La visión de Misuzu era tan mala, que era casi abstracta. Todo borroso y sin contorno. No sentía ningunas fuerzas, ni siquiera para hablar. Sintió una mano apretar la suya. Escucho como en un eco, las exclamaciones de sorpresa y susto. Y también, una lagrima caer sobre su rostro. Alcanzo a ver una persona con bata blanca acercarse. Por un momento pensó que era un ángel, pero cuando la persona le tomo el pulso, se dio cuenta de quién era: La hermana mayor de Kano, la doctora Kirishima. Comenzó a ver y escuchar mejor. Con más claridad. Escuchó a su mama decirle algo a la doctora. Sonreía mucho. Miro a Misuzu y la abrazo, cuidando de no lastimarla. Poco a poco sintió recuperar las fuerzas. Las suficientes como para abrazarla también. Le correspondió el abrazo con toda la fuerza que tenía en ese momento. Sus ojos se llenaron de lágrimas de alegría. Ahora todo mejoraría. Ignorando los crecientes murmullos, cerró los ojos tranquilamente, sabiendo que esta vez, despertaría en su cómoda cama, en su hogar, junto a su mama. Finalmente, había regresado.
