BEWARE THE FROZEN HEART

CAPITULO 3

Bastian llegó a Arendelle y se dirigió inmediatamente al castillo. Sonrió ante los recuerdos del tiempo que pasó en él con Regina. Cruzó la plaza frente al castillo y llegó a las puertas del mismo, donde un par de soldados lo recibieron amablemente y lo condujeron a la sala del trono.

Al llegar ahí volvió a ver a la reina de las nieves en su trono, tan impresionantemente hermosa como la recordaba. Bastian sonrió al ver a su lado a Hans, príncipe de las Islas del Sur. Regina le había contado lo que sabía: como Elsa siguió sus sentimientos, como él le había dicho, y salvó a Hans de morir o de permanecer encarcelado para toda la vida. En la corte, a su alrededor, podía ver que también estaban los emperadores de Alemania, la princesa Anna y su novio Kristoff.

-Bienvenido a Arendelle, Bastian- dijo Elsa con una amplia sonrisa- Regina me avisó que vendrías-

-Muchas gracias, su majestad- dijo Bastian, inclinándose- es un honor volverla a ver. Su majestad, la reina Regina de Dinamarca, me ha ordenado venir a traer este tratado de comercio para que lo analice y decida si desea aliarse con nuestro país…- añadió mostrándole el pergamino que traía.

-Por supuesto, Bastian- dijo Elsa- pasemos a la biblioteca, y ahí lo revisaremos y firmaremos-

Bastian asintió y se acercó a la reina. Puso una rodilla en el suelo, tomó la mano derecha de Elsa con la suya, y la besó, como era su costumbre. Los dos sonrieron, pero ninguno notó un tenue brillo pasar de la palma de la mano de Bastian a la de la reina.

-Me da gusto que hayas seguido mi consejo, Elsa- sonrió Bastian, mirando de reojo a Hans antes de ponerse de pie. Elsa se ruborizó un poco, pero asintió.

-Gracias, Bastian- dijo Elsa.

Tras ese breve intercambio, Hans escuchó todo, y rápidamente se volvió para mirar de reojo a Anna, que parecía que sonreía triunfal ante aquella conversación entre Bastian y Elsa. Hans no sabía de que estaban hablando, pero no pudo evitar sentir una punzada de celos hacia el encantador comandante.

Kai los condujo a la biblioteca, y Hans los siguió, mirándolos con curiosidad. Anna pudo leer bastante bien el cambio de expresión en el rostro del príncipe de las Islas del Sur, y sonrió satisfecha. Su plan estaba funcionando.

x-x-x

La luz de una antorcha iluminó la oscuridad de aquel calabozo alemán. El sonido tintineante de las llaves de los carceleros parecían dar un poco de esperanza a algunos de los prisioneros.

-¿Por qué crimen estás aquí?- esa era la pregunta que los prisioneros se hacían entre sí.

-Por secuestro y asesinato- dijo uno de los hombres- 11 crímenes perfectos, hasta que me atraparon. ¿Y tú?-

-Traicioné a la reina de Arendelle- dijo uno de los hombres que estaban ahí presos- para ayudar a Mormoth a convertirse en rey de Dinamarca-

-¿Khellberg te llamas?- dijo el que había preguntado, y el otro asintió- ¿y que fue de Mormoth una vez que perdió la batalla?-

-El emperador Philipp decidió su destino- dijo Khellberg- lo encerró en lo más profundo de este calabozo, y…-

Pero se interrumpió al escuchar la llave en la puerta. Ambos prisioneros se levantaron. La puerta se abrió, y se sorprendieron de ver a una figura encapuchada, que traía en su mano una antorcha, o eso parecía.

-Buenas tardes, señores- dijo la figura, con una marcada voz femenina- estoy buscando al príncipe Mormoth-

Los prisioneros la miraron, sorprendidos.

-A Mormoth se le quitó su título de príncipe, después de su traición contra el rey Enok y contra la ahora reina Regina- dijo Khellberg- está en la última celda de este corredor, por órdenes del emperador-

La figura se dio la vuelta y siguió recorriendo el pasillo, dejando abierta la puerta de la celda. Khellberg y el otro prisionero se dirigieron a la puerta y vieron a la figura abrir la última celda.

-Ya era hora, Mahaut- escucharon la voz de Mormoth al fondo- ¿porqué tardaste tanto?-

-No puedo creer que ese mosquito te quitara el trono, Mormoth- dijo la mujer- estaba segura que había escuchado mal…-

-Hubo una pequeña dificultad- dijo Mormoth amargamente- la reina de las nieves-

-Eso fue tu culpa, Mormoth- dijo la mujer- debiste haberme esperado… sabes muy bien que conmigo de tu lado hubieras ganado… sabes muy bien lo que el fuego hace con el hielo…-

Mormoth sonrió, y se levantó para seguir a la mujer. Cruzaron el pasillo, y miraron la celda abierta, con Khellberg y el otro hombre dentro de ella. La mujer se detuvo.

-Llevémoslos con nosotros- dijo la mujer- no quiero testigos, y nos podrán ayudar para el plan que tengo preparado-

-De acuerdo, Mahaut- dijo Mormoth.

Khellberg y el asesino salieron de su celda, siguiendo a Mormoth y a Mahaut, agradecidos por haberlos liberado. En el camino hacia afuera de la prisión notaron varios cuerpos calcinados de los guardias. Khellberg miró a Mahaut. ¿Qué había hecho esa mujer?

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Elsa leyó con toda atención el tratado, y se volvió a sir Tresh, su consejero. Sabía que Regina no haría nada en contra de ella, sobre todo después de la aventura que tuvieron, pero quería que su consejero estuviera al tanto del tratado.

-Está perfecto, su majestad- dijo sir Tresh- este tratado va a beneficiar a ambos países-

-Entonces lo firmaré de buena gana- dijo Elsa, tomando una pluma y firmando el documento. Se lo pasó a Bastian, quien lo enrolló nuevamente y sonrió.

-Muchas gracias, Elsa- dijo Bastian más informalmente, ya que no estaba ante toda la corte- estoy seguro que Regina estará feliz-

-No piensas irte tan pronto, ¿o si?- preguntó Anna de pronto, metiéndose en la conversación.

-Yo esperaba volver a Copenhague mañana a primera hora, Anna- dijo Bastian con una sonrisa tranquila. Kristoff miró sospechosamente a la princesa de Arendelle,

-Pero debes estar agotado por el viaje- dijo Anna, ignorando la mirada de Kristoff- ¿porque no te quedas un día más? Así podrás asistir al baile del solsticio que organizamos para los emperadores-

Bastian se esforzó por mantener su sonrisa.

-No estoy muy seguro, Anna, Regina me espera pronto de regreso- además, no quisiera seguir abusando de su hospitalidad… ya lo hice ampliamente la última vez que vine-

-Para nada- le dijo Elsa. A ella realmente le daba igual si se quedaba o no. Sabía que Bastian podría pasar el tiempo charlando con Kristoff o con Hans, de quienes se había hecho amigo después de la batalla en Copenhague.

-Recuerda que nos divertimos mucho el último baile- dijo Anna.

Ante aquella presión de Anna, Bastian asintió.

-Está bien, Anna- sonrió Bastian- me quedaré solo un día más. Supongo que podré conseguir chocolates para llevarle a Regina. Adora los chocolates de Arendelle-

Anna sonrió, las cosas iban cada vez mejor. Hans, por su parte, no sabía que pensar. Elsa sí era un poco amistosa con Bastian, pero sabía las circunstancias previas entre ellos dos. Y aunque lo negara, sabía que Bastian estaba muy enamorado de Regina. El problema es que Hans también sabía que hubo un momento en el que Elsa creía estar enamorada de Bastian.

Eso era lo que estaba dando vuelta en su cabeza.

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Regina fue a buscar a sus consejeros, acompañaba de Bernard. Al parecer, los príncipes de otros reinos y principados iban a empezar a aparecer en su corte, para pedir su mano en matrimonio. La sola idea le producía escalofríos. Llevaba unos escasos meses de ser reina, y no estaba lista para casarse. ¡Si apenas se estaba acostumbrando a todos sus deberes!

Regina suspiró.

-Ojalá que Bastian estuviera aquí- dijo Regina, derrotada, a Bernard, quien rió discretamente- no debí enviarlo a él…-

-Su majestad está muy encariñada con Bastian- dijo Bernard, y Regina asintió.

-Bastian fue mi mejor amigo desde que éramos niños- dijo Regina- ahora recuerdo como lo extrañaba cuando se fue al ejército, y el gusto que me dio cuando volvió convertido en un héroe a volver a servir a mi padre-

-¿Su mejor amigo, su majestad?- dijo Bernard.

-Sí, por supuesto- sonrió ella- él siempre me ha protegido, me hace reír, y me siento feliz cuando estoy con él, y…- de pronto, comprendió algo. No era solo su mejor amigo. Había ahí otro sentimiento hacia él- oh…- solo atinó a decir.

Bernard sonrió.

-Si me permite, su majestad- dijo Bernard- todos los sirvientes del palacio sabemos como usted y el comandante Müller son el uno para el otro. Por eso Mormoth había decidido usarlo para llegar a su persona: sabía lo importante que Bastian es para usted. Yo mismo lo escuché decirlo-

-Tienes razón, Bernard- sonrió Regina, y suspiró- creo que tengo que deshacerme del pretendiente… con el mayor tacto posible, no quiero causar un conflicto con Baviera-

Bernard asintió, y recogió la taza de té que la reina había usado. Una vez que la reina se quedó sola, miró por la ventana algo pensativa. Menos mal que faltaba poco para que Bastian regresara de Arendelle. Cuando lo hiciera, tendría que hablar con él.

Una de sus damas interrumpió sus pensamientos.

-Su majestad- dijo la chica- lamento interrumpirla. El príncipe Michael desea una audiencia con su majestad…-

-Muy bien- dijo ella, levantándose de su asiento.

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Elsa se fue a dormir esa noche, satisfecha del tratado que había traído Bastian de Dinamarca. No había ningún problema en él, y sir Tresh había mencionado que eran buenos para su reino. Había pasado la tarde con Hans, hablando de muchas cosas, aunque ahora lo notó un poco más distraído de lo usual.

Una vez que Elsa se quedó dormida, soñó que estaba en una montaña, sola en la noche. No sola, alguien estaba con ella. Una vocecita se escuchaba detrás de ella.

-Elsa, ¿a dónde vamos?- decía la voz masculina. Elsa se volvió hacia él con tristeza.

-Tienes que irte, Olaf- dijo Elsa- sube más en la montaña. Corre…-

Una voz, una risa malvada la venía siguiendo, y le parecía que Olaf no corría con suficiente rapidez.

-No, Elsa…- dijo Olaf- no te voy a dejar sola. Tú me creaste. Pase lo que pase, tú eres la que tiene que escapar. Yo ya estoy perdido…-

Apenas hubo dicho eso, un círculo de fuego y hielo los rodeó. Elsa intentó apagar el fuego con sus poderes, pero estos no le respondían. Se sentía muy débil. Y la reina de las nieves vio como el pequeño muñeco de nieve comenzó a derretirse.

-¡Olaf!- dijo Elsa- te estás derritiendo-

-Hay personas por las que vale la pena derretirse- dijo Olaf, mientras la zanahoria quet tenía por nariz caía al suelo.

-¡Olaf!- gritó Elsa.

-¡Olaf!- se levantó Elsa gritando, respirando agitadamente y con sudor frío. Miró a su alrededor. Estaba en su habitación, y no había pasado nada malo. Elsa revisó sus poderes. Aún funcionaban bien. Suspiró y se volvió a dormir.

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Los preparativos para el baile tuvieron suficiente tiempo. Elsa no estaba muy segura del mismo pero, nuevamente, era una ofrenda de paz entre ella y Anna, así que no tenía más opción que continuar con el mismo.

Hans había estado un poco callado durante la cena el día anterior, y esperaba que ese día estuviera un poco más animado. Durante el desayuno hubo una conversación tranquila. Georgiana demostró ser casi tan alegre como Anna, mientras contaba como eran las cosas en Alemania. Philipp conversaba con Bastian.

-Es una lástima que usted nunca vaya a dejar a Regina, comandante Müller- dijo el emperador- podría utilizar un hombre fuerte y valiente como usted para las tropas imperiales-

Bastian sonrió.

-Lo siento, su majestad- dijo Bastian- mi corazón y mi lealtad están en Dianamarca-

-Eso lo sé- dijo el emperador Philipp con una sonrisa- así como las de mi cuñado Hans están ahora en Arendelle- añadió señalando a Hans, que charlaba con Elsa.

Bastian se echó a reír.

-Es muy diferente, su majestad- dijo Bastian con algo de amargura en su voz- Hans es un príncipe, casi en igualdad de circunstancias con Elsa, porque es hijo de un rey. En cambio… yo soy solo el hijo de un sirviente. Yo sé bien mi lugar-

Philipp lo miró. Él recordaba haber conocido a Bastian cuando eran niños, en esa reunión de los reyes de Europa, en la que los otros príncipes se habían burlado de él por no ser un príncipe, y que Bastian soportó las burlas sin decir nada. Sabía que eso le molestaba: que no se creía merecedor de alguien como Regina.

-Si piensas así, la vas a perder- dijo Philipp- mira a Anna con Kristoff. El joven no es ningún príncipe, y aún así es un buen hombre para ella. La reina de Arendelle ya lo aceptó…- y se volvió a mirar a Elsa y a Hans. Bastian hizo lo mismo, suspirando. Deseaba que lo que decía el emperador fuera cierto, y no importara si él era el hijo de un sirviente.

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Esa noche, antes del baile, Kristoff bajó a los establos, como de costumbre, a darle su cena a Sven. El reno dejó escapar un gruñido, al ver al rubio tan arreglado.

-Lo sé, Sven, lo sé- dijo Kristoff, mirándose el traje- Anna está empeñada en que parezca un príncipe. Y lo hago por ella…- se quedó pensativo- ahora que lo pienso, Elsa me aceptó sin ningún problema. No me explico porqué Anna no quiere aceptar a Hans-

Sven dejó escapar un gruñido nuevamente.

-Sí, el hecho de que Hans la engañara y después intentara acabar con Elsa pudo haber influido- dijo Krisoff, pensativo- pero debiste verlo en Copenhague. Hans está loco por Elsa, y yo estoy seguro de que jamás la lastimaría nuevamente…-

Sven gruñó una tercera vez, y antes de que Kristoff dijera algo, una voz lo interrumpió. El rubio se volvió, y vio que se trataba de Bastian.

-Veo que te gusta charlar con los animales- dijo Bastian, acercándose a acariciar a Sven, quien hizo un sonido contento.

-Algo, sobre todo cuando no logro encontrar la respuesta a algunos dilemas- dijo Kristoff.

-Bueno, espero que Sven ayude- dijo Bastian- Kristoff, no tuve oportunidad de agradecerles. A ti y a Sven, de haber protegido a Regina cuando atacaron este palacio-

Kristoff se encogió de hombros.

-No lo hubiéramos podido hacer sin ti- dijo Kristoff- tú distrajiste a los enemigos-

Bastian sonrió y asintió.

-Bueno, debemos irnos o llegaremos tarde al baile- dijo el comandante danés, más con resignación que con ánimo- no debemos hacer esperar a las damas-

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Regina recibió al príncipe Michael sin muchos ánimos. Según lo que sus consejeros le habían dicho, la nueva reina tenía que permitir que los príncipes extranjeros intenten cortejarla, aunque al final ella decida no casarse con ninguno de ellos. A la reina no le gustaba la idea, pero tenía que seguir con ello.

El príncipe entró y se inclinó. No era para nada odioso, al contrario, tenía una grata sonrisa. Lo que le molestaba a Regina era el hecho de que iba a rechazarlo, y no quería causarle dolor a nadie.

Bernard llevó té para ambos, y se quedó de pie detrás de la reina, mientras conversaban. Realmente el príncipe era quien llevaba toda la conversación, hablando de lo hermosa que era Baviera.

-Debe extrañar mucho su país, su alteza- dijo Regina, esforzándose por parecer interesada en la conversación.

-Oh, un poco nada más, su majestad- dijo Michael- lo que realmente extraño es un buen paseo a caballo. Lo que me recuerda- añadió el príncipe, acercándose un poco y tomando las manos de Regina entre las suyas, para alarma de la joven- por favor, su majestad, le suplico que me haga el honor de acompañarme el día de mañana a cabalgar-

Regina retiró sus manos de las de Michael, sonrojándose. Pudo sentir que Bernard, detrás de ella, hizo un gesto para moverse de su sitio, pero desistió.

-Lo… lo lamento, su alteza- dijo Regina- no… no podría ir, tengo varios pendientes que hacer aquí…-

Michael parecía muy decepcionado, y a Regina le dio un poco de lástima.

-Tiene que comprender, alteza- continuó Regina- además, mi comandante no está aquí, y le prometí que no saldría del castillo hasta que él volviera, pues se fue muy preocupado por mi seguridad-

-Lo entiendo- dijo Michael- ¿quizá aceptaría un pequeño paseo, solo en los patios de su castillo?-

Regina se mordió el labio. No veía como podía negarse.

-Está bien- dijo Regina- solo un pequeño paseo dentro del castillo, para que yo pueda volver a mis actividades-

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El baile inició temprano esa noche. Hans había estado ansioso por bailar con Elsa, esta vez como debía ser. Sonrió al imaginarse su sonrisa mientras volvía a entrelazar sus dedos con los de ella.

-¡Hans!- dijo Georgiana por tercera vez.

-Emm… ¿me hablabas?- dijo el príncipe.

Georgiana y su esposo se echaron a reír. Les causaba gracia ver a Hans tan enamorado. Georgiana secretamente agradecía que Hans se hubiera enamorado de Elsa, y el buen corazón de la reina de las nieves para perdonarlo después de todo lo que había hecho el príncipe.

-Perdona, Georgiana- dijo Hans- estoy nervioso, solo espero que todo salga bien hoy-

-Todo saldrá bien, Hans- dijo su hermana.

-Con Elsa, quiero decir- dijo Hans- no me siento orgulloso de… lo que le hice-

-Elsa ya ha perdonado todo, Hans- dijo Georgiana- y no creo que siquiera piense en lo que pasó. Tu tampoco deberías preocuparte tanto por ello…-

Hans miró el suelo unos momentos.

-Georgiana, ¿tú no crees que Bastian…?- comenzó a preguntar Hans- quiero decir, antes a Elsa le gustaba, y…-

Tanto Georgiana como Philipp se echaron a reír. No podían creer que Hans aún estuviera celoso de Bastian.

-Hans, ¿estás seguro de lo que dices?- dijo Philipp- Bastian jamás podría fijarse en otra chica por más bella que sea, ama a Regina y está ansioso por volver. Y Elsa te ama. Se arriesgó a que su país se revelara en su contra con tal de salvar tu vida. ¿No lo recuerdas? Incluso su hermana menor esta enfadada con ella por haberte escogido…-

Hans bajó la cabeza. No le gustaba recordar lo que Elsa había pasado por culpa de sus errores, y que estuviera enfrentada a su hermana por él.

-Ella te ama y piensa que vales la pena- dijo Philipp.

-Ahora vamos- dijo Georgiana, tomando la mano del emperador- no es de buena educación dejarla esperando…-

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Apenas Hans hubo atravesado la puerta hacia la sala de baile, cuando vio que Elsa estaba ahí esperándolo, acompañada de Kristoff. No sabia donde estaba Anna, pero no le importaba. La reina de las nieves traía puesto un vestido de distintas tonalidades de azul, que resaltaban el color de sus ojos, así como una tiara de cristal en sus cabellos. Hans se inclinó y le ofreció el brazo a Elsa, quien lo tomó sin dudar. Elsa hizo una seña a Kai

-El emperador Philipp y la emperatriz Georgiana de Alemania- dijo Kai- sir Kristoff Bjorgman. La reina Elsa de Arendelle y el príncipe Hans de las Islas del Sur…-

Todos los presentes se volvieron con curiosidad al escuchar el nombre de Hans. Muchos de los invitados eran ministros que habían participado en el juicio contra el príncipe, y algunos aún no entendían esa atracción que su reina sentía por su casi-asesino. Otros, como sir Tresh, estaban convencidos de la inocencia de Hans, y sonreían al ver a su reina tan feliz del brazo del príncipe.

Pronto los alcanzó Anna, que venía acompañada de Bastian. El joven comandante tenía una sonrisa amable, aunque estaba preocupado por volver a casa, y era muy notable. Elsa le sonrió simpatéticamente. Si fuera por ella, ya lo habría enviado de regreso. Quien sabe que le había picado a Anna para insistir en que se quedara también.

-La princesa Anna de Arendelle, y el comandante Bastian Müller de Dinamarca- los presentó Kai.

Anna tomó el brazo de Kristoff casi inmediatamente. Georgiana sonrió a Anna y le ofreció una pieza de chocolate que había conseguido, la cual aceptó.

Una vez que empezó la música, Elsa pasó a sentarse en el trono, y Hans la acompañó, sentándose junto a ella. A Anna no le gustaba aquello. Buscó a Bastian con la mirada, pero el joven estaba conversando con el emperador. Vaya, tantos planes para nada.

Unos minutos después, Elsa y Hans se pusieron de pie y se dispusieron a bailar. Anna casi sintió náuseas por ver a su ex-prometido con su hermana mayor. ¿Cómo era posible que Elsa no viera que Hans solo la quería por conveniencia? ¿Cómo no podía notar que Hans no le convenía? Bufó. Miró nuevamente a Bastian, e ideó un plan rápidamente.

Elsa, por su parte, ignorando las intenciones de su hermana, había caminado junto a Hans a la mitad de la sala. El príncipe sonrió un poco tontamente al mirarla, y ella le sonrió. Hans tomó la mano izquierda de Elsa y se la puso sobre su propio hombro, mientras entrelazaba sus dedos con los de Elsa en la otra mano. Tomó la cintura de la reina y la acercó un poco a sí mismo. Los dos se miraron un momento sin decir nada.

-Hola- dijo Hans, sonriendo y hablando por fin.

-Hola- dijo Elsa a su vez, sonriendo ligeramente sonrojada.

-Otra vez estamos aquí- dijo Hans- espero que esta vez sea de tu agrado…-

Elsa sonrió, y los dos se pusieron a bailar, y notaron esa conexión entre los dos. Era algo impresionante y extraordinario. Ambos se sentían solos en la sala, bailando al ritmo de la música. Hans no podía creer estar ahí junto con Elsa, después de todo lo que ambos habían pasado.

Anna había caminado junto con Kristoff hacia donde estaban los emperadores y Bastian. Había pasado un rato hablando con ellos de tonterías como el sabor del chocolate y esas cosas. Cuando Anna vio que Kristoff estaba mas o menos distraído, charlando con el emperador Philipp, Anna decidió pedirle a Bastian que bailara con ella.

-Como desee, su alteza- dijo Bastian, relajando un poco su mirada y sonriendo- mientras que a Kristoff no le incomode-

-Oh, por supuesto que no le incomodará- dijo Anna- vamos-

El chico, sin sospechar nada por el momento, accedió a lo que Anna le había pedido. Mientras bailaban, Anna no sabía si la siguiente parte de su plan funcionaría, ya que Bastian parecía distraído. Él, por su parte, se preguntaba que estaría haciendo Regina en ese momento, y lo mucho que hubiera disfrutado el baile.

-¿Bastian?- dijo Anna, sacándolo de sus pensamientos.

-¿Sí, su alteza?- dijo el comandante.

-Anna- dijo la princesa- y te veo muy distraído. ¿En qué piensas?-

-Disculpa, Anna- dijo Bastian- pienso en que no me gusta mucho dejar a Regina sola en Copenhague. Ya sé que está a salvo, pero…-

-Pero Bastian- dijo Anna- seguramente te has fijado en alguna otra chica, ¿no? ¿Alguna reina, como mi hermana?-

Bastian parpadeó, y al parecer su mente estaba empezando a juntar los detalles, y comenzaba a sospechar lo que estaba intentando hacer la princesa.

-Anna, sé que Hans no te agrada mucho- dijo Bastian. Anna puso cara de inocencia- no quiero insultarlas. Elsa, tu hermana, me parece una de las mujeres más hermosas que he conocido, pero yo…-

Pero Bastian no tuvo tiempo de terminar, pues poco a poco, como sin querer la cosa, ambos llegaron a donde estaban Elsa y Hans.

-Oh, disculpen- dijo Anna, interrumpiendo a Bastian y deteniendo a Hans y a Elsa- Hans, ¿podría bailar contigo un momento?- añadió con su mejor cara de inocencia.

Elsa la miró sospechosamente. Conocía bastante bien a su hermana como para saber que estaba tramando algo, pero Hans accedió. Hans se fue con Anna, y Elsa se quedó con Bastian.

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¡Hola! Espero que les esté gustando. ¿Qué les pasa? Bastian es un buen chico. Y pues ya ven que sucede con Anna. Espero que les guste. Nos leemos pronto.

Abby L.