Aquí de nuevo con el tercer capitulo ¡gracias a Mary~chan! Mi primera adaptación, de la Editorial Harlequin, Categoría Bianca, de la serie: "En la cama con el Jefe"

Disclamer: Algunos personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, Chiie Taruma pertenece a Marisol Rodríguez y Amy Samake a Angelica Chávez. Historia original de Penny Jordan

Editado por HARLEQUIN IBERICA, S.A

Núñez de Balboa

© 2008 Penny Jordan. Todos los derechos reservados

AMOR EN LA INDIA

Titulo original: Virgin for the Billionaire's talking

Publicada originalmente por Mills & Boon ©, Ltd., Londres


CAPITULO 3.

Itachi se jactaba de tener un gran autocontrol. Era ese autocontrol el que le aseguraría no cometer el mismo error que su padre, de dejar que el deseo por una mujer avariciosa y mezquina lo humillase y lo dominase. Pero siempre era él quien lo controlaba. Ninguna mujer se había entrometido en sus pensamientos cuando él no había querido.

Y sin embargo allí estaba ella, filtrándose en sus pensamientos. Y eso lo enfadaba aún más.

Lo había dejado con su deseo insatisfecho. Pero ¿por qué se molestaba en pensar en ella? Probablemente ella se creía muy lista pensando que ofreciéndose primero y negándose luego, iba a conseguir más que si simplemente se acostaba con él, pero él no permitía que nadie lo manipulase.

Sobre todo una mujer que intentaba jugar.

Él la había deseado, ella se había dado cuenta y había reaccionado a ello, y luego había intentado aprovecharse de ello.

En lo concerniente a él el juego había terminado. Pero lo real era que ella se había marchado. Aquella hería su orgullo tanto como la arena del desierto hería la carne al ser frotada contra ella.

Itachi y su hermano Sasuke muchas veces habían montado a caballo en el desierto de pequeños. De pronto sintió un repentino anhelo de la libertad que le daba el desierto.

El desierto tenía la habilidad de desnudar a un hombre y dejarlo solo con sus fuerzas y sus debilidades, de manera que tuviera que sobreponerse a ellas para sobrevivir. El desierto enseñaba a un niño cómo hacerse hombre y a un hombre como transformarse en un líder o un gobernante.

Había echado de menos el desierto en sus años de exilio, y una de las primeras cosas que había hecho cuando su hermano lo había llamado advirtiéndole de la inminente muerte de su padre, había sido cabalgar libre por el desierto.

Sasuke sería un gobernante bueno y sabio. Itachi amaba y admiraba a su hermano menor, y agradecía la compasión que había mostrado al intentar asegurarse de que Itachi tuviera la oportunidad de hacer las paces con su padre antes de que éste muriese.

La cortesana que había causado la ruptura entre ellos se había marchado con un joven amante hacía mucho tiempo, y se había llevado un baúl lleno de joyas que le había regalado su padre, y algunas «prestadas» de los tesoros reales, piezas que jamás regresaron a él.


—He arreglado un encuentro para ti con Itachi. Lamentablemente no puedo quedarme contigo, porque tengo otra reunión, pero él es un hombre sereno a quien le gusta la idea de tenerte en la plantilla como nuestra diseñadora de interiores.

Chiie agradecía a Sasori que la acompañase a la reunión, pero a la vez lamentaba no estar sola para estudiar el entorno tranquilamente.

Le había sorprendido que el millonario empresario que era el motor de aquellas modernas estructuras en la India tuviera sus oficinas en un antiguo palacio en el corazón del viejo pueblo de Ralapur.

—Itachi no le da mucha importancia, pero la verdad es que su padre era el viejo maharajá, y hasta que su hermano se case, él es el heredero y el siguiente en la línea de sucesión al trono. El viejo maharajá, que estuvo enfermo durante algunos años, estaba en contra de la modernización. Sasuke e Itachi, en cambio, quieren traer los beneficios de la vida moderna a la ciudad y a su gente, pero a la vez quieren mantener las cosas tradicionales que hacen de Ralapur un lugar especial. Es por ello que los nuevos edificios estarán fuera de la ciudad.

Chiie comprendía que el nuevo maharajá y su hermano no quisieran estropear el lugar. Su propio sentido artístico había disfrutado con los edificios antiguos. La ciudad era una mezcla de estilos. No era fácil decidir qué estilo era el dominante.

Había influencia árabe, y según una leyenda, uno de los primeros dirigentes de Ralapur había sido un príncipe guerrero árabe. También se veía la influencia persa de los emperadores Mughal, así como la calma de los templos hinduistas. A ella le habría encantado pararse para explorar y disfrutar de la ciudad a un ritmo más pausado.

El coche grande que había llevado a Sasori y Chiie había aparcado fuera de las murallas, donde se le había pedido a todo el mundo que abandonase los vehículos porque estos no podían transitar por las estrechas calles del pueblo. Y ellos habían atravesado la ciudad por sus pintorescas calles. Una de las calles los había llevado a una plaza frente a un palacio real con dos guardias vestidos con trajes mughales y turbantes.

—Itachi ha ocupado el palacio de un maharajá del siglo XVI, mientras que el que está en frente fue construido al mismo tiempo para su madre viuda, quien había sido en sus tiempos una famosa mujer de estado —dijo Sasori

Sasori habló brevemente con el guardia de la entrada antes de acompañar a Chiie por la escalera de mármol hacia un vestíbulo.

Ella estaba cada vez más nerviosa.

Ya le había impresionado bastante saber que su cliente era un exigente millonario, pero ahora que sabía que también era de la familia real, su aprensión aumentaba. Él sería real, pero ella era una cualificada diseñadora de interiores que había hecho sus prácticas con una de las empresas más respetadas internacionalmente, y cuyo trabajo era altamente considerado, se recordó.

Pero también era la hija de una mujer que había vendido su cuerpo. Desde pequeña ella se había dado cuenta de que no debía contar nada sobre su madre. Porque cuando se enteraban las m adres de sus compañeros, apartaban a sus hijos de ella. Y se había prometido construir un muro que la separase para siempre de su pasado.

Su oportunidad había llegado cuando su Madrina se había muerto de un ataque al corazón y había dejado a Chiie completamente sola en el mundo con una herencia de quinientas mil libras.

Había pagado clases de dicción para ocultar su acento del norte, y un curso de diseñadora de interiores. También había podido comprarse un pequeño apartamento en lo que entonces había sido una zona poco cara de Londres pero que en la actualidad se había revalorizado.

De pequeña ella había querido a su madre. Pero de mayor, su amor se había ido mezclando con rabia. Ahora la quería todavía, pero su amor estaba mezclado con pena y tristeza, y una firme determinación de no repetir los errores y debilidades de su madre.

Chiie no mentía sobre su pasado, simplemente no contaba todo sobre él.

Sasori y ella fueron acompañados a un salón de recepciones, un salón enorme decorado con columnas y paredes talladas con oro. Era impresionante. Una pantalla de cristal desgastado estilo árabe recorría el pasillo del piso de arriba, permitiendo a los que miraban hacia abajo ver todo sin ser vistos. A Chiie le pareció que la habitación tenía un aire de intriga y secretos, de susurradas promesas y amenazas, de favores reales y un férreo poder manejado detrás de sus puertas.

Aquél era un mundo diferente del que conocía ella. Era un mundo de tradiciones y exigencias. Dentro de aquellas paredes una persona sería juzgada por quienes habían sido sus ancestros, no por quienes fuesen ellos. Chiie se reprimió un pequeño estremecimiento de aprensión mientras seguía a Sasori por la habitación.

El perfume a sándalo llenaba el aire.

Un hombre vestido con ropa tradicional vino a su encuentro. El pelirrojo le dio sus nombres. Éste hizo una reverencia y les indico que lo siguieran por un pasillo estrecho detrás de los cristales desgastados. Éste daba a una puerta doble que se abría hacia un elegante patio.

El hombre los hizo atravesarlo y los condujo a otra puerta. Desde allí los hizo subir unas escaleras hasta que llegaron a una puerta que golpeó antes de abrir.

Cuando se abrió la puerta se vio un hombre hablando por su móvil, de pie frente a una ventana por la que se oía y veía la calle.

No, no era un hombre, pensó ella, sino el hombre por el que ella había roto la regla más importante en su vida; el hombre que ella había besado y tocado, y al que le había expresado, no con palabras, sino con su comportamiento, que lo deseaba. El hombre del que había huido, avergonzada y aterrada. El hombre que le había mostrado su desprecio ofreciéndole dinero por los besos que habían compartido.

Si hubiera podido, Chiie se habría marchado corriendo. Pero no podía hacerlo. Sasori estaba de pie detrás de ella. Los ojos negros del hombre la miraron y se posaron en su rostro. Él la había reconocido aunque no lo demostrase. Sasori dio un paso al frente y le dio la mano.

—Itachi, te he traído a Chiie, como te prometí. Ella tiene muchas ganas de que le des este contrato para mostrarte lo que es capaz de hacer. No creo que te sientas decepcionado por ella.

Chiie se estremeció internamente al pensar en las palabras que había elegido Sasori y la interpretación cínica que podía dárseles.

—No puedo quedarme —dijo el pelirrojo—. Tengo una reunión, así que tendré que dejaros que converséis sin mí. No obstante ya te he dicho, he visto el trabajo de Chiie y puedo recomendártela personalmente.

Sasori se fue antes de que ella pudiera detenerlo y decirle que había cambiado de idea. Que no quería aquel contrato por nada del mundo.


Itachi la observo. Salvo que fuera muy buena actriz, no había fingido su sorpresa al verlo y darse cuenta de quién era él.

Así que, ésa era ella. ¿Una mujer que se vende a los hombres? ¿O una mujer profesional a la que le gusta soltarse la melena y jugar sexualmente? O quizás ambas cosas, dependiendo de su estado de ánimo.

Si era así, tal vez estuviera más acostumbrada a que le pagasen en regalos caros que en efectivo, aunque no había parecido disgustada al recibir el dinero de aquel hombre. Aquel día estaba vestida como para una reunión de negocios, con estilo europeo. Y él notó una mínima gota de sudor en su labio superior, probablemente causada más que por el calor, por la incomodidad de verlo.

—Has venido altamente recomendada. Sasori habla maravillas de ti.

Chiie ignoró su tono burlón, e intentó controlar su rabia mezclada con vergüenza. Su propio comportamiento era el arma que él tenía contra ella, y eso le causaba vergüenza. Y el hecho de que él no dudase un momento en utilizarla le provocaba rabia.

Bueno, ella no iba a responder a su agresión. Itachi frunció el ceño al verla callada.

Le irritaba no haber adivinado quién era ella, y al mismo tiempo le molestaba que ella hubiera traído consigo aquel perfume que lo embriagaba y que le recordaba su deseo por ella. Deseo que no sólo era recuerdo, pensó al notar su vacilación involuntaria.

Ella usaba su sexualidad del mismo modo que usaba el perfume. Lo atraía con ella, y alertaba sus sentidos aunque quisiera mantener un aire de distancia.

Itachi se dio la vuelta y caminó por su despacho.

— ¿Te has acostado con Sasori? ¿Es por eso que tiene tanto interés en que consigas este contrato? ¿Te lo ha prometido a cambio de tus favores sexuales?

—No. No me voy a la cama con nadie para asegurarme un trabajo. No lo necesito —le dijo Chiie, orgullosa—. Mi trabajo habla por sí solo.

—Sí, ya lo creo. Lo he visto por mí mismo anoche.

Ella sintió que le hervía la sangre. No había duda del significado de sus palabras.

—Piensa lo que quieras.

—No son mis deseos los que guían la lógica de mis procesos mentales. Es la prueba de lo que ven mis ojos. El hombre con el que te vi anoche te dio dinero. Lo vi con mis propios ojos. Una cantidad sustanciosa.

Chiie tenía que defender su reputación profesional. No iba a conseguir el contrato, así que no tenía nada que perder si se defendía.

—Y por eso sacas conclusiones de que soy… ¿de qué vendo mi cuerpo? Eso no es lógico. Es una suposición surgida del prejuicio.

¿Ella se atrevía a discutir con él? ¿Se atrevía a defender lo indefendible y acusarlo de tener prejuicios?

Itachi estaba furioso.

—Él te dio dinero. Lo vi con mis propios ojos.

—Es un viejo amigo. Me estaba pagando los muebles de su apartamento. Si no me crees, puedes preguntárselo a él. Y también puedes preguntárselo a Amy.

— ¿A Amy?

—A la novia. Shikamaru y ella son grandes amigos. Amy, Shikamaru, Neji, el marido de Amy, y yo, fuimos juntos a la universidad.

Chiie no sabía por qué le estaba contando todo aquello. No le serviría de nada. Había perdido el contrato, y aunque necesitaba el dinero desesperadamente, una parte de ella se sentía aliviada. Había cosas más importantes que el dinero, y su tranquilidad mental era una de ellas.

Itachi frunció el ceño. Algo le decía que ella estaba diciendo la verdad. Pero no pensaba rebajarse preguntando a otros sobre ella.

Y además, había otras cosas en juego. Ella tenía una impresionante lista de clientes, la mayoría de los cuales eran mujeres. Aquello había sido uno de los factores principales en su decisión de contratarla. La creciente clase media India quería hogares nuevos occidentalizados, y eran principalmente las mujeres las que estaban tomando decisiones sobre los constructores a quienes compraban. El interior de los apartamentos era importante a la hora de comprar una casa, e Itachi sabía que no podía arriesgarse a cometer errores en la elección del decorador de interiores.

En el papel aquella mujer cubría todos los requisitos. Tenía conexiones con la élite de familias indias de Londres, sin duda a través de las amistades que había hecho en la universidad… Había trabajado para ellas en Londres, y sabía que sus clientes habían halagado su habilidad para unir el mejor estilo hindú tradicional con el moderno estilo occidental para crear interiores con estilo único. Ella también había trabajado en Mumbai. Aparentemente se sentía en casa en ambas culturas, y tenía la aprobación del matriarcado hindú, algo vitalmente importante para su profesión, e indirectamente para los negocios de él.

El silencio de aquel hombre era enervante, pensó Chiie.

—Mi trabajo habla por sí mismo —repitió.

—Pero tal vez tu lenguaje corporal hable más claro, ¿no? A mi sexo, al menos —contestó él con voz de acero.

La ojirroja levantó la barbilla y le dijo con orgullo:

—No veo el sentido en prolongar esta conversación, ya que es obvio que no tienes intención de contratarme como diseñadora de interiores.

Ciertamente él no quería contratarla ahora que sabía quién era ella. Pero no podía hacerlo, tanto por Sasori como por sí mismo.

El de ojos plomizos era un socio un poco nuevo en el negocio, pero tenía derecho a cuestionarle por qué había rechazado a la pelinegro después de haber llevado las negociaciones hasta ese punto. Sasori podía sentirse ofendido. Y aunque él era demasiado poderoso para preocuparse por algo así, tenía su código moral y sus escrúpulos, y no podía permitir que sus sentimientos personales interfirieran con sus negocios, y menos sin dar una explicación.

La situación no era negociable, tanto desde el punto de vista práctico como moral. No tenía otra opción que seguir adelante y formalizar la oferta de un contrato, como esperaba Sasori.

—Personalmente, no —dijo él—. Si el juego de la pasada noche tenía como objetivo aumentar mi apetito, me temo que ha fallado. No obstante, en cuanto al contrato como diseñadora en el nuevo complejo, estoy dispuesto a aceptar las recomendaciones de mi socio de que tú seas la persona indicada para el trabajo. Por supuesto, si él se equivoca…

Chiie hizo un esfuerzo para digerir lo que acababa de decirle: tanto su ataque personal como su oferta de un contrato. Se sentía atrapada. Si bien ella podría haber dado la espalda al contrato, si lo hacía arrastraba a Sasori con ella, puesto que él había dejado claro que él se vería envuelto también en el resultado de la negociación.

Y ella no quería estropear la reputación del negocio de Sasori.

Y suponía que aquel hombre cínico que se hallaba frente a ella lo sabía.

—Muy bien —dijo ella poniéndose de pie—. Pero quiero que quede claro que la relación entre nosotros será exclusivamente la de un constructor con una diseñadora de interiores. Nada más.

¿Ella se atrevía a advertirle de que se mantuviera a distancia? Itachi no podía creerlo.

— ¿Estás segura de que eso es lo único que quieres? —se burló él.

Chiie se puso roja.

—Sí.

—Mentirosa… —comentó él—. Pero, está bien, porque te aseguro que no tengo intención de que nuestra relación sea otra que profesional. La verdad es que, si me deseas, vas a tener que venir de rodillas a pedírmelo. Y aun así… —la miró con desprecio—. Bueno, digamos que no soy un fanático de la mercadería usada.

Si ella hubiera podido marcharse, lo habría hecho. Pero no podía. Estaba atrapada. De pronto se abrió la puerta del despacho y apareció Sasori, entusiasmado.

—La cita que tenía se canceló, así que he vuelto. ¿Qué tal va?

—Como la señorita Taruma viene recomendada por ti. Akasuna, voy a ofrecerle el contrato. Si lo acepta o no, por supuesto, depende de ella.

Chiie lo miró con ojos de fuego.

—Por supuesto que aceptará, Itachi —dijo el Akasuna, entusiasmado.

—Entonces, estamos de acuerdo. Chiie será nuestra diseñadora de interiores —dijo Itachi—. Le diré a mi ayudante personal que se ocupe del contrato, y para celebrarlo, esta noche podemos cenar los tres juntos, y discutir todo con más detalle. Te alojas en el Hotel Palace Lodge, ¿verdad, Chiie? Enviaré un coche a recogerte a las ocho.


Chiie estaba desesperada por aquella situación. No podía disfrutar del paseo por la ciudad.

No recordaba cuándo había sabido lo que era su madre. Pero recordaba que tenía nueve años cuando su madre le había dicho que su padre era un hombre casado que le había dicho que la amaba.

—Siempre dicen que te aman cuando quieren acostarse contigo. No era mi primer hombre, no. Desde los catorce años tengo a los hombres detrás de mí. Ése ha sido mi problema, Chiie. Siempre me ha gustado pasármelo bien. Es mi naturaleza, ya ves. Y será la tuya también. No podemos evitarlo. Venimos de una línea de mujeres así. Un día vendrá un chico y antes de que le des cuenta estarás abriéndote de piernas —le había dicho su madre un día.

Chiie todavía se estremecía al recordar sus palabras. La habían atemorizado toda la vida, y mucho antes de entrar en la universidad le habían hecho tomar la decisión de que no se enamoraría nunca.

Después de la universidad Chiie se había trasladado a Londres por un trabajo de diseñadora de interiores.

A través de la amistad con Amy y Shikamaru había tenido contacto con el área de étnicas diversas de Brick Lane y pronto había respirado su intensidad creativa y la había integrado en su trabajo.

Pronto se había corrido la voz de que ella tenía afinidad con el gusto hindú, y los hindúes ricos habían empezado a darle trabajo. Y poco a poco había empezado a destacar y a labrarse un mercado propio.

Había conocido a Sasori a través de Shikamaru, y un tío de éste lo había incluido en la construcción de propiedades en la India, que era el modo en que Sasori había conocido a Itachi. El recordar a Itachi, o mejor dicho a Su Alteza el Príncipe Itachi de Ralapur, la ponía tensa.

¿Cómo había podido dejar que sucediera aquello?, se preguntaba.

Nunca antes ella se había visto tentada de infringir las reglas que dirigían su comportamiento.

Sí, había besado a chicos en la universidad, no quería que pensaran que era rara, pero cuando habían empezado a querer más, les había dicho que no.

Era verdad que alguna vez algún pasaje en un libro o una escena de una película, la había excitado un poco, era humana después de todo, pero nunca se había permitido excitarse en la realidad.

Hasta la noche anterior.

No podía quedarse a trabajar con él.

¿Por qué?

¿Por qué terminaría acostándose con él? ¿Rogándole, como le había dicho, que se acostase con ella?

No, ella tenía su orgullo.

Ella iba a mostrarle que era capaz de permanecer fría ante él. ¿Podría hacerlo?

Ella era una virgen de treinta y tres años que en realidad tenía miedo de estar en peligro de romper la promesa hecha hacía tantos años. Y él parecía un hombre que actuaba con las mujeres como un río caudaloso que las arrastrase en su corriente sin remedio.

Pero la realidad era que no podía permitirse perder aquel contrato. Era una oportunidad profesional inigualable. Su éxito elevaría su estatus en su trabajo.

Lo único que debía hacer era mantener la promesa que se había hecho de no ser físicamente vulnerable.


Cuando faltaban dos minutos para las ocho, Chiie bajo a la recepción del hotel y aviso a la chica del mostrador que iban a enviar un coche a recogerla.

A las ocho y cinco Sasori apareció corriendo por la entrada del hotel, y sonrió al verla.

—Itachi pide disculpas, pero finalmente no puede venir —le dijo el pelirrojo sentándose en el asiento frente a ella.

Sasori dejó un sobre encima de la mesa de mármol que había frente a ellos, e hizo señas a un camarero. Luego, sin preguntarle a Chiie, pidió champán. Sus ojos brillaban de entusiasmo.

—Me ha dado el contrato para que lo firmes. Me voy a Mumbai y luego a Londres por la mañana, pero quiero estar seguro de verlo antes de marcharme. Ah, y me ha dicho que se pondrá en contacto contigo mañana para ponerte al tanto de todo y decirte lo que quiere. Es un buen contrato, Chiie. Hay un buen pago por adelantado. Una cosa que puedo decirte de Itachi es que espera el mejor resultado, y que no tiene problema en pagar por ello.

El camarero llevó el champán.

—Por el éxito — el pelirrojo levantó la copa para brindar con ella.

Media hora más tarde el contrato estaba firmado y leído. Sasori le prometió enviarle un fax con una copia cuando Itachi hubiera firmado también.

Y la cabeza de Chiie estaba levemente mareada tanto por el champán como por la noción de que ya no había vuelta atrás.


Sí, aquí con el capitulo 3 (gracias, obviamente a Mary~chan), ¿ahora qué hará Chiie teniendo que trabajar par un hombre que la cree una mujer de "esas"? Si les gusto, compren lean el libro de esta magnifica autora, y por supuesto, sigan la flechita

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