"Dulce como ella"

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Tu sombra siempre estuvo a mi lado

Sin importar lo que haga

No desaparecía.

16 años y yo sigo viviendo en el pasado, patético.

Cambié todo, mi estilo de vida, incluso lo que más amaba, la música, ahora simplemente era un profesor de literatura, desde hace un par de años ejercí esta profesión, quizás no de mi agrado pero lo esencial para mí rutinaria vida.

Cada año cambia de lugar de trabajo, siempre iba dejando una escuela para ingresar en otra, y no se si fue por desgracia, había conseguido trabajo en la escuela que asistí hace un par de años, preparatoria Otonokizaka.

Mierda.

Suspiré y recosté mi cabeza sobre mis brazos.

Quería un poco de tranquilidad.

Oh.

— Oh, aquí estás, Nico — sentí un golpe en mi espalda.

— Uh, sí aquí estoy — dije sin dejar mi posición.

— ¿Tomaste tus medicamentos? — negué, escuché un suspiró — cómo piensas dar clases si no estás en la mejor disposición, ¿Ah?.

No dije nada.

— ¿Quien necesita antidepresivos? —

— Tu.

Levante la cabeza, y con mis ojos cansados lo mire, él sonrió.

— Ah — suspiré — ¿Cómo puedes tener esa sonrisa tan tonta?.

— dolió — lloriqueo — simple, solo lo siento y ya.

Mire el techo de la sala de profesores, las luces son molestas, regresé a el.

— Entiendo — volví a mi postura de antes, mi cabeza entre mis brazos.

— ¡ya! —

— Eso dolió — me quejé.

Me había golpeado la cabeza con uno de esos pesados libros.

— No me hacías caso —

— ¿Estabas hablándome? — zobe mi cabeza.

— ¡Claro!, Demonios Nico — cerró los ojos frustración.

Mire el libro que tenía entre manos honoka, luego baje la palma de mi mano, viendo si no tenía algún rastro de sangre.

— ¿De dónde sacaste ese dinosaurio? — señale el gran libro.

El lo miro y sonrió.

— Con esto doy clases — balance el libro entre sus manos.

Levanté una ceja.

— pero eres el maestro de deportes, ¿cómo demonios tienes algo así entre tus manos?.

— Pues con esto los amenazó si no me quieren hacer caso — dejo el libro aún lado de él — ¿No estás feliz de dar tu primera clase aquí?.

— claro — mentí — como no voy amar enseñar a horribles niñatos, por favor me ofendes — Reí sin ganas.

— Ya entendí, no seas así — me dio un golpe en mi brazo — supongo porque te trae recuerdos, ¿No?.

— Quizás — en verdad lo es.

Se escuchó el timbre de inicios de clases.

— Reza por mi — le dije al ponerme de pie y tomar mis cosas.

— Lo haré — me señaló.

Tome la perilla de la puerta pero la voz de honoka me detuvo.

— No mates a nadie ok — se burló.

Asentí.

— no te prometo nada pero bueno — bufé.

Salí de ahí, me encontraba caminando por los pasillos de la escuela, aún se veían algo vacíos, bueno supongo por la hora, Diganme, ¿Quien demonios llega temprano a clases?, Nadie, ni mucho menos esos mocosos.

Maldije una y otra vez, al llegar a mi aula asignada, deje sobre el escritorio mis cosas, miré la silla y me recosté en ella, miré mi reloj de mano, marcaban las 7 en punto, según empieza a las 7:30, tenía chance de leer un poco.

Saque de mi maletín un libro que llevaba días leyendo, me había quedado en la mejor parte, me puse mis gafas de lectura, el libro tenía como título, "la tienda mágica", es un buen libro, hablaba sobre como un niño llamado Jim, vagaba por el desierto y encontraba una tienda, donde podías pedir tres deseos, o cambiar uno de tus miedos por algo bueno, suspiré, sí la vida fuera así, encontrar una tienda así y pedir lo que más quieres.

— Estupideces — Rei.

— ¿Disculpe? — maldije, creía que estaba solo.

Levante mi mirada, mis ojos se abrieron por completo, la vida sí que me estaba cansando, ¿Que tan miserable quieres que sea?, Las coincidencias no existen, no lo hacen, en un pupitre se encontraba una alumna, linda por cierto, pero tenía algo que llamaba mi atención, demasiado a decir verdad, algo, ese algo tenía nombre.

— Yo — tosi sobre mi puño, dejé el libro — pensé que estaba solo.

Ella asintió y sonrió, abrió los ojos.

Encantadora.

Agité mi cabeza.

— No se preocupe, sensei — colocó uno de sus mechones rojizos detrás de su oreja.

Debí haberme tomado mis medicinas.

— Suelo hacer lo mismo — miró por la ventana — creo que llegue un poco temprano.

La brisa del aire golpeaba su rostro jovial, parecía agusto con eso, en ningún momento dejé de verla.

— Si, pienso lo mismo — dije desviando mi mirada de ella, de reojo pude ver como ella posaba sus ojos dorados a mi, sentí una sonrisa en su rostro — digo no es normal que alguien de tu edad venga tan temprano.

— Quizás tenga razón — volvió a mirar por la ventana — pero no todos somos así.

Mire a mi frente, los lugares aún seguían vacíos.

— comprendo eso, no todos somos iguales.

— Así es, no muchos prefieren quedarse en casa a leer o estudiar, otros prefieren salir a fiestas, pero eso nos hace hermosos.

No cabía mi impresión, ¿Como una niña podía ver hermosa la vida?, En cambio yo.

Reí.

— es sorprendente saber que aún hay alumnos así — me recosté en la silla hacia atrás.

Ella asintió.

— Lamento si estoy siendo muy imprudente, sabiendo que usted es mi maestro — se sonrojo, negué aún con la sonrisa.

— No importa, de hecho me haces la espera menos tediosa —

— pues ufff, eso es bueno — río — ¿Sensei?.

— Yazawa —

— Yazawa-sensei, un gusto — hizo una pequeña reverencia.

— es un gusto, alumna ah, espera deja ver la lista — intenté buscar pero.

— Sonoda Riko —

Me congelé, dejé de ver los papeles, la miré.

¿Acaso ella?.

Imposible.

No, si es posible.

— ¿Sonoda?, Oh, entiendo — una sonrisa seca se formó en mis labios — será un placer enseñarte

— Espero mucho.

Los ojos, el cabello, los gestos, todo era una mezcla de lo dulce y amargo de ambos.

Era dulce como ella.

Tan dulce que podía envenenar me lentamente pero placentera.

......solo quería recordarles que esta sera una historia corta.