Cinco días habían pasado desde que cayó en aquel agujero sin recibir señales de vida externa. En algún momento pensó con pavor que lo habían llevado allí a morir, aunque lo desechó casi de inmediato al llegar a la conclusión de que su muerte no beneficiaría a nadie, ahora, con la falta de alimento y agua, volvió a reconsiderar la idea. Intentó una y otra vez averiguar el mensaje implícito en la copa, pero por más que daba vueltas al asunto, terminaba volviendo al mismo lugar. ¿Qué se supone que hiciera con una copa de agua y sal?, además, cada vez que se disponía a probarla, una alarma de supervivencia se activaba dentro de sí mismo y volvía a dejar el líquido en su lugar. Definitivamente, alguien estaba jugando con su mente. También escudriñó el olor tantas veces que la característica esencia a sal le parecía ahora tan familiar como su propio aroma.
Las horas pasaban, y su cuerpo comenzaba a apagarse por la falta de líquidos, y sopesó, por enésima vez en el día, la posibilidad de beber del sucio inodoro que yacía en el cuarto de baño, y no fue hasta ese momento, que escuchó un sonido fuera del almacén, una serie de pasos casi inaudibles, pero perfectamente reconocibles para él, que había pasado tantas horas en silencio y sus oídos se encontraban tullidos. Se esperanzó, con suerte, esa persona podría escucharlo. Reunió fuerzas de donde no sabía que podría tenerlas, y gritó, pidió ayuda con la garganta seca, se apoyó en sus cansadas piernas y usó el resto de su saliva para hacerse escuchar a cualquiera que rondara cerca de allí, y para cuando los pasos se acercaron hasta la entrada del almacén sin pronunciar una palabra, supo que aquello no significaba su salvación.
Los pasos cesaron frente a la puerta, escuchó el característico sonido de un candado al abrirse, y después, el deslice de la cerradura.
-Aléjate de la puerta. -Escuchó una firme y varonil voz del otro lado, y todo fue tan poco advertido, que sin pensar, obedeció la orden. La sensación de que había escuchado esa voz en otro lugar comenzó a recorrerle la mente, y se esfumó al momento en que un hombre de largos cabellos negros y ojos felinos se asomaron.
-El chico del bar. -Pronunció Chris en forma de un siseo.
...
Sebastián se había levantado temprano aquel día. Le dio un beso en la frente a su esposo, que, semidormido, había levantado la mano en señal de adiós, y había vuelto a dormirse.
En la comisaría, el cansancio dominaba el aura, Fred era poseedor de un par de ojeras profundas y cansadas que evidenciaban el hecho de que no había dormido en toda la noche. Sebastián lo compadeció; probablemente le habían asignado casos menores de conductores ebrios y peleas de bar la noche anterior y, ahora, lucía diez años mayor de lo que era. Cuando éste pasó frente a Stan, levantó un brazo débilmente como saludo y sin voltear a verle, y siguió su camino hacia la oficina de Berdin. Sebastián agradeció entontces, el no estar en su lugar y continuó camino a su oficina.
Saludó a la secretaria, que atendía una llamada y le devolvió una sonrisa amable, se cruzó con Dante, que parecía volverse loco dentro de un archivero en busca de algo y pareció no escuchar el "Buen día" de Sebastián, y, por último, saludó a Steve, que trabajaba en su oficina y al que le debía que siempre se encontrara todo perfectamente organizado.
-Supe que te asignaron el caso de un secuestro. -Dijo Steve para iniciar conversación.
-Así es. No deberían demorar demasiado los forenses. -Respondió Stan, y antes de ponerse a trabajar, se volvió hacia Steve. -¿Podrías hacer entrevistas en el vecindario mientras nosotros inspeccionamos la escena?
Steve asintió y para cuando volvió la mirada hacia el papeleo, la policía forense comenzaba a aparcar fuera de la comisaría, ambos tomaron sus chaquetas y salieron para encontrarse con Laurent, que, siendo apenas un muchacho, había resultado pieza clave para la resolución de muchos de los casos más difíciles de la comisaría. Él y Stan se saludaron con un apretón formal de manos.
-¿Qué buscaremos? -Preguntó Laurent, dando a entender que no estaba al corriente del caso.
-Indicios de violencia y actividad reciente. La víctima, Chris Hemsworth, reporta 5 días desaparecido, y, el día de ayer, me pareció observar algunos escenarios que podrían indicarnos actividad de no hace más de ese tiempo. Por lo que, me atrevería a decir que nuestro sospechoso ha estado visitando la finca últimamente. -Dijo Stan.
-Bien. -Respondió Laurent profesionalmente y el equipo de Sebastían y los forences salieron en 2 vehículos de allí.
...
Chris se quedó muy quieto al reconocer a aquel hombre, y, momentos después, un torrente de furia le cayó como chorro de agua fría. Sintió el rostro caliente, la respiración poco profunda, y, en un arranque de ira, comenzó a acercársele de manera lenta a aquel rostro anguloso de sonrisa burlona.
-No te atrevas. -Dijo Tom sacando de su bolsillo un arma de bajo calibre, pero perfectamente capaz de matar a un hombre si se le disparaba lo suficientemente cerca.
La furia de Chris decreció tan rápido como había aumentado y retrocedió un paso.
Tom sonrió. -Además, -Dijo en el tono en que se le habla a un niño. -¿Has pensado siquiera en la posibilidad de que yo sea el único con la llave que abre el candado de tu cuello?, Es obvio que no la tengo conmigo en este momento, pero te convendría razonar que, si me hieres, te pudrirás aquí.
Chris se quedó callado y muy quieto. Tom volvió a guardar el arma. -Ahora, vamos al grano. -Tom mostró, colgando de su mano, una bolsa con el logo de una tienda de conveniencia de la que Chris no se había percatado. -La bolsa contiene la suficiente comida para que puedas saciar tu hambre y sed, pero, tendrás que ganarla. -El rubio lo escuchó con atención, sin decir palabra alguna. Tom prosiguió. -Deberás tomar la copa de agua salina que hay sobre esa mesa.
Chris observó la copa y volvió la mirada hacia su captor casi de inmediato. -No lo haré.
Thomas extendió su sonrisa. -No pensarás que deseo asesinarte con veneno ¿o sí?, es decir, si quisiera hacerlo lo habría hecho ya. -El pelinegro rebuscó las palabras adecuadas en su mente. -Voy a dejar esto en claro. -Dijo dando énfasis con el movimiento de la mano. -Has pasado a ser de mi propiedad en el momento en que aceptaste un trago de mi parte en aquel bar. Tu vida depende completamente de mí ahora y deberías estar agradecido por ello. Por lo tanto, la decisión de dejarte morir de deshidratación se encuentra por completo en mis manos. Pero no lo haré, por supuesto. -Chris escuchaba el sermón confundido. Thomas continuaba hablando. -Pero debes ganártelo, claro está. No pediré mucho en realidad, en esta ocasión, bastará con que tomes el agua de la copa, que, supongo, has tenido tiempo de sobra para analizar.
El rubio permaneció impasible, meditando entre las posibilidades de vivir un infierno allí abajo o entregarse a la muerte, y, finalmente, su instinto de supervivencia ganó. Estaba en manos de un demente, sí, pero, si moría, era evidente que nunca podría escapar. Debía seguir el juego del hombre y esperar que los investigadores hicieran su trabajo. Seguramente la policía lo encontraría tarde o temprano. Así que lo hizo, tomó la copa y la bebió de un sorbo. La sal hirió más en su garganta seca que lo que alivió el líquido después de tantos días.
Thomas asintió complacido mientras Chris tosía y se asqueaba producto de la extrema salinidad del líquido. -No era tan difícil, ¿Lo ves? -Dijo mientras arrojaba al aire y en dirección a Chris, la bolsa con alimento. Chris la atrapó y la inspeccionó. En efecto, allí dentro había recursos suficientes como para tres días, consistentes en botellas de agua, sándwiches y algunas barras de cereal. Abrió una botella y bebió hasta que su cuerpo sació la sed.
Desempacó uno de los sándwiches y comenzó a comer mientras el ojiverde, recargado en la pared, observaba a su mascota. -Yo no devoraría toda la comida si fuera tú. Nunca sabes cuándo volveré. -Y dicho esto, se alejó de allí, cerró nuevamente las puertas, y Chris escuchó sus pasos alejarse.
...
La casa de Chris ahora estaba acordonada y los forenses, enfundados en trajes blancos y guantes de látex, recorrían cada centímetro de la escena. Laurent se hallaba en la sala, recuperando fibras del sillón y empacando aquella taza de café sobre la que Stan le había advertido. Casi fue imperceptible, pero lo vio, vio ese fino cabello negro y ondulado sobre la alfombra. Sabía, por las fotografías, que Chris era un hombre rubio, definitivamente ese cabello no le pertenecía a él. Salió con éste dentro de una bolsa de evidencia y se lo mostró a Stan.
-Parece que nuestra víctima estuvo con una mujer. -Dijo Laurent.
Sebastian tomó la bolsa y por un segundo, apreció la negrura, el ondulado y el largo de la cabellera de Tom, sin embargo, borró esa imagen de la cabeza con una sonrisa. Definitivamente estaba tan enamorado que le complacía verlo a todas horas.
