No me comas...
...
Espera, eso esta fuera de la historia...jujujujuju
Hola que tal?, aqui resurgiendo una vez más de mi encierro para poder continuar con esta pequeña historia...me encanta tanto pero tanto esta pareja que he decidido seguir a pesar de mi irremediable pérdida de lucidez que no se porque, pero con frecuencia no me deja terminar las historias, asi ya han sido unas cuantas que no tienen final...hum...espero que esta no sea una de ellas, aún tengo la trama clavada en mi cabecita pero se va retorciendo... y retorciendo... y retorciendo...que me duele el estómago...¿?...será eso?, quien sabe! pero siento que me habla la virgen...creo que ya tengo sueño...bueno, les dejo con el siguiente capítulo y una y mil disculpas por el atraso, aún tengo otros capítulos por subir pero será más adelante...y muchas gracias por sus comentarios, me gusta recibirlos jujujujuju...GRACIAS!
Capítulo 3
- Escúchame, te pido que comprendas… el niño ha nacido en hora y fecha exacta de la destrucción de Lemuria…- calló por un momento, sabiendo lo prohibido que significaba hablar de ello. Acerco sus labios a su oído, incapaz de poder comunicarse con él en el refugio de su mente debido al cansancio…- Nunca, desde la desaparición de la tierra pura, había caído un nacimiento en fecha y hora que concordara…ni un niño, ¿Es que no lo entiendes?- su voz tembló, llevándose una mano a los labios- Ha comenzado de nuevo… la cuenta regresiva a la destrucción… por favor Shion, sólo tú puedes deshacer nuestro infortunio, como el Lemuriano que ha aprendido a vivir en la infamia de la civilización humana…sólo tú, como el caballero dorado que eres…
Se separó de las manos temblorosas de la mujer, dándole la espalda por un momento sin que ella se percatara. No podía comprender el profundo terror que conmocionaba a toda esa gente… a pesar de tener el mismo origen, la misma historia…
No era capaz de temerle.
- ¿Es por eso que he sido llamado?... ¿Cómo es posible que pudieran caer en esa farsa?...no tiene sentido alguno…- se acercó, abrazándola - y aún más… me rehúso a creer que seas también parte de esto... ¿Qué te ha hecho cambiar?...
- Las estrellas…-respondió, abriendo lentamente los ojos, perdida en el sonido de su propia voz- está escrito en el cielo...en el fragmento de cielo que sólo se levanta sobre nosotros. Antes de que partieras al caos de la humanidad, antes que decidieras servir a otros dioses… lo escrito ha estado ahí, entintando la noche, oscureciéndole. Me atormente saber que has olvidado como mirar al cielo ¿Desde cuándo no lo haces?, ¿Por qué le evitas?...- susurró, con el aliento frío y desesperado del que se ha perdido a pesar de seguir en el camino, ansiando respuestas que no le pertenecen.
- He visto al cielo quebrarse y a las estrellas caer… lo que ahí esté no es eterno…
- Shion, tu pueblo clama por ti, hemos velado para que fueras digno de alabanza… y has cumplido con lo que se te ha encomendado. Sin embargo, tus palabras me desconciertan… Si hubieses respetado lo que fue escrito para ti, la bonanza de las estrellas sería tuya, ahuyentarían con su luz las heridas que atraviesan la moribunda armadura que te pertenece…
- Aries, la gloriosa primera casa…
- ¿Hace cuanto muere?...
- Fue forjada para ello…
Y los dos callaron.
Shion era consciente del reproche, de la incertidumbre... y aún así no le interesaba reconfortar la inquietud de la mujer que por cada palabra, parecía desprendérsele la vida. Era egoísta lo sabía, pero lo inevitable no podía ser truncado y lo que él deseaba iba más allá del honor… sin importarle la lealtad que debía tener con su gente.
"Inevitable"…
- Te alejarías para volver como nuestro juez…
Ella habló, adormecida con el suave roce de las cortinas sobre sus manos, recitando con delirio la profanadas escrituras que Shion aberraba.
- Las estrellas te protegieron…
- No…
- Te convirtieron en sobreviviente de la cruel guerra al que fuiste sometido…
- No…
- Así como han señalado al niño como el cataclismo de nuestras era, así también a ti como nuestro protector…
Estaba cansado de escucharle hablar con tanta insensatez, degenerando la imagen con la que reconocía haberla admirado. Repudiaba más que nada el hecho de saberse traicionado, de ser el único al que no le bastaba con las enseñanzas de los antiguos moradores, de ver sucumbir a toda una raza por el miedo…
De saber que de ella no quedaba nada en él.
- Fuiste tú quien me enseñó que el destino no puede ser regido, que no existen los hilos de quienes alegan que pueden manejarnos - la sujetó con fuerza de los hombros, obligándola a mirarlo pero la mujer desvió la mirada, enfureciéndole - ¡No hay nada escrito, nada! ¡Nadie pude sentenciar nuestro final, ni siquiera las estrellas!
Faltó poco para que la mujer cayera al suelo por la rudeza de sus movimientos. Se percató entonces de su agresividad y como sus emociones se habían salido de control. Nunca antes había lastimado con alevosía y menos a la mujer que amaba. Se dirigió a la puerta, con intención de salir cuanto antes de esa tierra, sintiendo por primera vez desde la muerte de su maestro, el peso de la impotencia avasallando su orgullo.
- Hakurei era sabio…
- ¿Qué has dicho?...
Se detuvo, percibiendo un golpeteo anormal en su pecho al escuchar el nombre de su maestro, seguro de que la mujer había logrado leer con precisión sus pensamientos aprovechando lo oportuno de su descuido. Los sangrantes ojos de la mujer se elevaron al techo como evocando su antigua vida. Shion se acercó, arrodillándose frente a ella, resguardando sus frías manos en un abrazo necesitado alrededor de su suave cintura.
Se sentía confundido.
Evocó la embargante dicha de esos años en el que se supo privilegiado en tenerla, deseando que fuera suficiente para exterminar la confusión y el odio palpitante en su acongojado pecho, pero lo que anhelaba encontrar ya no estaba en ella…el frío de su cuerpo no podía ser adormecido por el antaño calor de la mujer….
- Yo…
- Tu maestro prefirió morir en una guerra ajena a ser testigo del derrumbe de su civilización…
Se quedó atónito ante las palabras despiadadas que retumbaron en sus oídos, reabriendo heridas del pasado. Por un momento juró estar de nuevo en el campo de batalla, con la muerte a su lado cazando a todas esas tristes almas caídas en sangre y olvido. Escuchó los gritos, el choque de las armas, la sangre serpenteando bajo sus pies. Sintió de nuevo la amenaza, la ira de la guerra envolviendo sus manos, martillando su cuerpo con el ansia de matar…
Y a lo lejos al viejo maestro en su último suspiro…
- ¡Él no fue un cobarde, jamás lo fue!
Le tomó por los largos cabellos, arrastrándola hasta llegar al otro extremo de la habitación, destrozando la puerta en su camino. Salió del lugar con ella a rastras mientras la gente se aglutinaba a su alrededor, mirando como una de sus guardianas era sometida sin piedad alguna. Intervinieron, pero no lograron siquiera acércasela siendo embestidos por su enardecido cosmos desbordándose sobre los habitantes, manteniéndolos paralizados por la lastimosa furia de quien se sabe traicionado.
"¿Qué ha sido de mi?"...
