Vacaciones: A veces te ocupan más de lo que deberían. Otra vez, lo siento por el retraso.
Me despedí de ambos luego de darles las instrucciones: Tenían que ir a la librería de la Princesa Tortuga para recuperar el libro que les pedí. Utilice la excusa de que entre sus páginas estaba una receta para un pegamento mágico que evitaría que utilizáramos mantequilla de maní para unir los ladrillos de los edificios.
Ayude un poco en las construcciones antes de retirarme, más que nada explicándole al Pan de Canela que las vigas no deben tocar a las casas que no estuvieran destrozadas. El pobrecillo parecía no entender del todo mi explicación. No importa, está haciendo lo que debe hacer.
Después de todo el también tiene un rol que llenar en esta historia.
Me disculpe con el mayordomo Mentita y me dirigí a mi habitación tras darle una negativa a su pregunta de si necesitaba algo más. Me temo que ahora debo escribir las notas mientras mi memoria aun permanece fresca. Tal parece que estoy disfrutando demasiado de esta limitada libertad.
En mi escritorio hay varios papeles que describen el ultimo año en Ooo, cuando alguien pregunta por ellos solo respondo que se trata de un diario, y si alguien duda solo tienen que leer una o dos páginas para confirmarlo.
Técnicamente no estoy mintiendo.
Las horas parecían estar tomando descansos en el reloj del lugar. Pues Finn y Marceline revisaron, sin cuidado alguno, cada parte de la librería de la gente Tortuga.
Tenían suerte de que la princesa no se encontrara ahí para ver lo que le habían hecho a su lugar preferido…
"¡Finn aquí no hay nada!" gritó la vampira desde un extremo de la librería, rodeada de numerosos libros de cocina que ahora carecían del color rojo en las fotografías de sus recetas.
"¡Sigue buscando! ¡La princesa dijo que debería estar por aquí!" contesto con el mismo horas parecían estar tomando descansos en el reloj del lugar, pues si el tiempo ha avanzado de alguna forma ellos no se han dado cuenta.
En especial la inmortal quien es incapaz de soportar el tedio, a no ser que estuviera acompañada de su hacha-bajo o de la compañía del humano héroe de Ooo. En vez de eso buscaba un libro del cual no había escuchado en su larga vida. También comenzó a pensar que el afamado 'Ysalorg Silasrevinu' no existía pues ambos revisaron, sin cuidado alguno, cada parte de la librería de la gente Tortuga sin encontrar rastro alguno de dicho manuscrito.
El rubio humano se quito su blanco gorro para secarse el sudor acumulado de todo el día. Él estaba en una pequeña montaña hecha de material de biblioteca y al observar como casi cada libro del lugar estaba en el suelo o formando otros montículos, supo cual suertudos eran de que la Princesa Tortuga no se encontrara ahí para que viera lo que le habían hecho a su lugar preferido.
Cierta vampira se acercó y al ver la expresión de sorpresa en el rostro del humano no pudo evitar soltar una carcajada. "Guau… ahora sí que lo hiciste Finn" dijo sonriendo pícaramente en su dirección, la quijada del humano casi toca el suelo al escuchar esto.
"¡Pero si tú fuiste quien derribó los libreros!" trató de defenderse. La vampira flotó alrededor de él mareándolo un poco "¿Ah sí?"
Lo abrazó por detrás y le susurró en el oído. "Dime… ¿Quién creyó que el libro estaba dentro de la estatua de Billy y por eso le cortó la cabeza?". "T-t-tu me alentaste" "Tu lo hiciste héroe" enfatizó la última palabra y al mismo tiempo jugueteó con la punta de su nariz usando el dedo índice.
Un ceño fruncido apareció en su rostro, de alguna manera ese acto irritaba al humano. Movió la nariz como si se tratara de algún insecto molesto que no quería irse. La vampira rió en respuesta.
"Aun eres adorable, ¿sabías?" le dijo con toda honestidad. Un año de conocerse de manera más intima le ha ayudado a descubrir los puntos vulnerables de su amante, ahora mismo mordisqueaba con sus incisivos el cuello del humano. La marca que ella dejo hace un año se convirtió en una cicatriz apenas visible, ella le explicó que los vampiros al morder a una persona pueden hacer dos cosas: transformarlo o alimentarse de él.
Marceline logró que su mordida se convirtiera en una especie de filtro para que la infección escapara del cuerpo de Finn y ahora parecía estar curado de la influencia del virus. La única duda que quedaba fue la de su particular caso de heterocromía espontanea, pero fue resuelta al cabo de unos meses.
Finn soltó un grito apagado al sentir los extrañamente cálidos labios de la vampira haciendo contacto con su piel. El bochorno que sentía no tardaría mucho en convertirse en lujuria así que apresuró las cosas. Cuando ella soltó su agarre él aprovecho para dar media vuelta y rodearla con sus brazos.
"Y tú para ser una anciana aun eres bastante juguetona" ella hizo un puchero al escuchar esa palabra. Él capturó los labios de su amante con los suyos, impidiéndole decir algo más. Cuando su relación salió al descubierto muchos apostaron a que ésta no duraría mucho y que todo se debía a los eventos recientes por los que fueron obligados a pasar.
Amor es una palabra que aun no se decía pero que ambos podían sentir con toda el alma, solo era cuestión de tiempo para que alguno de ellos la dijera. Tal vez no era necesario decirlo aun, de cualquier forma no podrían hacerlo ahora.
Finn tropezó con un libro e hizo que ambos rodaran por la pequeña colina de diferentes escritos que se formó. El ruido de la caída retumbo en cada pared y se esparció por todo lugar, una nube de polvo acumulado se alzó. Tan pronto se disipó dejo a la vista un par de figuras que tosían sin parar, el humano había amortiguado la caída de la vampira.
Ella podía haber flotado lejos de cualquier daño pero prefirió no soltar al humano cuando este empezó a rodar colina abajo. "No tenias que suavizar mi caída, ¿sabes?" le dijo con un rubor en su grisáceo rostro. Él rio ligeramente "Fue un reflejo. Disculpa."
Marceline sonrió al escucharlo decir esas palabras como si fuesen la cosa más normal del mundo. Si es que aun se podía usar esa palabra. "Entonces esto también es un reflejo…" Cerró los ojos y se precipito en busca del sabor de los labios del rubio y cuando los encontró no pudo dejar de sonreír.
Así batallaron por varios minutos sin buscar un ganador. Él se levantó y procedió a quitarle a Marceline esa blusa roja que comenzó a ser una molestia para sus avances. La vampira no pudo evitar sonrojarse al sentir como Finn le había quitado su prenda superior, pues ella no veía la necesidad de usar un sostén. Una cosa más que agradecerle a Glob, pensó él.
Se separaron un momento, solo por sentir la necesidad de la mirada del otro antes de proceder. Con una sonrisa de aceptación ella también le retiró su característica camiseta azul, dejando al descubierto el bien formado cuerpo de aventurero que él tenía, además de una enorme cicatriz en el pecho que, según la Dulce princesa, jamás sanaría.
La vampira hizo que se acostara nuevamente para seguir, pero la cara de incomodidad del humano hizo que ella se detuviera antes de que pudiera deshacer la hebilla de su cinturón. "¿sucede algo Finn?" preguntó extrañada.
Finn extendió su mano por debajo de su espalda sacando un libro que al parecer protuberaba de entre los demás. "Nada. Es este tonto libro de ¿Ysalorg Silasrevinu?" leyó las diminutas letras que resaltaban del forro café que envolvía a las paginas. "¿Qué rayos es eso?" dijo en desdén.
Ella rio sarcásticamente, olvidando momentáneamente lo que estaba por hacer. "Eso es lo que vinimos a buscar, genio". Los engranes dentro del cerebro del humano dieron vuelta muy lentamente y cuando lo hicieron… "¡Marcie! ¡Este es el libro que nos pidió la princesa!"
La reina de los vampiros tomó el libro y lo arrojó detrás de ella. "¡Hey, pero si-!" comenzó el humano. "Podemos llevárselo después, y decirle que tardamos en encontrarlo" le dijo la vampira lentamente y con un tono de frustración.
El rubio no contesto nada, no porque ella tuviera razón sino porque la vista que él tenía lo ameritaba. El libro que ella arrojó comenzó a sacudirse y a emitir una luz parpadeante. Marceline al darse cuenta de que la atención del humano estaba en otro lugar hizo que volteara a tiempo para ver como el manuscrito que buscaban se alzaba por los aires.
"¿Marcie… estás viendo lo mismo que yo?" preguntó sin separar sus ojos del libro. No hubo respuesta, solo silencio. Lo siguiente sucedió demasiado rápido para el gusto de cualquiera.
El candado que protegía al libro de los ojos curiosos se abrió de golpe y los fulminó con una luz comprable con la del sol, sin quemar a la vampira. Un sonido agudo le siguió y ambos fueron obligos a taparse los oídos.
Un torbellino comenzó a salir de entre la unión de las páginas y engullía todo lo que estaba a su paso. Finn y Marceline trataron de sostenerse de algo pero el ciclón como se mencionó anteriormente era demasiado rápido para ellos. Incluso ahogó los gritos de ambos mientras buscaban unir sus manos para no separarse.
Entonces el ciclón redujo su tamaño con los dos aún dando vuelta en su epicentro hasta que ambos desaparecieron entre sus páginas. El libro se cerró de golpe y cayó en el suelo sin dejar rastro del paradero de dos de los personajes más importantes en Ooo.
(A.N.: Perdónenme…)
