Capítulo 3
La manada de lobos invernales permaneció en las inmediaciones de Mountain Peak y Cordillera del río durante varias semanas. Star Whistle y la loba se vieron todas las noches que pudieron. Mejor dicho, se vieron mientras el tiempo les permitió hacerlo.
En cuanto cayeron las primeras nieves, Star pudo apreciar cuán cierto era el rezo de su amiga. Ya había notado lo bien que veía la loba en la noche. Pero cuando la nieve cubrió la montaña la depredadora dejó ver que, realmente, era una con la nieve. Su pelaje gris la camuflaba a la perfección, hasta esconderla sobre un llano sin vegetación. Se movía sobre la nieve virgen con soltura, mientras que las finas pezuñas de Star se hundían completamente. Sí, los lobos invernales eran los hermanos de la noche y del invierno.
Una noche, sentadas en la nieve, la loba preguntó algo.
- ¿Por qué vivís aquí los ponis? La nieve no es vuestro elemento.
- Porque hay comida y agua. Porque podemos vivir en paz. -respondió Star en idioma poni.
- Podríais vivir en paz en otro sitio. Con agua y comida. Menos peligro para tu manada.
- Es nuestro hogar. Vivimos felices aquí.
Permanecieron en silencio mucho rato. Era habitual entre las dos, incluso siendo tan jóvenes. Pero a decir verdad, esos silencios aburrían a Star. Demasiado, para una poni de siete añitos. Una idea cruzó la mente de la pequeña poni. Mientras la loba se distraía mirando al infinito, Star hizo una bola de nieve.
- Hey. -llamó la poni
La loba la miró, y antes de que pudiera reaccionar... ¡Plaf! La bola de nieve impactó contra su frente. Ésta sacudió la cabeza, quitándose los restos del traicionero ataque, mientras Star Whistle se reía a vivo pulmón ante la desconcertada cara de su amiga.
- ¿Por qué me atacas?
- ¡No te ataco! -respondió Star en idioma lobo- ¡Estoy jugando!
- ¿Jugando?
La loba se levantó y avanzó amenazante hacia Star Whistle.
- Los lobos jugamos de otra manera, poni.
Star miró a su amiga con miedo. ¿Qué estaba haciendo? La observó mientras se acercaba. La loba se agazapó en la nieve, y cuando la poni quiso darse cuenta, ya era un borrón grisáceo en la oscuridad. La escuchó gruñir. No estaba hablando en lobo: estaba gruñendo.
Star Whistle se levantó y echó a correr hacia el pueblo. ¡Su amiga la iba a atacar! Intentó seguir el camino de nieve poco profunda, pero de poco sirvió. Sus pezuñas se hundían demasiado y no podía avanzar. Escuchó a la loba a su lado un segundo antes de recibir el golpe. Star rodó por el suelo. Abrió los ojos para ver cómo la loba se abalanzaba sobre ella con la mandíbula abierta, directa a su cuello. Star gritó, cerró los ojos y trató de golpearla. Sintió el mordisco sobre el cuello... pero el dolor nunca llegó. Y seguía respirando.
Al final se atrevió a mirar. La loba había mordido el cuello de la poni, pero no había apretado. Se quitó, liberando a una temblorosa Star Whistle.
- Te he matado, poni. Te toca.
Después echó a correr. Star la vio alejarse. Claro, los ponis jugaban imitando a sus mayores: Construyendo casitas, recogiendo frutas, ayudando en la cocina… Y los lobos hacían lo mismo: Jugaban a cazar. Era una idea inquietante, pero ahora que sabía que solo era un juego… ¡Star no iba a dejarse ganar tan fácilmente!
Corrió buscando las zonas con nieve baja y rocas sobresalientes, evitando así hundirse. Cuando su amiga hizo un giro, la poni hizo una curva más cerrada para atraparla. Saltó con todas sus fuerzas para caer sobre el lomo de la loba.
- ¡Arrrr!¡Muere, muere, muer...!
Star se apoyaba patéticamente sobre el lomo de su amiga, agarrada con sus pezuñitas delanteras y haciendo un amago de mordisco. La loba la miró, inexpresiva. Star le devolvió una sonrisa ridícula. Después, la loba se apartó de la poni y saltó sobre ella, derribándola e inmovilizándola de nuevo.
- Te he vuelto a matar, poni.
- No puedo vencerte, tú tienes garras y dientes. -Le dijo Star mientras se levantaba.
- Nunca podrás vencerme con mis armas.
La loba volvió a echar a correr. Star meditó sobre sus palabras. Era cierto, no podía vencerla saltando sobre ella como un lobo. ¿Qué armas tenía un poni? Los lobos eran rápidos y mortales. Los ponis eran más lentos, pero eran fuertes y muy resistentes. Nunca podría cazar, ni siquiera jugando, a un lobo adulto. Pero su amiga loba era muy joven, y sólo un poquito más grande que ella.
Empezó a perseguirla. Muy poco a poco le ganó distancia -a fin de cuentas, la loba estaba jugando, no huyendo-. Cuando ambas hicieron una curva, star se cerró en el giro y cargó con todas sus fuerzas contra el costado de su amiga. ¡Seguro que lograba derribarla! Pero la loba la vio venir y frenó en seco. Star, al no encontrar nada contra lo que chocar, perdió el equilibrio y cayó rodando sobre la nieve.
Una vez más, la loba la inmovilizó en el suelo mordiéndole el cuello.
- Esta noche has muerto tres veces. Si quieres cazar a una presa primero debes camuflar tus intenciones.
- ¡Eres muy rápida! -dijo Star jadeando- ¡Me cuesta demasiado atraparte para pensar tanto!
- Un mal cazador persigue. Un buen cazador espera.
Star tomaba nota mental de esa lección cuando se escuchó un aullido desde el pie de la montaña. La loba alzó las orejas para escucharlo. Star también lo hizo y entendió el mensaje.
- Tu manada sale de caza...
- Sí. Será mejor que vuelvas con los tuyos, poni.
- ¿Mañana volveremos a vernos?
- Te llamaré desde este mismo lugar.
Se despidieron con la cabeza y partieron en direcciones opuestas. Como siempre, Star volvió a su casa sin despertar a nadie. Se echó a dormir, todavía pensando en una forma de vencer a su amiga en el juego de los lobos.
A la mañana siguiente, ningún pony entendía por qué Star parecía tan cansada.
- Lo primero que debes saber, Star, es en qué consiste el trabajo de un curandero. Muchos piensan que me dedico sólo a curar heridas y enfermedades, pero... ¡Star Whistle! ¿Me estás escuchando?
Plantain Hooves golpeó el suelo con las pezuñas. Star despertó de golpe.
- ¡Sí, sí! Ya escucho, ya escucho.
- Vete a dormir más temprano esta noche. No puede ser que vengas a que te enseñe si no puedes estar despierta.
Star bajó la cabeza. Plantain tenía toda la razón al reñirla.
- Como te iba diciendo -continuó el curandero- el trabajo de un curandero no es sólo curar heridas y enfermedades. Es mucho más que eso.
En un papel, Plantain dibujó un poni, el cual rodeó con un círculo cubierto por sombras..
- Lo primero que hacemos los curanderos es evitar que los espíritus de la enfermedad lleguen hasta los ponis que cuidamos.
En el mismo papel, dibujó una sombra rompiendo el círculo y llegando al poni.
- Lo segundo es, cuando un poni enferma o se lastima, hay que tratarlo hasta que se recupere.
Por último, cambió varias líneas al poni para que estuviera tumbado, y dibujó un lecho debajo.
- Por último, cuando no podemos curar a alguien, cuidamos de él y evitamos que sufra hasta que llegue su hora.
Star Whistle tardó unos momentos en entender lo que el anciano quería decir.
- ¿Se muere? -preguntó Star incrédula.- Pero, ¿por qué? Se supone que los curanderos están para que los ponis no se mueran, ¿no?
- Pequeña, tienes que aceptar desde ya un hecho: No puedes evitar la muerte.
La potrilla miró a su maestro, con la expresión de un niño que acababa de saber que tarde o temprano iba a morir.
- Todo el mundo se muere, Star, y ni el mejor curandero puede evitarlo -dijo Plantain-. Cuando sepas que alguien va a morir hagas lo que hagas, lo único que puedes hacer por él es cuidarlo, y evitar que sufra.
La pequeña poni asintió, sintiendo que una pequeña parte de su mundo infantil se había roto. Plantain imaginó cómo se sentía, pero era mejor así. Esa era la primera lección que todo curandero debía aprender. Seguramente la más difícil de aceptar de todas.
El anciano curandero rebuscó entre sus cosas y sacó un gran libro. Dentro había ejemplares disecados de plantas medicinales, con anotaciones y recetas.
- Empecemos con las plantas. Ésta planta es una flor de belladona, y sirve para...
Star, pasados unos minutos, tuvo que hacer auténticos esfuerzos para mantener los ojos abiertos.
Esa misma noche (y después de una buena siesta) Star se deslizó sigilosamente sobre la nieve. Su amiga loba estaría en el mismo lugar de siempre. Y no iba a verla llegar. Era una noche tranquila, con una ligera y fría brisa que bajaba desde la cima de la montaña. La luna estaba llena, iluminando la nieve. La poni veía bien esa noche. Era la oportunidad perfecta para pillar a su amiga.
Iba a vencerla en el juego de los lobos.
Con una sonrisilla en la cara se arrastró entre rocas, arbustos, y montículos de nieve, estando siempre fuera de vista. Cuando estuvo bastante cerca se asomó tras un seto. En la misma zona de siempre estaba su amiga, tumbada en el suelo, desprevenida. La loba alzó un poco la cabeza, pero no vio a Star Whistle.
Star calculó el camino hasta la espalda de la loba antes de acercarse más. Lo tenía todo pensado: Saltaría sobre su lomo y se echaría encima para que no pudiera levantarse. Y entonces la "mataría", y ella ganaría el juego. Era un plan perfecto. Iba a funcionar.
Finalmente llegó al sitio adecuado. Echó un vistazo una única vez, para ver el lomo de su amiga y calcular el salto. Se colocó en posición, alzando sus cuartos traseros para impulsarse. No pudo evitar sonreír una última vez. ¡Esta vez iba a ganar! Calculó una vez más el salto, se echó ligeramente hacia atrás... ¡y saltó con todas sus fuerzas...!
...y aterrizó sobre la nieve.
- ¿Eh?
Star miró a su alrededor buscando a su amiga… y la vio en el último momento. Desde un lado, la loba saltó sobre la poni, desequilibrándola y tirándola al suelo, donde la inmovilizó… otra vez.
- Te he vuelto a matar, poni.
- ¿Pero cómo me has visto? –preguntó Star, incrédula.
- No te he visto. Te he olido. Nunca sigas a una presa con el viento a tu espalda.
- ¡Vaya! – Exclamó una frustrada Star Whistle.
La loba liberó a su amiga y se tumbó en el suelo. La poni se sentó frente a ella.
- Yo tardé dos años en cazar a mis hermanos mayores.
- Ya… supongo.
Pasaron un buen rato hablando y jugando a partes iguales. Star no logró derribar a la loba ni una sola vez, pero también se estaba convirtiendo en una presa muy escurridiza. En uno de los descansos la loba le preguntó:
- ¿Sabes ya la respuesta a mi pregunta?
Star se acordaba: Le preguntó qué decía el alma de su pueblo. Había pensado mucho sobre el tema, y creía saber responder.
- Si. Los ponis no tenemos un alma como la vuestra.
La loba la miró, intrigada.
- Cada poni es diferente. ¿Has visto las marcas que tenemos en el flanco?
- Si. También he visto que tú no la tienes. –respondió la loba.
- ¡Eso es! Cuando un poni descubre qué es lo que le hace especial, le aparece la marca. Hay ponis que construyen, ponis que recogen comida, que curan, que cuidan de sus hijos, que pelean…
Star se detuvo para ver si su amiga la estaba entendiendo. Ésta le respondió:
- Entonces os mueven los deseos personales. Eso os hará débiles. Los lobos nos movemos con una única voluntad.
La poni, aunque no esperaba realmente una respuesta muy diferente, se sorprendió por la apreciación de la loba.
- ¡No no no! ¡Te equivocas! Cuando un poni es especialmente bueno en algo, ¿por qué íbamos a obligarle a hacer otra tarea para el pueblo? Los ponis dejan que cada uno haga aquello que le apasiona. ¡Así lo hará mejor que nadie!
La loba se quedó mirando unos momentos a su amiga. Estaba asimilando lo que le había dicho y reflexionando sobre ello.
- Los ponis sois una manada extraña.
- Lo mismo digo amiga.
- Algunos más que otros. Solo un necio hablaría de tú a tú con su cazador.
- Y solo un poni hablaría con otro poni, ¿verdad, "cazadora"? –respondió la poni con sorna
Ambas amigas sostuvieron la mirada. Star hizo un ruido extraño, al que siguió una risilla. Pronto la poni empezó a reír con ganas. La loba miró hacia la nieve, echando los belfos hacia atrás y enseñando sus dientes traseros, y resopló contra el suelo, en una silenciosa carcajada.
Rieron durante mucho rato. Cuando se calmaron, Star se tumbó boca arriba, mirando las estrellas. Recordó una pregunta que quería hacerle.
- Cuando me encontrasteis en la nieve, ¿Por qué no se me comió tu hermano grande?
- Porque yo se lo dije.
- Pero tú solo eres una potrilla...
La loba la miró sin comprender. Star siguió hablando en lobo.
- Tú solo eras una lobezna. Los ponis jóvenes obedecemos a los mayores, no al revés. ¿Por qué te hizo caso a ti?
- Porque tengo un ojo azul.
Star la miró. Ahora sí que no entendía nada. La loba siguió explicando:
- En mi manada, cada generación, nace un lobo. Un lobo que es capaz de ver más allá de lo evidente. Que puede ver el alma de los seres. Que puede hablar con la tormenta, como ningún otro lobo puede.
Star se sentó bien, mirando a su amiga directamente, ensimismada por la historia.
- Ese lobo –continuó la loba- puede intuir el paso de las manadas. Y dicen que algunos pueden ver el futuro. Nunca existen dos al mismo tiempo: cuando uno muere, renace en la siguiente camada de cachorros; un cachorro que estará destinado a convertirse en el líder de la manada.
- ¿Y cómo lo reconocéis?
- Porque siempre tiene el ojo derecho azul.
La boca de la poni, a estas alturas, estaba a punto de tocar la nieve bajo ella.
- ¡Eres tú! -La loba asintió-
- Así es. Todavía no soy la líder de la manada, soy muy joven. Pero me escuchan.
Star miró a su amiga, dándose cuenta de que estaba ante la futura líder de los lobos. Pero…
- ¿Pero por qué me salvaste? Entonces no éramos amigas. Solo cazadora y presa.
La loba pareció meditar unos segundos la respuesta. La brisa se convirtió en un viento bastante frío.
- Los ancianos de mi manada cuentan historias de los ponis. Cuentan que una vez fuisteis nuestra presa, pero que aprendisteis a defenderos. Sin colmillos ni garras, sino con vuestro ingenio. Que podéis vivir en cualquier lugar, sin tener que migrar. Y que algunos de vosotros dominan la magia.
Nunca podría conocer vuestra forma de ver el mundo, porque los ponis aún recuerdan la época en que los cazábamos. Pero cuando te vi supe que sabrías escuchar. Que verías más allá de tus instintos. Y también vi…
La loba se quedó en silencio. Star exclamó.
- ¿Qué? ¿Qué viste?
El frío viento aumentó de intensidad, arrancando el calor de ambas amigas, pero en especial de Star Whistle.
- Se acerca la tormenta, poni. Debemos volver con los nuestros. –dijo la loba, levantándose
- ¿Pero qué viste? –preguntó Star, exhasperada
- No voy a responder.
Refunfuñando, Star se levantó también, y se sorprendió al ver que su amiga se acercaba a ella. Se detuvo justo delante suyo y bajó la cabeza, llevándola a un lado del cuello de Star. La loba pegó su cabeza al cuello de su amiga. Star comprendió que debía ser como un abrazo para los lobos, y le devolvió el gesto.
Cuando finalmente se separaron, la loba dijo:
- Si la tormenta se vuelve muy fuerte las presas se alejarán de la montaña. Si eso ocurre, nos veremos la próxima vez que mi manada vuelva.
- Te echaré de menos, loba.
- Yo también, poni.
- Cuídate amiga. –se despidió Star Whistle.
La loba no dijo nada más empezó a descender la montaña con paso tranquilo. Star Whistle la observó mientras se alejaba. Iba a echarla mucho de menos. Era la única amiga de verdad que había hecho, y sólo podía verla unas pocas semanas al año.
Volvió a su pueblo despacio, pero cuando vio las nubes de tormenta rebasando la montaña echó a correr. Tan pronto como llegó a su casa y cerró la puerta tras ella, el primer trueno se dejó escuchar. Empezó a nevar, y el viento creciente hizo volar los copos en todas direcciones. Star Whistle, aterida, se metió entre las mantas, combatiendo el drástico descenso de temperatura.
Poco después el cansancio de dos noches durmiendo poco la venció, y Star cayó en un profundo sueño.
Nota del autor:
En los juegos de lobos solo puedes ganar… o "morir".
