1 año y dos meses más o menos desde que actualicé este fic. No saben como detesto cuando alguien tarda tanto en actualizar sus fics, pero he de decir, que ahora lo comprendo mejor. Llega un momento en la vida en que se tiene que conseguir un empleo y no queda tiempo para nada más, bla, bla, bla… Que lo disfruten!

El teléfono sonó, una, dos veces. Se estaba haciendo tarde y Brennan lo sabía, pero su cuerpo se negaba a cooperar, y para ser sinceros, ella no estaba haciendo nada al respecto. Estaba todavía en cama, preguntándose si debía o no ir al trabajo; por primera vez en su vida, la segunda opción le resultaba sumamente tentadora, la razón: no quería hablar con Booth. Respiró hondo, que estupidez, si lo que quería era no verlo, no ir al trabajo provocaría lo contrario, porque Booth seguramente iría a su casa a buscarla para asegurarse que todo estuviera bien. La mera idea la hizo levantarse, pero aún en contra de su voluntad. Se arregló y tomó un taxi. Ya en el Jeffersonian, tuvo la suerte de no encontrarse con nadie camino a su oficina, ni con Booth, y afortunadamente, tampoco con Ángela; se sintió aliviada, no estaba de humor para responder un montón de preguntas acerca de la noche anterior, después de todo, ni siquiera había sido interesante, y no era algo que quisiera recordar. Entró a su oficina, y justo cuando se disponía a cerrar la puerta, Ángela apareció de la nada.

-Buenos días cariño- la saludó, al mismo tiempo que entraba a la oficina como si nada –Cuéntamelo todo.

-Hola Ángela. ¿Contarte todo de qué?- dijo Brennan, finalmente cerrando la puerta.

-¿Cómo que de qué? De Booth y tú, ¿Cómo les fue ayer?

-Ah eso. ¿Cómo te enteraste? ¿Te lo dijo Booth?

-Algo así.

-Bueno pues, se disculpó por no haber podido llegar.

-¿Eso es todo? –dijo Ángela, entre decepcionada y sorprendida.

- ¡Ah!, y conocí a su novia.

-¿Qué? – exclamó la artista, mucho más fuerte de lo que pretendía -Ese hijo de… ¿Y cómo te sientes?

-Pues… me siento bien Ange –le respondió Brennan y la miró confundida, era claro que no entendía realmente a lo que se refería su amiga –No entiendo por qué me lo preguntas.

-Bueno Bren, la verdad es que yo, mejor dicho todos, creíamos que finalmente sucedería algo entre ustedes.

-No sé a qué te refieres.

-Hablo de que se hicieran pareja.

-Booth y yo somos amigos Ange, y estoy feliz por él.

Al ver que su amiga no parecía del todo convencida, añadió:

-En serio Ange, estoy bien.

Ángela suspiró resignada y se quedó en silencio por un momento mirando a Brennan con incredulidad.

-¿Y cómo es? –preguntó de repente y se sentó en el sofá.

-Pues es rubia, muy hermosa. Creo que es periodista.

-Rubia ¿eh?... ¿Es agradable?

-Sí, lo es. Ya la conocerás.

-Sí – dijo Ángela pensativamente.

-¿Ange?

-¿Sí?

-No quiero ser grosera pero, tengo trabajo.

-¡Ah! Claro cariño. No te preocupes, de todas formas ya me iba, también tengo trabajo –dijo al tiempo que se levantaba –Nos vemos después.

-Claro –repuso Brennan.

-Y Bren… - dijo Ángela antes de salir de la oficina –Sabes que puedes decírmelo todo – y dicho eso, se fue antes de que Brennan pudiera replicar.

Después de que Ángela se hubiera ido, y Brennan pasara los últimos cinco minutos tratando de descifrar lo que había querido decir con eso último, decidió ponerse al corriente con algunas clasificaciones de huesos que tenían que hacerse.

El día trascurría en medio de una inusual tranquilidad, puesto que, contra todo pronóstico, Booth no se había presentado para nada en su oficina, ninguna llamada, ni siquiera un mensaje de texto, lo que hizo suponer a Brennan que no había sucedido nada importante. Una vez que terminó con sus pendientes, consideró que ya era tiempo de retomar la escritura de su siguiente libro, pues no lo había hecho desde hacía ya bastante tiempo y aún le faltaban un par de horas para que pudiera irse a casa. Encendió la computadora, abrió un documento nuevo y se dispuso a escribir; pronto se dio cuenta de que iba a ser inútil, pues no podía concentrarse, además de que no estaba segura de que rumbo deberían tomar los personajes de Andy y Kathy; ¿Qué debía hacer ahora? ¿Acaso debía incluir a un nuevo personaje femenino para formar un triángulo amoroso? ¡Pero qué estaba pensando! ¿Por qué haría algo así? Booth y ella no eran Andy y Kathy, no eran pareja, así que no había motivo para agregar a un nuevo personaje a la trama. Se apanicó; se acordó de Booth, de cómo todo el mundo, incluso él, pensaba que los personajes estaban basados en ellos dos, pero no era así, ¿o sí?, bueno, quizás un poco y en algunas cosas sin importancia.

-Te necesito –dijo de repente una voz distante mezclándose con sus pensamientos. Brennan volteó distraídamente en la dirección de la que provenía esa voz y se sobresaltó al ver a Booth de pie, recargado en el marco de la puerta.

–Huesos, ¿estás bien? –le preguntó el agente al ver que se había puesto pálida.

-Sí –respondió Brennan; por un momento tuvo la absurda sensación de que Booth podía leer sus pensamientos -¿Qué decías?

-Que te necesito –repuso Booth –Tengo un interrogatorio y quiero que me acompañes.

-Lo siento, no puedo, tengo trabajo –mintió Brennan y señaló ligeramente la computadora.

Booth la miró con incredulidad por un momento, y sin decir nada se acercó al escritorio de Brennan; antes de que ella pudiera hacer algo, le echó un vistazo a la computadora y sonrió triunfante.

-No es cierto –dijo. Brennan intentó decir algo, pero las palabras simplemente se negaron a salir. -Vamos –le dijo Booth, rodeó el escritorio para llegar a ella y la sujetó ligeramente del brazo para levantarla.

-Booth… -protestó Brennan.

-No voy a aceptar un no como respuesta –con eso, Brennan se levantó muy a su pesar y se fue con él.

Tres horas después, el interrogatorio había terminado. Todo había salido sorprendentemente bien: uno de los sospechosos había delatado por accidente al culpable del asesinato que se encontraba entre los demás interrogados, y a este no le había quedado más remedio que confesar para poder obtener un trato en lo concerniente a su condena, así que al final, Booth aprehendió al malo en tiempo record.

-Eso fue rápido –le dijo Brennan mientras caminaban por un pasillo del Hoover rumbo a la salida.

-Sí –repuso simplemente Booth.

Caminaron en un inquietante silencio por un rato, hasta que Brennan se atrevió a romperlo.

-¿Quieres ir a tomar algo al Founding Fathers? –le preguntó y él se detuvo; al ver su expresión, Brennan supo la respuesta; la miraba tan apenado que ella deseó no haber dicho nada.

-Quedé de ir a cenar con Hannah hoy, lo siento –respondió evidentemente incómodo –Mañana iremos, lo prometo.

-No, no es necesario Booth.

-Huesos…

-De verdad no importa, yo entiendo.

Booth asintió y la miró por unos segundos, como si quisiera decir algo más a eso.

-Nos vemos mañana –le dijo, y se fue.

Brennan permaneció inmóvil, observando como su compañero se alejaba. Supo en ese momento que, aunque promesa, no saldrían al día siguiente, ni al siguiente, quizás nunca más, que así serían las cosas de ese momento en adelante. Sintió como se le comprimía el corazón, suspiró y comenzó a andar por el mismo camino que había llevado a Booth a la salida, aferrándose a la posibilidad de poder estar equivocada, pero sin poder deshacerse de la sensación de que esa sería la primera de muchas otras promesas que Booth rompería.

Espero que hayan disfrutado el capítulo. Nuevamente una disculpa por tardarme tanto en actualizar, pero mi inspiración y mi tiempo huyeron juntos.