Gracias a Voz del silencio, amiga, cómplice y culpable de muchos de mis malos pensamientos. Sin ti esta locura no habría sido posible; espero que el final que le he dado te parezca al menos digno.
Siempre busco canciones que vayan con lo que estoy escribiendo y las pongo en bucle en el reproductor, este no es una excepción, y si te fijas bien se nota el momento en el que cambia de una canción a otra por el tono del escrito.
Las canciones de este relato son: Let it Burn del grupo Red, Chalk Outline de Tree Days Grace y Perfect Weapon de Black Veil Brides.
Lo de siempre, los personajes son de Kishimoto y los miles y millones de fans, que ya los hemos adoptado como nuestros.
Sin mas espero que disfrutéis del final de este pequeño relato.
Cuando un delfín quiere jugar ni si quiera un tiburón puede negarse.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Tres criaturas marinas.
Kisame y el delfín.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Jamás pensó que moriría por otra persona.
Nunca.
¿Dar su vida para proteger a otros?
Sí, que más.
Y sin embargo ahí está, atado a un yugo de madera que suprime parte de su chakra, mirándolo a él.
El tesoro de Iruka.
Ha oído su nombre un millón de veces en los labios del delfín. Naruto casi parece una constante en su vida, del mismo modo que respirar o el latido de su corazón, para Iruka evocar su nombre es un acto involuntario, y para él mismo, escuchar de su vida y milagros, un acto inconsciente de solidaridad para con él.
Al principio pensó que si servía para que el delfín se entregara después a una sesión de desahogo sexual le escucharía recitar lo que fuera. Con el paso de los días, y los encuentros, es el tiburón quien saca al zorro en la conversación, solo para deleitarse en la respuesta del mas joven.
Su rostro muta de expresión y el delfín deja de ser depredador por un instante, y se convierte en la simpática criatura que ejecuta sus trucos, hábilmente aprendidos a cambio de sus merecidos peces muertos y de manifestaciones de asombro puramente humanas.
Le enternecía y enfurecía a partes iguales; en el fondo siente una lástima tremenda por Iruka.
Kisame piensa, en una de sus conversaciones sobre sus respectivos trabajos, que la fortaleza del chuunin es envidiable.
Tiene el trabajo mas difícil del mundo, y el mas terrible, el que mas remordimientos y cargos de conciencia puede darle incluso a la persona mas fría y despiadada; el tiburón tiene serias dudas de si sería capaz de desempeñarlo con la misma sonrisa, falsa pero rebosante de felicidad, en su duro rostro.
Iruka se limita a golpearle el hombro, murmurando algo sobre que no tiene la suficiente paciencia para algunas cosas.
Pero... de verdad piensa que el trabajo de Iruka para su aldea es cruel, y también piensa que nadie mejor, ni mas hábil que él, para desempeñarlo.
Al fin y al cabo, enseña a niños como matar.
A niños.
Les roban su infancia y disfrazándolo de juego, patriotismo y heroísmo orgulloso, les muestran a los pequeños como ser eficientes en el antiguo arte del asesinato silencioso, la tortura, el envenenamiento, las emboscadas, tácticas de guerra...
Kisame quiere llorar cada vez que lo escucha hablar sobre ello.
Ciertamente, es terrible.
Al menos siempre que elimina un objetivo, tiene una razón precisa.
Dinero, patriotismo, aburrimiento, venganza... existen un millón de razones para llevarse una vida por delante.
Pero, ¿Qué siente Iruka cuando uno de los niños al que él ha enseñado todo aquello, es derribado?, ¿Se siente como si hubiera fracasado en su cometido o por el contrario, se siente aliviado por que ese pequeño por fin logra tener paz, de un modo siniestro y retorcido, pero lógico y entendible?
Kisame le pregunta una docena de veces, y el delfín siempre,siempre, sin excepción, le responde del mismo modo.
Una sonrisa.
Una clara y enorme sonrisa.
Falsa, dolorosa y horrenda a ojos del tiburón, tan falsa y horrenda como Iruka mismo, negándose a tener sentimientos para sobrellevarlo sin caer en la locura.
¿Qué tendría de malo?
Fácil, la conciencia es el mas terrible de los enemigos, y con ella, Iruka no podría seguir haciendo lo que hace. Alejar a un delfín de la costa no siempre es lo mejor para él mismo.
En cambio Kisame ama la soledad, siempre lo ha hecho. Ser un depredador solitario ha hecho de su vida una travesía agradable por un mar en calma. Buscaba un mundo sin mentiras, una estupidez soberana, y en su búsqueda se había convertido en un especialista involuntario en leer la mentira en las otras criaturas.
Por eso pudo ver claramente la mentira en la existencia de Iruka, pudo ver sus instintos, sus habilidades y sus armas, escondidas tras su rostro sereno y su sonrisa amable.
Pudo ver sus dientes, y su cruel sonrisa, tras la frustración y la resignación por ser apartado amablemente por sus compañeros, con la vaga excusa de su nivel... Si supieran...
… si pudieran verle, aunque solo fuera unos pocos segundos, a través de los pequeños ojos del tiburón... seguro que no le tratarían igual.
Pero ambos son conscientes de que eso no puede ser, es imposible y no sucederá jamás.
Por esa razón ambos, los dos, perfecta sincronía animal, quedan, se ven, se retuercen, uno sobre el otro y alrededor de todo, sin citas previas, solo encuentros, desesperados, reales, simples, llanos.
Como le gustan a Kisame; sin mentira alguna.
Como le apasionan a Iruka; teniéndole plenamente en cuenta.
Y así, en ese instante el tiburón recuerda las palabras del que ha sido su acompañante, que no compañero ni mucho menos amigo, camarada, los últimos años: Itachi.
El Uchiha le dijo una vez, que solo cuando sabes que vas a morir tienes la certeza, absoluta, irrefutable y clara, de la clase de persona que eres y has sido.
Y ahí, sujeto a ese yugo, totalmente fijo en la mirada azul del tesoro de Iruka, sabe sin ningún lugar a dudas la clase de persona que ha sido, y sabe, casi como si de una visión divina se tratase, lo que tiene que hacer en ese momento.
Ha sido una mala persona hasta el final, digno de cualquiera de su especie. Frío, calculador, despiadado, egoísta... mentiroso.
Él, que siempre ha renegado del engaño, defensor de la claridad sin dobleces, de no complicarse la vida con aristas, puntas, dobles intenciones y suposiciones, ha sido un maestro en su propia mentira.
Por que jamás se lo dijo.
No le dijo la razón por la que iba cada día a su aldea, por que se quedaba mirándole después de haber compartido besos, caricias y confidencias. Por que le contaba sin reparos lo que a otras personas no le confiaría, ni después de las mas horripilantes y despiadadas torturas. Por que era capaz de marcharse, una y otra vez después de hacer el amor con él, sin mirarle, sin decirle un "te veré" o un "ójala puedas ...".
la certeza es una zorra despiadada, y cruel sensación, y Kisame la tenía todo el tiempo que compartía con Iruka.
Tenía la certeza de encontrarle siempre, sin necesidad de buscarle, y así ha sido desde su primer encuentro.
Tenía la certeza de que el delfín acudiría a su encuentro todas y cada una de las veces, y obviamente había acertado.
Tenía la certeza de que algún día, sacaría el valor necesario o tal vez la debilidad precisa para confesarle la verdad.
Tenía la certeza, clara e indiscutible, de que lo amaba con cada una de sus marinas células.
Tenía la certeza de que moriría por estar con él... de que mataría por la misma razón, y de que esta vez, merecería la pena hacerlo.
Y ahí, frente a la mirada azul del rubio adolescente, sonríe.
Encajado en su propio encierro, ve la ironía en el gesto que acaba de hacer.
Él, que siempre ha renegado de la mentira, va a morir por una suya. Por todo aquello que no quiere decir.
Y ve en los ojos del muchacho la pena, la lástima que el tiburón le infunde. Le escucha decir algo sobre proteger los secretos de los suyos... si supiera...
Pero ahí, encerrado en su propio jutsu toma la decisión mas mentirosa de toda su vida.
Por que no va a morir por sus compañeros, ni siquiera por su aldea. Ni por Iruka, ni por Naruto, ni por Itachi.
Va a morir, por los que vienen detrás, por esos niños a los que el delfín protege con toda su alma. Porque el zorro encuentre en él la inspiración para seguir haciendo lo que hace, seguir siendo lo que es... y lo mas importante, darle a Iruka una razón para vivir.
Tiene la certeza de que no será fácil, de que lo que deja tras de sí, es importante, al menos a él le ha importado durante un corto y breve periodo de tiempo, pero también sabe que es necesario que el deje el testigo a alguien que sepa lo que hace, con absoluta convicción.
Quiere decirle que sea fuerte, que lo que viene ahora no es fácil, y que lo que se acerca hasta él como una gran roca cuesta abajo, es mucho peor de lo que puede, si quiere, llegar a intuir.
Pero no lo hace, por que solo necesita cruzar su mirada con el muchacho para ver que podrá con todo y decide, después de mucho cavilar, ponérselo un poquito mas difícil.
Nadar contra corriente siempre ha sido su fuerte, ir en contra de lo establecido y al mismo tiempo dejarse llevar sin hacer esfuerzos.
Un segundo antes de invocar su muerte, sella parte de su energía en el pergamino... y es cuando lo abren que logra escapar, a mar abierto...
… dándole una razón a Naruto para superarse y dándose a sí mismo una oportunidad para la última mentira, la ilusión con la que culminará la perfecta representación que ha sido su existencia marina.
El tiburón nada deprisa, a la velocidad del alma. Quiere verlo una última vez, antes de que el mar entero lo engulla en su infinidad azul oscuro.
Como siempre, no tiene que preguntar el camino por que sabe, con claridad depredadora, donde está y como llegar hasta él, lo más rápida y eficientemente posible.
El espantapájaros lo mira, y el delfín a su vez ,está con la mirada perdida en la línea que une el mar y el cielo a lo lejos. Los pies hundidos en la fina arena y las sandalias en la mano.
No pestañea, no respira, contiene el aire en sus pulmones. Kakashi casi podría jurar que incluso la brisa le esquiva a propósito... pero él sigue andando, no le deja atrás, solo le da espacio para que se despida... lo cierto es que no quiere verlo.
Iruka suelta el aire de golpe, cuando divisa la silueta de una dorsal en el horizonte, rompiendo la perfecta línea de corte en un trazo de sobra conocido por él mismo.
Sus dedos viajan inconscientes hasta los labios, para matar las palabras que quiere decir, y sabe no serán escuchadas. Aprieta la mandíbula, tensa, dolorosa... lo sabe, lo siente, lo grita dentro del alma.
Aprieta los labios hasta convertirlos en una línea delgada y asiente al tiburón, que con la cabeza fuera del agua, espera su reacción. Sus fauces se abren hasta el límite, rindiendo tributo al delfín con todas y cada una de sus mortíferas armas, y se sumerge lentamente, perdiéndose adrede bajo la superficie clara del líquido elemento.
No habla,pero lo ha dicho todo.
Iruka asiente al horizonte, entiende, sabe... comprende...
Sonríe... y llora, en silencio.
Solo días después, en su última visión de Naruto, entiende claramente el gesto de Kisame.
Cuando Naruto se aleja de él, llamándole mentiroso, con la intención de detener la guerra con sus propias manos, lo comprende.
Frente a Killer bee, portador de Samehada, que se revuelve en sus dedos al reconocer al delfín por su proximidad, lo comprende.
Al escuchar de los propios labios del otro jinchuriki que siempre ha estado en el corazón de Naruto, que es importante para él, que es como es por Iruka; entiende la acción de Kisame y sonríe.
Y al quedarse solo, cuando todos han abandonado la isla con la intención de unirse a un bando o a otro, va hasta la orilla...
… tranquilo, sonriente, seguro.
Sus ropas descansan en la arena, mezcladas por el viento, sin quedarse quietas en un lugar concreto... por que Iruka ha cumplido su parte del trato.
Y ya puede volver al mar... donde un tiburón corta el horizonte con su aleta fuera del agua.
Necesita nadar, rápido, lejos, en las frías aguas del océano... olvidar su humanidad junto a su ropa en la arena, y nadar, hasta que el mundo deje de serlo, hasta que esté satisfecho...
Y sonríe al tenerlo cerca, por que al fin y al cabo, él solo quería comprobar algo.
Si ese azul de su piel era frío al tacto...
Y no.
Era igual de cálido que la piel de cualquier color... por que, por mucho que lo negara, Kisame era igual de humano que cualquiera de ellos, aunque se vistiera de tiburón, no era mas que un hombre...
Tiburón y delfín nadan juntos, en mar abierto, sin mas preocupaciones que las corrientes a su alrededor.
Nada mas.
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A mi querido/a lector/a:
Bueno, ahora si que se acabó.
He de confesar que tenía varios finales rondándome la cabeza, pero una imagen clara, la de Iruka mirando el mar, con las sandalias en los dedos, y Kakashi cerca, sin intervenir... y me salió esto que acabas de leer.
Gracias por dedicarle minutos de tu tiempo, y sinceramente, espero que te haya gustado.
Sin mas me despido, esperando verte pronto por cualquiera de mis otros escritos, y esperando de igual modo, leer tu comentario en el apartado correspondiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
