Bueno, este es otro capítulo... ¿Qué pasaría si, por esas cosas de la vida, la Sir se va de copas con el mercenario? Pueden pasar muchas cosas divertidas en un bar, pero no si tu compañera es una Hellsing que tiene como padre adoptivo a un shinigami y como mascota un vampiro celoso.
¡Muchas gracias a todos los que han leído esto y me han dejado sus review! :D De verdad se los agradezco, y espero que les guste este capítulo :)
Capítulo 3: De copas en el bar
Sentados cómodamente dentro de la limusina, Pip e Integra se toman un respiro de relajo luego de salir de esa fiesta infernal (Infernal para Integra, que tuvo que soportar todos los cuchicheos indiscretos de los viejos nobles y sus señoras, los acosos majaderos de Damien, las miradas curiosas de los demás y con la "brillante" idea que se le ocurrió a la Reina: que ella sentara cabeza con su acompañante. Ojalá a la anciana no se le ocurriera volver a organizar otro evento social como ese).
Pero para Pip la velada había resultado ser bastante divertida a pesar de todo: pudo conocer a la reina en persona, a los viejos fanfarrones de la nobleza (de los cuales se rió bastante a sus espaldas), a los jóvenes petulantes (Bueno, eso no había sido muy agradable, pero lo reconfortante era que pudo verles la cara de odio retorcerse en una mueca al verlo a él junto a la Sir Hellsing) a las damas del evento (Que no estaban nada de mal, siempre era bueno relajar la vista) y por sobre todo, que había podido compartir momentos bastante inauditos con su Comandante. El mercenario tenía la idea de que mientras más cosas se conocen de la otra persona (hasta cierto punto, claro) mayor era el respeto que ésta podía despertar; y era exactamente lo que le había acontecido con Sir Integra: él la respetaba desde que llegó a trabajar para su Organización y pudo conocer su espíritu de aplomo cuando salió con ellos a las batallas. Pero al conocer un poco más de su historia personal y familiar, y compartir con ella dichos momentos, hacían que su admiración por ella creciese aún un poco más y enalteciera a su Comandante a un rango superior de otras personas que había conocido durante su trayectoria de soldado. Además, no había que olvidar que ella era una chica a fin de cuentas, y que quizás el mayor recuerdo de la noche sería el haberla visto llevar ropas de gala femeninas. Eso sí era épico, y los demás mercenarios lo envidiarían; sonrió satisfecho al imaginar sus caras de desconcierto.
Pip tenía esa enorme cadena de pensamientos y divagaciones en su mente riéndose para sí mismo cuando se dio cuenta de que su compañera se acomodó en el asiento de enfrente y lo observó con una mirada suspicaz por un largo tiempo. Él comenzó a ponerse nervioso, algo quería decirle la mujer. Tragó saliva y se sentó derecho, tratando de disimular su tensión. Esos ojos tan azules y profundos hacían poner la piel de gallina a cualquiera, y aunque en un momento él pensó que podían recordarle a los de su adorable draculina, rápidamente se dio cuenta de que éstos irradiaban una personalidad mucho más poderosa e intimidante, ante la cual casi cualquier mortal tendría que darse por vencido. Casi podía sentir como si ella fuese capaz de leer sus pensamientos al igual que el nosferatus, como si escrutara dentro de sus pensamientos y acciones…desvió la vista disimuladamente.
Ella miró al mercenario jugar con sus manos en un acto seguro de nerviosismo, y desviar la mirada distraído hacia otra parte del coche. Sonrió para sí misma.
—Bueno, ya puedes ir sacando la botella –dijo Integra como si nada, dejando fluir las palabras a través de su boca de una manera suave e indiferente.
—¿Uh? –Pip dio un respingo en su asiento y se hizo el desentendido, mirándola con cara de fingida inocencia, como si no supiera de qué le estaba hablando. ¿¡Acaso ella le estaba leyendo la mente!?
—No te hagas….te ví cuando desapareciste del salón.
Más calmado ya, él soltó una risa sincera: —A usted de veras no se le pasa nada, Sir.
*Flashback*
Pip sale discretamente de la sala de cocina del palacio, escondiendo algo disimuladamente bajo su chaqueta. Camina con despreocupación por entre los nobles y sale por la puerta trasera del edificio, asegurándose de que nadie lo vea; se dirige hacia el estacionamiento privado y busca la limusina de la señorita Hellsing. A esas horas el chófer está dándose una siesta en los asientos delanteros del coche. Quedamente se mete adentro de la parte posterior y procede a aguardar su tesoro «Mi hermoso, mi hermoso tesoro»dice extasiado mientras lo coloca debajo de los cojines de los asientos. Luego regresa satisfecho a la fiesta, como si nada hubiese ocurrido.
Al otro lado del salón, una Integra que intenta camuflarse de la reina y de su indeseable sobrino nieto, lo ve salir y luego regresar triunfante, y sospecha inmediatamente de sus acciones.
*Fin flashback*
Integra levantó las cejas alegremente en señal de aprobación. — ¿Y?
—A si, de veras –Pip buscó entre los cojines del carro y saco una botella de whisky carísimo, completamente sellada–. La verdad es que me fue irresistible no traérmela. Fue amor a primera vista –dijo apapachando el cristal contra su mejilla y poniendo cara de gato.
Integra no sabía si reírse del gesto o encontrarlo tonto. Optó por ambas cosas. —Pero bueno –dijo–. No me digas que no la ibas a compartir con tu comandante.
La cara de Pip fue de absoluto asombro: —¿Enserio?
—¿Acaso estás bromeando? Te traes una botella del mejor licor de la fiesta de la reina, ¿Y no piensas compartirla conmigo, que fui tu compañera? –replicó la joven con un ademán de sentimentalismo. Esto bastó al mercenario para recuperar confianza. Se rió abiertamente, olvidando sus nervios.
—¡Comandante, no lo creí de usted!
Integra sonrió casi malévolamente y le arrebató la botella de las manos, para abrirla y empinársela.
— ¡Fiuuuuuuuu!
—No me digas que le temes a tomar de la botella, capitán –dijo devolviéndole el licor con una mirada pícara.
— ¡Jamás! –respondió él al momento en que hacía lo mismo.
Entre chorradas y bromas respecto de los nobles y sobre todo de Damien, ambos fueron bebiéndose toda la botella de whisky dentro de la limusina. En un principio Pip no creía que Sir Integra pudiera comportarse así, tan relajada. Pero el estrés de la noche seguramente le había aflojado algo los nervios o que se yo, de todos modos, era bastante agradable comportándose de esa manera, así que a él no le importó en lo más mínimo.
— ¡Magnífico! Algún día deberías venirte con nosotros al Bar de Paula –dijo él entre risotadas, sin fijarse bien en lo que decía ni a quien se dirigía.
Integra pareció curiosa: —¿A dónde?
—Al bar…ah, perdón. Había olvidado que trataba con usted, señorita Integra –dijo disculpándose y tomando un tono serio–. Olvídelo…
—No, no no. Repite lo que acabas de decir. ¿Dónde queda ese bar?
—A tres calles de aquí. Pero no es un lugar como para usted.
—¡Ya volviste a tratarme de usted! Esta noche, pero solo por esta noche, agradecería me tutease, capitán. Es más, por eso mismo, vamos a ir a ese bar que tú dices.
— Pe...pero, señorita…es decir Integra…es tarde...Walter…Alucard…
—No importa, recuerda que aquí la jefa soy yo.
—Pero…ellos…él dijo…
—¡Que importa lo que ellos digan! Me vas decir ahora mismo donde queda ese bar –amenazó ella señalándolo con un dedo–. O le diré a Seras que jamás vuelva a dirigirte la palabra… ¿Me oíste?
Pip tragó saliva, nuevamente le daban en su punto débil. ¡Maldición!
—Y si no quieres, pues bueno, no me acompañes…
—No, eso jamás. Yo iré con uste…contigo –dijo él reponiéndose.
.
La elegante limusina entró por una calle bastante iluminada de un barrio popular de Londres, las luces de neón resplandecían llamativas en las entradas de los bares y discotecas esparcidos a lo largo de la avenida. Todo el lugar brillaba de luces y gente que entraba y salía de los diferentes locales; ese era el lugar preferido por los mercenarios, Pip lo conocía ya muy bien.
Algunos transeúntes se extrañaron de ver tan lujoso automóvil llegar a esos lugares, pero luego no le dieron mayor importancia, allí venía gente de todas partes de la ciudad. Pip hizo detenerse al chófer delante de un cartel con luces verdes que garabateaba a la entrada «El Bar de Paula» y en donde ya había varios coches estacionados y podía verse bastante gente en su interior. No era de las típicas cantinas que solían visitar de vez en cuando, el Bar de Paula era un lugar bastante concurrido por toda clase de gente ya que se contaba entre uno de los mejores en entretenimiento y servicio. Adultos y jóvenes iban allí a tomarse algo de beber, a jugar pool, a sociabilizar y a bailar. La gente se olvidaba de sus preocupaciones y dejaba sus penas sobre la barra o en la pista de baile. Allí no importaba de dónde venías ni quién eras en tu vida cotidiana, lo único importante era divertirse un rato. Y eso era exactamente lo que la Sir quería probar. Descendieron de la limusina y la joven despidió al chófer para que éste aprovechara algunas horas de relajo al igual que ellos, más tarde vendría a buscarlos.
Al bajar, Pip se quitó la chaqueta y se la pasó a Integra por los hombros. —No querrá andar así solamente con ese vestido dentro del bar –dijo a modo de explicación cuando ella lo miró interrogante.
—Bueno, ya está...Bienvenida al Bar de Paula.
.o.o.o.o.
—Sir, ¿Estás bien? –preguntó Pip sin soltar su vaso de alcohol en la barra.
Integra le dedicó una sonrisa de felicidad suprema. —¡Mejor que nunca! –dijo casi gritando mientras levantaba a la vez su vaso y apagaba el cigarro contra el cenicero de la mesa. Todo el bar hervía en furor de fiesta a esa hora, y a ellos evidentemente se le habían pasado las copas…algo más de la cuenta. Integra no se acordaba de su condición de Hellsing destacado e inmaculado; y Pip había dejado de imaginar, por fin, la voz tétrica del vampiro en su mente.
Descalza, con los pies colgando por los bordes de la silla con su vestido de noche y la gran chaqueta de Pip encima, Integra sonreía afirmada en la barra mientras se terminaba sorbo tras sorbo la botella de tequila que habían pedido junto al mercenario. Se reía de las bromas de éste y ella misma colaboró con las propias cuando imitó a Sir Island alzando el cuello como un cisne viejo y estirado, y hablando con una voz jocosa mientras hacía ademanes con las manos «Eres muy joven para dirigir la Organización, niñita...Debes casarte pronto, Integra...blablablá» Pip estalló en una carcajada al verla y le celebró la gracia.
Un hombre joven se puso a su lado para pedir un trago mientras fumaba, Integra no dudó en pedirle fuego descaradamente (¿Desde cuándo era tan sociable, menos aún con extraños?) agradeció y sonrió, cautivando al otro con sus ojos azules. Éste iba a flirtear con ella, hasta que vio, sentado junto a la joven, al castaño con mirada seria clavándole su único ojo amenazante... "Umh...quizás en otra ocasión"
Pip se disculpó y salió de la barra por un momento. —Voy y vuelvo –dijo mientras se alejaba un tanto. Integra aprobó con un movimiento de cabeza y lo miró alejarse, una vez él se perdió entre la multitud, volvió a concentrarse en su cigarro y a tararear las canciones que sonaban a todo volumen; ella nunca se había divertido así, jamás. Pero en ese preciso instante le importaba un comino. Es más, hasta sentía que tenía ganas de…¿Bailar?
De pronto, la canción «I'm sexy and I know it» comenzó a sonar por toda la habitación, y fue entonces cuando la rubia no aguantó más: la chispita loca de su cabeza se había encendido y la hacía parecer irreconocible, ella sentía muuuchos deseos de bailar en ese instante, y no recordaba que en realidad ella ODIABA bailar.
A segundos que el pensamiento se le pasara por la cabeza, Integra había abandonado su vaso y estaba ya en medio de la pista y bailando con todo entusiasmo. Del elegante moño en su cabellera ya no quedaba nada, y se veía bastante graciosa llevando esa chaqueta tan grande sobre ella. Quien quiera que la hubiese visto, no hubiese sospechado jamás quién era esa chica tan mona y divertida, y mucho menos hubieran pensado que era en realidad un Sir ni menos que se dedicaba a cazar monstruos. Era solo una joven más que se estaba divirtiendo, y vaya que se divertía. La multitud se agrupó a su alrededor formando un círculo mientras aplaudían. Un muchacho moreno bastante apuesto se atrevió a unírsele en el baile, y luego apareció otro igual de guapo, pero con un estrafalario cabello pintado de verde. Todos gritaron eufóricos.
Pip volvía del baño cuando se encontró con la escena. Su único ojo amenazó con perder también la vista cuando vio, en medio de la pista, y bailando entusiasmadamente con dos apuestos jóvenes londinenses, a su jefa. La rubia reía feliz no importándole que su vestido se hubiera subido lo bastante como para dar una vista deliciosa de sus piernas, y estaba a punto de quitarse la chaqueta cuando el alcohol voló de la mente de un asustado Pip, quien recordó de pronto todas las amenazas cernidas sobre su cabeza y todas las posibles consecuencias que le vendrían más tarde. ¡Alucard…mierda!
.o.o.o.o.
Prácticamente la arrastró fuera de la pista para sacarla de entre los jóvenes que protestaron indignados. «¡Aguafiestas!»le habían gritado, pero él se limitó a buscar los zapatos de la muchacha y a salir de allí lo más rápido que sus piernas podían, llevándosela con él. Oh Dios, que ese vampiro no esté leyéndome la mente a la distancia. Estoy muerto, estoy muerto, pensaba mientras regresaban hasta la calle y buscaban el coche, por suerte estaba estacionado a un par de cuadras y pudo llevarla hasta allá en cuestión de minutos. —Arranca Boris, nos vamos a casa.
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Mientras tanto en la mansión, un vampiro se pasea refunfuñando por los pasillos de la gran casa, tratando a toda costa de no toparse con el viejo mayordomo.
—Ese estúpido...miserable humano... «La Reina dijo que con alguien vivo» (decía poniendo voz de niño y haciendo burlas con las manos)...idiota. Ya veremos quién encontrará gusanos en su comida mañana...o quizá tenga un accidente, son tan comunes en ésta época del año...
—¿Qué es tan común en ésta época?
—¡Walter! Deberías saber que es de mala educación escuchar conversaciones de los demás –dijo el vampiro sobresaltado.
El aludido lo miró con cara de "¿Y tú me lo dices?", pero no alcanzó a responder nada porque el del sombrero se alejó rápidamente a través del pasillo. —Ahora que recuerdo, debo buscar a la chica policía.
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—¿Chica policía? –llamó Alucard al entrar en la habitación de su incipiente, pero no había nadie. La chica tenía su cama-ataúd abierta, la luz de su mesa encendida y un montón de papeles esparcidos sobre ésta. El vampiro frunció el ceño. Nunca dejará de comportarse como una humana. Y estaba a punto de desvanecerse de la habitación cuando algo sobre la mesita llamó su atención. En medio de una libreta de color rosa, sobresalía la esquina de un papel fotográfico colorido. El retrato de alguien. Se acercó a la mesa con curiosidad (¿Qué?! los vampiros también podemos ser curiosos) y tiró del papel; apareció la foto de un hombre castaño con una larga trenza que llevaba sombrero, sonreía mostrando todos los dientes y haciendo el símbolo de la paz con sus dedos.
El vampiro hizo una mueca de sorpresa al principio, luego una de enojo, y más tarde una de maldad. Miró por sobre la mesa una vez más y dio con unos bolígrafos de colores. Se sentó en la sillita y comenzó a trazar líneas con los lápices con una expresión entre alegría y venganza en el rostro.
—¿Maestro? ¿Q...Qué estás haciendo con mis cosas? –Seras entró justo en ese momento para ver a su maestro inclinado sobre su mesa de dibujo muy atareado coloreando algo, los cabellos negros se revolvían a su alrededor mientras él reía por lo bajo malévolamente.
Alucard se dio la vuelta al instante y escondió el lápiz entre sus guantes.
—¡Nada! Vine a ver si ya habías bebido tu ración diaria de sangre. Haces muy mal en negarte a beber.
—Pero Maestro, hace tiempo que ya estoy bebiendo...
—¡No trates de cambiarme el tema, chica policía!
—¡¿...?!
—Y no pongas esa cara de desconcierto... ¡En esta casa todos están chiflados! –dijo con aparente enojo antes de desmaterializarse de la habitación, dejando a una Seras totalmente confundida. Pero al momento en que desapareció, algo cayó de su manga; ella se agachó para ver, y se encontró con la foto que guardaba del mercenario (Que por cierto nadie debía enterarse) claro que algo había cambiado en el retrato: tenía garabatos por todas partes, bigotes hechos con plumón, un diente pintado de negro simulando unas caries, las mejillas rosadas, una cartera colgando de su brazo derecho, cuernos rojos saliéndole detrás de la cabeza, y eso era... -la draculina miró con más detalle la esquina de la foto-...un "perrito" mordiéndole una pierna. Seras reconoció inmediatamente a Basquerville. ¡Maestro!
—Shhh –dijo Integra poniéndose un dedo en los labios, al momento en que abría la pesada puerta lo más despacio que podía a fin de no meter ruido. Metió la blonda cabeza dentro y escrutó en medio del silencio nocturno; no había nadie en el vestíbulo. Se sacó los zapatos para caminar con más comodidad y entró a la casa, seguida de cerca por Pip. Era gracioso verlos así; ella, la ama y señora del lugar, entrando a hurtadillas a su propia casa como lo haría una adolescente cualquiera. Pero si Walter la descubría… ¡No! ¡Qué vergüenza le daría! De solo imaginárselo le daban cosquillas en la columna.
Pip entró tras ella y miró en todas direcciones, no era a Walter al único que él le temía…
—Hasta que llegaron…
Los recién llegados dieron un grito al unísono cuando escucharon la voz a sus espaldas y se volvieron sobresaltados. El mayordomo, sentado sobre el sofá, los miraba seriamente.
—Walter…nos asustaste –dijo Integra entre reclamo y disculpa.
Su mayordomo se incorporó y se dirigió a ellos pausadamente. Cuando los tuvo de frente, encendió la luz y los miró. Ambos se sintieron empequeñecer ante su mirada abierta y escrutadora. El mercenario se fue metiendo sigilosamente tras el cuerpo de su compañera tratando de evitar los ojos negros del shinigami. Éste miró primero a Integra, que se hizo un ovillo bajo su mirada, pero se guardó de emitir palabra alguna; luego a Pip, pausadamente, lentamente…tormentosamente; el mercenario no pudo más y gritó: —¡Aaah! Fue culpa de ella… ¡Me obligo a ir! –y salió corriendo de la sala hacia su habitación.
Integra lo miró con estupor. —¡Cobarde! –le gritó desde atrás amenazándole con el puño en alto.
—Pensé que nunca llegaría… –la voz suave se hizo notar en la penumbra de su habitación. La joven dio un salto del susto.
—¡Iiihg!...
— ¿Cómo estuvo su velada, Maestro?
—...
—¿...?
—...¡Vampiriiiito! –dijo ella tirándose a sus brazos.
—Maestro… ¿Estás borracha?...
Continuará...
Algunas aclaraciones y agradecimientos:
yessikatolen: muchas gracias por tus abrazos linda :) te envío uno grandote de vuelta :D
ChaneKiin.n: espero que te guste este capítulo, y ojalá haya podido arreglar mis faltas ortográficas :O jejeje.. (Aprendí lo de los guiones largos...wii! xD) Muuuchas gracias por el consejo y tus review, me alegras tanto! n.n
abrilius: no creo que Pip crea en Dios, pero por su bien debería comenzar a hacerlo! xD
mikko heikky: Si es un Pip-Integra, pero no romántico, sólo es humor, además el vampiro también aparece en escena :D (Yo también me voy por el lado AxI) ;)
Reeth Westerna: ¿Celos asesinos de Alucard? jajaja me hizo mucha gracia tu comentario! XD Saludos linda :)
