Finalmente estoy aquí con el siguiente capítulo! :D Disfrutenlo! Y MUCHISIMAS gracias a todos por sus reviews!
II
Una misión, un dios y un sándwich.
Los tres niños, Serio, Pilar y Azul se encontraban maravillados junto con su nuevo amigo, Áyax, quién le mostraba cada detalle de la hermosa ciudad de Númade, situada en el centro de la famosa Isla del Suicidio. En verdad, aquel lugar les hacía recordar a su ciudad, cosa que a pesar de que se sintieran cómodos en aquel lugar, sabían que debían volver para derrotar al Divino que los había mandado allí.
Áyax les había prometido que luego d enseñarles toda la ciudad, los ayudaría a encontrar distintas maneras que los beneficiaran par poder combatir al legendario monstruo y volver a donde pertenecen. Luego de un buen rato, llegaron hasta lo que se podría decir el límite de la ciudad. De pronto, vieron como el joven habitante de allí cerró los ojos y pronunció unas palabras que ellos no pudieron comprender. Al instante en que esto sucedió, vieron sorprendidos como frente a ellos se aparecía una larga escalera color blanco con detalles en dorado que llegaba casi hasta las nubes.
-Aquí es- Dijo el castaño- Por favor, síganme.
Los tres niños levantaron su vista hacia la enorme escalera que estaba frente a ellos. Estaban algo asustados, pero igualmente le habían tomado confianza a ese chico que los había recibido tan amablemente y que estaba dispuesto brindarle su ayuda. Subieron por las inmensas escaleras, que a pesar de ser tan largas, no tardaron ni dos minutos y ya se encontraban los cuatro parados sobre un suelo que estaba completamente hecho de nubes, a pesar de ser tan firme. Frente a ellos, unas hermosas rejas doradas se abrían ante los cuatro. Áyax pasó bastante tranquilo por allí, mientras que el resto de los chicos pasaron muy inseguros y temerosos ¿Acaso estaban soñando?
Pasaron el hermoso lugar, y luego a unos pasos de allí divisaron una figura. Sobre un suave asiento, también hecho de nubes, se encontraba tocando un arpa, una joven de ojos celestes y cabello castaño claro, vestida con una delicada túnica blanca. De su espalda, se desprendían dos grandes y hermosas alas y su cabeza se encontraba iluminada por una pequeña corona dorada. Los chicos, sorprendidos, no podían creer que estaban viendo un ángel de verdad. La chica estaba tranquilamente concentrada, parecía muy pacífica, hasta que…
-¡Calipso! Nena, preciosa… ¿Cómo está todo por tu nube?- Dijo Áyax, interrumpiendo a la chica.
-Esa NUBE es el Cielo-le contestó ella algo cortante, mientras su mirada pacífica se transformaba en una molesta, frunciendo el ceño- ¿Qué es lo que estás haciendo aquí? Dios se enojará si se entera de que…-
-Vengo en compañía de alguien- La interrumpió dejando paso a sus tres acompañantes, quienes aun tenían los ojos como platos. Calipso miró a los recién llegados confundida, pero su expresión se transformó en una de asombro al reconocer a los niños.
-No puede ser… ¿Son…?-
-Así es- Dijo Áyax- Por eso necesito que me hagas un par de favores, necesito que…- el joven se inclinó hacia la chica y le susurró unas palabras mientras esta asentía.
-De acuerdo- Dijo Calipso- Veré que puedo hacer. Hasta entonces ¡Ve a hacer tus tareas de una vez, haragán! Si Dios se entera de que estas haciendo idioteces por ahí se enojará…Y no querrás verlo en su forma vengativa, ¿Verdad?-
-Nunca querría que fuese así- le contesto él, sonriendo y totalmente despreocupado- Te llamaré luego. Adiós.
Y así, los cuatro volvieron a la ciudad. El camino fue bastante silencioso, hasta que Serio habló:
-Ahm…Esa… ¿Era tu novia?- preguntó al castaño
-No- contestó Áyax- Pero tranquilo, pronto lo será, estoy seguro.- terminó guiñándole el ojo.
No pasaron dos segundos de que el chico contesto la pregunta de su nuevo y pequeño amigo, hasta que se escuchó en toda la ciudad gritos de alabanza y la gente dejaba paso para ver un espectáculo que fue lo que más sorprendió a estos chicos en el día:
-¡¿PACO?- Gritaron los tres a unísono.
Así es; nuestro héroe mitad toro se encontraba sobre un elefante, con una pose de vanidad y de poder, mientras saludaba a todos los habitantes de la ciudad y éstos, llenos de respeto y alegría no dejaban de hacer reverencias.
-Esto no puede ser posible…- pronunció Azul.
Paco, al ver a sus amigos, les dedicó una sonrisa y los invitó a compartir su poder:
-¡A que no saben!- Dijo el moreno con alegría- Estos tipos creen que soy un dios o algo así, y me dieron todas esas cosas y me dejarán vivir allá- Paco señaló un lugar. Sus amigos voltearon y tras ellos vieron un ENORME y COLOSAL edificio bastante lujoso que se asomaba entre las colinas de la isla. Serio, Azul y Pilar ya no sabían que hacer de las sorpresas que se estaban llevando, definitivamente, ese fue un día muy extraño…y genial al mismo tiempo. Áyax miró divertido la escena, sabía que eso pasaría. Se dio media vuelta y se fue.
Ya dada la noche, a cada uno de los Combo Niños, o mejor dicho, de los nuevos héroes de la isla, se les había asignado una lujosa habitación…Definitivamente, nada podría salir mal.
Rodó de nuevo en la cama. Tenía hambre. Volvió a rodar. Seguía con hambre. Rodó una vez más. Su estómago rugió. Rodó por novena vez. Mierda.
Paco se incorporó en la cama con el ceño fruncido, taimado. Tenía hambre. Mucha. Hacía tiempo que no comía bien debido a que en lo último que se había preocupado era en comer, además de que no le gustaba la comida de allí. Lamentó su suerte unos instantes antes de incorporarse sobre sus pies. Si esto seguía así, capaz y hasta se le quitaban los ánimos para jugar Novanook. Se puso sus pantuflas y salió del cuarto: a ver si encontraba algo ligeramente comestible en la cocina.
Pasó desapercibido mientras caminaba hasta la cocina. Una vez allí, encendió una luz tenue. El lugar se veía en orden, nada parecía fuera de lugar, lo cuál podría ser un poco sospechoso. Tomó la bolsa del pan, de la cuál sacó uno, que dejó sobre el mesón. Luego abrió el refrigerador y sacó queso, mantequilla y jamón.
¡Que raro! Se suponía que no había nada de comer. ¡Ni modo!
Paco se quedó mirando el pan, el queso y el jamón. Su madre siempre le preparaba un sándwich de queso y jamón cuando tenía insomnio. Pero ¿Cómo lo hacía? Tomó el pan en una mano y lo observó. Dejó el pan a un lado y tomó el queso. Este estaba completo en un trozo. Quizás se había equivocado: el que su madre le daba venía en delgadas láminas. Lo único que estaba bien era el jamón.
Dejó los ingredientes en el mesón y los observó en su conjunto. Tomó el pan y lo partió con un cuchillo a la mitad, luego puso todo el pedazo de queso en él, junto con el jamón.
No… no quedaba igual.
Su estómago rugió. Ni siquiera podría morderlo si lo dejaba así. ¿Y Si cortaba el queso él mismo? Paco sacó su espada de algún lado-a mi no me miren, yo no más les cuento lo que pasó- y comenzó a cortar finas lonjas de queso… pero hizo un movimiento mal y casi se cercena la mano. Se puso verde de dolor. Rápidamente curó su herida, al tiempo que maldecía en quién sabe cuántos idiomas. Una vez que estuvo curado, se mojó la mano con agua y se acercó al mesón. A las 3 de la mañana, y luego de casi dos semanas complicadas, estaba muy irascible.
Paco perdió la paciencia. ¡QUERÍA UN SÁNDWICH Y LO QUERÍA YA! Nada se interpondría en su camino para lograr su meta. La mesa tembló con el brusco golpe que el moreno le había dado. Señaló el pan con su dedo índice, mientras un fondo de llamaradas auspiciadas por Efectos Especiales Marca ACME añadía los toques necesarios para una escena de terror -Nunca más hago trato con auspiciadores-
"YO SOY PACO. OBEDECE, MÍSERO MEDRUGO DE PAN. ¡TRANSFÓRMATE EN SÁNDWICH EN ESTE MOMENTO!" Bramó el chico con violencia.
…
…
Nada.
El irrespetuoso pan no lo obedeció.
En todo caso, pareció haber algún tipo de reacción, a nivel molecular al menos, sin que mediase la intervención de alguna voluntad, por muy básica que esta fuera. La estructura química del pan pareció reaccionar a algún tipo de orden, y comenzó a vibrar con energía. Paco observó complacido como el pan le 'obedecía,' pero se llevó la más cruel de las decepciones al ver que el pan se convirtió en una medialuna (o un croissant) tras mucho esfuerzo y sudor, y no en el sándwich que él quería.
Quizás la levadura, al ser un tipo de hongo, fue el que logró este cambio.
Una gran gota de sudor resbaló por la cabeza del chico, quien agachó la cabeza tras un derrotado suspiro. Dos gruesos lagrimones le cayeron, cual cascadas, por las mejillas. ¡No Había Justicia Para un dios Hambriento! Paco se llevó la mano al mentón en pensativa actitud.
"Hora de recurrir a la caballería pesada." Paco dijo meditabundo. De pronto puso una traviesa sonrisa en su rostro. "Esos dos hacen una bonita pareja."
…
Habitación de Azul.
03:30 am.
TOC, TOC, TOC, TOC.
Azul, quien dormía profundamente, gruñó en sueños. Hacía al menos unos 7 minutos que alguien golpeaba a su puerta con insistencia.
TOC, TOC, TOC, TOC.
Enojada, por fin abrió los ojos. La porfía de quién le llamaba sólo podía significar que era un tema muy serio. Sus amigos sabían perfectamente el mal carácter que la rubia tenía si la interrumpían de su sueño o cuando despertaba temprano. En fin. Azul encendió la luz, se puso sus pantuflas de conejo, caminó hasta su tocador y se miró en el espejo.
TOC, TOC, TOC, TOC.
Su rostro estaba verde. No porque estuviera enferma, sino por la mascarilla nocturna que usaba. Como Azul dormía de espaldas, casi sin moverse, podía usar este tipo de productos sin temor a ensuciar las almohadas. Su cabello estaba sujeto en dos trenzas sueltas, una a cada lado de su rostro. A medio bostezar, enfadada por la hora (¡Más Valía Que Fuera Algo Importante y No Una Necedad!) y olvidando que tenía todos estos productos en la cara, Azul caminó hasta la puerta.
-¿Qué pasa…? Más Vale Que…- Azul dejó la boca abierta y abrió los ojos como platos. -¡Serio!-
Hablando de malos momentos para recordar que una tiene una máscara en la cara, de color divertido.
El pelianaranjado se puso rojo como semáforo y volteó la cabeza hacia otro lado. Azul, por su parte, se quería morir de la pena. ¡Tenía el rostro todo verde! ENCIMA CON TRENZAS. ¿En qué estaba pensando cuando fue a abrir la puerta en esas fachas? Para Colmo Era Serio Quien la Despertaba! Por qué no podía ser alguien más? ¿Por qué tenía que ser Serio? Con el más ferviente deseo que la tierra se abriera en dos y se la tragase de un bocado, Azul bajó la cabeza, rápidamente comenzó a deshacer sus trenzas con las que dormía y a respirar con rapidez. ¡Qué Trauma! Su rostro estaba verde. ¡Verde Por Todos Los dioses! Por qué estas cosas le pasaban a ella…? Hey, Un momento… la chica se fijó en los pies de Serio: ¡USABA PANTUFLAS DE PERRITO!
-Que varonil-pensó- Hablando de mata – pasiones.
-Err-rojo- Este…-se rasca el cuello- Disculpa la hora, Azul, pero Paco quiere que vayas a la cocina…
-En seguida voy.-
Azul entró en su cuarto a la velocidad del rayo, para cerrar la puerta tras de sí con violencia. ¿Por qué? Por qué ella? ¿Por qué? Dejando esas cosas de lado, la chica suspiró, contó hasta 20 y abrió la puerta así un poquito para asomarse. Serio ya se había ido. Azul suspiró. Gruesas lágrimas recorrieron sus mejillas.
¿Por qué a ella?
Cocina.
Paco estaba sentado casualmente en una silla, mientras esperaba que Azul llegase. Creía haber tenido una buena idea al enviar a Serio a buscarla. Esos dos se veían muy bien juntos: nada más necesitaban un empujoncito y ¡Voil! Serían una pareja encantadora. Además, sabía que le pelianaranjado no se negaría si se tratara de Azul.
Hablando de empujones, Azul, aún con el rostro verde, abrió la puerta de la cocina de una patada. Se veía molesta. Avanzó hasta Paco con los puños apretados.
-¿Mandaste por mi, señor?- Preguntó con los dientes apretados, sarcásticamente.
-Sí. Veo que Serio te despertó.- Paco se puso serio al observar mejor a su amiga-No me digas que te vio con el rostro todo verde. ¡QUÉ CHASCO!"
Hablando de puñales por la espalda proverbiales.
-¿Qué necesitas?- Ladró Azul.
-¿Me haces un sándwich?- le dijo el moreno poniendo ojos de cachorro.
Azul, si hubiera podido, hubiera estrangulado a Paco allí mismo y sin perder más tiempo, pero le vio tan desvalido, accedió en su corazón a prepararle el famoso sándwich, aunque no de buena gana. La chica asintió con la cabeza y se acercó dando pisotones a una de las gavetas para sacar un cuchillo: a ver si en la mañana le ponía un laxante en el café a Paco. Eso sería una buena venganza.
-¡No puedo creer que seas tan inútil, Paco! Primero tienes este lugar cayéndose a pedazos y ahora eres incapaz de prepararte un sándwich tu solo. Debería darte vergüenza.- Protestó Azul, mientras, diligente, le preparaba su divino tentempié. -¡Encima Egoísta! No me dijiste que habían medialunas con lo que me gustan."
-No había.-Le dijo mientras una gota le resbalaba por al cabeza y con cierto dejo de inocencia. -Te lo juro.-
-Ash. Ten, aquí tienes.-
Azul le entregó el sándwich a Paco, quien lo recibió con una infantil y entusiasta sonrisa. La chica estaba por irse cuando la voz del dios la detuvo.
-O sea ¿va en serio que te vieron el rostro verde? Menos mal que no te vio con esas trenzas que te pones para dormir, porque te habrías visto bastante… pintoresca.- Le dijo Paco, tras darle un mordisco a su pan. Azul se detuvo estática. Y se volteó furibunda hacia el dios.-Mmm… está seco. No te quedó como a mi mamá. Te faltó la mantequilla."
Azul echó humo por las orejas. Primero la despertaban en medio de la noche sólo porque Paco quería un sándwich y el muy inútil no podía hacérselo el mismo, pasaba la vergüenza de su vida, pues la habían visto con un aspecto muy poco normal y luego que accedía a prepararle el sándwich al chico, este le decía que no le había quedado igual como su madre y encima…
-Sí, está seco. El queso no te quedó chicloso. ¿Cómo es la palabra? Sí. Derretido. ¿Por qué no me derretiste el queso?- Preguntó Paco inocente, tras darle una tercera mordida al pan. Azul golpeó la mesa y lo enfrentó casi nariz a nariz.
-¡No te lo derretí porque no soy adivina!- Los ojos de Azul se llenaron de lágrimas. -Al menos agradece que te preparé el mugroso pedazo de pan y no te dejé pasar hambre. ¡QUE PENA POR TI si no te gusta lo que preparo! TOTAL, SOY UNA INÚTIL…-
Dicho esto, Azul se fue medio llorando de regreso a su cuarto. Paco tragó su trozo de pan y observó totalmente perplejo la puerta por la cuál su amiga y compañera había desaparecido.
-Es la última vez que hago de casamentero…- se dijo a sí mismo, dando su ultima mordida a su sandwitch.
Continuará…
