He aquí el tercer capítulo, espero sea de su gusto. Por cierto los pensamientos al final son sacados de una obra que leí hace mucho, su autor es Arnoldo Eddi Valencia y el nombre de la obra, Tulipanes en Diciembre. Cuídense, hasta la próxima.
Se aceptan críticas constructivas, más no insultos.
Aclaraciones:
Narración.
— Diálogo —
— Pensamientos —
Pensamientos del bebé.
Advertencias:
Universo Alternativo.
Situaciones sexuales implícitas-explícitas y posiblemente lenguaje inapropiado.
OoC en los personajes.
Personajes: Kakashi|Sakura. || Itachi|Sakura.
Género: Romance|Drama|General.
Clasificación: T|M.
Capítulo 3
El comienzo de todo.
"La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan de deshojar."
Mario Vargas Llosa.
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Cuando el trabajo te consume sientes que las horas pasan de forma rápida, al contrario de otros que lo sienten lento porque no tienen nada mejor que hacer… y hasta ese día se dio cuenta de que el retiro de su jefe estaba en puerta. Una semana, en una semana se retiraría y conocería al nuevo médico que tomaría el mando, aunque ya se las había ingeniado para saber un poco más acerca de él…
No podía negar que tenía buenas referencias, sin duda alguna estaría encantada de aprender de un médico de talla mundial. Poco a poco su curiosidad fue despertando y se encontraba ansiosa de conocerlo, la medicina era su pasión y aprender para ser mejor su objetivo.
Distraída apenas logró escuchar el llamado de Konan.
— ¡Sakura! — gritó por quinta vez.
— ¡¿Qué?! — vociferó asustada, Konan dio un paso atrás por instinto ante tremenda fuerza vocal. Enseguida la pelirosa se encogió de hombros y la miró apenada — Lo siento, Konan. No fue mi intención asustarte.
— No te preocupes. — le sonrió despreocupada la de cabellos y ojos añil — Pero Ino espera en línea desde hace cinco minutos y ya está gritando por la bocina del teléfono…
Sakura suspiró, como siempre su rubia amiga inoportuna, sobretodo tomando en cuenta que le había dicho incontables veces que no la llamara en horas de trabajo y mucho menos a la recepción del hospital. ¿Pero hacia caso?, no, claramente no.
— Te he dicho que no me hables en horas de trabajo, Ino… — reprendió irritada.
— ¡No lo haría si contestarás ese maldito celular! — replicó la rubia.
— Eres un caso perdido…
— ¡Oye! — profirió ofendida la otra.
— ¿Qué es lo que sucede? — preguntó apresurada y malhumorada la pelirosa.
— ¡Ash! Cálmate te vas a arrugar.
— Ino… — bramó la pelirosa perdiendo la paciencia, escuchó un resoplido al otro lado de la línea.
— Bien, bien. — calmó la rubia — Te llamó para recordarte que esta es noche de farra y no se te vaya a olvidar que te toca pagar.
¡Ay carajo! Se le había olvidado ese pequeño detalle…
— No lo sé, Ino… tengo turno de 18hrs y no creo poder tener tiempo de salir hoy… — se excusó Sakura, sí, sabía que era una excusa obvia pero era cierto, no estaba mintiendo.
— ¡Oh, vamos Sakura! ¿No nos irás a fallar ahora? — replicó Ino — Además, un descanso entre tantas trasnoches no será malo, seguramente Sarutobi no te dice nada.
No es que estuviese mintiendo, de hecho él mismo Sarutobi la enviaba a su casa por su terquedad infalible. Pero le gustaba estar presente en cada emergencia, aprendía a hacer mejores suturas y podía entrar a las mejores cirugías.
Lo admitía, era ambiciosa y se sobre exigía. Cierto. No lo negaba, pero su ansia de conocimiento era enorme y ser la mejor en su campo, su más grande aspiración.
— ¡Frentona! — gritó Ino tan fuerte, que le dañó el tímpano y estaba segura de que medio pasillo de la recepción la escuchó.
— ¡No me grites, Cerda!
— ¡No me llames cerda!
— ¡Ni tú frentona! — escuchó un gruñido por parte de su amiga y sonrió satisfecha.
— ¿Y bien? — indagó nuevamente.
— Uhm… no lo sé, Ino… — dudó, tenía muchas ganas de salir con sus amigas pero también tenía trabajo que hacer…
— Oh, vamos, Sakura. Que faltes una vez al trabajo no te hará daño, es más fácil que seas tú la que le haga daño a los pacientes. — dijo soltando una risa divertida al escuchar la protesta de su pelirosa amiga.
— Uhm… está bien. — cedió finalmente la Haruno, aun dudaba pero no tenía de otra. Sabía que Ino no se daría por vencida y capaz llamaba a su jefe, y no precisamente para pedirle permiso… — ¿En el lugar de siempre?
— Sí. A las nueve. — le recordó.
— Claro, no te preocupes. Ahí estaré. — finalizó cortando la llamada.
Soltó un suspiro derrotada, su aprendizaje tendría que esperar, bueno… tampoco es como que las fiestas no le gustaran. De hecho, no había una a la que no asistiera, sin embargo, su carrera era complicada y más que eso, necesitaba de toda su atención.
Si era muy cierto que jamás fue una lumbrera, mucho menos una genio o superdotada. Sí era una dedicada y por era razón se catalogaba como una de las mejores estudiantes de su promoción, aunque claramente aun le hacía falta aprender y ahí estaba el detalle; cada emergencia era una fuente de conocimiento y de paso, si tenía suerte entraría a cirugía. Lo cual era seguro en los turnos de noche.
No obstante, sus hormonas adolescentes superaban a veces a su raciocinio y rectitud… si es que alguna vez la tuvo. De paso se desharía del stress que le generaban los turnos continuos y hace unos días se le juntaron dos, haciendo casi 48hrs. Se merecía un descanso.
— ¡Sakura! — profirió Konan — Traumas, accidente automovilístico. — expresó mientras corría por el pasillo hacia la sala de Emergencias.
La pelirosa sonrió encantada, un trauma en lenguaje médico era una posible cirugía. Que le quitarían si no corría.
Así que se apresuró a moverse por los pasillos, nadie le quitaría una cirugía.
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El tiempo pasaba volando cuando estaba ocupado, una semana y comenzaría su trabajo en el Swedish, más tenía tres días de haberse mudado al estado y pronto comenzaría sus labores. A algunos les pareció desesperado, o bueno, por lo menos a él sí. Mudarse con casi dos semanas de anticipación parecía que se encontraba huyendo de algo, o más bien de alguien… aunque no fuera así.
Más sí lo hacía, evadía los recuerdos. Aparte de que necesitaba tiempo para desempacar y poner en orden su nuevo departamento, la ciudad la conocía desde hace mucho así que no podía decir que se iba anticipadamente para no perderse, aunque la excusa era buena. Una que claramente solo él se creería porque sus padres no.
Por otro lado, ese viernes saldría con algunos conocidos que tenía en la ciudad y un par de amigos que trabajaban en el mismo hospital donde él laboraría pronto. Un break antes de comenzar con sus responsabilidades laborales, ya lo había pensado; sin embargo, que ya hubiese estado en la ciudad no significaba que conocía todo. De hecho la última vez que estuvo ahí, fue hace mucho y algo rápido.
Sus amigos conocían la zona a la perfección porque tenían más de 10 años viviendo ahí, no podría superarlos aunque quisiera. No estaba ansioso, pero compartir una copa con los amigos no estaba de más, de paso y se ponían al corriente. El teléfono sonó repentinamente.
— Hola. — contestó descolgando el teléfono.
— ¿Kakashi? — indagó dudosa una voz masculina que él reconoció de inmediato.
— Asuma, ¿Qué pasó?
— Kurenai mandó a recordarte la salida. — expresó cansado o más bien fastidiado.
— ¿Y desde cuando te "mandan"? — inquirió burlón y gracioso, recibiendo como respuesta un resoplido por parte del otro.
— Cállate. — masculló, el peliplata soltó una risotada — ¿Irás?
— Sí, iré. — soltó gracioso el peligris.
— Entonces nos veremos allá.
— Claro, nos vemos. — finalizó y cortó la llamada, colocando en su lugar el teléfono.
Se quedó de pie y observó de forma evaluadora a su alrededor, aun no terminaba de desempacar y tenía mucho que acomodar; demasiado para su gusto. Se cansaría antes de comenzar a trabajar, así como iba terminaría dentro de una semana, lo que daría como resultado que se quedara dormido en su escritorio…
No, eso no podía ser peor.
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Viernes… oh, sí; su semana no terminaba pero por lo menos tendría algunas horas libres y eso ya era algo. Le encantaba el hospital, adoraba su trabajo pero también necesitaba un poco de descanso o el estrés la mataría, bueno, no tanto pero seguro tenía un bajón de azúcar; sobretodo tomando en cuenta que casi no comía.
Ansiosa no estaba, claramente salir de fiesta no era ningún respiro iba a desvelarse igual, con la única diferencia de que se embriagaría y bailaría. Aunque de la misma forma terminarían doliéndole los pies.
Sin embargo, tenía una especie de inquietud, no sabía si era porque faltaría a un turno de trabajo o porque se perdería alguna cirugía, no lo sabía pero el sentimiento de intranquilidad no se iba. Más no le dio tanta importancia, saldría dentro de unos minutos y partiría hacia su departamento.
Bueno, la partida fue casi una carrera de campeonato con suerte y se daría una ducha rápida para quitarse el terrorífico olor a medicamentos. Dudaba mucho que desapareciera teniendo apenas media hora para alistarse, esa última emergencia le robó más de una hora del tiempo y por eso llegaba tarde para arreglarse.
En cuanto salió escurriendo de la ducha tomó lo primero que encontró en su armario, que casualmente era un precioso y corto vestido veraniego en color azul rey. Recordaba ese vestido, era uno de sus favoritos; Ino se lo regaló para cuando cumplió 24 años. Un diseño exclusivo solo para ella.
Ahí era cuando agradecía tener una amiga diseñadora de modas, obtenía ropa de marcas reconocidas mundialmente gracias a ella. Si no fuera por su rubia amiga, seguramente no distinguiría entre la vestimenta formal y la cotidiana, o entre la seda y el encaje.
Corrió por toda la habitación en busca de su bolso, bueno, decir correr era algo extremo porque con esas sandalias de tacón si no tenía cuidado terminaría en el suelo y con un pase seguro hacia el hospital, con un indudable pase a Ortopedia por la dislocación o posible fractura que sufriría si no le paraba a la carrera. Se puso un poco de perfume en el área del cuello y el vestido, enseguida salió al encuentro con sus amigas.
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Bien, llegar al club no fue complicado, a esas horas no había tráfico y no quedaba lejos de su departamento. El lío se presentó con la enorme cola que se veía afuera de local, abarcaba cuando menos tres cuadras si no es que más y aunque para ella ese no era un lío, pasar entre tanta gente sí. Si no es porque los guardias ya la conocían, seguramente se hubiese pasado toda la noche ahí haciendo fila…
Y lo que vio al entrar no estaba mejor… el club estaba abarrotado, el ambiente caliente y movido. Apenas había puesto un pie ahí y ya se sentía transpirar, seguramente Sasori debía encontrarse de lo más animado al ver que el local estaba llenísimo. Ya se imaginaba la sonrisa ambiciosa de ese muñeco pelirrojo…
Se apresuró a buscar a las chicas, sabía donde se encontraban la odisea sería el camino que atravesaría para llegar hasta ellas, un largo recorrido y una decena de golpes más tarde pudo subir el graderío que daba a la segunda planta. En una de las mesas del fondo se encontró a sus amigas con lo que parecía su segunda o tercera copa, no le extrañaba que comenzaran la fiesta sin ella… raro sería que la esperaran.
Llegó a la mesa, las saludó y se sentó. No obstante, continuaba sintiendo aquella sensación rara… como si la observaran. Pero desechó el pensamiento, lo mejor era no pararse en nimiedades.
— ¿Hace cuánto llegaron? — se aventuró a preguntar la pelirosa.
— 20 minutos. — respondió una resplandeciente Ino que miraba por todos lados como fiera buscando presa.
— Te pedimos un Cosmopolitan. — profirió Tenten moviéndose al compás de la estridente música en su asiento, Sakura le sonrió agradecida.
Y luego comenzaron con los chismes de la semana, como siempre, poniéndose al tanto de todo lo que sucedía…
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Cuando Asuma le dijo que iba un club exclusivo, jamás se le ocurrió comentarle que era uno de los más populares de la ciudad y que siempre se mantenía abarrotado de gente. Odiaba tener que abrirse paso a pisotones y codazos pero no había de otra, eso un posible trancazo que lo mandara al suelo y quien terminaría pisoteado sería él.
Con tremendo esfuerzo llegó a la barra donde se encontraba su susodicho amigo con su novia y otros más, entre ellos el hijo de un gran amigo de su padre.
— ¡Kakashi! Creí que ya no vendrías. — profirió Asuma.
— Por poco no llego, tuve que atravesar ese mar de gente. — renegó sacudiéndose la camisa y el pantalón.
— Como siempre de amargado… — profirió la única fémina del grupo.
— No es nada agradable que te pisen, Kurenai. — expresó el peligris mirando a la guapa azabache de ojos granate, quien únicamente le sonrió divertida.
Resopló fastidiado, la música era fuerte y el parpadeo de las luces le dañaba la retina, sin embargo; ya estaba ahí así que lo mejor era pedir un trago para poder soportar la noche. Pidió un vodka y mientras saludaba a Yamato, Naruto y Sai. Se acomodó en el asiento y paseó la mirada por todo el lugar… hasta que observó una chica que le llamó la atención por su cabellera rosada.
La vio atravesar el cúmulo gente en la pista para poder llegar a una escaleras que estaba seguro daban a la segunda planta del local, le calculó cuando menos 26 años de edad si no es que menos. Su figura era menuda pero delineada, su rostro regular y su cabellera un atractivo visual. A lo mejor era teñido pero le iba muy bien a su tez clara, no era hermosa ni bella pero tampoco era fea.
En la escala del 1 al 10 tenía un 7. Aparte de que le había llamado la atención, así que como cualquier otro hombre en el mundo se propuso ligar un poco. Con suerte y tendría algo de diversión esa noche.
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Pidió otro Cosmopolitan, apoyó un codo sobre la mesa y la barbilla sobre la palma de su mano mientras miraba el ir y venir de los demás. A sus amigas las habían sacado a bailar y ella se quedó sola en la mesa, esperando que alguien se compadeciera de su persona.
¡Qué patético! Esperar que un hombre la notara y tuviera la caridad de sacarla a bailar, tampoco es que estuviera muerta por salir a la pista de baile y mover un poco el cuerpo cuando sabía que en materia bailable tenía cero redondo. Pese a eso, desde ahí veía a sus amigas bailar y se divertía con Hinata. Que debido a sus nervios se entorpecía en sus pasos y terminaba pisando al pobre chico que la había invitado a bailar.
Repentinamente alguien se sentó en la mesa frente a ella, nada la preparó para lo que vio. Un hombre de cabellera grisácea que parecía natural, genuinamente atractivo, figura sumamente trabajada; tal parecía que se pasaba horas en el gimnasio. Ya que la camisa de vestir destacaba sus hombros anchos, sus brazos musculosos y su duro abdomen. Y ni que decir de la parte baja… ese vaquero destacaba sus piernas largas y sus muslos robustos.
Y si su cuerpo era impresionante… su rostro lo era aun más… ¿es qué acaso los ángeles estaban cayendo del cielo y ella no se había dado cuenta?
— Hola. — saludó con voz sedosa y sexy… aquella voz ronca tenía un imperceptible y a la vez profundo acento italiano. Aunque sus rasgos gritaran raíces helénicas.
— H-Hola… — tartamudeó la pelirosa y golpeándose mentalmente por ese fallo, que a Kakashi le cayó en gracia.
— ¿Bailas? — preguntó directamente poniéndose de pie y extendiéndole la mano en una clara invitación a que la tomara.
Pero más que eso, eran sus profundos ojos negros los que la incitaban y su cuerpo se estremeció ante una sola mirada. Cogió su mano y se levantó de su asiento encaminándose hacia la pista.
En cuanto pisaron la pista la música cambió, pasó de movida a una balada. Apenas alcanzó a distinguir el grupo musical y la canción, Miss you love de Silverchair.
Estaba nerviosa, en cuanto sintió su cercanía se sintió tremenda e irremediablemente excitada. No solo porque era un portento y su estatura la intimidaba. No. Era más que todo porque en lo que a danza se refería ella era una torpe sin remedio.
No tenía la soltura ni la gracia para el baile, cada vez que se le ocurría la brillante idea de pisar una pista siempre terminaba de varias formas, pisoteando terriblemente a su pareja, deslizándose y cayendo al suelo de sentón, o la última. Moviéndose con la gracia de una tabla y el paso de un pingüino drogado.
Posó sus manos sudorosas sobre los anchos hombros de su compañero, mientras que él la tomaba con delicadeza por la cintura. Enseguida comenzaron a moverse, con un gran nerviosismo de pisarlo o caerse haciendo el ridículo. Espontáneamente escuchó una risa ronca y graciosa que le puso la piel de gallina por lo sensual que se escuchaba.
Inquieta elevó la mirada y se encontró con un par de iris oscuros que la miraban amablemente, aunque le molestó la risa que a ella le pareció una burla y frunció el ceño.
— Deja de mirar tus pies. — emitió él — Hay menos probabilidades de que me pises si no los miras. — explicó avergonzándola.
— Es muy fácil decirlo… — respondió Sakura desviando la mirada de esos ojos escrutadores —… veremos que opinas luego de que te dé un pisotón.
El peliplata rió nuevamente.
— No eres mala bailarina. Solo has tenido un mal guía. — profirió sorprendiéndola, elevó la mirada instantáneamente y se encontró con una sonrisa ladeada que le provocó un marcado rubor — Fíjate… — le murmuró al oído.
Sakura cerró los ojos unos segundos ante el atrevimiento y el espasmo que le provocó su aliento chocando contra su oído. Cuando los abrió de nuevo, se encontró con que ambos recorrían el salón con sincronía, a ella le hacía falta gracia pero a él le sobraba y eso emparejaba las cosas.
— Ves, no es tan difícil. — le murmuró nuevamente al oído, no pudo evitarlo. Una ola de excitación le recorrió el cuerpo y se manifestó en sus ojos jade cuando lo miró.
Él lo entendió inmediatamente al fin y al cabo eso era lo que estaba buscando, en cuestión de segundos abandonaron el lugar…
Ni siquiera se despidió de sus amigas, realmente ni falta hacía, aparte de la diversión y el alcohol, el sexo venía de la mano y ella lo necesitaba con urgencia. Así que… esa noche, no dormiría en su departamento…
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Cuando abrió los ojos esa mañana lo último que esperó encontrarse era el cuerpo robusto de un hombre a su lado, apenas cubierto por una sábana blanca que prácticamente solamente le cubría los muslos y los pies, dejando al aire libre su bien formado y apetitoso trasero.
¡Carajo! ¡¿Pero qué demonios había pasado anoche?!
Ese era el efecto secundario de una noche de loca, los tragos y el estrés le hacían malas pasadas siempre. Lo más irónico del asunto es que no había bebido más que tres copas, pero era tan inútil para el alcohol que hasta los Cosmopolitan la embriagaban, y eso que contenían el mínimo de licor.
Ahora no recordaba que pasó o como llegó ahí. No. ¿A quién quería engañar? Si lo sabía, como olvidar tremenda noche de pasión con ese hombre escultural. Ni que estuviera drogada. Y estaba segura de que aun en esas lo recordaría a detalle…
Si aun sentía su robusto cuerpo sobre el suyo, el movimiento de las caderas contra su pelvis, el sudor de sus cuerpos calientes y deseosos. Los gemidos, los arañazos y ¡sus gritos!, jamás en su vida pensó que gritaría alguna vez. Por lo menos no en el sexo.
El problema era que su mente conservadora y anticuada no la dejaba recordar tremendos detalles de un acto que según sus padres solo debía suceder en sagrado matrimonio, o por lo menos habiendo un compromiso previo. Pero era mujer y como todas, tenía necesidades fisiológicas como cualquiera, el sexo era una de ellas.
Que de no haberlo probado con anterioridad seguramente no andaría en esas, acostándose con desconocidos. Giró su rostro para ver al hombre que descansaba a su lado, se encontraba acostado boca abajo y su rostro de lado cubierto por una mata de sedosos cabellos grisáceos, que estuvo apunto de arrancar anoche.
Suspiró agotada y resignada, lo hecho, hecho estaba y no tenía de otra más que aceptarlo. Con un tremendo cuidado se deshizo del brazo que aprisionaba su cintura y comenzó a buscar su ropa, la cual se encontraba desperdigada por todo el lugar…
De repente su localizador comenzó a sonar, dio un brinco exaltada y se apresuró a encontrar su bolso, el cual halló debajo de la cama extrajo el aparato y lo apagó rápidamente. Nerviosa y agitada elevó la mirada hacia el peligris que ni siquiera se movió ante el ruido que el aparato había emitido, suspiró aliviada. Al parecer él tenía el sueño pesado.
Dejó de perder tiempo y se dispuso a vestirse, no podía apagar por completo el localizador y seguramente la seguirían llamando. Aparte de que se estaba haciendo tarde para su trabajo y Konan no podría cubrirla por mucho tiempo.
En cuanto estuvo lista salió de ahí apresurada, sabiendo que igual llegaría tarde porque no sabía en parte de la ciudad se encontraba…
"Hace exactamente veinticuatro horas que soy una vida incoada. Por la voluntad de Dios he venido a existir. Mi padre y mi madre se unieron en un solo cuerpo y me estructuraron mediante una sola célula engendrada.
Durante el primer día he dividido mi célula primitiva en dos, luego en cuatro y así sucesivamente, convirtiéndome en un complejo universo en mí misma. Soy una imagen de Creador, pues él siempre está produciendo su creación. Hoy nací, ya no puedo morir.
Quizá a esta altura de mi vida podría degenerar y ser vaciada en una hemorragia desde el vientre de mi madre pero soy un ente completo y total.
La concepción me ha otorgado el derecho de existir en el vientre de una mujer, primero, y luego cuando tenga nueve meses de edad, salir al exterior y cumplir con el propósito para el que fui engendrada; desarrollar una vida única y total, una existencia que solo yo puedo hacer y que nadie más puede vivir por mí.
Soy única en mi género humano. Nunca antes existí, ni voy a existir otra vez. Soy eterna, intrínsecamente indestructible. Por un acto que solo puede ser percibido como un acto de amor, he sido concebida para mostrar en mi desarrollo un milagro latente de la vasija que mis padres formaron, como receptáculo del espíritu de Dios que ha puesto en mí.
Soy micro celular. Pero soy una persona. Traigo en mi interior talentos y capacidades sellados, que solo pueden ser abiertos y leídos por quienes me amaron y me engendraron.
He sido creada para la eternidad. Poseo todo un mundo de potencialidades que se desarrollaran de aquí en delante. Hay algo que trasciende mi creación propia, he sido concebida, amada y puesta aquí por Dios.
Él quiere protegerme y llegar conmigo a la finalización de un ser total. Soy tridimensional al tomar cuerpo de mis padres, espíritu de Dios y llegar a ser un alma viviente.
Me estoy reproduciendo aunque no tengo mis facultades desarrolladas, ni mi cuerpo provisto de extremidades, soy una personalidad histórica. Desde hoy he comenzado a recorrer la larga senda de la existencia incoada en la oscuridad de un vientre, y cuya gloria se manifestará el día de la resurrección.
Solo soy un cigoto, pero tengo en mí, inherente, el principio de la gloria de Dios.
¿Podría alguna criatura arriesgarse a hacerme morir antes de empezar a vivir?
La cavidad en que he sido puesta es demasiado grande para mí, pero creo que iré creciendo hasta que mi madre me sienta. Entonces, ese día señalado, que ha sido diseñado para mi propio alumbramiento, veré a mamá como cuando el alba sorprende a la noche."
