Después de dejar el fic en completo abandono, así como otros tantos que tengo por ahí, he vuelto a las andanzas y trataré de seguir publicando constantemente. Así que, retomándolo, seguimos con el capítulo 3.

Sobra decir que nada de esto, incluyendo personajes, me pertenece.

Hogar.

El sutil arte de tallar no era sencillo, y mucho menos con una paciencia como la de él. Lo intentó durante todo el día, pensando en mil y un símbolos diferentes para representar lo que sentía en ese momento, lo que resultaba extraño ya que él no pensaba demasiado las cosas: era mejor dejarse llevar.

Por otro lado, estar sentado a la orilla de río congelado durante horas no era tan buena idea; su parte trasera podía asegurarlo. Dejó la daga a un lado y se puso de pie, buscando inspiración pero lo único que encontró fueron las pequeñas casas que empezaban a darle forma a la aldea nuevamente. Y sonrió, comprendiendo que las cosas más sencillas son siempre las mejores y que la respuesta a su pregunta había estado justo frente a él.

- Tenemos que hablar, Suki.- Le dijo a su novia, horas más tarde. La joven, que en ese momento traía ropas abrigadoras de la tribu agua, asintió al observar su seriedad.

Y caminaron justo hacia donde había pasado la tarde, en completo silencio, sin tocarse siquiera de las manos. Él no podía, sin embargo, evitar mirarla de reojo; encontrándola cada instante más atractiva. Si bien, Suki no era una belleza, era guapa a su manera, graciosa, inteligente y bastante fuerte; siendo, precisamente, su independencia, la que lo enamoraba constantemente... pero era tan diferente a ella. A Yue.

- ¿Qué pasa, Sokka?- Preguntó dudosa la joven, atrayendo aún más hacia sí el abrigo azul.- ¿A que vinimos aquí?

- Dime, Suki, ¿qué ves cuando miras hacia allá?- Le preguntó él, esquivando la respuesta, pero pasando un brazo por sus hombros.

- La aldea... muchas casas nuevas que están siendo edificadas.- Contestó, observando el panorama.- El fruto del trabajo colectivo, un nuevo lugar donde empezar...- Siguió, pensando que podía significar aquella conversación.

- Un hogar.- La cortó él, tomándole la cara entre las manos y perdiéndose en su mirada.

Era extraño, pero placentero, tener a Sokka así, serio y decidido, frente a ella. Lejos quedaba aquél joven un tanto nervioso e impulsivo que había conocido hacia años atrás. Lejos había quedado también la indecisión de aquél primer beso, el temor, las dudas...

- Sokka...

- No necesito decirte todo lo que pasa por mí en este momento.- Comenzó, sonrojándose debajo de la piel morena.- Pero quiero que sepas que jamás podría encontrar otra persona como tú. Me complementas y me entiendes como nadie más lo hará.- Y luego, se metió la mano en el bolsillo del pantalón, sacando una pequeña bolsa de piel y abriéndola para revelar su contenido.

Extendió la mano, mostrándole un collar de piel grisácea, con acabados delicados de plata en el broche y una sencilla piedrecita en el centro, con un grabado en forma de una pequeña casa. Eso era todo, quizás demasiado sencillo, pero con tanto significado que a ella se le llenaron los ojos de lágrimas, colgándose a su cuello. Arriba, la Luna llena presenciaba todo, dándole una atmósfera romántica pero triste al encuentro.

- Suki, te amo.- Le susurró al oído, con ella todavía en sus brazos.- Por favor, cásate conmigo.

Ella le soltó suavemente y, aún con lágrimas escurriendo por sus mejillas, le regresó la mirada más intensa que él hubiera visto.

- ¿Estás seguro?- Le tomó las manos entre las suyas, que temblaban ligeramente.- ¿Y ella, Sokka?

No hacía falta preguntar a quién se dirigía la joven guerrera, él lo entendía a la perfección. Seguía teniendo miedo, y no sin razón: todavía no había podido hacerlo. Así que se acercó más, inclinando ligeramente la cabeza y dejándose llevar por el momento la besó. Los labios de ella se sorprendieron pero recibieron el beso inmediatamente, sus lágrimas mezclándose entre ellos. Cuando se separaron, siendo la Luna mudo testigo de lo que había pasado, él le colocó lentamente el collar en el cuello, atándolo por la espalda.

- Yue será mi Luna...- Le susurró al oído, haciéndola estremecer.- Pero tú siempre serás mi Hogar.

o.O.o.O.o.O.o

Listo. Salió un poco breve, pero la idea tenía días rondándome por la cabeza. Posiblemente tenga algunos errores ortográficos, les pido hagan caso omiso.

Si llegaron hasta aquí, gracias por leer. Y ya saben, cualquier crítica, comentario, sugerencia, etc., es bienvenido.

Saludos! =)