Y aquí estamos de nuevo señores ¡Hola! un poco más tarde que lo usual, pero espero que la tardanza haya valido la pena.

Sin nada más que decir espero lo disfruten.

PD – Agradecimientos a allen Vth por la retroalimentación de ideas.

CAPITULO II – RETORNO

Toda una vida no vivida había regresado tan repentinamente hacia ella que fue demasiado abrumador para sus sentidos, pues no hace mucho había tenido lugar algunos de los momentos más desagradables para su ahora nueva vida.

Agotada tanto física como mentalmente, la dama oscura caminaba a paso lento y cansado a través de negros pasillos de piedra y escombros.

El lugar había pasado su mejor momento hace años, parecía que el sitio no había sido ocupado para nada en décadas pues lo único que escuchaba eran el escandaloso eco de sus pisadas y la voz de su propio pensamiento.

Las cosas sucedieron tan rápido que todavía su mente aún se encontraba procesándolo…

—Mi pequeña… ¿Qué es lo que te han hecho? —Se preguntó muy débilmente a lo que con tanto fervor llevaba bajo el pecho.

Con un único brazo, protectoramente sostenía a lo único realmente le importaba; su pequeña, su niña envuelta en los harapos de su antiguo y desgarrado vestido.

Supo que su libertad tendría un precio, creía que estaba preparada para ello, pero nunca imagino que ello incluirá levantar su propia mano hacia su única hija.

—Perdóname pequeña, lo siento mucho—Decía mientras acurrucaba a una adormilada niña.

Aquellas palabras se sentían vacías y no podía evitarlo, pues su otro brazo se lo venía recordando fuertemente. Mientras su brazo derecho cargaba delicadamente a su pequeña, su brazo izquierdo sostenía fuertemente un peso que no esperaba volver a cargar; muy frío y pesado élegamente como ella misma se blandía de un lado para otro por cada lento paso que ella daba.

La varita real, aquel legado que nunca quiso ahora una vez más retornaba en sus manos en esa singular forma que tomaba cada vez que esta se sincronizaba con su alma, aquella oscura sombrilla desafortunadamente había sido el instrumento de castigo para su retoño descarriado.

—Todo ha pasado ya… no temas, ahora solo será un horrible sueño del cual espero nunca más tengas que recordar.

Sus palabras no estaban lejos de la realidad, su joven bebé no era tan joven antes de su llegada, sino que habían sido sus artes oscuras que la habían vuelto así. Imbuyéndola de tales arcanas hechicerías le había ultrajado años y años de vida y recuerdos.

La madre había cumplido su propósito, contener a su hija. Retornar y ver a tu pequeña convertida en un esperpento devora almas sedienta de poder no era sencillo.

—No me dejaste otra opción Meteora tuve que hacerlo—Se decía tratando de convencerse a si misma, mientras el eco de sus palabras se repetía a través de los vastos pasillos que recorría.

Tener cargando sobre su rebozo a su pequeña no trajo el alivio que ella esperaba más por el contrario una sensación de duda y arrepentimiento recorría todo su ser. Sus acciones sin duda eran necesarias, pero incluso con eso mente esa terrible sensación no la abandonaría y dudaba que lo hiciera.

Velo negro infernal

La memoria escupía con desdén aquel oscuro hechizo que parcialmente había logrado su cometido.

Velo negro infernal no era un hechizo pensado para ser meramente defensivo, sino que tenía uno mucho más siniestro… la completa aniquilación de sus víctimas.

Borrar por completo la existencia de aquella alma en su interior hasta no dejar rastro alguno de que alguna vez hubieran venido a este mundo.

Eclipsa estaba completamente al tanto de tales terribles efectos y aun así opto por usarlo, claro está que con remarcados y grandes ajustes. Solo Eclipsa era la única capaz de tal logro, si bien el título de "Reina de la Oscuridad" sonará demasiado ostentoso, perfectamente le hacía justicia a su basto dominio sobre el tema.

Cada movimiento, palabra recitada y cantidad de energía liberada estaban calculados de manera premeditada y precisa para modificar en un parpadeo tal hechizo letal solo gracias al producto de años y años de práctica.

Las consecuencias, aunque no letales aun así eran completamente irreversibles y notables. Para Meteora Butterfly el tiempo no se detuvo en el momento en que fue separada de las manos de sus padres, Eclipsa lo sabía desde el momento que la vio y no de la forma que con todo su corazón quería para ella. Como siempre perspicaz, Eclipsa fácilmente detecto que esos años de ausencia no trataron para nada bien a su progenie, en ella no encontró sino solo una cascara de lo poco que recordaba de ella.

Eclipsa agito rápidamente su cabeza, no había tiempo para torturase así misma pensando ello, no ahora. Su paso se apresuraba un poco más rápido entre la negrura de aquellos gigantescos recintos que alguna vez habito, echo una mirada rápida a su alrededor tratando de percibir cualquier tipo de amenaza para ella y su hija, aunque para su fortuna ahora solo estaban únicamente ellas dos acompañadas de sombras y antiguas esculturas ya olvidadas de extrañas criaturas.

Aquel antiguo templo que alguna vez fue su hogar ya no lo era más, de hecho, desde su llegada la sensación de pertenecer a algún sitio no tenía cabida en ella. Razones sobraban, ahora aquellos recuerdos solo vivirían en la memoria pues solo su estadía aquí solo tenía dos propósitos.

La entrada a la antigua recamara estaba completamente destruida, una mirada rápida solo indicaba que hubo rastros de una batalla no hace mucho.

—¡Tu hermoso cuarto! —farfullo indignada

El sagrado recinto de su pequeña había sido ultrajado, era claro que ya no tenían respeto por nada. Miro lentamente a su alrededor viendo aquellos escombros que solían ser el refugio de su hija, la mirada siguió hasta detenerse en un punto en específico. Eclipsa suspiro por un momento y con un leve esfuerzo logro tranquilizarse, la perdida al menos solo era material y esa imagen se lo decía.

El hermoso retrato de ella y su pequeña en un hermoso jardín todavía reposaba en lo alto de la recamara. Sin duda eran tiempos mejores, contemplo la imagen una vez más y cerro su mirada en una forma de despedida, era una lástima que ahora tuviera que destruir lo único en buen estado que quedaba en el recinto.

Levanto fuertemente su brazo izquierdo y concentrando un poco de su voluntad apunto su sombrilla sobre aquella imagen.

Un disparo de morada energía mágica golpeo contundentemente la pintura haciendo hueco pequeño en la pared. Escombros pequeños cayeron en el acto hacia al duro piso, resonando ligeramente seguidos de otro sórdido golpe que cayó sobre ellos.

El sonido metálico y seco pertenecía a una de las razones de su regreso a este lugar, cadenas entrelazada entre ellas rodeaban tan preciado bien… un libro.

—Sabía que algún día te necesitaría—Recito débilmente observando el libro en el piso.

La familia Butterfly guardo muchos tesoros invaluables a través de la historia, pero siempre siendo los más notorios dos en especial.

El primero que ella una vez más sostenía, la varita real y el segundo, aunque no menos importante, el libro de hechizos que lo acompañaba.

Poco de lo que tuvo tiempo de enterarse es que uno de ellos se había perdido para siempre, la última en línea de gobernantes "Star Butterfly" había sido la responsable de su destrucción y sin duda era un acto sin precedentes más sin embargo fue una de las causas que dieron origen a su inusual liberación.

Si bien la varita era completamente funcional sin el libro, perderlo era un completo acto de total irresponsabilidad por parte de las nuevas supuestas "Butterfly". Eclipsa aun siendo completamente creativa y autodidacta en muchas ocasiones nunca considero el hecho de desprenderse totalmente del libro, todo saber es buen saber. Tanto fue así que ella misma quiso contribuir de su cosecha de su oscuro saber para futuras generaciones.

Nunca lo material fue importante para ella no obstante el conocimiento era completamente diferente. Tras su engañosa y extrovertida personalidad se escondía una erudita consagrada, ello fue la causa de lo que ahora reposaba en el piso.

Un libro negro, pero en perfectas condiciones se encontraba enfrente de la reina y su hija envuelto en cadenas para su propia protección con una elegante y gruesa pasta adornada con piedras preciosas que se apreciaban a plena vista.

Brillantemente oculto sobre su primer y más grande bien que era su hija sabía que ella lo necesitaría algún día.

Su propia versión y única copia del libro de hechizos.

Ser orgullosa y soberbia no era algo por lo que se le caracterizara, pero esto era algo que ella consideraba su obra magna, pues no solamente era un transcrito del original, sino que tenía añadidos propios en cada uno de los capítulos con variantes que ella misma experimento de primera mano de los hechizos de sus ancestros y más aparte su propio capitulo con el material que nunca llego a la obra original.

Lo único que la reina lamentaba fue el hecho de saber que los capítulos posteriores a ella pertenecientes a las "Nuevas Butterfly" no pudieron ser rescatadas por obvias razones.

La única herencia verdadera que le quedaba a ella para su hija una vez más estaba en sus manos.

El libro era algo que no podía dejarse en manos de cualquiera por eso mismo no podía dejarlo aquí, lo levanto lentamente y resguardo mediante un hechizo de espacio tiempo dentro de la sombrilla.

—Solo nos queda una cosa por hacer mi niña—Eclipsa entrecerró los ojos de manera decidida miro hacia arriba y sin dudarlo un segundo fijo su siguiente más grande objetivo.

Levanto su sombrilla envolviendo sobre ella con una capa protectora de energía mientras rápidamente se elevaron, sin importar la seguridad de la estructura a su alrededor la brillante esfera continuo elevándose varios pisos atravesando paredes y escombros.

Su aterrizaje fue brusco pero cumplió con su papel llegando a su destino, una gigante puerta los separaba de su objetivo y con fuerte y decidido movimiento de la sombrilla salió disparada en escombros dándole paso a ambas.

La tierra de los escombros poco a poco se difuminaba para dejar paso una enorme sala cristalizada que bella y siniestramente cubría todo el lugar. Sus ojos no se separaban del centro de esta, un enorme y gigantesco cristal tenía lugar.

Uno de los únicos seres que más amaba en su vida y había soportado tanto se hallaba prisionero en su interior, su más grande amor y compañero… su Globgor.

Lágrimas de felicidad empezaron a brotar de sus ojos y por primera vez en tanto tiempo se permitió el lujo de sentirse aliviada un poco.

—Hola mi amor estamos en casa—Dijo con el más profundo amor que en ese momento solo ella podía sentir.

Su principal objetivo, liberar a su amado de una prisión eterna…

Para ello requeriría por completo de todas sus fuerzas y tal vez poco más pues esta vez no contaba con el poder de un hechizo como el trato entre reinas, por lo que tuvo que poner a la pequeña Meteora a un lado en un lugar seguro para que pudiera utilizar ambas manos para lograrlo.

Él bebe se había despertado y percatado que había sido apartada sus brazos, su pequeño rostro poco a poco empezó a mostrar preocupación acompañado de un ligero sollozo.

—No te preocupes mi niña, pronto una vez más seremos una familia feliz—Trato de tranquilizarla mientras caminaba lejos de ella para que no pudiera lastimarla accidentalmente.

No estaba para nada segura si funcionaria, solo una débil esperanza y sentido de la responsabilidad la habían traído hasta este momento, lo único que le quedaba de fe sería puesto a prueba.

Así que empuño con furia y ambas manos su sombrilla y como si no hubiera un mañana concentro toda la magia contenida dentro de ella para poder lograr su única misión.

Los escombros alrededor de ella empezaron a flotar y agitarse bruscamente mientras que sus mejillas con su marca de belleza real brillaron como nunca antes, electricidad provocada por la energía oscura bailaba rápidamente alrededor.

Gotas de sudor recorrían su frente y en su interior un genuino miedo por lo que sucedería estaba latente.

La sombrilla apuntaba al objetivo, sus manos temblaban y como un cañón libero todo lo que tenía hacia él, el sonido era ensordecedor y el retroceso hizo que ella saliera disparada incrustándose en una de las cristalizadas paredes.

El brillo del centro era cegador y la explosión que la acompaño aterradoramente vistosa. Los cristales de las paredes no dejaban de vibrar intensamente quebrantándose en el acto.

Ella abrió sus ojos como platos tratando de poder ver claramente el resultado de sus acciones mientras hacía un esfuerzo por incorporarse rápidamente.

Humo purpura se esparcía por doquier y las chispas de magia rebotaban entre los cristales.

Su amado aun brillaba por la intensa energía vertida en su prisión, pero… desafortunadamente seguía intacta.

—¡QUEEE, NO ES POSIBLE! —Grito a los cuatro vientos desesperada—¡NI SIQUIERA UN RASGUÑO!

Sus gritos cada vez más altos y frenéticos fueron percibidos por su pequeña que aterrada observaba a distancia el espectáculo.

Eclipsa lo intento una vez más erráticamente concentrando lo que aún le quedaba de energías, una y otra vez las explosiones volaban por todas partes sin resultados distintos.

—¡NO, NO, NO PUEDE ESTAR PASANDO! —Jadeando la oscura reina seguía y seguía, hasta que su cuerpo la obligo a ceder sobre sus propias rodillas.

Una mezcla de sudor y lágrimas recorría su rostro observando impotente a su amado, lanzo su sombrilla lo más lejos que pudo y agarrando su cabeza con ambas manos sacudía en negación los hechos.

—¡NOOOOOOOOOOOOO! —Bramo con todo su ser haciendo llorar todavía más su pequeña que aún seguía a la distancia.

Eclipsa estaba emocionalmente destruida, su viaje había sido para nada, ella ni siquiera podía salvar a su amado. Lloro junto con su hija que en un triste coro que resonaba en la habitación, golpeo con su puño cerrado en frustración el duro y aun cristalizado suelo bajo ella, rompiéndolo y abollándolo a coste del dolor y ensangrentada mano.

Los minutos pasaban y ella seguía, no podía parar… una vez más la desgracia la perseguía.

El tiempo seguía pasando y no paraba de maldecirse a sí misma; los minutos se transformaron en horas y la noche amenazaba con caer y el consuelo no llegaba, su niña ya cansada ya solo sollozaba muy lenta y casi inaudiblemente.

No había nada que hacer, se dijo así misma mentalmente mirando perdidamente al vacío.

—Deja de hacer esto, por favor—Se escuchó a lo lejos.

Ella enmudeció en instantes, levanto su cabeza girando rápidamente a su alrededor tratando de encontrar la fuente de esa voz, sin resultado alguno.

—Glob…Glob… ¿Globgor? —Apenas pudo formular la pregunta.

No hubo respuesta inmediata, lo cual la obligo a pararse una vez más frente a su amado con la esperanza de que de alguna manera él se estuviera comunicando, pero… nada.

—Siento desilusionarte señorita…. Pero no—Dijo una penetrante y tranquila voz arriba de ella.

Ella con los ojos bien abiertos dirigió su mirada a la fuente.

—Tuuuu…—Acuso todavía jadeando y señalando al responsable con su dedo.

—Así es su majestad, yo—Tuvo como respuesta formalmente.

Encima de su amado se encontraba a alguien que no esperaba ver aquí, al menos no hoy y no ahora. Sentado tranquilamente estaba alguien que en algún tiempo pudo considerar un invaluable y gran amigo pero que ahora sinceramente no sabía que pensar de él.

Vestido con su icónica y sencilla bata amarilla, con piel azul y un cristal sobre su frente se hallaba su antiguo mentor, el pequeño Glossaryck rascándose tranquilamente su larga barba.

—¿No creíste que sería tan fácil o sí, vieja amiga?

Esto continuara…