¡Hola!

¿Cómo están? Espero que bien...

Primero que nada... ¡Mil millones de gracias por los reviews! De verdad, me encantaron¡fascinaron! Me sentí bastante bien al saber que a varias personas les gustó mi historia, se los agradezco de todo corazón.

Aquí está el tercer capítulo de la historia, que espero que les guste mucho...

¡Disfruten la lectura!

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Capítulo 3

Hogwarts

Las vacaciones estaban llegando a su fin, entristeciendo a la mayoría de las personas, poniendo a Hermione feliz, porque así podría saber todo lo referido a Malfoy, y a Draco nervioso sin saber qué iba a pasar con Hans, con el cual se había encariñado más que el primer día.

Unos ojos color miel se abrieron de golpe porque la dueña, al recordar que aquel día volvía a su colegio, se uso feliz. Se levantó de un salto y se fue a bañar con una sonrisa.

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Draco se despertó lentamente, tratando de no pensar que aquel día volvía al colegio. "No, la rutina de nuevo no" – pensó con desgana. Miró hacia su velador y vio que eran las siete – "Mejor me levanto, hay que despertar a Hans" – se desperezó y salió de la cama. Se dirigió al dormitorio de su hijo adoptivo y vio que seguía dormido, así que decidió dejarlo dormir por más tiempo. Se dirigió al baño y se duchó con calma, sin dejar de pensar en lo que había sucedido hacía un mes aproximadamente en el Mall. ¿Qué le diría cuando lo viera? Y no sólo ella¡todo el mundo lo vería con Hans en la estación¿Qué haría? Salió de la ducha, se secó y luego se puso la toalla alrededor de la cintura y se dirigió a su dormitorio. Se vistió calmadamente, tratando de trazar algún plan para ocultar a Hans. Suspiró con preocupación. Algo se le ocurrirá. Se dirigió al dormitorio de Hans y vio que él ya estaba despierto y lo miraba con una pequeña sonrisa, aún con el rostro adormilado.

- Buenos días, campeón – saludó Draco mientras se acercaba al niño.

- Buenos días, papá – saludó el niño y Draco sonrió algo avergonzado. Aún no se acostumbraba a que lo llamara 'papá'.

- Ven, que te voy a bañar, ya nos vamos a tener que ir luego.

- ¡Veddad que tú vuelves a la escuela! – exclamó Hans emocionado.

- Sí, hoy día vuelvo a la escuela, por lo tanto, te tienes que bañar para que lleguemos temprano.

- Deacueddo – dijo Hans y se fue en los brazos de Draco hacia la bañera.

Luego de treinta minutos Hans estuvo listo y ambos estaban bajando hacia la cocina para tomar su desayuno, cuando la elfina doméstica apareció frente ambos.

- Señor, tiene visitas – le dijo la criatura haciendo una reverencia.

- ¿Quién? – preguntó el joven extrañado.

- Albus Dumbledore – respondió ella.

¿Albus Dumbledore¿Qué rayos hacía él en su casa y a esa hora? Bueno, dentro de unos minutos lo sabría.

- Bien¿dónde está?

- En la cocina – respondió ella tímidamente.

- Vamos de inmediato.

La elfina asintió y desapareció. Draco tomó en brazos a Hans, para poder ir más rápido, y siguieron el camino hasta llegar a la cocina, donde un anciano de largo y plateado cabellos y barba, tez clara y arrugada, ojos celestes y lentes de media luna los esperaba. Al verlos sonrió con cariño, como siempre lo hacía con sus alumnos.

- Profesor Dumbledore – dijo Draco a la vez que sentaba a Hans en su silla alta. El pequeño no paraba de mirar al anciano director con interés.

- Buenos días, señor Malfoy – saludó el hombre -, buenos día para ti también, Hans.

El niño miró su comida, bajando la cabeza con timidez.

- Tienes que decirle buenos días también, Hans, eso es de buena educación – le dijo Draco, pero no retándolo, sino que dándole un consejo.

- No hay problema, señor Malfoy – dijo Dumbledore, divertido -, vengo a verlo a estas horas tan tempranas para decirle algo respecto al niño que está bajo su custodia.

Draco, al saber el tema de por qué Dumbledore había ido a su casa, le puso especial atención. ¿Por qué habría ido el director a hablar con él sobre Hans?

- Como usted sabrá, el niño no se puede quedar solo todo el tiempo que esté en el colegio – Draco asintió y vio de reojo como Hans miraba a Dumbledore -, por lo tanto, el niño irá al colegio con usted – Draco lo miró sorprendido.

- ¿Cómo irá conmigo¡Todo el mundo sabrá que habrá un niño en el castillo!

- Eso ya lo tengo solucionado, pero lo sabrá cuando llegue a Hogwarts – le dijo Dumbledore con una sonrisa -, aunque, como usted dice, nadie debe saber la existencia de Hans en el castillo, por lo tanto, usted no puede llegar con él a la estación.

Draco lo miró con seriedad. Si Hans no llegaba con él¿cómo llegaría al colegio? No lo entendía, aparte que no se quería separar del niño¿y si le pasaba algo? No se perdonaría nunca si a su pequeño le llegaba a pasar algo y él si pudo haber tenido la oportunidad de salvarlo.

- No se preocupe, señor Malfoy – dijo Dumbledore como si le hubiese leído el pensamiento -, Hans se irá ahora conmigo y yo lo dejaré en un lugar seguro.

- Pero… pero… - las palabras no salían de su boca.

- No se preocupe – dijo nuevamente Dumbledore con una suave sonrisa en sus delgados labios -, va a estar bien y apenas termine la comida, usted lo podrá ver, la profesora McGonagall lo llevará.

- Pedopedo… - ésta vez habló Hans – yo no me quiedosepadad de mi papi – hizo un puchero.

- Veo que se tomó el papel de padre bien a pecho – comentó Dumbledore mirando a Draco, quien sólo desvió la mirada hacia el lado -. Hans, lo verás cuando ya sea de noche, pero es necesario que vengas ahora conmigo o sino sería completamente imposible que se vieran todo el tiempo que Draco estuviera en Hogwarts.

Draco lo miró con los ojos abiertos. No, eso si que no, él no se separaría nunca de Hans, nunca.

- Hans – le habló al pequeño quien lo miró con sus ojitos celestes bañados en lágrimas. Alargó sus brazos y tomó el cuerpo del niño para dejarlo sentado en sus piernas. Lo miró con algo de seriedad -, vas a tener que ir con Dumbledore, va a ser lo mejor – al pequeño le salieron algunas lágrimas, pero su orgullo no le permitía soltar los sollozos -, pero no te preocupes, que antes de que te duermas voy a estar contigo.

- ¿Lo… lo pometes? – preguntó el niño.

Claro, campeón, y tú sabes que los Malfoy cumplimos nuestras promesas.

El niño asintió y se abrazó a Draco, escondiendo su pequeño rostro en el pecho del adolescente. Draco suspiró.

- Bien, profesor Dumbledore, el niño se irá con usted – aceptó la propuesta.

- De acuerdo – dijo Dumbledore –. Los espero aquí, necesitas arreglarle las cosas al niño¿no?

Draco asintió y, con el niño aún en brazos, abandonó la cocina. Al llegar al dormitorio de Hans, lo dejó sentado en la cama, sacó un baúl y empezó a guardar todo lo que había comprado tanto en el Mall como en el Callejón Diagon. Eran varias cosas, muchas, a decir verdad, pero para ser un niño que a veces hacía travesuras, se hacía poco. Al terminar de guardar todo, le puso una chaqueta negra y lo tomó en brazos. Con un movimiento de su varita que ya estaba en su mano derecha, hizo que el baúl levitara tras ellos. Al volver a la cocina, se encontró con Dumbledore tal cual como estaba cuando habían abandonado la estancia. Dumbledore se puso de pie y con un movimiento de su varita el baúl desapareció.

- Pero antes de que nos vayamos, voy a dejar que terminen de desayunar. A las diez y media voy a estar aquí, señor Malfoy – y desapareció de la cocina.

Se formó un silencio que denotaba tristeza. Draco dejó al nipón en su silla y ambos comieron su desayuno en silencio. Al terminar, ambos fueron a la habitación de Draco y vieron algo de tele hasta que fueron las diez y media. Draco suspiró.

- Vamos, Hans – dijo mientras lo tomaba en brazos. Bajaron y llegaron al hall de entrada donde ya los esperaba Dumbledore -. Nos vemos en unas horas, campeón – le dijo cariñosamente Draco, dándole un beso en la nuca, y lo dejó en el suelo, donde Dumbledore le tomó una de sus manitos.

- Nos vemos, papi – dijo Hans y desapareció de allí con Dumbledore.

Draco suspiró. Subió a buscar su baúl, hizo el encantamiento de encogimiento, lo guardó en su bolsillo y se dirigió a la chimenea, donde, desde ella, llegó a la estación, siendo lo primero que vio el Expreso de Hogwarts. Soltó un suspiro. Llevaba apenas unos diez minutos sin Hans y ya lo extrañaba. Subió al tren y, al encontrar un compartimiento, hizo que su baúl volviera a su medida natural, y lo dejó en el portaequipaje. Se estiró en el asiento y cerró los ojos, descansando, pero aquel descanso no duró mucho, ya que escuchó abrir la puerta de un sonoro golpe, sobresaltándolo. Se enderezó, enojado, pero a quien se encontró fue con Hermione Granger, quien lo miraba seriamente.

- Granger¿no puedes ser un poco más suave? – le dijo enojado.

- Oh, lo siento mucho – le dijo ella con fingido arrepentimiento.

Draco la fulminó con la mirada. Se sentó y la miró desde allí, levantando algo su cabeza.

- ¿Y para que me vienes a molestar, Granger? – preguntó con calma, aunque tenía un ligero presentimiento de por qué.

- ¿Para qué? – preguntó ella, incrédula – Me imagino que lo sabes muy bien Malfoy – caminó hasta plantarse frente él, sintiendo que aquella orbes grises la traspasaban – Quiero una explicación de lo que pasó en el Mall.

- ¿Qué tiene lo que pasó? – preguntó él, impasible.

Hermione lo miró, más incrédula aún. ¿Acaso a él no le importaba ser padre a los diecisiete años¡O antes, ya que el niño parecía de unos tres o cuatro años! Respiró hondo para tratar de calmarse.

- Malfoy, un niño te llamó 'papá' – le respondió Hermione.

- ¿Y por qué te interesa tanto que me haya llamado 'papá'? – preguntó Draco, confundido, aunque sin demostrarlo - ¿Por qué te interesa tanto el que pueda ser padre? – la escrutó con sus ojos plateados.

Hermione se quedó sin habla, haciéndose las mismas preguntas hacia sí misma. ¿Por qué¿Por qué tan interesada? Se quedó en silencio unos segundos.

- Es sólo que me… preocupo – respondió con un tono de voz más bajo de lo normal.

Draco la miró sorprendido. Se puso de pie, quedándose a un palmo de distancia de Hermione. Pasaron cinco segundos así, parados muy cerca el uno con el otro, sintiendo la respiración de su compañero, sintiendo la rapidez de su propio corazón, hasta que Hermione dio dos pasos hacia atrás, separándolos varios centímetros.

- ¿Te… te preocupas? – preguntó Draco retomando en tema de conversación como si no hubiese pasado nada, cosa que a Hermione le dolió. Sin saber por qué le dolió.

- Podremos ser enemigos, Malfoy, pero el que hayas sido padre como a los quince o dieciséis años preocuparía a todo el mundo – dijo Hermione con voz de 'yo sé todo' -, eso quiere decir que tienes un problema psicológico.

- ¿Yo¿Un problema psicológico? – dijo el joven Malfoy, incrédulo. ¡Dios¿Acaso ella pensaba que él era padre? Estaba completamente loca¡Ni siquiera se había acostado con alguna mujer! Era virgen¿y decía que ya era padre? – Mira, Granger, el que hayas sacado conclusiones antes de saber la historia, no es mi culpa, ahora¿me puedes dejar solo, por favor? Tus amigos te deben estar buscando – apuntó hacia afuera, donde se podía ver un numeroso grupo de pelirrojo y entre ellos a un moreno.

Hermione lo fulminó con la mirada. Se dio vuelta y salió del compartimiento, susurrando para sí:

- Ésto no se queda así, Malfoy, no se queda así.

Draco suspiró. Creía tener le presentimiento que aquel año su relación con Granger iba a cambiar drásticamente. Se sentó cómodamente en el asiento hasta que la puerta se volvió a abrir, revelando a sus dos guardaespaldas y a Pansy Parkinson.

- ¡Draqui…!

- No me llames así – le cortó él fríamente -, y, por favor, te pido que este año no me molestes, porque ahora sí que mi paciencia llegará a su límite.

Pansy lo miró, enojada y triste, pero a él le dio exactamente lo mismo. Desde que había llegado al colegio, ella lo molestaba, y si no fuera por sus padres, que lo único que querían era que ellos fueran pololos y que se casaran, le hubiese dejado todo claro desde antes, pero como ahora sus padres estaban muertos, no había nadie que le dijera: "No la trates así, Draco", y por lo visto, ella veía lo mismo.

- ¿Y Blaise? – preguntó al ver que su único y mejor amigo no estaba allí.

- ¿No… no te enteraste? – preguntó vacilante Pansy. Draco negó con la cabeza – Se han ido del país, arrancando. Ya sabes que su familia y él fueron lo suficiente estúpidos para decidir escapar. Sus padres no querían que él portara la Marca Tenebrosa, y él dijo que él tampoco quería ser un Mortífago. Para que el Señor Oscuro o los mortífagos no los mataran ni les hicieran nada, ellos escaparon del país, pero los encontraron. Dicen que no hay sobrevivientes, que mataron a toda la familia Zabinni.

Fue como si un balde de agua fría le cayera encima. Su estómago se encogió y su corazón latió con angustia. Su amigo, su único amigo estaba muerto, la única persona a la que le confiaba todo, justamente con el que tenía, necesitaba hablar aquel año, y no estaba. Dirigió su vista hacia la ventana sin decir nada a pesar de las expectantes miradas de sus compañeros.

- ¿No… no vas a decir nada? – preguntó Pansy con voz temblorosa.

- ¿Qué quieres que diga? – se volvió y habló con brusquedad - ¿Qué estoy feliz con ello¿Qué que bueno que le haya pasado eso?

- No… no lo sé, pero…

- Mejor no sigas y déjame tranquilo¿si? Que este año si que no tendré compasión contigo.

La adolescente tragó saliva sonoramente y sólo se dedicó a mirar sus manos.

El resto del viaje fue, para Draco, completamente aburrido y agobiante, esperando poder llegar al colegio, cenar rápidamente y poder ir a ver a Hans, mientras que para Hermione fue divertido, como siempre, hablando con sus amigos. Contando como les fue en las vacaciones, aunque no mencionó nada de Malfoy, a pesar que estaba a punto, pero se arrepintió en último momento.

Al llegar a la estación, se armó un revuelo y se llenó de gritos y voces de todos los tonos. Los grupos de amigos o los no tan amigos empezaron a subir a los carruajes hasta llegar al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Todos se reunieron en sus mesas y cuando ya estuvieron todos en sus respectivos puestos, y en silencio, la profesora McGonagall entró al Gran Comedor con una hilera de niños tras ella, la mayoría mirando temerosos hacia todos lugares, aunque algunos con alegría y sorprendidos. Luego de que todos fueran seleccionados y estuvieran en sus mesas y asientos, el director Albus Dumbledore se puso de pie.

- ¡Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts! Y bienvenidos a los que van a tener su primer año aquí – miró a los alumnos de primer año -. Como siempre, les tengo que decir que está prohibido hacer magia en los pasillos e ir al Bosque Prohibido – los miró con seriedad -. Les voy a presentar a su nueva profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras: Nymphadora Tonks – la joven mujer se puso de pie, teniendo aquel día el pelo color rosa oscuro, bajo los fuertes aplausos de los alumnos -, y también diré el nombre de los dos Premios Anuales – todo el mundo guardó silencio, expectantes -. La señorita Hermione Jane Granger, de Gryffindor – todos los Gryffindor, y los de Ravenclaw y Hufflepuf, aplaudieron con gran entusiasmo, sobretodo los de la casa donde pertenecía la leona. La nombrada se dirigió hacia el director con una tímida sonrisa y el rostro sonrojado. Cuando se calmó el Gran comedor, el director siguió -, y el otro Premio Anual es Draco Malfoy, de Slytherin.

Los alumnos de la casa de las serpientes aplaudieron con grandes ganas, mientras que Draco Malfoy se ponía de pie elegantemente y caminaba hacia el director, poniéndose al lado de Hermione. Luego de que pasaran los aplausos en la casa de Slytherin, el profesor Dumbledore se volvió hacia ambos adolescentes y les dijo algo. Ellos asintieron y volvieron a sus respectivos puestos sin siquiera mirarse.

- Antes de que sus estómagos queden a reventar – dijo Dumbledore, sacando una que otra risa -, les voy a dar un consejo: Si todos permanecemos unidos, podremos derrotar el mal – todos se quedaron en silencio, procesando las palabras -. Bueno¡a comer!

Todo el mundo comió con gran apetito, hasta que los paltos de comida y postre quedaron vacíos por los alumnos.

- Buenas noches a todos – fue todo lo que dijo Dumbledore y todo el mundo se fue a sus Salas Comunes, todo excepto Draco Malfoy y Hermione Granger -. Acérquense – les dijo Dumbledore y ambos chicos se pararon de sus asientos y llegaron al mismo tiempo al lado de Dumbledore. Los dos se mandaron una mirada retadora, la primera en Hogwarts -. Bueno, como saben, ustedes son los Premios Anuales de este año por sobresalir en sus calificaciones – ambos asintieron -, y, como quizás también ya saben o deben saber, los Premios Anuales tienen una Sala Común para ellos solos – ambos abrieron los ojos. ¿Tendrían que compartir Sala Común¿Una leona con una serpiente? Se habían vuelto completamente locos -. Bueno, la profesora McGonagall los va a guiar a su nueva residencia en Hogwarts.

Ambos alumnos siguieron a la severa profesora sin decir nada, aún sorprendidos. Llegaron al cuarto piso, frente el cuadro de una hermosa señora que cocía algo, y la profesora dijo la contraseña. El cuadro se abrió, dejando a la vista primero un pequeño túnel y luego la estancia. Por dentro estaba construida por madera, mientras que los sillones eran de color blanco y negro. Había dos mesas con tres sillas cada una hacia el lado derecho y varias estanterías repletas de libros hacia el lado izquierdo. Al frente estaba la chimenea con los sillones al frente y una alfombra plateada bajo ellos. Había dos puertas al lado del túnel, la del lado izquierdo con una serpiente dibujada y la del derecho con un león.

- Bienvenidos a su nueva Sala Común – dijo la profesora -. Recuerden que, al ser Premios Anuales, tienen que dar el ejemplo. Buenas noches, y compórtense – y salió de la sala, dejando a ambos enemigos solos.

- Dar el ejemplo – se bufó Hermione mientras miraba a Draco -. Siendo padre va a dar el ejemplo – y se fue por la puerta que tenía al león dibujado.

Draco soltó una ligera risa al escuchar a la Gryffindor. Seguía creyendo firmemente que él era el padre biológico de Hans, pero bueno, si lo creía, que lo creyera, no tenía ganas de aclararle nada. Se dirigió hacia la puerta que tenía la serpiente y al abrirla se encontró con un pasillo algo estrecho y que tenía dos puertas. Se dirigió hacia la del lado derecho y vio que era un dormitorio, pero de colores bastante vivos. Arrugó la nariz en señal de que no le agradaba el dormitorio para él. Para un niño sí, pero para él no. Se dirigió a la puerta de la izquierda y se encontró con un dormitorio con los colores de Slytherin. Sonrió, ese dormitorio sí le gustaba. Tenía un armario, un escritorio y la puerta hacia el baño. La cama estaba al centro. Cerró la puerta tras de sí y enseguida escuchó un grito.

- ¡Papá! – exclamó un niño de castaño rojizo cabello, que corrió los más rápido que le permitían sus cortas piernas hacia Draco, quien lo tomó en brazos y lo abrazó.

- ¡Hans! – exclamó él.

- Te eché de menos – dijo Hans rodeando el cuello de Draco con sus bracitos.

- Yo también, campeón – dijo Draco con una sonrisa.

- Te estuve espedando – le dijo con un puchero -, no me iba a dodmid hasta que te vieda. Tenías que cumplid tu pomesa – dijo el niño con una ligera sonrió, la cual se borró con un bostezo de él.

- Vamos a dormir mejor – dijo Draco. Se fue al dormitorio de al frente (sí, se había dado cuenta que era para Hans) y dejó al niño sobre la cama, el cual se acurrucó y se durmió unos segundos después. Con un movimiento de su varita, toda la ropa se ordenó en los lugares respectivos del armario, dejando afuera sólo el pijama. Le puso la ropa de dormir con cuidado para no despertarlo, lo tomó en brazos, abrió la cama y lo acostó, arropándolo con cariño. Le dio un suave beso en la frente -. Buenas noches, campeón – susurró y dejó la puerta abierta, como siempre.

Llegó a su dormitorio e hizo lo mismo que con la ropa de Hans, dejando sólo un pantalón de pijama afuera. Se sacó la ropa y se puso el pantalón. Se acostó, pensando en su amigo. Estaba muerto. Muerto. La palabra hacía eco en su cabeza, logrando que sus ojos se aguaran, y entonces sólo ahí, estando solo en su dormitorio y a oscuras, se permitió soltar sólo dos lágrimas por su amigo, hasta caer dormido, sintiendo que la tristeza lo embargaba por completo.

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¡Fin del cap!

¿Y quñe le spareció? Espero que le shaya gustado. Si no me equivoco, es el más largo que he hecho, jeje...

Si quieren me pueden mandar un review para dejar su comentario, que me animan tanto a seguir continuando con el fic...

¡Gracias por leer!

¡Hasta el otro cap!