Ve-san acá.

Les he puesto nombres a los Antiguos, y para que se ubiquen, los escribiré acá.

Rómulo: Antigua Roma. / Ernest: Germania. / Elizabeth: Britania. / Vladimir: Kiev de Rus. / Cleopatra: Antiguo Egipto. / Erato: Antigua Grecia.

Kaelin es el nombre que yo uso para Wy.

Los saqué de algunos headcanons, tumblr's e historia que pude leer acerca de estos pueblos.

Espero disfruten el capítulo.


3. El Silencio.

Feliciano se elevó en el cielo un par de veces, intentando divisar desde la distancia a aquel ángel que tanto buscaba. ¡No estaba por ninguna parte! Gilbert también le estaba ayudando y ninguno de los dos había tenido buenos resultados.

Sobrevoló los cielos un poco más en trayectorias circulares, poco uniformes, dirigiendo miradas a los diferentes lugares de El Cielo, en busca de aquella joven figura que su mano recordaba a la perfección: el Bosque de los Dulces Sueños, protegido por Yao, Mathias y Lily, que estaba lleno de los ángeles más jóvenes que nacían cada vez que Lily dirigía su canto; Los Edificios de Discusión, desde donde el grupo de sabios, Rómulo, Ernest, Elizabeth, Vladimir, Cleopatra, Erato y los demás tomaban decisiones que después presentaban en El Puente, tras haber sido aprobadas por Él, los bosques, ríos, hogares de Ángeles que flotaban en el cielo... y no podía hallar sus rasgos en ningún lugar. Suspiró, decepcionado de sí mismo y descendió en una pradera, observando el pequeño lago que se movía ante los movimientos de los pies de la pequeña e inocente Kaelin que ignoraba a Peter quien quería llamar su atención.

-¿Feli? -una voz conocida le hizo sobresaltarse, y vio a su hermano, Lovino, que estaba al lado suyo. Se sentó en la tierra, instando a que el más joven hiciera lo mismo y observó a los pequeños niños, rodeando sus rodillas con sus brazos, envidiando su voluntad de hacer lo que él no se atrevía por el daño que tiempo atrás había sufrido en sus alas.- Me encontré con Gil, estaba vagando por el Bosque, y aunque los arcángeles dijeron que no lo hallaría, no les hizo caso. ¿De verdad necesitan tanto a Arthur? Deberían dejar su luto unos días, por los cielos. -masculló, suavemente, suspirando.

-Entiendo que Arthur sea tu mejor amigo, fratello... -miró a los niños, con algo de melancolía por los tiempos pasados, cuando los cuatro, los nietos de Rómulo y Ernest jugaban con las aguas del lago y entre las copas de los árboles.- Pero no podemos dejar que se extienda por mucho. El tiempo acá pasa mucho más lento que en el mundo humano, y para cuando se recupere normalmente Francis estará bailando con los demonios. Tenemos que hacer algo... hacer que se olvide de él, y que le deje de hacer daño.

-Si el Señor no fuera tan severo, Francis no hubiera caído y Arthur no estaría dañado. Podrían haber empezado con eso. -respondió, algo arisco, mordiéndose los labios.

-Francis pecó en El Cielo. -Feliciano le miró con seriedad y frialdad.- ¿Por qué lo defiendes? No creo que...

-Porque Antonio hizo lo mismo. -cortó Lovino, poniéndose de pie y alisándose las telas que caían como una camiseta para él. Tenía el ceño fruncido.- A mi no me duele, porque han pasado tantos años y no quiero que Arthur pase por lo mismo. ¡Deberían dejarlo volver! Se arrepintió, pidió perdón, pide perdón todos los días y lo hace de corazón.

-Ludwig ya fue a decirle que Dios dijo que no podía volver. Pecó, y eso no se perdona.

-¿Por más que se arrodille y se baje a si mismo?

-Francis no ha cambiado, fratello. Mira. -con completa calma, Feliciano hizo un suave movimiento con sus brazos y frente a ellos se formó un espejo, mostrando al ex-ángel junto a una monja, dedicándole una sonrisa amplia y coqueta.- ¿Cómo quieres que Él le otorgue perdón? Su comportamiento no ha cambiado. Reconoció a Jeanne, de seguro que quiso usar a Arthur para bajar y quedarse con ella... Tenemos que ayudar y animar a Arthur, aunque no podamos hacer que Francis vuelva. Él también era mi amigo, y me dolió su ida, pero el tiempo pasa, Lovino.

-Tú no lo entenderás nunca, Feliciano. -Lovino le miró, con tristeza, y se giró, mirándole de costado.- Cuando bajan y no vuelven, y tú tampoco los puedes volver a ver, te queda el dolor en el alma. Que Ludwig sea uno de los arcángeles principales no impide que no pueda pasar, Antonio era uno de ellos y Francis negó el cargo por Arthur. Y quizá, si cae, no lo hará por ti. Él no cayó por mi. -el de las alas heridas suspiró y comenzó a caminar en la pradera, sin girarse a mirar a su hermano. Las palabras le resonaron en la cabeza.

-¿Y si Luddy cae? -se preguntó, mirando el lago. Apoyó su cabeza contra sus rodillas, suspirante, y elevó la mirada cuando unas alas potentes detuvieron su vuelo ante él.

-Guardián Feliciano. -una profunda voz le hizo levantar la mirada y se encontró con Berwald, quien se arrodilló, algo sonrojado al acercársele.- El Arcángel Gilbert le llama. Está en el Museo principal. I-Iré a dar mi ronda. Con permiso.

-¡Berwald! Un momento. -Feli se puso de pie y se acercó aleteando suavemente.- ¿Qué tal está tu humano?

-A-ah... -Berwald se detuvo.- T-Tino está bien. Tiene una vida tranquila... Adoptó un perrito.

-Eso está bien, estás haciendo bien tu trabajo. -Feliciano le dio una palmada en el hombro.- Iré a ver a Gilbert. Quizá... ¿Has visto a Arthur, de casualidad?

-Guié al Arcángel Gilbert donde se encontraba, en el museo. -respondió, suspirante.- Es una lástima que haya pasado lo de Francis. Tino despertará en unos minutos más... me he de ir. Cuide de Arthur, por favor.

Las alas de ambos ángeles se rozaron dos segundos antes de alejarse por lados contrarios.