"¡Buenos días pequeña!"

A Sakura Kinomoto le molesta de sobremanera que la despierten temprano en los días friolentos, incluso recordaba una vez en la que nadie logró sacarla de la cama, por lo que su tutor gruñón tuvo que ir a su habitación para darle las lecciones del día.

Pero esta vez era diferente, ella no podía pedir a cada uno de los profesores que fueran hasta su habitación para dar la lección del día. No señor, no podía gracias a sus crueles padres que la habían obligado a asistir al instituto.

Por más que su madre trataba de animarla al despertarla con las más melosas palabras, Sakura no quería despertar y mucho menos porque ese día era sábado.

Un sábado muy frio.

"Vamos mi pequeña, hora de iniciar un gran día."

Un gran día.

Bueno, llevaba apenas un mes en el instituto y debía aceptar que no había resultado tan malo como ella imaginaba.

Tenía en todo el colegio únicamente dos amigos –Tomoyo y Eriol- pero con ellos le bastaba. Además, esos días de acoso e interrogatorios habían terminando, y últimamente eran menos los chicos que se acercaban a ella para hablarle. A excepción de uno, claro.

Yue Tsukishiro.

De tan solo recordar el nombre, nuestro pequeño cerezo pierde el color del rostro y sus nervios se disparan en alerta.

Era un chico de último año, quien desde el primer día que la vio caminando por los pasillos con su torpe andar, se la había pasado acosándola y para tremor de Sakura, aprovechaba los momentos en que se hallaba sola.

"No me huyas Kinomoto"

"No me tengas miedo."

"No puede hablar con ningún otro chico, eres mía."

¿Suya? ¿A qué se refería con aquello?

Bueno, Sakura no lo sabía del todo, de lo único de lo que estaba segura era del enorme temor que el chico causaba en ella.

Que frio día, será mejor usar gorro. Sí, aquel gorro de lana color verde que alguna vez su madre tejió para ella, creyendo que con ello compensaría el haber olvidado dejarle comida para todo el fin de semana que saldría con su padre. Tan despistada como siempre.

Salió de casa, esta vez sin patines, y se dirigió a la escuela en calma.

Observaba el frio clima a su alrededor, esperando encontrar algo en la calle que hubiera cambiado. Nada. Simplemente todo era igual.

Llegó a su salón de clases, sorprendida cuando lo encontró solo. Al parecer y por primera vez, había logrado llegar temprano.

Sakura llegaba siempre tarde, no podía evitarlo, pero a ella le gustaba pensar que se debía a que el mundo giraba más rápido que sus pensamientos, o que ella se detenía demasiado profundizando en sus pensamientos. Sí, eso debía ser.

Al no tener nada mejor que hacer, se sentó en su lugar y comenzó a dibujar garabatos en su libreta de matemáticas. Tontas matemáticas, realmente eran un martirio.

Swaaaash.

Dio un pequeño salto en su lugar cuando escucho la puerta corrediza abrir, y se encontró con un chico de ojos color ámbar, más pálido de lo normal y con una nariz muy roja.

Nuestra protagonista comenzó a experimentar los ya no tan extraños síntomas de su 'alergia'.

Si, el corazón le latía mas rápido, su cara hervía en una fiebre pasajera, las manos se le congelaban y su estomago se retorcía al mismo tiempo que danzaba. Eso, para Sakura, eran síntomas de alergia a los castaños.

El recién llegado simplemente camina con algo de dificultad hacía su asiento y al llegar, se deja caer pesado sobre la silla, con la cabeza entre las manos.

A Sakura le viene a la mente aquella charla con su madre el día en que ingreso al instituto y experimento por primera vez los síntomas de su extraña enfermedad.

"Oh, ya veo mi pequeña. No te preocupes, lo único que tienes que hacer es enfrentarlo. Me refiero a que, tal vez si hablas más seguido con aquel chico tu sistema se adapte y te cures."

Esas habían sido las palabras de su tierna y atolondrada madre.

"Vamos Sakura, no seas cobarde y salúdalo. Solo salúdalo."

Pero los nervios no estaban dispuestos a cooperar, se apoderan de la castaña y esta solo atina a girar hacía el asiento del chico bruscamente y decir casi en un grito:

"¡Muy buenos días, Li!"

Silencio.

Un gran y pesado silencio.

Sakura se queda observando a u compañero, quien parece dormido con la cabeza recostada en el pupitre.

"Oye…"

Con un solo dedo, Sakura comienza a picar su mejilla para asegurarse de que no esta muerto o poseído, y solo alcanza a sentir que el chico esta ardiendo en fiebre…

"Etto… ¿te sientes bien, Li?"

Todo el nerviosismo y los síntomas de Sakura son reemplazados por una enorme angustia. Angustia que aumenta cuando Li no responde.

Sakura se impacienta, no sabe que hacer.

Tal vez su compañero también sea alérgico a las castañas, y ella al hablarle solo empeoro sus síntomas.

Qué triste, pero si era su culpa, ella tenía que ayudarlo.

La castaña se pone de pie, y como puede logra poner en pie a su compañero, y tras rodearse con sus brazos, comienza a llevarlo hacía la enfermería.

El chico esta consiente, le ayuda al caminar, pero la fiebre le impide razonar lo que está sucediendo.

Mientras, nuestra protagonista experimenta muchas cosas: está prácticamente cargando a un chico de mayor peso y medio consiente, esta angustiada por el estado del mismo, sus propios síntomas de alergia se agravan al percibir el aroma del chico…

Chocolate.

A Sakura le gusta el chocolate.

A Sakura le gusta el aroma de Li.

Después de un rato, logran llegar a la enfermería, en donde Sakura explica a la amable enfermera lo sucedido. Esta de inmediato le atiene, le da un medicamento y lo recuesta para que descanse.

"Tu amigo estará bien pequeña, será mejor que vuelvas a clases."

Pero algo dentro de ella no quiere dejarlo ahí. Tal vez sea la culpabilidad de ser la causa de sus síntomas.

Pero no le queda de otra, no estaba de humor para explicar a los profesores su extraña enfermedad que creía compartir con Li.

Se pone de pie, cuando una idea surge en su cabeza.

Se quita el gorro verde, lo toma con cuidado y lo coloca en la cabeza de un dormido Li.

Su madre solía darle regalos cada vez que le causaba algún disgusto o molestia, así que Sakura decide que ese será un regalo para Li.

Camina hacia la puerta, le dedica una última mirada y sale hacía su salón, mientras que su cuerpo experimenta una extraña y agradable sensación de felicidad.

Me eh sentido algo inspirada y veo futuro en la historia, así que la seguiré.

Gracias por los Reviews, Follows y Favs, nos leemos pronto! (: