Capitulo 3: El fabricante de varitas.
Disclamer: Todos los personajes y hechizos presentados en este Fic son propiedad de Jk Rowling, yo solo los utilizo para crear esta pequeña historia.
Bien, de nuevo por aqui...
no se que decir de esto... lo odie y lo ame
No tengo como excusar a Hermione pero debo decir que la entiendo...
espero que ustedes puedan entenderla
espero tambien que les guste este capitulo...
perdon por la tardanza...
Espero sus comentarios.
A leer
POV/Hermione
- ¿Estas segura? De verdad Mione, no me importa acompañarte, Harry no estará aquí hasta pasadas las 10 – Movió su cabeza en una suave negativa mientas cogía el delicado cárdigan verde del respaldo de la silla y cubría sus hombros desnudos con el.
- - En serio Gin, no hay problema, además solo iré por un par de minutos, comprare algunos libros y pase por la tienda de Olivanders, con suerte puedo estar en casa para ayudarte con la comida.
Ginny Weasley dejo escapar un suave suspiro y se recostó de regreso al enorme mueble que ocupaba una buena porción de la sala de estar del numero 12.
- - ¿Crees que puedas conseguir algo de alimento para Pig? – Pregunto Ginny, mirándose la punta de los pies sobre el mueble.
La castaña la observo por un momento mientras arreglaba su ropa, Ginny se veía cansada pero tranquila, lo que debía ser un indicio positivo, quizás en la madriguera iban mejor… aunque las cosas con los Weasley no habían mejorado demasiado, George seguía enclaustrado en la habitación que Fred y él una vez habían compartido y se negaba a abrir la tienda, la señora Molly no encontraba un forma de salir realmente adelante sin quebrarse a la hora de la cena, cuando el espacio de Fred quedaba vacio y el otro gemelo se limitaba a cruzar solo las palabras necesarias con el resto de sus hermanos.
Ginny era quien había suplantado a su madre en casi todo lo que comprendía llevar la madriguera y para una chica de 17 años, no era sencillo.
Ignorando la necesidad de hablar sobre un tema que probablemente la pelirroja no quisiera abordar, ahora que estaba en la apacible calma que, hace unos años, ninguno de ellos hubiese pensado, podría otorgada por la casa de los Black. Se limito a asentir a su pregunta mientras colgaba su bolso de cuentas de su hombro derecho y desaparecía por el quicio de la puerta, giro el pomo de la puerta principal y una suave brisa revoloteo sus risos castaños, el verano estaba en su cúspide y aunque era el inicio de la mañana, el sol brillaba intensamente sobre su rostro y la brisa húmeda y caliente la golpeo… vaya que hacía calor ese año.
Hermione cerro con cuidado la puerta a sus espaldas y tomo la varita de nogal entre sus manos… aún se sentía áspera y ajena cuando estaba en sus dedos.
Giro sus talos sobre sí misma y la conocida sensación de estrangulamiento y opresión llego a su pecho, por un segundo pareció que su cuerpo era comprimido en un tubo demasiado pequeño para ella, pero una respiración entrecortada después, sus pies se plantaron en el suelo empedrado que tanto conocía, de nuevo se encontraba bajo el puente donde una vez, ella en la piel de la dueña de la varita que sus dedos apretaban, Ron envejecido algunos años y Harry, con un duende traidor en la espalda, se habían aparecido con la intención de irrumpir en el banco mágico.
Claro que esta vez era diferente…
Acomodo su bolso sobre su hombro aunque este permanecía tal como ella lo había dejado en la entrada de Grimmauld Place.
El callejón estaba un poco más vivo que la última vez que lo había visitado, aunque las tablas permanecían fijas en las ventanas de alguna que otra tienda, y copias de los carteles de se busca seguían esparcidos por el piso, en más de una ocasión se encontró con las orbes verdes brillantes de su mejor amigo en medio del suelo, donde lo nombraban indeseable número uno.
La gente aun tenia temor a salir de sus casas y Hermione podía entenderlo, el ministerio y los aurores seguían trabajado arduamente en la búsqueda de los Mortifagos que habían logrado escapar, pero aun cuando había transcurrido algo más de dos mes desde el final de la guerra, los arrestos hasta ahora no eran de mucha ayuda, y todos Vivian con el temor de que el mar surgiera de sus cenizas otra vez.
Sus brazos seguían fijos a su alrededor cuando cruzo la avenida, había poca gente en la calle y Flourish y Blotts estaba casi vacío, sin contar a la anciana dependienta y un par de niñas acompañadas de sus padres.
Hermione recorrió la librería con parsimonia, siempre le había encantado ese lugar, había sido uno de las primeras zonas que pudo visitar al enterarse de su condición de bruja, desde pequeña había sido fanática de los libros y ese sitio en particular era un pequeño santuario de sus dos identidades, que en algún punto se volvían una sola, la castaña come libros y la bruja que adoraba aprender la magia que la había mantenido con vida durante los peores momentos.
Tomo algunos libros que realmente no necesitaba, pero cuyos títulos parecían lo suficientemente interesantes para tener algo en lo cual distraerse hasta que el expreso de Hogwarts la llevara de regreso al castillo.
La anciana dependienta tomo el montón de galeones que la castaña le tendió, no sin antes dar sus más sinceros agradecimientos a ella y a sus amigos y asegurar que estuvo de parte del niño que vivió durante toda la batalla.
Ella solo sonrió y salió de la tienda.
Era curioso como todo el mundo parecía creer que ellos necesitaban o querían escuchar sobre sus ideologías o su apoyo durante la guerra… la verdad es que tanto ella, como sus dos mejores amigos solo querían dejar ese evento en el pasado. Era un capítulo cerrado en la historia del trió dorado.
Su paso por el emporio de las lechuzas fue más corto, gracias a Merlín.
Solo le costó un par de minutos hacerse con el alimento para lechuzas y darle al dependiente el par de galeones necesarios antes de que el corrosivo olor a animales siguiera haciendo picar su nariz.
Respiro aire fresco antes de que sus ojos dieran con su próximo objetivo.
Los tablones de la tienda ya no estaban ahí, y una ligera luz provenía desde su interior, la castaña cogió la comida de Pig y la introdujo dentro de su bolso de cuentas sin ningún problema, como había hecho con tantas otras cosas que permanecían cubiertas por el hechizo de expansión indetectable.
Cruzo la ondulante calle de piedra que adornaba el callejón diagon y antes de empujar la enorme puerta de madera saco la varita, solo para poder deshacerse de ella lo más pronto posible.
Su mano abrió con delicadeza la puerta y la campanilla sobre esta sonó, anunciando la llega de un nuevo cliente.
Sus pies la condujeron hasta el inicio del antiguo mostrador y no pudo evitar sonreír al ver a su alrededor, la tienda parecía estar totalmente arreglada, del piso al techo las paredes estaban cubiertas de nuevo por cajas de varitas que esperan por su dueño y con suerte, en alguna parte de ese lugar ella iba a encontrar su nueva varita.
Miro alrededor, nadie acudía a su llegada y un persistente martilleo en alguno de los lugares de los pasillos detrás del mostrador empezaba a ponerla nerviosa.
-¿Hola? –dijo en voz alta, sobre el ruido sordo que seguía irrumpiendo el silencio.
El martilleo se detuvo y el ruido de alguien bajando de algún lugar sobre su cabeza, tocar el piso y encaminarse a su encuentro la hizo girar su rostro.
Una figura delgada pero imponente surgió entre las sobras.
Por un momento pensó que se trataba del señor Olivanders, pero solo tuvo que darle una segunda mirada para saber que se equivocaba.
Su pelo rubio estaba algunos centímetros más largos de lo que recordaba haber visto jamás, su cuerpo no estaba enfundado en ropas oscuras o en uniforme, como se había acostumbrado a observarlo, para su sorpresa y confusión, llevaba solo un par de jeans y una camiseta que dejaba sus brazos descubiertos, con la horrible marca tatuada permanentemente en su brazo izquierdo y en lugar de llevar una varita en sus manos, llevaba un aparto muggle, un martillo propiamente dicho.
Draco Malfoy no había notado su llegada, al menos no que se trataba de ella, porque parecía ajeno a su presencia cuando hablo.
- El señor Olivanders esta ocupado – dijo quedadamente, sin observar al recién llegado, preparándose para volver entre las sombras.
Su sorpresa y estupor duro unos segundos, pero se las arreglo para aclarar la garganta y lograr hablar.
- ¿Dónde está? – exigió, no sabía exactamente porque, pero no le gustaba que él estuviera ahí, como si nada hubiese ocurrido. El entre todas las personas no debía estar ahí, él que mantuvo al dueño de esa misma tienda como un rehén en el sótano de su casa, él que es el culpable de que ese anciano casi desfalleciera entre los muros de piedra encantados. Era repugnante pensar en él, ahí… y también resultaba preocupante, que podía hacer Malfoy ahí, nada bueno probablemente, apretó la varita entre sus manos mientras evitaba pensar en que tal vez, solo tal vez, el señor Olivanders estaba en peligro, que tal vez, ese hombre frente a ella le había hecho daño- ¿Qué haces tu aquí, en cualquier caso Malfoy?
POV/Draco
Giro sus talones para regresar a su trabajo, ya era la tercera persona que debía despachar ese dia.
No entendía porque el ansiano simplemente no ponía su condenado letrero de cerrado y lo dejaba hacer su trabajo en paz. Como si el tuviera ganas o si quiera tiempo para ser su secretaria o su portero.
- ¿Dónde está? – exigió una voz y su cuerpo se congelo antes de ser siquiera consiente.
El conocía esa voz.
Giro lentamente su cuerpo para asegurarse de que sus oídos no lo engañaban, pero no lo necesito, porque para cuando la voz volvió a llegar él, ya estaba seguro de quien se trataba.
- ¿Qué haces tu aquí, en cualquier caso Malfoy?
Sus ojos grises escudriñaron a la figura frente a él. Estaba envuelta en un ridículo suéter verde oscuro, sus mangas ocultaban sus brazos y algo en su interior se sintió un poco más tranquilo al darse cuenta de que no podría ver esa marca… no otra vez.
Granger lo observaba de pie y estaba seguro que había dado algunos pasos hacia atrás desde el mostrador, una de sus manos sostenía fuertemente una varita, tanto que sus nudillos empezaban a tornarse blancos por la presión, cosa que resultaba a un poco graciosa.
Ella estaba nerviosa por su presencia, ella tenía la varita para defenderse de él si era necesario.
Y hacia más de un mes que sus manos no sostenían una varita.
- Eso… no es de tu incumbencia Granger – escupió desganado, no podía negar que le molestaba y le incomodaba estar en la misma habitación que ella.
- ¿Qué le hiciste? – gruño, alzando algunos centímetros su varita… oh dios, no pensaría atacarlo ¿Verdad?
No pudo evitar la sonrisa de suficiencia que se coló en su rostro, había olvidado lo divertido que era molestar a los valientes Gryffindor, siempre dispuestos a luchar por una causa, por defender a los débiles… por mostrarse más dignos y mejores que el resto de las personas.
Como detestaba a los Gryffindor.
- De nuevo… eso no te incumbe Granger – dijo, esta vez con la sonrisa torcida por la que era conocido.
- Te juro que no me interesa lo que este sucediente Malfoy, o me dices donde demonios esta el señor Olivanders o te noqueare y llamare a los Aurores para que te arrastren con tu asqueroso padre a Azkaban – sus palabras estaban llenas de odio y el brillo en sus ojos lo alerto de que hablaba en serio, ella no dudaría en mandarlo a la inconsciencia para que lo trasladaran a la prisión – Es donde mereces estar después de todo, es donde los hombres como tú y como Lucius Malfoy pertenecen.
Estaba vez fueron sus puños los que se apretaron en torno al mango del martillo, la ira empezaba a inundar su interior y sus ojos se arrugaron mientras daba un paso más cerca de la castaña, que alzo su varita contra él.
No podía creer que lo hubiese igualado a su padre… quien se creía esa asquerosa impura. Se arrepintió de sus pensamientos, si. Pero era más grande su ira hacia ella.
- ¿Quién te crees para decir donde merezco estar? ¿Quién eres tu Granger, además de la lame botas de Potter? – otro paso y la varita quedo justo a la altura de su pecho.
- Oh… me debes más de lo crees Malfoy, yo como tú no pondría mi pellejo en juego… - la castaña lo observo y se sintió de nuevo en Hogwarts cuando ella realizaba perfectamente cada hechizo, cada lección y miraba con suficiencia al resto de los alumnos, como si supiera algo que los demás desconocían.
- ¿Que insinúas? ¿Qué demonios estas tratando de decir con eso? ¿Qué te debo algo? ¿Yo? ¿Un Malfoy a una persona como tu Granger? – sus palabras eran solo veneno, veneno siendo escupido desde un alma atormentada, una que no conocía otra manera de defenderse que el aplastar a los demás – Jamás te voy a deber nada Granger.
- ¿Eso crees? Pues deberías saber que fui yo quien se presento para… - el ruido de una puerta chocar contra la pared callo sus palabras y ambos observaron al anciano que traía unas pequeñas cajas entre sus manos.
Los tres permanecieron en silencio… fue Olivanders quien lo rompió aclarándose la garganta.
- Draco, aun quedan un par de cajas en la bodega y me gustaría que, de ser posibles, la trajeras a la tienda… quiero terminar con esta repisa hoy.
El rubio no se movió, sus ojos, como dos rendijas hundidas en odio miraban a Hermione fijamente, la castaña tenía las mejillas encendidas y la varita ahora estaba devuelta a su costado, colgando de sus manos,
Parecía avergonzada.
- Draco… por favor – la suave petición de Olivanders lo devolvió a la realidad y dando un movimiento de cabeza más que brusco salió por la misma puerta por la que el anciano había aparecido.
Sus pies resonaron hasta que cruzo el quicio pero no viajo hacia lo bodega como se lo había pedido el anciano, su cuerpo se mantuvo escondido detrás del marco porque, sea por la razón que fuese, quería escuchar lo que Granger venía a decirle a Olivanders.
- Señorita Granger – dijo suavemente el anciano – Es un placer tenerla en mi tienda.
- Oh señor Olivanders – Hermione sonrió tímidamente y se acerco al hombre que permanecía medio oculto por el mostrador – Lamento lo que ocurrió, es solo que Malfoy no… él no quería decirme donde se encontraba usted y yo…
- y usted pensó lo peor – concluyo la oración y ella solo asintió, sintiéndose algo avergonzada por su actitud – Lo entiendo señorita Granger, no debe preocuparse.
- Es solo que el… bueno, usted – mordió su labio, no parecía correcto sacar a relucir el hecho de que Malfoy lo había mantenido secuestrado en su casa por casi dos años.
- Esta en la naturaleza de los seres humanos el desconfiar de nuestros semejantes, mas aun cuando algunos de ellos han cometidos errores en el pasado señorita Granger – dijo el con suavidad, sonriéndole indulgentemente – Solo los sabios son capaces de ver lo mejor de la gente, pese a que los errores nos suelen perseguir por el resto de nuestros días.
No pudo evitar pensar en Dumbledore y su afán por ver el lado bueno de la gente, aunque se trataran de personas aparentemente despreciables, como Severus Snape… o como Draco Malfoy.
Ahora… aunque su preocupación por mi me alaga, estoy seguro que no ha venido hasta mi tienda para asegurarse de mi salud ¿Me equivoco? – no pudo hacer otra cosa que negar y sonreírle tímidamente, el anciano, que ahora parcia más sano pero aun más culto que antes, asintió conforme con su sinceridad y continuo – Entonces… ¿Hay algo en lo que pueda ayudarla señorita Granger?
- Si, lo hay – acepto y estirando su brazo, dejo frente al hombre la varita que sostenía.
Las arrugadas manos del hombre la tomaron, la observaron y acerco a su oído, segundos después la dejo de vuelta al mesón, donde ella la había depositado.
- Nogal… doce pulgadas y media, corazón de dragon y es… rigida – explico observando a la castaña- Esta varita pertenecía a Bellatrix Lestrange aunque su lealtad ha cambiado… pero no me parece que sea leal a usted ¿O si?
- No, no fui yo quien la desarmo realmente… - explico, recordando como Molly Weasley había acabado con la bruja, ganando asi la lealtad de la varita. – Es por eso que he venido, necesito otra varita, esta… simplemente no se siente correcta.
- ¿Qué paso con la suya señorita Granger? – cuestiono y por un momento se sintió como una niña siendo reprendida por perder algo muy valioso – aun recuerdo cuando cruzo esa puerta, comparten núcleo y dimensión… pero el vid de su varita la hace artística y leal, buena para encantamientos, muy flexible.
- La perdí… en la mansión de los Malfoy – dijo y por primera vez, el hombre pareció recordar todo lo que habían vivido dentro.
El solo asintió y se movió por la sala, desempolvo un par de caja y las observo por lo que pareció una eternidad, paso varias varitas por sus manos y no fue hasta que una oscura pareció lo suficientemente buena, que se giro y la tendió a la castaña.
Ella la tomo con dedos temblorosos, pero no quedo lugar a dudas de que esa era la correcta, sus dedos parecían conectarse de una manera especial con ella y para cuando la agito, el florero a su derecha quedo convertido en una hermosa caja de madera.
Olivanders sonrió… parecía conforme con el resultado.
- Tejo, once pulgadas y pelo de unicornio… usted sigue siendo muy flexible señorita Granger. Lo que es bueno para una persona que ha vivido tantas cosas como lo ha hecho usted.
No supo como tomar eso, así que en silencio asintió un poco incomoda.
- ¿Podría decirme cuando le debo señor Olivander?
- -Oh no, no… es cortesía de la casa señorita Granger – La castaña quiso objetar pero el anciano, con una suave sonrisa en su rostro negó y alzo la mano para detenerla- Esta es una de las pocas formas en la que me puede permitir agradecerlo que el joven Potter, el señor Weasley y usted hicieron por mi… por favor, acéptela.
- no tiene nada porque agradecernos – tomo su áspera mano entre la suya, estaba tibia y se sentía frágil a su toque, sobre todo cuando le dio un delicado apretón - Hicimos lo que debíamos hacer, lo correcto, pero es una pena que no pudimos hacerlo antes, ahorrarle todo lo que vivo…
- Y esto es lo correcto ahora – expuso – es un placer para mi ayudar a quienes me han ayudado.
Bien… de todas formas, muchas gracias señor Olivander – El hizo un movimiento de cabeza, complacido por la decisión de la castaña y esta sonrió en despedida… pero justo cuando sus dedos tomaron la perilla de la puerta y se preparaban para abandonar la tienda, algo la detuvo.
Garric Olivander sonrió para sus adentros, porque sabía que tarde o temprano iba a suceder, lo supo en cuanto vio a esa chica en la mitad de su tienda, apuntando ferozmente el pecho de Draco.
- ¿Señor Olivander? – dijo, mirando aun el cristal de la puerta, aunque su cuerpo empezaba a girar lentamente, para volver a mirar al anciano. Sus ojos cafés parecían cautelosos, preocupados pero con una sed de saber, con una curiosidad casi impresionante - ¿Cree que podría preguntarle algo?
- Por supuesto señorita Granger – respondió el, mirando a la chica que parecía estar eligiendo con cuidado sus próximas palabras.
- Eh… bueno… me preguntaba ¿Por qué… por que esta Draco Malfoy en su tienda? Digo… él es… bueno… es un Malfoy y usted… ellos – para el momento en que las palabras dejaron su boca, Olivanders supo que Hermione se arrepentía, ahora parecía desesperada por dejar la tienda.
- Una elección no puede definir todos los aspectos de una persona señorita Granger, ni siquiera como toma las consecuencia de sus actos, en algunos casos el mundo decide por ti y eres victima de las elección que te han impuesto… – el estaba plenamente consciente que su respuesta, en vez de aplacar las dudas de la castaña, podía imponer muchísimas más, pero no era él quien decidía si la verdad, sobre la estadía del joven Malfoy en su tienda era digna de ser contada o no.
- Como se lo he dicho, está en la naturaleza humana el desconfiar de quien alguna vez ha fallado, señorita Granger – repitió, esta vez mucho más serio, mucho más intenso – Pero, también está dentro de nosotros el póder de perdonar y superar… a veces, es mejor dejar el pasado atrás, para que el futuro venidero pueda ser mejor.
Ella no necesito mas respuesta y realmente no quería hacer más preguntas, no importaba lo que había llevado a Malfoy dentro de esa tienda… parecía que el señor Olivander así lo quería.
Abandono la tienda con las palabras del anciano en su mente aun cuando no era esa la intención de el… o eso creía.
Llego a Grimmauld place un poco pasada las once y Ginny estaba enfrascada en una conversación con el azabache,
Paso de largo hacia su habitación y dejo que su peso callera sobre la cama, que chirrió bajo su peso.
"A veces, es mejor dejar el pasado atrás, para que el futuro venidero pueda ser mejor"
Su mente lo repitió una y otra vez, una y otra y otra y otra vez…
Quizás la tenia razón, quizás para poder superar todos los horrores vividos en la guerra, era necesario dejar el odio y el miedo atrás y así poder ver el brillante futuro que el tiempo de la paz les ofrecía.
Su mano viajo hacia su brazo izquierdo y sus dedos retiraron la manga que ocultaba aquella terrible cicatriz.
Si, a veces era mejor dejar el pasado atrás.
Pero aun así, había cosas que era imposible borrar, no importa cuánto lo deseemos o con cuanta fuerza lo intentemos.
Era imposible borrar algunas cicatrices… más aun cuando te marcan más allá de la piel… cuando te definen.
Sangre sucia…
"Una elección no puede definir todos los aspectos de una persona señorita… en algunos casos el mundo decide por ti y eres victima de las elección que te han impuesto…" había dicho Olivander
Pero una elección no solo aqueja a quien la toma… si no a cualquiera que está a su alrededor y ella no podía perdonar a alguien que habían causado tanto daño.
No, ella no podía dejar eso atrás, olvidar y perdonar…
No, no podría.
Ellos no se lo merecían.
Bueno... no tengo nada mas que decir... espero sus comentarios.
Por cierto... si me lee algun Divergente por ahi, hoy termine de leer Allegiant, y quiero decir que AME el libro pero estoy en medio de una crisis post-libro quizas por eso este capitulo es un tanto triste en cierto sentido...
en fin nos leemos pronto.
