Hola! :D
Primero que nada: gracias por los reviews, de verdad me animan a seguir con este proyecto n.n
Segundo y comentario a otro comentario: No tenía visualizada la cita entre Shun y Saori, pero se adapta perfectamente a mis planes jejeje.
Tercero: La inspiración me ha atacado, acabo de escribir el capítulo hoy y ha quedado bastante largo, tuve que cortarlo porque sino sigo y no paro xD
Cuarto: Seguirán apareciendo personajes del anime para meterle un poco más de drama:p
Quinto: sufrirán ;-; lo siento mucho pero sufrirán por dos motivos.
Sexto: por fin sabremos lo que Seiya leyó en ese papel :D ¿será algo bueno?
Séptimo: No me regañene por la ppésima descripción del físico xD simplemente no se me da ;-; tengo que trabajar en eso xd
Octavo: los dejo leer :D
Noveno (ya pues xd): Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.
Ya era muy tarde y los chicos habían vuelto a sus respectivas casas. Shun llegó a su hogar con su "nuevo estilo", y al verlo llegar su madre lo miró con el ceño fruncido.
—Shun, ¿qué te ha pasado?— lo señalaba con el cucharón que llevaba en mano. Su madre era una mujer de cabellera azul marino ondulado hasta media espalda y ojos del mismo color. Llevaba puesto un mandil, lo que significaba que estaba preparando la cena.
—N-nada, sólo, cambié un poco mi vestimenta, es todo— se pasaba una mano por la nuca nervioso. La mujer lo miró mejor.
—No es tu estilo, pero te ves guapo— escuchar a su madre darle cumplidos... eso si que era raro.
—Por cierto, ¿dónde está Ikki?— la casa estaba muy tranquila, demasiado.
—Creí que estaba contigo— regresó a la cocina, no podía dejar que la cena se quemara.
Apenas Shun se preguntó dónde se había metido cuando alguien llamó a la puerta—. Ya voy— reaccionó a tiempo para evitar que Ikki cayera de cara al suelo. Trató de acomodarlo en sus brazos pero el mayor simplemente no se dejaba. Mientras observaba a la persona que había traído a su hermano.
—Sh-Shaina— le sorprendió verla ahí.
—Deberías cuidar mejor al vago de tu hermano— lo regañaba—, si no hubiera sido porque pasé de casualidad frente a ese bar, sólo dios sabe lo que le hubiera pasado.
Ikki no era una mala persona, al contrario, era todo un amor, pero el alcohol lo había dominado, y no era muy resistente a él, un par de copas bastaban para que cayera. Era por eso que Seika no lo soportaba, y la mayoría de las chicas de su clase. Esmeralda le tenía paciencia, y confiaba en que sabría controlarse, al parecer se había equivocado.
—S-sí... gracias, Shaina— ella le inspiraba un profundo temor, a pesar que no era una mala persona, sólo un poco malhumorada.
—Como sea, más le vale que no vuelva a verlo en ese estado, o si no...— amenazó con el puño.
—E-entiendo— ya le estaba costando trabajo respirar—, pero antes de que te vayas, ¿sabes qué...?— no hubo necesidad de preguntar.
—No tengo idea— lo interrumpió—, cuando lo encontré me dijo que ya nada valía la pena, que ya no era nada sin su querida Esmeralda, he de suponer que terminó con su novia... pero no es de mi incumbencia, así que los dejo— caminó hacia su auto.
—De acuerdo, nos vemos otro día— Shaina se limitó a despedirse con un ademán de mano y se fue en su auto.
Shun cargó a su hermano hasta el sofá y lo acostó allí. No es que fuera un debilucho, pero necesitaba llenar sus pulmones.
—No me fastidies— la madre de los hermanos se había asomado para ver lo que pasaba. Al ver a Ikki en ese estado su rostro enrojeció de furia.
—¡Mamá! Espera...— se interpuso en el camino de su progenitora—, está inconsciente, lo mejor será esperar a que vuelva en sí, tu puedes relajarte y...— ojalá no hubiera dicho eso.
—¿Relajarme? Pero si estoy más que relajada— claro, totalmente- pensaba Shun mientras una gotita resbalaba por su frente—, tu hermano me va a escuchar, no importa cuán profundo sea su sueño— ya se estaba preparando para lo peor. Su madre podía volverse una fiera con cualquier cosa, y eso le daba mucho miedo.
—Hola familia, ya llegué— el hombre de la casa cerró la puerta tras de sí para ver como una negra aura emanaba de su esposa. El hombre era alto, con el cabello rubio, sus ojos eran verdes, vestía de traje y cargaba con un maletín, el cual dejó en lentamente en el suelo—. Etto... ¿está todo bien?
—Claro, Kazuo, todo está más que perfecto— decía sarcástica—, si eso significa que tu hijo mayor, "tu mayor orgullo", se aparezca borracho en la casa— al hombre le resbalaba una gotita por la nuca.
—Mizuki, cariño— se acercaba a su esposa con lentitud—, seguro que hay una explicación para eso— miraba fijamente a los ojos de su mujer, los cuales no dejaban de disparar chispas mientras ella misma amenazaba con golpear a Ikki con el cucharón esperando así despertarlo.
—Claro, y más le vale que tenga una muy buena explicación— al llegar junto a Mizuki posó una mano en su hombro. Al contacto toda tensión desapareció en el cuerpo de la mujer.
—Qué te parece si terminas de cocinar esa cena tan deliciosa que nos has preparado con todo tu esfuerzo y todo tu amor mientras Ikki despierta y busca las palabras adecuadas para explicar el por qué de esta... sorpresa— todo lo había dicho de forma calmada, clara y relajada. La expresión de su esposa se relajó hasta mostrar esa sonrisa que sólo su esposo era capaz de sacarle.
—Tienes razón— se apartó de su esposo para regresar a la cocina—, espero que estén hambrientos, chicos, la cena está casi lista.
Para toda fiera había un domador, en este caso su padre podía hacerla pasar de un león rugiendo hambriento a un gatito ronroneando.
—Al menos se olvidará de Ikki por un rato— suspiró el peliverde aliviado.
—Sí, pero mientras la cena está lista— su padre se había sentado en un sillón e invitaba a su hijo menor a sentarse frente a él—, me darás esa explicación—. Puede que su padre fuera una persona pacífica, como él, pero podía ser fuerte y duro como una roca, y era en esas ocasiones cuando le daba más miedo que su madre hace unos momentos.
Obedeció a su padre y se sentó apoyando los codos en sus rodillas—. No sé cómo llegó Ikki allí, ni lo que le sucedió hoy, pero puedo suponer que es por una sola razón— el mayor lo escuchaba con atención.
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Seiya se arrastraba a su cama, sí, se arrastraba porque con el día que había tenido después de que Shun invitara a Saori en una cita, no tenía fuerzas para nada más que para dormir. Se quedó tirado en el piso pensando.
-¿He vivido una mentira todo este tiempo? No, ella es mi hermana, siempre lo ha sido, lo siento, aunque ese documento... de... adopción...-. Seguía tan sumido en sus pensamientos que cuando su hermana entró gritando como loca en su habitación se golpeó la cabeza contra el buró.
—¿Qué demonios te sucede Ma...?— se interrumpió a sí mismo. Seika lo observaba con cara de "¿y a este loco qué?", y su expresión se hizo más notoria cuando él mismo comenzó a reír— pero que tonto soy, estuve a punto de llamarte mamá— seguía riendo pero ya no tan convencido. Seika sólo negó con la cabeza, olvidando lo que acababa de ocurrir.
—No importa, te dije que lavaras todos los platos que utilizaras— le dijo señalando al vaso que llevaba en la mano.
—Muy bien, estuvimos haciendo limpieza general, ¿y te escandalizas sólo por un vaso sucio? Dime, ¿qué está pasando?— se cruzó de brazos esperando respuesta.
—Verás... etto... lo que pasa es que... ¡eres un arruina sorpresas!— lo apuntó con el dedo.
—¡¿Pero de qué me estás hablando?!— agitaba sus brazos en todas direcciones.
—Mamá y papá vienen a vernos, ¿contento?— se cruzó de brazos. El moreno se había quedado atónito.
—Mamá... papá...— su hermana asintió. Seiya salió corriendo más rápido que un rayo tomando en manos el vaso que su hermana le había enseñado, inmensamente feliz. Seika sonrió al verlo tan emocionado.
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Hyoga en su casa veía sus animes "lolicon" como decía Shun. Sus padres habían salido a una cena importante de su trabajo, por lo que estaba solo en casa.
—Vaya que es divertido, ¿cómo es que no puede darse cuenta que en verdad no es su hermano gemelo sino él mismo?
Por su mente comenzaron a circular las palabras que Shiryu le había dicho el día de la fiesta.
-En vez de estarnos consiguiendo novia, ¿por qué no sales tú con alguien?-. Negó con la cabeza tratando de alejar esos pensamientos y concentrándose en lo que veía, pero otro pensamiento lo atacó, esta vez el plan que había hecho con Shunrei.
-¡Genial! Entonces lo que haremos será fingir salir, si él realmente se interesa por ti no permitiría que salieras conmigo, conociéndome, ja...-. Eso fue lo que dijo en ese momento pero, ahora que lo pensaba mejor, Shunrei le parecía un chica muy linda. Cubrió su rostro con ambas manos.
—No podrá ser que... ¿me gusta Shunrei?— se preguntó en voz alta.
-No digas estupideces- le dijo su yo interno- sabes que ella...
—Lo sé, está enamorada de Shiryu, no tengo por qué repetírmelo, gracias— agradeció con sarcasmo.
-No te gusta, sólo es una chica atractiva, olvídalo ya- su inner tenía razón.
—Claro que no me gusta, ¿en qué estaba pensando?— siguió viendo su anime, aunque no del todo cómodo.
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Al igual que Seiya, Shiryu había estado ayudando a su madre a arreglar la casa, se enfocaron sobre todo en el hermoso patio que tenían, cubierto de flores de todos colores y cercado con frondosos árboles.
Shiryu estaba sentado en el césped, observando como el cielo iba cambiando su tonalidad de azul a naranja, y poco a poco a un azul intenso.
—Shiryu, ven a cenar— llamaba su madre desde dentro de la casa. El muchacho se incorporó y se sacudió la tierra. Al entrar se encontró con...
—¿Sh-Shunrei? ¿Qué haces aquí?— preguntó atónito.
—Sólo venía a dejarles algunos panecillos— decía la chica con las mejillas sonrojadas, evitando la mirada del azabache.
—Y yo la invité a cenar— respondió la madre de Shiryu, Miyuki. La verdad era que él se parecía mucho a su madre. La mujer caminó al comedor bastante feliz.
—¿Sucede algo malo, Shiryu?— preguntó inocente.
—No, pero creo que a ti sí— ella rápidamente se dio la media vuelta y también encaminó sus pasos al comedor.
—Vamos, no queremos que la cena se enfríe— decía su madre.
Aún así, Shiryu no podía dejar de pensar que algo malo le había sucedido a su mejor amiga, y quizás no era buena idea sacar el tema frente a su madre.
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Después de que Shun le contara todo lo sucedido a su padre con respecto a Ikki, el mayor no hizo más que soltar un gran suspiro.
—Ahora lo mejor será llevarlo a su alcoba, no vaya a ser que tu madre quiera intentar despertarlo, otra vez— Shun asintió y entre los dos cargaron a el hermano mayor escaleras arriba.
—Me alegra que te lo hayas tomado con calma— decía el menor preocupado.
—Sabes que tu madre es muy temperamental, de nada me serviría gritarte si la culpa es del vicio de tu hermano— acostaron al peliazul en su cama y salieron cerrando cuidadosamente la puerta.
—¡A cenar!— llamó Mizuki.
—Será mejor que tu madre no se entere de esto, podría meter a Ikki en un internado o qué sé yo— a pesar de poder tranqulizarla, aún le tenía algo de miedo.
—Mis labios están sellados— y así padre e hijo menor bajaron a la cocina para cenar.
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En casa de Shiryu, ya habían terminado de comer. Shunrei agradeció y se puso en pie.
—Debo regresar a casa, ya deben estar esperándome— hizo una reverencia despidiéndose.
—Es peligroso salir a la calle a estas horas— dijo Miyuki.
—Te acompañaré a casa— Shiryu también se puso en pie.
—S-sólo son un par de calles, estaré bien...
—Aún así quiero asegurarme que llegarás bien— se sorprendió al escucharlo decir eso, y a los pocos segundos se sonrojó— te acompañaré.
—Vayan con cuidado— les dijo Miyuki con una sonrisa. La muchacha se despidió y ambos salieron de la casa—. Es cuestión de tiempo para que te conviertas en mi nuera— decía emocionada mientras daba un sorbo a su té.
Los jóvenes caminaban bajo la obscuridad de la noche. Los alumbraban algunos faros que habían colgado el los postes.
—¿Vas a decirme?— se sorprendió ante la pregunta de Shiryu.
—¿A-a qué te refieres?— preguntó nerviosa.
—No puedes engañarme tan fácilmente, te conozco desde que usamos pañales, ¿tus padres han peleado de nuevo?— hubo un largo silencio antes de que la chica se dispusiera a hablar.
—Lo hicieron. Pero ya no me importa, aunque esta vez parece que si van a divorciarse.
—Shunrei... no sé qué decirte...—dijo apenado.
—No importa, Shiryu— le mostró una sonrisa—, de verdad, ya no importa— una sonrisa totalmente falsa.
Siguieron caminando hasta llegar a la casa de la chica de cabellera negra, donde los gritos de sus padres impedían dormir al mismo diablo.
—Gracias por acompañarme— miraba al suelo apenada, más aún porque escuchaba como sus padres se peleaban.
—No es sólo lo de tus padres, ¿cierto?— era increíble esa conexión—, sabes que puedes decirme lo que sea—. Dudó. ¿Cómo iba a decirle?
—La verdad es que... Hyoga me ha pedido salir con él— Shiryu abrió sus ojos como platos.
—¿Y qué le dijiste?
—Yo... respondí que sí— el muchacho apretó sus puños con fuerza—. ¿Sucede algo malo?— el chico había bajado la mirada, pero luego volvió a verla a los ojos.
—No, no es un mal chico, como lo conocemos...— por un momento en el rostro de la chica se dibujó una expresión decepcionada—, pero si al muy maldito se le ocurre hacerte algo indebido... hazmelo saber para romperle la cara— era un amigo suyo, pero tenía que admitir que a veces hacía cada estupidez...
—S-sí— está preocupado, pero... sólo porque soy su mejor amiga-.
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La mañana del domingo había llegado. Hyoga se había quedado dormido en la sala mientras veía sus animes. Cuando despertó le preocupó que sus padres no hubieran llegado a casa. Se levantó para darse una ducha rápida y cuando salió...
—¿Hola?— respondió el teléfono. Había por lo menos cuatro llamadas perdidas de un número desconocido.
—¿Sí? ¿Hyoga?— se escuchaba una voz masculina del otro lado de la línea.
—¿Papá?— preguntó el rubio sacudiendo su cabello—. Qué bueno que llamas, ¿en dónde están tú y mamá...?— lo que escuchó a continuación lo dejó estupefacto—, voy para allá.
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Seiya ya estaba arreglado, bien sentado en la sala esperando a la llegada de sus padres.
—¿Cuánto más se van a tardar?— decía el moreno haciendo pucheros.
—Mejor que vayan despacio y con cuidado, que a toda prisa— su hermana estaba recargada en la pared limándose las uñas. En eso se escuchó que alguien llamaba a la puerta y Seiya salió disparado hacia ella.
—¡Mamá! ¡Papá!— gritaba emocionado mientras los abrazaba. Seika también se acercó, pero sin tanto entusiasmo como su hermano.
—Qué bueno que vienen— ella también los abrazó.
Su madre, Yumiko, tenía el cabello castaño rizado bastante corto y sus ojos eran del mismo color, definiendo su actitud calmada y positiva, mientras que su padre, Ryu, más alto que Yumiko, era de cabellera negro azabache ojos castaños.
—Seiya, no has cambiado nada— decía su madre alborotando el cabello de su hijo.
—Hay tantas cosas que quisiera contarles...— Seiya daba saltitos como niño pequeño, emocionado.
—Primero ayuda a tu padre con las maletas, ya habrá tiempo de sobra para charlar—. Así lo hizo. Estando solas Seika y Yumiko, la segunda no pudo evitar preguntar— ¿aún no lo sabe?
—Esperaba a que llegaran, pensé que no lo creería si se lo decía yo— los hombres llegaron con maletas en mano.
—Muy bien, ¿qué les parece si salimos a cenar?— sugirió Ryu.
—¡Genial! ¡Vámos!— de entre todos Seiya era el más emocionado.
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En el hospital de Tokyo, un rubio respiraba agitado al entrar en el lugar. Llegó con la recepcionista a preguntar el nombre de una persona.
—Sí, en el segundo piso, la tercera puerta a la derecha— no esperó a que terminara para salir corriendo.
-Esto no puede estar pasando...-.
Al llegar al lugar, se encontró con su padre, Yuki, un hombre de cabello castaño y ojos verdes, con un brazo vendado al igual que su cabeza, además que unas gasas cubrían algunas heridas de su rostro y un collarín, aparte vestía con una bata de hospital y cojeaba.
—¡Papá!— Hyoga corrió directo a él.
—Señor, por favor tiene que regresar a su cama— le decía una enfermera.
—No lo entiende, necesito ver a mi esposa— decía desesperado.
—Usted no puede estar de pie ahora, y su mujer se encuentra en cirugía en este momento, por favor, ahora lo que necesita en acostarse y descansar— lo condujo de nuevo a su habitación. Al ver a Hyoga, le permitió la entrada.
—Papá, ¿qué sucedió?— preguntó sentándose a su lado.
—Fue... muy rápido— comenzó a explicarse el mayor—, íbamos de regreso a casa cuando... ese hombre no vio el semáforo en rojo, o quiso hacerse el asombroso, fuera cual fuese la razón terminó impactando contra nosotros...— aún estaba en shock, pronto unas lágrimas se asomaron por el rostro de Hyoga.
—¿Qué pasó con mamá?— su padre cerró sus ojos, tratando de despertar de una horrible pesadilla, pero era inútil, esa era la realidad.
—Resultó gravemente herida, como escuchaste ahora está en cirugía... sólo espero que esté bien— lo último lo dijo más para sí.
No podía soportarlo, esto no estaba pasando, debía ser más que una cruel pesadilla.
Caída la noche seguían esperando respuesta del doctor. Cuando éste entró en la habitación padre e hijo se incorporaron para escucharlo con atención.
—Hicimos todo lo que pudimos, su esposa está muy grave...— sabía que esas palabras le dolerían mucho— ella... no sobrevivirá.
Al escucharlo el mundo le cayó encima. ¿Por qué estaba sucediendo esto? No podía perderla, no podía perder a su madre, la necesitaba con él, necesitaba decirle que la amaba, una vez más.
—¿Podemos verla?— preguntó Yuki. El doctor asintió. Una enfermera se encargó de sentarlo en una silla de ruedas y Hyoga siguió al doctor empujando a su padre.
Al llegar a la habitación no pudieron sentir más que una profunda tristeza, ella estaba allí, con un tubo brindándole oxígeno, sus latidos eran lentos. Hyoga se acercó a ella, aún empujando a su padre. La observaron durante unos minutos, hasta que ella abrió los ojos con dificultad.
—Natassia— Yuki se sentía aliviado, pero sabía que no duraría por mucho.
—Mamá, vas a recuperarte, ¿no es así?— las lágrimas salían ya de sus ojos y quedaba marcado el camino que seguían en sus mejillas.
—Hyoga...— dijo con un hilo de voz— recuerda que siempre... estaré... contigo...— cada vez le costaba más trabajo mantenerse despierta.
—Mamá... te amo— la voz se le quebró.
—Querida, no puedes dejarnos— Yuki luchaba por no llorar, no frente a su hijo.
—Los amo... son lo mejor que... me ha... pasado...— la máquina conectada a ella comenzó a emitir sonidos raros, pero ellos ya no escuchaban, sólo veían como la mujer que tanto amaban moría frente a sus ojos.
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La familia de Seiya disfrutaba de una noche feliz, todos reunidos después de un largo tiempo sin verse.
-Es cierto, aún tengo que preguntarles...- Seiya no podía sacarse de la mente aquella pregunta, tan simple, pero a la vez tan difícil de pronunciar.
Ryu suspiró—. Seiya, tenemos que confesarte algo— en vista de que ni su mujer ni su hija hablaban al respecto y comenzaba a formarse un ambiente incómodo decidió hablar él—, creemos que ya tienes edad y la madurez suficiente para... saber lo que estamos a punto de contarte, y espero puedas entender que... no ha sido algo fácil...
—¿A qué se refieren?— algo le revolvía el estómago, tenía el presentimiento que su pregunta sería finalmente respondida.
—Verás, Seiya— esta vez su madre fue quien habló—, antes de que tu nacieras, tu padre y yo tuvimos una hija, Seika, pero ella había nacido con una enfermedad, y a los pocos meses... ella... falleció— le dolía tanto recodar aquellos días.
—Como te dije, no fue algo fácil de superar, después de eso tu madre quedó embarazada de ti— continuó Ryu—, pero aún estaba esa sensación de vacío...
—Seiya— esta vez fue su hermana quien habló—, no soy tu hermana de sangre— costaba que salieran las palabras—, soy adoptada.
El moreno no hacía más que mirar a todos con los ojos abiertos como platos. ¿Era esto verdad?
—Entonces... lo que vi el otro día...
Flash Back
—Pero qué— Seiya no podía creer lo que ese papel tenía escrito.
Certificado de Idoneidad. Nombre: Marin. Padre adoptivo: Ryu... Madre adoptiva: Yumiko... Segundo nombre: Seika.
Flash Back End
Y aquí termina el capítulo, espero les haya gustado o los entretenga un rato.
¿Qué pasará entre Hyoga y Shunrei? ¿Shiryu de verdad siente algo o sólo es un buen amigo? ¿Qué pasará con Seiya ahora que descubrió la verdad? ¿Qué pasará con la cita entre Saori y Shun, romance o un completo desastre? ¿Ikki dejará su vicio y volverá con su ex?
Cuídense. Nos leemos.
