-¿Sabes que se gana uno cuando tiene sexo cinco veces?
-¿Qué? – Preguntó Imai mientras intentaba alcanzar su teléfono móvil por sobre el cuerpo de Sakurai.
-Una sexta vez – Respondió con voz aletargada.
Imai lo miró de reojo con una mueca de ligera diversión en su rostro mientras intentaba por todos los medios encontrar el botón de encendido de su celular.
-¿Y sabes tú lo que se gana alguien cuando se queda teniendo sexo en vez de ir a grabar? – Preguntó Imai con fingida autoridad.
-¿Qué me despida el mismo hombre con el que intento tener sexo? – Respondió Sakurai soltando una carcajada que hizo que Imai saltara ligeramente mientras se encontraba apoyado sobre su pecho.
Sakurai tenía un respeto casi superior por Imai. Su carácter era el de un perfeccionista obstinado, cosa que jamás llegó a chocar con él. Fuera del dormitorio, era un total subordinado a la mente del hombre que tenía al costado. Cada arreglo, cada modificación en una nota era llevado con cabalidad por el resto, y para Sakurai eso era lo más conveniente. Mientras sus actividades le dieran la libertad para escribir sobre lo que le dictaran sus impulsos, poco le importaba que Imai se volviese un silencioso demonio ante el más mínimo error tanto en sus obras, como en la de otros.
Atsushi Sakurai tenía la promesa burlesca de la entrega arrebatadora e impetuosa detrás de su rostro lleno de carisma. Su porte era insolente, aún cuando se quedaba completamente inmóvil, con los pensamientos lejanos y una copa jugueteando lánguidamente entre sus manos
Los años habían pasado llenos de altos y bajos, aunque ambos continuaban moviéndose por el mundo material como si no perteneciese a él realmente. Se entregaban juntos a una sublime mascarada cuando los eventos sociales se volvían una costumbre.
Sakurai jugueteaba con el rostro inmutable entre los asistentes, mientras Imai se contentaba con la ligera inclinación de saber que sin importar cuantas personas pasasen por Sakurai, este siempre volvería a él.
Tan solo con poner un pie en el estudio de grabación, la seguidilla de reverencias fue inmediata. Sakurai con su usual expresión de lejanía y una timidez que no se esperaría de él a primera vista, contestó con ligereza a los saludos de todos, hasta que encaminándose por un estrecho corredor, llegaron a la sala de estudio.
Imai comenzó a conversar con rapidez con los sonidistas mientras estos contestaban con profunda solemnidad a cada una de sus preguntas. Sakurai se dejó caer en una de las sillas más próximas. Por primera vez en casi dos días, el agotamiento lo había invadido por completo.
-Te perdimos de vista en la celebración de Sato y mira como te encuentro… Destruido – Dijo una animada voz a su costado.
-Anii… - Atsushi no pudo reprimir una sonrisa mientras se estiraba con soltura – Fue una agradable velada ¿no?
-¿Agradable velada? – Preguntó con diversión Yagami Toll, sentándose junto a Sakurai – Si, supongo que sí. Aunque la velada terminó hace dos días, no sé si lo notaste – Agrego riendo de buena gana.
-La tuya tal vez – Respondió sumándose a las risas.
-Mis más sinceros respetos por ser capaz de llegar hasta acá, entonces.
-Muchas gracias. Si ese es el caso, tengo más que merecidos tus respetos tomando en cuenta que voy a quedarme dormido de un momento a otro.
-Que no te vea Imai-san durmiendo en horas laborales – Respondió en voz baja Toll con un fingido tono de preocupación.
- Yo no me preocuparía por eso – Dijo Sakurai con un suspiro profundo volviendo a cerrar los ojos.
- Ya veo…
Mientras Toll se alejaba con paso animado a cumplir con los saludos pertinentes, Sakurai no pudo reprimir una sonrisa de satisfacción al rememorar las horas anteriores. Su plan había resultado mejor de lo que hubiese esperado, aunque en su fuero interno sabía que los problemas entre ambos no se habían acabado en lo absoluto; disfrutó de la impunidad que gobernaba cada centímetro de su cuerpo.
Anhelaba ese contacto más de lo que podría llegar a admitir.
Con muy poca sutileza logré entender que habíamos sido concebidos bajo un mismo sueño y por tanto, la intensidad de las coincidencias sería lo que finalmente nos apartaría el uno del otro.
A veces te escribía, pensando que una curiosidad más famélica que la mía haría que de alguna forma la ciénaga insondable de mis expectativas llegasen a rodear tus reflexiones.
Y aún en este momento, en que la separación se vuelve forzosa y la indiferencia se encuentra fuertemente cimentada en nuestros caracteres ¿No estoy dejando, acaso, que el vicio que oprime mi intelecto sea el conductor de unas palabras que te pertenecen por completo?
Si otros se unen por el sentimiento entonces ¿por qué sería censurable que nos uniésemos por la degeneración de nuestro raciocinio? ¿No es acaso lo más parecido al sentir que tenemos?
No sería un sentimiento en común, si no la más pura admiración la que podría llevarnos al delirio más exquisito. Haec ego non multis scribo, sed tibi: Satis enim magnum alter alteri theatrum sumus.
Deberíamos mancillarnos como se mancilla a diario el pensamiento más profundo y el más fugaz.
-Sé lo que quieres decir la mayoría de las veces cuando escribes – Indicó dubitativo Imai tras leer las palabras en la hoja que Sakurai le había dado – Pero ¿Qué significa esto específicamente?
La estancia se había quedado a solas. Tras un largo día de trabajo y muchas correcciones, se había decidido que las melodías iban a determinarse durante la siguiente semana. Dos semanas de retraso. Y la responsabilidad de aquello era atribuida al infame perfeccionismo de Imai.
-¿Importa acaso? – Respondió Sakurai, de forma extenuada.
- La melodía que compusiste con Hide es demasiado festiva para este tipo de letras ¿No crees? – Se defendió Imai con presteza.
-Es la idea, una contradicción exquisita. La embriaguez bohemia de pensar en ello mientras la ausencia termina con todo.
Imai lo miró con el ceño fruncido. La ausencia, había dicho el otro, con la mirada lejana que había querido atribuirle totalmente a la extenuación, lo habían convencido de que la inspiración para lo que acababa de leer había sido conducida por los típicos gustos literarios de su compañero. Pero ahora no estaba seguro. Las palabras estaban manchadas con fluidos provenientes de las mismísimas entrañas de Sakurai. Una ausencia… Lejana.
- No. Creo que esta vez dejaré pasar esta obra tuya – Dijo críticamente – Es una buena composición, pero creo que no encaja con el resto de las melodías ni… - Dudo- con el cariz que queremos darle al álbum.
-Como quieras – Repuso Sakurai de forma lejana. El cansancio lo había drenado hasta el límite en que las palabras representan un esfuerzo doloroso – Si no hay más que hacer acá, iré a casa a dormir un poco. Creo que he abandonado al sueño más de lo que se merece.
