Aclaración: Todo lo que les parezca conocido (Nombres, lugares...) Pertenece a J.K (a excepción clara de mis dos O/C's Katrinna y Aeryth, además de los nombres de los chicos pertenecientes a la pandilla de Tom) OJO: A partir de este momento habrá un cambio en la narración, la cual pasará a ser en primera persona (Por parte de Tom). Además, las cosas "guarras" comienzan; en serio.. Sensibles abstenerse.
Me encontraba sentado en la orilla del lago con la espalda recostada en la corteza de un árbol en mi mano tenía un libro que realmente no leía, hace rato que había dejado de interesarme. Simplemente estaba allí sentado disfrutando de mi soledad, solo eso. Mi mente estaba despejada y aunque hacía bastante tiempo (Unas 3 semanas más o menos) desde que no torturabamos a nadie, estaba satisfecho. El viento soplaba suavemente y acariciaba mi rostro, podría decirse que el clima me resultaba agradable.
- ¡Eh! Si te la pasas siempre solo tu jueguito se irá al traste. - Dijo Magnam Lestrange tumbándose a mi lado sin que yo me percatara siquiera de que él había llegado. Lo miré con el ceño fruncido y él se crispó por completo, supongo que aún recuerda aquella vez en la que lo torturé con un cruciatus y no quiere repetir la experiencia.- Tranquilo viejo, estoy de tu parte.
- Como tú digas, Lestrange. -Dije cerrando mi libro y apoyando la cabeza en el tronco- Supongo que estás aquí por otra razón.
- Supones bien, Riddle - Contestó él en el mismo tono que yo había utilizado, quizás a forma de burla.- Mulciber se pregunta cuando piensas dejarlo participar; si me lo preguntas yo lo dejaría esperar un poco más, es un marica.
- Pero no te he preguntado, Magnam. -Él rió. Sabía que cuando utilizaba su nombre por muy crueles que fuesen mis palabras, no iba realmente en serio. De hecho, pensaba de la misma forma que él pero tampoco es como que yo fuese a decircelo- Si eso es todo, puedes irte a joder a otro lado.
- Vamos Tom, yo.. Espera, mira hacia allá ¿No es la pequeña rarita de Hufflepuff? Está viendo hacia acá.. -No pude evitar mirar hacia donde Magnam señalaba tan abiertamente. La chica se percató de mi mirada y apartó la vista, apenada y al hacerlo tropezó con quién sabe que cosa y fue a dar de bruces contra el suelo. Todos se rieron, incluso yo aunque nadie lo notase- ¡Pero mira como la traes! -Gritó Magnam mientras se destornillaba de la risa; las personas voltearon todas hacia mí, yo hice ademán de levantarme para ayudarla (No podía dejar que aquellos que mirasen pensaran que yo era un completo cabrón, aunque realmente lo fuese.) pero ella se levantó antes y salió corriendo hacia el castillo.- Oh.. Pobrecita, pobrecita.. -Continuó Magnam, aún riendo. Estaba comenzando a sacarme de quicio aún más cuando comenzó a secarse las lagrimas causadas por la risa mientras se abrazaba el estomago- Deberías hacerle el favor, Tom. Yo se lo haría pero las rubias no me van.
- Pero que mierdas dices.. -Siseé fríamente cortando en seco sus risas. Si lo pensaba detenidamente aunque yo no tuviese preferencia por un tipo de mujer en especifico puesto que para mí todas se limitaban a complacerme en la cama y nada más aquella mocosa estaba muy lejos de lo que me complacía. Su infantilismo e inocencia era algo que me desagradaba, nuevamente el deseo de destruirla cruzaba mi mente pero como siempre yo lo alejaba.
El resto del día transcurrió sin demasiados altercados. Mulciber seguía insistiendo y yo lo ignoraba, Rosier correteaba a las chicas de otros cursos para llevárselas a la cama teniendo éxito al menos con la mitad de ellas, Avery le guiñaba a un chico que se sonrojaba al sentir la mirada del castaño y que al encontrarse con la mía descomponía totalmente el rostro en una expresión de odio puro (Yo no tenía ni la más mínima intención de pensar en ello o en porqué el bastardo recordaba tan detalladamente su fogoso receso en el baño de prefectos y en cómo Avery decía mi nombre entre dientes mientras se lo empujaba. Desagradable.) Hoy, era uno de esos días en los que detestaba no poder controlar el Legeremens a la perfección, Malditos desviados. Por su parte, Dolohov perseguía a la profesora de Aritmancia, todos sabíamos que era una puta y que si insistías lo suficiente te abriría las piernas en cuestión de segundos. Magnam se había ido de "fiesta" con las gemelas de Ravenclaw mientras que yo prefería ocupar mi mente en otra cosa, antes de acabar destrozandole el trasero a Joseph a punta de Avadas.
- Miren lo que confisqué. -Nos dijo Rosier, quien al igual que yo era prefecto, mientras nos mostraba una bolsa llena de hojas, hongos y quién sabe cuantas cosas más.- Son hojas de mandragora, según dicen.. Te ponen a volar ¿Por qué no las probamos esta noche?
- ¿¡Cómo mierdas lo conseguiste!? -Gritó Magnam arrancandole la bolsa y mirandola de cerca.- Hace mucho que quiero probarlo..
- Un mago jamás revela sus trucos. -Dijo con una sonrisa petulante en el rostro.- Ahora damelo, capullo. Antes de que algún profesor la vea y te la quite.
Y así llegamos a nuestra sala común dónde todos, menos yo, parecían excitados ante la idea de tener una pequeña reunión de chicos en nuestra habitación, incluso habían decidido dejar entrar a Mulciber si es que éste podía traer licor de las cocinas y lo hizo pero sería adelantarnos unas cuantas semanas a la historia. El asunto había quedado en "veremos" porque Slurghorn nos había mandado un ensayo muy extenso, todo por culpa de Magnam pero aquello tenía poca importancia.. Al menos para mí. Me dirigí entonces a la biblioteca, para comenzar con los deberes y luego poder concentrarme en otras cosas, descorrí la silla de siempre y me senté, saqué mis cosas; el libro, los pergaminos, la pluma y el tintero. Comencé entonces a redactar, sin mucho esfuerzo, cuando una vocecita demasiado familiar interrumpió el sonido que realizaba mi pluma al rozar con el fino papel sobre el que escribía mis deberes.
- Hola. -Dijo ella y sonrió abiertamente. Yo alcé la vista y la miré aburrido.
- Buenas tardes, señorita. -Contesté yo y volví a fijar los ojos sobre mi ensayo. Ella carraspeó un poco y al notar que yo no le di importancia prefirió no seguir molestandome o eso pensé.
- ¿Cómo ha estado, Riddle? Hace mucho que no hablamos y.. -Ella pareció tomarse una pausa para hablar y yo podía imaginarme claramente que iba a decir "Me extrañaste ¿no? Si es eso lo que vas a decir mejor no digas nada. Estás fastidiandome." Sin embargo la rubia no volvió a abrir la boca.
- He estado bien y por lo que veo tú también. -Contesté yo aún sin mirarla- ¿Y.. Qué ibas a decirme? -Ella rió, lo que acabó por sorprenderme.
- Sí, tienes razón. -Su voz estaba claramente mucho más animada que antes. Sin mirarla supe que se había ruborizado al decir lo siguiente- Y.. Me gusta hablar contigo aunque Marcus dice que eres muy extraño yo no lo creo así. -Yo alcé la vista y me encontré con sus mejillas totalmente sonrojadas. Ella se pasó el rubio y liso cabello por detrás de la oreja mientras rehuía mi mirada. Así que.. Marcus ¿eh? De seguro se trataba de aquel insípido muchacho que iba siempre detrás de ella ¿Cómo era posible que alguien así tuviese algún admirador? Si me fijaba bien, podía verlo a él mirandonos desde una de las mesas contiguas; yo no le agradaba. La idea de jugarle una broma pesada me hizo sonreír.
- A mi también me gusta hablar contigo. -Dije yo y ella alzó la vista rápidamente, enrojeciendo mucho más que antes. Sostuve su mirada unos segundos y ella, al parecer, había perdido el habla cosa que agradecí enormemente.- La gente suele decir ese tipo de cosas acerca de mi, me alegra mucho que tú no pienses así. -Me excedí, eso era claro. Pero poco me importaban el que sus esperanzas se hiciesen añicos con tal de divertirme un rato y el efecto de mis palabras fue inmediato, el muchacho se levantó a todas prisas. - Aeryth, vamos.. Dijiste que me ayudarías con mis deberes de Astronomía. -Me miró de mala gana y se la llevó casi a rastras, ella seguía estupefacta y yo aún saboreaba el dulzor de mi broma.- Nos vemos luego, señorita Lunae. -Dije y ella volvió el rostro para dedicarme una tierna sonrisa. Mi buen animo se esfumó tan pronto como había llegado, como era de esperarse.
Al día siguiente, la amiga de Lunae me interceptó en el pasillo cuando me dirigía a clase de Defensa contra las artes oscuras. Sus mejillas estaban infladas y sus ojos azules me miraban fijamente; parecía enojada lo cual comprobé por el tono de voz con el que me habló.
- Dijiste que no la corresponderías. -Me reprochó ella y yo reprimí las ganas de reírme en su cara.
- Dije, señorita, que no podía pero quizás yo haya cambiado de opinión. -Le espeté y ella enmudeció- Siendo sincero, la señorita Lunae me parece una muchacha de lo más adorable..
- No.. No puedes. -Dijo ella obviamente descolocada, quizás por mis palabras o más bien por las suyas. Miró al suelo, incapaz de mantener mi mirada y yo sonreí. Había muchas cosas que me causaban un placer inimaginable y el provocar reacciones, por muy pequeñas que fuesen, en las personas era una de ellas.
- ¿Por qué no? -Pregunté yo cruzándome de brazos y recargándome en la pared, mirándola divertido. Ella se mordió el labio inferior y me miró a través de sus pestañas.
- Porque.. Hm.. Si de verdad quieres saberlo.. ¡Entonces ven a verme durante el almuerzo, en la torre de Astronomía! -Después de decirlo o más bien, luego de haberlo gritado salió corriendo. ¿Qué será lo que tiene para decirme, señorita? Me pregunté yo a modo de burla. Obviamente sabía lo que quería y también lo que yo tenía que hacer. Ese mismo día, un poco más tarde, escribí una nota anónima para la señorita Lunae.
"Si quieres descubrir quienes son realmente tus amigos ven mañana poco antes de la hora del almuerzo a la torre de Astronomía, no se lo digas a nadie."
Ella era bastante ingenua, seguramente haría todo al pie de la letra y las cosas saldrían nuevamente como yo deseaba. Me dirigí entonces, sin mucha prisa, a la biblioteca para acabar mis deberes y como suponía allí estaba ella sentada en la mesa en la que solía sentarme siempre, junto a la silla que yo utilizaba. Sus facciones estaban marcadas por la preocupación, acababa de leer la nota eso era seguro. Descorrí la silla y me senté a su lado, ella escondió algo en los bolsillos de su túnica al tiempo que me saludaba.
- Buenas, señorita Lunae. -Alcancé a decir mientras colocaba mis materiales sobre la mesa. Ella pareció dudar algo pero al cabo de unos segundos respondió con un "Hola" muy poco entusiasta. Era bastante extraño estar junto a ella sin tener que aguantar su ridícula vocecita, extraño sí, pero bastante relajante.
- Joven Riddle... -Susurró ella, volviendo su cuerpo totalmente hacia mi. Lo sabía, lo bueno no podía durar mucho; no alcé la vista pero paré de escribir para que ella comprendiese que tenía mi atención.- Yo.. -Titubeó un poco, tomó aire y cuando pensé que por fin diría algo me haló por la manga de la túnica obligándome a girarme un poco hacia ella. Plantó sus labios, de forma algo torpe y muy rustica, sobre mi mejilla.- Usted.. Me.. Me gusta. -Dijo al fin, sus manos temblaban y sus ojos me miraban con una intensidad que quemaba. Durante un breve instante no fui capaz de pensar en nada, estaba sorprendido y al parecer había perdido el control de mis facciones porque ella había visto algo en mi rostro, algo que no le gustó. Me soltó y se levantó, se apartó de mi e intentó salir corriendo pero yo sostuve su mano impidiéndole huir. Años más tarde, cuando dejase atrás a Tom Riddle y le diese la bienvenida a Voldemort me preguntaría qué habría pasado si la hubiese dejado marchar en ese momento. ¿Qué por qué lo hice? Mis acciones a partir de ese momento para con ella - A decir verdad, todas y cada una de ellas. Contadas desde que la conocí- tenían solo una justificación; mi deseo por destruir su pureza. Y en ese momento, sonrojada, decidida y atemorizada al mismo tiempo, ella se me antojó tan pura como un ángel y yo no podía permitirlo, tanta belleza me parecía absurda y por ello tenía que ensuciarla, corromperla.. Ese fue el primer día en el que pensé que realmente la odiaba.
Al día siguiente mientras iba de camino, poco después de que la hora del almuerzo comenzara, a la torre de astronomía mi mente recreaba lo que había ocurrido la tarde anterior; en como yo le había pedido a ella que se quedase, en como ella volvía a sentarse a mi lado y me veía a través de su espesa mata de cabello dorado, en como habíamos permanecido en silencio hasta que cada uno volvió a su sala común. Si bien yo no había aceptado sus sentimientos tampoco los había rechazado y ella lo sabía. Pronto llegué al sitio acordado y allí estaba la castaña, con los brazos apoyados en el balcón y los ojos azules fijos en el firmamento; al escucharme llegar volvió la vista hacia mi pero yo estaba concentrado en otra cosa, en una pequeña rubia que nos observaba confundida a través de los agujeros de la escalera inferior, justo bajo nuestros pies.
- Así que decidiste venir. -Dijo ella con una sonrisa triste en los labios.- Incluso luego de lo que ocurrió ayer..
- Tenía curiosidad con respecto a lo que tienes por decirme. -Dije con tono aburrido, con las manos dentro de los bolsillos. Observé una pequeña caja y me senté sobre ella.- ¿Ayer? No sé a lo que te refieres.
- ¿Curiosidad? Está bien -Sus ojos chispearon.- No importa. Solo quiero preguntarte una cosa -Yo alcé la vista y la observé, hice un ademán con la mano indicándole que continuase.- ¿Ella te gusta? No.. ¿Te gusto yo? -Se acercó a mi y puso una de sus pálidas manos en mi rostro, yo no me inmuté en los absoluto; nuestra pequeña espectadora ahogó un grito que la castaña pareció no escuchar- Yo estaría dispuesta a hacer cosas que ella jamás se atrevería siquiera a mencionar. -Dijo ella, sonrojandose un poco-
- ¿Qué cosas? -Pregunté yo sin responder a sus anteriores preguntas. Ella se agachó y se acercó a mi, yo no hice nada.-
- Soy más bonita, todos lo dicen. -Ella no era fea, de hecho era bastante guapa pero para mi Lunae tenía un atractivo que ella jamás llegaría a poseer. La chica posó sus labios sobre los míos y yo pude escuchar un débil gimoteo, la aparté con gentileza.- ¿No te gustó?
- Tu amiga. Sabes lo que ella siente y aún así.. ¿No te importa? -Ella apartó la vista y se mordió el labio inferior, parecía tener un debate interno consigo misma. Al cabo de un instante volvió a verme y sin dejar de morderse el labio negó enérgicamente. Yo me reí- En ese caso.. -Esta vez fui yo quien se acercó a ella y la besó. Atrapé sus labios con los míos obligandola a abrir la boca, con ayuda de mi lengua me abrí paso hasta el interior para así implantar en ella la semilla de la traición; la chica se aferró a mi, no estaba acostumbrada a ese tipo de beso, era bastante obvio pero se adaptó como pudo. Yo volví a reír y ella soltó varios suspiros, pude escuchar unos zapatos alejarse del lugar con rapidez. La castaña se separó bruscamente de mi.
- ¿Qué.. Qué fue eso? -Dijo con la respiración acelerada, yo negué restandole importancia y me levanté.- ¿A.. Adónde vas?
- Es hora de volver. -Mentí, la verdad era que mi cometido estaba cumplido y yo ya no tenía el más mínimo interés en ella o en sus labios.- Dale a la señorita Lunae un saludo de mi parte. -Dicho eso salí del lugar, la escuché llorar de arrepentimiento pero no me volví y seguí mi camino en dirección a mi sala común.-
Una vez en su dormitorio me tumbé en la cama. Los chicos vinieron a molestarme con los adelantos para la reunión antes de la reunión que sería esa misma noche. Ellos querían probar los materiales antes de darse el verdadero festín, sonreí ante la impaciencia de mis compañeros de habitación. Me saqué los zapatos y me di la media vuelta, estaba exhausto y me echaría una pequeña siesta antes de participar en cualquier actividad. Como de costumbre, no tuve sueños de ningún tipo por lo que cuando Magnam comenzó a llamarme a eso de la 1 de la madrugada mi humor era neutro. Me desesperecé y miré a los pies de mi cama, justo en el centro de la habitación dos botellas con una poción espesa y unos 8 cigarrillos de mandragota; dos para cada uno, supuse mientras me reunía con ellos. Me senté apoyado en el borde del lecho mi espalda.
- Bebe ésto, Tom. -Dijo Magnam animado mientras me pasaba algo de aquella solución espesa en un pequeño vaso. Lo tomé sin hacer preguntas, lo observé durante un rato y me lo tragué de golpe. El líquido era amargo y me quemaba la garganta, sentí como un ardor bajaba desde mi lengua - que ahora sentía muy pastosa- hasta mi pecho. Veía borroso y el corazón se me había acelerado. Magnam rió- ¿Qué tal está Tom? Nosotros no lo hemos probado. - Malditos, si no me sintiese tan extraño ya les hubiese dado su escarmiento; mi cabeza comenzó a vibrar y entre trago y trago ninguno sabía que sería de nosotros. Tomé uno de los cigarrillos y lo encendí. Al probarlo, el humo me inundó los pulmones y me nubló del todo la visión.
Garabatos de humo danzaban frente a mí, espectros salidos de terribles pesadillas me reverenciaban ¿Qué eran estas visiones? ¿Mis deseos, el futuro? Miré hacia los lados y mis compañeros de habitación ya no estaban; Ni Magnam, ni Dillon, ni André, ni Joseph, ni Alistair ¿A dónde habían ido? Aún más importante ¿Dónde estaba yo? Las sombras me rodearon y envolvieron con su manto, escuché gritos y aullidos. Figuras encapuchadas moviéndose entre las tinieblas, vi correr sangre de sus rostros y volar huesos astillados y yo no estaba asustado, ni siquiera me importaba. Un fantasma borroso se fue acercando a mi poco a poco y pude distinguir - por su silueta- que se trataba de una mujer esbelta, ella sonrió mostrándome todos sus dientes blancos y hermosos, como perlas. Yo le sonreí de vuelta ¿Era la maldad pura vestida de mujer que venía a seducirme? Ella colocó una mano sobre mi rostro y acarició mi mejilla, al acercarse pude ver que se trataba de ella.. Aeryth Lunae. Ella rió por lo bajo, deleitándome con su risa cantarina y dulce quise preguntarle qué hacía allí pero ella relamió sus labios y se acercó aún más; enredando su brazo en mi cuello y sonriendo lascivamente me invitó a besarla pero al ver que yo dudaba acabó haciéndolo ella. Sus labios no eran para nada como yo me los había imaginado, eran más rústicos, menos dulces y para nada torpes. Su lengua buscó la mía y en cuanto la encontró un extraño juego que incitaba a mi lado lujurioso comenzó, mi deseo de acabar con ella había pasado a segundo plano y uno mucho más peligroso hizo acto de presencia; quería hacerla mía. Pasada la sorpresa por su inesperada aparición continué el juego que ella había iniciado, colocando ahora mis propias reglas.. Ahora, era yo quién llevaba el control; ella comenzó a revolverse y suspirar, yo aún sentía la lengua pastosa pero ese problema ahora me importaba muy poco. Allí estábamos los dos, ella y yo, sumidos en aquel acto mientras mi respiración se agitaba y mi corazón latía desbocado pude notar que ella estaba peor que yo, cosa que agradecí.
La chica intentó separarse de mi para respirar pero se lo impedí, ella se quejó y yo me reí mordiendo su labio inferior, ella comenzó a desabotonar mi camisa mientras yo exploraba la piel de su cuello con mis labios; de pronto al escuchar un gemido suyo me percaté de algo tenía una voz demasiado grave para tratarse de una mujer. Me detuve y acabé riéndome a carcajadas, él también se detuvo - ¿Q.. Qué? - Me preguntó con la voz ronca debido a la excitación. Yo lo callé con un beso mucho más fogoso y obsceno que el anterior, ya era demasiado tarde para detenerme y era obvio que él tampoco se detendría; ambos estábamos a media erección. Yo seguía con la espalda apoyada en la madera de mi cama, él se sentó en mis piernas, con las suyas extendidas a cada lado de mi cuerpo.- Relájate, Tom. -Me susurró, como si yo fuese una jodida primeriza, antes de volver a besarme y yo me reí. Estaba muy equivocado si pensaba que yo dejaría que él me la metiese. Desabrochó mi bragueta y metió la mano para sacar mi miembro.- Vaya.. -Dijo él mientras comenzaba a masturbarme. Yo apreté los dientes y dejé escapar un suspiro mientras lo tomaba de los brazos, apoyé mi frente de su hombro. El bastardo lo hacía endemoniadamente bien.
- ¿Q.. Qué? - Le pregunté yo mientras me dejaba llevar por lo que él hacía con sus manos.
- No es como me esperaba que fuese así. -Yo reí y él bajó su tono de voz- En mis fantasías.. Era distinto.. Pequeño.
- Eres un maldito desviado, Avery. -Dije alzando la cara y volviendo a besarlo, él mordió mis labios y rió. Toqué sus tetillas por encima de la ropa, luego las pellizqué y él gimió, yo volví a reírme. en venganza él apuró la velocidad de sus manos, yo solté una maldición y fue él esta vez quien rió. Él no podría conmigo, yo lo haría enloquecer y con tocarlo por encima de la ropa me bastaría. Lo acerqué más a mi y mordí con fuerza el lugar que había tocado antes; el lanzó un chillido de placer que acabó excitandome más..- Un bastardo aprovechado.. -Él gimió un poco más debido a que yo ahora había comenzado a rozar su miembro, él movió las caderas y se mordió el labio inferior mientras soltaba varios suspiros- Tan pervertido.. -Me burlé yo
- Basta.. -Dijo él deteniéndose y volviendo a besarme, yo correspondí de manera lujuriosa y él suspiró ruidosamente entre mis labios.- Tom.. -Me llamó una y otra vez, como si me pidiese algo- Déjame h.. -Le cerré la boca besándolo otra vez sin dejar de toquetearlo por encima de la ropa. Y eso hice cada vez que él intentaba hablar, en ese momento pocas ganas tenía de hablar y admito que estuve tentado a bajarle los pantalones para cumplir -De alguna u otra forma- con sus demandas pero no lo hice. Acabamos ambos, él primero y rato después yo, bastante agotados con la respiración agitada y las frentes sudadas.
- Manchaste tus pantalones, Joseph. -Él me miró de mala gana y enredó sus brazos en mi cuello, besó insistentemente la comisura de mis labios y yo rodé los ojos.
- Me pregunto de quién será la culpa.. -Dijo y mordió mi labio, yo sonreí y lo aparté.
- No tengo ni la menor idea. -Dije y él frunció el ceño. Se levantó y se encerró en al baño, a limpiarse me imagino. Yo me quedé mirando al rededor, había un desorden terrible. Magnam estaba en su cama, hablando con su almohada de quién sabe que pendejadas; Rosier se había quedado dormido, Dolohov miraba al techo y susurraba un par de chorradas, Nott.. ¿Dónde mierda estaba Alistair? Levanté la vista y observé sus zapatos debajo de la cama de Magnam, me reí.. Nadie se había percatado del pequeño festejo que habíamos tenido Avery y yo. Quizás a ambos - A Joseph y a mi- se nos había pasado el efecto más rápido debido a nuestra excitación o porque ya habíamos eyaculado gran parte de la carga, sea cual fuere el motivo mi mente estaba mucho más despejada pero había algo que me tenía intranquilo.. ¿Por qué razón la había visto justamente a ella?
Cuando Avery salió del baño no habló en absoluto de lo que había ocurrido lo cuál agradecí, no tenía intenciones de dar explicaciones, disculparme o prometer cosas. Y él, al parecer, estaba ahora avergonzado de lo que había dicho y hecho conmigo lo cuál me parecía absurdo porque todos sabíamos que clase de aficiones tenía él. De cualquier modo todo aquello muy poco me importaba. Yo también estaba pegostoso y sudado, así que entré al baño para ducharme una vez estuvo desocupado; después de salir me tumbé en la cama y me quedé completamente dormido.
El día comenzó algo tarde para nosotros, por suerte, era fin de semana. La cabeza me dolía un poco y a juzgar por los gruñidos de los demás a ellos les pasaba exactamente lo mismo, me senté entonces para luego desesperanzarme.
- Argh, menuda jodienda.. -Gruñó Dillon con voz pegostosa.
- ¿Bajamos a desayunar? Tengo hambre. -Apostilló Magnam mientras se sobaba las cienes. Yo miré el pequeño reloj de la cómoda que nos decía "Hora del almuerzo"
- Querrás decir, almorzar..
Salimos de nuestra sala común y caminamos sin prisas por los pasillos en dirección al Gran comedor. El bullicio del exterior solo acrecentaba mi jaqueca y mi mal humor, seguramente esta noche buscaría alguna excusa para torturar a cualquier imbécil que se atravesase en mi camino quizás así mi estado de animo mejorase un poco y con aquella idea creciendo en mi mente entré al Gran salón. El olor a comida inundaba la estancia, mi estomago gruñó en protesta así que me apresuré a sentarme para acallarlo. Los chicos me imitaron y así comenzamos a almorzar en completo silencio. Avery se había sentado a mi lado, demasiado cerca, lo cual me resultaba extraño. Lo miré de reojo y él me ignoró.
- Joder ¿Es idea mía o este jugo de calabaza sabe a gloria? -Comentó Magnam mientras apuraba el líquido en su garganta. Todos estábamos famélicos y él no lo ocultaba. Cuando me burlaba de Lestrange, noté como la mano de Avery se posaba en muslo; volteé a verlo pero él parecía ajeno a toda situación, aunque, pude vislumbrar una sonrisa burlona en su rostro. Yo sabía que tramaba, intentaba averiguar si yo actuaría de la misma forma que anoche esta vez estando totalmente en mis cabales.
- No es idea tuya, ésto está realmente bueno. -Dije yo mientras me llevaba un pedazo de tarta a la boca. Mi otra mano imitó a la de Avery, él se sonrió o al menos eso me pareció puesto que solo lo vi de reojo; comencé a subir y toqué su entrepierna, él se puso algo nervioso y al cabo de unos cuantos toqueteos su miembro comenzó a reaccionar. Joseph soltó un suspiro, que a mi se me pareció bastante a un gemido, largo y agudo mientras su cuerpo se estremecía bajo mi mano. Fue Rosier quien alzó la vista y lo miró.
- Eh.. No te pases, pervertido. -Dijo mientras le lanzaba una hogaza de pan; supongo que ellos habían atribuido aquel sonido a la comida. Resultaba mucho más convincente pensar eso a que yo.. De cualquier modo, ya le había dejado bastante claro que no me arrepentía. Terminé de comer y me levanté de la mesa sin siquiera dirigirle una mirada y nadie hizo ademán de detenerme o decir algo. Iba en dirección a la sala común, simplemente quería alejarme del bullicio del gran comedor y fue entonces cuando mis ojos se encontraron con los de ella; sus ojos verdes estaban llorosos e hinchados ¿Había estado llorando? Ella apartó la mirada y siguió de largo pero yo la seguí; tenía que saborear su dolor, por supuesto, de lo contrario todo mi esfuerzo no tendría valor alguno.
- Es de mala educación pasar de largo y no saludad, señorita Lunae. -Le dije recostandome de la pared, justo detrás de ella. La rubia se detuvo pero no se volvió.
- Sé lo que pasó ayer en la torre de Astronomía. -Dijo ella con pesar y tristeza, parecía como si estuviese a punto de echarse a llorar pero no lo hizo.
- Lo sé. -Respondí yo sin inmutarme.
- ¿Realmente la besaste tú? -Preguntó ella, como si esperase a que yo lo negara.
- Sí, lo hice. -Dije yo y ella agachó la cabeza.
- ¿Te.. Te gusta? -La voz se le partió al preguntar aquello.
- No. -Respondí en tono seco. Ni siquiera yo sabía el porqué estaba siendo tan sincero con ella cuando mentirle quizás le causaría más daño; sea cual fuere la razón ya no importaba porque ella se había vuelto hacia mí. Con los ojos llorosos y la expresión totalmente confundida clavó su mirada en mis ojos.
- En.. Entonces.. ¿Por.. Por qué? -Las lagrimas habían comenzado a brotar de sus ojos y su voz era apenas un murmullo.
- No hay razón simplemente lo hice. -Ella me miró a través de las enormes gotas que resbalaban sin cesar por su rostro-
- Ella es mi amiga.. No fue su culpa. Autum no es así.. Ella -Parecía estar tratando de convencerse a sí misma, su labio inferior temblaba y su mirada rehuía la mía. Yo saboreaba cada pequeño gesto, cada palabra.- ¿Por qué juegas así? Yo.. No te entiendo. -Yo reí por lo bajo ¿Realmente era tan tonta como para excusar a su amiga aunque ella hubiese estado allí y visto todo? Sorprendente. - ¿Qué es tan gracioso? ¡Mírame! - Y la miré sin expresión alguna, para ella bien podría parecer aburrido.- Sé que es estúpido preguntarte ésto ahora pero.. ¿A caso yo.. Te gusto aunque sea un poco?
- No - Respondí y no se trataba de una mentira. Había cosa de ella que me atraían, otras que incluso me parecían bonitas pero eso no quería decir que me gustase o algo parecido, ella me desagradaba. Su pureza, su cara, su personalidad.. Ella para mi, era como un ángel de enormes alas blancas y yo era, por supuesto, un ente superior que jugaba con su destino. Quería retorcer su cuello, arrancarle las alas e impedirle volar y estuve a punto de conseguirlo porque al escuchar mi respuesta pude ver como sus lagrimas se detenían solo para salir más escandalosamente, su cuerpo parecía haber perdido toda la vitalidad que tenía, en su rostro había muchas dudas ¿Por qué había sido yo tan amable con ella? ¿Por qué no la rechacé? Se dio la vuelta e hizo ademán de echar a correr pero yo la detuve tomándola del brazo y sonreí ante la ironía de que aquello estuviese pasando nuevamente; por segunda vez en menos de una semana. Ella intentó zafarse pero yo la tomé de los hombros y la volteé hacia mí, aproveché que el corredor estuviese vacío y aprisioné su barbilla con mis dedos- No me gustas.. -Dije y ella apartó la mirada, su labio inferior temblaba; yo le dediqué una sonrisa de medio lado- Pero te quiero para mí. -Ella parpadeó unas cuantas veces, no entendía nada.- Tú solo espera, serás mía. -Mis palabras habían sido demasiado intensas para ella, comenzó a darme empujones y la solté. Ya libre de mis garras comenzó a correr tan rápido como sus piernas le permitían, su capa ondeaba en el viento como si fuesen un par de alas. - Vuela mientras puedas, preciosa. -Susurré mientras volvía a apoyarme de la pared.- Pero ya es demasiado tarde.
Y bueno, eso ha sido todo ¿Qué les ha parecido? Quiero agradecer a Kenny-haku y a JessyRiddle por sus Reviews; espero que éste capítulo sea de su completo agrado. Aunque siendo completamente sincera me parece que nuevamente he apresurado las cosas.. Prometo tomarmelo con calma en el próximo capítulo.
- See ya! ~~
