No sé… vendré, vendré a hacerme esa prueba, pero no creo que pueda ayudarle."

"Bien," dijo el doctor Trafford, quien no parecía dispuesto a perder la oportunidad. "En ese caso, venga mañana, a las 9.30. No le llevará más dos horas aquí, y apenas molestias que se irán a lo largo del día."

Danny no supo que decir. Se vio atrapado y así se vio luego en el despacho de Jack pidiéndole un día libre, sin demasiadas excusas y bastante torpemente, todo por culpa de un peluche.

El peluche, las bromas de sus compañeros, el intento de Martin por hablar con él de lo que había pasado la noche anterior en la reunión de AA, su partida hacia Washington aquella tarde, la documentación que tenía sobre la mesa y que, a falta de un caso que resolver, debía organizar y guardar, no fueron suficientes distracciones para hacerle olvidar los acontecimientos de aquella mañana, de la noche anterior, de unos días atrás cuando recibió la llamada de Rickers reclamando su presencia allí. Rafie quería hablar con él. ¿De qué? ¿Del pasado? Desde el principio, supo que había sido una mala idea, pero ahora no sabía como debía actuar.

Varias veces a lo largo del día, indagó en el teléfono al que debía llamar. Dudaba de que fueran a darle información alguna por esa vía.

A las siete, ya hacía rato que había oscurecido. Jack había salido, Sam estaba en el archivo y Vivian también se había ido con un asunto familiar. Si había algún momento durante el día en que podía hacer esa llamada, era aquel. Nervioso, Danny descolgó el teléfono y marcó un número. Tuvo que carraspear varias veces, al notar que los nervios le dejaban sin voz.

"Esa información no podemos facilitársela ahora, señor. Ha de venir por aquí y rellenar un formulario…" le dijeron desde el otro lado de la línea.

"Oiga, ya lo sé, pero es un dato puntual, le puedo dar la referencia del expediente si quiere…"

"Lo siento mucho, pero no puedo facilitarle la información que me está pidiendo."

"Verá, soy agente del FBI, trabajo en personas desaparecidas," Danny le dio el número de identificación, sabiendo que aquello no estaba del todo bien, pero ¿qué daño hacía? Y ¿no lo habían hecho antes? "Necesito esa información. Es vital para el caso en el que estamos trabajando."

"Un momento," le dijeron al otro lado de la línea.

"¿Agente Taylor?" preguntó alguien al otro lado. No era la misma persona.

"Sí, dígame," respondió Danny ansioso.

"Siento mucho no poder darle la información que está usted pidiendo. Si quiere obtener algo, tendrá que hacerlo personalmente aquí, rellenar el formulario y ya veremos qué se puede hacer."

"Oiga, ¿sabe usted el frío que hace en Nueva York? Hay alguien ahí fuera que necesitamos encontrar y necesitamos esa información."

"Busque usted por otro lado. Comprenderá que de esta manera no le puedo ayudar. Utilice la vía correcta, envíen un agente del FBI en Miami, si quiere. Por teléfono, no puedo atender su petición por urgente que sea."

Danny se quedó con el teléfono en la mano. Le habían colgado. De alguna manera, se sintió aliviado por no tener que indagar en una historia que había prometido dejar bien enterrada. Y tenía que reconocer que aquel invento de Rafie, parecía sólo eso, un invento.

Se haría las pruebas. Pero no alimentaría la locura de su hermano, decidió.

Fin del flashback

"¿Y bien?" preguntó Jack. "¿Se puede saber qué estás haciendo, Danny?"

"No… no lo sé. No… esto no tiene sentido, Jack. ¿Cómo se ha enterado?"

"¿De qué se ha enterado?" insistió Jack. "¿Sabes el ridículo que he hecho delante de Olcyck, sin poder darle ninguna explicación a nada? ¿Qué estabas haciendo?"

"Es… es algo personal." Insistió Danny.

"Eso ya lo has dicho, buena respuesta. Tres semanas de vacaciones," replicó Jack enfadado.

"Es injusto, yo no he hecho nada…"

"Usar tus credenciales del FBI para obtener información que de otra manera no se te habría dado, es algo, Danny," le aclaró Jack. "Aunque alguna vez lo hayamos hecho… pero es acceder a información, a bases de datos. No puedes exponerte de esa manera."

"No entiendo, sólo estaba pidiendo mi expediente personal, de mi familia. ¿Qué puede importarle eso a Olczyk? ¿Quién le ha llamado? ¿Por qué?"

"¿Conoces a George Gordon?" le preguntó Jack. El tampoco entendía nada.

"No," Danny frunció el ceño. "¿qué tiene que ver con todo esto?"

"Fue lo primero que me preguntó Olczyk," le explicó Jack.

"No sé quien es," se reafirmó Danny.

"Siéntate," dijo entonces Jack.

"Jack…"

"¡Siéntate, maldita sea! Y escúchame bien," exclamó Jack. ¿por qué le costaba tanto?.

Danny se sentó y se cruzó de brazos. "No puedes tener secretos conmigo, ni medias verdades. No conmigo, soy tu supervisor. Quiero saber qué está pasando y de aquí no vas a salir hasta que me lo cuentes."

Danny negó con la cabeza. "No hay nada que decir. Es algo personal."

"¿Qué estabas haciendo en el hospital?" Jack optó por lo primero que se le ocurrió, lo más reciente.

"Es personal," repitió Danny. "Acaban de suspenderme por mezclar mi trabajo y mi vida personal. Queda claro, ¿no?"

Jack sintió como su corazón se aceleraba, pero intentó no perder los nervios. "Yo no soy Olczyk. Danny, tú sabes todo lo que hube de evaluar cuando te uniste a nosotros. No es algo que utilice, pero conozco. Sé cosas de ti que me consta no te gustaría que supiera. Puedo ayudarte, si es necesario. Puedes confiar en mi."

"No puedo explicarlo," dijo Danny, después de tragar saliva. Era cierto que Jack sabía cosas de él que posiblemente le habían hecho dudar. Pero nada tan grave como para no elegirle para formar parte de su equipo.

"El hospital. ¿a qué fuiste?" preguntó Jack de nuevo.

"Es por Rafie," respondió finalmente, Danny. "Fui a donar sangre y luego me pidieron otra prueba, por si fuera necesario. Algo rutinario."

"Rutinario." Repitió Jack. "¿Qué le ocurre a Rafie?"

"No lo sé, está enfermo. Jack, siento todo esto que ha pasado. De verdad, no lo entiendo, pero si es así… lo siento, no pretendo ocasionar ningún problema," siguió Danny, levantándose.

Eso no era propio de él. Estaba claro para Jack que Danny se sentía incómodo y no iba a contestar a sus preguntas.

"Está bien. Tómate este tiempo como unas vacaciones y reflexiona sobre lo que sea está ocurriendo," le dijo Jack, incapaz de averiguar nada más. No iba a someter a un interrogatorio a su agente, no después de todo lo que había ocurrido. La emboscada que sufrieron Danny y Martin hacía tiempo que había ocurrido, pero sus efectos aún seguían muy presentes en todos ellos, en especial en Martin y en Danny.

Danny salía del despacho de Jack, cuando éste reparó en algo. Levantándose, le llamó, "Danny, has de darme tu placa y tu arma," no era agradable decirlo.

"Claro," respondió Danny mientras dejaba ambas cosas sobre la mesa. "Vacaciones," siguió.

"Sí," dijo Jack, dándole una palmada en la espalda. "Ya hablaremos."

Danny se fue, sin hacer ruido. Ni Sam ni Vivian se enteraron hasta bien pasado aquel día, cuando se extrañaron de su ausencia. Jack no les dio demasiadas explicaciones. A él mismo le parecía extraño, injusto. Era cierto que Danny había hecho mal, pero como él mismo decía, no era asunto de nadie, no era asunto para que Olczyk se hubiese presentado en su despacho de aquella manera. No era asunto para una suspensión de ese tipo.

Afortunadamente, venían unos días de descanso para ellos. El equipo de Nick Carter se haría cargo durante la siguiente semana de la unidad de Personas desaparecidas.

Y para cuando retornaran al trabajo, Martin ya estaría de vuelta y la ausencia de Danny no se notaría tanto.