DISCLAIMER: Los personajes son de Meyer. Esta es una adaptación


Chispa

¿Beso? Un truco encantado para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superflúas


(Edward)

La vista que tenía desde donde estaba casi consiguió hacerme olvidar que Emmett me obligó a asistir a esta maldita fiesta de ex alumnos del instituto.

Un ligero grito desvió mi atención. Mi mirada se apartó de los glúteos perfectos de la mujer que tenía delante, hacia la muchacha que aca­baba de levantarse de la mesa de recepción y se había abalanzado sobre mí para abrazarme.

-¡Edward Cullen! ¡Cielo santo! No sabíamos que ibas a venir. Pensé que vivías en Carolina del Norte.

La belleza a la que había estado observando hasta entonces pareció tensarse, pero no se vol­vió. Siguió hablando con su antiguo profesor de gimnasia.

La ruidosa muchacha del expresivo saludo continuó con su charla.

-Te perdonaré por no haberme llamado sólo si me plantas un buen beso aquí -dijo, señalando unos labios expresivos que había colocado en có­mica mueca.

-Yo que tú no lo haría -dijo la mujer del cuerpo espectacular al darse la vuelta.

¡Era Isabella Swan! Habría reconocido su tono remilgado en cualquier lugar.

El rizado cabello de la pelirroja se había oscu­recido hasta adquirir un hermoso color caoba, pero sus ojos color chocolates no habían variado en nada. Seguía teniendo aquellos labios sensua­les y perturbadores, siempre deseados, nunca conseguidos.

Se acercó lentamente hacia mí.

¿De dónde había sacado todas aquellas cur­vas? Por lo que recordaba de mis tiempos de ins­tituto, Isabella había sido siempre una muchacha excesivamente delgada. Pero, al pa­recer, toda parte susceptible de un honroso cre­cimiento había sido alimentada y desarrollada con creces.

-Jessica está casada con el entrenador de fút­bol. Si no deja de acosar a todos los hombres que aparecen por la puerta, su marido va a acabar rompiendo alguna nariz.

Jessica ignoró por completo la advertencia. Me agarró de la camisa con las dos manos y besó la comisura de mis labios. Hecho aquello, me soltó, agarró la mano de Bella y la empujó hacia mí.

-Venga, Bella, ahora tú.

Mi corazón se aceleró. En cualquier otra circunstancia no habría permitido que el entusiasmo pueril de una alocada ex com­pañera me obligara a hacer lo que estaba a punto de hacer. Pero el rubor en el rostro de Bella me recordó a la muchacha pecosa y tímida que me había ayudado a aprobar la literatura. Sin ella, ja­más me habría graduado.

No era, además, la primera vez que conside­raba la idea de besarla. Miré sus labios y noté que el tinte rojizo de sus mejillas se intensificaba.

-No creo que... -susurró ella.

Tomé su rostro entre mis manos y suavicé su protesta con un beso.

Mi intención era dar marcha atrás en cuanto notara el leve calor de su aliento pero, en el mo­mento en que saboreé sus labios, ya no pude apartarme de ella.

Aunque hacía días que había regresado a casa, fue en aquel instante cuando tuve por primera vez la sensación de vuelta al hogar, probable­mente por aquel olor de Bella a pastel de man­zana y galletas caseras.

Ella apretó la mano contra mi pecho y expiró su sorpresa en un susurro involuntariamente su-gerente. Mi cordura de se disipó en el aliento de ella.

Finalmente, al sentir su cabello sedoso sobre mis dedos, algo se removió dentro de mí.

De pronto, una alarma interior se encendió al recordar de quién se trataba: era la hermana de Emmett.

La solté lentamente y traté de recuperar la respiración. El corazón me latía con fuerza inusi­tada. La sangre corría a raudales por mis venas.

No había estado con una mujer desde mi rup­tura con Ángela y estaba claro que mi cuerpo año­raba el tacto femenino.

Aquélla debía de ser la razón de que hubiera reaccionado de aquel modo, ¿verdad?

Bella se quedó inmóvil, mirándome completa­mente anonadada, con la respiración acelerada.

-Eso ha estado completamente fuera de lugar - Había estado fuera de lugar y, probablemente, había sido poco inteligente, pero había sido un impulso incontrolable. No había podido evitar besar sus labios carnosos y húmedos.

Sonreí y agité la cabeza ante lo absurdo de la situación. ¿Cómo había deseado tanto besar a aquella muchacha, la misma que había sido mi amiga, mi compañera de instituto durante años?

-El tiempo te ha favorecido, Bella.

Ella se ruborizó una vez más.

-Yo... bueno, gracias, Edward.

Nos quedamos el uno frente al otro, mirándonos tontamente, hasta que Jessica nos agarró del brazo y nos llevó hacia la parte del gimnasio habilitada como pista de baile.

De camino, muchos conocidos me trataron de saludar, pero el paso militar de Jessica impi­dió que me detuviera.

-Bella, puedes bailar con el chico más guapo de la fiesta hasta que pase mi turno de estar en la mesa de recepción de invitados -dijo Jessica justo antes de marcharse y dejarnos a solas.

Le ofrecí mi mano. Ella inspiró suavemente y posó la palma. Un inesperado corriente eléctrica apareció

Traté de concentrarme en el ritmo de la mú­sica, pero no había bailado desde hacía años. Mis movimientos resultaban extraños, descoordina­dos.

No habían dado más de una docena de pasos cuando Bella se detuvo.

-No deberías dejar que los tontos retos de Jessica te obligaran a hacer cosas que no quieres. No ha cambiado nada en estos diez años y siem­pre ha sido...

-Me alegro mucho de haberme encontrado contigo -la interrumpí con una leve carca­jada.

-No sabía que habías regresado.

-Llevo aquí sólo unos días y no creo que me quede mucho tiempo -en cuanto organizara mi vida y estas nuevas circunstancias, y regresaría a Chicago.

-¿Sigues haciendo prácticas como médico re­sidente en Duke?

-Sí. Aunque... bueno, me he tomado un tiempo de vacaciones.

Bella siempre había esperado lo mejor de mí y, por ese motivo, no quería admitir que lo he estropeado todo dejando embarazada a una mujer.

Nueve kilos y medio de responsabilidad proveniente de un pasado olvidado se me habían echado encima y todavía no sabía cómo iba arreglármelas para continuar con mi vida.

La banda comenzó a tocar un tema lento y las luces se atenuaron. Apreté a Bella un poco más contra mi cuerpo, pero ella se tensó y se apartó.

-No tenemos por qué hacer esto.

-¿Me huele el aliento o algo así?

Ella miró mi boca y luego volvió a mis ojos.

-No, pero no tengo especial interés en reme­morar el pasado.

-¿No se supone que estas reuniones son preci­samente para eso?

Ella se retorció claramente incómoda por es­tar en mis brazos y decidí soltarla.

-¿A qué te dedicas ahora, Bella?

-Soy profesora.

-Vaya –dije sorprendido-. No sabía que querías ser profesora.

-Nunca hablamos de mis planes de futuro.

-Supongo que yo era un egoísta.

-Simplemente eras el más pequeño de la fami­lia. El mundo suele girar en torno al último que llega -dijo, sin ningún tono de reproche en su voz.

-Tú, sin embargo, eras la mayor, la encargada de mantener el orden. ¿Sigues estando tan unida a tu familia?

-Sí, siguen siendo una parte fundamental de mi vida.

-¿Dónde das clases?

-Aquí.

-¿En Phoenix?

-Sí.

-Seguro que eres buena, pero también serás dura. Lo eras conmigo. Debo reconocer, sin em­bargo, que lo que me enseñaste me fue real­mente útil. Una vez en la universidad pude darme cuenta del valor que tenía lo que habías hecho.

-Ya... bueno, gracias. Espero llegar a ser la di­rectora de alguna escuela muy pronto -sus pala­bras, llenas de orgullo y determinación, la incita­ron a estirar el cuello, dejando vulnerablemente expuesto su escote.

Tuve que luchar contra el inesperado deseo de hundir mi rostro entre los senos blancos que se insinuaban sensualmente.

Me aclaré la garganta.

-Así que te va muy bien, ¿no?

-Sí, supongo que no me puedo quejar.

Bien. Al menos la vida de alguien parecía estar en orden. La mía había tomado un curso inespe­rado y no sabía lo que me depararía el futuro.

Una entusiasta pareja se acercó hasta nosotros y a punto estuvo de colisionar con Bella. La aparté de su camino atrayéndola hacia mí. De pronto, noté que ella se había quedado absoluta­mente inmóvil y pronto reparé en que mi mano había acabado posada sobre el admi­rable trasero de ella.

Mis aletargadas hormonas se despertaron de su dulce sueño con un entusiasmo digno de las de un adolescente. Un inesperado deseo me hizo la boca agua y me provocó un indeseable sofoco.

Y todo por Bella.

Los pensamientos que comenzaron a ator­mentar mi mente debían de ser producto del agotamiento. Desde que había recogido a Joshua las noches no habían sido fáciles. El niño lloraba incesantemente y no parecía tener horarios esta­blecidos.

-Perdona, ¿te importaría? -con un gesto ella me pidió que retirara la mano.

Nervioso por la situación, di unos traspiés y me choqué de nuevo con ella. Noté cómo sus pezones endurecidos rozaban mi torso. Todos mis sentidos se alteraron. Mi estado de agitación era tan pa­tente que no podía pasarle desapercibido a ella.

-¿Te importaría que nos sentáramos? -sugerí-. Necesito beber algo.

Y también necesitaba una ducha fría.

-Las bebidas están por aquí -dijo ella con cierto temblor en la voz.

Bella emprendió el camino y me guió hasta su objetivo con pasos largos y firmes, Durante unos segundos, las piernas pa­recían negarse a responder.

¿Desde cuándo Bella se contorneaba con tan seductora cadencia?

Me reprendí a mí mismo y debía de re­cobrar el sentido. Lo que me estaba sucediendo no tenía ningún sentido. ¿Serían el excesivo can­sancio y la larga abstinencia las causas de aquella repentina reacción? ¿O es que en los últimos diez años la niña lista había pasado a convertirse en algún tipo de diosa del amor?

Me encogí de hombros. Fuera cual fuera el motivo, daba igual. No me iba a quedar en esta ciudad el tiempo suficiente para averiguarlo.

Bella me ofreció un refresco en cuanto llegué a su lado y dejé que el frío líquido se deslizara por mi garganta con gusto.

Jessica apareció en aquel instante.

-¡Eh, vosotros! Esto no es un funeral.

Agradecí la interrupción.

Aproveché la acelerada e incomprensible charla de Jessica para observar a Bella y tratar de averiguar qué pasaba por dentro de ella. ¿La habría ofendido?

- Bella se ha quedado sin su habitual trabajo de niñera de verano -el comentario de Jessica captó de nuevo mi atención -. También se le ha marchado el inquilino que tiene en casa -se volvió hacia Bella-. Y estoy segura de que te gastas todo el dinero que ahorras en tu hermano pequeño. Necesitas buscarte una nueva vida y un trabajo en condiciones. ¿Qué vas a hacer para ganar dinero hasta que vuelva a empezar el curso escolar?

-Ya me las arreglaré.

-Le has pagado a Emmett todo el semestre pró­ximo, ¿verdad?

Me pregunté si el hermano menor de Bella estaría ya en la universidad.

-Jessica...

-Estoy segura de que tu familia se aprovecha de todo el dinero que ganas.

-Ya está bien, Jessica.

¡Guau! Ésa debía de ser la voz que utilizaba para hacer callar a sus alumnos. Me la imaginaba perfectamente manteniendo el orden en la clase.

-Estoy segura de que Edward preferirá hablarnos de sus estudios en lugar de oír todas estas sande­ces. ¿Qué estás estudiando ahora? – Bella me sonrió tensamente.

Parpadeé y asumí el cambió de tema con rapidez.

-Ya he terminado los años de licenciatura ge­neral y ahora me quedan los de especialización. Quiero hacerme cirujano cardiovascular.

-¿Qué ha pasado con tus planes de venir aquí a practicar como médico de cabecera?

-El cambio ha sido por mi padre.

-¿Por el ataque al corazón que sufrió? –dijo ella.

-Sin la intervención quirúrgica que le hicie­ron, no estaría vivo.

-Tu padre parece muy feliz con Esme. La vida de casado le sienta estupendamente.

-Sí, eso parece.

Después de cinco minutos en la Casa Cullen, me había sentido como un vampiro solitario.

Me había sentido como un extraño, pero las circunstancias me obligaban a pasar allí el verano. Llevarme a Joshua al diminuto apartamento con mis compañeros era impensable. Ninguno de ellos toleraría a un bebé llorando en mitad de la noche.

Tampoco me sentía bien imponiendo mi pre­sencia y la de mi hijo en casa de Carlisle y Esme, su esposa, pero era la única alternativa que tenía de momento.

-¿Y ese trabajo que tienes de niñera? La verdad es que pensé que ya habías tenido bastante con cuidar de tus hermanos cuando eras pequeña.

-Era un trabajo lleno de ventajas y esta familia me daba la oportunidad de viajar. El año pasado recorrimos Europa y el año anterior estuvimos en Hawai.

-Suena divertido -dije.

-Divertido y educativo -respondió ella rápida­mente.

Así era Bella, jamás hacía nada sólo por el pla­cer de hacerlo. Para ella algo era divertido, sólo si era educativo.

Jessica irrumpió de nuevo en la conversación con una de sus preguntas de siempre.

-¿Estás casado, Edward?

-No -y con Joshua en mi vida la cosa se ponía cada vez más complicada. Claro que no iba a contarle a Jessica nada sobre Ángela y la última sorpresita que me había dejado.

-¿Por qué no?

-Tengo que terminar mis estudios primero y todavía me quedan cinco años.

La mirada de Jessica resplandeció.

-Pero tú eres médico ya, ¿no?

-Sí, pero no soy cirujano aún.

-Por favor, doctor, doctor, quiero bailar con usted -Jessica me agarró del codo y me arrastró sin piedad a la pista de baile.


Aquí el primer cap...jejeje...espero que les sea de su agrado......miles de gracias por los reviews ....estoy muy agradecida.....a y si pueden pases por mi otra historia "Enemigos Apasionados".......nos vemos

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