03
Arthur se levantó aquel lunes por la mañana a las seis en punto, siguiendo la rutina de siempre. Cuando estuvo listo, tomó su maletín y las llaves del auto, para luego salir al estacionamiento, donde estaba parado un automóvil de apariencia casi nueva. No porque se esmerara cuidándolo, porque sus choques y magulladuras había tenido en sus noches de juerga, sino porque su padre lo mantenía impecable, pagando los destrozos de la inconsciencia de su hijo. Él se había prometido cambiar ese aspecto de su personalidad, para evitarle tanto disgustos como gastos.
Tiró el maletín en el asiento trasero, revisó su celular por si tenía nuevos mensajes
(ninguno de Patricia, su novia, hasta ahora, pero sí mensajes de burlas de sus mal llamados amigos)
y arrancó. Aproximadamente una hora después ya estaba aparcando en la Universidad, cerca del edificio de derecho. Tardó en bajarse, pensando en los comentarios hechos hacia la foto de Facebook y también en los mensajes en su celular. Mei la borró en la noche, cuando, según ella, llegó nuevamente a casa y pudo usar su computadora. Nunca le dijo que lo lamentaba, Arthur no se lo exigió, le parecía que la niña habría mentido.
A lo mejor a estas alturas ya era un suceso pasado. Quién sería tan ocioso como para seguir en vilo un chisme sin sentido gracias a una foto trucada. Arthur terminó de bajarse y andar con el mismo paso de siempre, con la expresión habitual en el rostro, hasta llegar al salón de la primera clase del día. Al entrar, las únicas tres personas se callaron en el acto, como si él con su presencia hubiera precipitado el final del chiste. Murmuró un escueto buenos días que fue respondido de igual forma, y se sentó en un pupitre frente a la ventana que daba a la calle principal que conectaba el resto de las facultades y las áreas verdes. Entonces los otros tres reanudaron la conversación, con el interés de Arthur. Pronto se integró a ella y el ambiente se relajó tanto como para cuidar menos el vocabulario y el tema en cuestión. La fiesta vino a colación
(o, tal vez, hubiera vuelto)
y después de hablar de la borrachera de Elizaveta que terminó con todo el piso de la cocina vomitado o por el arresto de Antonio por salir a la calle vestido únicamente con un taparrabo y unas orejas de conejo, alguien hizo una nada ligera indirecta que implicaban besos homosexuales de hombres heterosexuales con hombres abiertamente gays.
-Como quién -exigió saber Arthur, fríamente, intentando suprimir sus nervios.
-Decir nombres sobra -dijo Martín, un castaño de ojos claros-. Si has entendido que la cosa es contigo.
Arthur palideció para enrojecer de un tirón, sin preocuparse en aliviar su ira e indignación. Pero los demás siguieron antes de poder defenderse.
-Te tenías bien guardado que te gusta Francis -informó una chica-. Si generalmente da la impresión de que lo odiaras.
-¿Y luego a dónde se fueron? Los vieron salir juntos pero ya nadie supo averiguar el destino -dijo el otro.
-Detengan las conjeturas, no dicen nada que tenga sentido –les interrumpió Arthur-. Francis me drogó con algo extraño y me forzó a estar con él, luego me obligó a salir, pero a medio camino me libré y volví a casa.
Todos le dirigieron miradas de suspicacia.
-¿Tiene algún sentido que me enrollara con la puta del pueblo? –repuso, intentando hacerles entrar en razón.
-Bueno… -iba a terciar uno.
Arthur iba a seguir dando argumentos en contra de aquella fantasía con nombre y apellido, pero el profesor llegó y los cuatro se callaron. Luego de diez minutos llegó el resto de sus compañeros y la clase comenzó. En el segundo bloque, con otro profesor, la cabeza de Arthur dejó de prestar atención a las miradas disimuladas
(pero con intención)
que le dirigían los chicos de vez en cuando. Su concentración se desenfocó, y acabó observando a través de la ventana, abstraído. Distinguió una figura rubia entre la multitud, vestida como si fuera modelo de pasarela en vez de estudiante de Arte, caminando a paso lento como si, otra vez, modelara en vez de caminar y tuviera el objetivo de llamar la atención de los transeúntes que el del llegar a su destinación. Se preguntó si tendría clase a esta hora. Le mandó un mensaje a Sakura preguntándole dónde estaba, pues los estudiantes de Arte era tan pocos que sólo tenían un grupo, con un horario idéntico en todos. Medio minuto después, ya tenía la respuesta:
Stoy en clacs °-° no me gusta Bosch nif nif TT_TT q kerias? ?_?
Arthur ignoró la respuesta y se volvió hacia la ventana. Consiguió de nuevo a la figura rubia. Francis había desviado su camino de la facultad de Arte para irse a los jardines. Arthur se levantó de su asiento y, antes de pensar en lo que hacía, se encontró yendo en su dirección. En el recorrido justificó su acto como necesario: debía dejar los puntos claros con respecto a aquella noche que jamás existió.
Entró a los jardines y lo buscó con la mirada, al tiempo lo halló detrás de un árbol, sentado en un banco, de espaldas, y con dos brazos colocados toscamente en su cintura. Al acercarse un poco más, se dio cuenta que se estaba besuqueando con otro tipo que Arthur en su vida había visto por la universidad.
Tuvo ganas de patearlo. Estaba muy ocupado arreglando el desastre que su droga había provocado esa noche del sábado, para entonces encontrárselo muy feliz en manos de otro, ajeno a su culpa y como si nada entre los dos hubiera ocurrido
(que no ocurrió pero)
Sin importarle los modales, Arthur se acercó y los separó con brusquedad, tomando a Francis por la cola de caballo, quien soltó una exclamación de confusa protesta. El otro imbécil también protestó, sin moverse de su sitio.
-Ya que he captado tu atención –comenzó Arthur, ignorando al otro y soltando a Francis-, acaba con lo que estás haciendo y ven. Vamos a hablar.
-¿A cuenta de qué? –gruñó Francis, soltándose la cola para volverse a amarrar el cabello.
-Te lo estoy diciendo yo.
-Podemos hablar aquí. Enfrente de… ¿Eric?
-Darren –dijo el otro, rodando los ojos-. Te lo he dicho tres veces.
-Pues tu cara es un Eric total –se excusó Francis. Arthur arqueó una ceja-. Enfrente de Eric. Digo, Darren.
-Yo me voy –repuso Darren, sin ocultar su ofensa.
Se alejó antes de que Francis se le ocurriera cómo retenerlo. Arthur volvió a insistir que fueran a otro sitio.
-¿Como cuál? –preguntó Francis sin mayor opción.
-Uno donde no me vean contigo. Tengo una reputación que mantener.
-Pues yo me quedo aquí. Si vas a hablar conmigo, te sientas a mi lado o te quedas de pie, pero no nos vamos a donde tú digas. Además, no confío en ti.
-¿A qué te refieres?
-A lo que quieras hacer. Eres de los hombres que entre menos vean, más hacen.
Arthur bufó, manteniéndose de pie.
-Sólo quiero aclarar las cosas.
-¿… te disculparás?
-Como si tuviera motivos. Y cállate, que no tienes nada que opinar aquí –interrumpió Arthur cuando vio a Francis abriendo la boca-. Mira, no sé qué hiciste ese sábado o la naturaleza de esa droga, pero no pienso tomar acciones legales contra ti.
-¿Qué?
-Sólo no te me acerques. Tampoco inventes cosas extrañas como que nos –Arthur abrió y cerró la boca varias veces antes de reunir el valor para decirlo-: acostamos esa noche. Prohibido decirle a alguien que amanecí en tu apartamento. Tampoco nos besamos. Hay una foto que ronda por ahí que es completamente falsa y tú debes decir eso. En resumen, nada pasó esa noche. Si dices algo, lo pagarás.
-¿Pero es que acaso vas en serio? –preguntó Francis, estupefacto.
-¿Parezco andar contando chistes, tú? –le respondió-. Eres más imbécil de lo que aparentas.
-¿Pero es que te oyes?
-Sí, he repasado punto por punto. No creo olvidar nada importante.
Francis se levantó y lo miró fijamente.
-Demándame si quieres, pero no pienso obedecerte. Estás loco, pero da igual. De todas maneras tampoco fue fabuloso. Puedo decirle a quien yo quiera el mal polvo que eres.
-¡Coño, cállate! –exclamó Arthur, estrellándolo contra el árbol, esperando que nadie los hubiera oído.
(aunque sus temores eran vanos, no había ni un alma cercana a ellos)
Francis soltó un gemido de dolor y Arthur siguió ejerciendo presión.
-Estoy siendo bueno, pero si se te va la lengua, sólo tú serás responsable de lo que yo te haga.
-Eso será curioso verlo.
-Te lo advierto, intenta dañar mi imagen y cumpliré mi palabra.
Se quedaron en silencio, Francis no volvió a decir absolutamente nada más, mirándolo con una expresión que Arthur no quiso reconocer. Era la primera vez que se enfrentaba con aquel semblante, tan ajeno al que estaba acostumbrado a ver y cuyo desconocimiento le ponía nervioso. Lo soltó y, sin mirarlo una segunda vez, se alejó a grandes pasos.
Tal vez había precipitado sus palabras, pero era la única manera de conseguir borrar aquel episodio para siempre
(y lo que parecía remordimiento, era más la incertidumbre de desconocer si Francis le haría caso o no)
A mediodía se reunió con Sakura y Gilbert. Les preguntó por Patricia y ellos se encogieron de hombros, pero no hizo falta inquirirles más, porque ella llegó a los cinco minutos y pidió un momento a solas. En un salón vacío, Patricia rompió con él, por más que Arthur intentó justificarse, darle razones y manejar lo ocurrido a su propia conveniencia.
-Hoy los volví a ver juntos, Arthur –dijo ella con amargura al final, sin nombrar a la persona de la discordia directamente-. Él estaba con otro pero tú lo separaste. Tú. Para mí no hacen falta más pruebas. Hasta la próxima.
Salió del salón, dejando a Arthur envuelto en un mar de sentimientos.
(lleno de desprecios y decepciones)
Y Francis tenía la culpa. Otra vez.
N/A: ¡Hola!
Espero que hayan pasado una buena semana, por mi parte así fue n.n Bueno, aquí lo dejo, con Arthur soltero y sin compromiso y algo despechado, pero ya se le pasará u.u Después de pensármelo mucho decidí que su –ahora- ex novia fuera un personaje original y no uno del canon, no quiero ningún triangulo amoroso, generalmente sufro mucho con ellos. Aunque la idea de que fuera Seychelles es tentadora (como pensó Deskdraik), en la primera versión pensé en Portugal y su primer diseño de mujer.
Sakura es fem!Japón. Y sí, habrá Japón en su versión normal, he pensado en agregar tanto uno como otro según me vaya conviniendo (no es una gran razón ).
Con respecto a qué ciudad están y la Universidad (que nadie lo ha preguntando, pero viene bien saber)… bueno, es la Universidad de Miami, pero no esperen nada cien por ciento exacto. Sakura y Francis estudian en el mismo año, 3ero, el mismo que Arthur.
Noelle Bellamy preguntó la edad de los personajes. Pues: Arthur tiene 21 años y Francis 24. Mantengo el hecho que Francia es mayor –en apariencia- por tres años, últimamente me gusta mucho las relaciones donde el menor tenga un rol más "dominante". Aunque Inglaterra ya es muy dominante de por sí O.o
Bueno, creo que eso es todo n.n ¡Muchas gracias por sus comentarios! Espero verlos una próxima vez.
¡Nos vemos!
