Disclaimer: Ni Detective Conan ni sus personajes me pertenecen.

Capítulo 3: El perseguidor

Un cuarto oscuro, un charco rojo en el piso junto con el cuerpo muerto de aquella persona. Una sonrisa de maldad junto al fuego de un cigarrillo prendiéndose y el reflejo de una pistola apuntándole directo al corazón y entonces…

Din-don

Conan despertó de la pesadilla con aquel sonido. Era la segunda vez consecutiva que le pasaba. Es cierto que ya había tenido pesadillas de esta clase pero nunca tan seguidas. Sus presentimientos no hacían nada más que empeorar.

Din-don…

Volvió a sonar aquel sonido que está vez Conan logró identificar como el sonido del timbre. Se fijó en el reloj y eran apenas las seis de la mañana. Bueno, aunque con su pesadilla no hubiese sido muy probable que siguiera durmiendo.

Diiiiiiin-dooon…

*¿Quién podría ser tan temprano? ¿Tal vez el profesor?* Se preguntó Conan. Se puso sus pantuflas, se levantó y se dirigió a la puerta principal.

¡Din-don-din-don-din-don!

-¡Ya voy! – dijo Conan desesperándose por el ruido mientras se dirigía a la puerta. Cuando finalmente llegó, la abrió y se encontró con…

- ¿Hattori? – se extrañó Conan. Sabía que vendría pero no tan temprano.

- Hola Kudo, ¿Qué tal? – Hattori, tan sonriente como siempre saludó a Conan mientras lo examinaba de pies a cabeza. - ¿No me digas que te he despertado?

- Sí, lo has hecho. Pero no importa, de todas formas me hubiera despertado.

- ¿Por qué? Apenas son las seis.

- Entonces admites que es temprano y llegaste a esta hora con toda la mala intención de despertarme. – dijo evadiendo la pregunta.

- Eso no es cierto. Tú sabes que vine a ayudarte.

- Ajá. – dijo él en tono incrédulo. – Tú sonrisa te delata, Hattori. Bueno pasa, voy a ver si hay café o algo para hacer. – Conan entró, dejándole el paso libre a Heiji para que pasara. Mientras Conan se dirigía a la cocina para ver si aún había algo de comer que no estuviera vencido, Hattori examinaba la casa con detalle.

- Oye, Kudo, tu casa es enorme. ¡Y la biblioteca no se queda atrás!– dijo fuerte para que lo pudiera escuchar desde la cocina.

- Pues sí. Ahora que lo pienso, es la primera vez que vienes ¿no es cierto?

- Supuse que tendrías la colección de los libros de Holmes y una que otra novela de misterio pero jamás pensé que fueran tantos. – dijo él ignorando la pregunta.

- Ya que mi papá es escritor de misterio solía leer muchas novelas de misterio y bueno, se fueron acumulando. En los estantes de arriba también hay algunos registros de casos en los que mi papá participó. Aunque a diferencia de mí él no lo hacía por ser detective sino para buscar inspiración. – Mientras Conan le contaba, Heiji empezó a hojear algunos libros que aún no había visto. - Creo que ayudó durante una temporada a los policías. ¡Ah! Encontré un poco de café. – Conan puso a preparar la bebida y cuando hubo terminado llevó dos tazas a la biblioteca, donde supuso estaría Heiji.

Confirmó sus sospechas al ver al detective del oeste sentado en un sillón mientras hojeaba un puñado de libros que había seleccionado. Conan puso la taza en la mesita frente a él y luego se sentó en el sillón del lado opuesto a la mesita.

- Empiezo a ver cómo es que entraste en el mundo del misterio. Yo por mi parte, quise ser detective al ver a mi padre resolver casos. – Conan tomó un sorbo del café y comentó:

- Hacia tanto no tomaba un buen café negro para despertarme.

-¿Qué se le va a hacer? – dijo Heiji tomando de su taza. – Normalmente, los niños de 7 años no toman café negro, de hecho no toman café del todo.

- Creo que podrías decir que lo que más extraño de mi vida diaria es sentarme a tomar café mientras leo un libro de Holmes. – dijo con tono nostálgico. – Recuerdo que mi papá se sentaba en aquel escritorio mientras escribía sus novelas y yo lo pasaba interrumpiendo cuando le hacía preguntas sobre el significado de alguna palabra de libros que no entendía. Creo que fue por aquella época cuando leí por primera vez los libros de Sherlock Holmes.

- Oye, cuando lo dices en ese tono nostálgico pareciera que tu padre está muerto y tú fueras un abuelito contándole su pasado a sus nietos. – Comentó Heiji tratando de animarlo.

- Aunque en este momento estoy bien lejos de ser un abuelo.

- Bueno, cambiando de tema, - se apresuró a decir Hattori por el camino que empezaba a tomar esa conversación. – Vine aquí para ayudarte a descubrir la identidad de tu perseguidor. Así que ¿Cuál es el plan?

- Encontrarlo no será difícil, él me seguirá a donde vaya.

- ¿Entonces lo acorralamos en algún lugar o algo por el estilo?

- No. Si en realidad es de la Organización sería demasiado arriesgado. Además, me gustaría que el hecho de que nos conocemos se mantuviera en secreto de la Organización. De esa forma es muy probable que se descubra.

-¿Vas a seguir con eso?

- Sí, voy a seguir. Creo que lo más prudente sería que tú lo persiguieras. Si logras ver algunas de sus características y me las dices después, puede que logre identificar si es de la Organización.

- Entiendo. Tomar fotos sería muy arriesgado pero si logro recordar su cara no debería haber problema solo espero que no se dé cuenta que yo lo sigo a él mientras él te sigue a ti.

- Creo que para evitar eso no deberías seguirlo todo el tiempo, solo de vez en cuando.

- Pero si lo pierdo de vista, ¿Cómo voy a encontrarlo después para seguir siguiéndolo? Podrías llamarme pero en ese caso él sospecharía de la razón de tantas llamadas. – Conan lo pensó un rato y luego se le ocurrió:

- Podrías usar las gafas rastreadoras de repuesto. Cuando me tengas que encontrar, solo tienes que buscarme con ellas. De esa forma lo único que tengo que hacer es andar el pin conmigo y si lo escondo entre mi ropa mi perseguidor no debería encontrar nada raro.

- Entonces eso haremos. – Conan buscó las gafas de repuesto que sabía había guardado en algún lado de su casa y cuando las encontró se las dio a Heiji. Luego se alistó y salió camino a la escuela.

Hattori esperó un minuto para salir él también, solo para no levantar sospechas. Sabía la ruta que Conan tomaba para ir a la escuela así que no necesitó las gafas para encontrarlo. Se aseguró de mantener una distancia prudente y esperó a que apareciera el perseguidor.

Aproximadamente a los 5 minutos de caminar, alguien sospechoso salió de un callejón poco después de que pasara Conan. Al darse cuenta que este hombre seguía a Conan, Hattori asumió que él era aquel que estuvo siguiendo a Kudo ayer.

Lo observó cuidadosamente, aunque desde atrás no podía ver mucho. Era un hombre de estatura un poco más alta del promedio y usaba gorra. Lo siguió un rato más pero a unos pocos metros de que Conan llegara a la escuela, Heiji se desvió del camino. Aunque no sin antes notar que el perseguidor, en vez de detenerse al frente de la escuela o en algún lugar cercano siguió con su camino. Tan pronto estuvo seguro de que el perseguidor ya se había ido, Heiji se alejó de él y se fue por el sentido opuesto.

Heiji supuso que sería buena idea decirle a Conan que su perseguidor no lo vigilaba mientras estaba en la escuela, así que le mandó un mensaje informándoselo.

El hecho de que el perseguidor no lo vigilara en la escuela, significaba que no era necesario hacerlo. Ya sea porque no era de su interés, o bien porque lo podía vigilar por otros medios también, como micrófonos. Por supuesto que Hattori no olvidó suprimir esta información en su mensaje a Conan. Él lo recibió antes de entrar a clases y le respondió con un rápido "ok".

Habiendo perdido de vista al perseguidor, Hattori no tenía nada que hacer hasta que Conan saliera de clases. Decidió que no se iba a quedar ahí parado como estúpido y en vez de eso se fue a dar un par de vueltas a la ciudad para perder el tiempo. En el almuerzo, se fue a comer a un restaurante de comida rápida. Se pidió una hamburguesa y se fue a sentar a alguna mesa disponible.

Conan, por su parte, se tranquilizó un poco al saber que su perseguidor no lo vigilaba durante las clases también, aunque no baj por completo la guardia. Trató de actuar de forma más natural posible y evitar las conversaciones al máximo. Al parecer logró engañar con esto a los miembros de la liga juvenil de detectives pero Haibara aún notaba a Conan diferente. Sin embargo pensó que eran solo imaginaciones suyas y lo pasó por alto.

Heiji, quien ya había terminado su hamburguesa se preparaba para irse, cuando entonces recibió una llamada de Kazuha.

- ¿Aló?

- ¡Hattori Heiji! ¿Dónde diablos estás ahora? – Heiji tuvo que separar un poco el celular de su oído.

- Estoy en Tokyo ahora mismo. Y estoy casi seguro de haberte avisado anoche de que vendría.

- No, Heiji, no lo hiciste. – dijo en tono de sarcasmo.

- ¿Ah no? Bueno, al menos tenía la intención de hacerlo. – dijo él para provocar a su amiga. Le encantaba molestarla y ver como se enfurecía.

- ¿Y se puede saber qué estás haciendo en Tokyo? – dijo tratando de conservar la calma. Hattori no sabía que responder. No le podía decir que estaba ayudando a su amigo Kudo a descubrir si aquel que lo persigue es uno de los que encogieron su cuerpo. Y sabía que si le mentía diciendo que estaba ayudando a Kogoro Mouri en algún caso, ella llamaría a Ran y se daría cuenta de la mentira. Tampoco le podía decir que de la noche a la mañana le dieron ganas de venir a Tokyo y se vino inmediatamente. Empezó a sudar frío y al final le dijo lo primero que se le ocurrió:

-… La verdad es que vine a ayudar a Kudo en su caso.

- ¿Eso significa que Kudo está en Tokyo? Tengo que decirle a Ran.

- ¡No! No está en Tokyo, de hecho está muy lejos y por eso me pidió el favor de… buscar los archivos de un viejo caso que tiene guardado en su casa. – La mentira le salió mejor de lo que esperaba, aunque su tono de voz lo delataba.

- Ah, ya veo. – dijo ella tragándose la mentira por completo. – Entonces supongo que ya habrás vuelto para mañana.

- Bueno… - Excelente, ahora tenía que buscar otra excusa para quedarse un par de días más. - … en realidad pensé en aprovechar mi viaje a la capital para visitar un poco el lugar.

- Así que piensas quedarte unos días más ¿eh? – dijo, pero esta vez menos convencida. Mientras Heiji ponía su cerebro a mil para pensar en una mejor excusa. Se dio cuenta que fuera del restaurante, pasaba el perseguidor de Conan. Se fijó en su reloj y se dio cuenta que ya pronto terminarían las clases y que si no salía ya, no llegaría a tiempo.

- Lo siento Kazuha, tengo que colgar. Te llamo después. – Y sin darle oportunidad de decir algo más, colgó y salió corriendo del restaurante. En vez de tomar un desvío y encontrárselo en la escuela de Conan, decidió seguir al hombre.

Ya que el hombre estaba del otro lado de la calle, pudo verlo de perfil. Se dio cuenta de que el perseguidor andaba puestos unos lentes de sol ovalados. Tenía la cara corta, la nariz un poco puntiaguda, la barbilla cuadrada y la mandíbula salida. Y por sobre todo, iba completamente vestido de negro. Sin darse cuenta, se acercó demasiado tratando de encontrar más características del hombre, pero se dio cuenta de ello muy tarde.

Al sentirse observado, el hombre de anteojos se giró. Cuando Hattori se dio cuenta de que el perseguidor estaba girando su cabeza para ver hacia atrás, su reflejo fue desviar su mirada del hombre y dirigirla hacia adelante. Para su suerte, se encontraban en una calle muy transitada y se pudo mesclar con la multitud. Pero el hombre miraba fijamente a la multitud, buscando a aquel que lo observaba. Heiji se apresuró a buscar algún callejón por el que escapar y encontró una a tan solo pocos metros de él. Apenas llegó al pequeño cruce, giró y apenas entró al callejón empezó a correr.

El perseguidor notó la silueta de alguien doblando a un callejón y supo de inmediato que era aquel que lo observaba y corrió tras de él. Heiji pudo escuchar los pasos del hombre de cara corta corriendo tras él así que aceleró el paso. Llegó a un lugar en el que el callejón de dividía en dos y no teniendo tiempo para pensar, se fue por la izquierda.

Al parecer, la suerte no estaba de su lado ese día, ya que el camino que escogió era un camino sin salida.

- ¿Dónde estás rata escurridiza? – escuchó al hombre de negro que lo llamaba, probablemente para saber por cual camino se fue. Si tenía suerte escogía el camino equivocado, pero las probabilidades eran de solo un 50% y ya que ese no ese no era su día de suerte decidió no arriesgarse y empezó a buscar alguna ruta de escape. Intentó escalar el muro con un tubo más o menos grueso que estaba fijado a la pared.

- ¡No podrás escapar de mí! – le siguió gritando el hombre. Heiji, quien se asustó por el llamado del hombre resbaló e hizo caer uno de los tantos botes de basura que se encontraba al lado suyo.

- Por ahí. – se dijo el hombre. Heiji se apresuró a escalar el muro y luego tirarse para llegar al otro lado. Pero como todos sabemos, ese definitivamente no era el día de suerte de Heiji. Del otro lado del muro solo había un angosto camino entre dos edificios de no más de medio metro de anchura, lleno de cajas de cartón y bolsas de basura que podrían causar mucho ruido si se caían. Y era seguro que si quería pasar por ese angosto camino botaría al menos la mitad de todas las cajas en frente suyo. Así que decidió quedarse ahí y cruzar los dedos por que el hombre no se diera cuenta.

Escuchó como se acercaban los pasos del perseguidor hasta llegar al otro lado del muro. El corazón le latía a mil por hora.

- Sé que estas por aquí escondido, rata inmunda. – dijo mientras empezó a patear todas las cajas y basureros, buscando el escondite de Heiji. – No vale la pena esconderse, solo estás alargando innecesariamente tu vida. – Hattori podía escuchar sus latidos sonar uno por uno y sin darse cuenta, empezó a aguantar la respiración por temor a que lo escucharan.

– Te prometo que si sales ya y me dices por qué me seguías, será una muerta rápida y sin dolor. – Heiji pudo escuchar como le quitaba el seguro a lo que imaginó sería una pistola, y se preocupó más. Cuando terminó de patear toda la basura a su alrededor, el hombre supo que Heiji había cruzado el muro. Hattori escuchó como la mano del hombre de negro agarraba el tubo, listo para subir.

– Ya no tienes escapatoria. – Heiji se preparó, listo para salir corriendo en el momento que escuchara el pie del hombre ponerse en el muro para subirlo. Cerró fuertemente los ojos, preparándose para lo peor. Y en ese momento…

Bzzzzz…Bzzzzz

Se escucha el sonido de un celular sonando en modo silencio. El perseguidor suelta la mano del tubo y contesta el celular. Heiji agudizó el oído para tratar de escuchar la conversación, aunque solo logró escuchar lo que decía el perseguidor:

- ¿Aló?

- ¿Gin? – Hattori reconoció al instante el nombre del alto, pelo largo y rubio, uno de los principales miembros de la Organización. En ese momento no tuvo duda de que aquel que lo seguía era miembro de la Organización de Negro.

- Lo estoy siguiendo, como se me ordenó. Pero sentí a alguien persiguiéndome y ahora mismo estoy buscándolo. … ¿Qué? Pero… De acuerdo. – Hattori escuchó al hombre colgar seguidos de sus pasos alejándose.

No fue hasta que ya no pudo escuchar más los pasos del hombre que soltó todo el aire de sus pulmones y pudo volver a respirar. Calló sentado al piso y se quedó en esa posición hasta que sus latidos pudieron retomar su ritmo normal. *Al parecer, no tengo tan mala suerte*, pensó.

Luego se levantó y salió de ese callejón. Regresó a la calle principal y ahí utilizó las gafas rastreadoras para saber dónde estaba Conan.

Cuando llegó, se dio cuenta de que ya no estaba el hombre que perseguía a Conan. Probablemente tendría que ver algo con la llamada. Tal vez se le ordenó la retirada, lo que no sabía era la razón. Le mandó un mensaje a Conan diciéndole que era seguro volver a su casa, que ya nadie lo perseguía. Este no se molestó en responder el mensaje y se dirigió directo a su casa. Solo por precaución Heiji lo siguió de lejos y entró a la casa un minuto luego de que entrara Conan. Ahora tenía que contarle su "aventura".

Y así termina el capítulo 3 de El Fin. Dejen Reviews y díganme que les pareció.