Bueno, por fin está aquí el tercer cap. Siento el retraso, pero ahora con la universidad no podré actualizar tan seguido. Espero poder subir el siguiente como muy tarde el finde de la semana que viene ;)

Capítulo 3

Legolas se quedó en silencio un buen rato mientras intentaba procesar lo que su hermano acababa de decir, y luego se echó a reír.

"¡Por supuesto! ¡La estatua cobró vida! Qué miedo. ¡Muy divertido, Kel! ¡Muy bueno! Casi me coges…"

"¡Lo digo en serio!" –gruñó Keldarion, mirándolo ceñudo.

Legolas cerró la boca al instante, mirando aturdido al príncipe enfadado. Suspirando pesadamente, Keldarion se pasó una mano por el pelo.

"Era como un sueño, pero sé que fue real. Ella vino a mí cuando estaba durmiendo. Me desperté de repente y la vi tumbada a mi lado en la cama. Era tan encantadora."

Sin saber cómo responder a eso, Legolas se quedó callado y esperó a que su hermano siguiera. Keldarion parecía sentirse cada vez más miserable.

"¡No sé cómo empezamos!, pero entonces… de repente nos estábamos desnudando y… ¡Ay, Elbereth, creo que hicimos el amor!"

Legolas tragó saliva, abrió y cerró la boca varias veces y finalmente consiguió susurrar.

"¿Quieres decir… que hiciste el amor… con la estatua?"

"¡No! –respondió Keldarion, frunciendo el ceño-. ¡Te dije que era real! Una doncella de carne y hueso. Podía sentir su tacto. Podía… -se detuvo de repente cuando vio la expresión escéptica de su hermano-. Está bien. No me importa si no me crees, pero es lo que pasó."

Legolas se acercó a su hermano y lo agarró por el brazo.

"No he dicho que no te crea –dijo en voz baja-. Dime, ¿qué pasó después?"

Keldarion miró con tristeza los ojos amables de su hermano y suspiró. Entonces se inclinó con abatimiento contra la estatua y continuó.

"Recuerdo que me trajo aquí cogido de la mano. Cantaba, bailaba y reía, y me instaba a jugar con ella. No era capaz de resistirme a su encanto y sus artimañas, la seguí como una marioneta."

"¿Te dijo algo más? ¿Te dijo quién era?"

Keldarion frunció el ceño.

"No, no lo hizo –luego, asustado, miró suplicante a su hermano-. ¿Crees que hay algo malo conmigo? ¿Me he vuelto loco?"

Sacudiendo la cabeza con vehemencia, Legolas abrazó a Keldarion para consolarlo.

"No, no te has vuelto loco. Confía en mí, estás totalmente cuerdo pero hay algo que está jugando con tu mente. No sé lo que es aún, pero vamos a averiguarlo juntos."

Cuando se separaron, Keldarion le sonrió débilmente.

"Gracias. Parece que nuestros papeles se han invertido un poco."

Legolas rio.

"No te gusta, ¿eh?"

"¡Claro que no! –respondió Keldarion, riendo-. Estoy acostumbrado a protegerte y consolarte a ti, no a la inversa. La señora Qestari o quien quiera que sea debe estar riéndose como loca al vernos así…"

Nada más decir esas palabras, una fuerte ráfaga de viento los sacudió, despeinándolos. Tan pronto como empezó se detuvo, dejando a los hermanos pálidos y temblando, abrazándose, temerosos.

"No deberías haber dicho eso, Kel" –comentó Legolas secamente, soltando el fuerte agarre sobre la túnica de su hermano.

Keldarion se rio débilmente, con el corazón todavía martillándole en el pecho.

"Cualquier cosa es mejor que besarte, querido hermano."

Sin encontrar el humor en la situación, Legolas se dio la vuelta rápidamente y se dirigió al camino que salía del laberinto. Keldarion dio un paso en su dirección, pero entonces se detuvo y miró la estatua. Los ojos de mármol parecían observarlo.

"¡Kel! –gritó Legolas un poco más lejos-. ¿No vienes?"

Intentando deshacerse de la sensación de ser observado, Keldarion se dio la vuelta y alcanzó a su hermano, notando que los ojos vigilaban todos sus movimientos.

Legolas negó con la cabeza mientras observaba cómo su hermano se paseaba inquieto delante de la chimenea encendida.

"¿Seguro que no quieres contárselo a padre?"

Keldarion se detuvo y lo miró.

"Por décima vez, no."

"Está bien –Legolas se encogió de hombros y se dejó caer boca abajo sobre la cama de su hermano, apoyando la barbilla en la mano-. Pero si vuelves a aparecer otra vez desnudo en el jardín, no me digas que no te lo advertí."

"¡No ocurrirá de nuevo porque no voy a dormir! –respondió Keldarion acaloradamente-. Así que no hay por qué decírselo a padre. ¡Se pondría lívido de ira!"

Intentando ocultar su sonrisa, Legolas miró fascinado la miríada de emociones en el rostro de su hermano. Había vergüenza, ira y ansiedad en su expresión. A medida que el día avanzaba y se acercaba la noche, Keldarion se había ido inquietando, retorciéndose como un prisionero al que iban a ejecutar. Obviamente su padre se había dado cuenta.

"Kel, ¿estás bien? Pareces intranquilo esta noche" –le había dicho el rey en la cena.

Keldarion había asentido con la cabeza en respuesta, murmurando que se encontraba bien. Poco convencido, Thranduil lo volvió a presionar.

"¿Estás seguro? Oí que no te uniste a la patrulla diurna como de costumbre. ¿Por qué?"

Al ver que Keldarion no encontraba una respuesta, Legolas salió en su ayuda.

"Porque él y yo tuvimos otra cosa que hacer hoy."

"¿Oh? –Thranduil dirigió su atención a su hijo menor-. ¿Puedo saber el qué?"

"¡No!" –dijo Keldarion a la vez que Legolas respondía.

"Sí, nosotros…"

Los dos hermanos enmudecieron y miraron a su padre a la vez, para luego mirar sus platos en silencio. Thranduil frunció el ceño ante el extraño intercambio.

"¿Qué pasa?"

"Nada" –respondieron sus hijos a la vez, con una sonrisa falsa como si estuvieran ocultando algo.

El rey quiso insistir, pero Keldarion se levantó de repente y anunció:

"Por favor, discúlpanos. Buenas noches" –con eso, agarró la parte posterior de la camisa de su hermano y tiró de él. Legolas solo pudo enviarle una sonrisa de disculpa a su padre y dejarse arrastrar por su hermano mayor sin quejas.

Un poco estupefacto, el rey del Bosque Negro se volvió hacia el comandante Linden, que estaba sentado a su izquierda.

"¿Qué traman esos dos?"

Linden tuvo que reprimir una sonrisa antes de responder.

"Me temo que no sé la respuesta, mi señor. Y la verdad es que temo saberla."

Igualmente, Legolas temía lo que haría Keldarion a la medianoche, para la que solo faltaba una hora.

"Vamos, Kel. No puedes permanecer despierto para siempre" –dijo.

"Lo haré si tengo que hacerlo" –respondió Keldarion obstinadamente.

"Pero si se lo decimos a padre tal vez pueda ayudarnos…"

"¡Te dije que no debe saberlo! –espetó Keldarion, avanzando furiosamente hacia la cama-. Ya me siento lo suficientemente humillado. No necesito que nadie más sepa lo que he hecho."

"Kel, es nuestro padre –dijo Legolas-. No tienes que avergonzarte de tu problema."

"Oh. ¿Así que ahora es un problema? –Keldarion lo fulminó con la mirada-. Dime, hermano. ¿Me he vuelto loco? ¡¿Crees que he perdido la cabeza?!"

Legolas también lo taladró con la mirada.

"Estás haciendo esto más difícil. Para ti y para mí."

"No me importa si es difícil para mí. Pero si es demasiado para ti, ¿por qué no te vas a tu habitación a dormir? ¡No necesito que me vigiles!"

Legolas saltó de la cama y se dirigió rápidamente a la puerta.

"¡Muy bien! ¡Creo que lo haré! ¡Saluda a tu amante de mi parte!"

Y entonces salió y cerró la puerta. Gimiendo, Keldarion se pellizcó el puente de la nariz, intentando controlar su ira y se arrepintió de inmediato de lo que dijo. Su hermano no tenía la culpa y le había gritado sin razón. Quería perseguir a Legolas, decir que lo sentía y que quería que se quedara a dormir con él, pero su orgullo se lo impidió.

En su lugar, comprobó que la puerta del balcón estaba firmemente cerrada y siguió caminando. Iba a ser una larga y extenuante espera, pero se moriría de vergüenza si se iba a dormir solo para despertar desnudo después de retozar otra vez en el jardín.

Así que esperó.

Una hora más tarde seguía despierto, aunque un poco cansado y frustrado. La medianoche pasó y, para su alivio, la doncella seductora no apareció. Curioso y un tanto irritado por si innecesaria preocupación, abrió la puerta del balcón y se asomó.

El jardín estaba vacío y en silencio, tal como esperaba. ¡Y para su deleite, había empezado a nevar! Mirando con una sonrisa de satisfacción los copos de nieve, Keldarion pensó en su hermano. A Legolas siempre le había gustado la nieve. Seguro que quiere ver esto, pensó, sintiéndose culpable. Debería despertarlo y enseñárselo, y así pediré disculpas por mi comportamiento.

Fue hacia la habitación de su hermano y después de un golpe suave, abrió la puerta y entró.

"¿Legolas?" –preguntó en voz baja, esperando ver a su hermano profundamente dormido en su cama.

Pero la cama estaba vacía. El corazón de Keldarion se aceleró y casi se marea.

"No. Oh, no…"

Legolas no estaba en su habitación, pero en el suelo estaba su ropa de dormir y sus botas de piel favoritas estaban al otro lado de la cama. Y la puerta del balcón estaba abierta, dejando que el penetrante frío entrara en la habitación.

Keldarion entró en pánico.

"¡Legolas!"