_ ¡Maldita sea! ¿Quién eres?
Grite a todo pulmón como si unos cuantos gritos pudieran espantar al hombre alto y fornido que se hallaba semidesnudo en mi sala. Corrí, mejor dicho volé a la cocina en busca de algo para defenderme. El sujeto se acercaba a la cocina y tome lo que me quedaba a la mano. Un cuchillo para cortar carne ya algo gastado pero era mejor a estar con las manos desnudas.
_Rin no tienes porque temerme, soy yo
¿Eres tú? Me quede pensativa con esas palabras en mi mente viendo mientras ese sujeto se acercaba lenta y calmadamente a mí. Yo me encontraba paralizada en una esquina con el cuchillo alzado al frente en posición de defensa. Me distraje fijándome en los detalles.
No solo ere alto y fornido sino que tenía facciones finas en su rostro con unas franjas azules en sus mejías y unos ojos dorados como el sol. Portaba un kimono blanco desgarrado que permitía apreciar varias áreas de su cuerpo dejándolo casi desnudo a la vista. Pero lo que más me llamo la atención era su cabellera larga y blanca.
Me distraje y cuando subí la mirada se encontraba enfrente de mí mirándome fijamente. Mi corazón se paralizo y el lentamente se empezó a agachar para quedar a mi altura y empezó a acariciar mi pelo jugando con los mechones que quedaban disparejos.
_¿De verdad no te acuerdas de mí?
Pregunto con una sonrisa burlona pero esa sonrisa se fue por unos ojos tristes y melancólicos cuando noto que seguía callada perdida en mi confusión.
Al principio había considerado una mutación de hombre perro cuando relacione las facciones de ese hombre con las de luna pero era simplemente imposible.
_Ya veo, lo siento Rin
Comento el extraño hombre y se acercó a besar mi frente mientras sentí como el sueño me invadía y cae inconsciente al piso. De repente desperté acostada en mi cama como si nada hubiera pasado
_¿Acaso fue un sueño?
