Hora del té
Los cálidos colores del atardecer comenzaban a teñir lentamente el despejado cielo de ese día agradable y templado con aquellas intensas tonalidades anaranjadas, camuflándose así con el desértico pero pacifico paisaje de aquel apartado lugar rodeado de dunas y arena, mientras el sol lentamente se escondía en el horizonte y las tenues sombras de un inminente anochecer empezaban a consumir todo rastro de luz y claridad a su paso, junto con el tibio viento de verano que arrastraba consigo las tristezas y alegrías de un ya "lejano" amanecer, en lo que era ya una típica tarde de un día cualquiera en donde para algunos el vertiginoso devenir de una jornada de trabajo se detenía súbitamente para así poder descansar unos minutos del ajetreo de una rutinaria vida y para otros representaba la transición de un día cerca y a la vez lejos de terminar que demandaba más esfuerzo de aquellos que batallaban con el desgano y aburrimiento que aquellas horas vespertinas ocasionaban, aunque también para unos cuantos esos momentos en el que el gran astro de luz comenzaba a despedirse de sus vastos dominios desde el rincón más lejano del firmamento significaba un momento de profunda paz y reflexión que les permitía así apaciguar por un día más las infinitas inquietudes de sus almas y acallar aquellos "demonios" que diariamente los atosigaban, perdiéndose a veces en la inmensidad de una reconfortante calma o dejándose llevar por un mar de grandes nostalgias de un pasado del que añoraban revivir una vez más…así como una vieja y solitaria mujer cuyos momentos del atardecer le traían alegres y melancólicos recuerdos de días pasados y amistades perdidas.
Observaba con interés el crepuscular paisaje que se cernía ante ella desde la comodidad aquellas ruinas abandonadas en la inmensidad del desierto, disfrutando de la confortante calma que esa simple pero bella imagen le transmitía, sintiendo como los tenues rayos del sol acariciaban delicadamente su rostro y sus maltratadas palmas, resaltando así el color canela de su piel aun tersa pero que de a poco comenzaba a sucumbir ante las consecuencias del impiadoso paso del tiempo, y como sus largos cabellos ahora blancos se mecían suavemente al compás de una ligera brisa que se hacía presente en esos instantes, mientras su vista permanecía estática en el horizonte, como si estuviera bajo el influjo de un potente hechizo, y su desgastada alma viajaba a un lugar lejos de la realidad y la soledad que la rodeaban.
Un agradable aroma a hierbas y miel invadía paulatinamente el ambiente, mezclados con el aire cálido y seco del lugar, provenientes de la humeante taza de té que aquella pensativa dama sostenía entre sus manos con la que diariamente solía acompañar sus tardes y de la cual apenas si había probado como consecuencia de lo inmersa que se encontraba en ese profundo mar de pensamientos, manchados de etéreos deseos y amarga tristeza, sin prestar atención a nada más que aquel firmamento pintado de atardecer.
Los minutos transcurrían entre el más profundo silencio y una imperturbable tranquilidad, con la imagen de esa taciturna mujer presenciando el atardecer repetirse constantemente, hasta que inesperadamente, por obra de magia o impulsada un acto reflejo, desvió su mirada del encantador cielo del ocaso para fijarse ahora en la pequeña taza que sujetaba entre sus dedos al percatarse que su bebida estaba perdiendo lentamente el calor que la caracterizaba, al punto tal de comenzar a enfriarse, provocando que esta saliera unos segundos de su onírico mundo de pensamientos para así poder degustar de su tan querido té antes de que llegara la noche. Dio el primer sorbo de aquella exquisita infusión herbal para después detenerse a contemplarse en el turbio reflejo de esa bebida ligeramente oscura solo para observar aquella imagen por demás obvia y conocida de sí misma, las finas facciones de su rostro avejentado, el semblante sereno y algo sombrío que ahora la caracterizaban, y la evidente pérdida de unos de sus ojos, oculto bajo la tela negra de un parche y los mechones de su melena platinada , como un recuerdo imborrable de una guerra vivida y una batalla perdida, junto con el opaco brillo de su mirada de un profundo café que evidenciaban la amargura de su corazón y su más ferviente anhelo de reencontrarse con sus seres amados, su querida hija y con aquellos a quienes llamaba "familia", sus amigos y compañeros de batalla con los que compartió gran parte de su vida, momentos tan únicos como especiales con los que soñaba vivir una vez más, esas vivencias que en aquellos instantes comenzaban inconscientemente a revivir en su memoria, perdiéndose nuevamente en esos nostálgicos días en los que compartía sus tardes en el cuartel juntos con sus camaradas y en especial, provocado quizás por el dulce y familiar gusto de aquella infusión que aun podía saborear en sus labios, el claro recuerdo de aquel "valeroso soldado" y "noble caballero", de ese hombre tan imponente como amable, de uno de sus más preciados amigos de quien llegó sentir algo más que un cariño fraternal …y con quien también supo compartir en más de una ocasión una deliciosa taza de té.
Flashback
Aquel día había comenzado como cualquier otro para ella, o tal vez para la vida de la capitana de una de las organizaciones militares más importantes del mundo aquella jornada había sido para nada especial, llena de tareas típicas para alguien de su rango, comenzando por informes sobre avances en ciertas misiones, chequeos de rutina al personal, revisión y conteo de armamento, control diario sobre los puntos de conflictos y su situación actual, pero más que nada repleta de trabajo de oficina como aprobación previa de reportes operaciones anteriores y la redacción sobre las misiones que había comandado que, para su desgracia, no habían sido pocas en el último tiempo, haciendo que su día y gran parte del anterior se la pasara en su oficina hundida en una montada de papeles y expedientes, teniendo tiempo apenas para dormir y ver a su hija que, a pesar de ya no ser tan pequeña, quedaba a cargo y en compañía del Jesse "el niñero oficial" McCree mientras ella estuviera ocupada, y provocando que en esas horas de la tarde buscara desesperadamente un descanso del "infierno burocrático" que aún le aguardaba .
Suspiro algo cansada y aliviada de haber logrado escabullirse por unos momentos de sus obligaciones, en un receso más que merecido, justo en su momento favorito del día como lo era el comienzo del atardecer y de la manera que le gustaba pasar su tiempo de relax, disfrutando una taza de té y en compañía de algunos de sus amigos y colegas del "oficio"…aunque ahora se encontrara sola en la sala común del cuartel sin nada más que hacer que esperar a que su bebida estuviera lista y observar en silencio la panorámica vista del ocaso desde uno de los ventanales de la habitación, ya que por obra y capricho del destino se había dado la "casualidad" de que cuando ella por fin conseguía un poco de tiempo libre ninguno de sus camaradas estaban disponibles en esos momentos, algunos atareados con sus respectivos trabajos y otros en alguna otra ciudad o país cumpliendo alguna misión, dejándola sin otra alternativa más que pasar aquellas horas vespertinas sola, a pesar de haber podido ir a pasar aquel rato con su pequeña pero no quería arruinar lo mucho que se "divertía" junto a Jesse, además de nunca venia mal pasar un tiempo a solas para aclarar un poco las ideas y distenderse un poco pese a lo abrumador del silencio y lo aburrido que podría ser por momentos…aunque quizás después de todo la suerte no estaría tan en su contra en esa tarde de primavera y encontraría la compañía que "anhelaba" en la persona menos esperada.
Se acomodó cerca de la ventana del salón para así poder contemplar el paisaje crepuscular de las afueras de aquel gran centro militar, junto con su té recién hecho, para así disponerse a disfrutar de sus minutos de descanso, al momento en que se desahogaba con una honda bocado de aire, exhalando el agradable aroma de aquella infusión hierbas que provocaban un efecto tranquilizador en ella, reflejándose principalmente en sus finas facciones que poco a poco empezaban a suavizarse, para que después de unos segundos de distención comenzara a degustar de su "merienda", dándole el primer sorbo a la humeante taza de té, y "resignándose" así con una relajada sonrisa en sus labios a pasar sola lo que restaba de la tarde…pero cuando se aprestaba a perderse en la profundidad de su mente una voz familiar e inconfundible las saco súbitamente de sus pensamientos, trayéndola de vuelta a la realidad y dejándola sumamente sorprendida ante la inesperada pero "grata" aparición del dueño de aquella voz que le decía algo asombrado:
-Ho vaya, no pensaba encontrarte aquí Ana, esto sí que es una agradable sorpresa – le decía con su típico acento alemán aquel hombre de melena dorada y gran tamaño, notablemente alegre y extrañado por la presencia de la mujer, y que al principio se encontraba parado cerca de la entrada de la habitación para que después comenzara acercarse hacia donde estaba su "compañera" solo para percatarse que no había estado tan desocupada como pensaba, provocando que este se excusara diciendo – perdón no me había dado cuenta que habida interrumpido tu descanso, no fue mi intensión – se disculpó algo apenado y con una ligera sonrisa en su rostro, siendo incapaz de ocultar la felicidad que tenía por toparse con su capitana la cual no tardó en responderle.
-¡Reinhardt!, no esperaba verte aquí, pensé que todavía estarías en la misión de Grecia…es bueno volver a verte – le replicaba la morena sin poder disimular su asombro y alegría por ver a su "buen amigo" después de casi una semana de ausencia, plasmando aquel "fraternal cariño" en el brillo de su mirada, siendo tanta su emoción que deja a un lado el té que se había preparado para concentrar su atención en el amable grandulón, en el instante en continuaba diciendo – Está bien, no interrumpiste nada no te preocupes, por cierto dime ¿cuándo regresaste?, ayer no te vi en todo el día, creí que volverías mañana- cuestiono esta con cierta curiosidad e interés por saber la razón del inesperado regreso del rubio.
-Bueno, realidad regrese ayer por la tarde pero tuve que ir primero a la enfermería para que atendieran y luego tuve que entregarle el informe de la misión a Morrison, y me desocupé algo tarde – le explicó de manera más calmada y serena, tratando así de aclarar las dudas de su superior que lo miraba entre incrédula y sorprendida por no recordar en ningún momentos del día anterior haber escuchado del regreso del equipo de agentes comandados por el teniente Wilhelm, para que luego contestar de su pregunta le revelara algo que dejaría aún más confundida a la pelinegra - pero aunque te parezca imposible yo si te vi, cuando pasaba para dar ese reporte note que la puerta de tu oficina estaba un poco abierta y te vi que estabas dormida en el escritorio...se te notaba muy cansada, entonces no quise despertarte en ese momento, además tengo que admitir que fue un poco divertido verte así, por lo visto estuviste ocupada mucho estos días – confeso con diversión en su voz por rememorar en su cabeza aquella escena por demás ocurrente y particular a la vez que su rostro reflejaba cierto nerviosismo por la reacción que podría tener la ahora desconcertada mujer y que no tardaría en llegar.
-S-Si, bueno, estuve muy atareada con el trabajo estos días y quizás no me haya dado cuenta que regresaste ayer…o q-que termine durmiéndome en medio de los expedientes que tenía que revisar, p-pero eso es algo que puede sucederle a cualquiera y no es para nada gracioso – se defendió esta de manera firme y convincente a pesar de su "casual" tartamudeo, evidenciando la notable vergüenza que sentía en esos momentos en sus mejillas sonrojadas que no hicieron más que provocar una pequeña risa en el impulsivo soldado.
-Tienes razón Ana, no es gracioso…aunque deberías admitir que si lo fue poco– le sugirió el de orbes color zafiro con algo de ocurrencia en sus palabras, junto con una amena sonrisa, para que después de calmar su risa y en un intento de evitar que la fastidiada morena lo regañara cambió el tema de conversación y le preguntara curioso – sabes, me preguntaba ¿que estabas haciendo aquí sola?, si es que no te importa claro…es que fue raro verte así, sin alguno de los muchachos o con la pequeña Fareeha – inquirió este un poco intranquilo y la vez ansioso por saber el porqué del "inexplicable" actuar de la francotiradora que ahora lo observaba con menos molestia en sus ojos y una expresión mucho más afable y calmada.
-Ha eso, bueno es que todos estaban ocupados con sus deberes, incluso Reyes que siempre busca zafarse del papeleo y todo trabajo que considere "tedioso" no pudo acompañarme, y en cuanto a Fareeha es que la vi tan entretenida con Jesse que no quise arruinarles la diversión…así que tuve que "conformarme" a estar sola con mi taza de té, aunque no es tan malo como parece –le esta explico con gran naturalidad , junto a una mueca de fingida tristeza que desnudaban lo exagerado e irónico de algunas de sus palabras, para que después desviara unos instantes su mirada del curioso alemán para así poder alcanzar la aludida bebida que se encontraba en una mesa cercana a ella, sin percatarse del rotundo cambio en el semblante ahora serio y pensativo de su "camarada" ante la respuesta de la pelinegra, como si buscara una pronta solución a esa "angustiante situación" que para suerte de ambos llegaría rápidamente.
-Bueno yo podría acompañarte si quieres, no tengo nada que hacer por ahora y para mí no sería ningún problema –sugirió el noble "justiciero" de manera sincera y segura, vislumbrándose cierta ingenuidad en su voz, mientras le obsequiaba una atenta sonrisa y la observaba algo ansioso e ilusionado por la respuesta positiva que esperaba su superior que, para su desgracia, no le sería tan sencillo conseguir.
-¡Que!, ¡claro no! –le replico entre molesta y exaltada, siendo tanta su sorpresa ante aquella "ridícula" propuesta que casi dejaba caer al suelo su preciada taza de té, para después reprocharle lo descuidado y peligroso de su accionar - ¡mírate!, acabas de regresar de una misión de una semana, tuviste suerte en regresar en una pieza, deberías estar descansando y no aquí perdiendo el tiempo conmigo…no quiero que por mi culpa no te recuperes como debes ni terminar siendo una molestia – dijo aquellas últimas palabras con evidente amargura y tristeza ante las visibles heridas que mostraba el cuerpo de aquel audaz "caballero", reflejando la preocupación que sentía en su afligido semblante, en el instante en que se cruzaba de brazos abrazándose a sí misma y alejaba sus opacados orbes café de la imagen del sorprendido hombre que, angustiado por el actual estado de su amiga y conteniendo sus ganas de querer consolarla con un abrazo, se aproximó un poco más a esta para tomarla delicadamente del mentón, obligándola así verlo, y decirle con gran franqueza.
-Sabes que para mí nunca serás una molestia Ana, es más insisto en acompañarte– le aclaro en un tono dulce pero serio, demostrando la firmeza en su decisión, mientras la sostenía con enorme suavidad del rostro haciendo que sus miradas se encontraran con fugaz intensidad durante algunos segundos para que después de unos momentos de afonía se apartara bruscamente de ella y con convincente gracia y tozudez agregara- además no es propio de un "caballero" dejar sola a una dama –sentencio este sin titubeo alguno, en un desesperado intento por salir librado de aquel "tierno momento", dejando descolocada a la mujer por unos pocos instantes para luego contestarle con disimulada tranquilidad.
-A-Al parecer no podré hacerte cambiar de idea tan fácilmente, tan cabeza dura como siempre –dijo resignada y admirada de la terquedad del rubio, todavía no muy convencida de aquella propuesta, para que después de quedarse en silencio meditando su respuesta y de soportar las suplicantes miradas de su persistente colega terminara por sucumbir a los deseos de este, dejando escapar un cansado suspiro y luego responderle, no sin antes dejarlo en vergüenza con en brutal y honesto comentario de por medio - de acuerdo, aunque si te soy sincera no creo que tú seas muy fanático del té.
-B-Bueno admito que soy más del café pero siempre hay que estar dispuesto a probar nuevas cosas, además quien sabe puede que llegue a gustarme –reconoció algo avergonzado el galante alemán pero defendiéndose con obstinación y de forma persuasiva del "despiadado" ataque de la morena que no pudo hacer más que ceder ante el lógico argumento de su "adversario".
-Está bien, si tanto insistes, pero como tú serás invitado déjame que te sirva el té por lo menos como una buena "anfitriona" – aceptó esta, dando así por terminada la pequeña disputa de egos entre los dos, regalándole una cansada y divertida sonrisa pero no sin antes dejar en claro las condiciones de su "contrato", a lo que su teniente contesto.
-Como usted diga capitana –respondió triunfante y eufórico, reflejando su gran alegría en la animada expresión de su rostro, al momento en que observaba como la egipcia se dirigía a la mesa de la cocina del salón para preparar la bebida de su inesperado acompañante, sintiendo como aquellos intensos orbes azules se fijaban insistentemente en ella como si estuvieran bajo el influjo de un potente hechizo, provocando que la pelinegra dibujara una maliciosa sonrisa en sus labios y que en un impensado accionar esta le dijera.
-Al parecer el gran y heroico teniente Wilhelm debería aprender un poco sobre el buen arte de la discreción…creo que en este momento no le vendría nada mal –le insinuó de manera burlona e irónica, sin quitar el tono habitual de su voz, dejando a sus espaldas al distraído soldado nuevamente en ridículo ante avispado comentario de la pelinegra que continuo tranquilamente con su labor.
Así pasaron los minutos, entre la calma y el silencio reinante de aquella habitación, sin que cada uno de los presentes hiciera contacto visual con el otro, en especial el abochornado hombre que dirigía su vista a cualquier lugar que fuera la encantadora imagen de su capitana, o volvieran a emitir palabra alguna, sintiéndose quizás a gusto con la afonía del momento, hasta que la astuta dama volteara y se dirigiera nuevamente hacia donde esperaba su "importante" invitado, hasta llegar junto a él para sí entregarle el té que con tanta insistencia había decidido degustar para así poder acompañarla en esa agradable tarde. Involuntaria e inconscientemente sus dedos se rozaron levemente en el momento en que el corpulento "caballero" tomaba la pequeña taza con aquella infusión herbal que le ofrecía su "compañera", provocando que ambos se sobresaltaran ante el cercano e inocente contacto entre sus manos, haciendo que la tensión se apoderar del ambiente durante escasos segundos que parecieron interminables para aquel par de "amigos" que no pudiendo soportar la incomodidad que los asediaba se dispusieron a terminar con ese inquietante momento, tomando la riendas del asunto su principal anfitriona que, con fingida calma y espontaneidad dijo:
-B-Bueno, esto merece un brindis, bienvenido al "club del té" valiente soldado- declaro la pelinegra de manera divertida y animada, mostrando una sonrisa socarrona en sus labios, al momento en que alzaba su taza para así celebrar la inclusión de su miembro más reciente a su "exclusivo grupo de amantes del té", acción que fue copiada por el rubio que dijo contento.
-Es un honor ser parte de ella capitana Amari, prometo honrar el nombre de este gran club con valor y entusiasmo – juro de manera jovial e irónica, y sin poder evitar dejar escapar una pequeña pero tentadora risa, para después chocar sutilmente sus tazas y disponerse así a degustar de sus relajantes bebidas.
Sin esperar demasiado el intrépido y bonachón alemán dio la primera probada a su té, un poco desconfiado por el color oscuro de esta y su aroma por demás particular, solo para llevarse la grata sorpresa de lo dulce y agradable de su sabor, pudiendo percibir el ligero gusto a miel en este, mientras la apacible morena observaba entretenida como aquel bravo "guerrero" descubría los placeres de aquella milenaria infusión al momento en que esta se aprestaba a imitar la acción de su colega…pero en el instante en que acercaba la humeante taza a su boca un agudo dolor hizo detenerse en seco, provocando que dejara el té sobre la mesa de la sala y que una mueca de disgusto e incomodidad se plasmara en su rostro que no pasó desapercibido para su atento acompañante:
-¡Ana!, ¿Qué te sucede?, ¿estás bien? –preguntó alarmado el rubio, pudiendo vislumbrarse el enorme temor y preocupación plasmados en su rostro, al momento que dejaba desesperado su taza té a un lado, al punto de casi tirarla al suelo, y se aproximaba un poco más hacia donde estaba su adolorida amiga y, en una inesperada pero tierna acción, la tomaba suavemente de los hombros tratando así de socorrerla lo más rápido posible de aquella misteriosa dolencia que ahora la atacaban y de la cual esperaba ansioso develar mediante la respuesta de la mujer que no se hizo esperar.
-S-Si Reinhardt, estoy bien no te preocupes, es solo que…olvide que no me había recuperado del todo de la misión anterior, además con todo el trabajo que tuve no le di mucha importancia –le contesto la morena, todavía adolorida, mientras se presionaba el costado del torso con una de sus manos y le devolvía la mirada, tratando de traer un poco de calma a su intranquilo colega restándole importancia a la situación con el tono sereno de su voz y una fingida expresión de alivio que, para su mala suerte, no convencieron para nada a este que con insistencia volvió a preguntarle.
-Tu cara no me dice eso, ¿fue una herida de gravedad?, ¿necesitas que te ayude en algo?- cuestionó incrédulo y un poco más nervioso, mientras la observaba con atención sin descuidarse un solo segundo, para luego reprocharle un poco molesto - y luego me dices que yo soy descuidado, debiste descansar Ana, tú más que nadie sabes que estas cosas no pueden tomarse a la ligera –dijo reprendiéndola por la poco importancia que le había dado a aquella "grave" lesión, sobreponiendo imprudentemente su trabajo a su propia salud, y provocando que esta reaccionara diciendo.
- No tienes por qué exagerar Reinhardt se cómo cuidarme, además no fue la gran cosa, solo fue un golpe cualquiera…no tienes por qué hacer un caos de todo esto -le rebatió con evidente fastidio e impaciencia en sus palabras, junto con una dura mirada, ocasionando que el preocupado hombre rompiera con su delicado agarre y se apartara un poco de esta, notablemente apenado y cabizbajo, para después decirle contrariado.
-Lo sé, es que…no parece que haya sido solo un golpe –replicaba este, aun firme en su postura y descreído en la explicación de la pelinegra, para que después de un corto silencio le dijera apesadumbrado - creo que sabes porque me preocupo tanto por ti Ana…no quiero que nada malo vuelva a pasarte por mi culpa – le revelo el cruzado con gran amargura en su voz, sin poder ocultar el remordimiento que lo carcomía por dentro, en el instante en que bajaba la mirada y su semblante se ensombrecía ante el doloroso recuerdo al que hacía alusión y rememoraba en esos instantes de aquella misión , ya un poco lejana en el presente, en la que por una acción torpe e impulsiva de este casi termina provocando una tragedia, poniendo innecesariamente las vidas de sus compañeros y la suya en peligro, en especial a su querida capitana que por intentar salvaguardarlos de un contraataque letal terminaría gravemente malherida gracias a su infantil comportamiento y siendo un error que, a pesar del paso tiempo, era incapaz de perdonarse, tanto así que terminaría ocasionando que la irritada mujer olvidara su enojo para con este y con sensatas palabras tratara de hacerle desistir de su "infundada preocupación".-
- Mira no tienes por qué seguir martirizándote por algo que pasó hace mucho tiempo, yo nunca te culpe por eso…ni tampoco quiero que por mi sigas sufriendo toda tu vida –refutó esta de manera sincera y elocuente, junto con un suave gesto tranquilizador en sus facciones, mientras sus orbes café lo miraban insistentemente esperando respuesta alguna por parte del de melena dorada que permanecía en silencio, sin dirigirle la mirada y sin cambiar la tristeza en su rostro, causando que la morena, ya completamente repuesta la molestia que aquejaba y sin poder evitar sentirse un poco culpable por el dolor de su compañero, lo obligara a que entrara en razón y la escuchara , en el instante en que lo tomaba firmemente de su mano derecha para así poder decirle - además yo sé que contigo a mi lado siempre tendré un fuerte "escudo" que me proteja de cualquier peligro –le confesó con seguridad y cariño en sus palabras, y una dulce sonrisa en sus labios, mientras sostenía su delicado agarre y su vista permanecía fija en el ahora sorprendido hombre que la miraba asombrado por la inesperada acción de la francotiradora pero sin poder reprimir la felicidad que por esos segundos lo invadía y lo mucho que gozaba de aquel inocente contacto, al igual que su querida "amiga", disfrutando mutuamente de la confortante calidez que les brindaba esa sencilla pero a la vez intima cercanía, desnudando un sentimiento oculto en lo profundo de sus corazones y que inconscientemente los orillaba a romper con aquello que le impedía ser más que simples colegas…pero, cuando parecía que las emociones tomarían el control de sus acciones, un pequeño atisbo de razón volvió resurgir en ellos haciendo que se percataran de lo que estaban por hacer obligándolos así romper con su agarre y la poca distancia que los separaba el uno del otro, y a sumirse en una molesta afonía.
La tensión se apoderó del ambiente, de tal manera que parecía tener una soga en el cuello que te asfixiaba lentamente, haciendo que fuera más pesado respirar y que el silencio de esos minutos se convirtiera en una tortuosa agonía para aquellos avergonzados soldados que trataban de disimular a duras penas algo de tranquilidad e indiferencia por lo recién ocurrido con los reiterados sorbos que le daban a sus tazas de té sin intercambiar mirada alguna , a la vez que intentaban ocultar el evidente rubor de sus mejillas y la enorme vergüenza que los invadía, mientras luchaban consigo mismos por controlar la intensas sensaciones que salvajemente los hostigaban y los llevaba a los límites de su propia resistencia. Fue tanta la incomodidad que sentía que sin poder soportar un segundo más uno de los dos decidió romper con el interminable silencio reinante, diciendo:
-Y-Y bueno, ¿Qué tal te fue en tu última misión?, escuche que tuvieron más problemas de lo esperado – pregunto con fingida serenidad la intranquila morena, sin poder evitar del todo su todavía patente nerviosismo, en un intento por desviar la atención de lo que acababa de ocurrir y así olvidar aquel sofocante momento, obteniendo rápida colaboración de su siempre predispuesto acompañante.
-H-He si, las cosas se complicaron un poco más de lo previsto pero por suerte pudimos controlarlo a tiempo para que no terminara siendo un caos –respondió de manera algo indistinta y calmada, pero con evidente timidez en su semblante, para después darle otro sorbo a su bebida, dejando así que aliviadora sensación hiciera efecto, y continuar diciendo -aunque sinceramente me esperaba que terminara así…ya sabes, en medio de una guerra todo se torna muy imprevisible-manifestó el alemán con naturalidad y sin sorpresa alguna en su voz, como si se tratara de una realidad implícita que no pasó desapercibido para su capitana.
-Es verdad, es como si cada vez que entras al campo de batalla te adentraras en medio una inmensa jungla sin tener la más mínima idea de lo que pasara…esa sensación de incertidumbre y temor es algo a lo que personas como nosotros tienen que convivir todos los días…pero a veces no termino de acostumbrarme – admitió esta con brutal honestidad, pudiendo percibirse el pesar en sus palabras, al momento en que fijaba su mirada a la taza medio vacía de té que sostenía entre sus manos y suspiraba cansada ante aquella cruda verdad, reflejándose la resignación en el gesto adusto y pensativo de su rostro.
-Sí, yo tampoco, muchas veces me pregunto si algún día podremos tener un poco de paz en este mundo...y una vida normal y tranquila, o por lo menos pasar lo que queda de ella sin preocuparnos por si moriremos mañana –confesó el rubio de forma seria y un tanto realista, develando un simple y profundo anhelo que parecía ser imposible para la vida que había escogido y el presente que estaba atravesando, para que seguidamente la mujer le recordara lo utópico de su deseo.
-Ese es el precio de ser un soldado…de ser un "héroe", no existe el mañana solo el hoy – expresó la pelinegra con algo de pesimismo en sus palabras, para luego darle otra probada a su deliciosa infusión y después de unos segundos de afonía cambiar el tema de conversación diciendo- pero enserio, ¿tú y una vida tranquila?, eso sí es difícil de imaginar , es como pedirle a un león que dejara de cazar para dedicarse a oler las flores de un jardín , es simplemente imposible- argumentó en un tono animado y divertido, casi burlándose "despiadadamente" de los sueños de su amigo, al momento en que fijaba nuevamente su vista en él y le obsequiaba una irónica sonrisa, cambiando el humor del ahora alegre hombre que siguiéndole el juego le respondió.
-Bueno quien sabe, quizás mañana mismo me decida dedicarme a la jardinería y no a una vida llena de emoción y aventuras, todo es posible – afirmó este con fingida seriedad y una determinada sonrisa, sin poder evitar dejar escapar una jocosa risa que contagio a su entretenida compañera que le contestó.
-Eso ni tú te lo crees…aunque sería interesante de ver, el "bravo y valiente cruzado convertido una tierna mariposa" –propuso la morena de manera burlona y socarrona, y sin poder soportar el no reírse con solo imaginarse aquella disparatada idea, para que después de unos segundos de divertidas carcajadas volviera ya ponerse un poco seria y cambia de asunto diciéndole- ya pero enserio, escuche que aguantaron bien la emboscada de esa tropa Omnica y que incluso pudieron evitar que terminaran por invadir todo el territorio –le comento curiosa e interesa por saber lo ocurrido en la reciente misión llevada a cabo por el teniente Wilhelm que, como si le dieran el regalo de su vida, le dijo emocionado.
-Sí, nos atacaban de todos lados sin parar un segundo, algunos de los novatos pensaban que estábamos acabados y no teníamos escapatoria pero tuvieron suerte de que yo estuve ahí, debiste haberme visto como me lanzaba en medio del fuego enemigo y trituraba a esos omnicos, dejando una pila de escombros a mi paso, salvando así a mi batallón y a miles de civiles de una muerte segura gracias a mi heroica intervención y haciendo que la justicia saliera victoriosa una vez más – relataba entusiasmado y enorgullecido su nueva gran proeza, con una arrogante sonrisa en su rostro y la exageración que siempre lo caracterizaba, vanagloriándose "valerosa" actuación como si se hubiera salvado al mundo de una catástrofe inminente mientras su compañera lo miraba incrédula y entretenida, esperando tranquila a que el eufórico soldado terminara con su "épica" historia para así replicarle.
-Claro que si Reinhardt, tu siempre salvado el día –asintió la morena con notable sarcasmo en sus palabras, acentuado con el divertido gesto que mostraba sus suaves facciones, para después cambiar un poco el tono de su voz y decirle a modo de reprimenda -aunque no creo que haya sido necesario estar ahí para ver como volvías arrojarte solo y sin pensar a una turba de máquinas asesinas, con solo ver tus heridas me basta para saber cómo según tu volviste a dejarte llevar por "el calor de la batalla" – declaró esta con cierta molestia y cansancio por la ya conocida actitud desmesurada de su camarada, evidenciada por los visibles vendajes y raspones que presentaban en parte de su cabeza y brazos, mientras le lanzaba una "fulminante" mirada de reproche que dejaron al noble cruzado completamente acorralado entre la espada y la pared ante la certera deducción de su molesta capitana, a la vez que trataba "desesperado" de validar la razón de su accionar con hechos más que obvios.
-Pero por lo menos cumplimos la misión y volvimos "sanos y salvos", además ya deberías saber que no puedo negarme a la emoción de un gran enfrentamiento – replicó algo nervioso y agitado, escudándose en lo que él creía un "ingenioso" pretexto para zafarse de aquella comprometedora situación y dejando en evidencia lo previsible que era para la pelinegra sus ya conocidas actuaciones "heroicas" y lo carente de "motivos" que tendría para regañarlo.
-Si bueno, pero esa no es excusa, recuerda que ya no eres un chico de veinte años, debes tener más cuidado y dejar de ser tan impulsivo, ya no tenemos la misma energía que cuando éramos jóvenes...pero parece que a ti te cuesta entenderlo –le rebatió con firmeza y seriedad en sus palabras, pero dejando entrever cierta intranquilidad en su mirada, mostrándose para nada convencida con la justificación del rubio y dejando en evidencia las peligrosas consecuencias que podrían acarrear sus impulsivas acciones si no tomaba en cuenta las limitaciones físicas lógicas como consecuencia del impiadoso paso del tiempo ni dejaba de comportarse como un niño que se negaba a crecer.
-¡Pero aún no estoy tan viejo!, por lo menos todavía conservo intacto mi estupendo cabello y mi espíritu esta mas encendido que nunca – exclamó el alemán, algo dolido por "despiadado" recordatorio de su edad ya que según él se sentía "en la flor de su juventud", defendiéndose luego con un divertido argumento como prueba de lo joven que aún se sentía, provocando una pequeña risa en ambos ante aquel ocurrente comentario, para que después de unos instantes este le dijera con mesura en su voz - aunque tienes razón, prometo en mas tener más cuidado la próxima vez para así no volver a preocuparte a ni a ninguno de mis compañeros –le declaró con gran seguridad y firmeza, junto a una mirada llena de determinación y una tranquilizadora sonrisa, notablemente consiente de la preocupación que podía percibir en la egipcia por lo poco cuidadoso y osado de sus acciones en el campo de batalla sin tener en cuentas los doloroso resultados que acarreaba, tratando así de calmar esos temores con aquella promesa que acababa de hacer.
-Espero que sepas que te recordare todo el tiempo estas palabras Reinhardt Wilhelm, más te vale que cumplas con tu promesa o conocerás la ira de Ana Amari –sentenció la todavía no muy convencida dama, pero dispuesta a dar un voto de confianza a su estimado colega, dejando bien el claro que le haría cumplir aquel juramento por las buenas o las malas, al punto tal de hacer asustar al temerario guerrero que no hizo más que acatar esa amenazante advertencia.
-Soy un hombre de palabra y por mi capitana aún más…además no quiero morir tan joven –aseguró confiado demostrando lealtad que mantendría para hacer cumplir su promesa y dejando entrever el temor que le ocasionaba provocar la furia "incontrolable" de su apacible pero "cruel" compañera.
-Espero por tu bien que así, no quiero tener que perderte tan pronto por ser bobo obstinado –comentó la mujer de manera un poco más relajada y divertida, resignándose a creer que su teniente terminaría "muerto" por ser un impulsivo sin remedio, al momento en que ambos se miraban con cierta complicidad y dejaba escapar una amena risa, sellando así aquel "importante y crucial" pacto.
Después de pactar aquel improvisado trato y de algunas alegres risas el silencio volvió a hacerse dueño del lugar, haciendo esta vez que el ambiente fuera más calmo y acogedor, mientras aquel par de "amigos" continuaron disfrutando de sus bebidas en medio ese atardecer primaveral, gozando de la paz de esos instantes y sintiéndose tan a gusto con la compañía del otro que no se percataban la forma en que constantemente se miraban, como así tampoco la enorme felicidad que reflejaban sus rostros ni de las cariñosas sonrisas que se dedicaban, perdiéndose en un mar de intensas sensaciones cada vez que sus miradas se encontraban y que los arrastraba a un mundo completamente lejano y ajeno de la realidad que los rodeaba, a tal punto que sus cuerpos se acercaban inconscientemente tratando así de romper con la distancia que los separaba, haciendo que las palabras no bastaren para definir los sentimientos que experimentaban en esos instantes y dejando así que aquella armoniosa afonía desnudara lo que sus almas acallaban y sus corazones ocultaban, deseando que aquel mágico momento nunca se acabara…pero el caprichoso destino tenía otros planes para ellos, ya que cuando estaban a punto dejarse llevar por lo irracional de sus emociones, una repentina voz los saco estrepitosamente de su mundo de ensueño, diciendo:
-Reinhardt, te estuve buscando por todas partes gigante sin cerebro, tenemos que hablar sobre como destrozaste de nuevo tu –le decía algo fastidiado el dueño de aquella repentina presencia, al momento en que entraba a la sala demasiado molesto como para darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor solo para después detenerse en seco al percatarse que su irritante amigo no estaba solo- oh vaya, perdón, no me di cuenta que los estaba interrumpiendo –se disculpó el pequeño hombre de larga barba y ceño fruncido, un poco sorprendido de encontrarse con la experta francotiradora en ese lugar, al momento en que continuaba diciendo-como sea ven pronto al taller, necesitamos discutir sobre la reparación de tu armadura antes de que termine por matarte-sentencio el ingeniero de manera severa e impaciente, sin tomarle mucha importancia la forma en que se encontraban sus compañeros, para luego retirarse de la habitación, dejando a aquel par de soldados completamente abochornados, al instante en que el cruzado le contestaba a la distancia.
-H-He si claro Torbjörn, y-ya voy –le respondió el hombre notablemente nervioso y agitado, tratando a duras penas de aparentar completa tranquilidad, para después terminar de beber lo que quedaba de su té y quedarse callado durante algunos segundos batallando con su propia vergüenza y apartando la mirada de la pelinegra, hasta lograr serenarse un poco y así dirigirse a su "colega" diciendo - b-bueno creo que debo irme, ya sabes cómo es ese pequeño gruñón –comentó a modo de excusa, disimulando un poco mejor el nerviosismo que lo invadía, al momento en que fijaba nuevamente sus ojos en esta y comenzaba a despedirse - la pasé muy bien Ana y espero no haber arruinado tu tarde con mi aparición – le confesó de manera sincera y una afable sonrisa en su rostro.
- C-Claro que no Reinhardt, es más te agradezco que me acompañaras, parece que tu insistencia valió la pena me divertí mucho contigo –le respondió con amabilidad y fingida tranquilidad, intentando ocultar así el todavía evidente rubor de sus mejillas, mientras le devolvía la mirada para luego quedarse en silencio durante unos escasos instantes, viéndose de la misma forma que hace minutos atrás, hasta que la morena corto con aquel agradable momento diciendo -creo que será mejor que te apresures, parece que Torbjörn no estaba de muy buen humor –le sugirió razonablemente, en intento de evitar un posible "asesinato".
-No sé cuándo no estuvo así, es un enano enojón –comentó el alemán de manera graciosa y ocurrente, provocando que una pequeña risa volviera a escapar de los labios de ese par de "camaradas", para que después este dijera - bueno nos vemos después- se despidió cordialmente de su capitana, al momento en que dejaba la taza vacía de té en la mesa del salón y después comenzar a caminar hacia la salida de la habitación pero deteniéndose sorpresivamente a mitad de su camino para darse la vuelta y dirigirse nuevamente a la mujer diciendo- sabes, si quieres podemos volver a hacer esto en otra ocasión, estaría encantado de hacerte compañía…además creo que me gustó mucho el té –le propuso el rubio de manera cortes y amigable, ocultando el verdadero interés que tenía por compartir más tiempo con su querida "amiga", a la vez que sus orbes color zafiro permanecían clavados en ella, ansioso por saber la respuesta a su "atrevida invitación".
-Me parece una fantástica idea – le contesto la pelinegra, algo sorprendida pero a la vez encantada con la sugerencia de su teniente, al momento en que esbozaba una cálida sonrisa para después agregar - aún tengo que enseñarte mucho sobre los grandes misterios de este delicado arte mi querido "aprendiz" – comentó de manera irónica y divertida, provocando una nueva risa en ambos soldados, para así luego de un fugaz instante de afonía despedirse del cruzado - bueno…hasta luego Reinhardt –dijo aquello con cierta resignación amarga en su voz ante la inminente ida de su acompañante que le respondía. -
-Adiós Ana…cuídate – pronuncio aquellas últimas palabras de manera amable pero a la vez triste por tener que separarse nuevamente de esa fascinante dama y sin poder evitar el quedarse mirándola durante varios segundos, como si deseara alargar eternamente su forzada despedida, para que después le diera la espalda y continuara con su camino, hasta alejarse completamente del lugar, dejando a la morena otra vez sola en aquella tarde tibia de primavera en donde un par de viejos soldados se reencontraban y dos almas enamoradas se profesaban tácitamente aquel secreto manchado de fingida amistad…con un delicioso té de por medio.
Fin del flashback
Una melancólica sonrisa se dibujó en sus relajadas facciones ante el agradable recuerdo que evocaba su mente, mientras continuaba disfrutando de la hermosa imagen de un atardecer cerca de acabar junto con querida infusión de hierbas, y dejaba que la nostalgia la llevara nuevamente a un tiempo más que distante de su vida que hasta parecía serle ajena, experimentando la grata felicidad que aquellos recuerdos le brindaban, trayendo paz a su desgastada alma y avivando aquel sentimiento que yacían en lo más oculto de su corazón, enterrado en las cenizas de un forzado olvido y una amarga y temprana despedida.
Pasaron así los minutos, inmersa en el más profundo silencio, dejándose la pensativa mujer arrastrarse por ese infinito mar de añoranzas y fantasías, hasta que una conocida e inesperada voz la sacó súbitamente de su trance al momento en que le decía:
-¿Por qué tan distraída y callada últimamente?, ni siquiera te percataste cuando llegue, ¿pasa algo Ana? – le preguntaba un tanto extrañado y curioso aquel hombre de orbes azules y cabello platinado, dueño de la aquellas imponente presencia que hacia su aparición en ese apartado refugio, en el instante en que caminaba hacia donde se encontraban sus pocas pertenecías para dejar su armamento y disponerse descansar un poco luego de otro día más como un "fantasma", embarcado en una última misión por buscar una verdad imposible, esperando tranquilo una respuesta por parte de su amiga y compañera de mil batallas que no tardaría en llegar.
-No sucede nada Jack, es solo que…estaba recordando la última vez que disfrute de una tarde como esta…y del té más delicioso que he probado en mi vida – le contesto esta con gran serenidad y cierta alegría en su voz, sin siquiera inmutarse ante la "sorpresiva" aparición de su camarada que solamente se limitó a asentir en silencio y sin objeciones a esas palabras cargadas de un significado que para él no el eran ajeno, mientras ella continuaba observando atentamente el cielo del crepúsculo y degustaba lo último que quedaba de su té, dejándose llevar nuevamente por la melancolía del pasado, al momento en que una cálida sonrisa se dibujaba inconscientemente en sus labios y su mirada se encendía de un fulgor especial a causa del agradable y querido recuerdo de quien fue su amigo y colega en incontables misiones , de ese soldado tan noble como bravo…y de aquel hombre al que aun guardaba un cariño más especial, un afecto impropio de una amistad y más cercano al amor, y que desde aquella tarde de primavera la privilegio con su incondicional compañía hasta su trágico adiós, haciendo que disfrutara aún más de sus "tardes de té".
"En el crepúsculo te recuerdo, tan cercano y distante, tan deseado como prohibido, así como aquello que mutuamente nos profesamos en el más doloroso de los silencios, maldiciendo nuestros desdichado destino, ese que nos hizo encontrarnos para luego cruelmente separarlos sin rencuentro alguno…dejándonos solamente los sueños y la eternidad para por fin amarnos, sin ataduras y sin miedos."
Hola nuevamente, en esta ocasión vengo a traerles para continuar este compilado de escritos una historia Ana x Reinhardt, espero que sea de su agrado y gusto. Cualquier comentario será bienvenido como saben, son libres de hacerlo.
Desde ya pido disculpas si les parece algo tedioso o demasiado largo, trate de que no fuera asi pero esto me pasa siempre al escribir mucho dialogo. En fin ojala disfruten la historia.
Nos vemos
