Que el viento sople a tu favor

Por Nochedeinvierno13


Disclaimer: Todo el universo de Canción de Hielo y Fuego es propiedad de George R. R Martin.

Este fic responde el desafío de Erly lanzado en el topic "Desafíos: Pedidos de fics" del Foro "Alas Negras, Palabras Negras".

Condición: Algo de "romance" entre Oberyn y Khal Drogo en Poniente.


III.

Busca un problema

«Al diablo con Doran. Al diablo con Khal Drogo y con su niña plateada. Al diablo con todo.»

Decide perderse por las calles de Lanza del Sol y camuflarse entre las penumbras de la noche. En el burdel no hay tantos caballeros como de costumbre, lo que resulta sorprendente y más cómodo para Oberyn. El hombre a cargo del establecimiento ya le conoce lo suficiente bien, es uno de los clientes más recurrentes a través de los años. Le dirige a una estancia con cojines de terciopelo y un lecho de plumas.

—Quiero ver a Ellaria Arena.

Ella es su favorita entre todas las chicas que frecuentan el lugar. Ellaria es la hija bastarda de un noble de Dorne, que gusta de divertirse con jóvenes de ambos géneros y jamás huye a un desafío sexual. Oberyn es su más aguerrido maestro en las artes del amor.

«¿Cuántas veces he venido al burdel desde que yací con Khal Drogo? —no puede recordar con exactitud. Puede que diez veces o quizás veinte. Le da lo mismo—. Estuve con todas las muchachas florecidas y los varones mayores de edad, pero ninguno se mueve como él. Ninguno tiene su misma esencia.»

—Mi príncipe —dice con una sonrisa lasciva en el rostro—. Me complace volverlo a ver.

—¿Me extrañabas, preciosa? —pregunta y ella asiente—. También te extraña. Extrañaba tus manos y tu boca. Sobre todo tu boca.

Ellaria entiende a lo que se refiere y comienza con su trabajo. Le desata los calzones, los desliza hacia abajo con dedos suaves y pronto se introduce la longitud en su cálida cavidad bucal.

Cierra los ojos y sus dedos comienzan a trenzarle el cabello a la muchacha.

«Tiene el cabello negro como el de Khal Drogo y ahora que lo tiene trenzado, me será mucho más fácil imaginarme que es él quien me complace.»

Su mente vuelve a volar.

Recuerda los dedos cerrándose sobre el tejido que cubría su cuerpo. Esos mismos dedos alejando la prenda de su piel, las manos ancladas en sus caderas y Khal Drogo ayudándole a moverse sobre su miembro erecto. Oberyn llenándose de esa carne caliente y bebiéndose la imagen lujuriosa del hombre que le penetraba con fiereza.

Antes de poder darse cuenta, se está corriendo en la boca de Ellaria. No quiere acabar tan rápido pero el recuerdo es todo lo que necesita para estallar.

—No te quites la ropa, preciosa. No tengo tanto tiempo.

—¿Ni siquiera para mí?

—Tengo que estar de regreso en Palacio Antiguo.

«Estoy mintiendo y ella lo sabe. Maldita sea, me conoce demasiado bien.»

—¿Mi príncipe me está cambiando por otra muchacha?

—Eres la única —dice sin mentir—. Volveré por ti.

Aún permanecen los últimos vestigios del banquete cuando Oberyn llega a Palacio Antiguo.

Los jinetes de sangre de Drogo continúan emborrachándose y lanzan comentarios picantes a las doncellas de Daenerys. También se encuentran tres de sus hijas: Obara, Nymeria y Sarella.

—¿Dónde está Tyene?

—Fue a acompañar a Arianne a darle las buenas noches al tío Doran —contesta Nymeria.

—El tío Doran ya es bastante mayor como para seguirle dando las buenas noches —interviene Obara.

—No seré yo quien lo discuta —habla Oberyn—. ¿Y nuestros invitados de honor dónde se encuentran?

—Khal Drogo se retiró a sus estancias al comienzo del banquete —su padre alza una ceja en signo de interrogación—. Preguntó por ti y luego se puso de pie.

—¿Cómo lo tomó la Princesa Dragón?

—Dijo sentirse indispuesta por su embarazo y ahora debe estar retozando en su estancia.

«¿Se habrá ofendido por mi ausencia? Perfecto.»

Se propone encontrar a la niña Missandei.

—¿En qué puede serle de utilidad una?

—Necesito que transmitas un mensaje a Khal Drogo. Dile que quiero hablar con él en mis estancias privadas.

Mientras ella comunica el mensaje, Oberyn se sirve una copa de vino. La primera de la noche y no la última. Necesita la garganta ardiendo por algo más que el deseo.

—Khal Drogo dice que se siente ofendido por no haberse presentado en el banquete de la victoria. También dice que él no es un ciervo para acudir a usted. Si quiere que hablen, debe acudir a sus estancias.

—¡De ninguna manera! Si no quiere venir, pues que le den por el culo.

—¿Le transmito exactamente las palabras?

—Dile todo lo que te he dicho.

«Ahora acudirá de una manera u otra.»

Su provocación tiene el efecto deseado. Khal Drogo irrumpe furioso en su habitación, con la mirada encendida y los dientes apretados.

—Decir lo mismo que a la niña.

Missandei le enseña a Oberyn a pronunciar sus palabras en dothraki. El príncipe vuelve a decir el insulto, está vez frente a Drogo.

—¿Cómo atreverte?

—Niña, dile que soy la Víbora Roja de Dorne y que yo no le tengo miedo a nada ni a nadie. Digo y hago lo que me place.

—Víbora ser aplastada por el caballo.

—No estoy tan seguro de ello. Una víbora sabe morder y envenenar. Los caballos solamente saben galopar y huir.

Le ordena a Missandei que se retire y que le deje a solas.

—Repetir palabras.

—Además de medio caballo, ¿eres sordo?

Un puñetazo va directamente a su mandíbula.

«Me lo merecía.»

Oberyn sonríe de forma pedante. Da un salto en el aire y su pie termina en los fuertes pectorales del hombre. Se ayuda del peso de su cuerpo para hacer que caiga de espaldas y se sienta a horcadas sobre él. No puede evitar gemir al sentir como una dureza comienza a formarse en cierta parte de la anatomía del Khal.

—Si esto querer —dice colocando sus manos en el trasero del príncipe—, haberlo pedido antes.

—Ése es tu error, Drogo. Yo no pido. La Víbora Roja de Dorne no pide.

—Yo domar Víbora Roja.

Sus bocas se juntan.

No es un beso en absoluto. Es una lucha de dientes, de lengua y de saliva. Es una batalla por ver quién obtiene el dominio de la situación. En el encuentro sexual anterior, a Oberyn no le importaba doblegarse ante él; ahora quiere doblegarle por completo.

—Está Víbora Roja no quiere ser domada por ti.

Khal Drogo le sujeta el miembro con una mano de acero. Alza una ceja de forma desafiante y eso es lo que Oberyn necesita para comenzar la contienda en el lecho revuelto.

Las ropas comienzan a estorbar rápidamente. Las apartan en movimientos bruscos que desgarran las sedas dornienses y el cuero dothraki. Sus manos encienden cada porción de piel que acarician, se proponen enloquecer el cuerpo del otro a como de lugar y el primero en correrse es el perdedor.

Los dos son demasiados testarudos como para dejarse arrastrar por las sensaciones de placer. Quieren mostrarle al otro que no es capaz de ejercer el control sobre sí mismo.

Ambos fallan estrepitosamente.

«Como conclusión podemos sacar que hay que buscar un problema y luego obtener lo que se desea —piensa cuando el cuerpo de Drogo yace a su lado dormido, vencido después de intercambiar tantos placeres carnales—. Dile al Khal que le den por el culo y él te terminará dando a ti por el mismo lado.»

El viento comienza a soplar a su favor.