Antes de leer.
La narración varía desde primer pesona (perspectiva de Eren) a la tercera persona, dependiendo de la situación que este ocurriendo. Tengan eso en mente al momento de leer.
Primera Persona: Texto normal. (Eren)
Tercera Persona: Texto cursiva.
Pensamientos: Texto en negrita cursiva.
Capítulo 2: Cadenas que no ceden.
–Y bien… ¿piensas quedarte ahí parado? –me preguntó Levi.
No podía tener peor suerte, justo la persona que menos esperaba y que por un arrebato había insultado, sería el que me atendería de ahora en adelante, ¿alentador no? Si… y mucho.
–N-no… c-claro que no. –¡rayos, no pude evitar el tartamudear! la mirada que me tenía me congelaba. Avancé tenso hacia el sillón que había ahí, y Levi me miró divertido…
Te divierte este espectáculo ¿eh?, psicólogo de pacotilla, burlándose de sus pacientes.
–Primero… ¿tienes algo que decirme? Eren. –pronunció con esa voz tan profunda que tenía ¡diablos, en que estoy pensando!, para empezar no sabía a qué se refería con eso.
–No entiendo la pregunta señor. –dije sin saber que responder.
–No sé… una disculpa, ¿quizá? –respondió serio y me molesté, ¿Por qué tenía que pedirle disculpas? Si fue él quien empezó la otra vez.
–¿Por qué debería señor…
–Levi, dime Levi solamente. –me interrumpió él.
–Bueno… Levi será; y como le digo, ¿Por qué debería? Usted comenzó primero. –estaba muy molesto.
–Tsk... eso prueba que solo eres un mocoso. –dijo Levi, me percaté de que tenía una linda sonrisa…
¡Espera! ¡¿QUE?!...
Me espanté de mí mismo, mi cerebro debe estar demasiado mal para pensar esas cosas.
–¡Y usted sigue siendo un enano! –le grité sin pensar… otra vez, me mordí la lengua por mi arrebato al ver la mirada amenazante de mi psicólogo.
– Mocoso de mierda, este. –dijo enfadado Levi. ¡Me tenia harto con el mentado mocoso!.. que fastidioso era este hombre.
–Oiga… ¿no cree que se equivocó de profesión? –pregunté un poco desconcertado por su actitud.
¿Por qué lo dices? –me rebatió Levi con su ceño fruncido,
–Es que… ¿así trata a todos sus pacientes, o es solo conmigo? –le pregunté intrigado.
Él solo me miró sorprendido, parece que no se esperaba la pregunta, yo me debatía entre mi deseo de irme de una buena vez –ya que vine solo por la presión de mis padres–, y el de quedarme un poco más;
Levi recompuso su expresión a una más neutral y se quedó observandome, ya comenzaba a sentirme incómodo.
–Creo que es solo contigo, MO-CO-SO. –por fin habló mi caritativo (nótese el sarcasmo) psicólogo.
¿Por qué? ¿Por qué de todos tenía que tocarme con él? El hospital estaba lleno de profesionales con mejor humor.
–Bien, entonces yo creo que paso… señor. –le respondí sarcástico, que ni crea que me quedaré aquí si sigue llamándome así–, no estoy aquí por voluntad propia y no vine a recibir malos tratos… Me largo.
–¡Oh! Así que eres un cobarde. –dijo sin más el hombre frente a mí, ¿pero qué le pasa?, ¡que se supone que esos tipos deben ayudar a sus pacientes!, este lo único que hacía era sacarme de quicio.
–¡¿A quién llama cobarde?! –le grité enfurecido, ya estaba… jamás volvería a hablar con un psicólogo–, ¡ni me conoce, ni sabe cómo pienso! No venga a tratarme de cobarde. –él ni siquiera se inmutaba con mis gritos y eso me molestó aún más.
–Primeramente… si, tienes razón no te conozco lo suficiente, pero el solo hecho de querer salir de aquí ya me da un rasgo tuyo… no quieres enfrentar tus problemas. –dijo Levi tranquilamente, dejándome petrificado por sus palabras–. Segundo, tienes una venda en tu brazo izquierdo, y te ves muy pálido, deduzco que esa no es tu tez normal, lo que me lleva a pensar que hace poco perdiste demasiada sangre ¿No?... –lo miraba entre sorprendido y aterrado, desde que comencé con esto había aprendido a ocultar bien mis emociones y todo esto me dejaba desarmado ante él–. Lo que me lleva a pensar en ¿Cómo te hiciste esa herida? –preguntó señalando mi muñeca.
–Que le importa. –murmuré a la defensiva, tomando mi muñeca instintivamente, protegiendo un secreto que ya podrían haberle mencionado–, además… seguro y el doctor Erwin le dijo lo que pasó. –lo acusé.
–Te equivocas Eren. –dijo calmado–. Erwin es mi amigo, lo reconozco, pero también está la ética profesional, a no ser que tú le dieras la autorización para que comente tu caso conmigo, podría saberlo de él, solo me dijo que el hijo del Doctor Jeager había estado hace unos días en el hospital.
–Pero… –Levi me volvió a interrumpir.
–Lo que me lleva al punto tres. –me miró, serio–. A pesar de que me dices que te vas a ir y que estas aquí en contra de tu voluntad, no te has movido de tu asiento… eso me dice que, aunque no lo quieras aceptar necesitas de mi ayuda.
Me quedé callado; no podía creer como un completo desconocido, en solo 15 minutos, dijo todas y cada una de las cosas que yo guardaba recelosamente de mi familia. Desde hace meses sabía que necesitaba a alguien fuera de mi entorno cercano para poder quitarme toda esta rabia que sentía hacia mí mismo, hacia la vida, hacia todo ser del planeta.
Por muy molesto que estuviera cuando Hannes lo sugirió.
Mi enfermedad, en estos momentos no me dejaba ver nada más allá del dolor intenso que me causaba, lo que llevó a cometer ese acto que hasta hace poco encontraba despreciable. Pero, que comprendí que con la suficiente rabia y aborrecimiento hacia ti mismo, puedes cometerlo sin remordimientos.
Y más despreciable era el pensar que, gracias a mi caótico estado mental, volvería a cometerlo sin temor a que esta vez resultara.
–Yo… –coloqué mis piernas arribas del sillón y metí mi cabeza en ellas. Comencé a llorar, no quería verme débil; pero que un simple desconocido me restregara en la cara todo lo que he guardado por dos años, me superó–. YA NO SE QUE HACER. –me dije a mi mismo, impotente por todas las cosas que me pasaban, pude sentir a Levi a mi lado, dándome palmaditas en la espalda–. NO QUIERO SENTIRME ASI, PERO YA NO QUIERO NADA. –y seguí llorando, como hace mucho tiempo no lo hacía.
Levi no entendía como este chico había cargado con tanto en tan poco, lo cual le preocupaba ya que a pesar de estar renuente a recibir su ayuda, sabía perfectamente que si la quería, pero eso lo expresaba su subconsciente, Eren no era consiente de toda la ayuda que necesitaba.
Cuando Levi pudo apreciarlo esa vez en la pasarela, tenía la sensación de que en cualquier momento se tiraría por ella, y que la intervención de Erwin lo detuvo, Eren solo era impulsos negativos caminando por ahí despreocupados, y todavía no explotaba del todo, y Levi sabia, que cuando eso pasará, debería estar cerca de él, ya que nadie más que alguien que entendiera las emociones negativas de este chiquillo, podría controlarlo.
El azabache todavía no entendía que le llamaba la atención de Eren, pero desde que lo vio allí en la pasarela con esos hermosos ojos verdes apagados, y esa sonrisa forzosa en su rostro; no pudo más que querer ayudarlo para que saliera adelante y sonriera otra vez, sabía que esa cara se vería mejor con una radiante sonrisa y ojos iluminados.
Sin saber cómo, se movió al lado del chico y le dió palmaditas en la espalda para tranquilizarlo. Se preocupó al ver que su llanto se había intensificado aún más, hasta que comprendió que Eren lo que más necesitaba era contención y no preocupación por parte de lo que lo conocían.
– ¿Por qué me preocupo por este chico? –pensó–, es la primera vez que me acerco a consolar un paciente tan directamente. –se dijo a sí mismo, a lo más y se limitaba a pasarle una caja de pañuelos. Y ahí estaba, dándole palmaditas a un muchacho que se le hacía de lo más interesante.
Después de todo el tiempo que estuve llorando y que Levi me consolara, me pude calmar un poco. Encontraba vergonzoso el hecho de haber llorado frente a un desconocido, pero ya no valía la pena lamentarme por eso.
–¿Estás mejor? –preguntó, a lo que asentí–. Muy bien, ahora si tú quieres puedes contarme un poco de la historia que te trajo aquí. –lo miré contrariado, de verdad que en estos momentos no me apetecía hablar, pero ya nada podía perder.
– ¿Cómo empezar? –me pregunté –bueno… hace más o menos dos años he tenido que limitarme en mis actividades… desde mis 16 que me diagnosticaron esto, y ella no ha hecho más que hacer de mi vida un infierno. –acordarme de las primeras cosas que sucedieron antes de que por fin me detectaran la artritis, fue demasiado.
– Bien, ¿Cuál es el nombre de esta dolencia? y todo esto ¿en qué te afecta?… ¿Qué sientes desde que la tienes? –cuestionó Levi.
– Prácticamente en todo. –dije deprimido–, antes jugaba fútbol en mi escuela, no es por presumir pero era bueno eso y quedó atrás. –hice una mueca–. Su nombre es artritis, esto hace que me duela todo, toda articulación de mi cuerpo se inflama. Es mi cuerpo atacándose así mismo. –tantas veces escuchando eso de Hannes que ya se me había pegado a mí–. ¿Qué siento?... –pensé y pensé y solo se me venían dos palabra a mi cabeza–, tengo rabia… mucha rabia, y… y me siento un inútil…
Pude ver como Levi me observaba de nuevo, esta vez su mirada era más profunda que las anteriores, aunque ya no me sentía incómodo jamás me ha gustado que me analicen. Pude ver como anotaba algo en su cuaderno y continúo.
–¿Esto te produce rabia por qué piensas que eres inútil? o ¿por otras cosas más? –esto ya se parecía a un interrogatorio del FBI, además ¿Cómo podía preguntar cosas tan acertadas?
–Jeje… es complicado… por un lado es ser solo una decoración en la casa… han sido meses en donde no he podido hacer nada, todo esto me complicó y el estar todo el día con dolor en mi cuerpo me enerva, porque me recuerda cada minuto lo que llevo y mis limitaciones. He perdido fuerza, ya no puedo jugar, me hizo repetir un año… puede que ahora los medicamentos que me dio Hannes sirvan de algo, hacen todo más tolerable pero sé que los dolores no se irán nunca, y mis cuidados tampoco. –hablé rápido, demasiado a mi parecer, ahora que comenzaba a desahogarme, parecía que mi boca no quería parar–, también el ver a mis padres preocupados por mi… más ahora incluso por lo último que pasó, hace que me sienta culpable por no poder hacer algo. Ya no aguanto… no puedo seguir con todo esto… algo que no me siento capaz de llevar. –dije sin pensarlo mucho.
Y era verdad; si estaba aquí, era porque mis planes se frustraron.
–Y ¿supongo que eso último nos lleva a no querer seguir? –me preguntó Levi, anotando más cosas en su libreta.
–No sé. –respondí–. No sé qué es lo que quiero… a veces me siento la nada misma en el entorno en donde vivo. Como si todo pasara por delante mío y yo no pudiera interferir en nada relacionado a mi vida. –comprendí que eso era lo que me molestaba, sentirme la nada misma–. Ahora que lo pienso, es como estar en un limbo, en un momento todo está bien, y al otro todo es una… –me detuve, ya que no iba a decir groserías delante de él, pero creo que entendió mi punto.
–Bien, creo que es todo por hoy. –me dijo Levi, miré el reloj y… ¿ya había pasado una hora?, ni cuenta me había dado–. Por ahora nos enfocaremos en dos puntos ¿de acuerdo?
–Está bien. –dije contrariado, no sabía que trataría ahora con él.
–Por un lado, trataremos los efectos negativos que tu enfermedad está surtiendo en tu mente. –mencionó Levi, ¿eso era necesario?, no quería nada con ella–, debes aceptarla tal cual viene; como una parte de ti –¿es en serio? ¡¿Cómo aceptar esto?! Lo último que dijo Levi, me alarmó demasiado, y él lo notó–. Eren, para que puedas superar esto, primero debes aceptarte como eres ahora, si te quedas con lo que hacías en el pasado, vivirás atormentado.
–Si, si… –dije a regañadientes, pero ¿Cómo lograr que eso pasará? en estos minutos odiaba con toda mis fuerzas esta enfermedad ¿Cómo aceptarla?...
–Lo segundo es alejarte de ese limbo del que dices estar, es necesario para que no vuelvas a autolesionarte… ya que la próxima vez los resultados sí pueden ser desastrosos. –dijo Levi, me estremecí–, ¿no deseas volver eso, verdad?
–No… claro que ¿no? –dije inseguro en mi respuesta, Levi seguía analizándome y se dio cuenta de mi titubeo. En ese instante los dos supimos que yo volvería a cometer un acto contra mí.
–Bien, nos veremos la próxima semana. –murmuró Levi levantándose. Le imité y me guió hasta la puerta, colocó su mano en mi espalda y no pude contener un escalofrió involuntario cuando me tocó.
Levi retiró su mano al momento de ver que me estremecí, yo me avergoncé, ¿Por qué pasaba eso? Antes jamás me había estremecido por el toque de una persona, ¿sería porque era un desconocido para mí?, me di cuenta que últimamente tenía muchas preguntas sobre mí mismo que no podía responder, que me desconocía en estos momentos, lo cual hizo que me sintiera más frustrado.
–¿Estas bien? –preguntó Levi al verme temblar. Me volteé a verlo
–S-sí, ¿creo? –contesté avergonzado.
–Ok… bueno Eren, nos vemos. –dijo a modo de despedida. Hizo un ademán al ver a mi madre y yo me fui hacia donde ella estaba.
–Hasta la próxima Levi. –dije antes de ver como cerraba su puerta.
Aun seguía nervioso por ese toque ¿Qué diablos pasó? seguí a mi madre sumido en mis pensamientos; ella trató de entablar conversación conmigo, pero al darse cuenta de mi estado, prefirió callar…
Si supiera que mi estado no era por la sesión en sí, sino por la extraña sensación que sentí cuando Levi me tocó ¿Qué pensaría?, de seguro que estaba más mal de lo normal.
Ya habían pasado unos días de la sesión de Eren, y Levi no podía evitar evocar esa sensación de electricidad que le embargó cuando lo tocó. Era una sensación que hace años no sentía, y no le gustaba como se encaminaría esa circunstancia; definitivamente, no podía dejar que su interés por Eren viajara a algo más que lo profesional.
–¡DIABLOS! Solo llevo una puta sesión con él y no puedo dejar de pensar en su caso. –Pensó.
Levi estaba enojado consigo mismo, jamás le había pasado algo parecido y no entendía que era lo que más le llamaba la atención de Eren, ¿sus ojos quizá? ¿La sonrisa triste que mostraba? ¿Todo lo que ocultaba tras su mirada? o la personalidad determinada que se estaba extinguiendo por los rasgos depresivos que demostraba…
Levi no lo sabía, pero estaba en uno de los primeros pasos a lo que el camino del amor se refería. Tan solo con apreciar esos tristes ojos aquella vez que caminaba junto a Erwin.
–…vi, Levi… ¡LEVI! – gritó Hanji, su única amiga.
Aunque él prefería decirle la molesta persona que no se despegaba por muchos golpes que recibiera.
Cabe señalar que se encontraban en un café esperando a sus demás amigos.
–¿Qué quieres cuatro ojos de mierda? –preguntó exasperado con la chica por gritarle y con él por pensar demasiado en ese "mocoso".
–Ya, de verdad, no sé cómo puedes ser uno de los mejores psicólogos egresados de la facultad… si supieran de tu vocabulario, no dudarían en despedirte. –decía Hanji divertida.
–No me jodas, Hanji, que no ando de humor para tus comentarios estúpidos – contestó Levi exasperado.
–Y de cuando que andas de humor para soportarme, recuérdame una, que no me acuerdo. Jajajaja. –reía Hanji estruendosamente.
–De todos… tú tenías que llegar primero. –decía para sí Levi, ya que estaban esperando a sus otros amigos–. Demonios Hanji, ¿podrías callarte? De verdad no sé cómo es posible que te soporte. –se preguntó enojado.
–Soy el ente que está destinado a joderte la existencia, y me soportas porque me amas en secreto, lo sé. Jajajaja – reía Hanji.
–Maldita loca… calla tus estupideces. –susurró Levi.
–¡Mira… allá vienen! –gritó Hanji cuando vio a sus demás amigos entrar, ahí se veía a Erwin y a otro hombre rubio con bigote llamado Mike.
–Llegan tarde, bastardos. –expresó exasperado el azabache.
–Lo lamentamos, pero teníamos un consejo médico en el hospital. –se disculpó Erwin–. ¿Ya pidieron?
–No… los estábamos esperando. –respondió Hanji.
Si bien, era un grupo bastante particular, porque en él podíamos encontrar a Erwin; quien era unos años mayor que el resto –siendo uno de los profesores de Mike–, que tenía la misma carrera del rubio y trabajaban en el mismo hospital. Hanji, quien era bióloga farmacéutica y su laboratorio abastecía al hospital en donde Erwin y Mike trabajaban. Y luego Levi, quien era un prodigioso Psicólogo egresado el mismo año de Hanji; siendo reclutado por el hospital en el cual estaban los otros dos rubios.
No entendían como personas tan disparejas podían ser amigos, pero ellos se llevaban bien a su manera, que era lo más importante.
Hace tiempo que no se veían en esos términos –como amigos–, ya que cada uno estaba ocupado en sus trabajos.
La campana de entrada suena recibiendo a nuevos clientes, algo que pasaría desapercibido para Levi si no hubiera escuchado la voz de quien no había dejado sus pensamientos desde que lo vio.
–Ya te dije cara de caballo que si no querías retrasarte, no deberías venir conmigo. – Eren se escuchaba cansado.
–Tsk… lo que me faltaba. –susurró Levi.
–¿Decías enano? – preguntó Hanji intrigada.
–Nada. –se apresuró en responder Levi.
Eren junto a Jean y Marco, quienes estaban esperando a que el primero pagara el agua que necesitaba, llevaba una muleta para caminar, no es que se sintiera mal, pero necesitaba apoyarse en algo para caminar distancias largas, además de que sentía una de sus piernas adoloridas.
–Jean, yo me ofrecí a acompañarlo, no tenías por qué venir tú. –dijo amable Marco, ya que este solo se dedicaba a pelear con Eren.
–¡Tú también Marco! –Jean se enojó–. Vine porque quise, por nada más. –respondió. No quiso decir que vino porque vio que Eren estaba más mal de lo que él decía, y que Mikasa le había pedido que lo ayudara en cualquier caso.
–Entonces, no me reclames cara de caballo. –murmuró Eren.
–Pero apúrate bastardo, que se nos hace tarde. –dijo Jean.
Al escuchar eso, Levi se tensó, ¿Quién se creía ese chico? Como osaba llamar así a Eren, él bastardo era ese chico por tratarlo así.
–Basta Jean, si necesitabas llegar a tiempo, podías haberte ido con los chicos. –comentó Marco.
–Si, Si. Lo que digas. –replicó Jean–. Vamos, que el juego no tarda en empezar. –apuró Jean.
–Mira Jean, aquí el que va a jugar eres tú no nosotros, así que el que debería apurarse eres tú, idiota. –dijo con una mueca Eren, que tanto Levi, como los acompañantes de él, notaron–. Yo ya no estoy en el equipo así que llegaré en cuanto me den mi agua y pueda tomarme el coctel que llevo encima ¿entendido? –respondió molesto.
–Eren… –murmuró Marco mirando mal a Jean.
–No… está bien. –Eren miró a Jean–. Vamos caballo, ve a jugar y demuéstrales de que esta hecho nuestro equipo, y mete varios goles por mí. –dijo sonriendo genuinamente por unos escasos segundos, sonrisa que a Levi le fascinó, y que juró volvería al rostro de ese mocoso–. Ve, que aquí terminamos y vamos a ver el partido.
–Como quieras bastardo, no vemos en el juego. –dice yéndose del lugar, abre la puerta y grita–, ¡más te vale estar ahí cuando meta el primer gol Jeager! –dijo antes de salir corriendo del lugar.
–Perdónalo Eren, sabes cómo es –dijo Marco.
En una mesa con cuatro integrantes, Levi estaba ansioso ya que pudo ver un vestigio de lo que era el verdadero Eren, y no podía negar que esa sonrisa fugaz le habría gustado verla por más tiempo.
Erwin, quien también se había dado cuenta de la presencia de Eren en el café, levantó la mano para llamar su atención, y este al percatarse de quien lo saludaba se acercó junto con Marco al doctor Erwin y también vio a Levi, lo cual lo puso un poco nervioso.
–Hola doctor, hola Levi. –saludó Eren, ganándose una mirada disimulada de Hanji.
– Hola. –respondió escueto Levi.
–Muchacho, dime Erwin por favor. –pidió de nuevo el rubio–, miren, les presento a Eren, él es el hijo de Grisha. –dijo dirigiéndose a sus amigos.
– Mucho gusto, soy Mike.
–Y yo, Hanji. –dijo alegremente la castaña–, ¡que jovencito más lindo! –gritó emocionada, viendo que Levi casi escupe el café-. Interesante. – pensó.
–Jeje… gracias, supongo. –contestó Eren–, él es Marco un amigo del instituto. –presentó Eren.
–Mucho gusto. –saludó Marco amablemente.
–Mira, enano, podrías aprender de él. –le codeó Hanji riendo.
–Cállate cuatro ojos. – espetó Levi molesto.
–Y tu otro amigo… el que te gritó. –preguntó Hanji, quien estaba atenta a todo.
–¿el cara de caballo? –preguntó Eren, a ver la cara de desconcierto y la risita de Marco corrigió–. Digo, Jean... jeje, se tuvo que ir, ya que hoy juegan un partido de fútbol. –dijo entusiasmado.
–¡Oh! Ya veo. –replicó Erwin–, y tú ¿Cómo has estado? –preguntó señalando la muleta con la cual caminaba.
–¿Lo dice por esto?, he estado bien… –señaló la muleta–, es solo para caminar, ya que hemos estado de aquí para allá y hoy me sentía un poco cansado; pero no quería perderme el partido. –respondió Eren contento.
–Mocoso, si estás cansado es mejor quedarse descansando ¿no? –interrumpió Levi al chico.
–Lo sé, pero esto no me lo perdería por nada. –y Eren sonrió, dejando a Levi encandilado por unos segundos. La única persona en darse cuenta fue Hanji, quien se intrigó aún más por el comportamiento de su amigo.
–¿Ustedes dos se conocen? –preguntó Hanji mirándolos.
– Soy/Es su/mi psicólogo. –respondieron al mismo tiempo Levi y Eren. Quienes se miraron.
–Oh, vaya, vaya. –expresó Hanji, tenía a dos sujetos de investigación aquí presentes.
–Bueno, nosotros no vamos. –dijo Eren–. Nos vemos. –se fueron a retirar su compra para salir del local.
Levi se quedó pensando en Eren, en esa fugaz sonrisa que le dedicó a él y sintió un calor extraño en su pecho.
No, no podía ser eso que pensaba, no podía sentir nada por él, Eren era solo su paciente y así debía quedarse.
–Y dime Levi ¿hace mucho que atiendes a ese chico? –preguntó Mike, sacándolo de sus pensamientos.
–Hace una semana, dentro de unos días, será su segunda sesión. –respondió escueto.
–Es un muchacho demasiado lindo. –dijo Hanji de la nada–. ¿Por qué llevaba una muleta?
–Eren está enfermo. –respondió esta vez Erwin–. Hannes es quien lo atiende.
–Hannes solo atiende a personas con... –pensó Hanji–. ¡Ay! Pobrecito, y es tan joven. –se lamentó la chica.
– Las enfermedades no discriminan Hanji… lo mismo con los accidentes. –replicó Mike y siguieron conversando de otras cosas.
Continuaron con una conversación amena, pero aun así, el Ackerman no podía sacarse a Eren de la cabeza, en su expresión al sonreírle a ese amigo suyo, no negaría que se había sentido un poco celoso.
Quería ver aparecer esa sonrisa más veces en ese rostro.
No notó la mirada suspicaz de Hanji.
No podía negar que los días que siguieron después de la sesión los pasé más tranquilo.
Además, ver ese partido aunque fuera en la gradas me emocionó bastante. Y me dio risa cuando Jean me dedicó el primer gol que metió, no puedo negar que al principio me dio risa, pero después me sentí avergonzado por las miradas que nos mandaban después los demás.
Y que decir Mikasa, quería matarlo pensando que eso había sido una declaración de amor, no pude evitar sonreír al ver la cara de mi amigo cuando le recrimino aquello –no sé si por estar celosa de mi o de él–, ya que a Jean le gustaba Mikasa. Y mi hermana no quería escuchar nada en los camerinos, hasta que Jean terminó gritándole delante de todos en un desliz que solo tenia ojos para ella.
No niego que me molestó un poco, más viendo como MI HERMANA se ruborizaba.
Y, como BUEN HERMANO MAYOR, le di un bastonazo en la cabeza y le amenacé diciendo que se las vería conmigo si la hacía sufrir.
–¡Hermano, a desayunar! –me gritó Mikasa desde las escaleras, hoy otra vez me retiraría temprano, ya que tenía otra sesión con mi psicólogo.
–¡Voy! –grité ya bajando las escaleras, pude sentir el rico aroma a chocolate caliente de mi mamá, y camine aún más rápido.
–Hola hijo. –me saludó mi madre, con un beso en la mejilla, una vez sentado en la mesa.
–Buenos días mamá. –respondí–. Mikasa…
–Hermano… –dijo tomando su desayuno.
–Buen provecho. –dije y comencé a comer.
El desayuno pasó como de costumbre, los tres conversando de cosas y tonteras, hasta que sentimos la puerta abrirse y vimos a nuestro padre llegando. Por lo visto le había tocado un turno pesado en el hospital y se veía cansado; mi madre se acercó a saludarlo mientras nosotros terminábamos de arreglar nuestras cosas para irnos al instituto.
–Papá. –dijimos al unísono al desocuparnos Mikasa y yo.
–Hola chicos… venga, yo los llevo hoy. –dijo mi padre.
–Pero vienes recién llegando, es mejor que descanses. –pidió Mikasa a lo que yo asentí.
–Puedo descansar después de ir a dejarlos. –replic{o mi padre, tomado la llaves de su auto.
–Vayan entonces, que van tarde. –reprendió mi madre y salimos todos.
El paseo al instituto con mi papá fue bueno, conversamos mucho. Hace días que no lo veíamos así que estábamos contentos.
Pero… aunque estos pequeños momentos me hacían sentir bien, no podía negar lo que sentía en mi interior, me sentía demasiado mal aparentando las cosas para que ni mis padres, ni mi hermana me tuvieran lástima.
Dejar de aparentar no era una opción, ya no podía mostrarles cuan mal me sentís si quería que dejaran de mandarme miradas sospechosas a cada acción que realizaba en casa.
Me la pasé divagando la mayor parte del día, llevaba toda una semana pensando en lo que me había mencionado Levi. El tener que aceptar todo aquello ¿Cómo lo hago?
Por más que quisiera no entendía ni se me ocurría nada, solo el pensar en ello me daba dolor de cabeza y hacia que mi ira aumentara aún más. Sobre todo cuando la gente se me quedaba mirando por caminar despacio y me alegaban por ser lento y demás, antes les hubiera insultado, pero últimamente solo me hacía a un lado y no me defendía.
El Eren de antes no tenía ganas de volver y solo quedarme con esta careta me pesaba cada vez más.
En uno de los descansos fui al baño, fue una suerte poder convencer a Mikasa de no acompañarme; le debía una a ese pony, quien logró convencerla. Hace unos días tenía una molestia en mi rodilla lo que me hacía caminar cojeando, nada de alarma ya que ni siquiera necesitaba utilizar el bastón, un alivio para mí.
En mi camino, me topé con unos chicos de un curso arriba del mío, quienes eran mis compañeros anteriormente, al verme me quedaron mirando feo.
No entendía, no es como si yo les hubiera hecho algo, además casi ni me habían visto el año anterior.
–Mira… ahí va el chico raro. –habló uno lo suficientemente alto para que lo oyera.
–Si, ese enfermito que tiene toda la caridad de los maestros. –dijo el otro mirándome con molestia.
–¿Es que no se cansa? debería dejar de dar lástima e irse de una vez por todas. –espetó el que habló primero.
–Escuché que repitió por su "delicado estado"… jajajaja como si nos tragáramos eso. –escuché al otro.
–Si repitió fue por hacerla de flojo y no asistir a clases. –y los dos estallaron en carcajadas.
En cambio yo, caminé lo más rápido que podía. Fue doloroso ya que estaba forzando de más a mi pierna, pero no me importó… solo quería dejar de escuchar esas voces desdeñosas que se repetían a cada momento en mi cabeza. ¿Raro? ¿Enfermo? ¿Flojo?, como se notaba que ellos no entendían nada; no quería llorar, no les daría en el gusto.
Cuando llegué a los baños me encerré en la última cabina, estaba solo en esos momentos y dejé salir mis lágrimas de impotencia… no solo por esos chicos, sino por mí, yo antes me hubiera defendido, me hubiera lanzado a gritarles y partirles la cara, pero ahora solo estaba aquí, llorando de rabia.
Toqué en mi bolsillo y sentí la cortapluma que compré días atrás, e hice lo único que me ayudaba siempre a dejar de sentir mis emociones y concentrarme en el dolor físico que me ocasionaba.
Irónico ¿cierto? Que estuviera tan cansado de sentir dolor constantemente, pero fuera el dolor auto infringido el que me diera un escape a todas mis emociones.
Luego pude sentirme mejor, salí del baño y me lavé las manos, enjuagando la sangre que quedó en mis muñecas y tapándomelas otra vez con las muñequeras que eran el accesorio constante en mi vestimenta.
–Estoy hecho un desastre… si Mikasa me ve así, se armará una grande. –me dije a mi mismo viendo mi reflejo–. Oye, Eren… ¿te sientes feliz así? –verme así me fastidiaba, ese reflejo no era el mío… ese rostro desolado no podía ser el mío–. Me das asco.
Salí de los baños apresurado. Cuando algo así ocurría, jamás soportaba verme al espejo por más de un minuto.
Al llegar al salón vi que todavía no tocaba el timbre, lo que me alivió porque no quería tener faltas cuando podía asistir. Vi que mi hermana se levantaba de su escritorio y se acercaba.
–Eren… mamá está afuera, esperándote, acaba de llamarme. –dijo, me quedó mirando un momento como si quisiera decirme algo, pero se retractó.
–Ok... voy ahora. –tomé las cosas de mi lugar, me despedí de los chicos y salí de ahí.
Mucho mejor, este secreto seguía siendo solo mío.
Aunque, no por mucho.
Como dije la vez anterior, esta enfermedad juega demasiado con tu psiquis, aquí podemos ver un poco más de lo que siente Eren con ella. Y ojo, que no es igual para cada persona. Todo depende de que cara quieras darle a la enfermedad.
Y también mostramos un poquito más de Levi, sus pensamientos.
Ams...
¿No me maten?
Sé que me he tardado horrores con el capítulo y en mi defensa no tengo nada que decir, solo que se me olvido actualizar. Lo tuve listo hace una semana y no lo subí.
Si, soy una pésima ficker últimamente, todo se me anda olvidado.
En fin...
Espero que lo hayan disfrutado y ya sabe que cualquier crítica es bien recibida.
Espero esta vez, SI actualizar pronto :´D.
/Cambio y Fuera/
Min Akane.
31 de mayo 2018
