Advertencias: Sera una relación chicoxchico. Así que a quien no le guste, pues tiene todo el derecho de retirarse cuando guste. Por ahora nada más. Shonen-ai, al principio.
Disclamair: Los personajes no me pertenecen, la autoría es de nuestra querida Hoshino, si fueran míos, pues ya ven, abría centenares de escenas yaoi, especialmente yullen.
Reseña: Siglo XXI, la humanidad ha dejado de existir parcialmente, algo llamados Akumas atacaron una noche, hace tantos años ya, destruyendo todo a su paso, millones murieron, en compensación Dios encomendó a sus fieles seguidores, los de sangre aun Inocente, a luchar por el bien de la humanidad, a pelear, como una vez lo hizo la humanidad hace tantas lunas.
Esto es una guerra, le habian dicho una vez, mueres o vives, son tus únicas opciones. En la guerra no hay amor, mucho menos piedad, y si tus manos tienen que bañarse en sangre, que así sea entonces. Dios Todopoderoso te perdonara, si lo haces por ÉL, si lo haces en su nombre.
Allen recuerda esas palabras como si hubiesen sido dichas ayer, hace una hora, también sabe que el sabor de esos labios era imposible de borrarlos, y no era la primera vez que lo sentía, estaba seguro de ello. Por mucho que se dijera a sí mismo odiar a esa persona.
Inocentes.
Por
Lirionegro-san
A Allen le gustaba la nieve. Así pensó cuando la vio la primera vez, cuando su conocimiento de lo actual se hizo discernir entre la oscuridad de su mente, también hubo preguntas. Cuestionó una vez el porqué. ¿Por qué la nieve es blanca? Hay respuestas para ello, respuestas científicas para ser precisos. ¿Por qué la nieve es blanca? ¿Por qué nieve algunas veces? ¿Por qué en algunos lugares no nieva? ¿Por qué en otros no deja de nevar? Entonces sería fácil decir que es hermoso, el blanco significa pureza, tan limpio…pero se tiñe con facilidad. Se manchara en cualquier momento. Entonces todo lo demás tiene sentido.
¿Por qué nieve algunas veces? ¿Por qué en algunos lugares no nieva? ¿Por qué en otros no deja de nevar? Hay que mantener el equilibrio, por eso a Allen le gustaba la nieve, pero le disgusta el frío.
Él prefiere…mantenerse en el medio.
Capítulo 2: ¿Qué son?
Leonald Laurens estaba desesperado, salió del despacho de su abogado con un nudo en el cuello, como aquel que caminaba por la tabla a una muerte segura, un solo paso más, y todo lo demás, por lo que luchó, sus deseos y ambiciones, terminarían. Lo había perdido todo, las últimas palabras de su abogado habían sido esas, al final, su propia corrupción nunca le fue fiel a su deseo, y terminaría como muchos que le habían sucedido, sin nada. No había sido suficiente haber perdido todo en el pasado, hace 8 años con precisión, ahora, la única vía con la que subsistía, aquella maniobra que se vio obligado a aceptar, terminaría por sucumbirlo en la pobreza y miseria.
Leonald no era un hombre con grandes virtudes, eso podía reconocerlo, nunca se casó y ahora con sus más de 50 encima, pensar en ello era ridículo, además tampoco era su deseo. Le gustaba el juego, el alcohol, como a muchos hombres, pero luego del "declive", la masacre demoniaca, todo lo que él conocía se perdió. Una nueva respuesta a sus suplicas vino en manto sagrado, o en traje de negro militar. Cuando encontró a ese niño, ese hombre apareció, y a pesar de no conocerlo, le ofreció ahora lo que tenía, llevándose al mocoso consigo.
Eran ironías quizás, pero aquello mismo que creyó que le había salvado, regresó para destruirlo, como si el regresó de ese mocoso, más grande, fuera la razón de su desgracia. Pero claro, después de todo, eso estaba en la cara de ese niño, aquel que se llamaba Allen, como lo dijeron una vez antes, esa marca en su rostro, era de un ser maldito. Y esa maldición había ido a morar en su casa. Todo había sido culpa de Allen Walker.
- Allen Walker… ¿has dicho? – se podía decir, más vale el diablo por viejo, que por diablo, y al final, sus más de 50 años hacían alusión a su experiencia. Porque sí de algo se podía estar seguro, indudablemente, es que él reconocería la cara de la muerte cuando la viese…y tal vez, a alguien más peligroso.
- ¿Quién eres? – la respuesta vino con una enorme sonrisa, de esquina a esquina en ese rostro tan gris y tenebroso, casi como a un demonio, sus dientes blancos completaban la escalofriante imagen, y cuando Leonald quedó frente a frente, unos peligrosos ojos dorados, con un brillo de maldad, terminó por derrumbar toda su juicio.
Intentó escapar, pero todas sus acciones se anularon, sus pies, no, más bien su cuerpo no le obedecía, cayó de rodillas y se dio cuenta que ya no estaba en el mismo lugar en el que se sobrestimaba, la oscuridad transformó su alrededor, ya no era la esquina del bar a la que había ido a parar segundos después de acabarse lo poco que tenía, ahora, sólo frente así esa densa noche y ese sujeto extraño. El demonio.
- ¿Demonio…? No, te equivocas, esto no tiene nada que ver con él. Éste es mi propio juego…
- ¿Q-qué, qué dices...? ¿Q-qué es lo que quieres?
- Noooo… aquí la preguntas es… ¿Qué es lo que tú quieres?
- ¿Cómo?
- Dime…y te lo cumpliré… Todo lo que deseas, lo que te imagines, puede ser tuyo.
- ¿Todo?
- Sí, todo. Ahora, vamos, ven…Demuestra la verdadera naturaleza humana.
Fue en ese momento que Leonald no lo dudó, tomó la mano de ese sujeto que vestía de forma ridícula, tal cual payaso, pero que le daba tanto miedo como aquel que salía de la regadera del baño y te jalaba hasta las profundidades, tanto miedo en una sola mirada, pero no podía esquivarla, la tentación era mucha, ahora podría tenerlo. Todo lo que quería, ¿Cómo podía simplemente no aceptar tal ofrecimiento? ¿Cómo podía ignorarlo? No era el diablo, después de todo, y aunque lo fuera, venderle su alma al diablo no sería tan malo.
- Encuentra a Allen Walker… Tráemelo.
Tenía que alcanzarlo, no sabía porque pero tenía que hacerlo. Sentía sus pies pesados, cada vez que un paso era dado, era como si su propio peso le hiciera hundirse en una montaña de fango, trató de llamarle, pero de su garganta no se escapaba más que sollozos y gorgojos sofocados de intentos de palabras. La persona se alejaba, su espalda era cada vez menos visible, y la desesperación se instaló en su corazón, como cientos de dagas afiladas, una por una apuñalándole, dejándole seco. No podía respirar, y de sus ojos brotaban lágrimas de desesperación, furia, intentó llamarle otra vez, pero el sujeto se alejaba, Allen no estaba seguro porque razón sentía tanto miedo de que esa persona – a quien por cierto no le había visto el rostro – se fuera, le dejase atrás.
Hizo un nuevo intento de querer llamarle, pero su voz se confundía con el espacio vacío, dejando consigo un ambiente pesado que hacía zumbar los oídos de Allen, por un segundo sus pies le obedecieron, y corrió, corrió tras aquél que le llevaba ya cierta ventaja, y cuando se sintió realizado, con ya sus dedos tocando la vestimenta negra, casi palpando la cabellera larga y negra de esa persona. Pero dos brazos aprisionaron su cuerpo, primero fueron dos, pero a medida que los segundos pasaban, Allen sentía una hilera de miembros apresándolo, alejándolo de él. Intentó escapar, pero no pudo, lo llamó, pidió por su ayuda pero no le escuchaba. Entonces, sintió como le jalaban, le apartaban de esa persona. Un miedo insoportable se apoderó de su cuerpo, la sensación de hundirse en el fango no se comparaba con ésta nueva sensación, se sentía ahogar, sin salida.
- ¡Ayúdame…! – rogó al desconocido, pero entre más se alejaba el otro, más lo aprisionaban a él, sentía su pecho sofocado, como un puño cerrado, deteniendo sus latidos a la fuerza - ¡No me dejes…!
- ¡Allen! – le agarraron con fuerza del rostro y fue como si le despertaran de un trance.
Las manos que hace unos segundos lo estaban jalando en la oscuridad ya no estaban, habían desaparecido, otras manos le sostenían, éstas eran cálidas, o al menos, Allen las sentía así a pesar del clima frío y la indudable verdad de unas manos desnudas sometidas a este clima. Estaban heladas, sí, pero el sentimiento era tibio. Cuando la claridad inundo sus sentidos, lo primero que reconoció fue unos azules brillantes, Allen concia esos ojos y no tardó más que un par de segundos para reconocerlos.
- Nariem… - el hindú le tapó la boca con la mano, su respiración era dificultoso, parecía cansado, ya simple vista, a pesar de la oscuridad conformada por aquel callejón – Allen dio una mirada a su alrededor, y en efecto era un callejón de la ciudad (¿No estaba él la última vez por las caballerizas?) – a simple vista Allen pudo notar el cuerpo maltratado del castaño.
No pudo evitar preocuparse. Intentó alejar la mano de Nariem de su boca, pero éste parecía ya no prestarle atención, sus ojos estaban perdidos en el camino de adelante, y que por la posición en que Nariem lo tenía – pegado a la pared y Nariem casi despescuezándose para observar fuera del callejón, entre dos edificios – no le permitía ver nada. Entonces un olor inundó sus sentidos olfativos, primero fue el conocido olor del humo, como cuando se hacía una fogata al aire libre, como en sus viajes con Cross, y el otro, se confundía con el primero, pero que para Allen no pasó desapercibido una vez que su olfato se acostumbró y lo reconoció: Sangre.
'La nieve… está manchada, hay tanta, tanta sangre'
Sintió las lágrimas esparciéndose por sus mejillas, por su rostro, humedeciendo las manos de Nariem quién aun lo mantenía en la misma posición. Su cuerpo tembló, pero Nariem no notó esto, poco a poco, fue como si una sesión de convulsiones se apoderaba de su sistema motriz, intentó decir algo, las manos de Nariem aflojaron su atadura pero éste aun no le vía, parecía abstraído viendo lo que sea que estuviera ocurriendo allá fuera; tratar de llamar la atención de Nariem le fue imposible, como se dio cuenta después, era la misma sensación del principio, como aquella persona a la que quería alcanzar y no podía, su cuerpo no le obedecía, quería llamar a Nariem pero su voz no funcionaba, de su garganta no escapaba nada más que balbuceos que pasaban desapercibidos al confundirse con el ruido de afuera, la de las personas. Pero esto Allen no lo escuchaba, en un momento todo a su alrededor perdió los sonidos, como si todas sus acciones fuera reducidas a una película en cámara lenta. En un momento, durante ese lapso de colapso total, trató de acercarse a Nariem, arrimar su cuerpo al tibio del castaño, fundirse con aquel sentimiento que le embargaba cada vez que veía éste o a su hermana, cualquier cosa era mejor de lo que estaba sintiendo ahora. Pero fue imposible, porque el dolor fue peor, primero comenzó como una comezón y segundo a segundo creció hasta que ardió como la braza a fuego vivo.
Allen gritó, de su garganta escapó finalmente un aúllo de dolor, llamando la atención de Nariem, quién con ojos sorprendidos presenció la escena que tenía en frente. Sangre…pensó, su ojo…El ojo izquierdo de Allen ardía, le dolía, dolía mucho. De su ojo izquierdo brotaban lágrimas de sangre.
El movimiento dentro del castillo era todo un desastre, no solamente eran aquellos que vestían con la bata blanca los que corrían de un lado a otro, aquellos de traje negro y los de uniforme negro también corrían de un lado a otro, un solo propósito, la reunión sería en una de la salas de entrenamiento, un poco precipitado de parte de su supervisor, pero con una buena razón. Cuando llegó, todos estaban enlistados respetando sus cargos superiores. Los científicos estaban en la secundaria, siendo ellos la última parte del arsenal, pero al principio, justo en el tope de las filas estaban los exorcistas. Los vio por un segundo, aquellos uniformes negros con detalles en oro, diferente al traje que los de su tipo usaba, debía admitirlo, era curioso, y la curiosidad bien podría matarlo en algún momento, pero también era un poco tonto. Su porte podía parecer intimidador, no se podía negar que la primera vez que le vieron algunos se alejaron de él por ello, pero, se dice, las apariencias engañan. A pesar de que no llevaba mucho tiempo en la organización y en realidad nunca había ido a una misión de verdad – a ejercer el cargo que había deseado luego de esos 8 años – lo consideraba como un buen hogar. Pero ahora las cosas se habían puesto serias, y eso Gozu lo entendía.
Sintió un leve escalofrío recorrerle la espalda, pero su atención no se perdió de lo que sucedía a muchos puestos delante de él, intentando en vano no perderse de las palabras del supervisor, la próxima vez llegaría más pronto. La sensación de peligro no desapareció y para Gozu fue muy tarde cuando, en una hojeada para averiguar que era aquello que a leguas se manifestaba en contra de su vida, como tendía a sucederle, se dio cuenta demasiado tarde. Frente a él estaba Yuu Kanda.
No parecía querer hacerle algo, tan sólo estaba ahí mirándole con esos ojos negros parecidos a miles de puñales atravesándole el cuerpo, pero sí, Yuu Kanda no se movía, y como se repitió en todo el día, había una razón para ello. Seriamente tenía que enmendar ese defecto suyo. Se hizo a un lado, o más bien, le hicieron a un lado, una mano finalmente misericordiosa de su triste y cruel destino le apartó, dejándole el camino libre a Yuu Kanda que viéndose sin obstáculos presentes continuó su camino sin volver a verlo en el proceso. Gozu agradeció a la persona que no resultó otra más que Toma, el mismo que muy amablemente le había ayudado a acoplarse en su nueva vida desde el primer día. Ya tenía otra razón para darle sus bendiciones a Dios por ese buen sujeto.
La voz del supervisor llamó su atención y todo el salón quedó en sepulcral silencio, Gozu tenía la piel de gallina, hecho que no se comparó con el ambiente en que se transformó el salón al escuchar la noticia del Supervisor en jefe, Komui Lee.
- Hemos recibido una alerta roja, han atacado de nuevo.
Por las caras de todos, Gozu podía adivinar de que trataba exactamente la alerta, y las palabras "de nuevo" no le daban buen augurio, los recuerdos del último ataque vinieron a su mente, la muerte de tantas personas, el ataque imprevisto, esas criaturas y el dolor que dejó atrás, por esos mismo recuerdos no pudo escuchar la última orden de Komui, los demás miembros empezaron a movilizarse, con la prisa que tal noticia causó en ellos. Gozu volteó buscando a todos sus compañeros, pero prácticamente la mayoría se había ido, incluso el buen de Toma que tanto le había ayudado había acaparado su atención en algo más importante que estarle ayudando a alguien tan iluso como él.
Los únicos que aún estaban en el recinto no era más que los tres exorcistas más conocidos de la Orden, pero no es que hicieran ranking de popularidad, no era eso, simplemente que el trío no era fácil de ignorar. Lenalee Lee, la pequeña hermana de Komui, Yuu Kanda, el antes mencionado y que se había ganado su reputación a pulso, tanto como estaba seguro que al japonés le gustaba y, Lavi, de apellido desconocido, según entendía era como un Bookman, sabe Dios lo que eso significaba en realidad. Se acercó para preguntar a Komui que es lo que debería hacer ahora, sintiéndose patético por ello, pero al estar a unos pasos de distancia, la voz furiosa de Yuu Kanda le detuvo en medio de la congoja. Había visto muchas veces como el japonés se molestaba por la simple razón de respirar su mismo aire, algo que no se podía evitar teniendo en cuenta que vivían en el mismo país, por no mencionar algo tan obvio como el planeta; pero esta vez ardía de furia, parecía querer descuartizar a todos a su alrededor, y no sé quedaría con algo a tientas, era sin duda la posibilidad con un cien por ciento de cumplirse.
- ¡¿Y lo dices hasta ahora? ¡¿Se te ocurrió ahora? – sujetaba del cuello al supervisor, que aunque parecía tranquilo, sudaba la gota gorda, al menos él lo estaría si estuviera en su situación.
- Kanda, espera por favor – esta vez Lenalee recurrió a salvar a su hermano, el japonés le miro de reojo, la furia aun acompasada en sus ojos – No podemos perder nuestro tiempo en esto, Kanda
- Lenalee tiene razón – Lavi miró a su espaldas, por un segundo creyó que era con él la cosa, que Lavi le veía y que se molestaría con él por meterse en pláticas ajenas pero no fue con él, y con sorpresa descubrió al señor de mayor de edad que siempre acompañaba al joven pelirrojo, y que también era algo así como Bookman – No puedes perder tu tiempo con esto ¿no crees, Yuu-chan?
Se alejó un poco, era bien conocido de como Yuu Kanda odiaba que le llamasen por su primer nombre, pero el japonés pareció ignorarlo, soltó al Sr. Komui con delicadeza de quien uno trata con una muñeca de trapo, y se alejó de ellos con prisa y a grande zancadas. Su larga cola de caballo se movía de un lado a otro ante su paso apresurado, antes que se desvaneciera por la esquina fuera de la habitación, Komui volvió a hablar:
- La orden que tienen es traerlo de regreso a la Orden, te lo pido por favor Kanda-kun – y la cabellera larga de color negro desapareció segundo después, los demás le siguieron poco después.
Gozu se quedó parado en el medio, nadie notó su presencia, se quedó sólo pensando: 'Y ahora… ¿Qué hago yo?'
Nariem le hacía correr con todas sus fuerzas, pero aun así Allen no podía escapar de lo que estaba enfrente de él, de sus ojos, hace un momento fue sangre de lo que de ellos corrieron, pero ciertamente, lo que vino después fue algo peor. Fueron casi atacados, de no ser por Nariem, Allen se hubiese quedado parado ahí, sin hacer nada, esperando y observando lo horrible de la situación. Arrancaron lejos luego de que esa criatura, algo que nunca antes había visto, le atacara, no sólo fue por lo irremediable ambigüedad de lo que ello representaba. Es decir, esa criatura era como un lagarto, con el hocico enorme al estilo de la cabeza de un cadáver de toro, exceptuando los cuernos, las largas extremidades superiores e inferiores, y que caminaba en dos patas. Parecía huesos, y su olor era insoportable, algo que estaba seguro – a pesar de nunca haberse leído un tomo de zoología o algo parecido – no era de este mundo. Sin embargo, eso no fue lo peor, lo horrible fue aquello, que estaba a su lado, al lado de esa criatura, flotando, casi transparente, encadenado, sufriendo. ¿Qué era aquello? Y por sobre todo, parecía llamarlo.
- Nariem… espera – murmuró, el dolor de su ojo izquierdo parecía aumentar entre más se alejaban, aquella cosa ya no les seguía, pero Allen aun podía oírle a…"alma"... esa alma llorar, ¿Eso era? ¿un alma? – Nariem…
- Tenemos que escapar – murmuraba por si solo Nariem, sin escuchar una palabra de Allen – Tenemos que huir, o sino…
- Nariem – siguieron corriendo, las personas a su alrededor también huían de ese algo que a todos les tenía tan despavoridos, pero parecían conocer muy bien… ¿Por qué él sentía eso también?
- No quiero perderte a ti también – no sabría decir si Nariem estaba consciente que sus palabras fueron escuchadas por él o no, pero fueron tan abruptas para Allen que éste no pudo resistirse más.
Una nueva manada enloquecida de personas corrieron en dirección contraria a los que ellos lo hacían, es decir, que venían en su contra, Nariem quiso esquivarles pero fue demasiado tarde, quedaron atrapados en la marea de personas y aunque ambos quisieron permanecer juntos, ninguno de los dos pudo evitar ser separados. Allen se soltó de la mano de Nariem, Nariem ya no sostenía su mano, dejándose arrastrar, separándose más y más uno del otro. Allen cayó al suelo minutos después de que el jaleo lo dejase varado en una parte casi desolada de la ciudad luego de pisotones, empujones y golpes por la desesperada multitud. Buscó a su alrededor, aun con su mano izquierda ocultando su mismo ojo izquierdo, el dolor seguía ahí, pero lo único importante aquí era Nariem, Allen tenía que encontrarle.
No sabía porque, pero tenía un mal presentimiento.
Aun en medio de todo el desorden, Allen trató de esquivarles, nadie le prestaba atención, estaban demasiado ocupados en escapar de aquello que les producía terror, Allen esquivó y buscó a Nariem pero no lo encontraba, la desesperación se aferró en su pecho, su respiración era cada vez más lenta, de un momento a otro los edificios del Centro de Ipswich empezaron arder y lo que contemplo le produjo miedo. Varias personas ardían entre las llamas, gritaban de dolor, eran las mismas personas a las que había dejado atrás buscando a Nariem, sus pies se movieron solos, su mente le decía: haz algo; se detuvo, ¿Qué podía hacer él? Estaban destinados a morir, él no podía hacer nada por ellos. Pero sus pies tampoco le obedecían, sólo se quedó ahí, viéndolos morir a sus ojos, las lágrimas se escapaban y se odio por ello, por ese sentimiento de impotencia que le nublaba la razón y le hacía sentir tan débil al mismo tiempo. Murieron minutos después.
Quiso vomitar, el olor era horrible, pero ya no había gritos, un completo silencio en toda la ciudad, cuando pudo recompensar ese sentimiento, de su bilis viajando por toda su garganta, trató de controlar esa desesperación, el silencio, también el silencio era un augurio de mal agüero. De pronto, el dolor de su ojo izquierdo regresó, no había notado cuando éste desapareció pero ahora lo sentía otra vez, y dolía mucho más, y más. De pronto, un frío recorrió su espalda y cayó de rodillas, frente a él estaba esa misma criatura de antes, lo sabía porque era la misma… alma de ese entonces, se sentía como ella. Pero notó que no era el único que estaba rodeándolo, si se fijaba, en lo más alto de los edificios varios parecidos a la primera le observaban inquisitivamente, como esperando. También sentía de ellos aquel sentimiento de dolor, de esa misma forma en que se sentía éste.
Entonces lo notó. Su llamado, la voz de aquello llamándole. O algo parecido.
- "N-no, no, no era es-to" – decía, Allen quería callarlo, entre más palabras decía era más doloroso, pero entonces, aquello empezó a llorar, fue cuando las cosas se tornaron más dolorosas.
Lloraba, gemía, y poco a poco Allen podía observar como esa…alma era absorbida por algo oscuro que se desprendía de aquel cuerpo extraño, podía ver que le era doloroso, como gritaba y gemía de dolor. Y como si los demás les acompañaran en la agonía, empezaron a gemir con las mismas entonaciones. Allen los sentía, los oía, los podía ver, y nuevamente las náuseas empezaron a formarse, pero las lágrimas eran las que caían odiosamente por su rostro. Lloró, lloró por ellos.
- "N-no era… es-tú cul-pa" – fue como un golpe, esas palabras fueron como un golpe, no sabía por qué, pero dolieron como miles de puñetazos a su estómago, tembló por su posible significado. Era… ¿su culpa?
Entonces fue como si le mirara a los ojos, o en una mejor definición, adentrarse en los sentimientos de aquel, no eran los ojos de aquella criatura antropomórfica, no, era aquello que se comía, porque aunque lo estaba haciendo poco a poco, sí era eso, estaba siendo devorada, el alma estaba desapareciendo de la manera más dolorosa posible. Al mismo tiempo le miraba, transmitiéndolo ese extraño sentimiento de familiaridad. ¿Dónde? ¿Por qué sentía que le conocía?
Pasó. Su rostro desfigurado cobró vida por un segundo, sus verdaderas facciones aparecieron frente a Allen como un pequeño espejismo, una alusión de lo que fue, de lo que era ahora. Y Allen lo supo, quiso negárselo, una y otra vez, pero mientras más miraba a su alrededor, más crudo era el sentimiento. Donde quiera que fijase su mirada ahí estaba, esa misma alusión de lo que fue, esa misma algarabía de culpas y lágrimas, sufrimiento y dolor. De muerte, porque sin duda alguna, estaban muertos, y Allen los conocía, sólo de vista. Podía confirmar la muerte porque no había otra forma de explicarlo, podía afirmar que existieron porque hace sólo un día – ayer – había visto aún con vida a Jeremiah Laurens.
Sí, eso que estaba frente a él era, o fue, Jeremiah Laurens.
Pero ¿Cómo era posible? El Sr. Laurens estaba vivo ayer en la noche, se fue a no sabía que negocio y ahora era "esto", lo que sea que sea; ¿por qué estaba sucediendo esto?
- P-or tu cul-pa...
"Estás maldito…Eres un niño maldito"
¿Era por ello? ¿Era verdad? Esas palabras… ¿Era su culpa, por estar maldito?
Un grito, no de parte de Allen, de aquellos que lo rodeaban, como un grito de guerra, de ataque, y ocurrió en cámara lenta, como aquello – ahora sabía que era el Sr. Laurens – corría hacía él, con una de sus extremidades superiores al aire, con el firme propósito de matarle, Allen no intentó correr, no intentó escapar. ¿Con qué propósito, se dijo? ¿No estaba maldito? Así era ¿no? Y si por el caso, lo que estaban diciendo era cierto, que él único culpable de esto era él, por su culpa había muerto tantos, entonces ¿no era eso lo menos que se merecía? ¿Morir no sería suficiente? Él estaba…
Cerró los ojos, y espero el ataque, su corazón a pesar de la conmoción que debería causar el sentimiento que te invade cuando la muerte está cerca, latía con suavidad, en un ritmo pausado de tranquilidad. Se dejó arrullar por sus propios latidos, abstrayéndose en sí mismo, hasta que notó ese pequeño detalle, los segundos pasaban y no sentía el dolor de la muerte. Porque debía doler, de la misma forma como había visto que les dolió a aquellos que murieron quemados frente a sus ojos, cuando él no pudo hacer nada.
Lentamente abrió sus ojos.
- N-na… ¿Nariem? – fue Nariem que se atravesó en el camino del enemigo, buscando a Allen lo encontró a las puertas de la muerte, recibiéndolo como a una amiga, corrió sin pensarlo dos veces.
Hace 8 años perdió a sus padres de esa manera, y él se quedó solo con su hermana, fue su único pensamiento, e iba a vivirlo otra vez, no podía perder a Allen también. La garra del enemigo le atravesó, como le sucedió a su madre cuando le salvó también. Las lágrimas se derramaron de los ojos de Allen como también le había ocurrido en aquella ocasión a él. Y le sonrió, porque lo tenía junto a él, tan cerca por última vez.
- N-no quería p-perderte a ti… tam-bién – la sangre escurría por su boca y su pecho.
- Nariem… ¡Nariem! – el castaño sonrió, apenas y escuchaba las palabras de Allen, pero lo sentía, Allen estaba cerca.
Allen le sujeto de los antebrazos, sentía el cálido cuerpo de Nariem tan frío como la misma nieve, su ropa tan colorida se manchaba poco a poco de aquel liquido carmesí. "Sangre", susurraron a su oído, y fue como si le empalaran a él también. Los brillantes ojos de Nariem, aquellos hermosos ojos azul marino se iban apagando poco a poco, pero éste seguía sonriendo. Allen lo entendió, Nariem le había salvado, pero ¿A qué costo? Ahora Nariem iba a… ¿morir?
- N-no me dejes solo – fue apenas su murmullo final, y Nariem le miró con aquellos ojos carentes de vida, abrió la boca como si le fuera a decir algo pero todo terminó demasiado tarde.
Si Allen lo tuviera que explicar, no sabría qué decir. "Del polvo al polvo", sí, eso había dicho una vez la Madre María, y Nariem se desintegró a sus ojos, como el polvo. Sus ropas quedaron guindadas en sus manos, el cuerpo de Nariem había desaparecido. Tembló de miedo, su corazón latió con la suficiente fuerza de un martillo, golpeándolo incesantemente, podía escucharlo. ¿Era un sueño? No, porque a Allen le dolía, y él sabe que en los sueños no puedes salir lastimado. Sin embargo quería pensar que así era, Nariem ya no está, le dijo una pequeña voz a su oído, susurrándole con malicia, él se ha ido. Sobrecogido, y aun con la mente en blanco, Allen sujetó las prendas de Nariem a su cuerpo, acunándolas como a un niño. Y fue como si el tiempo se detuviera.
Allen no sabía dónde estaba ahora, era como un espacio oscuro, la sola oscuridad, no era Ipswich, no estaban los edificios quemándose o los cadáveres de aquellos que había muertos quemados, tampoco estaba… ¿Qué no estaba?
"Está muerto", otra vez esa voz, Allen quiso enloquecer, no quería escucharla, esa voz era la prueba de algo que no quería esclarecer, en aquella oscuridad estaba a salvo, ya no había dolor, su pecho ya no lloraba. Pero esa voz quería seguir lastimándole con aquellas crueles palabras.
Una pequeña luz blanca ilumino la oscuridad, fue como si la voz de repente desapareciera, el miedo y todas sus culpas, porque tras ese sentimiento taladrándole el corazón estaba la culpa, por su causa ahora Nariem…
"¿Quieres hacer algo?"
Estaba vez la voz era diferente, la malicia no existía, no intuía deseos de lastimar en aquella voz, y le resultaba infinitamente conocida, sin embargo, la centelleante luz blanca no le permitía ver nada; en lugar de estar flotando en la avasallante oscuridad, navegaba en la vasta luz blanca, de donde fuera que ésta residía.
"¿Quieres recompensarlo?" porque era su culpa, sí, era cierto, Nariem… había muerto por su propia culpa, como si el verdadero enemigo fuera él y su espada le hubiera dado el golpe final. Ahora, Nariem estaba muerto, y ¿Qué pasaba con él? ¿Qué podía hacer ahora?
"Camina, sigue caminando. Vamos, te ayudaré…siempre"
Una sensación de paz le inundó el alma, aquellas palabras las recordaba atan nítidamente desde el día que despertó, todo lo que hacía por sobrevivir, en su lucha con su vida, las palabras sigue caminando le mantenían cuerdo porque sentía que tras ello, en ese camino invisible que ni él sabía lo que iba a haber al final de éste. Aun así seguía en él, con la fuerte convicción de una crédula confianza. Ahora tenía una nueva oportunidad hacerlo, de seguir aquél camino que unos pequeños buenos momentos le había hecho distar en seguir, detenerse para contemplar aquello a los que llamaban felicidad, creía que era suficiente, pero la realidad era otra, justo ahora lo entendía. Aquella pasmosa felicidad se borró con la muerte de Nariem, el sentimiento de culpa y dolor; comprendía que nunca sabría lo que era, sólo le queda continuar, si escuchaba sus propias palabras, aquella creencia regresaría, pensarlo así era lo mejor. Nariem estaba muerto y él…
"Sálvalos…" él haría lo que mejor sabía.
El sonido de las hélices del helicóptero le obligaba a hablar con más fuerza para hacerse escuchar, sabía que sus palabras molestaban a sus compañeros, y no es que Lavi se considerase una persona molesta, pero en sí, el ambiente estaba muy crudo para sólo quedarse callado. Decidió hacer lo que mejor sabía, pero éste pequeño atrevimiento perdía su atractivo, el objeto de su diversión no parecía hacerle caso, aunque muchas veces había sucedido que aquel pelinegro se escondiera era supuesta indiferencia sabía que en un punto su parloteo le cansaba y es cuando "time funny" comenzaba. Pero Kanda parecía estar en otro mundo, el único que le amedrentaba con la mirada era su abuelo. Esos ojos oscuros parecía querer decirle, "déjate de comportarte así, imbécil", con algunas correcciones entre silabas y palabras. Y un golpe que a no ser por el pequeño espacio le hubiese regalado desde que comenzó a hablar.
-Oh, por Dios – escuchó el susurró de Lenalee, y se fijó que todos parecían estar atentos en las ventanas, a la vista de lo que fuera que ocurriera allá abajo. Lavi entendió.
Señores exorcistas, hemos llegado – no les tomó mucho tiempo bajar, y cuando sus pies tocaron suelo, todo quedó en aquel frío ambiente que a Lavi le disgustaba, pero esta vez permaneció callado, porque era su obligación solamente documentarlo. El sonido de las hélices se fue apagando con regularmente, y todos sus compañeros estuvieron preparados. Los que vestían de exorcistas, y los que no, quienes sin perder tiempo corrieron a cerciorarse de los riesgos, pero Lavi sabía que no era necesario. Éste era el peor ataque, similar al de ocho años atrás. Tocó su derecho, aquel que se ocultaba tras un parche negro. Sintió a la pequeña hermana de su supervisor a su lado, le sonrió cuando ella le miró, Lenalee pareció tranquilizarse pero algo más llamó su atención. Corrió la vista hacía allí también, y la misma sorpresa se pintó en sus ojos.
Una luz blanca iluminaba una gran parte del centro de la ciudad, a unos 500 metros, y una enorme aglomeración de sus enemigos se aproximaban al campo circundante.
- Akumas – susurró Lenalee a su lado, y Yuu corrió tras esa dirección antes de que pudieran cerciorarse que sucedía. Le siguieron porque ese era su trabajo.
En pocos minutos estaban luchando contra aquellos autodenominados Akumas, como el trabajo de un exorcista era ése, lo tenían que cumplir al pie de la letra, sino querían más bajas. Lavi sabía su poder, sabía en qué consistía, aunque aún desconocía de donde exactamente provenía… ¿De Dios habían dicho? Observó como Lenalee se elevaba en al aire, también su poder… Hm, Dios ¿eh? Entonces ¿Qué clase de Dios era éste? ¿Y aquel con quien luchaban era el demonio?
- "Error" – algo le asustó, esa voz provino de quién demonios sabe dónde. Buscó con la mirada pero no encontró a nadie, y todos sus compañeros ya no estaban a excepción de su abuelo que le miraba con expresión dura.
- Vamos, Lavi – el pelirrojo asintió, siguiéndole, no sabía que pensar de aquella voz.
Allen sentía paz, al verlos podía sentir su paz al irse poco a poco, y por primera vez no le dolía su ojo izquierdo por ello, era como si a través de sus acciones un pago remunerado se le sumara a su alma, y Allen se sorprendió a si mismo buscando más ese sentimiento, de alguna forma aquello le agradaba, porque ahora no parecían sufrir.
Cuando la luz blanca le rodeó, sus acciones sólo podían clasificarse como mecánicas. No sabía que pasaba, pero su brazo izquierdo confirmó segundos después lo que ocurrió. No sólo se trasformó en una garra, algo colgaba de su cuerpo, como una capa blanca que le cubría como un perfecto disfraz y un antifaz. Pensó lo peor, no podía evitar creer que aquello era algo que confirmaba lo que ya sabía, lo que extraño que él fuera. Pero luego que vio aquello, una vez que su propio brazo actuar, ¿Qué debía pensar?
La ropa de Nariem aún seguía en sus manos, también entendía eso. Aun cuando aquellas almas se habían ido, aun cuando todo parecía haber terminado, la verdad era que Nariem y todos los demás estaban muertos, Nariem ya no regresaría.
Estaba vez lloró, finalmente lloró captando lo que esas palabras significaban, Nariem estaba muerto y el ya no podría verlo más. La luz volvió a rodearlo, compartiendo su sentimiento de dolor, su corazón dolía, y aun cuando quería detener ese sofocante dolor con la palma de su mano no podía. No podía respirara, trataba pero no podía, ¿Cómo es que era tan contradictorio? Se suponía que debía seguir, que su camino era éste, algo le decía que era ello, aun cuando no entendiera que era lo que pasaba; tampoco el dolor desaparecía, pensó al verlos irse su dolor se iba con ellos, pero no era suficiente. Porque su dolor seguía así…éste sentimiento, de perder a alguien importante.
El sonido de unos pasos corriendo a su dirección llamó la atención de su subconsciente, pero la verdad era que Allen parecía más adentrado en su interior de lo que sucedía en el exterior, ya no tenía que temer después de todo, tan sólo con lo que sucedía adentro…
- Kanda ¿lo encontraste? – tembló, una voz femenina estaba cerca, la luz blanca seguía rodeándole, la misma apariencia que tenía ahora sería vista por otra persona y de seguro eso les asustaría, pero cuando levantó la vista, aun sus ojos con el rastro de lágrimas en ellos, perdió el miedo.
Una mirada oscura le taladraba el cuerpo, unos ojos oscuros le miraban sin mostrar ningún sentimiento, pero Allen se sentía atrapado por ella. La chica no tardó en aparecer, en sus ojos había preocupación y dolor, pero Allen no le miraba, seguía perdido en los ojos de aquel sujeto. Vestía de negro, muy similar a alguien que había visto antes. Pero no sabía a quién, y mucho menos porque sentía que lo conocía.
- Lo siento – susurró la chica, y las lágrimas aparecieron en el chico que tenía enfrente, sus compañeros no tardaron en llegar a su lado. Ya no había trabajo que hacer. Todos los Akumas habían desaparecido, al ver al peliblanco, entendía lo que sucedía.
Brillaba como por luz propia, con ese atuendo blanco era como si un ángel se tratarse, pero se sentía fuera de lugar, tanto ese chico como Kanda se miraban sin pestañear, lágrimas corrían por los enormes ojos grises de aquel que, si recordaba bien, se llamaba Allen. En sus manos observó algo, unas ropas, y supuso lo que había pasado, las lágrimas eran de dolor, no de miedo. A los pocos segundos, uno de los "limpiadores" llegó, Gozu, si no recordaba mal, parecía agitado y sus ojos temblaban de miedo.
- Todos, todos están muertos – gritó con desesperación, Lenalee le regaló una mirada triste, pero calmada.
A diferencia de Allen, quién tras escuchar esas palabras la magia contra ese contacto desconocido desapareció, tembló y la luz blanca se intensificó, por unos segundos los cegó todos, y Lenalee no pudo ver que ocurría, creyó escuchar un gemido ahogado, y cuando pudieron ver otra vez, la capa que vestía el chico había desaparecido, su brazo izquierdo parecía haber regresado la normalidad, o hasta donde se sobrestimaba el estándar de normal, y Allen, Allen estaba inconsciente.
Antes de que alguien más pudiera moverse, Kanda se acercó al chico, sin titubear ningún instante y lo sujeto en sus brazos, levantando el pequeño cuerpo al estilo princesa.
- Vamos - nadie dijo nada, sorprendentemente tampoco lo hizo Lavi, y le siguieron.
Kanda acunó más cerca al cuerpo inconsciente de Allen.
- ¿Un nuevo amigo?
- Sí, lo conocí por el río de aquí cerca, en el bosque.
- ¿Qué te he dicho de andar solo por ahí?
- Lo siento…
- Bien, dime ¿Quién es ese amigo?
- Su nombre…su nombre es BaKanda.
Notas finales:
Si hay algun error me avisan.
Gozu* sino me equivoco, y sino recuerdo mal es el buscador que acomapño a Kanda en aquel episodio donde sale la bruja, creo que saben de quien habló, si me equivoco de nombre luego lo corrijo, noe staba segura, y no he podido confirmarlo por falta de tiempo, algo me dice que si me equivoque.
angel19:se a lo que te refieres, y si, mi tardanza puede parecer molesta, pero también entiendeme, no tengo tiempo libre, no mucho al menos, y lo que tengo a penas me alcanza para descansar mis horas, hacer tareas y demás, darme unos minutos de relax, la Universidad no es fácil y tampoco puedo dejar botado todo en los finales del ciclo que es cuando nos tienen tan presionados, no he dejado de tener examenes tras examenes, es más, esta semana tuve dos, uno hoy, el otro el jueves. aun me falta para salir de vaacaciones, y los tramites se han atarsado por algunos problemas ambienatles en mi pais que causaron que no fueras a estudiar por casi dos semanas, debido a ello, el tiempo esta en nuestra contras, y nos tienen de esa forma, una vez que termine aquello, prometo dedicarme un poco más. Aunque siempre me retarsó debido a que mi mente me juega malas y no me dejan satisfechas, lo hubiera tenido antes, pero no me convencia del todo y siempre borraba. Tu reviews me hixo ver el tiempo q me he tardado. En fin espero que entiendas mis razones sino llegas a comprenderlo ya ni modo, y tampoco quiero dejarlo proque quiero saber como concluyé, aunque eso signifique más deshoras y problemas con mi madre que no le gusta verme mucho tiempo pegada a la compu.
en fin aclarado eso, ya no tengo nada mas que decir, cuidense y dejen sus reviews.
Ciao
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Espero verlas pronto XD
